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lunes, 27 de marzo de 2017

El Hombre en la Caja - Kryon Canalización de Kryon por Lee Carroll en Vancouver, Canadá, 18 de marzo de 2017

 


El Hombre en la Caja - Kryon




El Hombre en la Caja
Saludos, queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.
Es el comienzo de este día, momento en que doy un mensaje breve para todos los que escuchan. A menudo el mensaje del comienzo los desafía a creer. ¿Qué están oyendo en este momento?  ¿Oyen al humano? ¿O es algo más allá de eso?  Y esa siempre será la percepción, la elección, de todos los que están aquí. La consciencia siempre ha sido la clave para responder a esa pregunta.  La consciencia que tal vez ve cosas lineales y que ve esto como imposible, o piensa por encima de eso, o ha experimentado la energía anteriormente y sabe que lo que se presenta no proviene del hombre en la silla.
Y ustedes dirán Bueno, y entonces ¿de dónde viene?   Y eso es difícil, porque dónde no corresponde a un campo multidimensional  en que ustedes hablarían fuera de su dimensión: no existe un dónde. En cambio, tal vez les gustaría decir Qué. Incluso eso es difícil, porque qué indicaría una cosa singular,  que tiene un propósito, un nombre, una forma,  y no necesariamente funciona, tampoco.
¿Por favor, definirían el amor? ¿Dónde está? ¿Qué es?  Y ustedes  se debatirían por un mes. ¿Cuántos libros se han escrito para describir el poder, la belleza, las influencias del amor?  La respuesta es que es todo; podría estar en todas partes, ni siquiera se dice, está en los ojos; es una cosa multidimensional entre humanos, entre niños y humanos, entre un animal y tú, y el retorno; es indescriptible.  No se trata de dónde está - ¡simplemente es! Y eso es lo que están oyendo.
La Fuente Creadora está mucho más allá de la caja que ustedes piensan y desean definir. No es algo inusual, querido ser humano; vives en esa caja porque así son las cosas. Tienes que ser lineal porque así son las cosas.  Pero luego están las variaciones.
Llamaré a este mensaje El Hombre en la Caja” (se ríe).  Hablamos de un hombre que representará a toda la humanidad,  que vive en una caja, ¡una caja grande! Si quieren, podríamos llamarlo Wo, como hemos hecho tantas veces, porque Wo es un hombre y una mujer, es un Wo-man (N.T. juego de palabras, man, hombre, woman, mujer) (se ríe).
Si le preguntan a Wo, él está muy contento con su caja, allí tiene todo lo que necesita. Como la mayoría de los humanos, Wo creció en el modo de supervivencia,  teniendo que hacer ciertas cosas de cierta manera para cumplir con la vida en general,  obedecer a sus padres, hacer lo que le decían, ir a la escuela, aprender lo que le enseñaban - que era lineal - y no importaba cuál fuera su oficio él salía con esas cosas que eran bien conocidas y lineales, y luego vivía por el resto de su vida de la manera que era lógica, lineal y tenía sentido para él. Y le gustaba.
Muchos ni siquiera llamarían caja a eso; dirían que simplemente es la vida, pero queridos, es una caja.  Pone limitaciones en cuanto a qué le causa a Wo: cómo va a pensar, qué va a hacer después, qué hará cuando se le presentan cosas diferentes.
En esta habitación, Wo sabe que hay muchas puertas y esas puertas representan cajas distintas. También sabe, como hombre lineal que es, que si pasa por una puerta, encontrará entonces otra caja; si cierra la puerta se va a quedar en esa caja.  La caja suele llamarse religión, o cultura, o creencia. Y eso cambiaría su paradigma de consciencia y de pensamiento. Él se ha encontrado con otros de otras cajas que le dicen: Wo, mi caja es tan grande como la tuya solo que es mejor, porque, Wo, aprendí algo: hay un profeta que sabe estas cosas, y puedes seguir a este profeta. Y Wo dice: No deseo hacer eso. Mi caja está bien.
Una puerta tras otra, encuentra a personas de distintas cajas que le dicen: Esta es una vida mejor que la que tienes, porque tenemos algo para seguir que tú no tienes.  Y Wo dice: Estoy feliz conmigo.
Una puerta tras otra; cuanto más vive, parece que hubiera más puertas, y algunas parecían absurdas. Wo estaba feliz donde estaba. Y luego conoció a alguien que le dijo: Wo, tengo una caja que es un poco diferente.  Wo preguntó: “¿De qué puerta vienes?”  Y el otro dijo: Wo, esta caja no tiene puerta.   ”¿Que no tiene puerta? ¿Y entonces cómo podría ir de mi caja a tu caja y cerrar la puerta?” Y el hombre dijo: Bueno, ese es el punto: no cierras la puerta. Verás, mi caja está incorporada en tu caja; tu caja se agranda. Te ofrece percepciones extra que ahora no tienes, respecto a quién eres y al amor que podrías tener dentro de ti, y tal vez incluso de dónde has venido.  Y Wo dijo: A ver si entiendo bien. No hay puerta, no puedo ir allí, va a agrandar mi caja y voy a pensar de modo distinto.  El hombre dijo: Eso es correcto.  A Wo no le pareció gran cosa, pero lo intrigaba eso de tener una caja más grande. Dio el salto y se dio cuenta de que lo lineal se había ido. No tenía que pasar a través de algo y convertirse en otra cosa. Wo se agrandó en su creencia, en su conocimiento, en su alegría.  Su caja recibió una añadidura. No era algo en que uno se metía y cerraba la puerta y olvidaba cualquier otra cosa que había sido alguna vez.
Cuando Wo se convirtió en esto, dijo: “¡Muéstrame más! Tiene que haber otras cajas que agranden esta aún más. Ahora estoy intrigado. Porque me está yendo mejor en mi vida que nunca antes,  me siento mejor, estoy más alegre, vivo más.  ¿Hay otra caja?”  Y ahora no estaba hablando con otro hombre; estaba hablando con La Voz (se ríe), que le dijo: Wo, siempre hay una caja más grande. La descubrirás en el amor de Dios, si la buscas. No hay límite para cuán grande puede ser la caja del humano. Y depende del ser humano y su consciencia. No hay puertas.
Como  todas las cosas no lineales, aparecen cuando la fórmula es correcta. Y la fórmula es una consciencia más elevada.  Es la que empieza a entender quién eres, de dónde viniste, para qué estás aquí.  Cuando empiezas a relajarte y la química de tu cuerpo empieza a cambiar. Y la caja se hace tan grande que ni siquiera puedes ver las paredes.
Esta es la historia del hombre en la caja, y es la historia de los humanos en este momento. No se equivoquen. No les estoy dando la historia de seres humanos que se van a meter en la metafísica o en la nueva era. Les estoy dando la historia de los seres humanos que empiezan a desarrollarse a sí mismos, por sí mismos, y descubriendo un propósito más grande, que se vuelven más pacíficos,  viven más tiempo, con más alegría en sus vidas, por sí mismos. Sin algo  en qué engancharse, sin un profeta, sin una doctrina. Porque todo está allí en su interior, y lo van descubriendo, un humano tras otro y otro, cualquiera sea su cultura o su idioma.
Y esa es la historia de este, el nuevo humano, en un nuevo mundo. ¿Dónde estás tú?
Volveré.
Y así es.
Kryon
Desgrabación y traducción: M. Cristina Cáffaro
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Historia de la Bebita Lyla - Evento Kryon en Vancouver Narrado en el Evento Kryon en Vancouver, Canadá, 19 de marzo de 2017

 


Historia de la Bebita Lyla - Evento Kryon en 




Historia de la Bebita Lyla

Entonces estamos bastante seguros de que era en enero de 2012, o tal vez febrero de 2012, pero fue en 2012. Era mi primera vez aquí y la primera vez que me encontraba con Cheryl,  y en este salón tan bien recibida, el escenario estaba en la otra punta,  donde hoy estaba su comida.
 A una hora de empezar ese sábado se me acercó una mujer y estaba como... desolada. Dijo: Tengo una amiga que tiene una bebita, que está en el hospital, ella tuvo un derrame, y yo sé que usted está dando sesiones aquí, de modo que me pregunto si vería al bebé, y yo había hecho mucho trabajo con nuevas mamás y bebés, post parto, recién nacidos. Pero nunca con alguien que hubiera tenido un derrame, yo no sabía qué pasaba, todo me venía por intermedio de esta mujer. Yo dije Espíritu, ¿qué quieres que yo haga?”  Y lo que oí fue: Haz que ella te llame.  De modo que dije eso: Dile que me llame. De modo que al fin del día fui a mi cuarto y había un llamado. Escuché el mensaje y en ese momento obviamente con el corazón roto y llorando, pidió si por favor, por favor, podía ver a su hijita que en ese momento tenía tres días de nacida, no, cuatro.
Entonces, antes de proceder, pedí: “¿Qué debo hacer con esto, Espíritu? Dime qué hacer. Lo que oí fue: Haz que te traiga el bebé aquí.  Esto me recordó - algunos de ustedes han leído el libro El Viaje a Casa - y uno tiene el mapa que dice ahora estás aquí  y no hay otros lugares excepto aquí, no estás más allá. Entonces, mis instrucciones eran para un pequeño momento cada vez. De modo que dije: Que traiga aquí el bebé  La llamé y ella estaba muy agradecida; ella lloraba y yo también, de modo que la hice venir al día siguiente con su esposo; la mamá, el papá y el bebé pequeñito y uno se daba cuenta de que apenas lo estaban soportando.
 La mamá tenía programada una cesárea, se iban a casa el día siguiente, el bebé estaba ya vestido, la mamá también, y el papá fue a buscar el coche y la bebita empezó a tener convulsiones, y en el cuarto no había nadie más que la mamá y la bebita,  la madre empezó a gritar, la enfermera llamó a un médico a los gritos, ¡tomó al bebé y se fue! Y no se sabía, no se sabía qué pasaba.
De modo que, cuando finalmente la trajeron de vuelta, estaba conectada y medicada, y le habían sacado radiografías del cerebro, escaneos, y aquí, en la base del cerebro había manchas de ambos lados. Se imaginan, un bebé pequeñito, grandes manchas oscuras. El peor escenario: tal vez una parte del tronco cerebral estaba muerto.
Y yo sostenía esta bebita pequeñita, bellísima, que parecía perfecta, en mis brazos y pensaba: Bueno, Espíritu, muy bien, ¿y ahora qué?” Porque ella parecía estar bien, y yo trataba de ser optimista en que no era solo mi deseo de que yo quería que estuviera bien, realmente quería eso. Y eso parecía; su cráneo, su cuerpo, su color, todo parecía perfecto.
Y dije: Muy bien, ¿ahora qué?  Estas personas no me conocen, no saben nada de Kryon, no saben nada ni han estado ni un momento en este salón que haya dado comienzo a este proceso.” ¡Y estaban desesperados!  Pero también confiaban en que la comunidad médica no sabía qué decirles, no sabía qué hacer, no podía ofrecerles nada. De modo que allí estábamos. Y cuando tuvimos esa reunión, el escenario estaba realmente muy alto, había que subir con escaleras. De modo que subí al escenario con la mamá, el papá y la bebita, y en todo el salón comenzó una oleada de hermosa energía a medida que yo contaba la historia.  Los padres ya estaban muy agradecidos, todos llorábamos, y lo que hicimos fue decir tres Aum y - no lo recuerdo exactamente, tal vez alguno de ustedes sí lo recuerde mejor - creo que nos pusimos de pie y cantamos los tres Aum y entonces las personas en el auditorio empezaron a decir cosas sobre lo que veían para el futuro de esta niñita, lo que veían para ella. Uno decía, La veo corriendo en el césped y otro La veo juntando flores y yo dije: La veo diciendo Papá, ¿me prestas las llaves del coche?’ (todos ríen).  Y la gente seguía diciendo eso, y estaban creando esta realidad futura intencional de salud y bienestar para esta niñita. Me dan grandes escalofríos cuando cuento esto.
De modo que todos ustedes que estuvieron aquí ese día y están aquí ahora, fueron partícipes de la sanación de Lyla, la bebita;  ya tiene casi seis años y es hermosa, ¡hermosa!  Como un ángel. Un ángel.
Y cada dos años, entre lágrimas, recibo una nueva foto enviada por su mamá, y nos saludamos. La última vez que estuve aquí casi la íbamos a traer, pero ella tenía, creo, un partido de fútbol o algo así. Para ella, eso es su vida, no está conectada con lo que pasó aquí, de modo que les vuelvo a agradecer a todos los que levantaron su mano y  a quienquiera que me preguntó por esto, ¿quién fue que me preguntó sobre esto hoy?  Muchas gracias por preguntar, porque todos compartimos aquel suceso asombroso, y ahora todos los presentes lo comparten; sucedió aquí, justo aquí, en este salón. Y ese es el poder de la intención, la intención colectiva.
La energía que podemos reunir puede cambiar a una persona o puede cambiar al planeta. A ambos. Todo eso. Todo el tiempo. Y empieza aquí con esa intención colectiva amorosa.

Desgrabación y traducción: M. Cristina Cáffaro
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