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martes, 6 de septiembre de 2016

Despierta: El cambio como avaricia de Antoni Mello



Despierta: El cambio como avaricia 



Eso todavía nos deja una gran pregunta: ¿Hago algo para cambiarme a mí mismo?



¡Le tengo una gran sorpresa, muchas buenas noticias!



Usted no tiene que hacer nada. Cuanto más haga, peor será. Todo lo que tiene que hacer es comprender.




Piense en alguien con quien vive o con quien trabaja y que no le parece agradable, que le causa sentimientos negativos. Veamos lo que sucede.




Lo primero que usted necesita comprender es que el sentimiento negativo está en usted. Usted es el responsable del sentimiento negativo, no la otra persona. Otra persona en su lugar estaría completamente calmada y a sus anchas en presencia de esa persona; no se afectaría. Usted si. Ahora comprenda otra cosa: usted está haciendo una exigencia. Usted espera algo de esta persona ¿entiende? Entonces dígale a esa persona. “Yo no tengo el derecho de exigirle nada a usted”. Al decir eso, descartará su expectativa. “Yo no tengo derecho a exigirle nada a usted. Claro que me protegeré de las consecuencias de sus acciones o de su mal humor o de lo que sea, pero puede seguir adelante y ser lo que quiera ser. No tengo derecho a hacerle ninguna exigencia”.




Mire  lo  que  le  sucede  a  usted  cuando  hace  esto.  Si  encuentra resistencia para decirlo, cuánto va a descubrir sobre usted mismo. Permita que el dictador que hay en usted salga a la luz. Usted pensaba que era un cordero, ¿verdad? Pero yo soy un tirano y usted es un tirano. Una pequeña variación de “yo soy un asno, usted es un asno”. Yo soy un dictador, usted es un dictador. Yo quiero organizarle su vida; quiero decirle exactamente cómo se espera que sea y cómo se espera que se comporte, y es mejor que usted se comporte como yo he decidido o me castigaré a mí mismo con sentimientos negativos. Recuerde lo que les dije: todos somos locos.




Una mujer me contó que su hijo había obtenido un premio en la escuela secundaria. Lo había ganado por excelencia deportiva y académica. Ella se alegraba, pero casi tenía la tentación de decirle: “No te confíes en ese premio porque está preparándote para cuando no lo puedas hacer tan bien”. Ella estaba en un dilema: cómo prevenir su futura desilusión sin desilusionarlo ahora.





Esperamos que él aprenda a medida que ella crezca en sabiduría. No se trata de lo que ella diga. es algo que ella llegará a ser. Entonces comprenderá. entonces sabrá qué decir y cuándo decirlo. ese premio fue el resultado de la competición, la cual puede ser cruel si se basa en el odio a uno mismo y a los demás. La gente se siente bien sobre la base de que otros se sientan mal; usted gana derrotando a otro. ¿No es terrible? ¡Aceptado como obvio en un manicomio!




Un médico norteamericano escribió sobre el efecto de la competición en su vida. Él asistió a una escuela de medicina en Suiza, en la cual había un grupo grande de norteamericanos. Cuenta que algunos de los estudiantes se conmocionaron cuando se dieron cuenta que no había calificaciones, no había premios, no había cuadro de honor, no había un primer o segundo puesto en la escuela. El estudiante aprobaba o no aprobaba. Dijo: “Algunos no podíamos aceptarlo. Nos volvimos casi paranoicos. Creíamos que tenía que haber algún truco”. De manera que algunos se fueron para otra escuela. Los que se quedaron descubrieron algo extraño que nunca habían encontrado en las universidades norteamericanas: Los estudiantes brillantes les ayudaban a los otros a aprobar, compartiendo con ellos sus apuntes. El hijo de este médico asiste a la escuela de medicina de los Estados Unidos y le cuenta que en el laboratorio, la gente frecuentemente altera el microscopio de manera que el siguiente estudiante demore tres o cuatro minutos en ajustarlo.  Competición.  Tienen  que  tener  éxito,  tienen  que  ser perfectos. Y relata una bella historia, la cual dice él que es verdadera, pero que podría ser una hermosa parábola. Había una aldea en los Estados Unidos en donde la gente se reunía por la tarde a a escuchar música. Tenían un saxofonista, un tamborero y un violinista, la mayoría de ellos, personas de edad. se reunían para estar juntos y para gozar de la música, aunque no la ejecutaban muy bien. De manera que se divertían, gozaban, hasta que un día decidieron conseguir un nuevo director que tenía mucha ambición y mucha energía.





El nuevo director les dijo: “Amigos, tenemos que dar un concierto; tenemos   que   preparar   un   concierto   para   la   aldea”.   Luego, gradualmente,  fue  descartando  a algunas de  las personas que  no tocaban muy bien, contrató algunos músicos profesionales, organizó la orquesta, y los nombres de todos aparecieron en el periódico. ¿No era maravilloso? De manera que decidieron mudarse a la gran ciudad y tocar allí. Pero algunos de los ancianos con lágrimas en los ojos, dijeron: “Era tan maravilloso en aquellos tiempos cuando hacíamos mal las cosas y gozábamos con ellas”. De manera que la crueldad entró a su vida, pero nadie la reconoció como crueldad. ¡Miren cuán loca se ha vuelto la gente!




Algunos de ustedes me preguntan qué quería decir cuando expresé: “Usted sea usted mismo, eso está bien, pero yo me protegeré , yo seré yo mismo”. En otras palabras no permitiré que usted me manipule. Yo viviré mi propia vida; iré por mi propio camino; permaneceré libre para pensar mis pensamientos, para seguir mis inclinaciones y mis gustos. Y a usted le diré que no. Si siento que no quiero estar en su compañía, no será por ningún sentimiento negativo que usted provoque en mí. Porque ya no lo provoca. Usted ya no tiene poder sobre mí. Sencillamente,  quizá  prefiera  la  compañía  de  otras  personas.  De manera que cuando usted me diga: “¿Vamos al cine esta noche?” yo diré: “Lo siento, quiero ir con otra persona; me gusta la compañía de ella, más que la suya”. Y eso está bien. Decirle que no a la gente – es maravilloso; es parte del despertar. Parte del despertar es que usted vive su vida como le parece. Y compréndalo; eso no es egoísmo. Lo egoísta es exigir que otro viva su vida de acuerdo con los gustos de usted. O con su orgullo, o con su ganancia, o con su placer. Eso sí es egoísmo. De modo que me protegeré. No me sentiré obligado a estar con usted; no me sentiré obligado a decirle que sí. Si su compañía me parece agradable, la disfrutaré sin aferrarme a ella. Pero ya no lo evito a usted a causa de algún sentimiento negativo que usted produce en mí. Usted ya no tiene ese poder.





El despertar debe ser una sorpresa. Cuando usted no espera que algo suceda, y sucede, usted se sorprende. Cuando la esposa de Webster lo encontró besando a la empleada doméstica, le dijo que estaba muy sorprendida. Webster era escrupuloso en el uso preciso de las palabras (lo  cual  es  comprensible,  puesto  que  escribió  un  diccionario),  de manera que le dijo: “No, querida, el sorprendido fui yo. ¡Tú estás atónita!”.





Algunas personas hacen del despertar una meta. Están decididas a lograrlo; dicen: “Me niego a ser feliz hasta que haya despertado“. En ese  caso,  es  mejor  que  usted  sea  como  es;  sencillamente  ser consciente de su manera de ser. La simple consciencia es felicidad, comparada con el esfuerzo de reaccionar siempre. La gente reacciona tan rápido porque no es consciente. Pero a medida que se desarrolla la consciencia,  usted  reacciona  menos  y  actúa  más.  Realmente  no importa.




Cuentan que un discípulo le dijo a su gurú que se iba para un sitio lejano a meditar con la esperanza de lograr despertar. De manera que cada seis meses le enviaba a su gurú una nota para informarlo acerca de su progreso. El primer informe decía: “Ahora comprendo lo que significa perderse a sí mismo“. El gurú rompió la nota y la tiró al recipiente de la basura. A los seis meses, recibió otro informe que decía: “Ahora he logrado ser sensible a todos los seres”. También la rompió. Un tercer informe decía: “Ahora comprendo el secreto de lo uno y de lo múltiple“. También lo rompió. Y así siguió durante años, hasta que no llegaron más informes. Después de un tiempo, al gurú le dio curiosidad, y un día se encontró con un viajero que iba a ese sitio lejano. El gurú le dijo: “¿Por qué no averigua qué le pasó a ese hombre? Finalmente recibió una nota de su discípulo. Decía: “¿Qué importa?  Y  cuando  el  gurú  la  leyó  dijo:  “¡Lo  logró!  ¡Lo  logró! ¡Finalmente lo logró!”.




Y tenemos la historia de un soldado que estaba en el campo de batalla y que, sencillamente, dejaba su rifle en el suelo, recogía un pedazo de papel que había por ahí y lo miraba. Luego lo dejaba caer al piso. Después se dirigía a otra parte y hacía lo mismo. Los demás decían: “Ese hombre se está exponiendo a la muerte. Necesita ayuda”. De manera que lo hospitalizaron y consiguieron al mejor siquiatra para que lo tratara. Pero eso no parecía producir ningún efecto. El soldado andaba por los pabellones recogiendo pedazos de papel, los miraba distraídamente  y  los  dejaba  caer  al  suelo.  Finalmente  dijeron: “Tenemos que licenciar a este hombre”. De manera que lo llamaron y le dieron un certificado de licenciamiento; él lo tomó distraídamente, lo miró y gritó: “¿Éste es? ¿Es este?. Finalmente lo logró.




De manera que empiecen por ser conscientes de su situación actual, cualquiera que ella sea. Deje de ser un dictador. Deje de tratar de forzarse a algo. Entonces, algún día comprenderá que sencillamente, por la consciencia usted logró lo que estaba tratando de conseguir.



AUTOR: Antoni Mello
LIBRO: Despierta de Anthony de Mello



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