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sábado, 24 de octubre de 2015

EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (I) (II) (III) (Y IV) -24-10-2015


Tiempo Para el Cambio –  EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (III)
















EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (I) (II) (III)  

El hecho que narro a continuación es de una enorme importancia en el estudio y enjuiciamiento de todas las religiones y del propio fenómeno ovni. Lo transcribo tal como aparece en mi último libro “Iglesia ¡despierta!”.

Se trata de la conversación que el papa Juan XXIII mantuvo con un ser que descendió de un pequeño ovni que se posó en los jardines de Castelgandolfo el año 1961, cuando el Papa paseaba con su secretario, el sacerdote Loris Francesco Capovilla.
Estas son sus palabras: “El Papa y yo estábamos caminando a través del jardín una noche del mes de julio de 1961, cuando observamos sobre nuestras cabezas una nave muy luminosa.
Era de forma oval y tenía luces intermitentes de un color azul y ámbar. La nave pareció sobrevolar nuestras cabezas por unos minutos y luego aterrizó sobre el césped en el lado sur del jardín.
Un extraño ser salió de la nave; tenía forma humana a excepción de que su cuerpo estaba rodeado de una luz dorada y tenía unas orejas más alargadas que las nuestras.
Su Santidad y yo nos arrodillamos; no sabíamos lo que estábamos viendo, pero supimos que fuese lo que fuese no era de este mundo y por tanto debía ser un acontecimiento celestial. Rezamos y cuando levantamos las cabezas el ser estaba todavía allí.
Esto nos demostró que no era una visión lo que vimos. ”
El Santo Padre se levantó y caminó hacia el ser; los dos estuvieron alrededor de veinte minutos el uno frente al otro.
Se los veía gesticular como si hablaran, pero no se escuchaban sonidos de voces.
No me llamaron, por lo que permanecí donde estaba y no pude oír nada de lo que hablaron.
Luego el ser se dio la vuelta y caminó hacia su nave y, enseguida, se elevó.
El Papa me dijo textualmente: ‘Los hijos de Dios están por todas partes, aunque algunas veces tengamos dificultad en reconocer a nuestros propios hermanos’; y continuamos nuestro paseo como si nada hubiera pasado.
Varias veces después de aquel suceso, el Papa y yo caminamos a través del jardín, y sus ojos miraban hacia el cielo.
Él nunca dijo nada de platillos volantes, pero estoy seguro de que ambos teníamos a los visitantes extraterrestres en nuestras mentes”.Juan XXIII, además de admitir su existencia real, llama ¡hijos de Dios! a los extraterrestres, e inexplicablemente (o más bien muy explicablemente), este hecho trascendental, más importante que los miles de casos que los ovnílogos han estado investigando en los últimos sesenta años, y también más importante que todos los tratados teológicos que se han escrito, apenas ha tenido eco ni entre los ovnílogos ni entre los teólogos.
Y es que para los “expertos”, mezclar la religión con los ovnis no es ni teológica ni ovnilógicamente correcto.
Pero este hecho es una rotunda confirmación de la total relación existente entre las religiones y el fenómeno ovni, que es la tesis que he defendido siempre y especialmente en mi libro Teovnilogía. 
Sobre este importantísimo hecho, escribiremos más en próximos días.


 EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (II)
Veo que lo que escribí ayer ha suscitado interés en las mentes despiertas.
No me molesta en absoluto que haya quien discrepe en temas tan importantes y profundos.
Es muy lógica la pregunta de algunos amigos de cómo es posible que el Vaticano en todos estos años no haya dicho nada sobre un hecho de una importancia tan enorme.
La contestación a esta duda es muy sencilla y yo la vengo diciendo desde hace más de veinte años: porque la visita y lo dicho por Juan XXIII, es ácido sulfúrico, sino para todo el dogma, sí para ciertas partes importantes de él, que tendrían que ser revisadas a fondo.
Si la mera realidad del fenómeno ovni en sí, constituye ya un problema para ciertos aspectos de la ciencia, el hecho de habérsele presentado personalmente un extraterrestre al Papa, es algo vital para el cristianismo.
Como ya dijimos, el testigo presencial fue el actual cardenal Loris Francesco Capovilla, que hace unos días cumplió un siglo de edad, con su cabeza totalmente despierta.
Los veinte años que tardó en decir por primera vez lo que había pasado en los jardines de Castelgandolfo y los cincuenta y cuatro años que han pasado desde que aquello ocurrió, son un silencio demasiado largo y llamativo, que claramente está diciéndonos que la Santa Sede no quiere que se hable del caso.
Y para los que digan que es uno de los tantos bulos que corren sobre la persona de Juan XXIII, les diremos que igualmente es muy extraño que en todo este tiempo, nadie del Vaticano se haya tomado el trabajo de desmentir el bulo, porque eso sería dar a conocer un hecho que apenas había trascendido, y preferían que siguiese así.
Es muy curioso también que, según se dice, (aunque yo desconozca el origen y la veracidad de este detalle), el Papa le dijo a su acompañante que no hablase de esto en veinte años, cosa que Capovilla hizo religiosamente.
Juan XXIII se daba perfecta cuenta de la enorme importancia que la visita tenía y de los muchos problemas de índole teológica que tal noticia podría acarrearle a la jerarquía y a la propia fe de los creyentes.
Alguno me escribió diciendo que él conocía el hecho porque un monseñor obispo lo había dicho en un vídeo.
Pero muy curiosamente el tal monseñor, una excelente persona, no pertenece a la jerarquía eclesiástica católica, sino a una Iglesia Católica y Apostólica Reformada, fundada por él en el 2007.
He visto el vídeo en el que él trata con todo respeto y veracidad los hechos, tal como el entonces joven sacerdote Capovilla se los contó el 23 de julio de 1985 al periodista londinense del diario “The Sun”.
Naturalmente esto no le da ni le quita credibilidad al hecho. Pero es muy curioso que entre los miles de monseñores que hay en la Iglesia Católica, solo un monseñor que no es auténtico, haya querido hablar del caso.
En próximos días diré en qué baso yo mi aceptación de esta visita como real, y cuáles son los problemas que le pueden acarrear al dogma cristiano y en concreto al de la Iglesia Católica.
Fuente : Salvador Freixedo



EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (III)
Ayer prometí decir en qué basaba mi convicción de la veracidad de la visita de un alienígena a Juan XXIII, y hoy me encuentro en mi muro un vídeo con la persona que más me ha ayudado para esta convicción.
Se trata de mi amigo ecuatoriano Jaime Rodríguez, el mejor investigador de ovnis de Sudamérica.
Como periodista inteligente que es, se dio cuenta de que la tal visita tiene más trascendencia para desentrañar el misterio de nuestros visitantes espaciales, que sus mil piruetas aéreas y contactos con individuos particulares.
En su vídeo muestra una conversación con el monseñor Higinio Alas que ni le da ni le quita fuerza al hecho; lo que sí se la da, son las investigaciones que Jaime Rodríguez ha hecho en Italia tratando de llegar a la fuente inicial de la noticia.
Intentando hablar directamente con el anciano cardenal, trató de ponerse en contacto con las personas más allegadas a él, cosa que no le resultó nada fácil.
Primeramente habló con Filippo Riva el cual lo remitió a monseñor Ezio Bolis, que muy educada y curialmente se mostró poco complaciente.
El resumen de toda la información que el monseñor le dio, fue que el cardenal Capovilla ya había dicho en su tiempo lo que tenía que decir y que no había interés en hablar de ese tema.
En otras palabras, se admitía que algo había pasado, pero que se prefería no hablar de ello.
El amigo Jaime sacó la impresión de que había un positivo interés en mantener silencio sobre lo ocurrido.
Aparte de esto, una periodista reportera de Televisa, hizo en Italia investigaciones a varios niveles sobre este mismo tema y mandó sobre ello un reportaje en el que también se hablaba positivamente del encuentro, pero no sabe por qué razón, los directivos del canal no quisieron publicarlo.
Imaginamos que ante la importancia de la noticia, querrían curarse en salud y preguntaron a la curia, que seguramente les diría que la noticia era un bulo más sobre el buen papa Juan XXIII.
Reconozco que lo de la consulta a la curia es solo una conjetura mía, pero la realidad es que el reportaje no salió al aire Si la memoria no me engaña, tengo idea de haber visto en “Religión en libertad” que el cardenal Capovilla, preguntado no hace mucho sobre la realidad del hecho, dijo que era verdad.
Pero lo que más me inclina a creer en ello es su largo silencio ante un “bulo” en el que él está directamente implicado y que por lo tanto tiene la obligación de desmentir, y que, por otra parte, es muy perjudicial para el dogma. •
En el Vaticano ha habido dos sacerdotes que han tenido alguna relación con el mundo de los ovnis.
El primero fue Corrado Balduci, que allá por los años setenta y ochenta, era el que daba la cara ante los periodistas que preguntaban acerca del fenómeno.
Recuerdo alguno de sus artículos en el “Giornale dei misteri” en el que, admitiendo la realidad de los ovnis, decía muy ingenuamente que eso no era problema alguno para el dogma cristiano.
Desconocía por completo la hondura del fenómeno. El otro sacerdote es el argentino Padre Funes, actual director del observatorio del Vaticano.
Hace unos dos años cuando le preguntaron qué pensaba de los ovnis, adoptó en la respuesta el estilo “científica y políticamente correcto” de no pringarse con el tema de los platillos volantes. Al fin y al cabo la astronomía es una ciencia muy seria.
Últimamente se ha mostrado más abierto al tema ante las declaraciones de militares de alto rango y hombres de ciencia.
Mañana diré las implicaciones que la visita del alienígena y las palabras de Juan XXIII pueden tener para las creencias cristianas y en concreto para el dogma católico.
Fuente: Salvador Freixedo

EXTRATERRESTRES EN EL VATICANO (Y IV)

25-10-2015
Los pocos eclesiásticos que hablan voluntariamente del fenómeno ovni suelen decir que no supone dificultad alguna para el dogma cristiano.
Pero se equivocan. El cristianismo está viciado “a radice” por su geocentrismo.
Durante siglos, para la mente de un cristiano, nuestro planeta y sus habitantes eran algo único en el cosmos, cuando la realidad es que el universo estalla de vida por todas partes.
Nuestra infantilidad nos hace creer que si la vida no es celular como la nuestra, no es vida.
Y por eso la teología cristiana ha estado por siglos prescindiendo de los demás habitantes del universo –la megaciencia sigue todavía negando su existencia— y presentándonos a un Dios pequeño y demasiado celoso, ocupado casi exclusivamente de los pecadores habitantes de este planeta.
El lejano día en que me convencí de que los ovnis eran reales, la primera pregunta que me vino a la mente fue: ¿sus tripulantes estarán también redimidos por Jesucristo?
Pregunta totalmente lógica en un creyente, pero que automáticamente nos lleva a otras cuestiones de mayor calado: ¿necesitarán ellos una redención?, ¿qué es la redención?, ¿tendrán también ellos un pecado original?, ¿y en qué consistió ese misterioso pecado original que necesita una redención?
Y de ahí saltamos al paraíso con la desobediencia y la mítica manzana, y ahí el dogma entero empieza a ponerse borroso, sobre todo, porque entra en juego la persona de Jesucristo, que es el centro y el eje de toda esta redención.
Y, por lo tanto, se impone la difícil tarea de redimensionar a Jesucristo y analizar cuál es su relación con el resto de los habitantes del cosmos.
Otra de las creencias del cristianismo, que conflige con la existencia de otros seres pensantes extraterrestres, es la idea de la salvación.
¿Ellos se han salvado ya? ¿Están expuestos también a una condenación eterna? ¿Y en qué consiste la salvación?
A través de sus dos mil años de historia los teólogos y los moralistas han tenido tiempo para ir pegándole añadidos a las enseñanzas básicas de Jesús, y así llegamos al siglo XXI con un dogma encorsetado y un derecho canónico rígido, que tiene que ser sometido a ciertas podas, que seguramente traerán disgustos como los que acarreó el concilio Vaticano II.
Nuestros visitantes nos han dicho de muy diversas maneras, cómo conciben ellos al Creador del universo, y sus ideas no suelen coincidir con las nuestras, aparte de que tampoco están muy de acuerdo entre ellos.
Es lógico que la mente que está por encima de todas las galaxias no sea fácilmente comprensible.
Dicho esto, yo, que no soy más que una enciclopedia de ignorancias –a pesar de todos los “maestro” que ustedes me dedican—, trato de cumplir lo esencial de las enseñanzas de Jesucristo: No le hagas trampas a nadie, ama a tu prójimo, no seas egoísta y ayuda en todo lo que puedas a los que lo necesitan.




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