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martes, 12 de junio de 2018

Libro: " Morir para ser yo" de ANITA MOORJANI (Mar/2012) Ahora también gratuitamente en "Isis Alada" . Traducido al español , por una traductora anónima



Libro: “MUERO POR SER YO” de ANITA MOORJANI (Mar/2012) 

                                               138 páginas

                                      

NOTA DEL REVISOR DE ESTA TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL



Cuando mi Alma Gemela (Esposa) me dijo que estaba leyendo –y se proponía traducir  para su círculo de amigos cercanos– uno de los libros más hermosos que había conocido en su vida y   agregó que yo debería leerlo. Mi respuesta fue (como ejemplar que soy de la energía masculina): “No, gracias. Con las enseñanzas de Eckhart Tolle y David Hawkins, ya tengo toda la información acerca de los secretos para vivir dichosamente. Ahora me voy a concentrar en verificar esta información hasta convertirla en mi propia verdad”.

No obstante, la energía femenina tenía otros planes y recursos: “¿Qué tal  si  me ayudas a corregir   la redacción y ortografía?”, me dijo ella algún otro día.

Hemos terminado la revisión conjunta de su traducción de este libro de Anita Moorjani  (otra energía femenina confabulada en regresarle la dicha de vivir a los seres humanos) y, ¡doy gracias a  la Energía Universal del Amor Incondicional por darse mañas para llegar a mi obstinado cerebro de energía masculina, a través de Anita y de mi esposa, con esta nueva, fresca, sencilla y clara forma femenina de presentar la eterna verdad acerca de quiénes somos y, mejor aún, de indicarnos, de múltiples maneras, cómo uno mismo puede fácilmente proceder, casi paso a paso, a verificar la verdad (la cual antes creía haber entendido completamente… y no era así)!

Yo, el Revisor.


DEDICATORIA



Para Danny el amor de mi vida: siempre he sabido que nuestro amor va más allá del tiempo y el espacio. Si no fuera por ti, no estaría hoy aquí, en esta vida en el mundo físico.

A mi querida madre y mi maravilloso hermano, Anoop: Gracias por estar ahí para mí durante mi vida, pero en especial durante mi enfermedad y por cuidarme cuando más  los  necesité.  Yo  quisiera que todos tuvieran una familia que los cuidara de la misma manera que ustedes me cuidaron.

A la memoria de mi querido padre, cuyo sueño más grande fue presenciar mi boda, pero dejó este reino antes del gran día: Gracias por darme la oportunidad de experimentar  tu infinita presencia y  el amor incondicional en el otro reino y por asegurarme que estás aquí, allá y en todo lugar.

Yo creo que las grandes verdades del universo no están afuera donde se estudian las estrellas y los planetas. Se encuentran en nuestro interior, en la magnificencia de nuestro  corazón,  mente  y alma. Hasta que comprendamos lo que  está  en nuestro interior,  no podremos entender lo que  está afuera.

Comparto mi historia aquí con la esperanza de tocar tu corazón de alguna forma y recordarte tu propia magnificencia.


PROLOGO por el Dr. Wayne W. Dyer



Me ha impactado profundamente el contenido de este libro y, aún más, por mi relación personal con Anita Moorjani, quien llegó a mi vida a través de una serie de coincidencias orquestadas por la Divinidad.

Por más de 4  años,  un cáncer que crecía rápidamente llevó a Anita a las puertas de la muerte y   más allá – a la  casa  de la muerte misma, mucho más allá de la  puerta y  del vestíbulo  de entrada,  si me lo permiten. Anita describe todo en gran detalle en este libro de búsqueda del alma. Yo los invito a leerlo cuidadosamente y con una mente abierta que permita que sus creencias más entrañables sean retadas, especialmente aquellas que se refieren a lo que pasa más allá de este mundo, en lo que suele llamarse “el más allá”.

Rodeada por sus seres amados y un equipo médico que esperaba su último suspiro en cualquier momento, Anita entró en un coma profundo.  Sin embargo, le fue dada la oportunidad de volver a  su cuerpo devastado por el cáncer, retando todas las probabilidades, y de experimentar una increíble recuperación a través del vehículo del amor incondicional. Más que eso, se le permitió retornar de la cámara de la muerte y reportarnos a todos nosotros como es la vida en el  otro lado de este mundo corporal – y todavía más significativo, qué se siente allá.

Esta es una historia de amor –una historia de amor grandioso e incondicional que te dará  un  sentido renovado de quién realmente eres, por qué estás aquí y  cómo  puedes  trascender  cualquier miedo y auto-rechazo, que defina tu vida. Anita habla  con un candor poco común sobre  su cáncer, explicando por qué ella cree que transitó este camino tortuoso en su vida, por qué cree que fue sanada y por qué retornó. Y sin lugar a dudas, su misión en la vida está reflejada principalmente en el hecho de que ustedes están próximos a leer el informe de su experiencia… y  en que yo esté tan involucrado en ayudar a que este mensaje crucial le llegue al mundo.

Lo que Anita descubrió durante el coma de 24 horas, cuando ella pasó a través del umbral al otro reino, está notablemente alineado con la información que he estado recibiendo en momentos de gran inspiración, cuando escribo o en mis conferencias. Es claro para ambos que la intervención Divina manejó y movió las piezas de tal forma que esta mujer que vivía al otro lado del planeta, en una cultura bastante diferente a la mía, fue escoltada a mi consciencia y a mi vida física.

Oí por primera vez de Anita cuando recibí  una  copia de su entrevista sobre su Experiencia Cercana  a la Muerte (ECM) de una señora en Nueva York, llamada Mira Kelley, quien más tarde se convirtió en mi amiga y me hizo una regresión, la cual está publicada en mi libro “Wishes Fulfilled” (Deseos Cumplidos). Después de leer el informe de Anita sobre su ECM, sentí el llamado irresistible para hacer todo lo que estuviera en mi poder limitado para hacer llegar su igualmente irresistible



mensaje  al mundo.  Llamé a Reid Tracy, el Presidente de la Editorial Hay House, y lo urgí para que  se comunicara con Anita y le pidiera que escribiera un  libro detallando su  experiencia.  Agregué  que yo estaría no sólo agradado sino honrado, de escribir el prólogo de su libro si ella estaba dispuesta a seguir adelante con él. A través de una serie de maravillosas sincronicidades – incluyendo el que Anita llamara desde Hong Kong a mi programa semanal de radio (hayhouseradio.com) y el que yo la entrevistara para que todo el planeta  la  escuchara  –nos conectó tanto a nivel profesional como personal.

Anita habló del sentido de que somos amor puro.   No sólo estamos conectados a todos los demás   y a Dios, pero a un nivel mucho más profundo, todos somos Dios. Hemos permitido que nuestros miedos y el ego marginaran a Dios de nuestras vidas, lo cual tiene mucho que ver con nuestras enfermedades, no solo en nuestros cuerpos físicos sino en nuestro mundo como tal. Ella habló de aprender a honrar nuestra magnificencia y vivir como seres de luz y amor, y de las propiedades curativas inherentes a esta manera de pensar.

Anita describió haber experimentado realmente una ausencia de espacio-tiempo y de sentir, por  vez primera, la maravilla de conocer que la unicidad no es un concepto intelectual sino que, verdaderamente, todo está ocurriendo al mismo tiempo. Ella narró sentirse bañada en un aura de amor puro y maravilloso y cómo este sentimiento tiene un potencial  ilimitado para  la  sanación.  Ella aprendió de primera mano el significado verdadero de las palabras de Jesús “con Dios todas     las cosas son posibles” – y eso no excluye nada, incluyendo sanar el pasado. Anita descubrió en persona lo que yo he estado escribiendo extensamente en mi libro “Deseos Cumplidos”: que en la verdadera presencia del Dios-realizado, las leyes del mundo material (incluyendo la parte  médica) no aplican.

Tenía que conocer a esta mujer. En nuestra conversación  telefónica,  empecé  a  sentir directamente la esencia espiritual de Anita y su mensaje de esperanza reemplazando el del miedo. La invité no solamente a escribir este libro, sino también a aparecer conmigo en PBS y contar su historia de amor, esperanza y curación al mundo entero.

Le envié a mi madre, quien a sus 95 años de edad vive en un centro de vida asistida, la entrevista   de Anita sobre su ECM. Mi madre ve la muerte con mucha frecuencia ya que  muchos de  sus  nuevos amigos de edad avanzada simplemente mueren durante el sueño y se retiran de su experiencia para siempre. He tenido conversaciones con ella sobre lo que piensa del gran misterio llamado muerte que es el destino de todos los seres vivos. Todo lo que se materializa, se desmaterializa. Sabemos esto intelectualmente; sin embargo lo que nos  espera  era  todavía un  gran misterio.

Después de leer el reporte de Anita sobre su ECM, mi madre dijo que una ola de paz la invadió y reemplazó el miedo, la ansiedad y el estrés que lo desconocido conlleva. En realidad todos los que leyeron el reporte de Anita, incluyendo a mis hijos, sintieron que ellos  tenían una  nueva visión sobre la vida e incluso me prometieron, por encima de todo, amarse a sí mismos siempre, valorar



su magnificencia y borrar de sus vidas diarias todos los pensamientos que potencialmente produzcan enfermedad. Mientras yo escribía sobre estas ideas, Anita ya lo ha aportado al mundo, como experiencia.

Anita fue capaz de sanar su cuerpo y me ha dicho, en muchas ocasiones,  que  ella  regresó  a enseñar esta sencilla pero poderosa lección, la cual no sólo te puede sanar sino  transformar  nuestro mundo. Es por ello que estoy seguro que Dios nos juntó a  Anita  y a  mí.  Siempre he  sentido que era mi darma o propósito enseñarle a la gente sobre su propia divinidad  y  que  supieran que el sitio más elevado dentro de ellos mismos es Dios. Nosotros no  somos  estos cuerpos, ni nuestros logros, ni nuestras posesiones –somos uno con la Fuente de Todo lo Que Es,     lo cual es Dios. Mientras yo escribía sobre esto en “Wishes Fulfilled” Anita vino a  mi  vida  para poner el punto de exclamación sobre lo que yo estaba recibiendo en mi escritura canalizada.   Ella   lo vivió y lo describe bellísimamente. Ahora tenemos la bendición de poder leerlo y aplicar todo lo que Anita llegó a conocer en su furiosa contienda con un cáncer avanzado y su tranquilo viaje de regreso por medio de la experiencia directa de la sanación divina.

Me siento muy honrado de haber jugado un papel pequeño para llevar este esperanzador mensaje de amor de la sanación definitiva. Espero que tomen las palabras de Anita y las conviertan en un instrumento para remover una o todas las enfermedades de sus cuerpos, de sus relaciones, de su país y de nuestro mundo. Como Elizabeth Barrett Browning observó una vez poéticamente: “la Tierra está repleta de Cielo y cada arbusto común arde  con Dios”. Ciertamente la sanación y  el  cielo en la tierra son tuyos para amarlos. Disfruta el maravilloso, maravilloso, libro de Anita. Yo lo amo y la amo.

Dr. Wayne Dyer Maui, Hawái




INTRODUCCIÓN



El propósito principal de compartir mi historia es que otras personas no tengan que vivir lo que yo viví.

No es mi estilo enseñarle a la gente abiertamente ni indicarles cómo vivir sus vidas; tampoco me gusta aconsejarle a nadie los cambios que necesita hacer, aún si me preguntan. Prefiero  dar ejemplo y crear un ambiente seguro para que otros se conecten con su propia verdad.

He pensado acerca de esto a menudo desde los eventos del invierno y primavera del 2006, cuando tuve una experiencia cercana a la muerte (ECM) y también me sané de un cáncer que había padecido por cuatro años. Durante mi ECM,  pude ver y percibir ciertos aspectos de mi vida futura,   y entendí que una de las razones por las cuales escogí regresar a una vida terrenal fue porque mi experiencia y mensaje les llegaría a otros.

En ese estado, de alguna forma supe  que yo tendría que inspirar a miles y tal vez cientos de miles  de personas. Pero no era claro como se suponía  que hiciera eso –sólo supe que de alguna forma    yo iba a ayudar a mucha gente. Específicamente sentí que no había necesidad de hacer nada para que esto pasara; solamente ser yo misma, gozar la vida y permitirme ser un instrumento para que algo más grande tuviera lugar.

Y eso fue lo que sucedió, ya que he llegado a hablar y escribir acerca de mis experiencias en respuesta a inquietudes médicas y científicas, tanto como a las preguntas individuales sobre la naturaleza del mundo y sus experiencias. Así fue como este libro también llegó a ser lo que es (los detalles están en el capítulo 14). Libremente  explico lo que he  aprendido como resultado del  cáncer y de mi ECM. Disfruto compartiendo mi experiencia y mi entendimiento de  la vida que  derivé de todo ello, especialmente cuando siento que otros pueden beneficiarse.

Mi historia empieza en la Parte I, con mi niñez, donde convergían múltiples culturas con creencias distintas y a menudo contradictorias. Explicaré cómo esto me formó y fomentó los miedos que finalmente se manifestaron en la enfermedad; los llevaré por el camino de mi adolescencia y por último, en mi descenso a la prisión del cáncer.

La parte II explora la ECM en sí misma –lo que experimenté y entendí en ese momento- y lo que pasó después. ¡Curarme del  cáncer y trabajar para encontrar mi nuevo lugar en el mundo ha sido  un viaje sorpresivo, retador y maravilloso!

En la  parte III  describiré lo que ahora entiendo sobre sanación, la forma cómo el mundo está hoy,   y cómo podemos vivir como un reflejo de lo que realmente somos, permitiendo que nuestra



magnificencia brille. Luego terminaré con una sección de preguntas y respuestas que contiene algunas de las preocupaciones más comunes y retadoras que escucho.

Pero antes de  compartir contigo lo que he aprendido de mi  experiencia, me gustaría aclarar que   no estoy pretendiendo conocer verdades universales o científicas ni ser el gurú espiritual de nadie. Tampoco estoy tratando de empezar otra religión o sistema de creencias. Mi único propósito es ayudar, no convencer.

Especialmente, deseo enfatizar: ¡tú no necesitas tener una ECM para sanarte! Mi intención es compartir contigo los detonantes emocionales y sicológicos que contribuyeron a que contrajera el cáncer, con la esperanza que identificando estos factores, tú puedas en primer lugar, reducir o posiblemente hasta eliminar las probabilidades de enfermarte. Al mismo tiempo, si  tú o alguien  que conozcas tiene cáncer u otra enfermedad grave, por favor sepan que  hay  muchos  caminos para la sanación. Solamente sugeriría que sigas con lo que te sientes bien y con lo que resuene contigo personalmente.

Si estás buscando instrucciones o principios para seguir paso a paso, entonces yo soy la persona equivocada para ti, porque no estoy de acuerdo con crear un dogma que le sirva a todos. Esto sólo limitaría a quién tú eres. Aún cuando hablo de amarme a mí misma, mi intención no es atraer atención hacia mí, sino que tú experimentes ese mismo sentimiento, dentro de ti mismo. Mi único propósito al  compartir mi experiencia y mi  comprensión es encender la chispa de magnificencia  que está en tu interior. Mi deseo es despertar el gurú dormido en ti que te guía a encontrar tu propio lugar en el centro del universo.

Es mi deseo que encuentres felicidad en todos y cada uno de los días  de  tu travesía y llegues a  amar la vida ¡tanto como yo la amo en estos momentos!



 PARTE I 

BUSCANDO EL CAMINO CORRECTO 
PRÓLOGO 
EL DÍA EN QUE “MORÍ”


¡Ay, Dios mío, me siento increíble! ¡Estoy tan libre y tan ligera!  ¿Por  qué  ya no  estoy  sintiendo más dolor en mi cuerpo?  ¿Dónde se ha ido todo esto?  ¿Por qué parece que todo  a mi alrededor   se está alejando de mí? ¡Pero no estoy asustada! ¿A dónde se ha ido mi miedo? ¡Ya no puedo encontrar el miedo!

Estos fueron algunos de mis  pensamientos cuando estaba siendo llevada de urgencia al hospital.    El mundo a mi alrededor empezó a parecerme irreal, como un sueño y podía sentir  cómo me alejaba cada vez más de mi consciencia y me adentraba en un coma. Mis órganos empezaron a  dejar de funcionar a medida que sucumbía al cáncer que había, más que acabado, devorado mi cuerpo durante los últimos cuatro años.

Era el 2 de febrero de 2006, el día que va a grabarse para siempre en mi memoria como el día en que “me morí”.

Aunque estaba en un coma, yo estaba consciente y con gran lucidez de todo  lo  que  estaba  pasando a mi alrededor incluyendo el sentido de urgencia y el frenesí emocional de mi familia mientras era llevada rápidamente al hospital. Cuando llegamos, en el momento en que la oncóloga me vio, su cara estaba horrorizada.

“El corazón de su esposa puede seguir latiendo” le dijo ella a mi esposo Danny, “pero ella no está  ahí realmente. Es demasiado tarde para salvarla.”

¿De quién está hablando la doctora?, me pregunté. ¡Nunca me había sentido mejor en mi vida! Y,
¿por qué mi mamá y Danny parecían tan asustados y preocupados?   Mamá, por favor, no llores.
¿Qué está pasando? ¿Estás llorando por mí? ¡No llores! ¡Yo estoy bien, querida mamá, de verdad    lo estoy!

Pensé que yo estaba diciendo esas palabras en voz alta, pero nada se oyó. No tenía voz.

Quería abrazar a mi madre, consolarla y decirle que yo estaba  bien  y no podía  comprender por  qué no era capaz de hacerlo. ¿Por qué mi cuerpo físico no cooperaba?  ¿Por  qué  simplemente  yacía allí, sin vida y sin energía cuando todo lo que quería era abrazar a mi amado esposo y a mi madre y asegurarles que yo estaba bien y ya sin dolor?

Mira, Danny, puedo moverme sin mi silla de ruedas. ¡Esto se siente tan increíble! Y ya no estoy conectada al tanque de oxígeno. ¡La respiración ya no se me dificulta y las lesiones de mi piel se



han ido! Ya no son dolorosas ni están supurando. ¡Después de cuatro años agonizantes, estoy finalmente sanada!

Estaba en un estado de pura felicidad y júbilo. Finalmente, estaba libre del dolor causado por el cáncer que devastó mi cuerpo. Quería que ellos se sintieran felices por mí. ¿Por qué no estaban felices de que mi lucha finalmente había acabado? ¿Por qué ellos no compartían mi júbilo? ¿No podían ver ellos la felicidad que estaba sintiendo?

“Por favor, debe haber algo que usted pueda hacer”, Danny y mi Madre le rogaban al médico.

“Es cuestión de sólo unas horas” argumentó la oncóloga. “¿Por qué sus otros doctores no nos la remitieron antes? Sus órganos ya están dejando de funcionar y es por esto que ha caído en un  coma.  Ella  no va a lograr pasar la noche; ustedes están pidiendo lo imposible.  Cualquier cosa  que le administremos en este estado puede ser demasiado tóxica y fatal para su cuerpo, ¡ya que sus órganos ni siquiera están funcionando!

“Bueno, puede ser”, Danny insistió, “pero, ¡yo no me voy a dar por vencido!”

Mi esposo sostenía con fuerza mi mano débil, mientras yo yacía allí, consciente de la angustia y desesperación en su voz. Yo quería más que nada, relevarlo de su sufrimiento. Quería  que  él supiera qué tan maravillosamente me estaba sintiendo, pero fui incapaz de comunicarlo.

No escuches a la doctora Danny, por favor, ¡no la escuches! ¿Por qué está  diciendo  eso?  Yo  todavía estoy aquí y estoy bien. Mucho mejor que sólo bien – en verdad, ¡me siento grandiosa!

No podía entender por qué, pero experimenté todo lo que cada uno estaba sintiendo –tanto los miembros de mi  familia como la doctora.  Realmente, podía sentir su miedo, ansiedad, impotencia  y desesperación. Era como si sus emociones fueran mías. Era como si yo me volviera ellos.

Estoy sintiendo tu dolor querido – puedo sentir todas tus emociones. Por favor no llores por mí y dile a mamá que no llore por mí, tampoco. Por favor, ¡díselo!

Tan pronto empecé a sentirme apegada emocionalmente al drama que tenía lugar a mi alrededor, me sentí siendo halada simultáneamente hacia afuera de allí, como si hubiera un cuadro más grande, un plan mayor desenvolviéndose. Podía sentir mi apego a la escena que desaparecía a medida que me daba cuenta que todo era perfecto y se desenvolvía de acuerdo con el plan, en un entramado mayor.

Fue ahí que entró el entendimiento de que realmente me estaba muriendo.

Ah… me estoy muriendo! ¿Es esto lo que se siente? No se parece a nada de lo que me había imaginado. Siento una paz bellísima y una calma….y finalmente, ¡me siento sana!

Y ahí entendí que aunque mi cuerpo  físico dejara de  funcionar,  todo continúa siendo perfecto en  el grandioso tapiz/entramado de la vida, ya que realmente nunca morimos.



Todavía estaba consciente y lúcida de cada detalle que se desenvolvía ante mí, cuando  observaba  al  equipo médico transportando mi cuerpo casi sin vida a la unidad de cuidados intensivos. Ellos   me rodeaban en un frenesí emocional, conectándome a las máquinas, e insertándome agujas y tubos.

No sentí ningún apego a mi cuerpo casi inerte mientras yacía en la cama del  hospital.  No sentía  que fuera mío. Se veía demasiado pequeño e insignificante como para contener aquello que yo estaba experimentando. Me sentí libre, liberada y magnificente! Cada dolor, molestia, tristeza y sufrimiento habían desaparecido. Estaba completamente libre de cargas y no podía recordar haberme sentido así nunca antes.

Luego tuve la sensación de estar abarcada (contenida)  por algo que  sólo puedo describir como  puro amor incondicional; pero inclusive la palabra amor no le hacía justicia. Era la más profunda forma de dar amor que nunca antes había experimentado. Iba mucho más allá de cualquier forma de afecto físico que podamos imaginarnos y era incondicional: era mío, sin importar lo que yo hubiera hecho jamás. No tenía que hacer nada o comportarme de cierta manera para merecerlo.
¡Este amor era para mí, sin que nada importara!

Me sentí completamente bañada y renovada en esta energía que me hacía sentir como si yo perteneciera, como si finalmente hubiera llegado después de años de lucha, dolor, ansiedad y miedo.

Finalmente, ¡había llegado a casa!



CAPÍTULO PRIMERO

CRECIENDO DE UNA MANERA DIFERENTE


India es un país maravilloso; sin embargo, yo no estaba destinada a vivir ahí.  Aunque mis padres  son étnicamente indios, originarios de Hyderaba Sindh, yo nací en el hermoso país de Singapur.

Mi abuelo paterno fue un comerciante de textiles propietario de un negocio familiar en Sri Lanka, que importaba y exportaba textiles europeos, indios y chinos a todo el mundo. En razón de la naturaleza de nuestra compañía, se requirió que mi padre viajara por muchos sitios antes de establecerse en lo que era la colonia británica de Hong Kong, cuando yo apenas tenía dos años.

Mis orígenes me sumergieron en tres culturas y tres idiomas simultáneamente. Hong Kong una metrópolis vibrante y bulliciosa, es una ciudad poblada predominantemente por chinos, así que aprendí a hablar cantonés con la gente local.  Mis padres nos enviaron a mi hermano Anoop y a mí   a los colegios británicos, donde enseñaban inglés y la mayoría de mis compañeros eran británicos expatriados. En casa, sin embargo, mi familia hablaba nuestra lengua nativa Sindhi y practicaba el hinduismo como una forma de vida.

Mi padre era un hombre alto y apuesto, que demandaba el respeto de su familia. Aunque siempre supe que él  nos amaba, su forma de actuar era estricta y esperaba de nosotros que siguiéramos   sus reglas. Yo le tenía miedo y cuando era niña me aseguraba de no enojarlo nunca. En contraste,  mi madre era siempre amable con mi hermano y conmigo y nunca tuve  miedo de  compartir con ella mis sentimientos.

Yo adoraba a Anoop absolutamente; hemos sido muy  cercanos durante nuestras vidas, aunque él  es 5 años mayor que yo. Para un niño esta es una brecha generacional significativa, así que raramente jugábamos juntos; ni reñíamos. En cambio, yo lo respetaba y el era muy protector conmigo. Yo me sentía a salvo cuando él estaba cerca y  sabía que  podía hablarle de  cualquier  cosa. Él siempre ha sido en mi vida una influencia masculina más fuerte que la de mi padre.

Bajo la influencia de la religión hindú tradicional, mis padres tuvieron un matrimonio arreglado y esperaban hacer lo mismo, buscándonos parejas ideales para Anoop y para mí  cuando tuviéramos la edad adecuada. Así mismo, siguiendo la  tradición,  se requeriría que la mujer fuese sumisa ante su esposo y ante los hombres de la casa.

Tal disparidad de género es común en mi cultura. Sin embargo, siendo una niña, yo no  discutía  estos valores y asumí que esta era la forma como las cosas debían ser. Mi primera experiencia incómoda con esta disparidad vino a la tierna edad de 6  años cuando oí  una conversación entre  una señora y mi madre: “¿Usted se sintió mal porque su segundo bebé fue una niña cuando ella nació? “preguntó esta señora en nuestro dialecto indio. Un sentimiento de ansiedad crecía dentro de mí mientras esperaba la respuesta.



“No, claro que no. ¡Yo amo a mi hija!”, mi madre contestó para mi tranquilidad.

“Pero las niñas son un problema especialmente cuando ellas crecen” dijo la mujer. “Con las niñas uno tiene que asegurarse que no se echen a perder, de lo contrario, ellas no conseguirán un buen partido y la suma de la dote requerida para casar una hija aumenta cada año que pasa.

“Usted no puede predecir el futuro. Cada hijo sea niño o niña, trae su propio destino”,  recuerdo  que mi madre contestó con sabiduría.

“Bueno, yo estoy feliz de tener dos hijos” dijo la mujer orgullosamente. Incluso mi joven  mente pudo detectar el sentido de logro que ella sentía al decir esas palabras.

Más tarde, cuando mi madre y yo estábamos a solas le pregunté: “Mamá, ¿es cierto que las niñas son un problema?”

“No, claro que no, querida Beta” ella contestó (Beta es un término afectuoso en nuestro dialecto que significa “mi niña”).

Mi madre me acercó a ella y me dio un abrazo y en ese momento, me acuerdo haber pensado: yo nunca quiero ser un problema para mis padres sólo por el  hecho de ser una niña.   Yo no quiero   que ellos deseen que yo hubiera nacido niño.

Nuestra primera vivienda en Hong Kong era un apartamento en un edificio de 9 pisos en el Valle Feliz que daba a una pista de carreras de caballos. Yo pasaba horas mirando por la ventana a los jockeys vestidos de sedas muy coloridas, entrenando los caballos para las carreras del fin de  semana.

La línea del tranvía pasaba a lo largo de la calle principal frente a nuestro apartamento y solían interrumpirme con su ruido mientras soñaba despierta mirando desde la ventana de nuestro apartamento del 7º piso.

La mayoría de las mañanas saltaba de la cama con las fragancias familiares del incienso de sándalo   y rosa. Siempre me encantó el aroma ya que me daba una sensación de  paz  y  serenidad.  A menudo encontraba a mi madre vestida con uno de sus coloridos salwaar kameez (vestido indio tradicional) hechos en sedas finas de la India o chifones franceses, lista para entrar a nuestro santuario.

Cada mañana mis padres meditaban, oraban y cantaban mantras en nuestro santuario a nuestras deidades Krishna, Laxmi, Shiva, Hanuman y Ganesha. Ellos hacían esto para aumentar su  consciencia de fuerza interior para enfrentar un nuevo día. Mis padres seguían las escrituras contenidas en los vedas hindús, lo mismo que las enseñanzas del Gurú Nanak y su libro sagrado, el Gurú Granth Sahib.



A menudo me sentaba frente al santuario y observaba a mis padres cómo encendían el  incienso y  lo pasaban con movimientos circulares frente a las estatuas y láminas de los diferentes dioses y diosas, mientras entonaban su puja (oración hindú) y yo los imitaba.

Luego, observaba a nuestra niñera china, Ah Fong, atender sus variadas tareas mientras  me  hablaba en cantonés. Su cuerpo diminuto vestía el samfoo (delantal)  tradicional  en  blanco  y negro, mientras hacía rápidos y pequeños movimientos a medida que recorría la casa. Yo estaba muy apegada a Ah Fong. Ella había estado con nosotros desde que yo tenía 2 años y no podía recordar algún momento en que ella no fuera parte de la familia.

En los días de semana normales, yo no veía a mis padres hasta temprano en la noche. Ah Fong me recogía en el colegio y después de ir a casa a almorzar, a menudo me llevaba al mercado para comprar comida fresca, verduras y frutas para nuestra casa. Viajábamos en el tranvía y yo solía deleitarme yendo con ella en esos paseos.

Saltábamos dentro del tranvía cuando paraba en la calle de enfrente de nuestro apartamento. Era una gran aventura para mí. Yo miraba por fuera de la ventana a medida que el tranvía recorría las calles estrechas y repletas de gente, atravesando el Valle Feliz, la Bahía Causeway y Wan Chai, y luego nos bajábamos en el mercado; Ah Fong apretaba fuertemente mi mano pequeña. Me encantaba absorber todas las imágenes, olores y sonidos de lo que estaba a mi alrededor. Mis padres ¡jamás me llevaron a lugares tan excitantes! Ellos viajaban solamente  en  carro  y  compraban en centros comerciales, lo que yo pensaba era muy aburrido en comparación con este caleidoscopio de colores y sensaciones.

Los mercados vendían de todo, desde productos frescos y elementos domésticos hasta baratijas y chucherías. Los vendedores anunciaban sus artículos y sus puestos no estaban en un orden específico. Los vegetales estaban entremezclados con puestos donde se vendían zapatos, flores, ollas y sartenes, juguetes de plástico baratos, arreglos coloridos de fruta fresca,  artículos  de  joyería, globos, pescado fresco, carne, medias, servilletas y toallas coloridas, manteles y demás; la mayoría de ellos, con los artículos derramándose en las calles. Yo quedaba hipnotizada  por horas allí.

“Ah Fong, ¡mira eso! ¿Qué está haciendo ese hombre con la culebra?, gritaba maravillada en mi cantonés fluido.

“Es un vendedor de serpientes. Va a amarrar la culebra y esa familia se la llevará a casa para preparar sopa de culebra” respondió Ah Fong.

Yo continuaba maravillada, mirando con ojos bien abiertos mientras la culebra se revolvía para luchar por su libertad –sin ningún éxito-en las manos expertas del hombre. Sentí compasión por la pobre criatura que estaba siendo atada con tiras de bambú y envuelta en malla de alambre.



Sin embargo, me encantaba ir al mercado con Ah Fong.  Estas salidas eran como una expedición   que llenaban mi gran deseo de aventura.

Aún después de muchos años de vivir con nosotros, Ah Fong bajaba los ojos y apartaba su mirada cada vez que mi madre o padre entraban al  cuarto.  Como yo era una niña inquieta,  la inundaba  con preguntas sobre todo, incluyendo su comportamiento. En mi mente, yo siempre  estaba tratando de reconciliar las diferencias culturales entre Ah Fong y mis padres.

“¿Por qué haces eso?”, mi pequeño ser de seis años quería saber. “¿Por qué hago qué?”, contestó Ah Fong
“¿Por qué bajas la mirada cuando mis padres se acercan a ti?”, pregunté en cantonés. “Para mostrar respeto”, ella explicó
“¿Por qué?”

“Tus padres son mis empleadores. Yo quiero expresarles respeto y entiendo que ellos son mis superiores”.

“¿Ellos son tus superiores?” Yo estaba sorprendida con esta información. “Si, porque ellos me dan trabajo”
"¿Yo soy tu superior?”, pregunté

Ah Fong se rió de buena gana, acostumbrada a mi mente curiosa y persistente. “No, tú no me diste trabajo. Yo estoy aquí para cuidarte”
“Ah, bueno” respondí mientras salía a jugar con mi muñeca nueva.

También me encantaba jugar con la hija de Ah Fong, llamada Ah Moh Yee. Desde la época en que tenía 5 años, la hija venía a nuestra casa para pasar los fines de semana con su madre. Ella sólo  tenía un año más que yo y como yo hablaba cantonés fluidamente, nos volvimos  amigas.  Realmente gozaba de su compañía. Jugábamos con mis juguetes y también íbamos al parque cercano juntas. Mis padres estaban muy felices de que yo tuviera una compañera de juegos que viviera con nosotros los fines de semana.

Los domingos eran los días libres de Ah Fong y  ella llevaba  su hija a  almorzar y luego la dejaba en  la casa de sus padres, donde permanecía durante la semana. (Aunque yo nunca pregunté al respecto, mirando atrás, me di cuenta que Ah Fong era una madre soltera, que criaba a su hija con  la ayuda de su familia).  Ah Fong  me llevaba con ella cuando mis padres no iban a salir conmigo y   yo realmente adoraba esas salidas.



Como era costumbre, viajábamos a todas partes en el tranvía, empezando por la tienda de comida china. Estos lugares llamados dai pai dong, en cantonés, estaban afuera, en la calle, así que nos sentábamos en taburetes pequeños, comíamos platos de pasta caliente y sopa con empanaditas mientras veíamos al tráfico pasando al frente. Después de la comida, Ah Fong nos llevaba a la casa donde Ah Moh Yee vivía con sus abuelos en un apartamento de estilo chino modesto  y  escasamente amoblado. Yo me movía por el interior del oscuro apartamento  de  piedra  y  mi mente curiosa exploraba  cada rincón,  mientras Ah Fong bebía té con  sus padres.  Ellos bebían el   té en tazas pequeñas con diseños coloridos, en esmalte, de los animales del zodíaco chino, tales como dragones o tigres, mientras yo bebía un vaso lleno de jugo o té dulce.

Nunca me aburrí  de ir a ese lugar, y aún si me  cansaba de la conversación, me gustaba mirar por    la gran ventana arqueada hacia la calle de abajo, donde los vendedores de comida de mar seca, ponían a secar los escalopes frescos y el  pescado en esterillas de paja, al  lado del camino, ante el  sol ardiente de la tarde.

Así mi niñez fue una mezcla de oriente y occidente. Ya que Hong Kong era una colonia británica habitada principalmente por chinos, las Navidades y Semana Santa eran celebradas con el mismo entusiasmo que los Festivales del Fantasma Hambriento y el de la Luna a mediados del otoño.

Ah Fong y Ah Moh Yee me enseñaron acerca de las tradiciones y creencias chinas, lo mismo que el significado detrás de todos los festivales; disfrutaba el hecho de que Ah Moh Yee se quedaba con nosotros durante esas festividades. Por ejemplo, el Festival del Fantasma Hambriento se llevaba a cabo la noche #14 del séptimo mes del calendario lunar.  Durante ese día, las familias oraban por   las penas de sus parientes muertos y daban ofrendas a sus ancestros.

Anoop y yo mirábamos a Ah Fong, Ah Moh Yee y a Ah Chun, el cocinero, hacer las ofrendas a sus parientes muertos, quemando figuras finas hechas en papel. Ellos encendían fuego en una urna grande, en la parte de atrás de nuestra casa, echando el papel al fuego.

Estas figuras parecían carros, casas y hasta dinero falso. Se creía que sus ancestros recibían estos lujos en el otro reino.

“Ah Fong, ¿tu abuelo realmente recibe una casa en el cielo, si tu quemas esta casa de papel?” pregunté con curiosidad.

“Si, Anita, mis abuelos esperan que yo continúe recordándolos y los apoye aún en la  otra vida. Todos tenemos que respetar a nuestros ancestros”, me dijo ella.

Ah Fong, Ah Chun, y Ah Moh Yee luego se sentaban a comer, a la  mesa  situada  en la  parte  de atrás de la cocina, la comida que había preparado Ah Chun durante una buena parte del día. Había un lugar extra en la mesa para los parientes muertos para que se unieran a las festividades, donde ponían ofrendas de comida. A menudo yo me unía a esta comida y realmente me preocupaba porque hubiera suficiente comida para los ancestros.



Una de mis épocas favoritas del año era el Festival de la Luna de Mediados de Otoño, que era cuando yo podía escoger una lámpara de papel de colores brillantes, entre una cantidad enorme  que estaban expuestas colgando de los techos de numerosas tiendas locales.  Las lámparas venían en todas las formas y tamaños, incluyendo los animales del zodíaco chino.  Siempre me  gustaba  más la que tenía la forma de conejo. Ah Fong nos llevaba a Ah Moh Yee y a mí a escoger juntas nuestras lámparas en las tiendas que quedaban detrás del mercado.

De alguna forma, este festival es muy similar a la fiesta americana de Acción de Gracias, y es la celebración de la luna de la gran cosecha. La ceremonia incluye comer y  distribuir  tortas de luna,  de las cuales hay muchas variedades. Luego encendíamos las velas dentro de las  lámparas  hermosas y coloridas y las llevábamos  afuera.  Con otros niños de nuestro vecindario,  Ah Moh  Yee y yo, colgábamos nuestras lámparas fuera de nuestra casa, en árboles y  en  barandas.  Nos permitían estar levantadas hasta más tarde de lo usual y jugar a la luz de nuestras lámparas y de la luna, la cual estaba en la época más llena y más brillante del año.

Mi familia también celebraba todos los festivales indios, incluyendo Diwali (el Festival Hindú de las Luces) con gran entusiasmo. Siempre comprábamos ropa nueva para la ocasión y era una  época muy divertida para mí. Aún a esa temprana edad, ¡me encantaba la idea de comprar un nuevo atuendo antes de las festividades!  Mi  madre generalmente nos llevaba a mi hermano y a mí a   Lane Crawford, que era en esa época, el centro comercial más grande en el distrito de negocios en  la parte central de Hong Kong. Nosotros subíamos y bajábamos por el departamento de niños, yo buscando emocionada en los vestidos y delantales y mi hermano en las camisas y pantalones. Mi madre me ayudaba a escoger el vestido, que en esta época del año, entre más colorido mejor para estar de acuerdo con la ocasión.

En la noche auspiciosa, toda mi familia se engalanaba con sus vestidos nuevos, mi mamá generalmente con un sari colorido nuevo y llevando todas sus joyas; mi padre en su tradicional  kurta patloon (camisa y pantalón indios); mi hermano con camisa y pantalón y yo con mi vestido nuevo.

Después salíamos al templo hindú del Valle Feliz para compartir con otras personas de nuestra comunidad india y cantar bhajans, o canciones indias devotas.

Nuestras voces se mezclaban con campanillas,  hacían eco a través del  domo del templo y salían  con el aire de la noche. Recuerdo sentir realmente los sonidos de las campanas del  templo  vibrando en todo mi ser, tocando una parte profunda de mi alma. En el propio día del festival, el patio del templo tomaba vida con color, música, danza y los olores de la comida india vegetariana especiada mezclándose con la fragancia dulce del incienso. ¡Cómo me encantaba esta atmósfera!

“Mamá, voy al frente para que el mahraj (sacerdote indio) me ponga el punto rojo carmesí en la frente, le grité a mi madre en sindhi, mientras mi pequeño cuerpo buscaba el camino a través del gentío colorido.



Este punto rojo-carmesí que el mahraj pone en la frente de las personas significa una puerta del tercer ojo y siempre me aseguré de recibir mi punto rojo cada vez que iba al templo.

Debido a mis raíces hindús, crecí creyendo en el karma y la reencarnación. La mayoría de las religiones de oriente están basadas en esas leyes y se cree que el propósito de la vida es elevar nuestra consciencia y evolucionar espiritualmente por medio de cada ciclo de nacimiento y muerte hasta el punto de lograr la iluminación. En ese punto, rompemos el ciclo de nacimiento y muerte y ya no hay necesidad de reencarnar en un cuerpo de carne y hueso. Este estado se llama nirvana.

Pensar en esto algunas veces me causaba ansiedad, así que era cuidadosa de no hacer nada que pudiera crear karma negativo para una vida futura. Aún cuando joven, mi mente continuamente procesaba lo que podría ser buen karma vs. mal karma, ya que trataba de perfeccionarme midiéndome con el barómetro creado por mis creencias culturales.

Mi religión hindú también me enseñó que la meditación y los cánticos son dos de los métodos usados comúnmente para limpiar la mente de pensamientos impuros y ayudarnos en nuestro propósito de iluminación. La meditación nos ayuda a desarrollar la consciencia de que  somos  mucho más que nuestros cuerpos físicos. Así que mientras crecía,  ya era consciente que  somos  más que nuestra biología.

CAPÍTULO 2: 

MUCHAS RELIGIONES, MUCHOS CAMINOS


En contraste con la tradición hindú que aprendí en casa, mi educación temprana empezó en un colegio católico manejado por monjas. Y en la época en que tenía 7 años, ya había empezado a aprender el impacto de las diferencias tanto culturales como religiosas. El colegio se hallaba en un viejo pero hermoso edificio de tres pisos, coronado con el domo  de  una  hermosa  capilla.  El colegio también tenía una ubicación conveniente a sólo una corta caminata de nuestra casa.

En mi primer día, usé mi nuevo uniforme con mucho orgullo.  Consistía de un delantal blanquísimo   y una chaqueta azul oscura con un bonito emblema rojo. Yo me sentía muy bien porque cuando entré al colegio, vi  a todos los otros niños  vestidos de la misma manera que yo.  El  uniforme me  dio una sensación de pertenencia. Empezábamos cada día cantando himnos, lo cual disfrutaba plenamente.

“¿Por qué tu familia no va a la iglesia los domingos?”, mi compañero de clase José, quería saber un día, después de llevar en el colegio más o menos un mes.

“Porque no somos católicos. Somos hindús y vamos al templo los lunes por la noche” contesté.

“Tienes que decirles a tus padres que te lleven a la iglesia a rezarle a Dios todos los domingos, o si no, no llegarás al cielo cuando mueras” dijo José.

“¿Estás seguro de eso?” pregunté “porque si eso fuera verdad, estoy segura que mis padres lo sabrían”

“Por supuesto que estoy seguro – sólo pregúntale a cualquiera en el colegio. O aún mejor, pregúntale a la Hermana María en nuestra próxima clase de biblia. Ella sí sabe la verdad y lo que Dios realmente quiere” insistió.

A mí me gustaba José. Él parecía preocuparse y realmente quería que yo fuera al cielo. Así que le hice mi pregunta a la Hermana María, y sobra decirlo, ella reiteró mi necesidad de ir a la iglesia y estudiar la biblia, si yo quería ganar el favor de Dios. Amablemente se ofreció para ayudarme a entender la palabra de Dios.

Esa tarde cuando llegué a la casa después del colegio, decidí hablar con mi mamá sobre lo que la hermana había dicho.

“Mamá mis amigos y las hermanas de mi colegio dicen que tengo que ir a la iglesia los domingos y estudiar la biblia si yo quiero ir al cielo cuando muera”.



“No, Beta” dijo mi madre “Tú no tienes que preocuparte de eso. Sólo diles a todos  en el  colegio  que nosotros somos hindús y cuando tú seas mayor, estudiarás las escrituras de los vedas. Las personas de diferentes lugares tienen religiones diferentes. Aprenderás que después de morir, reencarnaremos en circunstancias diferentes.”

“No creo que los chicos de mi colegio vayan a creer eso” dije un poco malhumorada “y yo estoy asustada. ¿Qué tal que ellos tengan la razón? No puede ser que todos ellos estén equivocados.
¿Cómo pueden las hermanas estar equivocadas?”

Mi mamá me atrajo hacia ella y dijo: “No te asustes, Beta. Nadie realmente conoce la verdad- ni siquiera la hermana María. La religión es sólo un camino para encontrar la verdad; la religión no es  la verdad. Es sólo un camino. Y las personas diferentes siguen caminos diferentes”

Aunque las palabras de mi madre me reconfortaron temporalmente, no aliviaron completamente mis continuados temores. Con el tiempo mi aprehensión por no seguir la religión de  mis compañeros empeoró en lugar de mejorar.

Yo quería que la monja me dijera que de todas maneras podía llegar al cielo, aunque fuera hindú, pero ella no me lo aseguraba. De lo que aprendí en el colegio, entendí el triste destino que les esperaba a aquellos que no lo lograban.

¿Qué tal  si Dios decide venir por  mi cuando esté durmiendo? La hermana María decía que Dios  está en todas partes y conoce todo. Eso quiere decir que Él, ¡sabe que no he sido bautizada!

Así que permanecía despierta por las noches, sin atreverme a dormir en caso que Dios tomara esa oportunidad de mostrarme el destino que les esperaba a aquellos que no estaban a su favor.

Mis padres se preocuparon más por mi ansiedad y mis noches de desvelo.  Cuando  se  dieron cuenta que mis miedos estaban empeorando con el tiempo,  decidieron transferirme,  a la edad de  8 años, al Colegio de la Isla.

Era un pequeño conjunto de 6 edificios y con campos alrededor. Este colegio británico estaba ubicado en las lomas de Hong Kong. Era más secular y en esa época, los estudiantes eran en su mayoría hijos de los británicos expatriados quienes manejaban el gobierno o trabajaban en las corporaciones multinacionales que ayudaban a construir y desarrollar nuestra ciudad.

El colegio en sí, era elegante, hermoso y el mejor de su época, con laboratorios de ciencia y de idiomas, un zoológico experimental,  gimnasio y piscinas.  Sin embargo,  siendo una  niña india en  un ambiente predominantemente británico, continué en la lucha. La mayoría de los chicos en mi clase eran rubios con ojos azules, así que a menudo era discriminada y señalada por el  simple  hecho de tener piel oscura y una cabellera abundante, oscura y ondulada.

Mi mente estaba llena con pensamientos como el de “desearía que Billy dejara de ponerme sobrenombres como Sambo!”. Además yo tendía a ser la última en ser escogida en los equipos y



raramente me pedían que jugara con ellos. Los otros  chicos tomaban mis cosas cuando yo no  estaba mirando, tales como mis libros y lápices.

Tal comportamiento me hizo sentir solitaria, triste y rechazada; pero contuve mis lágrimas en público y lloré en mi almohada cuando estaba sola en mi habitación. Yo ni siquiera quería que mis padres se enteraran que yo estaba siendo perseguida porque  no quería que pensaran que yo era  un problema. Después de todo ellos me habían cambiado de colegio una vez, así que continué pretendiendo que me ajustaba bien y que era realmente feliz.

Aún así, un incidente específico tuvo un fuerte impacto en mí. Estaba en la cafetería, tranquila almorzando, cuando Billy que acababa de terminar el suyo, se levantó de su asiento que estaba diagonal al mío. Recogió su bandeja con los desperdicios y cuando pasó a mi lado, derramó deliberadamente la basura de su bandeja directo sobre mi almuerzo.

Los que estaban sentados a mi alrededor, explotaron en carcajadas. A lo mejor sólo un puñado de chicos se dieron cuenta de lo que Billy acababa de hacer, pero yo sentí como si todos en el  recinto se estuvieran burlando de mi.

Sentí una enorme  furia creciendo en mi  interior. Llegué hasta el  punto en que ya era suficiente.  Me enfermaba que me llamaran Sambo, que fuera la última en ser elegida por los equipos, que me molestaran y me quitaran mis pertenencias. ¡Simplemente no podía más!

Me levanté de un brinco, levanté mi vaso con gaseosa de naranja y me volví para enfrentar a Billy quien ahora me estaba mirando y riéndose. Lo mire directo a la cara y le derramé la bebida  sobre  su cabeza.

Ahora sí, la cafetería entera estalló en carcajadas,  pero agradecí  que  esta vez no fuera por mí.  Ellos estaban mirando a Billy, parado ahí goteando gaseosa de naranja pegajosa desde su pelo y rodando por su cara y su ropa. Él  se veía realmente cómico pero yo estaba demasiado asustada  para reírme. Tenía miedo de su reacción.

Billy me miró con tanta furia en sus ojos que sentí como si me estuvieran atravesando y yo no me quedé ahí más tiempo para ver su reacción. Corrí y salí  disparada de la cafetería  como un rayo y  me metí en el baño de las niñas; me encerré en uno de los cubículos y empecé a llorar.  Lloré  porque sabía que lo que había hecho no era usual en mí. Yo quería más que nada encajar, ser aceptada y querida. No podía cambiar el color de mi piel o mi raza y ¡esto me hacía sentir tan impotente!

¿Por qué soy siempre la diferente dondequiera que vaya? ¿A dónde pertenezco? ¿Por  qué siento  que no pertenezco en ningún lugar? Desesperadamente quería saberlo mientras dejaba salir gemidos profundos, acurrucada dentro del pequeño cubículo.

Estaba agradecida porque a medida que crecía y cumplía los 10 años, la persecución fue eventualmente desapareciendo. Sin embargo, mientras mis compañeros de clase comenzaron a



ser más independientes, yo enfrentaba a unos padres más estrictos, particularmente en lo que se refería a las salidas de noche con mis amigos y especialmente si los muchachos estaban involucrados. Las salidas con muchachos estaban mal vistas en nuestra cultura, así que casi nunca tenía permiso de asistir a las noches de los jóvenes programadas en el colegio o a salir los fines de semana con mis compañeros de clase.

Como resultado de lo anterior, nunca tuve sentido de pertenencia. Me  sentía marginada cuando mis compañeros de clase comentaban sus fines de semana y sus bailes, riendo y compartiendo sus historias.  Los miraba con envidia y deseaba tanto no ser india.   En lugar de eso me enfocaba en   mis estudios académicos y en mí misma, la mayoría del tiempo. Pasé  innumerables  horas  encerrada en mi propio mundo y tenía muy pocos amigos que yo realmente considerara como mis mejores amigos.

Mis padres continuaban tratando de hacer lo máximo para que conociera  a  otros  muchachos indios y para endoctrinarme en su propia cultura; pero yo me resistía a sus intentos.

“No quiero ir a la clase de vedanta”, le anuncié a mi madre un sábado cuando tenía cerca de 13 años.   Vedanta es el estudio de las escrituras hindús; asistía a lecciones semanales donde conocía    a otros niños indios.

“Entonces las cosas serán más difíciles para ti mientras creces, especialmente cuando te cases. Tú necesitas saber lo que significa ser hindú”, me contestó mi madre mientras me peinaba.

“¡Pero yo ya no quiero ser india! Yo quiero ser como mis compañeros de clase”, pensé y, en voz  alta, le dije: “Pero yo quiero salir con mis otros amigos – mis amigos del  colegio.  Ellos  no tienen que asistir a clase de vedanta”

“Tu padre y yo queremos que vayas y eso es todo.”, dijo ella.

Yo todavía no estaba convencida de que quería ser hindú, pero como una  buena  niña  india, obedecí a los deseos de mis padres. Durante varios años, mis amigos indios y yo  nos  encontrábamos en nuestras clases cada semana para aprenderlo todo sobre nuestra fe.  Encontré las enseñanzas vedas, en sí mismas, muy interesantes y estimulantes para  ser  estudiadas.  Teníamos un gran profesor que alentaba las discusiones, en lo cual yo era muy buena. Yo era un miembro popular de la clase, lo cual era un contraste muy agudo con lo que sentía en el colegio, donde quería encajar desesperadamente. Me sentía como si estuviera viviendo dos  vidas  separadas.

Cuánto desearía que pudiera fusionar todo y ser tan popular en el colegio como lo era con mis amigos indios, pensaba a menudo. ¿Por qué mis compañeros no pueden ver lo que mis  amigos indios ven en mí?

A medida que crecía, me interesaba más y más en los aspectos intelectuales del estudio del hinduismo. Realmente me gustaba estudiar el Bhagavad Gita y los Vedas y aprender sobre la causa



y el efecto, el destino comparado con el libre albedrío y tópicos similares y me encantaban los discursos y debates que teníamos sobre estos temas. También recé y medité porque sentía que ayudaban a que se aclararan mis pensamientos, en esa época. Mucho de esto realmente tenía sentido para mi, aunque muchas de las creencias de mi cultura no parecían racionales, tales como ignorar a las mujeres, esperar que ellas fueran sumisas ante los hombres y arreglar matrimonios contra la voluntad de las personas. ¡Nada de esto está estipulado en los Vedas!

A pesar de mi exposición a un rango tan amplio de culturas y religiones, nada me preparó para lo que pasaría en los años por venir. No tenía ni idea de que todas mis creencias, percepciones y filosofías iban a explotar abiertamente y a ser sacudidas en su propio núcleo. Mucho antes de eso, sin embargo, yo todavía retaba a mi cultura y tradiciones mientras entraba en la edad adulta y buscaba equilibrar mi vida.



 CAPÍTULO 3: PASOS EN FALSO PARA MATRIMONIOS ARREGLADOS


Con el paso de los años, y debido a nuestra cultura, mis padres trataban suavemente de persuadirme hacia un matrimonio arreglado, presentándome a los hijos de  sus  amigos  y  conocidos. Mi padre, en particular, no estaba muy contento con que yo continuara mis estudios  más allá del bachillerato, pues temía que me fuera de la casa para ir a la universidad y me volviera más independiente.  Él  creía que esto reduciría mis oportunidades de ser sumisa en el matrimonio   y una esposa acomodada, algún día. En mi cultura, se cree que entre menos educada y más joven sea una mujer, será más complaciente con un matrimonio considerado deseable.

Aunque mis padres no querían nada más en el mundo sino mi felicidad, en sus mentes esto significaba no solamente que me casara, sino específicamente que me casara con alguien de mi propia cultura. Sin embargo, todo lo que yo quería hacer, parecía exactamente lo contrario.

“Pero, papá, realmente quiero ir a la universidad a estudiar fotografía y diseño gráfico”, yo insistía.

“Si puedes encontrar un curso cerca a la casa, yo no me opongo; pero yo no permitiré que vivas fuera de la casa para estudiar”, mi padre respondió.

“Pero, papá, ¡tú sabes que no hay institutos de educación superior que enseñen en inglés cerca de aquí! Tengo que ir a otro lado si quiero estudiar más”, yo argumentaba.

“Ni pensarlo. Tú sabes muy bien que no es aceptable que una mujer viva fuera de su casa antes de casarse”, concluyó.

Pero yo ya era una mujer joven en este punto, con mis propias y fuertes opiniones. Debido a mi educación, yo me había vuelto mucho mas occidentalizada, así que le pregunté: “¿Por qué son las reglas diferentes para una mujer que para un hombre?”

“¡Esas no son reglas! Eso es simplemente como son las cosas y tú deberías estar orgullosa de mantener tus valores culturales”, dijo mi padre un poco molesto por haberlo desafiado.

Yo tenía sueños que todavía no había cumplido y tenía la sensación que ellos no se cumplirían. Quería ver el mundo y quizás trabajar como fotógrafa viajera.  Quería viajar  con mi  morral  por  toda Europa, ver la Torre Eiffel en París y experimentar las pirámides de Egipto. Quería sentir la energía de Machu Pichu, comer paella en España y disfrutar tagine en Marruecos. Había tanto que yo quería hacer, ver y experimentar y sabía que estar de acuerdo con un matrimonio arreglado acabaría con mis oportunidades de hacer realidad mis sueños. Sin embargo, el mío era un caso perdido por el hecho de que dos de mis amigas indias más cercanas estaban comprometidas para



casarse en alianzas arregladas en ese momento, poco después de que se graduaran  del  bachillerato.

Así, que con el ánimo de no causar problemas o confrontar a mi padre aún más, me matriculé en   un curso de fotografía local. Al mismo tiempo, les di gusto a mis padres y jugué el papel de un prospecto de novia recatada cuando ellos me pidieron que conociera parejas idóneas.

Recuerdo que en una ocasión en particular, mis padres me pidieron que me vistiera  con  las  mejores ropas tradicionales y me acompañaron a conocer otro prospecto de novio. Yo usaba una blusa de seda cruda en un rosa profundo con bordados delicados alrededor del cuello.  Tenía un  chal de encaje rosado pastel, con bordados que hacían juego con la blusa,  puesto sobre mi  cabeza  y hombros con el fin de proyectar un aire de modestia.  El atuendo se completaba con pantalones  de seda en azul pastel y un par de zapatillas de tacón alto rosado pálido.

Recuerdo claramente que durante el viaje en carro, yo estaba construyendo en mi mente una lista de chequeo sobre los temas de conversación prohibidos en esta situación.  Pensaba  que  no  debería dejar escapar que estaba mucho más cómoda en jeans y tenis o botas de escalar que en la ropa india tradicional. Y otro paso en falso sería admitir que aparte de mis primeros años,  raramente visitaba el templo hindú para las oraciones semanales, excepto quizás durante los festivales. También sabía que me tenía que frenar de hablar sobre mis pasatiempos y otros intereses: mi afinidad con la música ecléctica, mi amor al arte, astronomía y observar estrellas y mi pasión por estar en la naturaleza. Decidí que no debería hablar acerca de cualquiera de mis aspiraciones para el futuro, como cruzar África en bicicleta, algún día, viajar  con  morral  por  Europa, visitar Egipto, ser una activista social involucrada con organizaciones que construyen poblaciones globales auto sostenibles que sean amigables con el medio ambiente, en países en vía de desarrollo, o trabajar para mejorar la situación de vida para la gente en algunas de las naciones golpeadas por la pobreza de Asia.

“No, me dije a mi misma, debo recordarme de no poner en la mesa ninguno de esos temas”.

Me acuerdo haciendo una nota mental para mencionar, específicamente en presencia de mi prospecto de suegra, mi recién adquirida habilidad de extender un chapatti perfecto. Este pan tradicional sin levadura es un tema de importancia en la mayoría de las casas indias y requiere de gran habilidad para extenderlo parejo para que la masa forme un  círculo perfecto.  Yo sabía  que eso era suficiente para agradar a la familia.

Realmente pensé que tenía todo preparado. Creía que había pensado completamente en todos los posibles escenarios esta vez y que nada podría salir mal. Pero resultó que no había hecho mi tarea apropiadamente. Cuando llegamos al sitio,  un club colonial hermoso en la loma de la Calle Old  Peak, vino el mesero para tomar nuestros pedidos. Yo pedí un sándwich de atún sin  tener  en cuenta que el prospecto de novio y su familia eran todos vegetarianos estrictos. Ni siquiera se me ocurrió cuando cada miembro de la familia pidió sándwich de queso y pepino cohombro o pie de queso y cebolla; o alguna otra opción vegetariana.



Las palabras “Quiero un sándwich de atún” apenas habían salido de mis labios cuando la mamá del prospecto de novio me miró de tal forma que parecía que me estuviera  atravesando hasta  el  centro de mi ser. Al unísono el  resto de la familia  siguió su mirada.  Todos los ojos cayeron  sobre mí mientras yo permanecía en mi silla, deseando que el piso se abriera y me tragara.

¡Me sentí tan estúpida por mi error! ¿Cómo no me di cuenta o siquiera consideré que ellos podían ser vegetarianos?  Me castigué una y otra vez.   Después de todo, no es algo que sea poco común   en mi cultura. Sin necesidad de decirlo, ese intento no fue más allá de la primera reunión.

Sin embargo hasta cierto punto, uno de esos proyectos de arreglo de matrimonio resultó en un compromiso. Después de sólo dos encuentros el joven y yo debíamos que tomar una decisión si queríamos comprometernos antes de seguir viéndonos.

No se nos permitía pasar juntos más  tiempo hasta que  decidiéramos cómo queríamos seguir.  Él  era alto, bien parecido y bien hablado. Yo le atraía y podía sentir que sentía lo mismo que yo. Estábamos interesados en llegar a conocernos mejor, así que para el agrado de nuestros padres, acordamos hacer el compromiso. Esto se llevó a cabo en una  ceremonia religiosa  en el  templo Guru Nanak, al cual asistió toda la familia y amigos y fue bendecida por el mahraj. Este evento es llamado misri y puede traducirse, más o menos, como ceremonia de compromiso.

Nuestro misri se llevó a cabo en la tarde, seguido en la noche por una comida en un restaurante indio conocido. La comida y vino abundaron, hubo  música  y  nosotros  bailamos  por primera vez. En ese momento yo estaba completamente feliz. Finalmente sentía que estaba haciendo  lo  correcto y que sería aceptada por todos. Creía que estaba a punto de vivir feliz para siempre.

Desafortunadamente, después de unos meses, a medida que se acercaba la fecha de la boda, empecé a entender que nunca sería la persona que mi prometido y  su  familia  querían  como esposa y nuera, porque no cumplía con los requisitos. ¿Por qué no me di cuenta de esto antes de hacer el compromiso? El hecho de que era un matrimonio arreglado debió haberme alertado de  que habría ciertas expectativas. Sin embargo, el arreglo ya se había fortalecido y romperlo parecía algo impensable, por lo menos para las familias involucradas.

Durante el tiempo que este hombre y yo estuvimos comprometidos, guardé la esperanza  que podría cambiar para él y su familia. Luché por volverme alguien de  quien  ellos  estuvieran orgullosos de llamar su esposa y nuera. Pero, desafortunadamente, continué desagradándolos sin llenar sus expectativas. Traté de hacerlo desesperadamente, pero era muy difícil permanecer enfocada en mis deberes tradicionales por mis inquietudes y deseos de seguir mis sueños.

Me sentí muy mal conmigo misma durante esa época. Me preguntaba, ¿por qué es tan difícil para mí? ¿Qué me pasa? Otras personas lo hacen tan fácil. La gente se compromete y se casa todos los días, incluyendo todos mis amigos. ¿Por qué lucho tanto con la idea? Me sentía tan impotente; yo  no valía nada; era un total fracaso.



Finalmente, acepté el hecho que yo nunca sería esa clase de persona que ellos estaban buscando. Estaba lista para admitir la derrota porque no podía seguir con esto por más tiempo.

Estaba tan asustada de contárselo a alguien y de su reacción. Estaba asustada de casarme y luego tener que separarme.

En mi interior sabía que nunca cumpliría con las expectativas de mi  futuro esposo y  su  familia. Todo lo que había hecho hasta ese punto –la forma como me vestía y me comportaba – era una actuación. Sabía que nunca sería de verdad lo que ellos querían. Terminaría gastándome toda la  vida tratando de ser alguien que no era, sin dar la talla que ellos requerían. Tampoco tendría la oportunidad de cumplir ninguno de mis sueños, esperanzas y deseos.

No les había dicho nada a mis padres de lo que estaba sintiendo ni de lo mucho que luchaba,  porque una vez más, no quería que ellos creyeran que yo era un problema. Me lo guardé todo y puse una fachada valiente aparentando ser feliz, siempre sonriente y risueña, como toda mujer joven y comprometida. No compartí esta información con nadie porque no quise ser un peso para otros con mis penas y miedos emocionales pero llegué al  punto en donde no pude más; así  que  una noche poco antes del día de la boda, fui adonde mi mamá y rompí en llanto.

“Mamá, ¡lo siento tanto! Lloré. “¡No puedo hacerlo! Simplemente no puedo hacerlo”

Para mi sorpresa, mi madre me abrazó y dijo “No llores, querida. Sólo dime todo lo que te está pasando”.

“No estoy lista, mamá. Tengo sueños, quiero viajar por el mundo y hacer diferentes cosas y simplemente no puedo aceptar que no voy a tener nunca independencia para hacer todo lo que quiero”.

Exploté y saqué todo lo que estaba sintiendo, entre profundos sollozos. Dejé salir todos mis pensamientos y temores, todos mis sueños, esperanzas y aspiraciones.

Mi madre me abrazó y me dijo que ella no me iba a forzar a hacer algo que  no quería.  Ella se  excusó por no haber reconocido mis miedos antes y hacerme pasar por esto.  Me  dijo que tenía  que hablar con mi padre, que no tuviera miedo y que ella me apoyaría con mi decisión.

Sufrí una catarsis que nunca había experimentado antes.

Luego hablé con Anoop y le conté todo lo que le había dicho a mi madre. Él inmediatamente dijo “No te preocupes, hermana, aquí estoy para ti. Me hubiera gustado que hubieras compartido tus sentimientos con nosotros antes. No tenías que luchar sola con tus emociones”.

“Pero no me di cuenta que tenía opciones después del compromiso”, recuerdo haberle dicho con lágrimas en los ojos.



Sin embargo, fuera de mi familia inmediata, nadie más en nuestra comunidad tomó bien las  noticias. Parientes, miembros de la familia, prospectos de miembros de familia y otros en nuestra comunidad estaban tristes, furiosos y molestos al oír las noticias. Vinieron a verme tratando de persuadirme para que siguiera con la boda. Me dijeron que era normal que me sintiera así,  que todo estaría bien después y que yo debería seguir con el plan de todas formas. Trataron de convencerme pues si rompía el compromiso ninguno en nuestra cultura querría casarse  conmigo. Mi nombre estaría manchado y ninguna familia dejaría que su hijo se me acercara.

Trataron de convencerme que mis ideales eran poco reales, especialmente para una mujer. Mis expectativas eran demasiado altas y por ello nunca encontraría al hombre adecuado. “Baja tus expectativas, sé una esposa y nuera obediente y tendrás una buena vida”.

Me sentí absolutamente terrible por hacerles daño a todos con mi decisión. Cuando oí lo que la gente empezaba a decir sobre mí, me sentí muy mal por mi decisión y con miedo por mi futuro. La gente decía que no estaba lo suficientemente domesticada, que era muy consentida y que mis padres no me habían criado apropiadamente. También comentaban que para que una mujer fuera capaz de hacer algo así, era porque tenía una opinión de sí misma demasiado elevada. Me sentí terrible y triste. No quería socializar más dentro del círculo de nuestra cultura.  Lamenté  todo, desde hacer el compromiso y luego romperlo, por herir a mi prometido y su familia, por herir a mi familia, por no ser lo suficientemente domesticada, por no ser lo suficientemente  india.  En  realidad lamenté todo acerca de mí misma.

¿Por qué estoy siempre disculpándome? ¿Por qué tengo que disculparme sólo por ser  yo?  No lograba entender cuál era mi problema.

No me aguantaba todas las explicaciones que tenía que dar ni la gente con la que tenía que tratar. Así que faltando unos días para la boda, con todo comprado y pagado, todos los arreglos hechos, regalos amontonados y amigos y parientes llegando de diferentes partes  del mundo, me escapé.  Me fui a un largo viaje donde algunos de mis viejos amigos en india y el Reino Unido. Sólo quería desaparecer de nuestra comunidad hasta que todo se estabilizara porque no quería  tenérmelas  que ver con nada, excepto con mis propias emociones. Necesitaba entenderme y sabía que la próxima fase de mi vida no iba a ser fácil.


 CAPÍTULO 4 - MI VERDADERO AMOR


Después de regresar a la casa de mis padres en Hong Kong, no quise integrarme nuevamente  con   la comunidad india pues me sentía una completa desadaptada social. Dirigí mi atención hacia el desarrollo de mi carrera como intento para lograr algo de independencia.

“¡Conseguí el trabajo!” grité un día abriendo la puerta de entrada de nuestro apartamento, donde mi padre estaba sentado en su silla favorita mirando las noticias.

Una de mis amigas me dijo que había una vacante donde ella trabajaba; ella creía que el trabajo sería perfecto para mí. La empresa era una compañía francesa de accesorios de moda  que  distribuía sus productos por toda Asia. La posición era de asistente del gerente de ventas promoviendo los productos y realizando órdenes para ventas mayoristas, con  la posibilidad de  viajar a ciudades vecinas. Generalmente no me sentía atraída por las ventas y la distribución, pero estaba emocionada principalmente por la posibilidad del viajar y ser independiente.

“¡Bien hecho, Beta! Yo sabía que lo lograrías”, mi padre dijo orgulloso cuando se volvió para mirarme. “Dímelo todo, ¿cuándo empiezas?, ¿a quién le reportarás?, ¿cuáles serán tus responsabilidades?”.

“Empiezo el primero del próximo mes. ¡Estoy tan emocionada!  Le  reportaré  al  gerente  regional de exportaciones. La posición tiene un gran potencial en el  futuro.  Si yo demuestro que  soy  capaz y le ayudo a exceder sus metas, me darán algunos territorios para manejarlos de manera independiente.

“¿Qué quiere decir eso?”, preguntó mi padre mostrándose menos entusiasmado. “Quiere decir que hay una enorme posibilidad de viajar por toda la región”.
“Aunque estoy realmente orgulloso de  ti, querida”, dijo mi padre “quiero que recuerdes que esto  es solamente para que pases el tiempo hasta que encuentres un esposo. No quiero que te  involucres mucho en la carrera, que te vuelvas tan independiente como para no querer casarte. Tu madre y yo todavía esperamos encontrarte la pareja perfecta.”

“¡Ay, papá, no me dañes el rato! Realmente estoy emocionada con este puesto”.

“Si lo sé”, dijo. “Bueno, nunca se sabe; en estos días, a algunos esposos no les importa que sus esposas trabajen. Solamente que no quiero que más tarde te desilusiones si tu futuro esposo no aprueba tu trabajo, ni tus viajes, eso es todo. Pero tienes la  razón,  no  pensemos  en el  futuro ahora mismo. ¡Celebremos hoy tu éxito!”



“¿Dónde está mamá? Quiero contarle las buenas noticias. Luego quiero invitarlos a los dos  a comer“, dije mientras salía del  cuarto para telefonear  a Anoop y compartir las buenas  noticias    con él.

Finalmente las cosas empezaban a salirme bien.  Empezaba  a  ganar  independencia  tanto financiera como socialmente. Sin embargo, con los años mis padres continuaban intentando conseguirme pareja, hasta que lentamente empezaron a darse cuenta que era una batalla perdida. Sus intentos me frustraban de alguna forma, porque todavía no entendía que en los confines de nuestra cultura, yo no era considerada una muchacha normal y  mi reputación estaba manchada  por haber roto el compromiso. Era consciente que la gente de mi cultura pensaba que yo era de espíritu independiente, terca,  rebelde, idealista y  obstinada, rasgos poco deseables en una mujer.  A pesar de todo esto, mis padres continuaban teniendo esperanzas que al presentarme al hombre ideal, yo cambiaría por él y me volvería más dócil.

Mientras tanto, mi carrera en la compañía francesa había despegado y mi posición requería que visitara ciudades vecinas. Aunque todavía vivía en casa con mis padres cuando estaba en Hong  Kong, los viajes me permitieron un nivel  de libertad e independencia que disfruté y aprecié y me  dio la oportunidad de conocer toda clase de gente. Lentamente,  comencé  a  sentirme  otra vez  bien con la vida. Es más, me sentía feliz, popular y  exitosa cuando estaba fuera de los confines de  mi cultura. Amaba este lado de mi vida – la gente en ella, mi trabajo y los viajes involucrados. El papel  de ama de casa tradicional india no tenía ningún atractivo para mí.   Eso era lo que menos   me interesaba y no veía ningún beneficio al renunciar a lo que tenía; así que continué disuadiendo   a mis padres en sus intentos de encontrarme el compañero perfecto.

Pero en mi mente, siempre tuve la impresión de ser inadecuada, de alguna forma. Sentí que había fallado o no había logrado lo que se esperaba de mí. Esta voz  regañona me perseguía por  todo  lado, asegurándose que no me sintiera lo suficientemente buena o  merecedora.  De  alguna manera, yo era mercancía dañada… o defectuosa…

Un día a fines de 1992, sin esperarlo, conocí al hombre que eventualmente se convertiría en mi esposo, aunque al principio no creía que fuera el hombre perfecto para mí. Nos conocimos una noche casualmente a través de alguien que los dos conocíamos.

“Conoces a un chico llamado Danny Moorjani?”, Naina me preguntó por teléfono mientras yo trataba de completar el reporte semanal  de ventas.  Naina era una amiga que no vivía en Hong  Kong pero que estaba de visita en ese momento. Esa tarde después del trabajo íbamos a salir a tomarnos unas copas.

“No, no lo conozco”, le contesté; “¿por qué preguntas y quién es?”

“Es un chico Sindhi realmente simpático que conocí cuando estaba en New York el verano pasado. Aparentemente él vive y trabaja en Hong Kong. Estoy sorprendida de que no lo conozcas”, respondió.



“Tú me conoces, yo le huyo a nuestra comunidad, especialmente ¡después del incidente! En Hong Kong hay mucha gente sindhi que no conozco o sea que no es para nada una sorpresa” contesté.

“Bueno, estás próxima a conocerlo” dijo ella. “Lo busqué y le pedí que se  reuniera  con nosotras para tomarnos unos tragos esta noche”.

Más tarde en la noche, cuando Naina y yo entrábamos al Club 97, un bar sofisticado en el  corazón de la ciudad, identifiqué a este hombre inmediatamente aunque no lo  había  visto  antes.  Ahí estaba él, casual, vestido con un suéter marrón cuello de tortuga y pantalones negros. Él nos miró entrando al sitio, y aunque estaba ahí por Naina, me di cuenta que su mirada seguía todos mis movimientos mientras caminamos hacia él y nos sentamos. Inclusive cuando mi amiga lo saludaba, vi que no retiró su mirada de mí y en el momento en que nuestros ojos se  cruzaron,  un  sentimiento de reconocimiento pareció estallar entre los dos. Parecía que nos  hubiéramos  conocido de toda la vida y la sensación era electrizante. Yo me daba perfecta cuenta de que él estaba sintiendo exactamente lo mismo; y empezamos a hablar.

Nos conectamos en tantos niveles que hacia el final de la noche, intercambiamos  nuestros teléfonos. Para mi emoción, me llamó al día siguiente y salimos a comer. Fue increíblemente romántico, me llevó flores y fuimos a un restaurante lindo, llamado Jimmy´s  Kitchen,  que  todavía es uno de nuestros lugares favoritos.

Sin embargo, entre más nos conectábamos, más sentía que me alejaba porque no confiaba en mis instintos. Estar con él era igualmente quijotesco y electrizante y yo no me sentía así desde hacía mucho tiempo.  Eso me asustó.  Tenía miedo porque era  Sindhi  y yo no quería relacionarme con   un hombre de nuestra cultura, por lo menos no en ese momento… quizás nunca.

Sabía muy bien que casarme dentro de la cultura india generalmente significaba una alianza con toda la familia. No seríamos dos personas amarrándonos sino dos familias. Tenía miedo de  meterme en algo que luego lamentaría. Quería casarme con el hombre, no con todos sus parientes  y como conocía nuestra cultura, eso me daba miedo. Estaba aterrada de lo que su familia pensara  de mí. ¿Se repetiría la situación otra vez? ¿Conocía su familia mi pasado? ¿Me rechazarían si supieran que había roto un compromiso? Y, ¿cómo podría estar segura que él no  tendría  las mismas expectativas que la mayoría de los hombres indios tenían de sus esposas? No quería hacerme daño otra vez, ni quería hacerle daño a nadie más.

Pero Danny fue muy paciente y me dio todo el tiempo que necesitaba y yo  lo  agradecí.  Su presencia era irresistible y me hacía sentir amada como nunca antes lo había sentido. Yo experimentaba una batalla entre mi corazón y mi mente; y mi corazón iba ganando.

A medida que nos íbamos conociendo mejor, me daba cuenta que Danny se parecía mucho a mí.     Él tampoco resonaba con nuestra cultura, pues también había crecido en Hong Kong y había sido educado en los colegios británicos. Rechazaba muchas de nuestras costumbres especialmente las ideas sobre la mujer y el matrimonio. Siempre era muy generoso y abierto en su amor por y



éste parecía genuino e incondicional. Por primera vez, no sentí ninguna presión por ser de cierta manera para ganarme un hombre o cumplir con sus expectativas.

Danny también tenía un increíble sentido del humor y para mí eso era un gran atractivo. El reía fácilmente y su risa era contagiosa de tal manera que nuestras citas eran muy divertidas. Él parecía saber exactamente cuándo llamar y qué decir en el preciso momento. Era suave pero a la vez,  fuerte y persuasivo y eso me encantaba.

No obstante, todavía pensaba que no pasaría mucho tiempo antes de que él descubriera mis falencias. Tenía miedo que se decepcionara pronto.

Pero ese día nunca llegó. Danny era firme y determinado en su afecto por mí. Me llamaba por teléfono para saber cómo estaba y me enviaba flores y regalos en ocasiones especiales.   Diferente   a sus contrapartes, a él le encantaba mi naturaleza independiente. En lugar de  estar  horrorizado por mis intereses, sueños y aspiraciones, él se reía por la forma como me resguardaba de los intentos de mis padres por arreglar mi matrimonio. Pensaba que todas estas cualidades eran enamoradoras. Estaba genuinamente interesado en lo que yo era y este sentido de aceptación era tan nuevo y refrescante para mí.

Danny se había graduado de la universidad en Administración de Empresas. Como suele ocurrir en nuestra cultura, su padre tenía una compañía y siendo él su único hijo y heredero, estaba obligado   a trabajar en el negocio familiar.

En ese momento, mi trabajo requería algunos viajes fuera de Hong Kong. Ya que el negocio de Danny también lo requería, ocasionalmente encontraba su cara  sonriente mirándome  en  alguno de mis destinos, pues había coordinado a propósito sus viajes para coincidir con los míos.

Una noche, mientras caminábamos por una de mis playas favoritas en la isla de Hong Kong, le pregunté casualmente si él sabía sobre mi compromiso pasado y lo que la gente de nuestra comunidad había comentado de mí. Nunca habíamos hablado sobre esto y yo tenía miedo de preguntar. No estaba segura de lo que sentiría, si no había oído nada al respecto.

“Si”, contestó. “He sabido de esto casi desde el primer momento en que te conocí. Y gracias a nuestra maravillosa comunidad, casi puedo apostar que la versión que oí ha sido aumentada 10 veces para tener más efecto”

“¿Qué pensaste de mí cuando supiste?”, pregunté un poquito preocupada por lo que iba a decir. “¿Estás segura que estás lista para conocer la verdad?, contestó con una leve sonrisa en sus labios. “Si, solo la verdad, por favor. Puedo manejarlo”, dije preparándome para lo que se venía.
“Bueno, cuando supe lo que habías hecho, lo primero que me vino a la mente fue:  ¡Sí!  Ese  es el tipo de mujer con la que me gustaría casarme, ¡alguien que tiene su propia manera de pensar!”



Una gran sonrisa se esbozó en mi cara y sentí que un enorme flujo de tranquilidad se derramaba sobre mí. Me acuerdo que le dije: “Así que, ¿no te atraigo por mis habilidades para hacer  chapatti?”.

“¡Oye, tú no aprecias mis cualidades, jovencita! Yo hago un perfecto chapatti,  pero  eso  no  es  todo, también lavo ropa, ventanas y baños”.

En ese momento mi sonrisa rompió en una risa explosiva. Nos caímos en la arena y  reímos hasta que las lágrimas corrían por nuestras mejillas. Nos reíamos por todo y por nada al mismo tiempo.

Cuando dejamos de reírnos, é se arrodilló; yo continuaba sentada en la arena y nuestros ojos se encontraron. Él tomó mis manos en las suyas y dijo: “Anita, yo he estado ansiando preguntarte desde el día que te conocí: ¿Quieres casarte conmigo?”

Lo supe en ese momento. Supe de verdad que él era el único para mí. Había encontrado mi alma gemela.

En Marzo 17, 1995, exactamente dos meses después de que Danny me propusiera matrimonio, lo inesperado sucedió. El teléfono sonó y me di vuelta en la cama para ver la hora.

“Qué está pasando”, me pregunté levantando el auricular.  Son sólo las 5.15 de la mañana.  Antes  de contestar el teléfono ya sabía que no eran buenas noticias.

“Beta, querida, ¿eres tú?”, oí la voz quebrada de mi madre  al  otro lado del  teléfono antes de  poder hablar.

“Si, estoy aquí. ¿Qué pasa?” Sentí el miedo apoderándose de mí y reflejándose en mi voz. Mi corazón dejó de latir unos instantes y parte de mi temía las noticias que estaban por llegar del otro lado. También estaba ansiosa por saber y terminar con el suspenso.

“Es tu padre”, la voz llorosa de mi madre me dijo. “El no se despertó esta mañana. Se fue mientras dormía”.

Cuando la salud de mi padre empezó a deteriorarse hacía algunos meses, mis padres fueron a la India para buscar terapias alternativas tales como tratamientos ayurvédicos. Yo esperaba que regresara a tiempo para mi boda, con su salud intacta para poder bailar el bhangra  (un  baile favorito de celebración) juntos durante las festividades. No podía creer que esto estaba pasando. Frenéticamente y llorando empaqué mis cosas, poniendo cualquier cosa  que  encontraba  dentro  de la maleta, mientras mi hermano hacía los arreglos para tomar el próximo avión a Pune, India.

Mi viaje a la India, el funeral y esos días con mi familia, van y vienen borrosos  a mi memoria. Pero no olvidaré el día que llevamos las cenizas de mi padre en una hermosa urna esmaltada al Río Indrayani, que corre a través de la ciudad santa de Alandi, al este de Pune.  Nos paramos en las  rocas mirando la extensión del rio a la hora auspiciosa que nos había indicado el mahraj. Mi



hermano abrió la tapa de la urna y la volteó despacio, permitiendo que la brisa  se  llevara las  cenizas y las esparciera en la superficie del agua. Observamos con lágrimas corriendo por nuestras mejillas, como el río se llevaba sus cenizas. ¿Cómo podríamos decir adiós a este hombre maravilloso?

“¡Papá, mi querido papá! Siento mucho si alguna vez te he causado sufrimiento, le susurré a mi padre con mis manos en actitud de oración (pranam).

Me voy a casar y tú no estás aquí para verme caminar alrededor del fuego de boda. Viviste únicamente para este día. ¿Cómo puedes dejarme ahora? Pregunté a las olas que se tragaban sus cenizas, llorando inconsolable.

Los siguientes meses podría decirse que fueron agridulces pues mi familia y yo estábamos lamentándonos por la muerte de mi padre y al mismo tiempo planeando la celebración que se avecinaba. Me daba cuenta que a mi madre la aliviaba enfocarse en los preparativos de la boda ya que parecía que iluminaba lo que podría haber sido un tiempo muy difícil y triste.

Todos extrañábamos a mi padre y sentíamos que no estuviera presente en la única ocasión que había significado tanto para él. Verme casándome había sido su misión en la vida; pero me consolé acordándome que estuvo presente cuando me comprometí y estuvo tan feliz  por  mí.  Era  casi como si hubiera pasado al otro lado con un corazón más liviano.

Junto con los papás de Danny consultamos al mahraj para que nos diera una fecha de boda auspiciosa. Le dijimos que debía ser hacia finales del año, ya que la  familia  estaba  de  luto  y todavía no estábamos listos para celebrar. El consultó su almanaque santo y nuestras fechas de nacimiento y nos informó que Diciembre 6, de 1995 era una fecha auspiciosa para nosotros.

En esos momentos, parecía que faltaba mucho para que llegara el día. Sin embargo, los meses pasaron volando en los preparativos, separando el sitio, ordenando el sari de boda, diseñando las invitaciones y trabajando en las miles de vueltas propias de una boda india.

Mi madre se lanzó a ayudarme en la organización del evento para dejar de pensar en su reciente pérdida y se sintió muy orgullosa de escoger mi sari de boda y todos los otros atuendos que yo iba   a usar en los eventos relacionados. Ella escogió un extraordinario sari de encaje de color  bronce para el día de la boda y uno blanco, con bordados dorados muy finos, para la ceremonia civil.

Así que el 6 de diciembre de 1995 me casé con mi alma gemela, Danny, en una elaborada boda  india y fiestas que duraron casi una semana.

Nuestros amigos y parientes de todo el mundo volaron a Hong Kong para asistir a los rituales y festividades que culminaron en una recepción bajo las estrellas en el jardín del Country Club de Hong Kong, con una vista de mi playa favorita.



Un día, varios meses antes de la fecha, estábamos proponiendo sitios para la boda y yo dije medio en broma: “¿No sería genial si nos casáramos en la playa donde me propusiste matrimonio?”

Jugamos con la idea por unos minutos, pero rápidamente la descartamos pensando  en  lo  frustradas que se sentirían las señoras con sus zapatos altos atascados en la arena. Luego  me acordé que justo encima de  las rocas quedaba el  Country  Club con sus extensos jardines mirando  la mismísima playa donde Danny me había propuesto matrimonio. Fue en ese momento que decidimos que ese sería el sitio perfecto para la boda.

Fue una hermosa noche y mientras soplaba una brisa fresca, el  shenai (música india de  bodas)  hacía eco en el aire. Danny y yo, tomados de la mano,  caminamos  alrededor del  fuego 7 veces  para sellar nuestra unión, mientras el mahraj cantaba nuestros votos en sanskrit.  Danny se veía  muy apuesto y principesco parado a mi lado vistiendo su shervani (su atuendo real de bodas) completo con turbante.  Yo use el sari  de encaje color bronce que mi madre me había escogido y   su borde estaba drapeado sobre mi cabeza adornada con flores de jazmín, tejidas en mi pelo. Mis manos  y pies estaban pintados con henna en un delicado diseño floral, como es la tradición para   las novias indias.

Mientras hacíamos el recorrido por el fuego, miré las caras de los miembros de mi familia y pude sentir que mi mamá y hermano estaban sufriendo por la falta de mi padre y deseaban  que  estuviera allí, en esa noche tan especial.

Después de los rituales, siguió una enorme recepción, con comida, bebida, música y baile. Cuando todo terminó y Danny yo estábamos en nuestro hotel, me sentía a la vez  exhausta  y emocionada. Yo sabía que este era el hombre con el que quería pasar el resto de mi vida. Íbamos a vivir felices  por siempre.


CAPÍTULO CINCO: DIAGNÓSTICO DE MIEDO



Con el paso de los años, Danny y yo construimos juntos nuestra vida. Él dejó el  negocio familiar  para empezar una carrera en ventas y mercadeo en una multinacional; nos mudamos de su apartamento de soltero en el centro de la ciudad a un lindo apartamento en un suburbio tranquilo de Hong Kong. Adoptamos un perro que llamamos Cosmo.

Después de mi matrimonio, mi hermano decidió dejar Hong Kong y empezar un negocio en la India porque hubo una gran recesión en nuestra ciudad y el vio una oportunidad en ese país. Con su esposa Mona y su pequeño hijo Shahn se fue a la India y mi madre los siguió poco tiempo después. Yo los extrañaba terriblemente porque nunca había vivido sin mi familia.

Para empeorar las cosas, debido a la recesión, perdí mi trabajo en la compañía francesa ya que las ventas se vinieron abajo dramáticamente. Esto fue difícil para mí pues no lo esperaba y se sumó al estrés y a la soledad que sentía por la ausencia de mi familia.

En ese período también me sentí presionada por nuestra comunidad y compañeros para empezar una familia, aunque en esos momentos yo estaba más interesada en trabajar, viajar y explorar el mundo.

Finalmente, encontré trabajo independiente con una compañía de reubicación. Se trataba de  ayudar a los expatriados recién llegados para integrarse a la ciudad. Disfrutaba el tiempo libre que me quedaba, pues era un trabajo de medio tiempo.

Simplemente no me sentía lista para tener hijos, pero en mi cultura se espera que la gente que se casa tenga hijos inmediatamente. A menudo me sentía destrozada por las expectativas de  los demás y lo que yo realmente quería hacer. Otras veces, me consideraba casi inadecuada por no querer las mismas cosas que mis amigos, especialmente en lo que se refería  a  empezar  una  familia.

Miembros de nuestra comunidad me recordaban a menudo que como mujer tenía un  reloj  biológico corriendo en mi contra lo cual no hizo más que alimentar el miedo que ya vivía en mi – antiguas preocupaciones, empezando con mi ansiedad por el problema de haber sido niña y sentirme desadaptada por no pertenecer a ningún lado. Me acuerdo que pensaba: pero si  realmente queremos niños, los  podemos adoptar.  Hay tantos niños no deseados  en el  mundo,  que estarían felices de tener un hogar. Además, así no tendría que preocuparme por mi reloj biológico.

Danny y yo realmente discutíamos esto en serio y los dos estuvimos de acuerdo en la adopción. También quitaría la presión de tener que ser una esclava de mi propio cuerpo. Sin embargo,



cuando mencionaba la posibilidad a otros  de la comunidad, siempre recibía respuestas negativas.  La más común era: “¿No puedes quedar embarazada? Lo siento mucho.”

Una vez más apareció el viejo miedo de no “dar la talla”…pero mi atención a ese tema se acabó demasiado rápido.

Durante el verano de 2001, mi mejor amiga, Soni, se le diagnosticó cáncer y esta noticia me impresionó en lo más profundo. Un día ella tenía dificultad para respirar y cuando  fue  a  un chequeo médico, encontraron un gran tumor en el tórax que  presionaba  sus pulmones.  Yo no podía creer que esto le estuviera pasando a ella. Era joven, fuerte, vibrante, saludable y tenía muchas razones para vivir. Los médicos la internaron rápidamente en el hospital para ser sometida  a una cirugía para remover la masa. Inmediatamente después se le practicaría un tratamiento de radiación y quimioterapia.

Un par de meses después de conocer el diagnóstico de Soni, recibimos noticas que el cuñado de Danny (el esposo de su hermana menor) había sido diagnosticado con un cáncer agresivo.

Estas noticias me causaron un profundo horror porque ambos tenían mi edad. Empecé a  buscar todo lo que había sobre el cáncer y  sus causas.  Inicialmente, empecé  a hacerlo con la esperanza  de poder ayudar, porque quería estar cerca a Soni para apoyarla en su lucha. Pero encontré que entre más leía sobre la enfermedad, más miedo me daba todo lo que pudiera causarla. Creía que todo producía cáncer –pesticidas, microondas, preservantes, comidas modificadas genéticamente,  la luz del sol, la polución en el aire, recipientes plásticos para comida, los celulares, etc. etc. Esto aumentó hasta el punto que eventualmente empecé a tenerle miedo a la vida misma.

El 26 de abril de 2002 es un día que ni Danny ni yo olvidaremos fácilmente. Entramos vacilantes al consultorio del doctor, como si estuviéramos entrando a la casa de la muerte. El miedo se apoderó de nosotros, como para advertirnos que una sacudida nos esperaba en cada esquina.  Era  un  viernes en la tarde, el último día de trabajo antes de compartir nuestro fin de semana. Logramos movernos a través del tráfico ya que todo el mundo estaba empezando a salir de sus trabajos para celebrar la hora feliz previa al fin de semana; todos, excepto nosotros. Escasamente nos dimos cuenta de la puesta del sol con sus tonos anaranjados y sus reflejos sobre  los  rascacielos  de nuestra vibrante ciudad al ocultarse detrás de la bahía. Ese día sabríamos los resultados de los exámenes que el doctor me había tomado.

Unos días antes, yo había encontrado una protuberancia en mi hombro derecho, por encima de la clavícula.   En ese momento, me rehusé, o mejor, me exigí  pensar que no era más que un quiste.   Sin embargo, la fea vocecita en mi mente prediciendo el mal, no dejaba de tratar de convencerme que era algo más serio.

Durante los meses previos, yo había visitado a mi amiga Soni y con lágrimas en los ojos veía como moría en el hospital por el cáncer que le habían diagnosticado un año antes. Con terror y tristeza veía su cuerpo casi consumido por una bestia que se negaba a ser domesticada, inclusive por la



más avanzada ciencia médica disponible.   No me podía permitir pensar que ese horror me pasaría   a mí. Pero la protuberancia en la base de mi cuello me forzó a enfrentarlo y tuve que hacerme exámenes médicos. Me habían hecho una biopsia y ese día obtendría los resultados.

El doctor fue muy gentil y amable cuando me dio las noticias:  “Usted tiene  un linfoma lo cual  es una forma de cáncer del sistema linfático” Pero desde el instante en que pronunció la palabra cáncer, yo no pude oír nada más de lo que estaba diciendo. Su voz me llegaba como si estuviera  bajo el agua.  Mis  ojos se quedaron fijos en la  ventana  de la clínica.  Afuera nada había cambiado: el sol continuaba su rumbo poniéndose despacio detrás de la bahía; los rascacielos brillaban en tonos naranja y ámbar y la gente iba camino a disfrutar la hora feliz. Sin embargo, el conocer la realidad de lo que estaba pasando en mi cuerpo, había cambiado instantáneamente mi mundo entero.

El doctor compasivamente, describió las opciones disponibles. “Yo voy a estar cerca de usted”, me aseguró, “sin importar que decisión tome ni que opción de  tratamiento  escoja.  Pero  primero, estoy haciéndole una cita para que le practiquen un escán, el  lunes en la mañana, para poder ver  en qué etapa se encuentra el cáncer. Después de este examen venga a verme y miraremos los resultados.”

Su voz era como un rugido silenciado en mi cabeza y descarté su consejo. Escasamente podía oírlo diciéndonos que tratáramos de relajarnos y disfrutáramos el fin de semana lo mejor que pudiéramos.

El terror chocaba violentamente con la razón. Ni Danny ni yo podíamos pensar; nos rehusamos a hacerlo. ¡No queríamos pensar en cáncer, ni  en las  opciones, ni  sobre la muerte!  Yo quería  agarrar al mundo normal a mi alrededor y salir corriendo. Ciertamente, no podía considerar las opciones; no era capaz de considerarlas. Eso era demasiado aterrador y mi cerebro confundido  daba vueltas. Por suerte, el doctor había dicho que no teníamos que tomar ninguna decisión hasta  el lunes por la mañana, cuando tendría mi cita para el examen de resonancia magnética y hablaría con él sobre el tratamiento a seguir.

Aunque mi mente estaba muy lejos y yo tenía muchas preguntas, Danny me convenció de salir y dejar el mundo atrás. Así que cuando volvimos a casa, me puse mi vestido favorito de color rojo coral. Cuando me vio toda arreglada, mi esposo me abrazó y me dijo: “No te asustes.  Pasaremos  por esto juntos.”

Entonces esa noche, nos escapamos… al menos por un rato.

Comimos bajo las  estrellas en El Cid, mi  restaurante favorito situado frente al mar en Stanley Bay,  al sur de Hong Kong. La luna llena brillaba gloriosamente y una brisa suave se sentía en el aire. Los suaves sonidos de las olas del océano se unían a la música de la banda de mariachis que pasaba de mesa en mesa con su serenata.  Para asegurar una noche perfecta, le dimos propina a la banda   para que se quedaran junto a nosotros cantando mis canciones favoritas un buen rato. La sangría



abundaba, los músicos tocaban y nosotros olvidamos el mundo que se extendía más  allá  de  nuestra mesa.

Al día siguiente, me desperté acurrucada en los brazos de Danny.  Era maravilloso  acomodarse  cerca a él y no tener en cuenta al mundo. Quería que el trayecto a la oficina del doctor fuera simplemente un mal sueño, pero la realidad se impuso en mis pensamientos.  Todavía tenía cáncer  y no podía huir de esa situación. ¿Cómo iba a salirme de mi propio cuerpo?

Los juegos que hacemos en nuestras mentes, me sorprenden.  No  quería  que  nadie supiera sobre el diagnóstico.  Si  nadie lo sabía yo no tendría que ocuparme de él.  Podría escapar hacia mi mente si no podía hacerlo de mi cuerpo.

“Tendremos que decirles a nuestras familias, sabes”, Danny dijo racionalmente.

“Lo sé pero todos ellos armarán un gran escándalo. ¿Puedo tener un día más de paz y  soledad  antes de decirle a nadie?”, traté de negociarle.

Esa tarde mi madre llamó para peguntar por qué no la  había llamado para contarle los resultados  de la biopsia. Danny le dio las noticas y lo siguiente que supe fue que ella estaba haciendo reservaciones de vuelo para venir a Hong Kong. Mi hermano también me llamó para decirme que también estaba arreglando todo para venir a estar conmigo.

Yo no quería que ellos se lo tomaran tan seriamente; no quería todo ese drama. ¡Eso hacía que la situación fuera tan real! Su reacción amorosa me lanzó la realidad directamente a la cara como un baldado de agua fría. Ya no había una forma de evitar la verdad de mi diagnóstico.

El lunes, Danny y yo, una vez más, nos  encontrábamos en la clínica hablando abiertamente sobre  las opciones. Me acababa de hacer la resonancia magnética y el doctor estaba revisando los resultados, con una actitud de preocupación.

“Está en una etapa 2A”, dijo suavemente. “¿Qué quiere decir eso?”, preguntó Danny.
“Quiere decir que se ha extendido hacia abajo en el pecho y en el área debajo del brazo, pero está contenido en la parte superior del cuerpo”, el doctor contestó  pacientemente.  “Ahora,  empecemos a mirar las  opciones para usted.  Mi  sugerencia será posiblemente una combinación  de quimioterapia y radiación.”

“¡Yo no voy a hacerme quimioterapia!”, enfáticamente les anuncié.

“Pero querida, eso es prácticamente lo único que tenemos”, Danny  dijo sorprendido y  yo me  volteé hacia él con una mirada de determinación.

“Mira lo que la quimioterapia le está haciendo a Soni, y al esposo de tu hermana”, respondí



Yo no quería esta conversación; quería que todo volviera a ser como antes. Escondí mi cara en las manos, tratando de evadir mis pensamientos.

“¿Realmente quieres que muera así? Podía oír el terror en mi voz. “Ellos se están extinguiendo y… con tanto dolor. Prefiero morir en este mismo momento que permitir que esto me pase.”

“Yo sé”, dijo Danny poniendo su palma suave sobre mi mano fría, la cual yacía débilmente en el escritorio del doctor. “Pero yo no quiero perderte. ¿Qué más se puede hacer?”

Llevábamos 6 años de casados. Teníamos tantos sueños por realizar, lugares para ver y cosas que hacer. Pero de la misma manera que los glaciares del norte se derretían, así nuestros sueños parecían disolverse, ante nuestros ojos.

En un intento por esconder mis miedos, traté de parecer segura: “Hay otros métodos.” Me volví hacía el doctor buscando apoyo a mi afirmación. “Estoy convencida que hay formas de ganarle al cáncer, distintas de la quimioterapia.”

Ese día Danny y yo comenzamos una larga jornada juntos; parecía que nos habíamos unido a los héroes de la mitología antigua a medida que seguíamos el camino, con la determinación  de  derrotar esta enfermedad que estaba empezando a apoderarse de nuestras vidas.

Desde el principio, mi viaje estaba cargado con todo tipo de emociones, desde sentimientos de esperanza hasta de descontento, terror y finalmente, rabia.

Antes del diagnóstico, uno de mis grandes miedos en la vida había sido contraer cáncer –parecía  que le estaba ocurriendo con mayor frecuencia a personas conocidas. Recibir mi diagnóstico y ser testigo de cómo la enfermedad reclamaba las vidas de mi  mejor amiga y del cuñado de Danny,    sólo lo confirmaba. Me daba cuenta sin muchas esperanzas, como la quimioterapia parecía estar destruyendo los cuerpos que se suponía debía estar sanando. Y ahora, aquí estaba invadiendo nuestras propias vidas… acabando con nuestro mundo y con todo lo que encontraba.

Pensar en la situación de nuestros amados enfermos me daba rabia y pánico. El miedo al cáncer ahora me tenía agarrada.  Los efectos de la quimioterapia me asustaban aún más.   Cada músculo   se tensaba y se agarraba a la vida.

En los meses previos a mi diagnóstico, yo había observado la salud de Soni deteriorarse rápidamente. Durante este tiempo, constantemente me sentía mal si salía o si pasaba un rato agradable, mientras ella estaba enferma en el hospital. De alguna forma no era correcto que yo estuviese disfrutando mientras ella sufría. A medida que su salud continuaba deteriorándose,  se  me hacía cada vez más difícil encontrar felicidad en la vida o liberarme del sentimiento de culpa.

Ahora que estaba enfrentando mi propia enfermedad, era insoportable observar como mi amiga empeoraba y empecé a pasar cada vez menos tiempo con ella. Cuando veía a Soni, era incapaz de mantenerme positiva u optimista por ella o por mí misma. Llegué al punto en que pensaba que



esto no nos estaba ayudando a ninguna de  las  dos.  Me llenaba de miedo viendo lo que  el  cáncer le estaba haciendo a su cuerpo,  lo mismo que los efectos del tratamiento.   Me sentí vulnerable   con la idea de que me esperaba el mismo destino y eso era demasiado para mí. El día que recibí la llamada de la hermana de Soni, diciéndome que mi mejor amiga había perdido la batalla, me derrumbé y lloré. Finalmente Soni nos había dejado.

Aunque estaba muy triste y acongojada por su partida, una pequeña parte de mí  estaba aliviada    de que ya no tuviera más dolor.

El día de su funeral quedará grabado en mi memoria para siempre. Todavía puedo ver las miradas desoladas de sus padres y hermanos por la pérdida de su hija y hermana amada. El sufrimiento de  su esposo tratando de entender su pérdida. Pero por encima de todo, no me olvidaré jamás de las caritas inocentes bañadas en lágrimas de sus hijos pequeños y su horror cuando el ataúd de su madre estaba siendo empujado al fuego crematorio. Esta imagen me perseguirá hasta el final de  mis días. Y en ese momento, agregué la rabia al espectro de emociones que tenía hacia mi enfermedad.

Para empeorar las cosas, poco tiempo después del  funeral  recibimos la llamada  informándonos que el cuñado de Danny también acababa de perder su batalla. Él también dejó una joven esposa y dos niños pequeños.

Estaba furiosa con la broma cruel que llamamos vida. No podía entender cuál era el propósito de todo esto. Parecía que vivíamos por unos años, aprendíamos de nuestras luchas y finalmente cuando ya teníamos todo arreglado, terminábamos en una caja de madera lanzada al fuego. Seguramente que no se suponía que todo esto pasara tan rápido. Nada parecía tener sentido.



CAPÍTULO 6 - BUSCANDO SALVACIÓN


Rabia Terror Frustración Miedo
Desesperación

Ese era el espectro de emociones con las que tuve que tratar después de la muerte de Soni. Desde  la mañana hasta la noche de cada día, vivía un intenso viaje de emociones en una montaña rusa: preguntaba, retaba, me enfurecía y desesperaba por mi situación.  Sentí  esas emociones  no sólo por mí misma sino por mi familia. Me daba terror el sólo pensamiento de que  tuvieran  que soportar mi muerte.

Mi miedo y desesperación continuaron llevándome a una búsqueda incesante sobre la salud holística y el bienestar, incluyendo terapias orientales de sanación. Veía a varios especialistas de disciplinas naturistas y también intenté diferentes modalidades de curación. Traté hipnoterapia, meditación, oración, cantar mantras y los remedios herbales de la China. Finalmente, dejé mi  trabajo independiente y viajé a la India para seguir el tratamiento  de  sanación  ayurvédico, mientras Danny permanecía en Hong Kong. No pudo venir conmigo por su trabajo,  pero  me  visitaba por dos semanas cada vez que podía. También  hablábamos por teléfono casi  todos  los  días para informarle de mi estado.

Fui al pueblo de Pune, donde mi padre había muerto, para aprender más del yoga y del ayurveda, con uno de los maestros. Pasé en total 6 meses en la India, y durante ese tiempo finalmente sentí que estaba recuperando mi salud. Mi maestro de yoga me puso en un régimen estricto. Tenía que seguir una dieta muy específica de comida vegetariana y remedios de hierbas, así como una rutina de asanas (posturas) de yoga al amanecer y a la puesta del sol.

Hice esto por meses y realmente empecé a sentirme mucho mejor. Él era  un gurú increíble, quien  ni siquiera creía que yo tuviera cáncer. Le dije que los médicos me habían practicado exámenes y confirmaban que tenía linfoma, a lo que él me decía: “Cáncer es sólo una palabra  que  asusta. Olvida la palabra y enfoquémonos en balancear tu cuerpo. Todas las enfermedades son sólo síntomas del desequilibrio. Ninguna enfermedad puede permanecer en el cuerpo si tu sistema completo está balanceado.”

Realmente gocé ese tiempo bajo la tutela de mi maestro de yoga quien me ayudó a aliviar mis miedos sobre el cáncer. Al final de los 6 meses, él estaba convencido que estaba sanada y yo



también. Me sentía victoriosa de haberlo logrado y estaba ansiosa de regresar a casa y reunirme  con Danny. Me hacía muchísima falta y tenía tanto que contarle.

Cuando volví a casa, al principio mucha  gente me  comentaba lo bien que me  veía.  Ciertamente  me sentía mucho mejor de lo que había estado en mucho tiempo, tanto física como emocionalmente, pero mi júbilo duró poco. No pasó mucho tiempo sin que algunas personas quisieran saber lo que había hecho en la India por tanto tiempo y como me había sanado. Sin embargo, cuando les conté del régimen ayurvédico que había seguido, recibí en su mayoría respuestas negativas, basadas en el miedo. Estas eran personas bien intencionadas que se preocupaban por mí sinceramente, pero escépticas acerca del tratamiento que había  escogido y  por eso sus opiniones tenían un gran impacto en mí.  La mayoría pensaba que el cáncer no podía   ser tratado de esa manera y, poco a poco, las dudas y el miedo volvieron a aparecer en mi mente mientras trataba de defender mi punto de vista.

Cuando eso empezó a pasar, he debido volver a la India para recuperar mi  salud de  nuevo.  En  lugar de esto, realmente empecé a estar influenciada por el escepticismo de la gente en el tratamiento que había escogido, razón por la cual permanecí en Hong Kong.

Traté de entender la medicina tradicional china que comúnmente se practica aquí. Debido a que existe mucho conflicto entre esta práctica y la ayurvédica, me sentía muy confundida. El ayurveda promueve la alimentación vegetariana, mientras que la medicina china sugiere consumir carne, especialmente de cerdo. En el sistema indio las carnes de res y de cerdo son lo peor que puedes consumir.

Para empeorar las cosas, recurrí a la naturopatía de occidente, pues estaba aturdida. Esto no solamente aumentó la confusión sino mis miedos. Estaba recibiendo instrucciones de cada  disciplina que se contradecían una a la otra. Para la naturopatía el consumo de azúcar y los productos lácteos están prohibidos porque alimentan el crecimiento de las células cancerosas. De acuerdo con mis investigaciones, el azúcar alimenta las células mutadas. En ayurveda,  por  otro lado, los lácteos son indispensables y el azúcar y comidas dulces son requeridas como parte de una dieta balanceada, basada en equilibrar las diferentes papilas gustativas.

Así que me estresé mucho más respecto a la comida y temía comer cualquier cosa.  No  sabía qué era bueno para mí y que no, porque cada práctica tenía una verdad diferente que estaba en contravía con la otra. Esta confusión se sumó a mis ya sobrecogedores miedos. El  terror  se  apoderó de mí nuevamente y mi salud se deterioró rápidamente.

Sentía la necesidad de estar sola la mayoría del tiempo y solamente les permitía a mis familiares  más cercanos estar en mi vida. Quería ocultar la realidad en un intento de ocultar la verdad. No podía soportar la forma como la gente me miraba y me trataba. Mi salud declinaba y  no me  gustaba que los demás me tuvieran lástima y me hicieran concesiones especiales, como si fuera diferente o anormal. De la misma manera, me incomodaba mucho que las personas de mi cultura pensaran que era mi karma – que yo había hecho algo en una vida pasada para merecer este



castigo. Debido a que yo también creía en el karma, me hacía sentir como si hubiera hecho algo de lo cual debía estar avergonzada. Parecía como si estuviera siendo juzgada y eso me hacía sentir impotente.

Si esto era una retribución por algo que había hecho en una vida pasada, me preguntaba cómo podía cambiarlo. ¿Qué podía hacer ahora? Pensamientos como estos también me hacían sentir desvalida.

Durante todo este tiempo puse una fachada. Me reía y charlaba con todos, aún cuando no quería hacerlo porque era muy importante para mí no causarle a nadie  preocupación con  mi  condición. No quería que los otros se sintieran mal o se incomodaran conmigo y seguí poniendo los sentimientos y necesidades de los demás primero que los míos. Mucha gente comentaba  lo  valiente que era y admiraban la forma como yo estaba tratando con mi enfermedad. Muchos individuos también comentaron lo positiva y feliz que estaba siempre; sin embargo, así  no era  como me sentía realmente.

Danny era la única persona que entendía lo que estaba sucediendo y cómo el estar con otras personas me costaba un precio muy alto. Él empezó a actuar como mi escudo protector, manteniendo la gente afuera. En la presencia de otros, siempre  sentía la  necesidad  de  actuar como si estuviera feliz y positiva, porque no quería que nadie se sintiera mal o se preocupara. Después de un tiempo, esto realmente me agotaba y no contestaba el teléfono porque no quería hablar de la enfermedad. No quería el consejo de nadie sobre cómo manejar lo que me estaba pasando, ni contestar repetidamente las interminables preguntas que la gente que se preocupaba por mí, tendía a hacer.

Dejé de salir para permanecer en la seguridad de mi propia casa, porque aparte de sentirme mal, físicamente me veía muy enferma. Mi respiración era trabajosa, mis piernas y brazos eran muy delgados y tenía dificultad para sostener mi cabeza. Las miradas y comentarios que recibía, me molestaban. Sabía que la gente no me miraba con desprecio o disgusto, pero más bien con curiosidad y tal vez con lástima. Cuando los sorprendía mirándome, esquivaban la mirada rápidamente y sentía su molestia. Reconocía la emoción detrás de sus expresiones ya  que yo  misma las había sentido antes al ver un enfermo. Se sentían mal por  mí.  Pronto llegué a aceptar  esa reacción como algo normal de la gente que me veía o interactuaba conmigo, aunque me molestaba que los demás se incomodaran con mi presencia. En este punto, dejé de salir del todo.

Pronto, estaba encerrada en mi propia jaula de temor y desesperación, donde mi experiencia de vida iba disminuyendo cada día. El  tiempo pasó en un descenso muy  resbaloso.  Para mí  todo  aquel que no tuviera cáncer era muy afortunado. Envidiaba a  cada  persona  saludable  que  conocía. No importaba cuales fueran sus condiciones de vida, ellos no tenían este demonio que estaba saqueando sin tregua, mi cuerpo…mi mente…mi vida.



Todas las mañanas me despertaba con un brillo de esperanza: hoy puede ser el  día en  que  las cosas cambien. Pero cada noche terminaba con el ya familiar sentimiento apesadumbrado y un mayor sentido de derrota que el día anterior.

Desilusionada, empecé a preguntarme qué era lo que quería mantener en esta dura batalla. ¿Qué significaba todo esto? Continuar ya no tenía sentido y me sentía cansada. Estaba empezando a rendirme y lista a admitir que había sido derrotada.

En esta época entraba y salía del hospital para transfusiones de sangre y otros  tratamientos. Cuando estaba en la casa, pasaba la mayoría de mis días durmiendo o descansando. No podía salir   a caminar por períodos prolongados. Sólo media hora de actividad me cansaba y quedaba sin aliento. Perdía peso rápidamente y permanentemente tenía un poco de fiebre.

“¿Usted cree que mi condición puede todavía mejorar en esta etapa?”, pregunté a mi  doctor un  día, inmediatamente después de hacerme un escán rutinario para evaluar la situación.

El apartó los ojos y me dijo: “Enviaré a la enfermera para que la ayude a vestirse.” Lo que no me contó fue que quería hablar con Danny, en privado.

“Hay muy poco que podamos hacer ahora”, le dijo el médico. Miró directamente a mi esposo y continuó: “Le quedan cerca de tres meses de  vida,  a lo sumo.  Los últimos exámenes  muestran  que los tumores han crecido en tamaño y en cantidad y el cáncer se ha extendido agresivamente  por todo su sistema linfático. Es demasiado tarde aún para la quimioterapia; su cuerpo no podría tolerar la toxicidad, en este punto. Está tan débil que difícilmente podrá soportar cualquier tratamiento y su muerte sería inminente. Lo siento mucho.”

Aunque Danny puso una fachada de valentía y no me contó lo que el médico había dicho en ese momento (él lo compartió conmigo muchos meses después) yo sabía que algo no estaba bien. En ese punto, él escasamente estaba yendo al trabajo, pero desde el día en que habló con el médico, dejó de ir del todo. Estaba reacio a apartarse de mi lado.

Un día le pregunté: “¿Me voy a morir?”

“Todos nos vamos a morir algún día”, me contestó

“Yo sé eso, tonto”, respondí. “Quiero decir ahora, por el cáncer, ¿qué pasa si muero?”

“Entonces yo voy por ti y te traigo de vuelta”, me contestó suavemente, acariciando mi cabeza mientras descansaba en la cama.

Esto fue cerca de 6 semanas después de la última visita al doctor. Ahora, respirar se había vuelto  una labor muy trabajosa y un tanque de oxígeno era mi permanente compañía. No  podía  acostarme pues necesitaba que me enderezaran para evitar que me ahogara en mis  propios  fluidos. Cada vez que intentaba acostarme completamente, empezaba a ahogarme y tenía



dificultad para respirar, por lo cual era casi imposible cambiarme de posición  en  la cama.  Mi cuerpo tenía lesiones por todos lados. Muchas toxinas habían invadido mi sistema, forzando a la  piel a resquebrajarse y soltar esos venenos.

Muchas veces me despertaba sudando fuertemente, con mis  ropas completamente mojadas -este es un síntoma común del linfoma. A menudo mi  piel me  picaba  como si  tuviera  hormigas por  todo el cuerpo. Recuerdo una noche que la piquiña era tan fuerte que no importaba que tanto me rascara, no pasaba. Danny consiguió cubos de hielo los puso en bolsas y me frotaba con ellas las piernas, los brazos y el cuerpo para aliviar mi piel inflamada. Después de  mucho  tiempo,  finalmente cedió.

Pasábamos la mayoría de nuestras noches en vela y en este punto, dependía completamente del cuidado de Danny. Él se anticipaba a cada necesidad mía antes de  que  yo la expresara.  Cuidaba  mis heridas y me ayudaba a lavar mi pelo. Aunque me sentía culpable porque él tuviera que pasar todo el tiempo cuidándome de este modo, sé que nunca lo hizo porque fuera su responsabilidad, obligación o deber. Todo esto brotaba del amor más puro que me tenía.

Mi sistema digestivo eventualmente dejó de absorber nutrientes de la comida que ingería, causándome desnutrición. Danny me compraba mis chocolates preferidos y mi madre me  preparaba algunas de mis comidas favoritas para  hacerme  comer algo, pero  yo no tenía apetito. No podía absorber los nutrientes de aquello que lograba tragar y veía mis músculos desintegrarse hasta el punto de que ya no pude caminar. Mi movilidad dependía de una silla de ruedas.  Mi  cuerpo empezó a consumir la proteína de mis músculos,  para sobrevivir.  Me volví  un esqueleto y mi cabeza parecía pesar unas 300 libras porque difícilmente podía levantarla de la almohada.

Todavía entraba y salía del hospital, pero cada vez que estaba allá, siempre quería regresar tan pronto como fuera posible a casa. Sentía que esos sitios eran fríos y depresivos y me hacían sentir más enferma de lo que ya estaba. Contratamos  una enfermera para que me acompañara durante  el día.

Ni mi madre ni mi esposo se alejaron de mi lado durante esos días y Danny se sentaba conmigo durante las noches. Él quería asegurarse de que yo continuara respirando y para estar presente en mi último suspiro. Muchas noches no pude dormir debido a la tos, así que estaba muy agradecida por su presencia reconfortante; pero también me daba perfecta cuenta de su sufrimiento y eso hacía mucho más difícil soportar mi situación. A pesar de todo esto, continuaba poniendo mi fachada valiente y me mantenía asegurando a todos que no tenía dolor. Les decía que me estaba sintiendo bien aunque eso era tan lejano a la verdad.

Al mismo tiempo, también me daba cuenta de la angustia de mi madre. Sé que ninguna madre debería presenciar la muerte de su hijo, mucho menos atestiguar como se desintegra lenta y dolorosamente.



La mañana del 1º de febrero de 2006, me sentía mucho más positiva  que  de  costumbre. Realmente empecé a darme cuenta de ciertas cosas a mi alrededor. El cielo se veía más azul que nunca y el mundo parecía un lugar hermoso. Aunque estaba amarrada a la silla de ruedas, con mi tanque de oxígeno como mi compañero constante, mientras me llevaban de la clínica  a la  casa, tuve la sensación de que estaba bien soltarme ahora, que todo iba a estar bien.

“El mundo no parará si yo no estoy en él. No tengo nada de qué preocuparme.  No entiendo por  qué pero me estoy sintiendo bien emocionalmente. Mucho mejor de lo que me he sentido en mucho tiempo”, recuerdo que pensaba.

Me dolía el cuerpo y mi respiración era muy difícil, así que me fui a la cama. Debido a esto y a que  no podía dormir, la enfermera me administró morfina justo antes de irse para que pudiera tener algo de descanso. Pero había algo diferente: podía sentirme relajada y soltando el fuerte lazo con que había estado asida a la vida. Todo este tiempo era como si hubiera estado colgando del borde de un abismo. Había estado peleando una batalla perdida, luchando para sostenerme. Finalmente estaba lista para soltarlo todo. Sentí como me hundía en un profundo sueño.

La mañana siguiente, febrero 2, no abrí los ojos. Aparentemente mi cara estaba demasiado  hinchada igual que mis brazos, piernas, manos y pies. Danny me dio una mirada y llamó inmediatamente al médico, quien le dijo que me llevara rápidamente al hospital.

Estaba próxima a finalizar mi batalla contra el cáncer.


PARTE II - MI VIAJE HACIA LA MUERTE… Y DE REGRESO CAPÍTULO 7: DEJANDO EL MUNDO ATRÁS


Me llevaron de urgencia al hospital; yo sentía que el mundo a mi  alrededor parecía  tan  irreal,  como un sueño y podía sentir cómo me deslizaba fuera de la consciencia. Llegué al  hospital  en coma y los doctores que me  recibieron  quedaron impactados y  sin muchas esperanzas,  después de evaluar mis probabilidades. Este no era el mismo lugar donde  había estado yendo para recibir  los tratamientos durante mi  enfermedad.  El  sitio que había escogido, más bien parecía una clínica y no un complejo hospitalario completo. Había sido adecuado para lo que mi doctor me prescribía en el pasado, pero no estaba equipado para manejar emergencias médicas. Yo deseaba ser tratada en una institución más pequeña del vecindario porque era menos intimidante y  porque yo odiaba los hospitales. Les tenía miedo por las dos personas que había perdido: mi  mejor  amiga  y  el cuñado de Danny, ambos habían muerto en hospitales grandes especializados en cáncer.

Cuando Danny llamó a la clínica la mañana que entré en coma, mi doctor le dijo que me llevara rápidamente a uno de los hospitales grandes y mejor equipados de Hong Kong, donde el doctor tendría un equipo de especialistas esperándome. Así que ésta era la primera vez  que  estaba  en este sitio y la primera vez que iba a ser tratada por este equipo médico, en particular.

En el instante en que la oncóloga me vio, quedó visiblemente conmocionada.

“El corazón de su esposa puede que esté latiendo”, le dijo a Danny, “pero ella no está realmente  ahí. Es demasiado tarde para salvarla.”

¿De quién está hablando el  médico?, me  pregunté, pues, ¡nunca me he sentido mejor en mi vida!  Y, ¿por qué mamá y Danny se ven tan asustados y preocupados? Mamá, por favor, ¡no llores!
¿Qué pasa? ¿Estás llorando por mí? ¡No llores! Estoy  bien –de  verdad,  querida mamá,  ¡estoy  bien! Pensé que decía estas palabras en voz alta, pero nada salió de mi boca, no tenía voz.

Quería abrazar a mi madre, consolarla y decirle que yo estaba  bien  y no podía  comprender por  qué no podía hacerlo. ¿Por qué no estaba cooperando mi cuerpo físico?  ¿Por  qué yo sólo  estaba ahí tendida, cuando lo único que quería hacer era abrazar a mi amado esposo y  a mi  querida  madre para asegurarles que yo estaba bien y ya sin dolor?

Debido a la gravedad de la situación, la doctora llamó inmediatamente a un oncólogo especialista para que la apoyara.  En este estado cercano a la muerte, yo estaba más lúcida que nunca de todo  lo que estaba pasando a mi alrededor, mucho más de lo que alguna vez había estado en un estado físico normal. No estaba usando mis 5 sentidos biológicos ni mis órganos físicos;  sin embargo, estaba entendiendo todo más claramente. Era como si otro tipo de percepción completamente



diferente, entrara en mí y más que simplemente percibir, era como si yo abarcara todo lo que estaba pasando; como si estuviera lentamente fusionándome con todo.

El oncólogo especialista inmediatamente ordenó al  equipo médico que me llevara  al  laboratorio  de radiología para que me pudieran hacer una resonancia de cuerpo entero. Me di cuenta que mi cabeza estaba todavía levantada en un ángulo con almohadas, del mismo modo  que  estuvo en  casa durante los últimos días. Esto se debía, tal como lo expliqué antes, a que mis  pulmones estaban tan llenos de fluidos que si mi cabeza reposara completamente plana, me ahogaría con ellos.

Todavía estaba conectada al tanque de oxígeno portátil y cuando llegué al laboratorio  de  radiología, me quitaron la máscara del oxígeno, me levantaron y me pusieron en la máquina de Resonancia Magnética. En segundos empecé a ahogarme, tosiendo fuertemente.

“Por favor, ¡no le quiten el oxígeno! Ella no se puede acostar completamente. Por favor, ¡se está ahogando! ¡No puede respirar! Se va a morir si ustedes hacen esto”, oí que Danny le gritaba al equipo médico.

“Realmente necesitamos hacer esto” explicó uno de los radiólogos. “Por favor no se preocupe. La trataremos con mucho cuidado. Ella puede soportar cerca de 30 segundos sin oxígeno.”

El radiólogo me deslizaba fuera de la cápsula del equipo de resonancia magnética cada 30 o 40 segundos para ponerme la máscara de oxígeno, luego me la quitaba y me  ponía  nuevamente dentro de la máquina. Como resultado, el examen tomó mucho tiempo y cuando finalmente terminaron me enviaron a la Unidad de Cuidados Intensivos.

El equipo médico tomó todas las medidas que pudieron ante la insistencia de mi esposo para que  no se rindieran conmigo. Mientras los minutos pasaban, yo permanecía en la unidad de cuidados intensivos donde me administraban diferentes tratamientos por medio de agujas y tubos mientras mi angustiada familia observaba.

Una cortina pesada se cerró alrededor de mi cama, separándome de los pacientes que estaban a    mi lado. Danny y mi mamá permanecían afuera del cubículo creado por la cortina.

Me di cuenta que las enfermeras todavía estaban corriendo de un lado para otro, tratando de conectar mi cuerpo casi sin vida al sistema de oxígeno del hospital y al equipo intravenoso de glucosa y otros fluidos ya que yo estaba gravemente desnutrida. Había un monitor  sobre mi cama  al cual me estaban conectando para poder medir mi presión sanguínea y pulso cardíaco. Introdujeron un tubo de alimentación por la nariz pasando por la parte de atrás de la garganta y dentro de mi estómago. El oxígeno ya fluía a través de un respirador.  Tuvieron  problema  al  insertar el tubo de la comida y deslizarlo por la tráquea, por lo cual me administraron algo para adormecer los músculos y poder hacerlo más fácilmente.



Yo sabía cuando alguien venía a verme, quién era y qué estaba haciendo. Aunque mis ojos físicos estaban cerrados, estaba muy lúcida de cada detalle minúsculo de lo que pasaba a mi alrededor y más allá. La agudeza de mi percepción era aún más intensa que  si  hubiera  estado  despierta usando mis sentidos físicos. Parecía que simplemente sabía y entendía todo  -no  sólo  cuanto pasaba a mi alrededor, sino lo que todos estaban sintiendo, como si fuera capaz de ver y sentir a través de esa persona. Era capaz de sentir sus miedos, su desesperanza y su resignación por mi situación.

“Danny y mamá se ven tan tristes y asustados. Desearía que supieran que ya no tengo más dolor – desearía poder decírselos. Mamá, por favor, ¡no llores! ¡Estoy bien! Estoy  aquí.  ¡Aquí  estoy  contigo ahora!”.

Estaba completamente consciente de lo que pasaba a mi alrededor. Aunque todo parecía estar pasando al mismo tiempo, en lo que enfocara mi atención, se aclaraba en ese momento.

“¡No puedo encontrar sus venas!”, uno de los enfermeros decía frenético al doctor encargado.  Había miedo en esa voz. “Se retrajeron por completo. ¡Ah, miren  sus  extremidades  completamente descarnadas! Su cuerpo no ha estado absorbiendo nutrientes por mucho tiempo.” Recuerdo claramente que era una voz masculina –un enfermero.

“Suena tan desvalido”, pensé. “Está a punto de darse por vencido conmigo y no lo culpo”.

“Sus pulmones están llenos de líquido. Se está ahogando en sus propios fluidos. Tendré que sacárselos para que al menos pueda empezar a respirar mejor.” El que hablaba ahora era el oncólogo especialista. Yo observaba mientras ellos trabajaban con gran dedicación  sobre  mi  cuerpo inmóvil - una forma que parecía demasiado pequeña para contener lo que estaba sintiendo sobre mí misma, en ese momento.

Aunque el grupo médico se movía rápidamente y  con urgencia, también podía sentir  una especie de aceptación como si ellos entendieran el hecho de que era demasiado tarde para cambiar mi destino. Yo estaba en extremo consciente de cada detalle, pero no podía sentir nada físicamente
–nada, excepto por la sensación de alivio y libertad que no había conocido antes.

“¡Qué maravilla, esto es increíble!  ¡Me siento tan libre  y tan ligera! ¿Qué está pasando?  ¡Nunca  me había sentido tan bien! Ya no hay más tubos, ni más silla  de  ruedas.  ¡Me puedo mover por  todo lado libremente sin ninguna ayuda! Y mi respiración ya no se me dificulta. ¡Cuán increíble es esto!”.

No sentía ningún lazo emocional con mi cuerpo casi sin vida que yacía en la cama del hospital. No sentía que fuera mío. Parecía  demasiado pequeño e insignificante para haber alojado todo lo que  yo estaba experimentando. ¡Me sentía suelta, liberada y magnificente! ¡Todo dolor, sufrimiento, pena y tristeza habían desaparecido! Me sentía completamente desembarazada y no recordaba haberme sentido así jamás.



Era como si hubiera estado prisionera en mi propio cuerpo por los últimos 4 años mientras  el  cáncer devoraba mi forma física y, por fin, estaba siendo liberada. ¡Estaba saboreando la libertad por primera vez! Empecé a sentirme tan liviana y consciente que podía estar en cualquier sitio a cualquier hora… y no me parecía nada raro. Se sentía como algo normal, como si  esta fuera la  forma real  de  percibir las cosas. Ni  siquiera me pareció extraño que estuviera consciente de que  mi esposo y el doctor hablaran en ese momento en el pasillo, a unos 13 metros de la unidad de cuidados intensivos.

“No hay nada que podamos hacer por su esposa, Sr. Moorjani. Sus órganos ya dejaron  de  funcionar. Tiene tumores del tamaño de un limón por todo su sistema linfático desde la base de su cráneo hasta la parte inferior del abdomen. Su cerebro está lleno de líquido al igual que sus pulmones. Su piel ha desarrollado lesiones que supuran toxinas. Ella ni siquiera va a pasar de esta noche” le dijo el hombre a Danny. Yo nunca antes había visto a este doctor.

Observé como la cara de Danny cambiaba mostrando su angustia y quería gritarle: “Está bien, querido, yo estoy bien.  Por favor no te preocupes.  No escuches al  doctor. ¡Lo que ellos dicen no   es verdad!”. Pero no pude hacerlo. Nada salió de mí. Él no me podía oír.

“Yo no la quiero perder. No estoy listo para perderla”, dijo Danny.

Aunque no estaba apegada a mi cuerpo, sentí un profundo jalón en mis emociones hacia el drama que se estaba desarrollando alrededor de mi forma inerte. Más que nada yo quería aliviar a Danny del profundo desespero que estaba experimentando con la idea de perderme.

“Querido, ¿me puedes oír? Por favor, ¡escucha! ¡Quiero que sepas que yo estoy bien!”.

Tan pronto empecé a apegarme emocionalmente al drama que tenía lugar a mi  alrededor,  sentí que estaba siendo halada simultáneamente como si hubiera un cuadro más grande, un plan más grande desarrollándose. Pude sentir que mi apego cedía y empezaba a comprender que todo era perfecto y de acuerdo al plan.

Así como mis emociones estaban siendo retiradas de lo que me rodeaba, empecé a darme cuenta como continuaba expandiéndome para llenar cada espacio, hasta que ya  no  hubo  separación  entre todo lo demás y yo. Yo abarcaba -no, yo me volvía todas las cosas y todas  las  personas. Estaba completamente consciente de cada una de las palabras de la conversación que tenía lugar entre mi  familia y los doctores, aunque físicamente estaban a una buena distancia de mi  cuarto.   Yo conocía la expresión asustada en la cara de mi esposo y podía sentir su miedo. Era como si en  ese instante, yo me volviera él.

Simultáneamente y aunque yo no tenía ningún conocimiento previo, fui consciente de que mi hermano Anoop estaba en un avión a miles de kilómetros de distancia, ansioso de  verme.  Al verlo  a él con su cara de preocupación, otra vez me sentí llevada al drama emocional del reino físico.



“Ah, ahí está Anoop. Está en un avión. ¿Por qué se ve tan angustiado? Parece que viene a Hong  Kong a verme”.

Recuerdo sentir su urgencia para alcanzar a verme. Sentí un gran impulso emocional hacia él.

“Ay, pobre Anoop. Está preocupado por mí y quiere llegar aquí antes que yo muera. No te  preocupes Anoop. Aquí estaré para ti. ¡No tienes que correr! Ya no tengo  dolor,  querido  hermano”.

Quería alcanzarlo y darle un abrazo asegurándole que yo estaba bien. Y no podía entender por qué no podía lograrlo.

“¡Aquí estoy hermano!”.

Me acuerdo que sabía que no quería que mi cuerpo físico muriera antes de que él llegara. Estaba consciente de cómo lo haría sentir y no quería que pasara por eso.

Pero otra vez, el afecto por mi hermano empezó a tomar importancia y yo me sentía sobrecogida por no querer que él experimentara la pena de la muerte de su hermanita; me encontré siendo halada hacia afuera, simultáneamente. Cada vez que mis emociones manejaban la situación  descubrí que me empezaba a expandir nuevamente y sentía la liberación de todo apego. Otra vez, estaba rodeada por el sentimiento tranquilizante de un entramado más grande desenvolviéndose, donde cada cosa estaba exactamente donde debía estar en el Gran Plan de las cosas.

Entre más hacia afuera me expandía, parecía menos extraño estar en este estado milagroso –de hecho, no era consciente de cuán extraordinario era esto. Todo me parecía perfectamente natural en ese momento. Seguía estando completamente lúcida de cada detalle, de cada procedimiento  que me estaba siendo administrado, aunque en el mundo externo yo aparentaba  estar  en  un coma.

Continuaba sintiendo que me expandía más y más hacia afuera, saliendo de lo que físicamente me rodeaba. Parecía como si ya no estuviera más restringida por los  confines  del  tiempo  y  del espacio; continué extendiéndome a medida que alcanzaba una consciencia más expandida. Sentía liberación como nunca había sentido en mi vida física. Sólo puedo describirlo como  una combinación de un sentimiento de gozo junto a una generosa llovizna de júbilo y felicidad. Al ser liberada de mi enfermedad y de mi cuerpo moribundo, se derivaba un sentimiento jubiloso de emancipación del dolor que mi enfermedad me había causado.

Al tiempo que  continuaba sumergiéndome más profundo en el otro reino,  expandiéndome  hacia  el exterior, convirtiéndome en todas las personas y todas las cosas, sentía cómo caían lentamente todos mis apegos y emociones hacia mis seres amados y hacia lo que me rodeaba. Lo que puedo describir como un espléndido y glorioso amor incondicional, me rodeaba, envolviéndome fuerte mientras yo continuaba dejándome llevar. El término amor incondicional realmente no le hace justicia al sentimiento, ya que esas palabras han sido demasiado usadas al punto de haber perdido



su intensidad. Pero la batalla física que luché por tanto tiempo finalmente había soltado el fuerte lazo con que me tenía atada y estaba viviendo una hermosa experiencia de libertad.

No se sentía como que físicamente me hubiera ido a otro lugar; era algo más, como si hubiera despertado. Quizás, finalmente me estaba despertando de un mal sueño. ¡Mi alma finalmente estaba conociendo su verdadera magnificencia! Y haciéndolo, se expandía más allá de mi cuerpo y de este mundo físico. Se extendía más y más hacia afuera hasta que abarcaba no sólo esta existencia, sino que continuaba expandiéndose en el otro reino más allá del  tiempo y  el  espacio y al mismo tiempo, los incluía.

Amor, felicidad, éxtasis y sobrecogimiento se derramaron sobre mí, me traspasaron y se sumergieron en mí. Yo estaba envuelta en más amor del que nunca supe que existía.  Me  sentía  más libre y viva de lo que jamás había sido. Como lo describí, de repente tuve conocimiento de  cosas que  no eran físicamente posibles, como por ejemplo, las conversaciones  del equipo médico   y mi familia que se llevaban a cabo en un sitio apartado de mi cama del hospital.

Las sensaciones sobrecogedoras venían de un reino aparte y no hay palabras que puedan describirlas. El sentimiento de amor más completo, puro e incondicional no se parecía a nada que hubiera conocido antes. Sin calificación ni juico… sin discriminación… como sí yo no tuviera que hacer nada para merecerlo, ni justificarme para ganarlo.

Para mi gran sorpresa, fui consciente de la presencia de mi padre quien  había  muerto hacía  10 años y tuve una increíble sensación de comodidad al sentirlo conmigo.

“Papá, ¡estás aquí! ¡No puedo creerlo!”.

No estaba diciendo esas palabras, apenas las estaba pensando. De hecho se trataba como si estuviera sintiendo las emociones detrás de las palabras, ya que no había otra forma de comunicación en ese reino, sino a través de nuestras emociones.

“Si aquí estoy, mi amor, y siempre he estado aquí -para ti y para toda nuestra familia. Mi padre me comunicó. Otra vez, no había palabras, sólo emociones, pero yo entendía claramente.

Luego reconocí la esencia de mi mejor amiga Soni quien había muerto de cáncer hacía tres años. Sentí lo que sólo puedo describir como excitación pues su presencia me envolvía como un abrazo caluroso y yo me sentía aliviada. Parecía saber que ellos habían estado cerca  a  mí  por  algún tiempo durante mi enfermedad, mucho antes que yo estuviera consciente de su presencia.

También estaba consciente de otros seres a mi alrededor; no los reconocí, pero sabía que me amaban mucho y me estaban protegiendo. Me di cuenta que ellos habían estado ahí todo el  tiempo, rodeándome con tanto amor, aún cuando yo no estaba consciente de ello.

Para mí fue tremendamente reconfortante conectar con la esencia de Soni,  ya  que  me  había hecho mucha falta durante los años en que ya no estaba con nosotros. Lo único que sentí fue un



amor incondicional, tanto de ella como para ella.  Y luego, al instante de experimentarlo fue como   si mi esencia se fusionara con la de Soni y yo me convirtiera en ella. Entendía que ella estaba aquí, allá y en todo lugar. Ella podía estar en todos los lugares en todos los momentos, para todos sus seres amados.

Aunque ya no estaba usando mis cinco sentidos físicos, tenía una percepción ilimitada, como si un nuevo sentido estuviera disponible, uno que era más especializado que cualquiera de nuestras facultades normales. Tenía una visión periférica de 360 grados  con total  consciencia  de todo lo  que me rodeaba. Y tan increíble como pueda parecer, todavía lo sentía como algo casi normal. Ahora, el estar en un cuerpo me parecía como estar confinada.

El tiempo se sentía diferente en ese reino también, sentía todos los momentos simultáneamente. Estaba consciente de todo lo relacionado conmigo –pasado, presente y futuro simultáneamente. Estaba consciente de lo que parecían vidas simultáneas  actuando.  Parecía  que  tuviera  un hermano menor en una encarnación y  yo lo protegía.  Pero sabía que la esencia de ese hermano  era la misma de Anoop, sólo que en esa existencia, él era menor que yo.  Esta vida que  ahora  estaba percibiendo como Anoop parecía llevarse a cabo en un lugar rural subdesarrollado, en un tiempo y lugar  que  no podía identificar.  Vivíamos en una cabaña  de barro escasamente amoblada y yo cuidaba de Anoop mientras nuestros padres salían a trabajar al campo.

Estaba experimentando las sensaciones asociadas con ser la hermana mayor protectora, asegurándome que hubiera suficiente comida para los dos y que estuviéramos a salvo de cualquier elemento externo indeseable; pero en realidad no se sentía que fuera una vida pasada. Aunque la escena pareciera del pasado en ese reino, era como si estuviera pasando en este momento, aquí y ahora.

En otras palabras, el tiempo no corre linealmente del modo que lo experimentamos aquí.  Es como  si nuestras mentes terrestres convirtieran lo que pasa en torno a nosotros en una secuencia, pero  en la realidad, cuando no nos expresamos a través de nuestros cuerpos, todo pasa simultáneamente: pasado, presente y futuro.

Aunque podía percibir todos los puntos del tiempo simultáneamente debido a la atmósfera de claridad en ese reino, tratar de recordarlo y escribirlo es confuso. La secuencia no es tan obvia cuando no hay tiempo lineal y tratar de explicarlo, suena torpe.

Parecía que nuestros cinco sentidos nos limitaran a enfocarnos solamente en un punto  en  el tiempo en un momento dado y nosotros los amarramos para crear la ilusión de una realidad lineal. Nuestra fisicalidad también limita nuestra percepción del espacio a nuestro alrededor, confinándonos únicamente a lo que nuestros ojos ven y nuestros oídos oyen o a lo que podemos tocar, oler o probar. Sin embargo, sin las limitaciones de mi cuerpo,  yo tomaba todos los  puntos  del tiempo y del espacio que se relacionaban conmigo, todo a la vez.



Mi consciencia agrandada en ese reino expandido era indescriptible, a pesar de  todos  mis  esfuerzos para explicarlo. La claridad era extraordinaria.

¡El universo tiene sentido!, me di cuenta. Finalmente lo entiendo. ¡Ya sé porque tengo cáncer! Estaba demasiado metida en el asombro de ese momento para permanecer únicamente en su causa, (pronto lo examinaré, en detalle). También parecía comprender, en primer lugar, por qué había venido a esta vida –supe mi verdadero propósito.

¿Por qué de repente entiendo todo esto?, quería saber. ¿Quién me está dando esta información?
¿Es Dios? Krishna? Buddha? ¿Jesús? ¡Estaba sobrecogida al saber que Dios no es un ser, sino un Estado de Ser… y ahora yo estaba siendo ese estado de Ser!

Vi mi vida entretejiéndose muy intrincadamente en cada cosa que había  conocido  hasta  ese  punto. Mi experiencia era como un sólo hilo tejiéndose en un tapiz infinito de imágenes inmensas, coloridas y complejas. Todos los demás hilos y colores representaban mis relaciones, incluyendo cada vida que había tocado. Había hilos representando a mi madre, padre,  hermano,  esposo y  cada una de las personas que en algún momento entraron en mi  vida, independientemente de    que se hubieran relacionado conmigo de forma positiva o negativa. ¡Ah, inclusive había  un  hilo  para Billy, quien fue muy cruel conmigo cuando era niña!

Cada uno de los encuentros estaba entretejido para crear la tela que era la suma de mi vida, hasta este punto. Puede que yo haya sido sólo un hilo, sin embargo era parte integral del cuadro completo.

Viendo esto, entendí que me debía a mí misma, a todos los que conocí y a la vida misma: soy una expresión de mi esencia propia y única. Tratar de ser algo o alguien distinto no me hacía mejor - simplemente me privaba de mi  verdadero ser y no permitía  que otros me experimentaran como   yo era y me privaba de interactuar auténticamente con ellos. El  no ser auténtica,  también privaba  al universo de mi propio ser y de lo que vine a expresar aquí.

En ese estado de total claridad, entendía también que no soy quien siempre pensé que era: aquí estoy, sin mi cuerpo, raza, cultura, religión o credo… sin embargo, continúo existiendo. Entonces,
¿qué soy yo? ¿Quién soy yo? Claramente, no me siento de ningún modo reducida  o empequeñecida. Al contrario, nunca he sido tan inmensa, tan poderosa o  tan  abarcante.  ¡Ah, nunca antes me había sentido así!

Estaba ahí, sin mi cuerpo ni ninguno de mis rasgos físicos y aún mi esencia pura continuaba existiendo, sin que fuera apenas un elemento reducido de mi ser completo. Me sentía mucho más grandiosa, intensa y expansiva que mi ser físico –de hecho, era magnificente. Me sentía eterna, como si siempre hubiera existido y siempre fuera a existir, sin principio ni final. ¡Era plena con el conocimiento de ser sencillamente magnífica! ¿Cómo no me  había  dado cuenta de  esto antes?,  me pregunté.



Mientras miraba el gran tapiz que era la acumulación de mi vida hasta ese punto, podía identificar exactamente lo que me había traído hasta donde estaba hoy.

Simplemente observé el camino de mi vida. ¿Ah, por qué he sido tan dura conmigo misma? ¿Por  qué siempre me he maltratado tanto? ¿Por qué siempre he renunciado a mí misma? ¿Por qué  nunca me defendí y le mostré al mundo la belleza de mi propia alma?

¿Por qué he escondido siempre mi propia inteligencia y creatividad para darle gusto a otros? ¡Me traicioné a mí misma cada vez que decía sí cuando quería decir no! ¿Por qué me he traicionado al buscar siempre la aprobación de los demás sólo para poder ser yo? ¿Por qué no he seguido mi propio y hermoso corazón ni he hablado mi propia verdad?

¿Por qué no nos damos cuenta de esto cuando estamos en nuestros cuerpos físicos? ¿Por qué  nunca supe que no deberíamos ser tan duros con nosotros mismos?

Todavía me sentía completamente envuelta en un mar de amor incondicional y aceptación. Era capaz de mirarme a mí misma con nuevos ojos y vi que era un Ser del Universo hermoso. Entendí que sólo por el hecho de existir, me hacía merecedora a este tierno cuidado, en lugar de ser  juzgada. No tenía que hacer nada específico; merecía ser amada, nada más y nada menos que sólo por el hecho de existir.

Darme cuenta de esto fue una sorpresa para mí, porque siempre pensé que necesitaba trabajar  para ser amada. Creía que de alguna manera tenía que hacerme merecedora y digna de  ser  querida; así que era increíble entender que este no era el caso. Soy amada incondicionalmente, sencillamente por el hecho de existir.

Me transformaba en una claridad inimaginable mientras comprendía que esta esencia expandida y magnificente realmente era yo. Era la verdad de mi ser. El entendimiento era tan claro: estaba mirando a un nuevo paradigma del  ser, volviéndome la luz cristalina de mi propia consciencia.   Nada interfería con el fluir glorioso y la sorprendente belleza de lo que estaba sucediendo.

Fui consciente que todos estamos conectados. Esto no era solamente respecto a cada persona y criatura viviente; la unificación entretejida parecía como si fuera expandida hacia  afuera  para incluir a todo en el universo -cada ser humano, animal, planta, insecto, montaña, mar, objetos inanimados y hasta el cosmos mismo. Entendí que el universo entero está vivo e infundido con consciencia que abarca toda la vida y la naturaleza. Cada cosa pertenece a un TODO infinito. Yo estaba intrincada e inseparablemente ligada a toda la vida. Somos todos facetas de esa unidad – somos todos UNO y cada uno de nosotros afecta el TODO colectivo.

Supe que el propósito de la vida de Danny estaba ligado íntimamente al mío y que si  yo moría, él  me seguiría rápidamente; pero entendí  que aunque esto pasara, todo seguiría siendo perfecto en   el cuadro mayor.



También entendí que el cáncer no era ningún castigo por algo que hubiera hecho mal, ni que estuviera experimentando un karma negativo como resultado de alguno de mis actos, de acuerdo con lo que creía antes. Era como si cada momento tuviera posibilidades infinitas y allí adonde yo estaba en ese punto en el tiempo, era la culminación de cada decisión, cada escogencia y cada pensamiento de mi vida entera. Todos mis miedos y mi gran poder se manifestaron como esta enfermedad.


CAPÍTULO 8 - ALGO INFINITO Y TOTALMENTE FANTÁSTICO



Aunque yo trate de compartir mi experiencia cercana a la muerte aquí, no hay palabras  que  siquiera se acerquen para describir su profundidad y la cantidad de conocimiento que me inundaron. La mejor manera de hacerlo es a través del uso de metáforas y analogías. Espero que a través de ellas capten una parte de la esencia de lo que estoy tratando de compartir aunque sea pequeña.

Imagínense una inmensa y oscura bodega. Allí viven ustedes y usan apenas una linterna pequeña para ver. Todo lo que conocen acerca de lo que contiene este espacio enorme es lo que han visto mediante el haz de esa linternita. Cuando ustedes quieren buscar algo, puede que lo encuentren o no, pero eso no quiere decir que la cosa no exista. Está ahí pero ustedes simplemente no la han enfocado. Y aunque lo hayan hecho, puede ser difícil distinguir el objeto que  ven.  Pueden tener  una idea más o menos clara de lo que es, pero a menudo se preguntan qué es. Sólo pueden ver lo que enfocan con su linterna hasta identificar aquello que ya conocen.

Esto es similar a lo que pasa en la vida física. Somos conscientes únicamente de lo que enfocamos con nuestros sentidos durante un tiempo y podemos entender solamente lo que  ya  nos  es  familiar.

Luego, imaginen que un día alguien enciende todas las luces. Ahí por primera vez, de pronto en un estallido de brillo, sonido y color, pueden ver la bodega completa, y no se parece a nada que jamás hayan imaginado. Las luces parpadean, brillan y sacan  chispas  rojas,  amarillas,  azules y  verdes. Ven colores que no reconocen, unos que nunca han visto antes y una melodía envolvente y caleidoscópica inunda el recinto con sonidos jamás antes escuchados.

Señales de neón pulsan en un arco iris de colores cereza, limón, bermellón, uva, lavanda y oro. Juguetes eléctricos corren arriba y abajo en rieles y alrededor hay repisas llenas  de  cajas  de  colores indescriptibles, paquetes, papeles, lápices, pinturas, tintas, latas de comida, paquetes de dulces, botellas de bebidas gaseosas, chocolates de todas las posibles variedades,  champaña  y vinos de cada rincón del mundo. Explotan de pronto cohetes lanzando flores centelleantes,  cascadas de fuego frio, brasas sibilantes y luces animadas.

La vastedad, complejidad, profundidad y amplitud de todo lo que está pasando a su alrededor son sobrecogedoras. La vista se pierde en el horizonte pero saben que existe mucho más de lo que pueden asimilar de este torrente que exacerba sus sentidos y emociones. Ustedes tienen un fuerte sentimiento de ser realmente parte de algo vivo, infinito y completamente  fantástico y  de  ser parte del gran tapiz que se desenrolla y que va más allá de la vista y del sonido.



Entienden que lo que pensaban que era su realidad, de hecho no era más que una mera brizna dentro de la inmensa maravilla que los rodea. Pueden ver cómo todas las diversas partes se interrelacionan, cómo ellas juegan entre sí y cómo todo encaja. Se dan cuenta que existen tantas cosas diferentes en la bodega que nunca antes habían visto, que ni siquiera en sueños habían imaginado con semejante esplendor y gloria de colores, sonidos y texturas –pero ahí están, junto a lo que ya conocían. Aún esos objetos, tenían un contexto nuevo y completo: también aparecían como nuevos y súper reales.

Aunque la iluminación general se apague, nada podrá quitarte tu entendimiento y claridad, la maravilla y la belleza, ni la vivacidad fabulosa de la experiencia. Nada jamás podrá anular el conocimiento de todo lo que existe en la bodega. Ahora estás mucho más consciente  de todo lo  que allí existe, de cómo acceder a ello, comparativamente con lo que antes lograbas a través de la linternita. Ustedes permanecen con el sentido de gran admiración por todo lo que han experimentado en esos momentos lúcidos y enceguecedores. La Vida ha tomado un significado diferente y sus nuevas experiencias se crearán a partir de esta nueva consciencia.

Divagué por mi recién encontrado entendimiento en el otro reino y gocé explorando esa consciencia que lo abarcaba todo. Al hacerlo, fui consciente que tenía que hacer una elección.

Alcancé un punto donde de nuevo sentí la fuerte y reconfortante presencia de mi padre envolviéndome, casi como si me estuviera abrazando.

“Papá, ¡se siente como si hubiera llegado a casa! ¡Estoy tan feliz de estar aquí! ¡La vida es tan dolorosa!”, le dije.

“Pero tú estás siempre en casa, mi amor”, me transmitió, “siempre has estado y siempre estarás. Quiero que lo recuerdes”.

Aunque no había sido muy cercana a mi padre en la niñez, todo lo que sentía que emanaba de él ahora era amor glorioso e incondicional.

Durante mi vida física con él, a menudo me sentía frustrada por sus intentos de hacerme seguir las normas de la cultura india, tales como tratar de casarme joven y hacerme sentir que no encajaba cuando yo no cumplía con ellas. Pero en este reino, comprendí que por encima de las restricciones físicas o las ataduras de su condicionamiento cultural y sus expectativas, lo único que tenía para mí era amor puro.

Las presiones culturales que me impuso durante la vida, todas se derrumbaron porque ellas eran parte solamente de la existencia física. Nada de eso importa después de la muerte; esos valores no continuaban en la vida del más allá. Lo único que permanecía era nuestra conexión y el amor incondicional que sentíamos los unos por los otros. Así que por primera vez, realmente me sentí adorada y protegida ante la presencia de mi padre. Me sentía increíble, ¡como si  finalmente  hubiera retornado a casa!



Nuestra comunicación no era verbal, sino una fusión de comprensión mutua. No se trataba de que yo comprendiera a mi padre –era más bien como si yo me volviera él. Entendía que él estuvo con toda mi familia durante todos los años después de su muerte; con mi madre, apoyándola y cuidándola y hasta en mi boda y enfermedad.

Fui consciente de que la esencia de mi padre se comunicaba conmigo  más  directamente:  “Mi amor, quiero que sepas que todavía no es tu hora para venir a casa; pero aún puedes elegir si quieres venir conmigo o regresar a tu cuerpo”.

“¡Pero mi cuerpo está tan enfermo, agotado y acabado con el cáncer!”, fue el pensamiento inmediato que me invadió. “¿Por qué querría regresar a ese cuerpo? No ha causado más que sufrimiento -no sólo a mí, sino a mamá y a Danny! No veo ningún propósito en regresar”.

Sin mencionar que el estado de amor incondicional era de tanta  felicidad  y  arrobamiento,  no podía resistir el solo pensamiento de regresar. Yo quería permanecer donde estaba para siempre.

Lo que pasó enseguida es terriblemente difícil  de  describir. Primero,  sentía como si todo aquello  en lo que enfocara mi atención, apareciera frente a mí. Segundo, el tiempo era completamente irrelevante. Ni siquiera era un factor a tener en cuenta, como si no existiera.

Antes de este punto, los doctores habían hecho exámenes sobre el  funcionamiento  de  mis  órganos y su reporte ya había sido escrito. Pero en ese reino, parecía como si el resultado de esos exámenes y el informe dependieran de mi decisión pendiente: vivir o seguir con mi muerte. Si escogía la muerte, los resultados de los exámenes indicarían que los órganos habían fallado. Si escogía volver a la vida física, ellos mostrarían mis órganos comenzando a funcionar de nuevo.

En ese momento, decidí que no quería volver. Enseguida fui consciente de mi cuerpo físico muriendo y vi a los doctores hablando con mi familia, explicándoles que la muerte se  debió a falla de los órganos.

Simultáneamente, mi padre se comunicó conmigo: “No puedes llegar más lejos, querida. Si prosigues, ya no podrás dar marcha atrás”.

Me di cuenta de un límite frente a mí, aunque no había demarcación física alguna. Era algo como   un umbral invisible demarcado por una variación en los niveles de energía. Sabía que si lo cruzaba, no habría retorno. Todas mis ataduras con el mundo físico quedarían cortadas de manera permanente y, tal como lo había visto, le dirían a mi familia que mi muerte se debió a la falla de los órganos causada por el linfoma en etapa terminal.

El amor incondicional y la aceptación eran increíbles y yo quería cruzar el umbral  para continuar  con la experiencia por toda la eternidad. Era como si estuviera envuelta en la unicidad, la esencia pura de cada ser vivo y todas las criaturas, sin sus dolores, penas, dramas y egos.



Volví mi atención hacia la reacción de mi familia cuando les dieran la noticia de mi muerte. Vi la cabeza de Danny enterrada en mi pecho sin vida, sosteniendo mi mano débil. Su cuerpo se sacudía con profundos e inconsolables sollozos. Mi madre estaba parada cerca a mí, pálida como  una sábana sin poder creerlo. Y mi hermano, Anoop estaba aturdido al comprobar que  no  había  llegado a tiempo.

En lugar de permanecer succionada en lo que sucedía con mi existencia física y mi familia, fui liberada de mis emociones. Una vez más, estaba rodeada del sentimiento tranquilizante de una historia más grandiosa desenvolviéndose. Supe que aún si no escogía regresar, todo era exactamente como debía ser en el gran tapiz de la vida.

En el momento en que decidí seguir con la muerte, me di cuenta de un nuevo nivel de verdad.

Descubrí que desde que fui consciente de quién realmente era y entendí la magnificencia de mi verdadero ser, con sólo escoger volver a la vida, mi cuerpo se sanaría rápidamente -no en meses o semanas, ¡sino en días! ¡Supe que los doctores no encontrarían rastros del cáncer si escogía regresar!

¿Cómo puede ser? Estaba sorprendida con esta revelación y quería entender el por qué.

Ahí fue cuando entendí que mi cuerpo es solamente el reflejo de mi estado interno. Si mi estado interno estuviera consciente de su grandiosidad y conexión con Todo-Lo-Que-Es, mi cuerpo pronto reflejaría eso y sanaría rápidamente.

Aunque siempre podía hacer una elección, también discerní que había algo más; se sentía como si tuviera algún propósito pendiente de cumplir. Pero, ¿cuál? ¿Qué debía hacer para encontrarlo?

Percibí que no tendría que salir a buscar lo que se suponía que tenía que hacer,  sino  que  se volvería obvio frente a mis ojos. Se trataba de ayudar a muchísima gente, compartiéndoles este mensaje sin tener que trabajar para lograrlo. Simplemente se daría permitiendo que por sí solo se desenvolviera frente a mí.

Para entrar en el estado de permitir que esto sucediera,  ¡lo único que yo  tenía que hacer era Ser  Yo Misma!

Me di cuenta que durante todos esos años, lo único que tenía que hacer era Ser Yo Misma, sin juicios y con el entendimiento de que no había fallas en mí. Igualmente, entendí que el núcleo de nuestra esencia es amor puro. Cada uno de nosotros somos amor puro. ¿Cómo podemos dejar de serlo, si venimos del Todo y retornamos a Él? Sabía que entenderlo significaba  no tener miedo de ser quienes somos. Por lo tanto, ¡ser amor y expresar nuestro Ser Verdadero es una y la misma  cosa!

Al experimentar mi más grande revelación, sentí como una explosión de relámpagos. Entendí que simplemente ser el amor que soy de verdad, me sanaría tanto a mí misma, como a otros. Nunca



había entendido esto, sin embargo parecía tan obvio. Si todos éramos Uno, todas las facetas del mismo TODO -lo cual es amor incondicional- claramente son Amor. Supe que ese era realmente el único propósito de la vida: ser nosotros mismos, vivir nuestra verdad y ser el amor que somos.  Como para confirmar mi comprensión, tuve consciencia de que mi padre y Soni me comunicaban: “Ahora que ya sabes la verdad sobre quién realmente eres, ¡regresa y vive tu vida sin temores!”.


 CAPÍTULO 9 - REALIZANDO EL MILAGRO


Mientras estaba en el hospital, aún antes de que alguien le informara a mi hermano que yo estaba en coma y en mis últimos momentos de vida, él sintió que algo estaba mal. Anoop estaba viviendo en Pune, India, y algo lo llevó a contactar a un agente de viajes para hacer una reservación en un vuelo a Hong Kong. Cuando llamó, pidió un tiquete  para ese mismo día, en la tarde, porque  sintió  la urgencia de viajar. El agente le dijo que los vuelos estaban llenos pero que había uno desde Mumbai. Anoop lo aceptó, alquiló un carro y manejó cuatro horas para tomar ese vuelo a Hong Kong.

Cuando Danny llamó a mi hermano a su casa en Pune para informarle de mi  condición y  decirle  que viniera tan pronto como le fuera posible, mi cuñada, Mona, le contestó que Anoop  ya  estaba en camino.

Cuando Mona, quien es budista, se dio cuenta de cuán extrema era mi situación, organizó rápidamente a un grupo de su religión, para que cantara por mi salud.

Mientras tanto, aquí en Hong Kong, mi madre caminaba de arriba a abajo por el corredor del hospital, orándole a Shiva por mi vida. Se sentía desolada sin saber qué más podría hacer y decidió  ir al templo hindú, el mismo adónde mis padres me habían llevado de niña. Subió la escalera de la entrada pasando por el patio y entró al salón principal de oración donde se encontraban, en sus pedestales, las estatuas de las deidades Krishna, Shiva y Ganesha, pintadas y  adornadas  con  colores brillantes. Mi mamá cubrió su cabeza y se sentó ante ellos, hablándoles y consolándose   ante su presencia.

En esos momentos una amiga de la familia muy cercana, llamada Linda, quien es una católica devota, organizó un grupo de oración en su iglesia. Le contó al sacerdote sobre mi situación y ellos oraron, en mi nombre.

Mientras yo yacía en coma en el hospital, con tubos saliendo por mi nariz, boca  y  brazos,  mi esposo permanecía a mi lado, susurrándome al oído para que yo supiera que él estaba ahí y pidiéndome que regresara.

“Todavía tenemos mucho que hacer juntos, mi amor”, yo podía oír sus susurros. “Por favor, por favor, regresa. Yo te esperaré aquí mismo aunque me tome toda la vida.”

Él permanecía despierto toda la noche, mirando todos los aparatos medidores sobre mi cama y esperando. Quería estar allí para pedirme que regresara en caso de que yo diera mi último suspiro.



“Querido Danny, espero que siempre sepas cuánto te amo”, quería comunicarle. “Por favor no te preocupes por mí. Yo estoy bien. Desearía poder compartir contigo lo que ahora sé. Este cuerpo al que le sostienes la mano, no es mi verdadero yo.  Siempre estaremos juntos, conectados a través  del tiempo y el espacio. Nada puede separarnos. Aún si muero físicamente, nunca estaremos separados. Todo es perfecto, tal y cómo es. Ahora eso y quiero que tú lo sepas también”.

Luego, cerca de las 4 a.m., mi  cuerpo de repente comenzó a atragantarse como si  no pudiera  recibir aire. Danny entró en pánico, pensó que mi último momento había llegado y oprimió la  alarma de emergencia. Las enfermeras corrieron, se dieron cuenta de la situación y una de ellas llamó al doctor. Luego voltearon mi cuerpo y empezaron a golpear mi espalda.

El doctor llegó en 20 minutos y le dijo a Danny que mis pulmones estaban llenos de líquido y que  me estaba ahogando con mis propios fluidos. El doctor ordenó a las enfermeras que trajeran un botiquín para tratamiento pleural. Después de haber traído lo que parecía una bolsa transparente con una aguja larga, él insertó la aguja por mi  espalda, adentro del pulmón, para sacar el líquido  que salía hacia la bolsa transparente. Él repitió este procedimiento tres o cuatro veces, hasta que había lo que parecía casi un litro de líquido en la bolsa y luego sacó la aguja. Todavía podía ver mi cuerpo que respiraba mejor ahora.

Mi esposo continuó al pie de mi cama durante toda la mañana y hasta bien  entrado  el  día,  mirando las máquinas y sosteniendo mi mano.

Mi hermano llegó a Hong Kong en la tarde y llamó a Danny desde el aeropuerto. Danny le dijo: “Ni siquiera vayas a casa a dejar tus maletas, vente directo al hospital, en un taxi. No sabemos cuánto tiempo tenemos”. Anoop llegó directamente al hospital con sus maletas.

Mis ojos empezaron a parpadear y a abrirse, hacia las 4 p.m.  y mi visión era bastante borrosa.    Casi no reconocía la silueta de la persona parada junto a mí; era Danny. Luego oí su voz: “Ella volvió.”

Se oía tan feliz. Fue en la tarde del 3 de febrero, casi 30 horas después que caí en coma.

Luego oí la voz de mi hermano y sentí que trataba de sonreír. “Hola, hermana. Bienvenida de regreso”, dijo Anoop con felicidad.

“Lo lograste”, exclamé. “Sabía que ibas a venir. Te vi viajando en el avión.”

Él me miró un poco extrañado, pero dejó pasar mi comentario. Mi  familia estaba tan feliz de ver  que estaba mejorando. Mi madre estaba ahí también, sonriendo mientras sostenía mi mano. Yo estaba confundida porque no entendía que hubiera estado en coma y todavía no  podía  comprender lo que había pasado, ni entender que ya no estaba más en el otro reino.

Mi visión se aclaraba lentamente y podía reconocer mejor a mi familia. Pude ver la maleta de mi hermano detrás de él, contra la pared.



El doctor entró y parecía sorprendido y, a la vez, complacido de verme despierta. “¡Bienvenida de vuelta; todos estábamos tan preocupados por usted!”.

“Buenas tardes. Me alegro de verlo de nuevo, Dr. Chan” respondí bastante mareada. “¿Cómo me reconoce?”, me preguntó con gran sorpresa.
“Porque yo lo vi” le contesté. “¿No es usted quien me sacó el líquido de mis pulmones a media noche porque yo tenía dificultad para respirar?”

Él estaba visiblemente asombrado y me dijo: “Si, pero usted estaba en coma, todo el tiempo. ¡Sus ojos estaban cerrados!”. Trataba de negarlo y continuó: “¡Esta es realmente una gran sorpresa! Yo no esperaba verla despierta, pero venía a darle buenas noticias a su familia: los resultados de los exámenes del funcionamiento de su hígado y riñón acabaron de llegar e indican que están empezando a funcionar de nuevo”. Parecía muy complacido.

“Pero yo sabía que estaban empezando a funcionar”, dije medio confusa.

“Usted no podía saberlo”, me aseguró el Dr. Chan pacientemente. “Esto  era  totalmente inesperado. Ahora descanse.”, me pidió el doctor, mientras salía del cuarto.

Mi familia se veía radiante y tan alegre como hacía mucho tiempo no los veía. Ellos le agradecieron muchísimo al doctor por las buenas noticias antes de que saliera del cuarto.

Después de que el doctor se fuera, le pregunté a mi esposo: “¿Por qué estaba tan sorprendido de que yo lo reconociera? Yo vi que él me estaba tratando. ¿No era él el doctor que les dijo a ustedes que mis órganos habían dejado de funcionar, que yo no lo lograría y que sólo tenía unas pocas  horas de vida?”.

“¿Cómo oíste eso?”, Danny preguntó. “Él no dijo eso en este cuarto.  Esa  conversación  la sostuvimos en el corredor, ¡a unos 18 metros de aquí!”

“Yo no sé como lo oí y no entiendo cómo sucedió pero ya sabía el resultado de los exámenes sobre el funcionamiento de mis órganos, aún antes de que el doctor entrara”, le dije.

Aunque aún estaba bastante mareada, se empezó a notar que algo me había sucedido.

Durante los siguientes días, lentamente empecé a contarle a mi familia lo que había pasado en el otro reino y también describí muchas cosas que habían ocurrido mientras yacía en coma. Yo era capaz de relatarle a mi asombrada familia, casi palabra por palabra, algunas de las conversaciones que habían tenido lugar a mi alrededor y también fuera de mi cuarto, en el corredor y en las  salas de espera del hospital. Pude describirles algunos de los procedimientos médicos que recibí e identifiqué a los doctores y enfermeras que los llevaron a cabo, para sorpresa de todos los presentes.



Les relaté al oncólogo y a mi familia el evento cuando tuve dificultad para respirar y había  empezado a atragantarme con mis fluidos, a media noche, y cómo mi esposo operó la alarma de emergencia. Les conté que las enfermeras llegaron, llamaron urgentemente al doctor, quien llegó corriendo mientras todos pensaban que estaba dando mi último suspiro. Describí cada detalle de este incidente, inclusive la hora en que había sucedido, para sorpresa de todos.

También identifiqué a la persona que había entrado en pánico cuando fui admitida en el hospital: “Este es el enfermero que dijo que mis venas se habían retraído totalmente.  Él  continuaba  diciendo que mis extremidades estaban tan descarnadas y que yo no era más que huesos, así que iba a ser imposible encontrar una vena para iniciar el procedimiento intravenoso –de hecho, ¡su tono era como si ya no valiera la pena intentar buscar mis venas!”

Mi hermano estaba molesto con esta información y más tarde admitió que le había dado una reprimenda, diciéndole: “Mi hermana oyó cada palabra que usted dijo cuando no le  podía  encontrar las venas. Ella pudo darse cuenta que usted se había rendido”.

“¡No tenía idea de que ella pudiera oírme! ¡Ella estaba en coma!”, el enfermero estaba tan sorprendido y sacudido; posteriormente se disculpó conmigo por su insensibilidad.

Dos días después de salir del coma, los doctores me informaron que debido a que mis órganos milagrosamente empezaron a funcionar nuevamente, la hinchazón causada por el aumento de los tóxicos había disminuido considerablemente. Yo estaba extremadamente positiva y optimista y les pedí a los doctores que me  quitaran el  tubo de  la comida porque  ya estaba lista para comer por  mí propia cuenta. Una de mis oncólogos protestó, agregando que yo estaba tan desnutrida porque mi cuerpo no estaba absorbiendo los nutrientes. Insistí que yo sabía que estaba lista para recibir comida –después de todo, mis órganos estaban funcionando normalmente, otra vez. Ella accedió poco convencida y agregó que si yo no comía apropiadamente, me lo volverían a poner.

El tubo para la comida era posiblemente el más incómodo de todos los que tenía conectados a mi cuerpo. Estaba insertado a través de la nariz y pasaba por la parte de atrás de la tráquea hasta el estómago. Me alimentaban con proteína líquida directamente a mi sistema digestivo. Pero la presencia de este tubo hacía que mi garganta se resecara  y que el interior  de mi nariz me rascara  lo cual era muy incómodo. Estaba impaciente para que me lo quitaran.

Después de que me sacaron el tubo, el doctor sugirió que la mejor comida sólida para mí en ese momento era el helado. No sólo me calmaría las abrasiones de la garganta, sino que me sería fácil digerirlo, sin el esfuerzo que requería masticar. Mis ojos  se  iluminaron con la sugerencia y  Danny se dispuso a comprarme una caja de mi helado de chocolate favorito.

Cuando el otro oncólogo realizó el chequeo de rutina, no pudo ocultar su sorpresa: “¡Sus tumores  se  han encogido visible  y considerablemente  en sólo estos tres días!”, exclamó con incredulidad.  “Y la hinchazón de todas sus glándulas ha reducido su tamaño a la mitad de su estado anterior”.



Al día siguiente, para mi dicha, el tubo del oxígeno también fue removido. Los  doctores  me  hicieron exámenes y notaron que estaba respirando sin ninguna ayuda, así que lo quitaron. Ya me podía sentar en la cama, aunque mi cabeza era sostenida con almohadas porque estaba tan débil que no la podía mantener erguida. Me estaba sintiendo muy bien. Quería hablar con mi familia, y me sentía especialmente feliz de ver a Anoop y ponernos al día, con nuestras vidas.

A este punto, yo quería escuchar mi Ipod y le pedí a Danny que me lo trajera al hospital. Debido a todos los tubos y sondas que todavía tenía insertados, además de la herida por la lesión de la piel   en el cuello, no podía usar los audífonos. Danny lo conectó a un par de parlantes pequeños junto a mi cama para que yo pudiera escuchar mi música.

Debido a mi estado de euforia, continuamente quería oír música bien movida aunque no tenía fuerza en mis músculos como para bajarme de la cama y, mucho menos, para bailar. Pero en mi cabeza, yo estaba bailando y la música contribuía en gran parte a mi estado de felicidad. En esos momentos, no entendía completamente por qué estaba tan positiva –sólo presentía  que  sabía algo.

Era como un niño, quería mi música, comer helado y hablar con los miembros de mi familia; reía y me sentía dichosa. No podía saltar de mi cama ni moverme pero todo parecía tan perfecto como jamás lo había experimentado.

Como todavía permanecía en la Unidad de Cuidados Intensivos, los doctores decidieron que yo estaba molestando a los otros pacientes que estaban gravemente enfermos. Sus familiares habían empezado a quejarse de la música, la risa y la charla que provenían de mi cubículo.

“¡Yo no sé qué pensar de usted!”, dijo el Dr. Chan cuando vino a verme  durante  su  ronda  matutina. “Ni siquiera que escribir en su archivo. Su caso es, de verdad, ¡sorprendente!”

Así que al quinto día de estar en el hospital, fui transferida a un cuarto normal donde podía oír mi música y reír todo lo que quería.

Despacio, en realidad muy despacio, empecé a entender lo que me había sucedido. A medida que  mi mente se aclaraba y empezaba a recordar los detalles de lo ocurrido, me daban ganas de llorar por cualquier cosa. Había un matiz de tristeza por haber dejado atrás la belleza sorprendente del otro reino. Al mismo tiempo, estaba feliz y agradecida por haber regresado y reconectado con mi familia. Mis lágrimas eran simultáneamente de añoranza y de felicidad.

Aún más, sentía una conexión con todos de una forma que nunca antes había experimentado –no solamente con todos los miembros de mi familia, sino con cada enfermero, doctor y  practicante  que entraba a mi cuarto. Sentía un amor que me salía a chorros  por cada persona que venía a   hacer algo por mí  o a cuidarme de cualquier forma.  Esta no era una forma de afecto familiar en   mí. Sentía como si  estuviera conectada a ellos, a un nivel profundo, y como si conociera  todo lo  que ellos estaban sintiendo y pensando, casi como si compartiéramos la misma mente.



Mi cama estaba cerca a la ventana y una de las enfermeras me preguntó si me gustaría sentarme y mirar hacia afuera. Me di cuenta que no había visto el mundo exterior por algún tiempo, así  que  con gran entusiasmo dije: “¡Por supuesto que sí!”

La enfermera me levantó y tan pronto miré por la ventana, mis ojos se llenaron de lágrimas. No podía parar de llorar.  Hasta ese momento no me había dado cuenta que el hospital estaba situado  a unas pocas cuadras de la casa donde pasé mi niñez en el Valle Feliz.

Tal como mencioné antes, este no era el sitio adónde había ido para recibir los tratamientos y las transfusiones de sangre durante los últimos años. Era más bien una clínica grande comparada con los hospitales a gran escala. El día que caí en coma fue cuando entré por primera vez en este hospital.

Ahí estaba yo mirando casi que la misma vista que tenía cuando era niña. Podía ver las pistas para carreras de caballos frente al hospital –y la línea del tranvía que tomaba con Ah Fong!  Veía  con  ojos llorosos las escenas de mi niñez y sentía como si hubiera cerrado el círculo completo.

“Ah, Dios mío, no lo puedo creer”, pensaba maravillada. “Miren los tranvías, el parque, los edificios de mi niñez. ¡Qué mensaje –me están dando otra oportunidad! ¡Puedo empezar de nuevo!”.

Aunque la vista me era familiar, era algo común, de alguna forma el  mundo  parecía  completamente nuevo. Todo se veía tan fresco y hermoso, como si  lo  estuviera  viendo  por primera vez. Los colores eran más brillantes de los que yo conocía y notaba cada detalle como si fuera la primera vez.   Miré los edificios alrededor: en uno de ellos fue donde yo crecí; el parque   que quedaba frente a la calle donde yo iba cuando era niña; los tranvías rodando, los carros pasando, los peatones caminando con sus perros o muy ocupados con sus diligencias. Vi cada cosa con nuevos ojos, como si fuera una niña  de nuevo.  La vista no podía ser más común y  corriente,  sin embargo, era la mejor que había visto en mucho tiempo…quizás, por siempre.


 CAPÍTULO 10 - PRUEBA DE SANACIÓN


Varios días después de salir de la Unidad de Cuidados Intensivos, empecé terapia física para fortalecer mis músculos. El primer día que pude caminar por el cuarto,  la enfermera me llevó al baño para que me pudiera ver en el espejo. Tan pronto vi mi reflejo esquelético, mi corazón se derrumbó. Era la primera vez, desde que salí del coma, que me sentía descorazonada.

Le pedí a la enfermera que me dejara sola por unos minutos para tener algo de privacidad. Simplemente continué mirándome en el espejo. Casi no reconocía a la persona que me miraba. La mayoría de mi pelo se había caído por manojos; mis ojos parecían demasiado grandes para sus cuencas; mis pómulos eran pronunciados y tenía una curación en el cuello debajo de mi oído derecho, que escondía una gigantesca lesión de piel abierta. Me mantuve absorta en mi propia imagen y empecé a llorar.

Lloré no por vanidad. Mi apariencia física no parecía tener importancia en ese momento. En lugar, sentía la misma tristeza profunda que cualquiera sentiría al ver a una persona en esa condición. Sentía dolor combinado con una profunda empatía. Podía ver en esa imagen –en esa cara, en esos ojos- los años de sufrimiento necesarios para llegar a dónde estaba ahora, parada delante del espejo.

“¿Cómo pude permitirme pasar por tanta angustia? ¿Cómo pude causarme a mí misma todo este dolor?”, pensé apesadumbrada.

Si, sentí que yo me lo había causado. Levanté mi mano hacia el espejo y al tocar la imagen de mi  cara en lágrimas, hice la promesa que nunca más me haría un daño semejante.

Los doctores estaban muy cautelosos respecto a mi sanación, particularmente  por  el  estado en que me encontraba cuando ingresé al hospital. Querían ajustar la dosis de quimioterapia que me estaban formulando –a la cual ¡le había tenido tanto miedo!

Yo observaba cuando las enfermeras venían a administrarme la quimioterapia. Ellas  traían  las bolsas con drogas que entraban directamente por mis venas. Cada bolsa tenía la etiqueta “VENENO”, en letras mayúsculas y rojas. Las  enfermeras usaban máscaras y guantes de caucho  para que, en caso de accidente, no tuvieran contacto con esos químicos peligrosos. Era increíble, pero me parecía aceptable que estas drogas fueran introducidas directamente en mi torrente sanguíneo.

Yo sabía que no necesitaba la quimioterapia. Los doctores la prescribían por sus propias razones y  no por las mías, ya que yo sabía que era invencible. Nada podía destruirme, ni siquiera veneno inyectado en mis venas ¡exactamente la misma cosa a la que le tuve tanto miedo por años! Fue



interesante ver que no sufría de los efectos secundarios normales. Mi equipo médico estaba muy sorprendido de que no tuviera las náuseas comunes asociadas a este tratamiento.

Sentí que había logrado una importante victoria. Había superado por completo mi miedo a todo –a morir, al cáncer y a la quimioterapia- y esto comprobaba que había sido el miedo el que me estaba destruyendo. Sabía que si esto hubiera pasado antes de mi experiencia en el otro reino, la simple palabra “veneno”, en la etiqueta de la droga que estaba corriendo por mis venas, así como las enfermeras cubiertas con su equipo de seguridad para evitar la contaminación, me hubieran producido suficiente miedo como para matarme. El sólo efecto sicológico me hubiera acabado, porque ya sabía que tan llena de miedo estaba.

Por el contrario, me sentía invencible. Sabía que la decisión de regresar que tomé en el otro lado, venció completamente cualquier obstáculo que se estaba presentando en el mundo físico.

Los doctores querían hacerme una serie de exámenes para obtener un cuadro más exacto de mi situación actual, para poder ajustar la dosis de la quimioterapia que me administraban. Acepté de mala gana, principalmente porque sabía que ellos necesitaban los exámenes más que yo, como prueba de que me había sanado, pero también en parte, porque yo sabía de antemano cuáles  serían los resultados. Me sentiría victoriosa al  probar que yo estaba en lo correcto.  Sin embargo,  los doctores estimaron que estaba todavía muy débil para soportar exámenes tan exhaustivos y decidieron dejarlos para las próximas semanas mientras yo continuaba mejorando y poniéndome más fuerte. Pesaba menos de 41 kilos y se requería que subiera los niveles de nutrición antes de hacerme cualquier examen que involucrara incluso una cirugía menor, pues cualquier  requerimiento para lograr una mejoría adicional podría exigir un esfuerzo excesivo para mis ya agotadas defensas.

Las lesiones de la piel eran inmensas; las lavaban y cubrían diariamente, el equipo de enfermeras.  Ya que eran grandes y profundas, los doctores pensaban que no curarían sin cirugía. Mi cuerpo no tenía la nutrición ni la fuerza requerida para recuperarse de heridas mayores, por lo  cual  un cirujano reconstructivo vino a dar su diagnóstico.

Confirmó que mis heridas eran demasiado grandes para sanar por sí solas, ya que mi cuerpo no  tenía los nutrientes necesarios para ayudar en el proceso. Sin embargo, pensó que todavía yo  estaba muy débil para resistir la cirugía reconstructiva y solicitó que las enfermeras continuaran manteniendo las lesiones limpias y cubiertas hasta que yo tuviera la suficiente fuerza para el procedimiento. Todavía me faltaban músculos y carne en mis huesos.

Uno seis días después de salir de la Unidad de Cuidados Intensivos, empecé a sentirme un poco mejor para caminar por el corredor del hospital, de arriba abajo, por cortos períodos de tiempo. Después necesitaba descansar. El primer examen que me hicieron cuando los doctores  consideraron que estaba lo suficientemente fuerte para resistirlo, fue una biopsia de médula ósea. Se trata de un procedimiento muy doloroso, pues insertan una aguja gruesa en  la  base  de  la espina para sacar médula ósea.



Es común en caso de linfomas, en estado avanzado, que hagan metástasis en la médula ósea; los doctores esperaban confirmar esta posibilidad en mis resultados. Su intención era determinar qué drogas me debían dar y cuál sería la dosis apropiada.

Me acuerdo el día en que recibí los resultados. El doctor vino a mi cuarto con un equipo completo  de personal del hospital y se veía preocupado: “Tenemos los resultados de la biopsia de médula  ósea y son un poco preocupantes.”

Por primera vez en varios días, sentí algo de ansiedad: “¿Por qué? ¿Cuál es el problema?” Mi familia estaba conmigo en el cuarto y todos se veían preocupados.
“No podemos encontrar cáncer en su médula ósea”, dijo.

“Entonces, ¿cómo puede ser eso un problema?”, preguntó Danny. “¿No significa eso que ella no tiene cáncer en su médula ósea?

“No. Eso no es posible”, dijo el doctor. “Ella definitivamente tiene cáncer en su cuerpo –no puede simplemente desaparecer tan rápido. Sencillamente tenemos que encontrarlo, y hasta que lo hagamos hay un problema, porque no puedo determinar la dosis de su droga.”

Luego los  doctores enviaron mi muestra de médula ósea a uno de los laboratorios  de patología  más sofisticados del país. Cuatro días más tarde llegaron los resultados  negativos  –no  había  cáncer. Tuve un sentimiento sobrecogedor de victoria cuando me dieron las noticias.

Para no darse por vencidos, los doctores querían ahora una biopsia de los nódulos linfáticos. Al principio mi nueva realidad que expresaba que “yo era mi propia obra” quería pelear y decirles: “¡No, ustedes no me van a hacer más exámenes porque es mi cuerpo y ya sé que no encontrarán nada!”

Sin embargo, como los doctores le insistían a mi familia que se acordaran del estado en que había ingresado al hospital hacía sólo unos días, decidí dejarlos que prosiguieran con sus  exámenes porque estaba absolutamente segura que no encontrarían nada. Me daba cuenta que saldría siempre victoriosa y triunfante de cada examen médico que me practicaran.

En realidad le dije al doctor: “Haga lo que tenga que hacer pero quiero  que  sepa  que  todos ustedes están haciendo esto para convencerse a sí mismos. ¡Yo ya sé los resultados!”

Me dieron otros días para fortalecerme más para la biopsia que  requería  cirugía  menor.  Poco antes del procedimiento, me enviaron al departamento de radiología. El radiólogo tenía que usar equipo de ultra sonido para encontrar el nódulo linfático más grande y marcar el punto en mi piel donde el cirujano pudiera hacer la incisión para la biopsia.

Acostada en la mesa del laboratorio de radiología, noté que mis primeros exámenes, tomados  el  día que entré al hospital, estaban puestos en la caja lectora de Rayos X y mostraban dónde se



encontraban todos los tumores. El radiólogo notó en esos exámenes que mi cuello estaba repleto con glándulas inflamadas y tumores, así que pasó el ultrasonido por toda la parte de atrás de mi cuello hasta la base de mi cabeza. Luego lo pasó por los lados y finalmente hacia arriba y  abajo en  la parte anterior de mi cuello. Noté confusión y desconcierto en su expresión.

Se refirió nuevamente a las radiografías anteriores y luego regresó donde yo estaba sobre la mesa. Me preguntó si podía usar el ultrasonido debajo de mis brazos. Yo le dije que sí, pero después de chequear esta área, seguía desconcertado. Luego revisó mi pecho, la espalda y el abdomen.

“¿Todo está bien?”, pregunté. “Estoy confundido”, dijo.
“¿Por qué? ¿Qué pasa?” Yo tenía una sospecha de lo que estaba pasando. “Perdóneme un minuto”, me contestó.
El radiólogo fue hacia el teléfono cerca de donde me encontraba y lo oí llamando a mi oncóloga.

“No entiendo. Tengo radiografías que muestran el sistema linfático del paciente lleno de cáncer hace apenas dos semanas; pero ahora no puedo encontrar un nódulo linfático en su cuerpo de un tamaño que sugiera que hay cáncer”, le oí decir.

Una sonrisa cruzó mi cara, mientras él regresaba hacia la mesa; yo me senté y le dije: “¡Bien, entonces creo que me puedo ir ahora!”

“No tan rápido”, me respondió. “Su oncólogo insistió que encuentre un nódulo linfático para hacer la biopsia, porque no es posible que usted no tenga cáncer en su cuerpo.  El  cáncer simplemente   no desaparece así. Entonces tendré que identificar un nódulo en un sitio de fácil acceso como su cuello.”

Procedió a marcar un nódulo en mi cuello, aunque no estaba inflamado. Me programaron  la  cirugía; el cirujano hizo una  pequeña incisión en el lado izquierdo de mi cuello para remover uno   de mis nódulos linfáticos.

Como esto fue realizado bajo anestesia local, yo estaba completamente  consciente.  Realmente,  me disgustaron las sensaciones molestas en mi cuello donde el doctor cortó el nódulo. Todavía recuerdo el olor de mi propia piel quemada cuando el cirujano cauterizó la herida. Pensé en ese momento, que tal vez no era tan buena idea, estar de acuerdo con que me hicieran este tipo de procedimientos. Sin embargo, una vez más los resultados mostraron que no había rastros de  cáncer.

A este punto, realmente empecé a protestar por los continuados exámenes y las drogas, porque     en el fondo yo sabía, sin lugar a dudas, que había sido sanada. También empezaba a sentirme impaciente por estar confinada en el hospital. Quería salir y empezar nuevamente a explorar el



mundo, principalmente porque sabía que yo iba a estar bien. Pero los doctores se resistieron, insistiendo que necesitaba más exámenes y drogas. Me recordaban el estado en que  me encontraba cuando fui admitida en el hospital.

“Si ustedes no encuentran cáncer en mi cuerpo, ¿por qué aún necesito esto?”, les pregunté.

“Sólo porque no encontremos el  cáncer no significa que no esté ahí. ¡No olvide que usted estaba   en estado terminal cuando entró hace sólo unas semanas!”, me respondieron.

Finalmente, me hicieron una tomografía de cuerpo entero (PET) y  cuando  los  resultados  mostraron que estaba libre de cáncer, mi tratamiento llegó a su final.

Igualmente, para el asombro del equipo médico, los preparativos que habían hecho con el cirujano reconstructivo para cerrar las lesiones de mi cuello fueron innecesarios porque ellas sanaron por sí mismas.

El día 9 de marzo de 2006, después de 5 semanas en el hospital, me dieron salida y regresé a casa. Era capaz de caminar sin ayuda, aunque todavía la necesitaba un poco para subir y bajar escaleras. Pero estaba en tal  estado de euforia, que los médicos escribieron realmente en letras grandes en   la orden de salida del hospital: “Se permite la salida para ir a casa a descansar. ¡NO PUEDE IR DE COMPRAS O A FIESTAS MÍNIMO POR SEIS SEMANAS!”

Pero, ¡yo no iba a aceptar nada de eso! Sólo una semana más tarde, para mi cumpleaños en marzo 16, salí a mi restaurante favorito, Jimmy´s Kitchen, a comer con mi familia para celebrar mi nueva vida. Y en la semana siguiente, el día 26 de marzo, fui a la boda de una amiga. Para sorpresa de mis amigos, quienes sabían por todo lo que yo había pasado, bailé y tomé champaña, plena  de  felicidad. Sabía más que nunca que la vida era para vivirla con felicidad y abandono.



 CAPÍTULO 11 - 
“SEÑORA, DE CUALQUIER FORMA QUE LO MIRE,
¡USTED DEBERÍA ESTAR MUERTA!”


Varias semanas después de que recibí el diagnóstico “completamente libre de cáncer” todavía estaba procesando todo lo que me había pasado, tratando de encontrarle sentido. Me estaba acostumbrando a que las personas que conocía, se impactaran cuando me veían después de que  salí del hospital.

Aunque nadie me lo decía en mi cara, yo sabía que la mayoría de ellas pensaba que yo moriría la última vez que me vieron. Ellas nunca esperaron volverme a ver. Algunas trataban de esconder su sorpresa por lo saludable que me veía en tan corto tiempo, pero otras no lo podían evitar.

“Dios mío, ¿eres tú?”, mi profesora de  yoga me dijo con la quijada casi  en el  piso cuando entré a  su estudio por primera vez en seis meses. “¡Te ves increíble! que estabas mejorando, pero,
¡nunca me imaginé que estuvieras así de bien!”

Amirah había sido mi instructora de yoga ocasional, durante varios años. Ella era una persona amorosa que  tenía un salón muy lindo en la parte victoriana del  distrito de negocios  de Hong  Kong.  Sabía que yo estaba enferma y cuando me encontraba muy débil y no podía hacer muchas   de las posturas, me ayudaba suavemente o me decía que me quedara en la postura shavasana que consiste en recostarse en total relajamiento como si estuviera dormida.

Cuando no podía hacer ninguna otra postura excepto shavasana, asistía de todas formas a la clase de Amirah porque me encantaba sumergirme en la energía positiva de la clase.

Finalmente, dejé de ir a la clase de Amirah, cuando ya no pude salir más y quedé confinada a la    silla de ruedas. Además, estaba conectada al tanque de oxígeno y tenía en la casa una enfermera   de tiempo completo.

De manera que tan pronto me sentí lo suficientemente bien para salir por mí misma, quise entrar  en la mitad de una de sus clases y sorprenderla –y, ¡ella claramente quedó sorprendida! Me presentó a sus alumnos que estaban haciendo la práctica; algunos no me conocían, pero los que sí se acordaban de mí, quedaron igualmente sorprendidos. Una señora tenía los ojos desorbitados al recordar lo enferma que estaba los últimos días que asistí a clases. Nunca pensó que me vería de nuevo; sin embargo, ahí estaba yo… todo lo que ella podía decir era que había sido un milagro.

Cada persona que encontraba quería saber con curiosidad qué había pasado. ¿Cómo había logrado mejorarme tan rápido? Pero sentía que era muy difícil explicarlo y empecé a darme cuenta que yo misma no lo entendía completamente. Simplemente no podía encontrar una forma de describir



por lo que había pasado, que fuera fácil de entender. Las palabras para semejante experiencia no parecían existir, especialmente en el idioma inglés.

Entonces, un día recibí un correo de Anoop con un link de una página en la red sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM). Él  había estado investigando si  existían experiencias parecidas  a la  mía  y  encontró la página web de la Fundación para la Investigación de ECM:  www.nderf.org.  En   su mensaje me decía que lo que yo había vivido era similar a algunas de las experiencias que varias personas habían compartido en este sitio web, y quería que yo le echara un vistazo.

Yo no sabía mucho sobre las ECM. Había oído de ellas y tal vez había visto uno o dos documentales en la TV, pero no conocía a nadie que hubiera tenido esa experiencia - y jamás imaginé que yo misma fuera a pasar por algo así.

Al leer la información en la página que me había enviado mi hermano, sentí escalofrío al descubrir historias que compartían algunas similitudes con mi experiencia. Ninguna de ellas  tenía  el  elemento de enfermedad que yo tuve, pero algunas cosas que experimentaron en el otro reino,  eran muy parecidas. Algunas de ellas, hablaban de expansión, la sensación de gran claridad y el sentimiento de unicidad -la conexión entre todos nosotros. Ellos expresaban no haber  sentido juicios o juzgamientos sino únicamente un amor incondicional sobrecogedor. Hablaban de haber encontrado a sus seres amados que habían partido, o a otros seres que los cuidaron y tenían la sensación de haber experimentado el entendimiento y el conocimiento  universales.  No  podía  creer el hecho de que otros hubieran experimentado ese sentimiento de aceptación y unidad, así como el entendimiento de que todos somos universalmente amados. Muchos  de  ellos  decían tener un sentido de propósito después de sus ECM y así era exactamente como yo me sentía.

Después de leer algunas historias, vi  un anuncio en la página web que  decía: “¿Ha tenido usted   una experiencia cercana a la muerte que quiera compartir? Oprima aquí.” Eso hice. Apareció un formulario largo y muy detallado y empecé a llenarlo. No había escrito mi experiencia antes, sólo había tratado de compartirla con amigos cercanos y miembros de la familia, así que era la primera vez que la analizaba con tanto detalle.

Ya que era la primera vez que estaba registrando todo para alguien que no conocía mi situación, quería asegurarme de expresar lo que quería decir de una forma muy clara. Las preguntas también me hicieron pensar sobre algunas partes de mi experiencia de una manera que no había pensado antes. Llené todos los detalles sobre el cáncer, todo lo que experimenté cuando pasé al otro lado y cuando volví y finalmente sobre el cáncer que desapareció rápidamente. Después de completar el formulario y agregar todos los detalles extras en los lugares indicados, oprimí “enviar”. Salió un mensaje que decía: “Gracias por enviarnos su testimonio. Lo contactaremos dentro  de  las  próximas tres semanas para informarle si su experiencia será publicada en nuestro sitio.”

Como era un poco tarde en la noche, me fui a la cama pensando que probablemente no oiría de ellos en un buen rato. Sin embargo y para mi sorpresa, ya había un mensaje en mi bandeja de entrada del Dr. Jeffrey Long cuando desperté la mañana siguiente.



El Dr. Long explicaba que él era un oncólogo y al mismo tiempo el  propietario de la página web de  la Fundación donde yo había enviado mi experiencia. Opinó que era una de las más excepcionales que había leído. Quería hacerme algunas preguntas de seguimiento, especialmente sobre mi condición médica porque estaba extremadamente intrigado por mi rápida sanación. Decía que yo había explicado muy bien mi experiencia y quería saber más del cáncer,  como  por  ejemplo,  cuando me lo diagnosticaron, la duración de la enfermedad y en cuánto tiempo después de  mi  ECM, el cáncer desapareció.

Contesté todas estas preguntas lo mejor que pude y nuevamente me  respondió,  casi  de  inmediato. Había un interés real en su mensaje. Dijo que estaba muy emocionado con mis respuestas y me agradeció por permitirle publicar mi experiencia. Igualmente, dijo que mi historia sería muy inspiradora para miles y miles de personas en todo el mundo. Luego, procedió a publicar mi cuenta con un link directo en el sitio dedicado a las ECM, incluyendo todas las respuestas a sus preguntas de seguimiento, las cuales todavía se encuentran en los archivos del sitio en el formato original.

Más tarde me enteré que el Dr. Long imprimió todo mi reporte tan pronto lo recibió para poder leerlo y releerlo porque pensó que era tan extraordinario -cosa que no había hecho con  ningún otro.

Al mismo tiempo, mi amigo, Peter Lloyd, quien tiene una publicación llamada Hong Kong Holístico, estaba tan sorprendido por lo que me había pasado que pidió mi permiso para  imprimir  mi  historia. Le envié una copia exacta de lo que había enviado a la página web de ECM y  él la incluyó  en su siguiente número.

Varias semanas después, durante el verano de 2006, fui contactada por otro oncólogo de  los Estados Unidos. Su nombre era Dr. Peter Ko, quien me dijo estar interesado en el estudio de remisiones espontáneas. En el espacio de tres semanas, dos personas diferentes le habían enviado correos con mi experiencia.  Cuando recibió el  primero de la fundación de  ECM lo dejó de lado  pues mi reporte era bastante largo y siempre le estaban sugiriendo artículos para  leer.  Pero  cuando recibió el segundo referente al artículo de la publicación “Hong Kong Holístico” con una  nota sugiriéndole que leyera el artículo que sería de gran interés para él, decidió mirar de qué se trataba.

Después de leer mi historia, quedó tan intrigado que se puso en contacto con Peter Lloyd y le preguntó si había alguna forma de localizarme, ya que el sitio web no informaba mi nombre completo. Peter se conectó con Dr. Ko y conmigo por el correo electrónico e inmediatamente, me preguntó si podría llamarme porque tenía muchas preguntas.

Hablamos por teléfono, por varias horas, y le di detalles de mi experiencia, y en especial sobre mi condición médica. Le envié por fax las páginas pertinentes de mi historia médica, incluyendo el reporte médico del día 2 de febrero, cuando ingresé en el hospital, describiendo mi condición y diagnóstico: “linfoma, etapa 4B.”



Después de leer esas páginas, sus primeras palabras fueron: “Señora, de cualquier manera que lo mire, ¡usted debería estar muerta!”

El Dr. Ko estaba tan intrigado con mi caso que programó un viaje de negocios a Hong Kong para poder ir al hospital donde mi experiencia tuvo lugar y estudiar los registros médicos.

A mediados de octubre lo conocí personalmente en el hospital donde tuve la experiencia. Conversamos un rato para conocernos un poco. Me hizo preguntas sobre mi experiencia y mi enfermedad para saberlo todo desde mi perspectiva. Luego fuimos a la oficina  administrativa  donde pedimos mi historia médica. Nos trajeron un enorme archivo –de aproximadamente diez centímetros- y lo depositaron frente a nosotros. Lo llevamos a la cafetería y el Dr. Ko revisó página por página, todos los detalles, sacando los documentos pertinentes para fotocopiarlos.

Me sentí emocionada y muy privilegiada de tener dos oncólogos –los doctores Long y Ko- tan interesados en mi historia. Esto validaba mis sentimientos de que había regresado  por  un  propósito más grande que ayudaría a otros.   Estaba agradecida y encantada de que todo por lo    que pasé, pudiera servirle a alguien más.

El Dr. Ko me preguntó si yo estaría dispuesta a hablar en público acerca de esto. Él es, según su propia definición, un escéptico por naturaleza, pero  estaba emocionado con lo que había leído en mi historia médica y quería darle, inmediatamente, buen uso a sus investigaciones sobre mi caso. Planeó organizar una conferencia local mientras permanecía en Hong Kong con el fin de compartir sus descubrimientos más recientes con la comunidad médica y quería que yo también hablara en ella. Me dijo que ya había mencionado mi caso a muchas personas en la comunidad médica local y les había dado un poco de información sobre mi historia y mi rechazo a aceptar un tratamiento convencional.

El Dr. Ko pensó que era importante para la comunidad médica que oyeran mi historia desde mi propia perspectiva. Dijo que nunca había visto un caso de completa remisión después de estar en una etapa tan avanzada de cáncer y, mucho menos, con semejante rapidez. Él creía que era importante que las personas supieran esto. Yo estaba extremadamente emocionada por sus preguntas y muy ansiosa por compartir lo que me había sucedido, así que estuve de acuerdo en hablar en la conferencia.

También puse al Dr. Ko en contacto con nuestro médico de familia, el Dr. Brian Walker, quien confirmó que había estado maravillado con mi recuperación. El Dr. Walker reiteró que nunca antes había visto una remisión tan rápida de un estado tan avanzado de  cáncer.  El Dr.  Ko habló con el  Dr. Walker por algún tiempo sobre sus observaciones respecto al avance de mi cáncer durante a lo largo de los años y el Dr. Walker validó y apoyó muchos de los descubrimientos del médico americano. El Dr. Ko se puso en contacto con la prensa y se  aseguró que  hubiera un periodista en  la conferencia para publicar mi historia, en nuestro periódico local.



Lo siguiente es un aparte del resumen que el Dr. Ko escribió después de llevar a cabo sus estudios sobre mi historia médica. Él envió este reporte que estoy reproduciendo con su aprobación, vía correo electrónico a la prensa y a la comunidad médica involucrada con la conferencia. Cuenta los detalles de mi historia desde la perspectiva de un oncólogo, confirmando mi experiencia personal.

“Espero que a ustedes también les parezca la historia de Anita muy  convincente…  ¡este caso me   ha abierto los ojos! Cuando vine a Hong Kong el mes pasado, mi intención  fue  escudriñar  su historia clínica para validar  o invalidar sus declaraciones.  Después de  haber quedado satisfecho  con los detalles de los hechos, me di cuenta que estaba cada vez más intrigado con la experiencia fantástica de Anita… ¡especialmente con el mensaje que trajo de regreso! A pesar de que  los detalles clínicos pueden ser un poco tediosos para el lector, yo sí quiero dárselos como referencia para que ustedes puedan realmente apreciar qué tan enferma estaba ella y qué  tan dramática fue su recuperación. Espero que esto, en adición a un par de observaciones personales, les ayude a poner la historia de Anita en una base más sólida:

1.       Un recuento cronológico de la enfermedad de Anita: En la primavera de 2002, ella observó una inflamación dura justo encima de la clavícula izquierda. Obviamente, esto  fue  una señal alarmante para su médico. Se le hizo una biopsia en abril de ese año y se le diagnosticó como Linfoma de Hodgkin. Estaba en etapa 2 y medio (próxima a medio/ asintomática). Ustedes conocieron el rechazo de ella a someterse a una terapia convencional y su búsqueda de diversos tratamientos alternativos.  Su  enfermedad progresó lentamente durante los dos años siguientes. En el  2005, empezó a interferir con  su bienestar. El cáncer empezó a comprometer más y más sus nódulos linfáticos y se extendió mucho más. Ella también desarrolló lo que llamamos “síntomas B”…sudores nocturnos, fiebre, escozor en la piel, etc.; todos ellos indicaban el progreso de la enfermedad. También desarrolló efusión pleural (acumulación de fluido) en ambos  costados de su pecho y durante todo el año 2005, fueron necesarios varios intentos para sacar el fluido, ya que empezó a interferir con su respiración. Hacia las navidades del 2005, se aceleró su proceso y ella cayó en una espiral descendente; la enfermedad en su cuello y en la pared del pecho se infiltró a la piel y como resultado le aparecieron grandes úlceras que se infectaron y no sanaban. No podía comer o absorber nutrientes, perdió peso, tenía una fatiga marcada, pérdida de músculo… y su función renal empezó a comprometerse.

En la mañana del 2 de febrero, no pudo levantarse de la cama; toda la cara, el cuello y el brazo derecho estaban hinchados como un globo. Casi no podía abrir los ojos por la inflamación… todo esto debido a que estaba comprometido el drenaje  venoso  de  la  cabeza al cuello, causado por un crecimiento masivo de los nódulos linfáticos.  Ella  respiraba con mucha dificultad como resultado de la efusión pleural masiva bilateral, a  pesar de tener en la casa oxígeno suplementario. Su esposo y su madre, totalmente desesperados, llamaron a su médico de cabecera, quien les recomendó llevarla al hospital de inmediato. Allí, la vio un oncólogo que se aterró del estado en que ella se encontraba. Consultaron otro oncólogo debido a la situación tan difícil. Muchos especialistas fueron



llamados para tratar los demás sistemas que estaban fallando. El consenso general era que ella no sobreviviría, sin ser intervenida. A pesar de que la quimioterapia  podía  ser altamente tóxica, en vista de las múltiples fallas en sus órganos, ésta sería su única oportunidad. Durante esa noche, ella fue sometida a múltiples exámenes: resonancia magnética, le extrajeron dos litros de fluido del pecho, le suministraron inicialmente 3  de las 7 drogas de quimioterapia necesarias y fue llevada a la unidad de cuidados intensivos.  En ese momento Anita empezó a flotar hacia lo que ella llamaría  su  ECM.  El  tratamiento de quimioterapia requería 8 ciclos de 7 drogas y cada ciclo duraba tres semanas.

2.       La recuperación dramática de Anita después de emerger de su ECM… La noche del 3 de febrero, Anita despertó, se sentó y declaró a su familia que se sentía bien. Conversó con el oncólogo, quien estaba sorprendido por su capacidad para reconocerlo. El 4 de febrero, Anita exigió que se le quitara la sonda naso gástrica y prometió a los doctores que ella comería lo que le trajeran para ganar peso. Así mismo, pidió que le trajeran su iPod.  El  5   de febrero, saludó a sus doctores diciéndoles que si querían “unirse a la fiesta”; ellos eventualmente estuvieron de acuerdo con dejarla salir de la unidad de cuidados intensivos el 6 de febrero.

En ese momento, una gran parte de la inflamación de cara y cuello había disminuido, los nódulos linfáticos inflamados empezaron a suavizarse y ella pudo voltear la cabeza por primera vez. Las drogas para su primer ciclo se completaron a mediados de febrero. Un cirujano plástico fue llamado para practicarle:
a.       Una biopsia de los nódulos linfáticos de su cuello y
b.       Una intervención para hacerle injertos en las heridas de su cuello y axila.
Él  no pudo encontrar ningún nódulo al examinarla y  se programó un ultrasonido previo a   la biopsia; él haría el procedimiento de la piel al mismo tiempo.
Tres ultrasonidos fallaron en revelar cualquier nódulo linfático con esa patología. El 27 de febrero, le practicaron la biopsia de un nódulo de su cuello… y no hubo  evidencia  de cáncer. Las úlceras de la piel sanaron, por sí solas, sin necesidad de hacer los injertos de  piel.

Los oncólogos eventualmente estuvieron de acuerdo con dejarla regresar a  casa en marzo 9, después de terminar el segundo ciclo del tratamiento. Ella celebró su cumpleaños en marzo 16 en su restaurante favorito y asistió a una boda, donde bailó y tomó champaña en marzo 26… luego empezó su tercer ciclo. Todos llegaron a un acuerdo al hacer un CT-PET Scan (Tomografía Computarizada/Tomografía por Emisión de Positrones) y después de 6 ciclos (julio 24) la dieron de alta y suspendieron el tratamiento faltándole dos ciclos.

Su recuperación realmente fue “extraordinaria”. Basado en mi propia experiencia y en las opiniones de varios colegas, no puedo atribuir su dramática recuperación a la  quimioterapia. Basado en lo que hemos aprendido sobre el comportamiento de células



cancerosas, especulo que algo no físico… “¿información”? desconectó los genes mutados para que no pudieran expresarse, o los señaló para lograr una muerte celular programada.

El mecanismo exacto es desconocido para nosotros y claramente no es el resultado del uso de drogas cito tóxicas.

Creo que mi encuentro con la experiencia de Anita es el punto de partida para que yo aprenda más de este fenómeno y sobre la verdadera naturaleza de nuestro Ser.

A la conferencia asistieron miembros de la profesión médica, especialmente profesores del departamento de oncología del hospital universitario local. Además, hubo un número de personas quienes habían sido invitadas por mí, el Dr. Ko, o alguno de los profesores. Como consecuencia, el Dr. Ko, el Dr. Walker y yo fuimos invitados para ser entrevistados en un programa radial sobre el caso. (El artículo del periódico y la entrevista de radio están en la actualidad en mi página web: www.anitamoorjani.com)

Como resultado directo de la conferencia y de conocer a miembros de la facultad médica de la Universidad de Hong Kong, fui invitada a formar parte como consultora, del Departamento de Estudios sobre el Comportamiento, para hablarle y aconsejar a los profesores en cuanto a la sicología para el manejo del cáncer y la muerte. Me solicitaron dar charlas regularmente, tanto a la facultad como a los estudiantes sobre este tema, lo cual disfrutaba enormemente.

El Dr. Ko compiló un reporte de sus investigaciones médicas de mi archivo,  junto  con  sus  preguntas y lo envió a los institutos de cáncer por todo el mundo. A la fecha, ninguno de ellos ha podido contestar sus preguntas y ninguno de ellos ha tenido un caso con un resultado tan dramático.

Estos son algunos de los fenómenos sin explicación que el Dr. Ko compartió conmigo y que todavía permanecen como un misterio:

-   Mis registros médicos muestran que mis órganos ya habían dejado de funcionar en el momento en que entré al hospital; sin embargo, algo los condujo a funcionar nuevamente. El Dr. Ko está intrigado por aquello que causó esa rápida recuperación. Él también se dio cuenta de un comentario escrito por el oncólogo que decía: “la familia de la paciente ha  sido informada,” lo que interpretó como que mi familia había sido notificada de que yo estaba muriendo.

-   Mis archivos confirmaban que yo tenía tumores del tamaño de un limón en todo mi cuerpo, desde la base del cráneo, por todo mi cuello, mis axilas y el pecho, hasta mi abdomen. Pero varios días después, había una reducción de  su tamaño de,  por  lo menos, el 70%. Él se pregunta cómo fue posible que billones de células cancerígenas dejaran mi cuerpo tan rápido teniendo en cuenta que mis órganos ya estaban fallando.




-  Yo tenía lesiones abiertas en la piel y está registrado en mi archivo que ellas necesitaban cirugía reconstructiva, ya que mi cuerpo no tenía  los nutrientes necesarios  para curarlas.  Yo estaba completamente desnutrida y ya tenía pérdida en mi  masa  muscular  cuando entré al hospital. Las notas de los doctores indicaron que la cirugía reconstructiva sería programada cuando yo estuviera más fuerte. Sin embargo, mis heridas sanaron completamente por sí solas, mucho antes de que el equipo médico estuviera listo para operarme.

Estas se unieron a las principales preguntas que el Dr. Ko y los demás tenían, sobre remisiones espontáneas: ¿qué fue lo que accionó el interruptor para hacer que el cuerpo diera la vuelta de  morir a sanarse?

Yo conozco la respuesta, sobre mi propio caso… pero no puede ser encontrada en la medicina.




 CAPÍTULO 12 - VIENDO LA VIDA CON NUEVOS OJOS



Durante los primeros meses después de salir del hospital, me sentía eufórica, como si estuviera permanentemente bajo alucinógenos. Todas las cosas y personas me parecían hermosas; había magia y me maravillaba con el más mundano de los eventos u objetos, por ejemplo, los muebles    de mi sala, que habían estado con nosotros durante varios años sin que me parecieran de ningún modo especiales. Después de volver a casa, vi la belleza en el trabajo de la madera que antes no había notado y era capaz de sentir el trabajo que llevó su elaboración. Me maravillaba el hecho de ser capaz de manejar mi carro nuevamente (lo que no pude hacer en los últimos 8 meses con el cáncer). Estaba asombrada por mi habilidad para coordinar mis manos, ojos y  piernas  para  manejar por las calles. Estaba encantada con el cuerpo humano y la vida misma.

A medida que pasaban los meses, empecé a sentir que necesitaba hacer algo con mi vida nuevamente. Pero pensar qué sería lo que yo quería hacer, era sobrecogedor. No sabía por dónde empezar a recoger los pedazos. El mundo no era el mismo lugar que yo había dejado atrás. Había pasado los últimos 4 años sufriendo la enfermedad. Durante ese tiempo, me  enfoqué  por  completo en ella. Pasé años leyendo, estudiando y aprendiendo cada cosa que podía sobre el cáncer. Mi único propósito giraba en torno a mi enfermedad y en tratar de curarme. De alguna manera, me había identificado más como alguien que tenía cáncer en lugar de alguien que tenía vida. Y ahora se había ido. ¿Qué iba a hacer con el resto de mi vida?

Antes de mi diagnóstico, yo era totalmente independiente. Sin embargo, durante el tiempo que estuve enferma quedé completamente dependiente de Danny y de los otros miembros de mi familia. Apenas me recuperé, todos resumieron sus  respectivas labores.  Danny volvió al  trabajo,  mi madre y hermano volaron de regreso a casa y yo me quedé tratando de descubrir qué quería hacer con mi vida.

No me podía imaginar volver a ser un Agente de Reubicación. Había dejado mi puesto después de  mi diagnóstico e incluso, había hecho la entrevista a la persona que me reemplazó. No había trabajado en los últimos 4 años ya que estaba inmersa en el manejo de la enfermedad. Pensar en volver al trabajo ahora, me parecía extraño y me di cuenta que yo era diferente.

Me sentía como si no pudiera entender a nadie a mi alrededor -o más exactamente, que los demás no me podían entender a mí. Si pensaba en volver al trabajo, no podía imaginarme qué quería  hacer. Ya nada me parecía correcto. Me parecía que yo no encajaba con la gente de este planeta y sus valores. Mis prioridades habían cambiado y descubrí que yo no estaba interesada en el trabajo de oficina, reportándole a alguien o ganando dinero para otros. No estaba interesada en meterme en la red, ni salir con amigos que querían relajarse después del trabajo, ni tener que ver con las



horas pico de la mañana o la tarde, ni tener que manejar a la ciudad para ir al trabajo. Así que por primera vez desde que tuve mi ECM, me sentía perdida… y sola.

Era cada vez más difícil sostener una conversación sobre eventos cotidianos. Mi rango de atención para esos temas parecía acortarse y mi mente vagaba aún cuando estaba hablando con amigos. Perdí por completo el interés en lo que estaba pasando con el mundo de la política y las noticias y aún en lo que mis amigos estaban haciendo. Sin embargo estaba absorta en la puesta del sol en el horizonte mientras me sentaba en la playa gozando un cono de helado, como si estuviera experimentando la belleza de este mundo, por primera vez. La belleza de la puesta del sol y su reflejo naranja en el agua mientras sentía la arena mojada bajo mis pies y en  mis  dedos, me  llenaba de asombro de una manera que no había sentido nunca antes. El  sabor  del  helado  cremoso de chocolate belga en mis papilas gustativas me hacía sentir como si ¡lo  estuviera probando por primera vez!

Vi la divinidad en cada cosa –cada animal e insecto. Desarrollé un interés mayor en el mundo  natural de lo que había hecho antes. Ni siquiera podía matar los mosquitos que zumbaban a mi alrededor. Ellos eran formas de vida y necesitaban ser respetados como tales. Ellos tenían un propósito para existir; yo no sabía cuál era, pero simplemente sabía que lo tenían de la misma manera que yo lo tenía.

Cada mañana, me levantaba queriendo explorar el mundo de nuevo. Cada día era una aventura fresca. ¡Quería caminar, manejar, explorar, sentarme en las colinas y en la arena y simplemente tomar así la vida! También estaba profundamente interesada en el ambiente urbano y en reconectarme con él como si fuera nuevo. Pasé tiempo explorando mercados, gozando el  paisaje  de la ciudad y contemplando la belleza de las siluetas de los rascacielos iluminados con luces de neón, admirando la gran eficiencia de nuestro sistema de transporte público y la increíble construcción de los puentes que se extendían sobre el agua para conectar las islas que conforman Hong Kong. ¡Todo esto me maravillaba!

El encanto de cada día me hacía sentir como si acabara de nacer. Era como si hubiera entrado al mundo como un adulto, aunque acabara de nacer, el 3 de febrero de 2006.

Al mismo tiempo, me sentía incapaz de reconectar con muchos de mis viejos amigos a quienes intentaba ver para almorzar o tomar un café. Todos estaban ansiosos de ponerse al día conmigo, pero la mayoría no entendían qué tan profundo me había cambiado esta experiencia. Me sentía intranquila e impaciente en eventos sociales. No me podía quedar quieta por mucho tiempo, ni participar en conversaciones sobre temas mundanos.

Sentía que la gente había perdido su habilidad para ver la magia de la vida. No compartían mi entusiasmo y fascinación por lo que me rodeaba -o simplemente, por estar viva. Parecían enfrascados en la rutina y su mente estaba en lo que tenían por hacer. Era exactamente igual a como era antes de mi ECM. Todos estaban tan enfrascados en eso, que habían olvidado cómo disfrutar simplemente el momento presente.



Pero más que todo, presentía que algo maravilloso estaba a punto de suceder. Sentía que había un propósito mayor en la experiencia que acababa de tener. A pesar de esta gran emoción en mi interior --el sentimiento de encontrarme al borde del abismo, en medio de una gran aventura-- no sentía que tenía que hacer nada o perseguir algo, para que esto sucediera. ¡Sólo tenía que ser yo misma, sin ningún miedo! De esta manera me estaría permitiendo ser un instrumento del amor. Entendía que esto era lo mejor que cualquiera de nosotros podía hacer o ser, tanto para el planeta como para nosotros mismos.

Desde que tuve consciencia de esto, los problemas ya no parecían tan grandes. Creía que las personas se tomaban la vida y sus problemas demasiado en serio –lo cual era lo que yo solía hacer. En el pasado me sentía atraída hacia los dramas de los demás y hacia los míos. Pero luego de mi ECM, sólo me sentía bendecida por estar viva y por tener una segunda oportunidad para  expresarme aquí. Ya no quería desperdiciar ni un minuto de la gran aventura.  Quería  ser  Yo  Misma, al máximo, y ¡saborear cada minuto delicioso de estar viva!

Realmente no deseaba hundirme en lo mundano, ni en los problemas menores, ni en temas tales como el futuro, el dinero, el trabajo, el manejo de la casa y los asuntos domésticos. Todas estas cosas me parecían de alguna manera tan pequeñas, especialmente porque yo tenía confianza en el proceso y podía sentir que se estaba desarrollando ante mí.

Parecía importante pasarla bien y reír. Sentía una liviandad que era completamente nueva para mí   y reía con facilidad. Gozaba con la compañía de aquellos que querían hacer lo mismo.

Cuando tenía conversaciones sobre enfermedad, política y muerte, mis puntos de vista eran tan radicalmente diferentes, debido a mi experiencia, que simplemente  no  podía  involucrarme  en esos tópicos. Empecé a darme cuenta que mi habilidad para juzgar y discernir se habían  “debilitado”. Ya no era capaz de hacer distinciones definidas entre lo que era bueno o  malo, correcto o incorrecto, porque yo no fui juzgada por nada durante mi ECM.  Sólo hubo compasión y  el amor era incondicional. Todavía lo sentía por mí y hacia todos a mi alrededor.

Caí en cuenta de que únicamente sentía compasión por todos los criminales y terroristas en el mundo, lo mismo que por sus víctimas. Entendí de un modo que nunca  antes  había  experimentado, que para que  la gente cometiera tales actos, ellos realmente  debían estar llenos  de confusión, frustración, dolor y odio hacia sí mismos. Una persona feliz ¡nunca llevaría a cabo  tales actos! Las personas que se aman a sí mismas, son una dicha de tenerlas cerca y ellas sólo comparten su amor incondicionalmente. Para ser capaz de cometer tales crímenes, alguien tenía que estar (emocionalmente) enfermo –de hecho, muy parecido a tener cáncer.

Sin embargo, observé que aquellos que tienen este tipo particular de  “cáncer  mental”  son  tratados con rencor en nuestra sociedad, con muy poquitas oportunidades para recibir ayuda práctica, con lo cual sólo se reafirma su condición. Al tratarlos de esa manera, nosotros sólo permitimos que el “cáncer” en nuestra sociedad crezca. Pude observar que no hemos creado una sociedad que promueva la sanación mental tanto como la física.



Todo esto significaba que yo ya no era capaz de ver el mundo en términos de “nosotros” y “ellos”
–o sea víctimas y victimarios. No existe “ellos”, es sólo “nosotros”. Todos somos Uno, producto de nuestra propia creación, de todos nuestros pensamientos, acciones y  creencias.  Aún  los  victimarios son víctimas de su propio auto-odio y dolor.

Ya no vi la muerte de la misma manera que los demás la veían, por lo cual era muy difícil para mí sufrir por la partida de alguien. Por supuesto, que si alguien cercano a mí moría, estaba  triste porque lo extrañaba; pero no sufría por el difunto porque sabía que ¡él había trascendido a otro reino y que estaba feliz! No es posible estar triste allá. Al mismo tiempo sabía que su muerte había sido perfecta y que todo se desenvolvía en la forma que era la perfecta, dentro del tapiz mayor.

Debido a que mis puntos de vista habían cambiado radicalmente, me  volví  cuidadosa  para  expresar mis opiniones, ya que no quería ser malentendida. Sabía que era difícil para los demás entender conceptos tales como que no había juicio después de que morimos, aún para los peores terroristas. Aún para ellos, yo percibía solo compasión, total entendimiento y claridad de por qué habían actuado de  esa manera. En un nivel más mundano y con los pies en tierra, también supe  que no iba a haber ningún juicio esperándome en la otra vida, si no escogía un dogma religioso o cultural que yo presintiera inadecuado para mí.

Por lo tanto, poco a poco, buscaba principalmente mi propia compañía, a menos que estuviera con Danny. Me sentía a salvo con él, sabía que él no me juzgaba. Mi esposo había estado conmigo durante toda mi jornada y era uno de los pocos que me entendía. Él me escuchaba pacientemente mientras yo le hablaba de mis sentimientos y pensamientos y me ayudaba a descubrir todas las emociones nuevas.

Constantemente, sentía la necesidad de hablar sobre mi experiencia, para tratar de encontrarle sentido a lo que había pasado, para desenrollarlo todo y Danny me animaba a escribir y sacar mis sentimientos. Empecé a escribir y continué haciéndolo. Escribí en foros y en sitios en la red, lo cual fue muy terapéutico a medida que avanzaba en este nuevo mundo.




 CAPÍTULO 13 - ENCONTRANDO MI CAMINO



Ahora sostengo un punto de vista sobre la vida que muy pocos, cuando mucho uno de mi círculo social, comparten o practican. Y ya no le tenía miedo a nada. No le temía a la enfermedad, a envejecer, a la muerte, a perder plata o a cualquier cosa. Cuando no hay horror en la muerte, no quedan muchas cosas a las cuales temerles porque ella siempre es  considerada como lo peor. Y si  lo peor ya no te perturba, entonces ¿qué queda?

También descubrí que era un reto integrarme de nuevo a la vida porque este mundo todavía no    me parecía real. El otro reino parecía más genuino. Y como lo describí, me sentía retada por el  hecho de que las personas se tomaban todo tan en serio –por ejemplo, estaban tan estresados por el dinero y las finanzas, aunque tuvieran tantas otras cosas hermosas para gozar y por las cuales estar agradecidos. Tampoco podía entender como las personas dejaban de lado todo lo demás – incluyendo el amor, las relaciones, el talento, la creatividad, la individualidad, etc.- por el amor al dinero, o por el tiempo que gastaban en empleos que no les gustaban.  La forma en  que todos  veían la vida me parecía incorrecta. Las prioridades y los valores estaban desalineados y todo me parecía al revés. Entendía que probablemente yo solía pensar de esa misma manera, sin embargo, no me podía imaginar que volviera a hacerlo ahora.

En ocasiones pensaba que nunca volvería a tomar un trabajo que no me gustara,  sólo  por  el dinero. Mi criterio para el trabajo y otras cosas, en general, es muy diferente ahora. Mi vida y mi tiempo aquí son mucho más valiosos para mí.

Danny observó que después de lo intenso que fue verme enferma de cáncer y al borde de la  muerte, las cosas tampoco eran las mismas para él. Antes de mi  enfermedad, él  había  trabajado  en ventas y mercadeo para una organización multinacional y era el responsable de la  distribución  en Asia. Ahora el trabajo parecía monótono y poco inspirador, después de todo lo que pasamos juntos. ¡Ambos habíamos crecido, cambiado y aprendido tanto!

Danny siempre había soñado con tener su propio negocio y fue en este punto que le dije que lo hiciera. Lo entusiasmé para que siguiera su sueño. Antes de mi ECM, yo también hubiera tenido mucho miedo de alentarlo en ese sentido, porque hubiera pensado que era un gran riesgo… y si fracasábamos, entonces, ¿cómo haríamos para mantenernos?

Pero mis opiniones habían cambiado y cumplir su sueño era más importante, de la misma manera que era vivir una vida sin tener porque lamentarse. Así que lo alenté a organizar el negocio que siempre había querido tener, desarrollando y proveyendo herramientas para evaluar  carreras,  tanto para estudiantes como para corporaciones.



En la medida en que las cosas se iban dando, el cambio de trabajar para una empresa a trabajar en su propia empresa, se le facilitó cuando lo despidieron por sus continuadas ausencias, cuando estuvo pendiente de mí, durante mi enfermedad. En el pasado, esto hubiera sido  un  gran problema; pero después de mi ECM, esto sólo era otra forma de ver el universo trabajando para nosotros. ¡Una oportunidad de hacer algo más emocionante!

Para lograr esta nueva aventura tuvimos que recortar nuestro presupuesto dramáticamente. Nos pasamos a una casa más pequeña y recortamos muchos de nuestros gastos personales. Nos ubicamos en un vecindario bastante humilde situado a una gran distancia de las áreas urbanas de Hong Kong. Nuestra casa estaba en un pueblo remoto, cerca a los límites con China, donde estábamos alejados de nuestra comunidad y esto nos dio la oportunidad de unirnos a otros grupos   y revaluar nuestras vidas. Fue un cambio drástico de lo que estábamos acostumbrados y parecía como si estuviéramos empezando una nueva vida -un nuevo comienzo.

En otros momentos, yo hubiera visto la pérdida del trabajo de Danny, el tener que reducirnos dramáticamente y salirnos de la ciudad como algo negativo o adverso. Esto me hubiera causado mucho miedo porque atentaba contra mi estabilidad. Sin embargo, las palabras: ¡Regresa y vive tu vida sin ningún miedo! se mantenían repitiendo en mi cabeza y supe que todo iba a salir bien. De todos los mensajes que traje de regreso de mi ECM –Todos somos Uno, Somos Amor en nuestro núcleo, Somos Magnificentes– éste era el que se repetía en mi interior con mayor fuerza. Debido a que parecía que venía de mi padre y de mi mejor amiga, Soni, cada vez que lo oía en mi cabeza, sentía la voz de alguno de los dos, dependiendo de la situación. En este caso, vi  estos  eventos  como parte de una aventura mayor que se estaba desarrollando y tuve la impresión de empezar la vida como un “borrón y cuenta nueva”.

En adición, debido a mi ECM, pasé de observar la realidad de afuera-hacia adentro a mirarla de adentro-hacia afuera. O sea, que solía pensar que el mundo externo era real y que yo tenía que trabajar dentro de sus confines; esto es muy parecido a lo que la mayoría de la gente piensa. Con este punto de vista, yo le daba mi poder al mundo externo y los eventos externos  tenían  la habilidad de controlarme –mi comportamiento, mis cambios de humor y mi pensamiento. Las reacciones emocionales y  los sentimientos no eran considerados reales porque no son  tangibles.  Se cree que son puramente reacciones a los eventos externos. En este caso, yo era una víctima de las circunstancias, en lugar de ser la creadora de mi vida. Aún la  enfermedad  era  un  evento externo que simplemente me “sucedió” al azar.

Sin embargo, después de mi ECM, empecé a verme como una parte divina e integral  de  la  Totalidad Mayor. Esto incluye a todo en el universo entero, todo lo que  ha existido y  existirá; y  todo está conectado entre sí. Entendí que yo estaba en el centro de este universo  y  sabía  que todos nosotros nos expresamos desde nuestras perspectivas, ya  que  todos estamos en el  centro  de esta Red Cósmica grandiosa.



Con el tiempo, mientras Danny y yo construíamos juntos esta nueva fase de nuestras vidas, yo entendí estas verdades aún más concretamente. Aunque todo existe dentro de esta Red de Interconexión y todos tenemos acceso a todo ello, mi mundo en cualquier punto en el tiempo, es   un tapiz tejido de todos mis pensamientos, sentimientos, experiencias, relaciones, emociones y eventos, hasta ese momento. Nada existe para mí hasta que se vuelve parte de mi tapiz.  Y yo  puedo aumentarlo o limitarlo al expandir mis experiencias y consciencia o restringiéndolas. Siento como si tuviera una cierta cantidad de elecciones sobre aquello que me permito observar.

Cuando algo entra en mi consciencia, esto se vuelve parte de  mi tapiz. Para referirme nuevamente  a la analogía de la bodega: yo lo he alumbrado con mi linternita. Esto significa que se vuelve parte  de mi sistema de creencias –mi verdad.

Sabía que el propósito de mi vida era expandir mi tapiz y permitir más y más experiencias  grandiosas en mi vida. Por lo tanto, trataba de estirar los límites de lo que era considerado posible en todas las áreas en las cuales había percibido limitaciones anteriormente. Empecé a cuestionar muchas cosas que todos suponíamos eran verdaderas pero que, en realidad, no eran más que creencias determinadas por la sociedad. Observé todo lo que yo juzgaba como  negativo  o  imposible en el pasado y lo cuestioné, particularmente creencias que generaban, en mi interior, sentimientos de miedo o de yo ser inadecuada.

¿Por qué creo esto?, me preguntaba. ¿Es un condicionamiento puramente cultural y social? Puede que me haya aplicado en cierto momento, pero, ¿todavía es verdadero para mí? ¿Me  sirve  continuar creyendo tantas cosas de mi crianza y de lo que me enseñaron que debía creer?

En algunas situaciones, tal vez si, pero en muchos casos, la respuesta era un No rotundo.

Fui criada para creer que las mujeres debían ser sumisas. Siempre había cierto nivel de juicio hacia aquellos que eran demasiado asertivos o poderosos o que sostenían una  alta  posición porque  el  rol primario de una mujer era ser una esposa que apoyara a su marido y ser madre. Yo nunca llené estas expectativas.

Me gasté toda una vida juzgándome, dándome duro por no llenar esas expectativas. Siempre me sentía inadecuada. Pero después de mi ECM, entendí que esos eran un conjunto de estándares falsos, determinados por la sociedad.

También solía creer que yo no era lo suficientemente espiritual y  que  necesitaba  trabajar más  duro en esa área. Luego descubrí que todos somos espirituales, sin importar lo que hagamos o creamos. No podemos ser otra cosa, porque eso es lo que somos –Seres Espirituales. Sólo que nosotros no siempre nos damos cuenta de esto. Eso es todo.

Entendí que la verdadera felicidad y gozo sólo los podría encontrar amándome a mí misma, entrando en mi interior, siguiendo mi corazón y haciendo aquello que me diera alegría. Descubrí  que cuando mi vida parece no tener dirección y me siento perdida (lo cual todavía me sucede con



frecuencia) lo que realmente significa es que he perdido mi Sentido de Ser Yo Misma. No estoy conectada con Quien Realmente Soy y con lo que vine a Ser aquí. Esta ha sido la tendencia cuando dejo de escuchar a mi propia voz interna y entrego mi poder a fuentes externas, tales como comerciales de televisión, periódicos, grandes compañías farmacéuticas, mis  compañeros,  creencias culturales y sociales; y similares.

Anteriormente cuando me sentía perdida, una de  las primeras cosas que  hacía era buscar afuera  las respuestas. Buscaba en libros, profesores y gurús con la esperanza de ellos me proveyeran la siempre elusiva solución. Eso fue exactamente lo primero que hice cuando fui diagnosticada con cáncer. Pero sólo terminé sintiéndome más a la deriva porque estaba entregando más y más mi poder.

Encontré que tener un punto de vista de “dentro hacia afuera” significa ser capaz de confiar completamente en mi guía interna. Es como si lo que yo siento tiene un impacto en mi universo entero. En otras palabras, ya que estoy en el centro de mi red cósmica, el Todo es afectado por mí. Así que en lo que a mí concierne, si estoy feliz, el universo es feliz. Si me amo a mí misma, todo el mundo me amará a mí. Si estoy en paz, toda la creación es pacífica; y así con todo.

Si las cosas parecen retadoras, en lugar de tratar de cambiarlas físicamente (que es lo que hacía previamente a mi ECM) empecé a examinarlas con mi mundo interno. Si estoy estresada, ansiosa, infeliz o algo similar, voy adentro de mi misma y tiendo a ser eso, primero. Me siento conmigo misma, camino en la naturaleza o escucho música hasta que logro centrarme en dónde me siento  en calma y sosegada. Me doy cuenta que cuando hago eso, mi mundo externo también cambia y muchos de los obstáculos simplemente desaparecen sin que realmente haga nada.

Lo que quiero decir con la expresión de estar “centrada” es experimentar el  estar en el  centro de mi red cósmica, estando consciente de mi posición. Este es realmente el único lugar en el que cualquiera de nosotros estamos siempre; y es importante sentirnos centrados en nuestro mismo núcleo.

Pero, de vez en cuando, olvido mi lugar en el núcleo del cosmos y me envuelvo  en todos  los dramas, contradicciones, angustias y en el dolor del mundo físico; no puedo verme como los Seres Expandidos, Magnificentes, Infinitos que realmente somos.

Por suerte, entendí en esos momentos que realmente nunca nos desconectamos del centro. Más bien, lo perdemos de vista temporalmente y no obtenemos el sentimiento de paz y gozo que proviene de él. Nos dejamos atrapar en la ilusión de la separación y no podemos ver  que  la felicidad y la tristeza van de la mano –como la luz y la oscuridad, el yin  y  el  yang.  Nuestra sensación de estar desconectados es simplemente parte de la ilusión de  la  dualidad  que  hace difícil ver la Unicidad formándose de la separatividad que percibimos. Pero estar centrada quiere decir ver a través de esto y nuevamente sentir nuestro lugar infinito en el núcleo de Todo ello… en  el centro de la Unicidad.



Todavía tengo el conocimiento visceral de que somos Uno con el universo. Por lo tanto, supe que aún estando en mi cuerpo físico, aunque me dé cuenta o no, ¡Yo Estoy en el centro de la gran Red Cósmica que es el Universo! Esto es lo mismo que entender mi magnificencia y mi conexión con el Infinito.

Mientras los meses se volvían años, he puesto toda esta consciencia en práctica cada vez más. Algunas veces cuando tenía mucho que hacer y me estresaba por ello, me acusaron de perder tiempo si me tomaba un descanso para centrarme. Pero si trataba de resolver las cosas puramente en el nivel físico, yo sabía que sería de una forma lenta. En estos días todavía lo siento como si estuviera caminando sobre melaza y manejar problemas así, me causa una gran frustración y aumenta mis niveles de estrés.

Sin embargo, he descubierto que si me tomo mi tiempo para buscar mi centro, sin importar lo que  la gente a mi alrededor piense, muchos de los primeros bloqueos y tropiezos desaparecen una vez que soy consciente de mi conexión con el Todo, sintiéndome en calma y feliz. Recibo  mucha claridad durante estas sesiones y simplemente, al estar centrada, muchos de los retos remanentes desaparecen. He encontrado que esta es una manera mucho más efectiva de manejar mi vida comparada con sólo tomarla desde lo externo. Este es un resultado directo de mi ECM y viene del conocimiento de que soy una parte del gran Tapiz Cósmico y que yo estoy en su centro y puedo comunicarme con el universo completo al volverme hacia mi interior.

Con los años y desde mi ECM, también he experimentado cambios  en  mis  requerimientos externos. Descubrí que necesito estar cerca de la naturaleza, particularmente en  el  mar,  para lograr sentirme lo mejor posible. Similar al maravillamiento que sentía los primeros días desde que salí del hospital, veo que  puedo conectar instantáneamente  con mi estado ECM mirando a las olas y escuchando el océano.

He observado gratamente como los amigos cercanos y los miembros inmediatos de mi familia han hecho sus propios cambios. Y esto puede sonar inusual, pero desde mi ECM, mucha gente me ha dicho que ellos sienten un cambio en la energía cuando están cerca a mí. Raramente hablo de esto en público porque creo que tales cosas vienen del  interior del ser. Yo apenas podría reflejar en   ellos lo que están listos para experimentar.

Debido a mi experiencia, yo creo firmemente que todos tenemos la capacidad de sanarnos a nosotros mismos así como facilitar la curación de otros. Cuando nos ponemos en contacto con ese lugar infinito en nuestro interior donde somos Completos, entonces la enfermedad no puede permanecer en el cuerpo. Y debido a que todos estamos conectados, no hay razón alguna para     que una persona en estado de salud y bienestar le impida tocar a otros, elevándolos e impulsando su recuperación. Y cuando curamos a otros, también nos sanamos a nosotros mismos y al planeta. No existe la separación excepto en nuestras mentes.

Mi vida ha tenido sus altibajos y hay momentos en los cuales siento que tengo que trabajar realmente duro para estar centrada. Tengo que manejar cosas mundanas tales como las tareas



domésticas y pagar las cuentas y, desde mi ECM, tengo problemas enfocándome en esos detalles. Sin embargo, nunca estoy lejos de encontrar mi lugar en el universo nuevamente y de sentir estas palabras en mi alma: ¡Sal y vive tu vida sin miedo!

También he encontrado que aunque he hecho algunos nuevos amigos –incluyendo uno en  particular quien realmente me ha ayudado a entender y procesar mi  experiencia-  parece  que tengo dificultad para reconectar con muchos de mis viejos amigos. Ya no soy tan sociable como lo era en el pasado y  no disfruto con las  mismas cosas.  Antes  tenía muchos amigos  pero ahora sólo le permito a muy poca gente entrar a mi vida privada, muchos de ellos los he conocido a través de grupos de ECM durante los últimos años. Un puñado de amigos nos hemos vuelto muy cercanos y algunos de ellos han tenido sus propias y similares experiencias.

También sigo dedicada a los miembros de mi  familia inmediata -mi esposo,  madre y  hermano.  Ellos estuvieron conmigo durante mi crisis cuando más los necesitaba y me siento muy apegada a ellos. Se me ha vuelto difícil sentirme así de cercana con otros.

No es que quiera volverme una persona solitaria. Todavía me acerco a la gente  y  realmente  disfruto ayudándolos a tener un mayor entendimiento, lo cual logro a través de mis escritos y mi trabajo actual como entrenadora cultural. Y como verán en el siguiente capítulo, el  Acto  de  Permitir el Ser yo misma, ha tenido un gran impacto para mí en esta gran aventura.




 CAPÍTULO 14 - LA SANACIÓN ES SÓLO EL COMIENZO



El libro que usted está leyendo es prueba de lo que pasa cuando se pone a trabajar el Acto de Permitir. Quiero compartir con ustedes la serie de sincronicidades que  tuvieron  lugar  para  que este libro existiera.

Inmediatamente después de mi ECM y mi curación, yo estaba eufórica y quería gritar a los cuatro vientos, lo que yo sabía. Quería que todos supieran lo que me había pasado y que sintieran lo que  yo estaba sintiendo. Sin embargo, al  mismo tiempo, sentía miedo de  compartirlo abiertamente  y de tomar cualquier acción en el sentido de publicar mi historia o captar atención. Simplemente no me sentía preparada para manejar toda esa atención y el escrutinio que sentía iba a atraer.

Como el yin siempre parecía combinar con el yang en el ciclo de la vida, observé que aunque de alguna manera estaba preocupada sobre cómo sería recibida mi  experiencia,  algo  todavía  me decía que necesitaba compartirla con una audiencia mucho mayor. Sentía tanto el deseo de hablar sobre esto como la necesidad de retirarme.  Sabía que  cuando el  tiempo fuera correcto y cuando  yo me sintiera lista en mi interior, el camino para obtener una mayor atención y exposición, se desenvolvería con la facilidad que presentí durante mi ECM.

Mientras tanto, simplemente seguí el entendimiento que obtuve con mi experiencia tal como lo describí en el capítulo anterior. Permanecía leal a mí misma y continuaba con el negocio de vivir la vida en la forma que me hacía más feliz –siguiendo mi éxtasis. Estaba segura que aquellos que estaban listos o necesitaban oír lo que yo tenía que decir, me encontrarían. Estuve abierta en todo momento a todas las posibilidades respecto a qué tan lejos sería capaz de llegar mi mensaje, de manera espontánea. Básicamente, siempre he permanecido en el estado de permitir, cuando se trata de este asunto, pero nada me preparó para lo que estaba por suceder…

En marzo de 2011, yo me encontraba en los Emiratos Arabes Unidos, visitando a Sunita, mi amiga  de infancia, quien acababa de abrir un centro de entrenamiento holístico allá. Ella  me  había invitado a compartir mi historia con una audiencia en Dubai y yo estaba muy animada pues todo había salido extremadamente bien. Había estado insegura acerca de cómo sería recibida y quedé gratamente sorprendida con el resultado. De hecho, la visita parecía impulsar un cambio interno  que me abrió la sensación de estar lista, finalmente, para compartir mi historia con un mundo más grande.

Por primera vez desde mi ECM, sentí una transformación en el salón  donde  estaba  dando  mi charla –pero el cambio fue realmente en mi interior, aunque éste afectó a todos los presentes. Yo estaba extasiada por la sanación que se estaba llevando a cabo ante mis ojos. Las personas



estaban recibiendo lo que necesitaban de mi experiencia y todos sintieron que algo estaba sucediendo de una forma muy poderosa.

Reconocí, nuevamente, que otros necesitaban saber lo que yo había experimentado. Me di cuenta que había empezado a perder contacto y no le había permitido fluir al verdadero YO. Una vez más, había estado escondiendo mi verdadero ser por miedo y ansiedad. Así que fue allá en Dubai donde me sentí en contacto con mi Ser Expandido y Magnificente, nuevamente. Estaba lista a emprender cualquier rumbo que la vida me llevara. En ese salón, dejé caer toda mis inhibiciones respecto a compartir mi experiencia con el mundo, a pesar de que no tenía idea de cómo iba a ser recibida. Estaba dispuesta a seguir lo desconocido y a confiar en la ambigüedad.

Hasta ese momento, había pensado que la ECM era especial sólo para mí y aunque yo había traído un mensaje para compartir con otros, la sanación especialmente parecía beneficiarme a mí.  Esto  era parte de la razón para sentir miedo de compartir mi historia -no estaba completamente consciente de cómo otros se iban a beneficiar de mi experiencia. Sin embargo, en ese salón, ese   día, algo cambió. Al mirar la reacción de los otros y la transformación que  se estaba llevando a  cabo, de pronto entendí que tanto el que yo me enfermara de cáncer como mi sanación, eran realmente para el planeta. Si todos nosotros somos Uno, lo que me pase a mí, nos pasa a todos. Y   lo que pase para mí, también pasa para todo el universo. Entendí que la razón por la cual me enfermé y luego escogí regresar, era para servir como un instrumento de sanación que  tuviera  lugar en otros –no simplemente sanación física, sino, aún más importante, sanación emocional, ya que nuestros sentimientos son realmente los que manejan nuestra realidad física.

Previamente, había pensado que mi sanación del cáncer era la culminación de mi viaje -parecía ser la cima de todo lo que me había pasado en mi vida y el final de mi historia. Pero entendí en Dubai que mi recuperación era sólo el comienzo. Era la apertura de un nuevo capítulo, de un mayor desenvolvimiento y todo lo que yo tenía que hacer era dar un paso adentro de la ambigüedad.

De nuevo, supe que no tendría que hacer nada; esto simplemente se desenvolvería, siempre y cuando, yo permitiera que esto pasara y en ese momento pensé: ¡Déjalo que suceda! Lo que sea  que tengas para mi, ¡estoy abierta para recibirlo! ¡Ahora entiendo!

Llevaba en Dubai una semana cuando desperté el 16 de marzo y verifiqué mi correo esperando encontrar mensajes de cumpleaños de mis amigos y miembros de mi familia. Para mi sorpresa,  había un mensaje de un asistente editorial de Hay House, que decía: “Wayne Dyer es un gran seguidor suyo después de haber leído su ECM. Si está interesada en escribir un libro sobre su experiencia, Hay House estaría muy interesada en trabajar con usted en su desarrollo y  publicación”.

Mientras leía esas palabras, no podía contener las lágrimas que bajaban por mis mejillas. ¡Qué increíble sorpresa de cumpleaños! ¡Qué confirmación para mis sentimientos del día anterior!



Yo ya había empezado a escribir un libro y aún más, había pensado cómo haría para publicarlo; el proyecto parecía difícil y más allá de mis capacidades para lograrlo. Y hasta el  día  anterior,  no había estado preparada del todo para extender mi alcance a un mundo mayor.

Sin embargo, durante los últimos meses, muchas personas me habían preguntado si yo estaba escribiendo un libro sobre mi experiencia. Cuando contesté que sí, me preguntaron si ya tenía una casa editorial y dije que no.

La mayoría entonces me dijo: “Aunque tu historia es sorprendente, es realmente difícil conseguir estos días, un editor que siquiera lea el manuscrito. Ahora hay tanto material de tipo espiritual,    que probablemente no quieran mirarlo. Debes estar preparada para ser rechazada una y otra vez.”

También oí: “Necesitas un agente literario para que, simplemente, lleve el manuscrito al escritorio del editor. Ellos ni siquiera mirarán algo que no venga a través de un agente literario,” y “Lo mejor será que tú misma lo publiques. ¡Eso es mucho más fácil!”

A todos y cada uno de estos individuos, yo les respondí: “Realmente no planeo ir  a  tocar  las puertas de los editores o rogarle a la gente que  reciba mi libro. Mi  historia se  extenderá a su  propia velocidad y si se supone que alcance las masas, el universo conspirará para  que  eso  suceda.”

En este punto, había mencionado a varios amigos que de todas las opciones que  existían,  yo soñaba que un día Hay House lo publicara, porque pensaba que eran los mejores en este género y me encantaban todos sus escritores. Entré en su sitio en la red y encontré que ellos no aceptaban manuscritos que no les llegaran a través de un agente literario. Ni siquiera sabía cómo empezar a buscar un agente, así que simplemente lo solté y continué con mi vida.

Como lo expliqué antes, desde mi ECM, tenía la impresión que algo grande estaba pasando. Me sentía guiada y dirigida, aún en esos momentos cuando mi vida no parecía ser dirigida en ninguna dirección en particular. Aún confiaba en lo que había sentido durante mi experiencia y sabía que todo estaba bien, tal como debía ser. Recibir el correo de Hay House confirmaba que lo que había sentido todo este tiempo era perfectamente correcto.

Obviamente, respondí emocionada diciendo, “Si, si, si.” Hasta le dije al asistente editorial  que era  mi cumpleaños y que ¡éste era un regalo muy lindo!

Algunos días después cuando regresé a casa en Hong Kong, recibí un mensaje de mi vieja amiga Verónica Lee, contándome que ella había estado oyendo a Wayne Dyer en su programa de radio hablando de mí y mi ECM. Me contó que él había hablado sobre mí varias semanas seguidas, de modo que fui a la página web de Radio de Hay House, accedí a los archivos  y empecé a escuchar.  Allí estaba Wayne, ¡hablando de mi experiencia semana tras semana! Por supuesto que estaba emocionada de oírlo hablar de mí a una audiencia tan amplia.



Poco después de esto, yo quería sorprender a Wayne y decidí llamar a su  programa mientras  él salía al aire en vivo, aceptando llamadas y  contestando preguntas.  Debido a la diferencia horaria,  su programa sale al aire a las 4.00 a.m. hora de Hong Kong. Así que puse mi alarma para las 3.30 a.m., me levanté, me sintonicé en línea y empecé a marcar. Las dos primeras veces la línea estaba ocupada, pero para mi dicha, finalmente logré la comunicación y ¡ni siquiera eran las 4.00 a.m. todavía!

La persona que contestó el teléfono preguntó mi nombre y de dónde  estaba  llamando.  Me  dejaron en espera. Cuando el programa realmente comenzó, después de la introducción y  lo  demás, la productora de Wayne, Diane Ray, dijo: “Mira, hay una  llamada de Hong Kong, ¿por qué  no tomamos esa?” Mi corazón dejó de latir cuando la oí decir eso. (Después supe que era extremadamente difícil lograr la comunicación en el programa de radio de Wayne.)

Aún antes de entrar en la línea, Wayne dijo, “¡Dios mío, creo saber quién es! ¿Es quién yo estoy pensando?”

“Hola, soy Anita”, le respondí.

“Dios mío, es Anita, quien tuvo la ECM! ¡Estoy tan emocionado de tenerte en mi programa!”, él exclamó. “Diane, ¿puedes detener todas las demás llamadas? ¡Voy a pasar el  resto de programa  con esta llamada!”, Luego, me pidió que compartiera mi historia al aire.

Después de que el programa terminó, Wayne me pidió que me quedara en línea.  Hablamos  un poco más y me dijo que estaría honrado de escribir el Prólogo de mi libro, si yo se lo permitía.

Yo pensaba, ¿permitirle? – ¿estás bromeando? ¡Yo estaría emocionada!

Wayne continuó diciéndome que él había impreso la historia completa sobre  mi ECM que  estaba  en la red, la cual es de aproximadamente 21 páginas. Él había hecho cerca de 40 copias y las había repartido a todos los que conocía. La había compartido con su madre, quien había obtenido de    ella, mucho alivio. También me dijo que me había citado varias veces en su último libro, “Wishes Fulfilled” (Deseos Cumplidos).

Lo único que yo podía pensar era: ¿Realmente está pasando esto? ¿Wayne Dyer me citó en su último libro?

Luego, intercambiamos nuestras direcciones y teléfonos y Wayne me dijo que era bienvenida para llamarlo a cualquier hora.

¡Estaba llena de gozo! Pasé los siguientes días caminando en las nubes, sin poder comer o dormir, con la sensación constante de tener mariposas en el estómago. Sentía que estaba en el borde de algo realmente grande y supe que sería una prueba retadora para mi  habilidad  de  agarrarme fuerte y no hacer nada más que ser yo misma, disfrutar el paseo y… permitirlo.



Durante las siguientes semanas, tuve muchas oportunidades de hablar con Wayne por teléfono  para discutir el libro y su dirección; me leía el hermoso prólogo que había escrito, lo cual hizo que llorara de nuevo. Soy un poco débil para estas cosas –especialmente cuando tengo la visión de mi ECM desenvolviéndose ante mí.

Durante una de nuestras conversaciones, Wayne me contó que cuando leyó mi experiencia por primera vez, él no le pidió a Hay House que me ubicara. Les dijo que ellos tenían que encontrarme,   y que si yo estaba escribiendo un libro, ¡ellos tenían que publicarlo!

Como se pueden imaginar, yo estaba que explotaba con esta revelación y le pregunté  cómo se  había enterado de mi experiencia. Me dijo que había oído de mí a través de una  mujer  llamada Mira Kelley, quien vive en New York, y luego nos presentó vía correo electrónico. Mira y yo empezamos a escribirnos y hablar por teléfono; ella me contó todos los pequeños e increíbles eventos que tuvieron que darse en el momento preciso, para que Wayne tuviera acceso a mi ECM.  Él no navega en línea, ni le gusta pasar una gran cantidad de tiempo en la computadora leyendo artículos largos, así que él no había tropezado con mi historia por accidente.

Aquí los dejo con Mira para que les narre la cadena de eventos, en sus propias palabras:

El 11 de enero de 2011, hablé con un amigo quien me dijo que Wayne  Dyer  estaba  llevando un grupo a Europa en una excursión llamada “Experimentando lo Milagroso.” Mi intuición se ancló en la palabra milagroso. Yo sabía que Wayne tenía leucemia y al oír esta palabra de alguna forma me llevó a entender que él estaba listo para un milagro.

Inicialmente me convencí de no contactar a Wayne, pero la sensación que tenía de hablar con él persistía y se volvió cada vez más intensa. Me dije a mi misma que si yo estaba destinada a ser una herramienta en las manos de Dios, tenía que permitir el desarrollo de cualquier milagro que necesitaba llevarse a cabo. Varios días más  tarde,  le  escribí  una carta a Wayne.

Cuando él me llamó un mes después, yo había olvidado  el  incidente.  Hablamos brevemente y estábamos por colgar, cuando interrumpí la despedida de Wayne. Para mi propia sorpresa, dije que había algo que le quería enviar, algo que él necesitaba leer. Sin ninguna vacilación, me dio un número de fax.

Ese “algo” era la historia ECM de Anita, que había llegado a la bandeja de entrada de mi correo apenas el día anterior, a través de una lista de personas que intercambian correos electrónicos sobre temas espirituales. La persona que envió el mensaje destacó la sección  de la historia que hablaba de todos los tiempos sucediéndose simultáneamente, lo cual captó mi atención debido a mi trabajo en regresiones; al leer el recuento de Anita, me hizo experimentar la sensación mágica de estar encerrada en la verdadera vibración de mi espíritu.



En el mismo momento en que Wayne y yo colgamos el teléfono, la pregunta ¿Por qué? volvió a salir a flote. Por qué me siento tan obligada a compartir la historia de Anita con Wayne? La única explicación que pude encontrar en ese momento fue que describía tan perfectamente lo que yo creía y lo que yo podía ofrecer. A través de enviarle a Wayne la historia de Anita, yo le estaba diciendo: “Yo sé que puedes sanarte instantáneamente. Esa posibilidad existe y si escoges conocerte a ti mismo como salud perfecta, yo te  puedo ayudar a crear esa realidad.” Me hubiera tomado mucho más tiempo durante la conversación para explicarle lo que Anita tan sencilla y elocuentemente había puesto en palabras.

Ahora veo una segunda razón. Entiendo que soy parte del proceso que busca llevar las palabras inspiradoras de Anita al planeta entero. El tiempo estaba absolutamente sincronizado. Si ese correo hubiera llegando antes, no hubiera estado en la primera fila de mis pensamientos y yo no lo hubiera compartido con Wayne. Si hubiera llegado más tarde, no hubiera recibido este enorme reconocimiento. La sincronicidad de este evento tan mágico nos recuerda que cada cosa pasa a la vez, en el mismo momento sin tiempo, simplemente como Anita lo había descubierto durante su ECM.

Wayne y yo acordamos hacer una regresión y volé a Maui para encontrarme con él.  El 15  de abril, cuando fui a la casa de Wayne, él estaba en el teléfono. Cuando colgó me dijo que estaba hablando con Hay House y que ellos publicarían  el libro de Anita.  Su entusiasmo   me confirmó que él estaba listo para su propio evento milagroso. Su sesión fue profundamente poderosa y yo comparto su creencia de que está sanado de la leucemia.

Miré nuevamente el mensaje que me trajo la historia de Anita y encontré que venía de alguien que yo no conocía –Ozgian Zulchefil, un ingeniero que vive en Constanta, Rumania. Cuando le compartí estas sincronicidades inspiradoras y sobrecogedoras de las que él fue parte, me respondió que estaba feliz porque yo me tomara el trabajo de decírselo, aunque no recuerda dónde encontró la cuenta de la ECM de Anita. Él dice que esto nos sirve como confirmación de que constantemente nos afectamos unos a otros con lo que hacemos y decimos, aún cuando no estemos conscientes de ello. Por lo tanto, él concluyó: “Es importante tener una actitud buena y positiva en cada momento de nuestras vidas aunque no le veas la razón para hacerlo, en primer lugar.” No pude dejar de sonreír.

Sólo hace unos días, recibí un correo sugiriendo que viera una entrevista inspiradora con una mujer llamada Anita Moorjani, quien se había curado milagrosamente de un cáncer, seguido por una ECM. Sentí una oleada de emoción mientras recordaba que Wayne y yo coincidimos en que nuestra reunión había permitido que las poderosas palabras de Amor  de Anita, tocaran y elevaran a millones de personas. Recibir ese correo fue la confirmación de que el círculo se había completado. Simultáneamente, las palabras de Anita habían ayudado en la creación de la sanación de Wayne. Al permitir que el Espíritu se moviera a



través mío, me volví una herramienta en las manos de Dios de una manera que no hubiera imaginado jamás.

La historia de Mira simplemente refuerza lo que todos y cada uno de nosotros somos –facetas únicas e indispensables del universo infinito. Cada uno de nosotros es una parte integral del grandioso tapiz desenvolviéndose, que continuamente está trabajando en la sanación del planeta. Nuestra única obligación es siempre ser fieles a nosotros mismos y… permitir.

Al mirar atrás la trayectoria de mi vida, es claro como el cristal que cada paso dado en mi camino - antes y después mi ECM, tanto esos eventos que vi como positivos y aquellos que percibí como negativos- han sido finalmente, para mi beneficio y me han guiado adónde estoy hoy. Lo que también es muy claro, es que el universo sólo me da lo que estoy lista para recibir y sólo cuando estoy lista. Únicamente cuando eliminé mi angustia y ansiedad acerca de que la publicidad  demorara el proceso, recibí la confirmación del universo inmediatamente a través del  correo de  Hay House. Soy Yo quien permite o no, qué tanto de lo que quiero, llegue a mi vida.

El libro que usted está leyendo es, desde mi perspectiva, simplemente la última prueba de esto. Si no hubiera sido por el ambiente en el cual crecí y la forma en la que me vi a mí misma y reaccioné    a medida que experimentaba todo lo que transpiraba en mi vida, muy probablemente no hubiera tenido cáncer. Sin el cáncer no hubiera habido una ECM, y eso significaría no tener una visión especial para compartir con el mundo. Si alguno de esos pasos se hubiera eliminado, el resultado podría haber sido muy diferente. Aunque pienso firmemente que no es necesario llegar al estado extremo de una ECM para poder sanar o para tener un gran propósito en la vida, puedo ver que mi camino personal me ha guiado hasta este punto. Todo pasa cuando estamos listos  para  que  suceda.

Ahora he aprendido verdaderamente, que cuando estoy centrada –cuando me doy cuenta de que  mi lugar es en el corazón del  universo y siento mi magnificencia y mi  conexión con todo lo que Es- el tiempo y el espacio se vuelven irrelevantes. Si alguna vez han estado en un sueño profundo y envueltos en un sueño intrincado que culmina en el timbre de una puerta o del teléfono y de repente se despiertan para darse que en realidad están timbrando en la puerta o el teléfono está sonando, entonces han experimentado el no tiempo. Aunque la puerta o el teléfono hayan  timbrado apenas unos segundos antes de despertarse, parece como si todo el drama de su sueño girara alrededor de ese momento final.

Así  es como la vida se vuelve  cuando uno realmente se da cuenta que  es Uno con Todo. El  tiempo y espacio pierden toda importancia. Por ejemplo, recibí el correo de Hay House en el momento exacto para mí; sin embargo un drama completo se desarrollaba en el lado de Wayne Dyer que culminó cuando recibí el mensaje.

Me gustaría decir también, que después de mi ECM, las cosas se volvieron más fáciles. Ya no le tengo miedo a la muerte, al cáncer, a los accidentes o a cualquiera de  las miríadas de  cosas  que  me preocupaban antes. ¡Lo único que quería era expandirme dentro de un mundo más grande! He



aprendido a confiar en la sabiduría de mi ser infinito. Sé que yo soy –junto con todos los demás- poderosa, magnificente, amada incondicionalmente y una fuerza de amor.

Esta energía fluye a través de mí, me rodea y no es diferente de mí. Es de hecho, Quién y Lo Qué  Soy realmente; creer en ella es simplemente creer en mí misma. Permitirle que ella me guíe, me protege y me brinda todo lo necesario para mi felicidad y  bienestar total y esto sólo sucede al ser  yo misma. Lo único que necesito es ser el amor magnificente que soy y permitir acontecimientos y circunstancias en mi vida, ya que estoy segura que ellos siempre están a favor de mis intereses, a largo plazo.

Me desapego de resultados preconcebidos y confío en que todo está bien.  El  Ser  yo  misma permite que la unidad de mi magnificencia única me guíe en la dirección que es más benéfica para mí y para todos los demás. Ésta es realmente la única cosa que tengo que hacer. Y dentro de ese esquema, todo lo que es realmente mío, viene a mi vida sin esfuerzo, en las formas más mágicas e inesperadas que se puedan imaginar, demostrando cada día el poder y el  amor  de  quién  realmente soy.


  
 PARTE III - LO QUE HE LLEGADO A ENTENDER

CAPÍTULO 15

POR QUÉ ME ENFERMÉ…Y SANÉ


Durante mi ECM, experimenté tanta claridad. La pregunta que me hacen con más frecuencia  cuando estoy compartiendo mi historia, es: “Entonces, ¿qué causó su cáncer?” Es perfectamente entendible que la mayoría de la gente esté tan interesada en esa respuesta.

Pero antes que me extienda en ella, sólo quiero alertarlos de los peligros inherentes a este tópico. Uno de los riesgos es que lo que yo diga podría aparentar que las personas que no se recuperan o que aún tienen cáncer, u otras enfermedades, son de algún modo “menos” que aquellos  que  se  han sanado. Esto, simplemente, ¡no es verdad!

También puede ser muy frustrante si lo que yo digo suena demasiado simplista, especialmente cuando usted o alguien que usted conoce están sufriendo. Este es uno de los primeros problemas con el lenguaje –algunas veces las palabras pueden causar más daño que  bienestar.  Deseo  enfatizar que alguien que todavía tenga cáncer o que no se haya sanado es una persona completamente magnificente. Las razones de su enfermedad yacen en su viaje personal y probablemente estén relacionadas con su propósito individual. Ahora puedo ver que  mi enfermedad fue parte del por qué estoy aquí y si hubiera escogido vivir o morir no sería por eso, menos magnificente.

Sé que habrá quienes no estén de acuerdo con lo que digo sobre la sanación, lo cual es perfecto. Sólo estoy expresando lo que sentí que pasó en mi interior en ese momento, con la esperanza de que mis palabras puedan ayudar a alguien más.

Como dije, la pregunta más frecuente que me hacen es por qué me dio cáncer. Puedo resumir la respuesta en una palabra: miedo.

¿A qué le temía? Casi a todo: al fracaso, a no gustarle a nadie, a quedarle mal a la gente y a no ser   lo suficientemente buena. También le temía a la enfermedad, al  cáncer  en  particular, lo mismo  que a su tratamiento. Le tenía miedo a vivir y estaba aterrada de morir.

El miedo es muy sutil y se nos puede trepar  gradualmente sin que nos demos cuenta. Mirando  hacia atrás, veo que a la mayoría de nosotros se nos enseña, desde muy pequeños, a tener miedo, aunque no creo que hayamos nacido de esa forma.

Una de las cosas que creo es que ya somos aquello que tratamos de lograr durante todas nuestras vidas, pero simplemente, ¡no nos damos cuenta! Venimos a la vida sabiendo de nuestra magnificencia. No sé la razón, pero el mundo parece derribarla mientras empezamos a crecer.



Empieza sutilmente al principio con pequeños signos de ansiedad, tales como no ser querida o no ser lo suficientemente buena, tal vez porque nos veamos diferentes de nuestros compañeros, tal  vez porque somos de otra raza, demasiado altos, demasiado pequeños, demasiado gordos, o demasiado delgados. ¡Deseamos tanto encajar en el medio! No  recuerdo  haber  sido  alentada  a ser quien yo realmente era, ni fiel a mí misma, ni me confirmaron que estaba bien ser diferente. Todo lo que recuerdo es esa pequeña voz molesta de desaprobación que continuamente oía en mi cabeza.

Yo le daba gusto a los demás y le temía a la desaprobación sin importar de dónde venía.  Maniobraba para evitar que la gente pensara mal de mí y con el paso de los años, me perdí a mí misma en el proceso. Estaba completamente desconectada de quién era yo o lo  que  quería,  porque todo lo que hacía estaba diseñado para ganar la aprobación –de todos, excepto la mía propia. De hecho, en los años que me llevaron al cáncer, si alguien me hubiera preguntado que quería en la vida, habría tenido que decir que en realidad no lo sabía. Estaba tan envuelta en las expectativas de mi  cultura, tratando de ser la persona  que se esperaba que fuera que realmente  no sabía qué era importante para mí.

Después de que mi mejor amiga, Soni, y el cuñado de Danny fueron diagnosticados con cáncer, empecé a desarrollar un profundo miedo a la enfermedad. Sentía que si los había golpeado a ellos, podría hacerlo con cualquiera, de tal forma que empecé a hacer todo lo que podía para evitar enfermarme. Sin embargo, en la medida en que más leía sobre su prevención,  más  sentía  que  tenía razón de tener miedo. Me parecía que todo causaba cáncer. Leí sobre como los agentes patógenos en el ambiente y en la comida eran cancerígenos; los hornos microondas, el uso de recipientes plásticos para comida, comer cualquier cosa con preservantes, usar teléfonos celulares
–todos ellos parecían causar cáncer. La lista continuaba sin límite.

No solamente le tenía temor a la enfermedad en sí, sino también al tratamiento de quimioterapia. Como lo describí, Soni murió mientras estaba bajo ese tipo de tratamiento, lo cual simplemente exacerbó mis miedos.

Lentamente, me encontré aterrada tanto de morir como de vivir. Era casi como si estuviera  atrapada por mis miedos. Mi experiencia de vida se estaba volviendo cada vez más  pequeña  porque para mí el mundo era un lugar amenazante… Y luego, me diagnosticaron cáncer.

Aunque parecía que estaba dándole la pelea a la enfermedad, yo creía que el cáncer era una sentencia de muerte. Pasé por las etapas de hacer todo lo que podía, pero en el fondo  de mi  mente, todavía creía que no lo iba a lograr. Y le tenía mucho, mucho, miedo a la muerte.

El hecho de que los científicos continuamente decían que estaban tratando de encontrar una cura para el cáncer, me indicaba que aún no había una solución conocida. Este parecía ser un hecho aceptado, por lo menos en el mundo médico convencional. Estar informada que la medicina convencional era la única opción y que esta disciplina admitía que no había cura, fue suficiente    para enviar un sentimiento profundo de terror al centro de mi corazón. La palabra cáncer en



misma fue suficiente para causarme miedo y las falencias de la ciencia, apoyaron el sentimiento de que iba a morir.

Aún así hice todo lo que pude, pero la enfermedad parecía estar progresando y empeorando. Aunque la mayoría de la gente que conocía me aconsejó en contra, opté por  la  medicina  alternativa porque sentía que con la terapia convencional, estaba condenada desde el  comienzo.   En su lugar, tomé todas las modalidades que conocía y como mencioné antes,  renuncié  a  mi trabajo y me dediqué durante años a este proceso.

Intenté la sanación a través de la fe, la oración, la meditación y las sesiones energéticas. Leí todos  los libros a los que pude echar mano sobre el cáncer, aprendí cada connotación posible dada a la enfermedad. Trabajé en terapia del  perdón y perdoné a  todos los  que conocía y después, los volví  a perdonar. Viajé a la India y a China, conocí monjes budistas, yoguis indios y maestros iluminados, con la esperanza de que ellos me ayudaran a encontrar respuestas que condujeran a la sanación. Intenté ser vegetariana, meditar en la cima de la montaña, el yoga, la medicina ayurvédica, el balance de los chakras, la medicina china herbal, la sanación pránica y Chi Gong.

Pero a pesar de todo esto, mi cáncer continuaba empeorando. Mi mente estaba en un estado de total confusión y yo continuaba perdiéndome, aún más, en diferentes modalidades de sanación, probando todo, sólo para  permanecer viva, mientras mi  salud continuaba deteriorándose.  Como  lo describí antes, mi cuerpo, eventualmente, dejó de absorber nutrientes y tuve una pérdida muscular al punto que ya no pude caminar. La silla de ruedas se volvió mi única  forma  de  movilidad.  Mi cabeza colgaba del cuello como una bola de bolos agrandada y no podía respirar sin  el tanque de oxígeno que nunca se apartó de mi lado. Mientras dormía mi esposo permanecía despierto toda la noche sólo para asegurarse que yo todavía respiraba. Mi madre me cuidaba porque yo no podía hacerlo. Fue muy difícil para todos nosotros y podía sentir su dolor sumado al mío.

Ni siquiera puedo describir que tan intenso era el terror que estaba experimentando, día tras día, mientras mi cuerpo continuaba deteriorándose. Me agarraba  a  la vida con las uñas. Iba  a  grupos de sanación espiritual donde incluso me dijeron que esto era mi elección. También escuché que el mundo es una ilusión.

Estaba muy frustrada y con miedo, preguntándome: ¿Por qué iba yo a escoger esto? ¿Cómo puedo escoger algo diferente? Si esto es una ilusión, ¿por qué se siente tan real? Si Dios oye todas las oraciones, ¿por qué no está oyendo las mías? Había estado probando seriamente  todo  lo  que pude: perdón, limpieza, sanación, oración y meditación. Simplemente no podía entender por qué me estaba pasando esto.

Pero cuando finalmente se volvió demasiado difícil de aguantar, me solté. Hubo un total e interno dejar ir. Después de que el cáncer devastó mi cuerpo durante más de 4 años, simplemente estaba demasiado débil para continuar… así que me rendí. Estaba cansada. Sabía que el siguiente paso



sería la muerte y finalmente había llegado al punto donde le daba la bienvenida. Cualquier cosa tenía que ser mejor que esto.

Ahí fue cuando caí en un coma y mis órganos empezaron a apagarse. Sabía que nada podría ser  peor que lo que mi familia y yo estábamos viviendo. Y entonces empecé a sumergirme hacia la muerte.

El reino que experimenté cuando mi cuerpo se apagó me permitió ver mi propia magnificencia, sin distorsiones por el miedo. Fui consciente que tenía acceso a un poder grandioso.

Cuando renuncié a aferrarme a la vida física, no sentía que necesitaba hacer nada  en particular  para entrar en el otro reino, como rezar, cantar, usar mantras, el perdón o cualquier otra técnica. Continuar era parecido a hacer absolutamente nada. Era algo parecido a decirle a nadie  en  especial: “Bueno, no tengo más para dar. Me rindo. Tómame, haz lo que quieras  conmigo.  Te saliste con la tuya.”

En ese estado de claridad en el otro reino, instintivamente entendí que yo  estaba muriendo  a  causa de todos mis miedos. No estaba expresando mi verdadero ser  porque mis  preocupaciones  no me dejaban hacerlo. Entendí que el cáncer no era un castigo o algo por el estilo. Era  simplemente mi propia energía, manifestándose como cáncer porque mis  miedos  no  permitían que me expresara como la fuerza magnificente que se suponía era.

En este estado expansivo, fui consciente de cuán duro me había tratado y juzgado a mí misma durante toda mi vida. Nadie me estaba castigando. Finalmente había entendido que era a mí a  quien no había perdonado y no a otras personas. Yo era a quién estaba juzgando, a quién había abandonado y a quién no había amado lo suficiente.   No tenía nada que ver con nadie más. Me vi    a mí misma como una niña linda del universo. Sólo por el hecho de existir, me hacía merecedora al amor incondicional. Me di cuenta de que no necesitaba hacer nada para merecerlo –ni rezar, ni rogar ni nada más. Entendí que nunca me había amado a mí misma, ni valorado, ni había visto la belleza de mi propia alma. Aunque la magnificencia incondicional siempre estaba para mí, sentía como si la vida física la hubiera, de algún modo, decantado o desgastado.

Este entendimiento hizo que me diera cuenta que ya no había nada que temer. Yo vi aquello a lo que tengo acceso -a lo que todos tenemos acceso. Y por esto hice una poderosa elección: regresar. Esta decisión, hecha en estado consciente, fue la única y más poderosa fuerza que dirigió  mi regreso. En el momento en que desperté de nuevo en mi cuerpo, supe que cada una de las células respondería a la decisión de regresar y que iba a estar bien.

De regreso en mi ser físico en el hospital, entendí que después de todo –todos los exámenes, biopsias y drogas- se llevarían a cabo para satisfacer a los demás a mi alrededor. Aunque mucho     de ello era extremadamente doloroso, yo sabía que iba a estar bien. Mi magnificente e infinito ser había decidido continuar viviendo y expresándose a través de este cuerpo, así que nada en  el mundo podría afectar esta decisión.



Quiero aclarar que mi sanación no nació de un cambio en el estado de mi mente o de  mis  creencias, sino a que finalmente permití que mi verdadero espíritu brillara. Muchos me han preguntado si el pensamiento positivo ocasionó mi  recuperación; la respuesta es no. El  estado en  el que estaba durante mi ECM fue mucho más allá de la mente y me sané  porque  mis  pensamientos dañinos estaban simplemente fuera del camino por completo. Yo no estaba en un estado de pensar, sino en un estado de Ser. Esto era Consciencia pura – ¡lo que yo llamo magnificencia! En este estado de Unicidad se trasciende la dualidad. Era capaz de  estar  en  contacto con quien soy de verdad, la parte de mí que es eterna, infinita y abarca el Todo. Definitivamente, este no era un caso de “mente sobre materia”.

No recomiendo el punto de vista de que si “creemos de cierta manera”, seamos capaces  de  eliminar la enfermedad o crear una vida ideal. Algunas veces esto puede ser demasiado simplista.  En cambio, me enfoco más en la consciencia de ser, lo cual es diferente. El estar tan metidos en creencias que ya no nos sirven, puede mantenernos encerrados en un estado de dualidad y de permanente juzgamiento. Lo que apoyamos lo consideramos “bueno” y “positivo”; y lo que no, no.

Esto también nos pone en la posición de necesitar defender nuestras creencias cuando los  demás no estén de acuerdo. Y cuando invertimos demasiada energía en defendernos, nos volvemos  reacios a soltarlas, aún cuando estas ideas ya no nos sirvan. Ahí es cuando nuestras creencias empiezan a poseernos, en lugar de ser al revés.

Por otro lado, tener consciencia, sólo significa darnos cuenta qué existe y qué es  posible  –sin juicios. El Ser consciente no necesita defenderse. Se expande, crece y puede abarcarlo todo, acercándonos al estado de Unicidad. Ahí es donde los milagros tienen lugar. Por el contrario, las creencias sólo nos permiten aquello que consideramos creíble y descartamos todo lo demás.

Así que ¡no!, no fueron mis creencias las que causaron que me sanara. Mi ECM era un estado de pura consciencia, o sea, un estado en el cual todas las doctrinas y dogmas que previamente  sostenía, quedaron suspendidas. Esto le permitió a mi cuerpo “reinicializarse”, por sí mismo. En otras palabras, lo que se requería era una ausencia de creencias para mi sanación.

En el momento en que renuncié por completo a mi fuerte deseo de permanecer viva, experimenté  la muerte. Y en la muerte, entendí que todavía no era mi tiempo. Cuando estuve dispuesta a soltar lo que quería, recibí lo que era mío de verdad; y entendí que lo segundo es siempre el  regalo  mayor.

Desde mi ECM, aprendí que las ideologías sostenidas fuertemente, realmente trabajan en mi  contra. La necesidad de actuar sobre creencias concretas limita mis experiencias porque me mantiene sólo en el reino de lo conocido -y mi conocimiento se limita. Y si me restrinjo a  sólo lo  que soy capaz de concebir, estoy deteniendo mi potencial y lo que permito en mi vida.  Sin  embargo, si  puedo aceptar que mi entendimiento es incompleto y soy capaz de estar cómoda con  la incertidumbre, esto me abre al reino de las infinitas posibilidades.



Caí en cuenta que después de mi ECM soy muy poderosa con sólo soltar; con sólo desapegarme de mis creencias y de mis no creencias, me abro a todas las posibilidades. Así mismo esto se da al experimentar una claridad interna mayor y la sincronicidad. Siento que el mismo hecho  de  necesitar seguridad es un bloqueo para experimentar mayores niveles de consciencia. Por el contrario, el proceso de soltar y abandonar todas las ataduras a cualquier creencia o resultado, produce un efecto de liberación por catarsis que conduce a la sanación. La dicotomía es que para que la verdadera sanación ocurra, debo desapegarme de la necesidad de ser sanada y sólo gozar y confiar en el hermoso viaje que es la vida.

Fue importante darme cuenta que soy mucho más que mi biología, que soy algo infinitamente mayor. Y nuevamente, quiero reiterar que ¡la enfermedad no es nuestra culpa!  Pensar  de  ese modo puede ser frustrante para cualquier persona que esté enferma; pero estoy diciendo que nuestra biología responde a nuestra consciencia; nuestros hijos, animales y nuestros alrededores también lo hacen. Nuestra consciencia puede cambiar las condiciones del planeta de una forma mayor de la que nos damos cuenta. Esto se debe a que ¡todos estamos conectados -no me canso   de repetirlo lo suficiente!

Para mí, el primer paso para estar consciente es entender cómo la naturaleza quiso que fueran las cosas. Esto significa estar conscientes de nuestros cuerpos y nuestros alrededores y ser capaces de respetar la esencia de las cosas, sin exigir que sean diferentes -y esto nos incluye a  nosotros mismos. Debemos entender la magnificencia de cómo el universo tiene la  intención  de  que  seamos sin necesidad de cambios. No tenemos que tratar de vivir para llenar las expectativas de perfección de otras personas y luego sentirnos inadecuados cuando fallamos.

Estoy en mi nivel más alto de poder cuando me permito a mí misma ser lo que la vida intenta que  yo sea –a eso se debió que mi sanación ocurriera solamente cuando toda acción consciente, de mi parte, hubo cesado completamente y la fuerza de la vida tomó el mando. En otras palabras, estoy  en mi punto de poder más elevado cuando trabajo fluyendo con la vida en vez de ir en contra de  ella.

Está muy bien que yo les hable sobre  sanación después de que lo experimenté o que yo les diga  que crean y se suelten dejando que la corriente de la vida se encargue; pero cuando uno está pasando por un período realmente bajo, es difícil hacerlo –y,  más aún, saber por dónde empezar. Sin embargo, creo que la respuesta es más simple de lo que parece y es uno de los secretos mejor guardados de nuestro tiempo. La importancia de amarse a sí mismo. Ustedes pueden fruncir  el  ceño o bajar la cabeza desaprobando esta idea pero no puedo enfatizar lo suficiente qué tan importante es cultivar un profundo romance con ustedes mismos.

No recuerdo que me motivaran nunca a quererme a mí misma -de hecho, nunca se me hubiera ocurrido hacerlo. Se piensa comúnmente que eso es ser egoísta, pero mi ECM me  permitió entender que ésta era la clave de mi sanación.



En el tapiz de la vida, todos estamos conectados. Cada uno de nosotros es un regalo para aquellos que están a nuestro alrededor, ayudándonos entre sí a ser quienes somos, tejiendo  juntos  el cuadro perfecto. Cuando estaba en el estado ECM, todo se volvió tan claro para mí porque entendí que ser yo, es ser amor. Esta es la lección que salvó mi vida.

Muchos de nosotros todavía creemos que tenemos que trabajar para ser amorosos; eso significa vivir en la dualidad, porque hay uno que da y otro que recibe. Entender que somos amor lo trasciende. Significa entender que no hay separación entre tú y yo y si yo soy consciente que soy amor, entonces sé que tú también lo eres. Si me amo, entonces, automáticamente, ¡siento  lo mismo por ti!

En mi estado ECM, comprendí que el universo entero se compone de amor incondicional y yo soy una expresión de él. Cada átomo, molécula, quark y tetra quark está hecho de amor. Yo no puedo ser otra cosa, porque esta es  mi esencia y la de la naturaleza del  universo entero.  Aún las cosas  que parecen negativas, son parte de un infinito e incondicional espectro de amor. De hecho, la energía universal de la fuerza de la vida es amor y ¡yo soy energía universal! Entenderlo me hizo comprender que no es necesario que trate de ser alguien más, con el fin de ser valorada. Ya soy  todo eso que podría intentar ser.

Así mismo, cuando sabemos que somos amor, no necesitamos trabajar para ser amorosos hacia otros. En lugar de eso, sólo tenemos que ser fieles a nosotros mismos y  nos  volvemos  instrumentos de energía de amor, la cual toca a todos con quienes estemos en contacto.

Ser amor también significa estar conscientes de la importancia de nutrir mi propia alma, cuidando  de mis propias necesidades, sin ponerme de últimas todo el tiempo. Esto me permite ser siempre fiel a mí misma y tratarme con total respeto y amabilidad. También me permite ver aquello que podría ser interpretado como imperfecciones o errores, sin juicio, observándolos solamente como oportunidades de experimentar y aprender con amor incondicional.

La gente me pregunta si es posible tener demasiado amor propio. ¿Dónde está el límite, me preguntan, dónde empieza a volverse uno egoísta o egocéntrico? Para mí, no  existe  esa  posibilidad. No hay un límite. El egoísmo viene de una falta de amor propio. Nuestro planeta está sufriendo de eso, al igual que los seres humanos. También sufrimos de una inseguridad exagerada, de juzgamientos y de condicionamientos. Para realmente amar a alguien  incondicionalmente,  tengo que sentirme de esa manera hacia mí misma. Yo no puedo dar de lo que no tengo. Decir que le tengo a otra persona mayor consideración que a mí misma, no es real y significa que estoy simplemente actuando.

Cuando estoy siendo amor, no me siento extenuada, ni necesito que las personas se comporten de cierta manera para poderme sentir amada o para  que yo comparta mi magnificencia  con ellos.  Ellos están automáticamente recibiendo mi amor como resultado de que yo sea mi ser verdadero.    Y cuando no me estoy juzgando a mí misma, me siento de esa manera hacia los demás.



En vista de esto, he aprendido que es importante no ser demasiado dura conmigo misma, si estoy experimentando retos. A menudo, el problema no es la causa del conflicto aparente, sino el juicio que tengo de mí misma. Cuando dejo de ser mi peor enemigo y empiezo a amarme más, automáticamente tengo cada vez menos fricción con el mundo a mi alrededor. Me vuelvo más tolerante y acepto más.

Cuando todos somos conscientes de nuestra propia magnificencia, no sentimos la necesidad de controlar a los demás y no permitimos ser controlados por nadie. Cuando desperté en mi ser infinito, estaba maravillada de entender que mi vida podría ser dramáticamente diferente sólo por  el hecho de darme cuenta que soy amor y que siempre lo he sido. No tengo que hacer nada para merecerlo. Este entendimiento significa que estoy trabajando con la energía de la fuerza de vida, mientras que actuar para ser amorosa, trabaja en contra.

Ser consciente de que soy amor fue la lección más importante que aprendí, permitiéndome soltar todo miedo y esa fue la llave que salvó mi vida.




 CAPÍTULO 16 - SERES INFINITOS Y ENERGÍA UNIVERSAL



Durante mi ECM, parecía como si estuviera conectada con el universo entero y con cada cosa contenida en él y parecía que el cosmos estuviera vivo, dinámico y consciente. Observé que cada pensamiento, emoción o acción que realizaba mientras me expresaba a través del cuerpo físico  tenía un efecto en el Todo. De hecho en ese reino de la Unicidad, se sentía como si el universo entero fuera una extensión mía. Darme cuenta de esto, por supuesto, ha tenido un cambio dramático en la forma en que veo las cosas. Todos nosotros estamos co-creando este mundo y nuestras vidas dentro de él, a través de nuestras emociones, pensamientos y acciones.

El lenguaje no es una herramienta adecuada para expresar algo que no puede ser percibido con nuestros cinco sentidos físicos; así  que es un reto encontrar las palabras correctas para  expresar   mi entendimiento de lo que sucedió durante mi experiencia. Sin embargo, trataré  de  hacer  lo mejor en este capítulo para compartir tan claro como me sea posible, lo que sentí sobre este mundo, cómo nos movemos a través de él y cómo está cambiando para mejorar.

Primero, es importante entender que mi ECM no se parece a ningún otro acontecimiento que hubiera experimentado antes. No tuvo un comienzo ni un final claros. Se parecía más a una puerta que una vez abierta, nunca  se vuelve a cerrar.  Se  inició un entendimiento vigente, progresivo y  más profundo de nuevas posibilidades sin fin.

Debido a que las palabras son una herramienta pobre para expresar esta clase de fenómenos, lo  que escribo aquí tiene el único propósito de mover las emociones apropiadas dentro de ustedes. Aún después de compartir esto, mi propio entendimiento continúa creciendo y expandiéndose. Palabras tomadas literalmente  o tenidas  como la última  verdad pueden mantenernos estancados  y atascados, apegándonos a viejas ideologías. Ahora sé que todo lo que necesito está ya contenido en mí y es completamente accesible, si me permito abrirme a aquello que siento es mi verdad… lo mismo es cierto para ustedes.

Antes de mi ECM, probablemente debido a mi cultura, yo solía pensar que el propósito de la vida  era alcanzar el nirvana -es decir, evolucionar más allá del ciclo de reencarnación, de nacimientos y muertes, procurando no regresar jamás al mundo físico. Si yo hubiera crecido completamente inmersa en la cultura de occidente, a lo mejor hubiera estado tratando de llegar al cielo. Este es realmente un propósito bastante común, no importa la cultura: vivir de tal manera para asegurar una vida perfecta en el más allá.

Después de mi ECM, me siento diferente. Aunque sé que continuaré viviendo más allá de  este  plano sin tenerle ya más miedo a la muerte física, he perdido mi deseo de estar en ningún otro



lugar distinto del que estoy ahora.  Es interesante ver que me he anclado y  enfocado mejor en ver  la perfección de la vida en este momento, en vez de enfocarme en el otro reino.

Esto es ante todo porque el concepto de reencarnación en su forma convencional de una  progresión de vidas, una tras otra, no fue apoyado durante mi ECM. Noté que el tiempo no se mueve linealmente, a menos que usemos el  filtro de nuestros cuerpos físicos y mentes. Una vez  que no estemos ya limitados por nuestros sentidos terrenales, cada momento existe simultáneamente. He llegado a pensar que el concepto de reencarnación es realmente sólo una interpretación, una forma con sentido para nuestro intelecto; toda la existencia está pasando al mismo tiempo.

Pensamos en términos del “tiempo transcurriendo”, pero en mi ECM, parecía que el tiempo simplemente ES y somos nosotros los que nos movemos a través de él. Esto significa que no sólo todos los puntos del tiempo existen simultáneamente, sino también que en  el  otro  reino,  podemos ir más rápido, más despacio e inclusive, hacia atrás y hacia los lados.

Sin embargo, en el plano físico nuestros órganos de los sentidos nos limitan. Nuestros ojos reciben  lo que ven en este instante, nuestros oídos  oyen en la misma forma.  La mente puede  sólo existir en un momento y luego ella misma une todos esos momentos para formar una progresión lineal. Pero cuando nos derramamos de nuestros cuerpos cruzamos todo el tiempo y espacio con consciencia -no con la vista, oído, tacto, gusto u olfato. Somos pura consciencia.

He experimentado esto durante el estado de ECM. Estaba consciente de mi hermano en un avión viniendo a verme, de las conversaciones que los doctores sostenían fuera de mi cuarto y en el hall del hospital. Entendí muchos aspectos de mi vida futura, así como qué hubiera pasado si yo no hubiera regresado a seguir viviendo. Esto me mostró que el  tiempo, el espacio y la materia sólida  no siempre existen como nosotros normalmente pensamos. Durante mi ECM sentía que podía enfocarme en cualquier punto en el tiempo que yo necesitara.

Debido a esto, creo que cuando alguien ha vislumbrado lo que anteriormente era  interpretado como “vidas pasadas”, realmente ha tenido acceso a existencias paralelas o simultáneas, porque todo existe al mismo tiempo. Y debido a que todos estamos conectados, es posible lograr estados  de consciencia en los cuales podemos vislumbrar la realidad de otros, la cual puede filtrarse en nuestro momento presente, entrando en nuestra consciencia como si fueran recuerdos.

Mi nueva perspectiva me puso a pensar acerca de nuestro enfoque y propósito, sobre si la reencarnación y el tiempo en sí, no existieran de la manera en que se nos enseñó a creerlo como sociedad. ¿Qué sucedería si todas nuestras metas estuvieran patas arriba y fueran totalmente incorrectas? ¿Qué tal que el cielo o el nirvana estuvieran realmente aquí en la expresión física y no en el más allá?

Siento que escogemos reencarnar en un cuerpo físico para expresar amor, pasión y el rango completo de las demás emociones humanas que no están disponibles para nosotros por separado



en el estado de pura consciencia y Unicidad. ¿Qué tal que la vida en este  planeta  sea  el  espectáculo principal, donde está la acción y donde nosotros queremos estar?

Esta realidad es un parque de diversiones para expresarnos. Pareciera que no estamos aquí para aprender o reunir experiencias para el más allá; pero esto no parece contener mucho propósito, porque no necesitamos nada de eso allá. En cambio, estamos aquí para  experimentar  y  evolucionar este universo físico y nuestras propias vidas dentro de él. Tomé la decisión de regresar cuando me di cuenta que la vida aquí era el estado más deseable para mí, en este momento. No tenemos que esperar a morir para experimentar el nirvana. ¡Nuestra  verdadera  magnificencia existe ahora mismo!

La razón por la cual nosotros los humanos somos tan vulnerables y temerosos sobre este asunto     es por haber creado nuestras ideas sobre la vida del más allá y sobre nuestros dioses en términos humanos. Le asignamos a estos conceptos las mismas propiedades físicas y los valores con las falencias que poseemos. Somos vulnerables frente a valores tales como el miedo, la retribución, el juicio y el castigo; y luego proyectamos toda nuestra fuerza y poder sobre nuestras propias creaciones.

Pero si todo tiempo y experiencia existen ahora mismo y nosotros estamos simplemente moviéndonos a través de ello mientras expresamos nuestra magnificencia en el mundo físico, entonces no tenemos nada que temer. No tenemos que vivir con ansiedad respecto al porvenir. Podemos reconocer la energía de la que ya somos parte y podemos ser amor en cada aspecto de nuestras vidas.

Desafortunadamente continuamos buscando fuera de nosotros mismos respuestas a cuestiones relacionadas con religión, medicina, estudios científicos, libros y otras personas. Pensamos que la verdad está en algún sitio, aún esquivo para nosotros. Sin embargo, al hacer esto, sólo nos perdemos más y más, aparentemente moviéndonos fuera de quiénes  realmente  somos.  El universo entero está dentro de nosotros.  Mis respuestas están dentro de mí  y las  suyas están en  su interior, también. Todo lo que aparentemente sucede afuera,  está  ocurriendo  para  detonar algo dentro de nosotros, para expandirnos y llevarnos de regreso a quiénes realmente somos.

A menudo uso la expresión ser infinito en lugar de términos como: ser más elevado,  alma  o espíritu. Con el fin de ser un poco más clara, entiendan que me refiero a la parte de mi que era consciente durante mi ECM, de que no soy sólo mi cuerpo sino la parte mía que sintió que yo era una con todas las cosas. Estaba fusionándome con consciencia pura como un ser infinito, magnificente, sintiendo la claridad de por qué estoy  en este cuerpo y en esta vida en este punto   del tiempo. Esta es también la parte mía que entiende que la ilusión de separación se crea al identificarse por completo con lo externo.

Creo que cuando dejamos nuestros cuerpos físicos, nuestros seres infinitos están  todos  conectados. En este estado de consciencia pura, todos somos Uno. Muchas personas han sentido está unicidad durante algunas experiencias espirituales intensas o estando en medio de la



naturaleza. Cuando trabajamos con animales o tenemos mascotas, también lo sentimos. Algunas veces experimentamos sincronismos, la percepción extra sensorial y otros fenómenos parecidos, como resultado de nuestro ser Uno con toda la creación; pero debido a que la mayoría de la gente no es consciente de esto, no le sucede tan a menudo como podría ser.

En verdad, no soy mi cuerpo, ni mi raza, ni mi religión, ni  otras creencias; los demás, tampoco.  El  ser real es infinito y mucho más poderoso –una entidad completa y entera que  no se  rompe  o  daña de ninguna forma. El infinito yo ya contiene todos los recursos que necesito para navegar por la vida, porque soy Uno con la energía Universal. De hecho, soy energía Universal.

Durante mi ECM, no había nada fuera de mi consciencia mayor porque yo era una con la totalidad de la energía Universal. Lo sentía como si yo abarcara la totalidad. En ese estado  había  total claridad y todo era conocido. Yo parecía volverme cada cosa y existía en cada una.

La habilidad de ver mi propia magnificencia y darme cuenta de que el universo y yo somos uno y lo mismo, causó mi sanación. Me volví  consciente de que no hay una creación externa separada de   mí -porque la palabra externa sugiere separación y dualidad. Vivir con esta consciencia me permite continuar interactuando en el mundo físico con fuerza, amor y coraje.

Para explicar esto desde otra perspectiva, aunque he estado usando la expresión “energía Universal”, puedo simplemente decir chi, prana o ki. Estas palabras significan “energía de la fuerza de vida” en mandarín, hindú y en japonés, respectivamente. Este es el  chi  en Tai Chi y Chi Gong y  es el ki en Reiki. En síntesis, es la Fuente de la vida y esta corre a través de cada cosa viviente. De hecho, ella llena el universo entero y es inseparable de él.

El chi no tiene juicios y no discrimina. Fluye a través de nosotros sin importar si somos un gurú elevado o un molusco marino. Es útil pensar en esto, porque una vez que describimos  la energía  con una palabra diferente –como Fuente, Dios, Krishna, Buddha, o lo que sea- puede ser difícil     para algunos de nosotros ver más allá del nombre que le damos. Estos términos significan cosas diferentes para  distintas personas y también parece imponerle una forma al  infinito. A menudo  hay ciertas expectativas pegadas a estas etiquetas y muchas de ellas nos mantienen encerrados en  la dualidad con el fin de que veamos esta energía como una entidad separada de nosotros. Pero la energía Universal, como nuestro estado de consciencia puro, necesita permanecer sin límites y sin forma para que pueda volverse una con nosotros y crear sanación, magia y milagros.

Sentí verdaderamente durante mi ECM que todos estamos conectados a esta energía Universal; todos somos Uno con ella. Cada uno de nosotros tiene esta magnificente  y  mágica  fuerza  de la vida corriendo a través de cada una de las células. No es una entidad externa, sino más bien un estado de ser -un fenómeno interno. Está adentro, afuera y en todo lado. No importa a qué raza, religión, sistema de creencias o cultura pertenezcamos. Estamos conectados con ella simplemente porque estamos vivos -de hecho,  somos  esta corriente universal. No tenemos que hacer nada, o  ser nada, o probar nada para tener acceso a ella. Todos somos seres magnificentes y poderosos y todos tenemos acceso a ella porque ella y nosotros somos uno y lo mismo.



Lo único que puede detenerme de ser consciente de esta energía es mi mente -o sea, mis pensamientos y creencias que limitan mi ser. El profundo soltar que mencioné anteriormente que me llevó a mi ECM, fue en realidad mi intelecto soltándose completamente, llevándose con él mis creencias que limitaban mi ser y permitiendo que la energía universal tomara el  mando.  Tan  pronto mi mente dejó de ser un obstáculo, las puertas se abrieron. En lugar de pelear contra la naturaleza del universo con el fin de sanar, le permití al chi fluir, en sus propios términos.

Puede ser un poco difícil al principio distinguir qué nos está motivando. La diferencia es que la mente se dedica más a hacer y el alma a ser. El ser infinito es nuestra esencia.  Es  lo  que  en realidad somos, tal como lo describí en el último capítulo donde expliqué la importancia de ser amor. El intelecto es sólo una herramienta para navegar por esta vida. Él descubre cómo ganar suficiente dinero para nuestro sustento y para pagar la renta; mientras que el alma sólo desea expresarse a sí misma.

En el ser infinito es dónde están nuestros instintos e intuiciones. Si compramos una casa, la mente escoge las opciones del lugar apropiado, define el presupuesto y todo lo demás. Sin embargo, la decisión final sobre el lugar específico a dónde vivir, puede ser hecha por pura intuición. Simplemente, nos sentimos bien con ese lugar, sin que haya una razón lógica que lo explique. Este  es el ser infinito.

Algunas veces nuestras vidas complicadas hacen que olvidemos que estamos conectados a la energía Universal y que tenemos estas habilidades naturales. Dejamos de escucharnos a nosotros mismos y empezamos a entregar nuestro poder a fuerzas externas tales como jefes, profesores y amigos. Al bloquear nuestros sentimientos también se rompe la consciencia de nuestra propia magnificencia porque las emociones son la puerta de entrada hacia el alma. Pero somos seres complejos y tratamos de controlar la forma cómo nos sentimos.

Cuando vivimos completamente desde la mente durante un largo período, perdemos contacto con el ser infinito y luego empezamos a sentirnos perdidos. Esto pasa cuando estamos  dedicados a hacer todo el tiempo, en lugar de ser. Lo segundo significa vivir desde el alma y es un estado de permitir. Esto significa permitirnos ser quienes y lo que somos, sin juicios. Ser no quiere decir que  no hagamos nada. Es sólo que nuestros actos se derivan de seguir nuestras emociones y sentimientos estando presentes en el ahora. Hacer, por  otro lado, está enfocado en el futuro, con  la mente creando una serie de tareas que nos tiene de aquí para allá con el fin de lograr  un resultado en particular, sin contar para nada con nuestro estado emocional presente.

He descubierto que para determinar si mis acciones vienen del “hacer” o del “ser”, sólo necesito mirar a la emoción detrás de las decisiones que tomo a diario. ¿Es miedo o es pasión?  Si todo lo  que hago cada día es dirigido por la pasión y entusiasmo por la vida, entonces estoy “siendo”, pero  si mis actos son el resultado del miedo, entonces estoy “haciendo”.

Cuando sentimos que perdemos el camino, pensamos que hay algo malo en nosotros -algo que tenemos que hacer o conseguir para sentir que hacemos lo correcto- y entonces buscamos afuera



las respuestas. Nos dirigimos a otros con la esperanza de que ellos nos salven. Podemos sentirnos mejor por un tiempo corto, pero generalmente es muy corto y eventualmente terminamos sintiéndonos peor. Sin embargo, cuando realmente empezamos a sintonizarnos con quién la vida tuvo la intención que fuéramos -y estamos sintonizados con las emociones que nos motivan- nos conectamos con el alma de nuestra magnificencia. Sentimos claridad cuando permitimos esta conexión y rescatamos nuestro poder; nuestras vidas empiezan a funcionar.

Cuando estamos en el lugar del “ser” quienes somos, podemos escoger aprender de gurús, profesores, libros o filosofías espirituales externas. Estamos conscientes de nuestra propia magnificencia interna y de nuestra verdad, en lugar de creer que otros tienen el poder y nosotros no. De hecho, cuando nos damos cuenta de nuestra magnificencia y vivimos en nuestra verdadera naturaleza de amor, atraemos sincrónicamente al profesor, al libro o a la filosofía espiritual correctos, ¡en el momento perfecto!

Desafortunadamente, no estar conscientes de nuestra propia  magnificencia  puede  producir efectos aparentemente mayores que los de simplemente sentirnos perdidos.  No obstante,  todo ello tiene la misma esencia. Durante mi ECM, sentía que todo juicio, odio, celos o miedo vienen de personas que no entienden su verdadera grandeza. La falta de consciencia de nuestra  perfección nos mantiene sintiéndonos pequeños e insignificantes y esto va en contra del flujo natural de la energía de la fuerza de vida -aquello que realmente somos. Vamos en contra de nosotros mismos.

La manera como yo lo veo, es que si nos alentaran a expresar lo que realmente somos, todos seríamos seres muy amorosos, cada uno trayendo al mundo lo único que somos. Los problemas y conflictos vienen como resultado de no saber quiénes somos y de no ser capaces de  mostrar nuestra belleza interior. Hemos creado tantos juicios sobre lo “perfecto” que nos llevan a la duda y  a la competitividad. Ya que nos sentimos como si no fuéramos lo suficientemente buenos, no hacemos más que actuar. Sin embargo, si cada uno de nosotros estuviera consciente de nuestra magnificencia y nos sintiéramos bien con nosotros mismos, me parece que la única cosa que tendríamos para compartir es nuestra naturaleza única, expresada externamente de una manera amorosa, que refleje nuestro amor propio.

Los problemas que vemos en el mundo no son por los juicios u odios  que  tenemos  hacia  los demás, sino hacia nosotros mismos. Así como la clave para mi sanación fue el amor propio incondicional que eliminó el miedo, la clave para un mundo mejor sería que cada uno se ame a sí mismo de esa misma manera, siendo consciente de su verdadero valor. Si dejamos de juzgarnos a nosotros mismos, automáticamente tendremos menos y menos necesidad de condenar a otros. Empezaremos a darnos cuenta de su verdadera perfección. El universo está contenido en nuestro interior y lo que experimentamos externamente es sólo un reflejo.

Creo que en su esencia, nadie es verdaderamente malo -ese mal es sólo un producto de nuestros miedos, de la misma manera que lo era mi cáncer. Desde la perspectiva de magnificencia, aún los criminales son víctimas de sus propias limitaciones, miedos y dolor. Si para empezar, ellos tuvieran



una verdadera consciencia de sí mismos, nunca hubieran causado ningún daño. Una mente  diferente -por ejemplo, un estado completo de confianza en lugar de miedo- puede cambiar aún a  la persona más depravada, de la misma manera  que yo le di  la vuelta a mi  enfermedad extrema  del cáncer.

Debido a que la mayoría de las personas no viven en la claridad del ser conscientes de quienes realmente son, las leyes, juicios, premios y castigos son requeridos para evitar que se hagan daño unos a otros. Si todos fuéramos conscientes de nuestra propia magnificencia,  entonces  no  seríamos ya más dirigidos por el miedo. No necesitaríamos reglas, ni cárceles…ni hospitales.

Si cada persona, de repente, se volviera consciente de su verdadera perfección y magnificencia – digamos, que cada uno en el planeta tuviera una experiencia espiritual transformadora- nuestro mundo manifestado cambiaría para reflejar ese nuevo estado. Las personas estarían más empoderadas y serían mucho menos miedosas y competitivas, lo cual llevaría a una mayor tolerancia por los demás. Los porcentajes de crímenes se bajarían dramáticamente. Nuestros sistemas inmunológicos estarían más fuertes por un menor estrés y miedo, así que habría menos enfermedad.  Las prioridades cambiarían porque ya no estaríamos dirigidos por  la avaricia, la cual  es otra faceta del miedo. Los niños crecerían siendo amor, más fuertes, saludables y con más confianza. Vivirían en un planeta que naturalmente apoya esta forma de vida en lugar de un sitio hostil.

A pesar de este punto de vista, no tengo la necesidad de cambiar a nadie, mucho menos al mundo.  Ir a alterar las cosas, sugiere que las juzgo como incorrectas y que necesito arreglarlas para que estén de acuerdo con mi propia visión o ideología. En cambio, cada cosa es como debe ser en este punto en el tiempo. Sé que mi único trabajo es SER. Mi trabajo aquí es ser yo  misma  -una  expresión del amor que soy- y ver la perfección en mí misma, en otros y en el mundo a  mi alrededor, mientras continúo viviendo en el plano físico. Eso es todo lo que cualquiera de nosotros necesita ser.

Entiendo los roles que todos en mi familia y en mi círculo más grande juegan en mi vida y yo en las de otros. Si no soy fiel a mí misma, entonces los otros a mí alrededor no pueden ser ellos mismos tampoco. Sólo siendo mi ser único, puedo permitirles a otros interactuar conmigo al nivel de sus propios seres infinitos.

Siempre y cuando yo tenga esta consciencia, me siento una con la energía Universal que fluye a través de mi vida, desenvolviéndose en formas milagrosas y sincronizadas. Estoy  energizada en lugar de extenuada -elevada por el ser en lugar de derrumbada por el hacer, trabajando con la energía universal en lugar de estar en contra de ella. Mientras continúe de esta manera, mi vida toma una cualidad zen en lo que esté presente, hasta el punto que todo tiene un sentimiento casi irreal y guiado. No siempre es fácil, pero de verdad, ¡hace la vida más divertida! Todavía soy un proyecto en proceso, pero esto es todo lo que tengo qué hacer –sólo ser el amor que soy, ser



quien soy. Mi universo externo se reorganizará como un resultado de esto y esto también es verdadero a una escala mayor.

Así como creamos nuestras propias vidas, momento a momento, con nuestros pensamientos y emociones, hemos decidido como colectividad qué es humanamente posible y qué, no. De una manera semejante, pensamos que nuestra moral y nuestros valores son absolutos pero realmente ellos son sólo un grupo de pensamientos y creencias que hemos adoptado como verdaderos, a lo largo del tiempo. Ellos son una construcción de nuestras mentes y un producto de  nuestras  culturas, así como todas las expectativas de género a las que yo les di forma en mi pensamiento durante mis primeros años. Debido a que creí en estos valores como absolutamente verdaderos, ellos afectaron a quién yo era. Como un todo, la realidad que hemos creado refleja esta inconsciencia. Si los pensamientos y creencias de todos fueran diferentes, hubiéramos creado un planeta diferente.

Me parece que este mundo es siempre la culminación de todos  nuestros  prevalentes  pensamientos y creencias colectivos. Nos expandimos sólo a la velocidad que somos capaces de manejar en un momento dado, tanto individual como colectivamente. Todavía juzgamos a los que llevan a cabo los crímenes exactamente como criminales que merecen ser condenados, no sólo en esta vida pero también en la del más allá. Todavía somos incapaces de verlos como víctimas del miedo o como creaciones de una realidad que nosotros, como un todo, hemos construido.

Cuando cada uno de nosotros es capaz de mirar a los ojos de, incluso, nuestro peor enemigo y ver nuestros propios ojos mirándonos, entonces veremos la verdadera transformación de la especie humana.  Cada uno de nosotros puede enfocarse en crear una realidad para sí mismo basada en   sus propias verdades, en lugar de seguir ciegamente lo que ha sido establecido por nuestras creencias y pensamientos colectivos. Expandiendo nuestra consciencia  a  nivel  individual, estaremos efectuando el cambio a nivel universal.

Cada uno de nosotros es como un solo hilo en un inmenso tapiz, entretejido en  un  patrón  complejo y colorido. Podemos ser sólo una hebra, pero todos somos una parte integral  en  la imagen terminada. Afectamos las vidas de los demás simplemente escogiendo ser -o no- nuestros verdaderos seres. Nuestra única obligación con otros, nuestro único propósito, es  expresar  lo únicos que somos y permitir que los demás hagan lo mismo.

Entender que la Luz, la energía Universal magnificente que está en nuestro interior y es nosotros, nos cambia como individuos porque estamos abiertos y listos. De esta manera,  un cambio más  lento y profundo puede llevarse a cabo en el mundo. En el próximo capítulo exploraré aún más, lo que he llegado a entender sobre la vida en este plano.




CAPÍTULO 17 - PERMITIENDO Y SIENDO TÚ MISMO



Sé que lo he dicho antes pero vale la pena repetirlo: ahora vivo mi vida desde la dicha en vez, del miedo. Esta es la única y muy sencilla diferencia entre quién era antes de mi ECM y quién soy hoy.

Antes, sin siquiera darme cuenta, todo lo que hacía era evitar el dolor o darle gusto a otros. Estaba atrapada en el hacer, perseguir, buscar y lograr y yo fui la última persona que tomé en consideración. Mi vida estaba manejada por el miedo -disgustar a otros, fallar, ser egoísta y no ser  lo suficientemente buena. En mi propia cabeza, siempre me faltaba algo.

Desde mi ECM, no siento que haya regresado para lograr algo. Sólo regresé para  SER.  Por  esto, todo lo que hago viene del amor. No me preocupo más por tratar de hacer las cosas del modo correcto o por cumplir con reglas o doctrinas. Sólo sigo mi corazón y sé que haciéndolo no habrá forma de que sea incorrecto. Es irónico que termine complaciendo más gente de lo que alguna vez hizo mi “vieja yo”, sólo porque ¡estoy mucho más feliz y más liberada!

Esto también tiene un gran impacto en mi salud. Ya que ahora me veo a mi misma como un ser infinito, lo físico se cuida por sí mismo porque es sólo un reflejo de lo que está pasando dentro de  mi alma. El amor propio incondicional aumenta mi energía tremendamente y el universo actúa de acuerdo con ello.

El mundo externo es un reflejo de lo que pensamos de nosotros mismos. Soltando cualquier juicio negativo de nosotros mismos, permitimos que el mundo se transforme y a medida que lo hace, nosotros somos capaces de sentir aún mayor confianza. Entre más capaces seamos de confiar, más capaces seremos de soltar el tratar de controlar el resultado. Cuando tratamos de movernos con la corriente en lugar de adherirnos dogmáticamente a las doctrinas de otros o a las creencias que tuvimos alguna vez que ya no nos sirven, reflejaremos con mayor exactitud quiénes y qué  realmente somos.

Como lo he descrito,  hasta mi ECM, siempre había estado buscando afuera para ser guiada, ya  fuera que buscara aprobación de mis compañeros o jefes o simplemente  respuestas  en  otros. Seguí las opiniones, consejos, enseñanzas y leyes que eran impuestas por otras  personas,  así  fueran buenas para mí o no.  A menudo, me adherí  a los rituales y  enseñanzas sólo por miedo, por si acaso ellos llegaban a estar en lo correcto o tenían información que yo no conocía.

Durante mi ECM, descubrí que el escuchar todas esas voces externas hizo que me perdiera. Hacer cosas solo por si acaso, significa hacerlas desde el miedo. Así que estos días, no sigo ninguna metodología establecida, ningún orden, ritual, dogma o doctrina. De hecho, una de mis reglas mayores es que no debe haber nunca reglas fijas. Sólo le pongo atención a aquello que se siente



bien en ese momento. Para mí la vida es una experiencia espiritual y estoy cambiando y evolucionando todo el tiempo.

Si somos seres energéticos inseparables de la fuerza de vida universal, no necesitamos ningún sistema exterior para tomar decisiones por nosotros o decirnos cómo podemos subir o bajar  nuestra energía. Todos somos únicos, así que nadie puede hacer reglas que nos cubran a todos sobre lo que es correcto para cada uno. Sin embargo, esto es lo que muchas organizaciones espirituales y religiones parecen hacer. Una vez que una estructura se establece, se espera que todos sigan los mismos principios. Los que escogen no hacerlo son juzgados  negativamente  y es  por esto que las organizaciones religiosas crean división y conflicto en lugar de la unidad que están tratando de establecer con esas mismas reglas. Seguir un camino religioso no nos libra necesariamente de vivir una vida de miedo o aún, de victimizar a otros. Seguir un camino espiritual personal, sin embargo, significa seguir los impulsos de nuestro ser interior y  tocar al  ser infinito  que somos todos en nuestra esencia.

Es claro qué tan erróneos son los sistemas organizados, una vez que nos cruzamos con las  diferentes culturas. Los sistemas espirituales y de sanación indios y  chinos  se  contradicen  completa y mutuamente. Los hindús creen que comer carne es un pecado, mientras que los chinos creen que no comerla no es saludable. Así mismo, los indios tienen un sistema llamado vastú que tiene el mismo propósito que el feng shui  pero que está en conflicto directo con las reglas chinas.  Yo solía estar tan perdida con cada autoridad que apoyaba algo que estaba en conflicto con todos los demás. El no saber cuál usar puede realmente  producir mucho miedo o, al  menos,  ansiedad  por cometer errores.

Así que al final, mi ECM me trajo de regreso a mí misma. Yo creo que esta es la idea más poderosa para cada uno de nosotros: darnos cuenta que estamos aquí para descubrir y  honrar  nuestro propio camino individual. No importa si  renunciamos  al mundo material y meditamos en la cima   de la montaña por 20 años o creamos una compañía multinacional valorada en billones de dólares, que emplea miles de personas, proveyéndolas de un modo de vida. Podemos asistir a un templo o iglesia, sentarnos en la playa, beber margaritas, gozar una puesta de sol gloriosa con un ser amado  o caminar por el parque con un delicioso helado. Al final, cualquier camino que escojamos es el correcto para nosotros y ninguna de estas opciones es más o menos espiritual que las demás.

No estoy diciendo que esté en contra de las religiones organizadas, pero soy escéptica ante cualquier mensaje que lleve a la división, conflicto y matanzas que están ocurriendo en  este  mundo, en el nombre de la religión, cuando en verdad, todos somos UNO -todas las facetas del mismo Todo. Los seres humanos son tan variados que algunos encajan mejor con las religiones organizadas o en caminos espirituales, mientras que otros, no. Si simplemente vivimos de una manera que nos nutra y permita que expresemos nuestra creatividad, dejándonos ver nuestra propia magnificencia, es lo mejor que podemos hacer. Apoyar  una  opción o  doctrina  como si  fuera el único camino verdadero, solamente serviría para limitar quiénes somos y lo que hemos venido aquí a ser.



Realmente no tenemos que “trabajar” para hacer algo -como seguir rituales o dogmas específicos- para permanecer en contacto con nuestra magnificencia. Podemos hacerlo si  queremos,  si  esto nos da placer, pero no es un requerimiento. Simplemente siguiendo nuestra guía interior, encontramos lo que es correcto para nosotros, incluyendo la metodología que usamos para encontrarla. Sabemos que estamos en el camino correcto cuando nos sentimos nosotros  mismos  en el centro de nuestro amor, sin juicio hacia nosotros u otros y reconocemos nuestra verdadera magnificencia en el infinito Todo.

Por ejemplo, la oración, a algunas personas, puede traerles gran consuelo en momentos difíciles o ser útil para descubrirse a sí mismos. Puede tener un efecto positivo en el bienestar debido al proceso de soltar y dejar pasar todas las molestias. Como resultado, la gente que ora se  puede sentir más liviana y más elevada, lo cual contribuye no sólo a su propio bienestar, sino al  de otros  ya que todos estamos conectados. Cualquier cosa positiva que traiga para sí mismo, la está  trayendo para el Todo.

Sin embargo, no creo que aquellos que oran estén ni más ni menos conectados que aquellos  que  no lo hacen. Todos tenemos nuestra propia forma de reconocer ese espacio infinito dentro de nosotros y para algunos puede ser la oración. Para otros, puede ser la música, el arte, estar en la naturaleza o seguir el conocimiento y la tecnología -cualquier cosa que resalte nuestra pasión, creatividad y propósito para vivir. En otras palabras, no es la oración en sí misma lo que nos hace más conscientes de nuestra magnificencia. Por el contrario, es escoger conducir nuestras vidas conectando con nuestra pasión interna, dándoles significado y un sentido de unidad.

Personalmente no siento la necesidad de orarle a un dios externo, separado de mí, porque sé que soy siempre Uno con el Universo, ciento por ciento del  tiempo. Entonces, siento que mi  vida es   una oración en sí misma. Encuentro que la meditación me ayuda porque aquieta mi mente y me ayuda a enfocarme en ese punto central de consciencia donde siento mi conexión con todo lo que contiene el Todo. La meditación puede que no cree este sentimiento de elevarse para otros y eso está bien. Es importante hacer lo que resuene a nivel personal.

Si siente que puede seguir un sistema sin ningún esfuerzo o es divertido, ¡esto es  grandioso! Pero  en el instante que empiece a volverse  trabajo pesado o lo sienta  como un medio para  controlar  sus emociones o pensamientos, probablemente no le servirá. El  estado de  puro  permitir  parece ser el lugar dónde puede ocurrir el cambio más  positivo. Permítase ser  usted, no importa quién  sea, aceptando cualquier cosa que lo haga sentir vivo.

Aunque creo firmemente que lo mejor que puedo hacer para mí misma y para otros  es  mantenerme conscientemente elevada y hacer aquello que me haga sentir feliz, pueden sorprenderse al saber que no recomiendo el “pensamiento positivo” como una receta para todo el mundo. Es verdad que ya que toda la vida está conectada, mantenerme elevada tiene un impacto mayor, ya que es lo que estoy expresándole al Todo.



Sin embargo, cuando me doy cuenta que se me están trepando algunos pensamientos negativos,    lo mejor es permitirles que pasen con aceptación y sin juicio. Cuando trato de suprimirlos o me obligo a cambiar mis sentimientos, entre más trato de sacarlos,  más empujan ellos para entrar.  Sólo con permitir que fluyan a través de mí, sin juzgarlos, yo veo que los  pensamientos  y  emociones pasan. Como resultado, el camino correcto se desenvuelve de una manera totalmente natural, permitiéndome ser quién de verdad soy.

Dichos tales como: “Los pensamientos negativos atraen negatividad a la vida”, no son necesariamente ciertos y pueden hacer que la gente que está pasando por un período difícil, se sienta peor. También pueden crear miedo al atraer aún más negatividad con sus pensamientos. El usar esta idea indiscriminadamente, a menudo, hace que la gente que esté  pasando  por  momentos duros, se sienta como si fuera mala por atraer tales eventos y eso no es verdad. Si empezamos a creer que son nuestros pensamientos negativos los que están creando cualquier situación desagradable, podemos volvernos paranoicos acerca de lo que pensamos.  Por  el contrario, esto realmente tiene que ver menos con nuestros pensamientos y más con nuestras emociones, especialmente lo que sentimos sobre nosotros mismos.

Tampoco es el caso que para atraer cosas positivas simplemente tengamos que mantenernos alegres. No puedo enfatizarlo lo suficiente, pero ¡nuestros  sentimientos  sobre  nosotros  mismos son realmente el barómetro más importante para determinar la condición de nuestras vidas! En otras palabras, ¡ser fieles a nosotros es más importante que sólo tratar de mantenernos positivos!

Me permito sentirme de manera negativa sobre cosas que me molestan pues es mucho mejor experimentar emociones reales que encapsularlas. Una vez más, se trata de permitir aquello que realmente estoy sintiendo, en lugar de pelear contra ello. El mismo acto de permitir sin juicio es un acto de amor propio. Este acto de amabilidad hacia mí, va más  lejos en cuanto a crear  una vida  feliz que fingir sentirme optimista.

Algunas veces cuando vemos a alguien realmente alegre, efervescente y amable pero cuya vida se está derrumbando, podemos pensar: “Ves”, esta cosa de “ser positivo” no funciona. He aquí la cuestión: no conocemos el diálogo interno de ese individuo. No sabemos  lo que  los  demás  se están diciendo a mismos todos los días o si son felices emocionalmente. Y lo más importante,
¡no sabemos si se aman y se valoran!

Debido a lo que fui consciente durante mi ECM, siento que es muy importante no tener juicios ni miedos en mi contra. Cuando mi diálogo interior me está diciendo que estoy a salvo, que  soy  amada incondicionalmente y aceptada, entonces irradio esa energía hacia afuera y cambio mi mundo externo, de acuerdo a esto. Mi vida exterior es realmente sólo un reflejo de mi estado interno.

No importa si estoy pasando por un día o una semana malos. Lo más importante es  cómo me  siento respecto de mí misma, mientras estoy enfrentando este día  o semana.  Se  trata de confiar  en el proceso aunque esté atravesando por un período difícil y no sentirnos temerosos por tener



ansiedad, tristeza o miedo; esto es mejor que suprimirlo todo hasta que pasen esas emociones. Se trata de permitirme a mí misma ser fiel a quien soy. Como consecuencia, esos sentimientos se disiparán y esto sucederá cada vez con menos frecuencia.

Antes de mi ECM, solía suprimir a menudo mis emociones de molestia, porque creía que atraerían negatividad a mi vida. En adición, no quería preocupar a otros, así que trataba de controlar mis pensamientos y me forzaba a ser positiva. Pero ahora entiendo que la clave es siempre honrar a quién realmente somos y permitirnos a nosotros mismos estar en nuestra propia verdad.

Cada instante del tiempo es totalmente único y cada momento que ya ha pasado no puede ser replicado en este plano físico. He aprendido a sentirme cómoda con eso y a vivir el momento presente. Tanto como me sea posible, trato de no cargar  equipaje emocional  de  un instante para  el siguiente. En lugar de esto, trato de ver cada momento como “borrón  y  cuenta  nueva”,  trayendo con ello nuevas posibilidades. Entonces hago lo que me eleva o me trae el mayor placer y dicha en ese momento -esto puede ser meditar, al igual que simplemente ir de compras o comer chocolate, si eso es lo que me apetece.

Vivir en mayor armonía con quiénes verdaderamente somos no significa forzarnos a repetir pensamientos positivos.  Realmente,  quiere decir  ser y hacer cosas que nos hagan felices, cosas  que despierten nuestra pasión y saquen lo mejor  de nosotros, cosas  que nos hagan sentir  bien;  eso también significa amarnos incondicionalmente. Cuando fluimos de esta forma sintiéndonos alegres y energizados con la vida, estamos en contacto con nuestra magnificencia. Cuando encontramos eso en nuestro interior, las cosas realmente empiezan a volverse excitantes y los sincronismos se suceden a nuestro alrededor.

Los temas de la sincronicidad y la atracción han recibido mucha atención durante los últimos años. La idea de que las cosas aparezcan sin esfuerzo, sólo porque nosotros las atraemos es fascinante, pero prefiero pensar en términos de permitir en lugar de atraer.

Como lo he dicho, somos uno con el universo, nuestro propósito es ser los seres magnificentes que somos y el mundo exterior es sólo un reflejo de lo que está en nuestro interior.  El fracaso en mi  vida se debió a que me enfocaba en lo externo, las comparaciones que hacía y la competencia que esto creaba. Tenía el sentimiento de que no había suficiente para todos; esto causa avaricia y competencia.  Necesitaba convencer a otros que creyeran y pensaran de la forma que yo lo hacía,  en lugar de aceptar nuestros seres únicos y las diferencias.

Todos estos sentimientos venían del punto de vista de que al universo le falta algo y es limitado, cuando en realidad es infinito. Es capaz de crecer y abarcar tanto, como lo que somos. Depende de nosotros expandirnos y permitir todo lo que queramos, pero tiene que ser hecho desde adentro hacia afuera, y no al revés.

Cuando entendí que no hay nada fuera de mi ser infinito, pude empezar a enfocarme para verme como un trabajo en progreso de la perfección, pero en una forma dinámica, no estática. Como un



caleidoscopio que da la vuelta de una imagen exquisita hacia la siguiente, la perfección está constantemente en movimiento. Para mí, esto significa ver la belleza en el viaje y en los aparentes errores que me llevan a otro nivel de entendimiento. Mi meta es sentirme lo suficientemente bien conmigo misma para llegar a un punto de confianza y, en ese estado, soltar el resultado. Cuando empecé a observar mi propia perfección, empecé a notar que mi mundo externo  la  reflejaba. Estaba atrayendo lo que es mejor para mí, lo cual a su vez, es lo mejor que puedo hacer por el universo.

Salir a cambiar el mundo no es para mí, como lo he dicho antes. Esto  sólo  alimenta la misma energía de juzgamiento que está causando problemas, en primer lugar, ya que proviene de la opinión de que algo está mal y necesita ser cambiado. En lugar, soltar el apego a cualquier forma   de creencia o pensamiento me ha hecho sentir más expandida y casi transparente para que la energía universal pueda simplemente fluir a través de mí. Más coincidencias positivas llegan a mi vida cuando estoy en este estado de permitir.

Siempre atraemos los resultados perfectos; lo igual atrae  a lo igual. Entonces, entre más amable  sea conmigo misma, mas eventos externos reflejarán eso. Entre más dura y juzgadora sea conmigo misma, más parecida será mi situación. ¡El universo siempre me da la razón respecto a mi opinión  de mí misma!

Antes perseguía un sentimiento parecido a tener que hacer, conseguir  o lograr algo.  Sin embargo, el mismo acto de perseguir algo viene del miedo; tenemos miedo de no tener lo que realmente queremos. Nos mantiene atascados en la dualidad, porque el enfoque está en la separación inherente entre el cazador y la presa. Ahora, sin embargo, ya no persigo nada. A cambio,  yo permito.

Por ejemplo, cuando siento un increíble deseo sobre a dónde quiero que mi vida vaya, sé que si yo  lo persiguiera agresivamente, esto sólo me causaría luchar contra la energía universal. Entre más esfuerzo ponga en tratar de obtenerlo, más sé que estoy haciendo algo incorrecto. El permitir, por otro lado, no requiere esfuerzo. Se parece más a un soltar, pues significa darse cuenta que ya que todo es Uno, aquello que intento conseguir ya es mío.

El proceso de permitir se sucede primero por confiar y enseguida, por ser leales a quienes verdaderamente somos. De esta manera, solo atraeré aquello que es realmente mío y todo  sucederá a la velocidad en la cual me siento cómoda. Puedo seguirme  enfocando en aquello que  me preocupa, necesito o creo que me hace falta, pero mi vida no se moverá hacia lo que me  gustaría experimentar. Sólo permanecerá de la misma manera en que está ahora, porque le estoy prestando atención a mis miedos y a lo que me molesta o me hace sentir incompleta, en lugar de expandir mi consciencia confiando y permitiendo nuevas experiencias. Así que puedo permitir que  el cuadro se materialice más despacio o más rápido, dependiendo de cuán rápido quiero soltar mis preocupaciones y relajarme con el  proceso.  Entre más  apegada  esté a ciertas formas  de pensar o a resultados, o entre más miedos le tenga a nuevas aventuras, más despacio será el desarrollo



porque no estoy abierta al proceso. No estoy permitiendo que  la energía universal  fluya a través  de mí en una forma natural.

Después de haber dicho todo esto, realmente no me siento a evaluar cada elección o posibilidad. Todo lo que realmente hago en cada momento es vivir conscientemente en ese espacio; esto se hace internamente, no externamente. Afuera, no hay nada para perseguir ni nada para atraer. Y ya que el universo está adentro, cualquier cosa que experimente en mi interior afecta el Todo.

Ya que el tapiz de todo tiempo está ya tejido, todo lo que yo pudiera desear alguna vez que pasara en mi vida ya existe en ese plano infinito y no físico. Mi única tarea es expandir mi ser terrenal lo suficiente para permitirlo en este reino. Así que si hay algo que desee, la idea no es salir a conseguirlo, sino expandir mi propia consciencia para permitir que la energía  universal  me  lo traiga, aquí en mi realidad.

Perseguir lo que deseo sólo refuerza separación, mientras que permitir significa darse cuenta que   ya que todos somos Uno y que todo está conectado, aquello que deseo es ya mío.



 CAPITULO 18 - PREGUNTAS Y RESPUESTAS


Durante los meses y años siguientes a mi ECM, he tenido muchas oportunidades de hablarle a grupos por todo el mundo sobre mi experiencia. Las siguientes son algunas de las preguntas y respuestas que han resultado de estas conversaciones.

P: ¿Cómo define el “amor incondicional” que experimentó en el otro reino y cómo se diferencia del amor que experimentamos en esta realidad física?


R: El amor en el otro reino es muy diferente porque es puro en esencia. No tiene condiciones ni expectativas y no actúa desde la emoción ni reacciona de un modo diferente, dependiendo de las acciones y sentimientos de uno. Simplemente es.

P: ¿Usted cree que es posible reproducir ese estado de amor incondicional aquí  en  el  reino físico?


R: Cada uno de nosotros, en nuestra esencia, ya somos amor puro e incondicional. Sin embargo, cuando nosotros lo expresamos aquí en este reino físico, lo filtramos a través de nuestra mente y luego se expresa a sí mismo como una emoción humana.

La mejor metáfora que puedo pensar para ilustrar esto es el ejemplo de la luz blanca pasando a través de un prisma. El  amor incondicional es como una  luz pura y blanca.  Cuando brilla a través  de un prisma, se refracta en todos los distintos colores del arco iris. Estos representan nuestras emociones -alegría, amor, ansiedad, envidia, compasión, odio, empatía, etc.

Cada uno de nosotros es como un prisma, refractando luz pura y blanca (amor) en todos los diferentes colores del arco iris. Todos los tonos (emociones) son igualmente necesarios  para el  todo. Pocas personas, si acaso alguna, harían juicios morales en contra de cualquier color dado. No diríamos: “Ah, ese color es malo” o “Ese color comete pecado.” Pero hacemos  eso  con  las  personas y sus expresiones de la emoción, calificando algunos  sentimientos  como  correctos  y otros como incorrectos.

Cuando juzgamos algunas de nuestras emociones como negativas y tratamos de negarlas, estamos suprimiendo parte de lo que nosotros somos. Esto crea un bloqueo en nuestro  interior  y  nos impide expresar nuestra magnificencia por completo, extractando simplemente ciertos colores del espectro, sobre la base de que un juicio moral truncaría la luz y la haría algo que en realidad no es.

No tenemos que actuar cada emoción; sólo tenemos que aceptar que son parte de quiénes somos. Negarlas sería como prohibir que cierto color se refractara a través del prisma. Sólo dándole la



bienvenida al espectro completo de nuestros sentimientos, sin juicios, podemos ponernos en contacto con la esencia pura del amor incondicional que reside en nuestro núcleo.

P: En su opinión, ¿usted cree que antes de tomar la forma física, ya somos seres magnificentes, conscientes completamente de quiénes en verdad somos? Si es así, ¿cómo se deteriora nuestra magnificencia y cómo se daña nuestro sentido de ser, cuando venimos a esta vida?


R: Le diré lo que yo siento, pero creo que eso sólo levantará más preguntas. Siento que no se  supone que olvidemos quiénes somos; tampoco que esta vida sea tan difícil. Pareciera como si nosotros la hiciéramos dura aquí con nuestras ideas y creencias incorrectas.

El entendimiento interno que recibí en ese reino vino a manera de una marca que me quedó impresa; pero si lo pongo en palabras, esto es lo que yo estaría diciendo internamente, en ese estado: ¡Ah, entonces no se supone que la vida sea una lucha –se supone que la gocemos y que nos divirtamos! Desearía haberlo sabido. Ah, entonces mi cuerpo creó el cáncer por todos mis pensamientos poco sabios, por los juicios contra mí misma y por mis creencias limitantes. Todo eso causó en mi interior una gran confusión. Si sólo hubiera sabido que se suponía que viniéramos aquí   y nos sintiéramos bien con nosotros mismos y con la vida -simplemente ¡expresémonos y divirtámonos haciéndolo!

Ahora esta parte es un poquito difícil de explicar, pero permítanme tratar de  hacerlo.  Se  me ocurrió preguntarme algo como esto: ¿Por qué algo tan grande -como este cáncer terminal- me  pasó por no darme cuenta de mi propia magnificencia?

Simultáneamente, tuve este entendimiento: ¡Ah, ya veo- no me pasó a mí, por haber sido una víctima; el cáncer no era más que mi propio poder y energía no expresados! Se volvió hacía mi interior, en contra de mi cuerpo, en lugar de hacerlo hacia afuera.

Sabía que no era un castigo o algo por el estilo. Era sólo mi propia fuerza de vida expresándose a sí misma como cáncer porque no le permití manifestarse como la magnificente, fuerza poderosa de Anita. Estaba consciente que podía elegir si quería regresar a mi cuerpo o continuar  hacia  la muerte. El cáncer no estaría más allí porque la energía ya no se estaba expresando de esa manera, sino que iba a estar presente como mi ser infinito.

Regresé con el entendimiento de que el cielo es realmente un estado y no un lugar y he observado que el éxtasis me ha seguido aquí, a la Tierra. Sé que esto suena muy extraño,  pero aún  más,  siento que nuestro “verdadero hogar” es también sólo una forma de ser y no un lugar.  Ahora mismo, me siento que estoy en el hogar. No tengo ningún deseo de estar en ninguna otra parte. Es indiferente si estoy aquí o en el otro reino. Son sólo diferentes partes de la experiencia de nuestro grandioso, expandido, infinito y magnificente ser. Nuestro hogar real está en el interior  de  cada  uno de nosotros y nos sigue a dónde quiera que vayamos.



P: Ya que no he tenido un ECM, ¿hay alguna forma para aumentar y mantener la confianza en la increíble fuerza de vida de la que usted habla?


R: En lo absoluto, no es necesario tener una ECM para darse cuenta de su magnificencia.

Mi experiencia me enseñó que la mejor manera de aumentar y mantener la confianza y el sentido  de conexión con la energía de la fuerza de vida Universal, es desde nuestro interior. Empieza con amarme y creer en mí misma. Entre más capaz soy de hacerlo, más centrada me siento en el tapiz cósmico. Entre más conectados nos sintamos, más capaces seremos de tocar a otros y permitirles sentir lo mismo.

P: ¿Qué parte jugó su sistema de creencias o su fe, si acaso existió, en  su  sanación  y  recuperación y cómo han cambiado sus creencias desde entonces?


R: Absolutamente ninguna fe, en nada, fue requerida para mi sanación. Más bien yo diría que fue una completa suspensión de todas las creencias, doctrinas y dogmas que tenía previamente lo que causó que mi cuerpo se sanara por sí mismo. En mi caso, la ECM fue el catalizador.

Desde mi punto de vista, aferrarme a mis ideas en verdad funcionó en  mi  contra.  El  tener creencias concretas limita mi experiencia de vida porque me mantienen encerrada en lo único que conozco y mi conocimiento en este mundo está limitado por mis  sentidos  físicos.  Sentirme  cómoda con la incertidumbre, por el contrario, me abre a todas las posibilidades. La ambigüedad está totalmente abierta a un potencial infinito.

La necesidad de la certidumbre aprisiona mi potencial por lo inesperado. Sentimientos de No sé o Veamos qué pasa, le permiten a mi  ser  expandido proveer respuestas y  soluciones que pueden  ser, por completo, sincrónicas, sorpresivas, mágicas o exageradas. Cuando doy un paso en el reino de la ambigüedad, estoy realmente en mi nivel más alto de poder. El sólo soltar  todas  las  creencias, no creencias, dogmas y doctrinas previas, pone al universo infinito a mi disposición y trabaja para darme el resultado mejor posible, para mi vida. Ahí es donde recibo la mayor claridad interna. ¡Es dónde la magia ocurre!

Soltar todos mis apegos previos es un abrazo a la libertad y demuestra confianza en mi propia divinidad y magnificencia. Esto, también es una forma de sanar. Cuando suelto la necesidad de  sanar físicamente, la vida se vuelve más libre, completa y divertida.

P: ¿Sintió usted que su fe en la Fuente fue un factor para su sanación?


R: En mi experiencia, yo me volví la Fuente y hubo total claridad. No había fuente  fuera  de mi propia consciencia expandida. Parecía como si yo abarcara la totalidad. Como lo he mencionado, ninguna fe en nada era necesaria para mi sanación porque en ese estado, hay una claridad total y parecía como si todo se volviera conocido. La creencia o la fe dieron paso al “saber”. Parecía como  si yo me volviera todo -existía en todo y todo existía en mí. Me volví eterna e infinita.



Desperté a esta claridad, así que simplemente entendí. Supe que si escogía regresar, mi cuerpo se sanaría. Debido a la naturaleza de mi experiencia, siento que en nuestro núcleo/esencia, somos  Uno. Todos venimos desde la Unidad a la separación y luego regresamos al Todo. Siento que mi  ECM fue un vislumbrar de esa Unicidad. Puedo referirme a ella como Dios,  Fuente,  Brahman  o Todo lo Que Es, pero creo que cada persona tendrá una idea diferente sobre lo que significa. No percibo la Divinidad como una entidad separada de mí o de cualquier otro. Para  mí, es un estado   de ser, más que un ser separado. Trasciende la dualidad, de manera que estoy permanentemente unida desde dentro y soy indivisible de ella. Mi expresión física es sólo una faceta del Todo.

P: ¿Hay algún lugar donde nuestra voluntad personal y la del Todo se conecten de manera que podamos tener acceso libremente a ese lugar de sanación y de poder?


R: Me gusta pensar que sí es posible para todos tener acceso libremente a ese lugar de poder y sanación. Creo que son nuestras metodologías colectivas, las historias que nos hemos estado diciendo por generaciones, las que nos impiden hacerlo. Pienso que esta acumulación de creencias es lo que está causando mucha de la desconexión y discordia que percibimos en el mundo, incluyendo el interior de nuestros propios cuerpos.

Llevamos con nosotros ciertos conceptos invisibles que nos mantienen alejados de nuestra verdad, haciéndonos pensar que estamos separados de la energía Universal.  Permanecemos  atascados en la dualidad, apartados de nuestro propio centro creativo. Somos la fuerza que no sólo forja esos conceptos, sino que los dirige. Y en la medida que nuestras historias cambien, así nuestra realidad física reflejará ese cambio.

Para que este tipo de sanación se vuelva más frecuente, debemos evolucionar nuestras metodologías y transformar nuestras creencias a unas que nos permitan darnos cuenta que somos Uno con la Energía Universal. Esto nos permitirá sentirnos conectados a nuestro centro creativo en todo momento y facilitará que haya más energía positiva en todo lo que nos rodea.

La sanación se lleva a cabo cuando nuestra intención personal creativa confluye deliberadamente con la energía de la fuerza de vida Universal y la ve como Una.

P: ¿Ha tenido una sensación de libertad desde su ECM, y si es así, cómo la describiría?


R: Sí, me siento liberada. Siento que mi ECM no sólo me liberó de mis ideologías, creencias y conceptos previamente sostenidos, sino de la necesidad de buscar otros nuevos.

Me parece que buscamos y sostenemos estas doctrinas porque ellas  nos  dan  seguridad  en tiempos inseguros. Sin embargo, somos susceptibles a volvernos dependientes de  ellas,  necesitando que sean verdaderas, con el  fin de  sentirnos cómodos y  seguros. Siento que entre  más firmes sean nuestras creencias respecto a la naturaleza limitante de la realidad, ciertamente estamos perpetuando lo que ellas expresan.



Mi experiencia me permitió dar una ojeada a lo que se siente ser libre de la necesidad de la seguridad, tanto física como sicológica. En otras palabras, fue posible para mi sentir la perfección aún en medio de la ambigüedad. Mantener ese nivel de liberación mental es verdadera libertad  para mí.

P: ¿Piensa que hubiera escogido retornar a esta vida si hubiera sabido que su mala condición de salud persistiría?


R: Debido al estado de claridad en que estaba, sospecho que hubiera regresado con un entendimiento sobre porque sentí el llamado a retornar y expresarme a través de un cuerpo enfermo. Tendría la esperanza que el conocimiento hubiera eliminado o reducido mi sufrimiento interno, aunque no la enfermedad física. Tendría un sentido del propósito a pesar de vivir con un cuerpo enfermo. Creo que todos tenemos un propósito, sin importar la condición física.

P: Está perfectamente claro que su mensaje es que ¡deberíamos ser quienes somos! Pero, ¿cómo se aplica esto a los criminales y asesinos? ¿Deberían ellos también ser quiénes son? Además,  usted dijo que no hay juicios en el otro lado. Esto significa que realmente ¡pueden salirse con la suya, respecto al asesinato!


R: No existe condena alguna en ese reino, porque no hay nada que condenar -todos somos consciencia pura.

Muchas personas no quieren oír que no haya juicio después  de la muerte; los reconforta  pensar que la gente será responsable de  sus malas acciones. Pero el castigo,  premio, juicio, condena y  todo lo demás son una cosa del “aquí” y no del “allá”. Es por eso que aquí tenemos leyes, reglas y sistemas.

Por otra parte, habrá una claridad total acerca del por qué somos de la manera que somos y por  qué hicimos lo que hicimos, sin importar qué tan poco ético fue en la vida. Creo que aquellos que hieren a otros, sólo lo hacen desde su propio dolor y desde sus sentimientos de limitación y separación. Los que llevan a cabo actos como violación y asesinato están muy lejos  de  tener siquiera un vistazo de su propia magnificencia. Me imagino que tienen que estar extremadamente infelices consigo mismos para causar tanto dolor a otros, de hecho, ellos tienen necesidad de la mayor compasión -no de juicio ni de mayor sufrimiento, en la vida posterior.

Realmente no creo que los criminales y asesinos estén siendo quiénes son.  Creo que nos volcamos  a la destrucción sólo cuando hemos perdido nuestro camino y nos hemos alejado de conocer la verdad de quiénes realmente somos. Los criminales han perdido este centro y lo que le hacen a otros es realmente un reflejo de cómo se sienten en su interior, consigo mismos. Nos gusta pensar respecto a los criminales y víctimas como si se tratara de “ellos” y “nosotros” pero no hay “ellos”.
¡Todo es nosotros!



Un asesino en serie está tan enfermo como una persona con cáncer. Y si tenemos más asesinos en  el mundo hoy, esto significa que tenemos una sociedad enferma. Encerrarlos puede tener  beneficios a corto plazo, similar a tratar los síntomas del  cáncer.  Sin embargo, si no trascendemos  y transformamos los problemas de fondo de nuestra sociedad, el problema sólo se agrandará, requiriendo que construyamos más cárceles y forcemos el sistema judicial. Los criminales son más que sólo víctimas de sus propias circunstancias. Ellos son los síntomas físicos de problemas soterrados de todos nosotros, como un todo.

No les estoy condonando sus actos. Sólo trato de decir que el conocimiento de mi propia magnificencia me cambió. Creo que si todos fueran capaces de contactar su propia verdad y saber  lo grandiosos que son, nadie escogería hacer daño. Una persona feliz y amada que se siente inseparable de la Unicidad sabe que hacerle daño a otro es lo mismo que hacérselo a mismo.

P: ¿Está diciendo que un criminal, digamos un asesino, iría al mismo lugar y no se  sentiría  juzgado, al igual que un santo?


R: Sí, eso es lo que estoy diciendo. En ese estado, entendemos que todo lo que hemos hecho –no importa que tan negativo parezca- realmente ha venido del miedo, del dolor y de perspectivas limitantes. Mucho de lo que hacemos o sentimos es porque no sabemos hacer nada  mejor.  Una  vez que estamos en el otro reino, sin embargo, nuestras limitaciones físicas se nos aclaran, de tal manera que somos capaces de entender por qué hicimos ciertas cosas y sentimos sólo compasión.

Parecía como si aquellos a quienes les ponemos la etiqueta de criminales fueran también víctimas de sus propias limitaciones, dolor y miedos. Cuando entendemos esto, sentimos sólo conexión con todos y con todo. Entendí que en el otro reino, todos somos Uno. Todos somos lo mismo.

Si todos supiéramos esto, no necesitaríamos leyes ni prisiones. Pero aquí, no lo entendemos,  así  que pensamos en términos de “nosotros” y “ellos” lo que nos causa que obremos desde el miedo.  Es por esto que tenemos juicios, leyes, prisiones y castigo. En este reino, en este momento, los necesitamos para nuestra propia protección. Pero en el otro lado, no hay tal cosa como castigo, porque una vez que estamos allá, nos volvemos conscientes de que todos estamos conectados.

P: Si creamos nuestra realidad, ¿usted cree que la gente será castigada por lo que hacen a través del karma?


R: Como mencioné antes, no hay castigo en el estado de ECM. Vi el karma como un concepto de balance más que de causa y efecto. Por ejemplo, nunca usaría la expresión karma malo, ya que no creo que exista tal cosa. Simplemente creo que todos los aspectos de la vida son necesarios para crear el todo.

Tampoco creo ya que vivamos todas nuestras vidas en secuencia, en un tiempo lineal, tal como muchas personas encuadran sus ideas sobre el karma. Fui guiada a pensar así.



En el estado ECM, observé que cada momento en todas nuestras vidas -pasadas,  presentes,  futuras, conocidas, desconocidas y sin conocer- existen simultáneamente, como si existieran fuera de lo que nosotros conocemos como el tiempo. Me volví consciente que ya era todo lo que estaba tratando de lograr ser y creo que eso es cierto, para todos. Todo lo que hemos percibido como positivo, negativo, bueno o malo son simplemente partes del perfecto y balanceado Todo.

P: He oído a las personas hablar de la importancia del  perdón.  ¿Sintió usted que tenía mucho  que perdonar en el otro reino?


R: En el estado ECM, la claridad es tan aguda que el concepto de  perdonar  tiene  un significado  muy diferente. Entendí que era a mí misma a quién no  había perdonado, no  a los demás.  No  existía un juicio negativo por nada que aparentemente hubiera hecho mal -sino que simplemente entendí por qué lo había hecho todo.

También entendí que dentro de ese reino infinito y sin juicios, en realidad no existe la necesidad     de perdonarme o perdonar a nadie más. Todos somos perfectos y exquisitos niños del universo y existimos desde el  amor puro. El   Amor incondicional es nuestro derecho de nacimiento, en vez   del juicio o la condena y no existe nada que tengamos que  ganarnos.  Es simplemente  quiénes y qué somos.

La necesidad de perdonar nace de ver las cosas como buenas o malas, pero cuando no hay juicios, no hay nada que tengamos que perdonar. Dentro del tapiz cósmico estamos creando; todos los pensamientos, palabras y obras son necesarios para la creación del  Todo infinito y  magnificente.  Así como en el espectro de luz que mencioné anteriormente, todos los colores son necesarios para dar contraste y traer la vida hacia el ser. Entonces, ¿qué habría que perdonar?

En este punto, he reemplazado el perdón por la empatía, el amor incondicional  y la compasión -  por mí misma y por otros. En lugar de juzgar, creando la necesidad de perdonar, ahora sólo siento amor y gran respeto por los papeles multifacéticos que cada uno de nosotros jugamos en la  creación del Todo.

P: Demasiado amor propio, ¿no vuelve egoístas a las personas?


R: Una vez que entendemos que cada uno de nosotros está en el centro del universo infinito, nuestro centro para el Todo se vuelve más importante que cualquier cosa y  vemos  el valor  de  amar el ser. No podemos dar de lo que no tenemos.

En mi cultura, fui enseñada a poner a los demás primero y a mí, de última  o simplemente, en  ningún lugar. No fui enseñada a amarme a mí misma ni a valorar a quién y lo qué soy. Como consecuencia, tenía muy poquito que ofrecer a los demás. Solamente cuando llenamos nuestra  copa con aprecio por nosotros mismos, tendremos algo que dar. Sólo cuando nos amamos incondicionalmente, aceptándonos como las criaturas magnificentes que somos, con gran respeto



y compasión, podremos, algún día, ofrecerle lo mismo a alguien más. Amar nuestro ser viene de primero y amar a los demás es el resultado inevitable.

El egoísmo viene de muy poquito amor hacia nosotros mismos y no de demasiado; por eso es que sentimos la necesidad de compensar, aquí, esa carencia. No hay tal cosa como  quererse  demasiado, ni tampoco eso de sentir demasiado afecto genuino por los demás. Nuestro mundo sufre de muy poquito amor propio y demasiado juicio, inseguridad, miedo y desconfianza. Si todos nos quisiéramos más, la mayoría de estos vicios desaparecerían.

Decir “te amo” cuando eres incapaz de decírtelo a ti mismo, no es más que actuar. No es real. El afecto por mi ser y por el de los demás es la misma cosa. Todos nosotros somos Uno –todos interconectados. El ser conscientes de nuestra propia divinidad nos puede ayudar a ver nuestra magnificencia y que somos merecedores de amor, sin condiciones. Una vez que lo entendamos, ofrecer lo mismo a todos los demás se vuelve más fácil.

P: La mayoría de la gente en un camino espiritual cree que el  ego  impide  el  crecimiento espiritual y que se supone que lo eliminemos. ¿Por qué no lo aconseja usted?


R: Porque si usted niega el ego, éste se volverá más fuerte contra usted. Entre  más  se  rechaza  algo, más fuerte será su pelea por sobrevivir. Pero cuando usted puede amar por completo su ego incondicionalmente y lo acepta como parte de cómo se expresa en esta vida, ya no tendrá problemas con él. No le impedirá su crecimiento -por el contrario, será una ganancia.

Todos nacemos con un ego; es una parte natural de quienes somos. Solamente estamos sin él por completo en la muerte. Luchar contra él durante la vida sólo hace que nos juzguemos más a nosotros mismos.

Además, sólo cuando amamos a nuestro ego incondicionalmente somos capaces de aceptar el de  los demás. Aquí es cuando deja de ser un problema y la humildad y la magnificencia realmente brillan.

P: ¿Cuál es su opinión sobre el servicio y servir a otros?


R: Cuando el servicio viene del centro de nuestro ser, es la forma más elevada de amor a nosotros mismos. Sabemos de esto cuando sentimos dicha mientras servimos. Inclusive, ¡se sentirá liviano y será divertido! Esto nos eleva tanto a nosotros como a quien lo recibe y ayuda a elevar y valorar el ser del receptor.

Pero si actuamos desde la obligación o con un sentimiento de deber, se vuelve grave y pesado y puede ser un desgaste de energía. Esto en realidad no nos hace ningún bien y tampoco es tan  bueno para quien lo recibe -especialmente si pueden sentir que actuamos obligados. Esto puede hacer sentir a la persona disminuida y sin valor.



Aún más, cuando algo viene desde el centro de nuestro ser, no es ya más una acción -se vuelve lo que somos. No tenemos qué pensarlo o trabajarle. Nos volvemos un instrumento de servicio para que se manifieste en este planeta. Esta es la diferencia entre ser servicio y actuar un servicio.

Este nivel de conexión proviene de la consciencia de que no hay separación entre el ser y el Universo. Es el conocimiento de que lo que hago para el Todo, lo estoy  haciendo también para el  ser y viceversa -es realmente un estado feliz y divertido en el cual estar.

P: Cuando miro a mi alrededor parece haber mucho rencor, discusión y completa hostilidad de quienes insisten que su realidad o punto de vista es lo único que existe. Sin embargo, su experiencia y la de muchos otros que han tenido una ECM, indican que lo que consideramos realidad no es ni más ni menos real que una especie de sueño. Así que esencialmente la gente  está discutiendo sobre cuál ilusión es la más válida. ¿Puede explicar esto un poco?


R: Sólo puedo contarles mi experiencia. Para mí, fue como si cuando “morí” me despertara de un sueño. No fue como si me hubiera ido a ningún lugar, sino como si me hubiera despertado y fuera capaz de percibirlo todo a través de los sentidos -eso quiere decir, 360 grados  de  visión  y  cinestesia completa o percepción simultánea de los sentidos. ¡Podía ver, oír, sentir y saber todo lo referente a mí! Estaba viviendo mi pasado, presente y futuro simultáneamente. También supe lo que estaba pasando más allá de las paredes y el espacio, mientras se relacionara conmigo -tales como las visiones de las conversaciones de mis doctores y de mi hermano en el avión, etc.

Yo lo comparo con una persona ciega que es capaz de ver por primera vez. El individuo no fue a ningún lugar, pero la claridad de cómo se ve el mundo en realidad (contrario a lo que él pensaba  que era) ¡sería asombrosa! De repente, él entendería cosas tales como el color y la sombra, cosas que ahora están más allá de lo que era su entendimiento conceptual.

Al respecto, para mí, hubo un entendimiento increíble de cómo estamos todos interconectados y cómo lo que yo siento afecta al universo, ya que el Todo está en mi interior. En lo que  a mí  respecta, si yo estoy feliz, el Universo es feliz. Si me amo a mí misma, todos los demás me amarán también.

Después de regresar, aunque he perdido algunos de los sentidos intensificados/aumentados que tuve durante mi ECM, el entendimiento, claridad y sentimientos de amor no me han abandonado. Los puntos ya están conectados y no puedo volver a pensar de la forma como lo hacía antes. Imagínense a la persona ciega si vuelve a quedarse ciega. Cada vez  que  camina  por el  mundo,  sabe realmente como luce, aun cuando no puede verlo. Esto es más o menos parecido a lo que me pasa a mí ahora.

Y respecto a que este plano no es real, creo que todos hemos creado nuestra propia realidad basados en lo que pensamos qué es el mundo. En ese estado consciente parecía como sí esta existencia 3D fuera simplemente la culminación de mis pensamientos. Cuando estuve en el otro



reino, realmente desperté en un lugar más real que este… algo así como lo que sentimos cuando  nos despertamos de un sueño a nuestra realidad de todos los días.

P: ¿Cuáles son sus ideas sobre la religión? He notado que raramente, habla de ello cuando relata su experiencia.


R: Eso es debido a que la muerte trasciende la religión, lo cual es algo que hemos creado con el fin de que nos ayude a vivir o a entender la muerte. Pero una vez que experimenté  el  otro reino,  tratar de encajarlo en una religión -sin importar cuál de ellas- realmente parece reducirlo.

Otra razón por la cual no hablo de religión es porque puede crear división y esa jamás es mi intención. Prefiero incluir a dividir. En mi experiencia, nosotros somos todos Uno y sé que al morir, todos iremos al mismo lugar. Para mí no importa si creen en Jesús, Buddha, Shiva, Allah o en ninguno de ellos. Lo que importa es lo que sientan respecto a sí mismos, aquí y ahora, porque esto es lo que determina cómo conducirán su vida aquí. No hay más tiempo que el momento presente, así que es importante ser tú mismo y vivir tu propia verdad. ¡Científicos apasionados, viviendo  desde su magnificencia, son igualmente valiosos para la humanidad que un cuarto repleto de Madres Teresas!

P: Una de las declaraciones que más me intriga sobre lo que usted entendió en su experiencia tiene implicaciones que son profundas, multifacéticas y muy abarcantes. Estoy hablando de su fuerte afirmación de que efectivamente podemos alterar nuestro pasado con las elecciones que hacemos, momento a momento, mientras nuestras vidas se van desarrollando hacia el futuro.

¿Estoy metiéndome más allá de lo que usted está expresando o esto se acerca a lo que sostiene?

R: Usted lo ha interpretado perfectamente como lo quise decir.  Siento que  el momento presente  es el único punto en el tiempo que tenemos para crear nuestra realidad. Por favor, dense cuenta que intencionalmente no dije “crear nuestro futuro.” El pasado y el futuro parecían envolverme y por eso fui capaz de alterar los resultados de los exámenes dependiendo de si regresaba o no.

Estoy de acuerdo con que esto es importante por sus implicaciones. Para mí, esto continúa desarrollándose cada día, y ahora esta consciencia es más grande que la misma ECM.

P: En la narración de su ECM, usted explicó: “Toda enfermedad primero empieza en la energía y luego se manifiesta en el cuerpo”. ¿Presiente usted cómo se logra y qué causa  que  la  enfermedad se forme, en primer lugar?


R: Durante mi ECM, sentí que mi cuerpo en su forma sólida, no existía. Era solamente energía pura
-quizás pueda interpretarse como alma o espíritu. Yo era mucho más grande que el cuerpo y me gusta usar la palabra magnificente, porque así se sentía en ese estado. Era como si tener un ser  físico fuera una idea que ocurre a posteriori.  Esta masa de  energía infinita era mi  ser  verdadero y el cuerpo era sólo un barómetro que mostraba cuánta de esta fuerza de vida estaba “pasando a



través” o siendo expresada. Parecía como si el mundo de 3D fuera la otra dimensión y mi masa energética, la real.

Por lo anterior, siento que cuando decimos que hay gente con una vibración más alta, es posible  que lo que queremos decir es que ellos se permiten recibir, a través de ellos mismos, más de su magnificencia auténtica, así que los índices de sus barómetros son realmente altos. Como consecuencia su energía positiva y su presencia física son fuertes. En ese reino, sin embargo, nadie parecía más fuerte o más débil. Todos eran magnificentes. Pero qué tanto de eso expresamos a través de nuestros cuerpos a esta dimensión, parece ser nuestra elección.

P: ¿Está sugiriendo que el poder de su sanación vino del interior y no de una fuente externa?


R: No era ni interna ni externa; podría decir que fueron ambas. Cuando ya no me  estaba  expresando desde el estado de la dualidad, fui consciente que no hay separación entre “con”  y “sin”. Me volví la Fuente de todas las cosas y la Fuente se volvió yo. Pero si usted se está refiriendo  a que si pienso que estuve como un ego o un ser físico detrás de mi sanación, entonces, no. Se emanó desde expresarme a través de mi ser infinito y saber que no estoy separada de la Fuente ni de nada.

P: ¿Qué piensa sobre las diferentes modalidades de sanación tanto  occidentales  como orientales?


R: Creo que muchos tratamientos y modalidades son útiles –y también quiero aclarar que no creo que sea necesario tener una ECM para sanarse.

Antes de mi ECM, todo lo que hice venía desde un lugar de miedo, aunque  se tratara de sanación. Mi maquillaje sicológico era tal que sólo buscaba esas cosas porque les tenía miedo a las consecuencias de no hacerlo.

Pero cuando el miedo ya no está ahí y venimos desde una perspectiva de confiar, entonces las modalidades de sanación tienen una opción de funcionar. Durante mi pequeña estadía en la India, mi salud mejoró porque estaba alejada de la atmósfera de miedo. Estaba en una cultura que apoyaba una alternativa respecto al cáncer, totalmente diferente. Era mucho más positiva. En el Hong Kong occidentalizado, la mayoría de la gente que encontraba le tenía un miedo gigante al cáncer y me lo transmitieron. Pero en la India me dieron una perspectiva diferente que me brindó esperanzas. Puse mi confianza en ella y sentí muy rápido los efectos en mi salud.

P: Usted dice que su cáncer pareció sanar cuando fue a la India y recibió  tratamientos ayurvédicos, pero cuando regresó a Hong Kong, la enfermedad volvió. ¿Qué piensa  usted  respecto a que pareciera haber desaparecido en la India y retornado en Hong Kong?


R: Para reiterarlo, creo que la medicina ayurvédica me funcionó porque en la India no había conflicto. Todos a mi alrededor creían en lo mismo y lo que yo estaba haciendo tenía sentido para



todos. No estaba confundida. Por primera vez, sentí que estaba en el camino correcto. También tenía mucho apoyo de los doctores ayurvédicos, ashrams, etc.; todos apoyaban esta modalidad.

Pero aquí en Hong Kong, las opciones son interminables, multi-culturales y todas las diferentes modalidades tenían conflictos entre sí. Mi primera elección jamás fue la medicina occidental convencional, pero si no hubiera estado inclinada por otros métodos, me habría tocado elegirla. Personalmente era lo último que quería.

Pienso que si hubiera nacido y me hubiera criado en la mitad de  China, la medicina tradicional  China me hubiera funcionado también -pero a lo mejor, ¡ni me hubiera enfermado! ¿Saben que en la cultura china, el cáncer se define como “la enfermedad de la gente occidental?” ¡Tienen el entendimiento que la incidencia de cáncer en China, Japón y, aún en la India, es mucho más bajo que en los países occidentales!

Muchos creen que se debe a la dieta, pero yo creo que eso es sólo una parte. Otro factor, aún más importante son las  creencias mentales relativas al  cáncer en occidente, el  miedo que lo rodea y  sus constantes campañas de “alerta”. La medicina convencional de occidente  se  enfoca  en detectar el cáncer y la mayoría de su tecnología es para diagnosticarlo, no para promover el bienestar y balance físico, como un todo.

P: ¿Qué diferencias encontró en su experiencia entre las modalidades de sanación occidentales y orientales?


R: El ir y venir entre las dos me produjo un estado emocional parecido al de estarme columpiando entre el miedo y la esperanza.

Los médicos occidentales se enfocaban sólo en el cáncer, haciéndome sentir como si algo externo estuviera atacando mi cuerpo, algo de lo cual había que deshacerse. En otras palabras, el cáncer es el enemigo y tiene que ser atacado. Sus diagnósticos siempre instalan miedo.

Los médicos de Oriente (tanto ayurvédicos como los de la medicina china tradicional) le daban una perspectiva más holística a mi bienestar. Ellos veían mi enfermedad como la manera que tenía mi cuerpo de sanar sus desequilibrios -no solamente los físicos, sino los emocionales y mentales. El cáncer realmente era mi aliado. Estos métodos eran mucho más reconfortantes y me daban más esperanza.

Con posterioridad a mi ECM, fue más fácil para mí ver que el cáncer, en sí, no era el enemigo o la enfermedad. Entendí que lo que él estaba tratando de decirme en mi caso, en particular, era en realidad la manera como mi cuerpo estaba tratando de sanarme. Para mí, mirar el cáncer como un enemigo que necesitaba ser aniquilado, no resolvía los problemas subyacentes que inicialmente lo habían causado. Algo más profundo fue dirigido durante la ECM, que detonó la desaparición de las células cancerígenas.



P: Parece que está diciendo que las modalidades de sanación son basadas en la cultura y que no hay una superioridad intrínseca entre ellas cuando se trata de cáncer. ¿La estoy entendiendo bien?


R: Si, esto es en esencia lo que estoy diciendo, basada en mi experiencia. Recuerden que desde mi perspectiva, muchas enfermedades modernas son realmente mentales y espirituales que se manifiestan en el cuerpo. Tratamientos dirigidos a la mente y al espíritu tendrían una oportunidad mayor de efectuar un cambio que aquellos tratamientos que sólo manejan el cuerpo. Y cualquier modalidad que sea apoyada por completo por la cultura será más efectiva que una que no tenga   esa fuerza subyacente -especialmente si  el método se dirige a las creencias mentales del paciente    y a su perspectiva espiritual.

P: Desde su propia experiencia, ¿qué piensa sobre el cáncer y la medicina? ¿Usted cree que nos estamos acercando a encontrar su cura?


R: Debido a mi experiencia, personalmente creo que casos específicos como el mío, son una enfermedad de la mente y el alma, no del cuerpo. La manifestación física es simplemente un síntoma de algo mucho más profundo. No creo que la cura para estos casos se encuentre en la medicina, porque los científicos buscan en el lugar equivocado -ellos sólo estudian los síntomas y   no la causa, creando luego drogas para enmascarar los síntomas. Ellos pueden ser capaces de manejar los síntomas pero no creo que encuentren una “cura”.

Me parece que hay un campo muy rico de investigación alrededor de la enfermedad, basada en lo que entendí sobre mi propia enfermedad y la ECM. Tristemente no he visto ninguna investigación bien fundamentada y real en lo que yo veo como las verdaderas causas del cáncer; sin embargo, se gastan millonadas en puntos de vista basados en las drogas. A menudo me pregunto, ¿porque parece ser más rentable vender medicamentos que promover en la gente el entendimiento de su propia y divina magnificencia?

Creo que mi cáncer se relacionaba con mi identidad propia y fue la forma que mi cuerpo tuvo para decirme que mi alma estaba sufriendo por la pérdida de su propio valor -de  su  identidad.  Si hubiera sabido la verdad de quién en realidad soy, ¡no me hubiera dado cáncer!

P: ¿Qué opina del dinero, desde la perspectiva del más allá? Algunos creen que el dinero es la causa de muchos de los problemas y males de este mundo. ¿Qué opina Ud.?


R: El dinero, en sí mismo, no tiene poder alguno, distinto del que nosotros elegimos darle, y así es con todo en esta dimensión. Todo puede ser usado para bien o para mal, pero en sí mismo es simplemente algo neutral. Elegimos darle poder. Hacemos juicios  –tanto  negativos  como  positivos- sobre el dinero, la religión, las razas, etc. Creamos ciertas creencias sobre  ellos,  les damos una carga emocional y, ahí mismo, ya tenemos una situación en la cual las personas creen volverse más fuertes o necesitan luchar para defenderse.



No estoy diciendo que sea algo malo -inclusive puede ser una parte necesaria para existir en este reino. Vivimos en un mundo de aparente dualidad, donde siempre  estamos decidiendo qué  es  malo o bueno, qué es negativo o positivo. Tenemos emociones y se las imponemos a nuestras creencias, incluyendo aquellas sobre el dinero. Hubiéramos podido otorgarle las mismas cargas emocionales a otra cosa, a otra moneda o sistema de intercambio, y eso tendría el mismo poder  que el dinero tiene en el presente.

Pero la muerte trasciende la dualidad. Trasciende la religión, las razas, la cultura y todos nuestros valores y creencias. No somos nada de esas cosas, sino que simplemente nos expresamos a través de ellas, en este punto en el tiempo. Nosotros somos algo mucho más grandioso.

P: Muchos que desean sanarse les gustaría saber cómo hacer estas cosas: “Tener fe en su sanación,” “Soltar y permitir la sanación” y “Acceder a su lugar de sanación.” ¿Son estas cosas útiles para el común de las personas? La gente que desea sanar sus cuerpos debe conocer cómo ponerlas en práctica.


R: No me gusta apoyar una metodología prescrita, ni instrucciones, ni nada por el  estilo,  porque si lo hago, sólo estaré creando más dogmas. Se trata de liberarnos completamente de todo eso. Sin embargo, sugiero no mirar a la enfermedad o a los síntomas como “algo de lo que me tengo que deshacer”, como si fueran un enemigo. Ésta es una reacción basada en el miedo. Para mí, la aparición de esos síntomas es la forma cómo mi cuerpo está tratando de sanarme. Sé que si trato  de eliminar la enfermedad con una actitud de adversario, terminaré haciendo lo opuesto, antagonizando con ella y sumergiéndome más profundo adentro de las creencias mentales de la enfermedad.

Esto no necesariamente significa que no acudamos al médico. Sólo me refiero a cómo veo la enfermedad o las manifestaciones físicas del cuerpo. La idea es no obsesionarse con esto y  pasar  los días dándole vueltas con el sólo propósito de deshacerse de la enfermedad.  Es  realmente mucho más productivo distraerse y mantenerse ocupado con actividades que lo  estimulen  de forma positiva y creativa.

Tanto como pueda, trataría de liberarme de la necesitad de que mi salud sea de cierta manera con  el fin de encontrar felicidad. Simplemente crearía felicidad en el momento presente, como si ya estuviera sana. Vivir en el presente significa no cargar  ningún equipaje emocional de un instante  del tiempo al siguiente. Cada instante es único y no puede ser duplicado. Es nuestra elección si cargamos nuestros miedos con nosotros, manteniéndonos atrapados en la enfermedad.

No tienen que ser un gurú espiritual o algo por el estilo. Simplemente sáquenle lo mejor a cada minuto, viviéndolo en su totalidad, haciendo cosas que los hagan felices, aunque les quede un mes  o 100 años de vida.

P: Las teorías son interesantes, pero quisiera consejos prácticos. ¿Cómo se mantiene saludable ahora- qué come y qué evita en su dieta?




R: Bueno, mi dieta ha cambiado desde mi  ECM, pero me temo que  no en la forma que usted  piensa. Solía estar paranoica acerca de lo que comía. Era una vegetariana estricta. Consumía sólo alimentos orgánicos y estaba muy metida en lo macrobiótico, los suplementos vitamínicos, el jugo de trigo orgánico. Todo eso fue antes de que me enfermara. Pensaba que todo causaba cáncer, desde los microondas hasta los preservantes. Comía muy saludable pero lo hacía desde el miedo.

Ahora como cualquier cosa que me apetezca. Me encanta el chocolate y un buen  vino  o  champaña, de vez en cuando. Simplemente, ¡me aseguro de pasarla bien con la comida y la vida!

Creo que es más importante estar feliz que cualquier otra cosa.

No es divertido comer esos alimentos que llamamos “correctos” por miedo a enfermarnos y sentirnos, por eso, miserables. El estar ansiosos causa, por completo, otro tipo de problemas. Nuestros cuerpos son realmente mucho más resistentes de lo que les concedemos, en especial si somos felices y no estamos bajo estrés.

Aún cuando escojo comer saludablemente, lo hago desde el amor, en lugar del miedo. Ese es mi método en cada uno de los aspectos de mi vida. Los invito a vivir de la misma manera.

P: Si hubiera un mensaje o lección de su ECM que deseara que todos conocieran, gritarlo a viva voz, ¿cuál sería?


R: Me gustaría que supieran que cada parte de ustedes es magnificente –su ego, intelecto, cuerpo    y espíritu. Es quiénes son –un producto hermoso de esta creación del Universo. Cada aspecto de ustedes es perfecto. No hay que excluir nada, nada que perdonar, nada que lograr. Ya son todo lo que necesitan ser. Puede parecer muy complicado, pero no lo es.

Si alguna religión los hace sentir menos que sus mimas deidades, podría deberse a una de dos razones: quizás no la han entendido bien o ella no está haciendo un buen trabajo de enseñarles la verdad. Si un gurú, profesor o maestro, les hacen sentir que ustedes “todavía” no están iluminados sino que les falta por “aprender”, “soltar” o “dejar ir” para lograrlo, entonces ellos no están haciendo un buen trabajo de enseñarles quiénes realmente son; o ustedes los están mal interpretando.

Recuérdenles a sus seres cercanos que sean ellos mismos y díganles que ustedes los aman de la manera que son. Ellos son perfectos y usted también. No hay nada que no deba ser amado. La mayoría del sufrimiento parte de sentirse “menos que”. ¡Ustedes no son  menos  que  nada  ni nadie! Ustedes están completos.

Lo único que deben aprender es que ¡ya son lo que están tratando de lograr!  Simplemente  expresen lo únicos que son ¡sin miedo, con toda tranquilidad! Es por esto  que  ustedes  están hechos de la forma que son. Por eso están aquí en el mundo físico.


CONCLUSIÓN



Antes de terminar, me gustaría dejarlos con unas pocas palabras finales. Recuerden siempre jamás entregar su poder –en vez de eso, comuníquese con su propia magnificencia. Cuando se trata de encontrar el camino correcto, hay una respuesta diferente para cada persona. La única solución universal que tengo, es ámense a sí mismos incondicionalmente y ¡sean ustedes  mismos  sin  miedo! Esta es la lección más importante que aprendí de mi ECM y, honestamente, creo que si yo hubiera sabido esto en primer lugar, no habría contraído cáncer.

Cuando somos fieles a quienes realmente somos, nos volvemos instrumentos de la verdad para el planeta. Debido a que todos estamos conectados, tocamos las vidas de todos los demás a nuestro alrededor, quienes a su vez, afectan a otros. Nuestra única obligación es ser el amor que somos y permitir que nuestras respuestas vengan desde el interior, que es la manera más apropiada para nosotros.

Finalmente, tengo que insistir en la importancia de disfrutar y no tomarse a sí mismos o la vida demasiado en serio. Una de las fallas mayores que tienen los sistemas espirituales tradicionales, es que a menudo ellos nos hacen tomar la vida demasiado en serio. Aunque ya saben que abomino crear doctrinas, si alguna vez tuviera que crear un sistema de principios para un camino espiritual hacia la sanación, el número uno de mi lista, sería asegurarme de reír tan a menudo como sea posible todos los días -y preferiblemente reírnos de nosotros mismos. Esto estaría por encima de cualquier forma de oración, meditación, cánticos o cambio de dieta. Los problemas del día a día nunca parecen tan grandes cuando son vistos a través del velo del humor y amor.

En esta era de tecnología informática, estamos bombardeados con noticias, según parece, a la velocidad de la luz. Estamos viviendo en una era de alto estrés, de miedo y de protegernos de todo lo que creemos “que está ahí afuera,” nos hemos olvidado de gozarnos y de amar lo que está adentro.

Nuestra vida es nuestra oración. Es nuestro regalo a este  universo. Los recuerdos que dejemos  atrás cuando algún día dejemos este mundo, serán nuestro legado para nuestros seres  amados.  Nos lo debemos a nosotros mismos y a los demás a nuestro alrededor: ser felices y esparcir esa dicha por todo lado.

Si podemos ir por la vida armados con humor y entendimiento de que somos amor, ya estaremos avanzados en el juego. Agréguenle una caja de buenos chocolates a la mezcla y realmente
¡tenemos la fórmula ganadora!

Les deseo felicidad a medida que van comprendiendo su magnificencia y exprésense sin miedo alguno por el mundo. Namaste! Anita Moorjani

ACERCA DEL AUTOR


Anita Moorjani nació en Singapur, de padres indios; fue trasladada a Hong Kong a la edad de dos años y ha vivido allí la mayor parte de su vida.  Debido a sus orígenes y  a su educación británica,  ella es multilingüe y creció hablando inglés, cantonés y un dialecto indio simultáneamente; más tarde, aprendió francés en el colegio. Anita había trabajado en el mundo corporativo por muchos años antes de que se le diagnosticara cáncer, en abril de 2002. Su experiencia fascinante y conmovedora a comienzos del 2006, cambió radicalmente su perspectiva sobre la vida,  y  su  trabajo está ahora impreso con lo profundo de las interiorizaciones que obtuvo mientras estaba en el otro reino.

Como resultado de su ECM, Anita es invitada a menudo a hablar en conferencias y eventos alrededor del mundo para compartir sus revelaciones. También es una invitada frecuente de la Universidad de Hong Kong en su Departamento de Ciencias del Comportamiento, hablando sobre tópicos tales como el comportamiento con enfermedades terminales, enfrentando la muerte y la sicología de las creencias espirituales. Ella es representante de la verdad de que todos tenemos un poder interno y sabiduría para trascender hasta las situaciones más adversas de la vida; ella es la prueba viviente de esta posibilidad.

Anita vive actualmente en Hong Kong con su esposo; cuando no está viajando  y  dando conferencias, ella trabaja como consultora intercultural  para empresas multinacionales con sede   en la ciudad.

Página de Internet: www.anitamoorjani.com

 Traducción libre y gratuita al español de mi esposa y revisión mía (Sep/2012) 


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