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jueves, 14 de enero de 2016

PÉNDULOS Y GUÍA PARA SU USO.



PÉNDULOS Y GUÍA PARA SU USO.

Los péndulos son instrumentos de conocimiento. No son instrumentos mágicos ni deben sujetarse a normas para su construcción. Funcionan independientemente de sus características físicas y después de un corto entrenamiento para su manejo, funcionan bien con todas las personas.
Un péndulo puede ser construido con un pedazo de chicle atado a un trozo de la cuerda que se emplea para jugar al trompo. A pesar de lo que dicen diferentes especialistas, los péndulos pueden ser construidos de cualquier material, de muchas formas, de diferentes pesos y colores, y la longitud del cordel o la cadena dependerá de cómo se sienta a gusto el radiestesista. El uso del péndulo es sencillo de aprender, pero hay ciertas razones por las cuales no funciona óptimamente. Cuando los péndulos son muy livianos o muy pesados, es más difícil que se muevan, “pero sin embargo se mueven”.



PÉNDULOS MAGNÉTICOS
En los casos en los que se necesita hacer una medición muy precisa sobre una escala o un plano, es necesario neutralizar el campo magnético de la Tierra, el cual afecta nuestras lecturas. Es por esto que si hacemos una medición estando parados con cierta orientación obtenemos una lectura, y si cambiamos nuestra orientación y repetimos la medición, nuestra lectura será distinta. Para neutralizar el campo magnético se aloja un imán dentro del cuerpo del péndulo, o bien se toma un magneto -preferentemente de alta densidad- en la misma mano con la que se sostiene el péndulo.
PÉNDULOS DE CRISTAL, DE METALES PRECIOSOS Y CON JOYAS INCRUSTADAS
Estos materiales finos no les agregan propiedades, pero por tratarse de instrumentos de trabajo personal, los hacen más agradables para los radiestesistas.
Péndulos con punta en el extremo inferior
Si se requiere hacer mediciones muy precisas, la punta facilita la lectura sobre las escalas de medición.
PÉNDULOS CON RECIPIENTE INTERIOR PARA ALOJAR TESTIGOS
En este tipo de péndulos, se deposita dentro de ellos una muestra del material a buscar. Esta muestra sirve como testigo para obtener información para la búsqueda. Esta muestra puede ser una gota de agua, un pedazo de oro, de plata o  de mineral, un trozo de planta, etc. En estos instrumentos es  recomendable que el testigo se envuelva dentro de una bolsa muy bien cerrada, con el objeto de que los péndulos no queden contaminados permanentemente y de que las lecturas posteriores sean erróneas.
TESTIGOS DE LAS PERSONAS
En el caso de que no esté presente la persona que vas a buscar o analizar, deberás poner dentro del péndulo un testigo de ella, es decir una fotografía, un mechón de su cabello, un papel con su firma, su huella digital, su carta astral, saliva en un algodón envuelto en una bolsa de plástico, o un papel en el que se escriban sus datos personales, tales como nombre completo, sobrenombre, signo astrológico, lugar y fecha de nacimiento, dirección, etc. Esto funciona de forma similar al buscar mascotas, animales u objetos perdidos (como un coche o una prenda de vestir, por ejemplo).
TUTORIAL PARA EL MANEJO DEL PÉNDULO.
Es muy frecuente la pregunta cómo se usa el péndulo, así que lo describimos brevemente:
En estado relajado le consultas al péndulo: ¿Quiero, se y puedo llevar a cabo esta investigación?
En el caso de que la respuesta sea afirmativa, empieza a hacer preguntas. El péndulo girará en el sentido de giro de las manecillas del reloj o en sentido contrario al giro de las manecillas del reloj o podrá oscilar. Es posible que después de un primer movimiento el péndulo haga otro diferente. Cuando hace un movimiento y algunos segundos después hace otro diferente y hasta contradictorio, puede significar que la información proporcionada corresponde a dos etapas o situaciones diferentes. De ser así modifica tu pregunta y obtén información para las dos condiciones.
Le preguntas al péndulo: ¿La respuesta indicada es verdadera?
Ahora puedes interpretar a nivel consciente los datos proporcionados por el péndulo.


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Cómo y porqué funciona el péndulo en Radiestesia

Una dilatada experiencia docente me ha enseñado que existen dos condiciones fundamentales para tener éxito en la práctica de las metodologías parapsicológicas en general y las radiestésicas en particular: la experimentación en sí misma y el conocimiento de los mecanismos por los cuales el fenómeno se produce. En efecto, he observado que por más que un alumno se entrene en los aspectos exclusivamente aplicables del péndulo u otra variante instrumental radiestésica, sus resultados siempre serán sensiblemente menores que aquellos que obtendrán quienes, quizás con menor entrenamiento, se han interiorizado, por el contrario, en conocer el “cómo” y el “porqué” además del “para qué”. La explicación es sencilla: proviene del terreno de la informática y la biología aplicada a la cibernética  y se denomina “retroalimentación”. “Radiestesia” es un neologismo construido a partir de dos términos: el latino radium: ‘radiación’ y el griego aesthesia: ‘percepción por los sentidos’ o ‘capacidad de sentir’ (de aisthesis: ‘percepción’). Ya hemos hecho referencia en otro lugar a la inutilidad de buscar explicaciones meramente físicas para hacer entendibles las reacciones del péndulo; no se trata ya de suponer que interactúan fuerzas o energías de naturaleza electromagnética o similares, ni tampoco, obviamente, atribuir a “espíritus” o “inteligencias elementales” el movimiento de aquél. ¿Por qué no?. Por varias razones (que necesitarían de otro artículo para desarrollarse) entre las cuales no es la menor la aplicación de lo que en Epistemología  se conoce como “Navaja de Occam”, o “Principio de economía de hipótesis”: “Cuando existen varias posibles hipótesis para explicar un fenómeno, debe comenzarse por tomar la más sencilla; sólo en el caso de que ésta no explique todas las facetas del problema, se continuará con la que le siga en complejidad y así sucesivamente”. Evidentemente, una explicación espiritualista viola este principio por ser mucho más forzada que la parapsicológica que vamos a proponer. Como cualquier interesado en los estudios parapsicológicos sabe, es común a todos los seres humanos (formando parte así del llamado Inconsciente Colectivo de la humanidad) la capacidad de producir fenómenos paranormales, conformando lo que se ha dado en llamar la “Potencialidad Parapsicológica” del individuo. Debe comprenderse que tal capacidad es genéticamente innata en el ser humano, sí, pero su detentación no implica necesariamente la manifestación de la misma. Es posible, entonces, que existan personas que dejen transcurrir sus vidas sin protagonizar ningún fenómeno de tal índole (cosa bastante difícil: más bien podríamos decir que pasan sus vidas sin tomar conciencia o atribuyendo a “casualidades” tales hechos), ya que se requieren específicas circunstancias –tales como determinadas psicopatologías, infancias conflictivas, pubertades violentas o, en el otro extremo del espectro, un prolongado e intenso entrenamiento) para que cualquiera de esos fenómenos se ponga de relieve. Otras, tal vez, sean parte actuante en una que otra anécdota de este tipo y un pequeño grupo, finalmente, está conformado por aquellos que con asiduidad evidencian en el entorno de su realidad, tales capacidades. En tanto, las investigaciones han demostrado que existe, desde un abordaje estrictamente psicologista, una condición fundamental para la exteriorización –o no– de tales fenómenos: la mayor o menor rigidez de los Mecanismos de Defensa del Yo. En la famosa serie y en el comic de Tintín, el eminente Prof. Silvestre Tornasol era un adepto a la radiestesia. Sin ánimo de convertir esta nota en un ensayo monotemáticamente psicológico, recordemos simplemente y a título orientativo que además de los niveles Consciente e Inconsciente (Individual y Colectivo) del ser humano existe, entre ellos dos, un crepuscular estado que conocemos con el nombre de “Preconsciente”. Es imperativo recordar que en él se asientan los Mecanismos de Defensa del Yo, definibles como las instancias psíquicas –unas innatas, otras adquiridas vivencialmente– que actúan de “filtro” protegiendo el Inconsciente, por un lado, de múltiples y pequeñas agresiones, que no por ser cotidianas y de poca monta dejarían de producir, por acumulación, efectos perniciosos en nuestro carácter, conducta y personalidad. Por otro lado, esos mecanismos impiden que aflore al Consciente todo ese reservorio de imágenes, recuerdos, palabras, olores, números, sabores, placeres y pesares que duermen en nuestro Inconsciente. Como es natural comprender, cualquiera puede imaginar qué ocurriría si, por ejemplo, mientras me concentro en escribir estas líneas, mi atención consciente se viera inundada por todos los recuerdos acumulados en mis cuatro décadas de vida: no sólo me resultaría absolutamente imposible seguir trabajando sino que, muy probablemente, enloquecería rápidamente al desgarrarse mi capacidad de atención, tratando de focalizarse en miles de estímulos y sensaciones simultáneos. Así, mi Preconsciente actúa como esos filtros unidireccionales que permiten, verbigracia, el paso de un fluido en una dirección pero lo inhiben de hacerlo en la contraria. En este caso, toda esa información psíquica pasa y es acumulada en mi Inconsciente, pero esa válvula que es el Preconsciente no permite, en cambio, que información depositada con anterioridad en el Inconsciente “salte a la conciencia” al menos, por supuesto, que sea a requerimiento de mi voluntad, cuando busco un dato en mi memoria en función de mis necesidades. Otra de las aptitudes del conjunto de estos mecanismos es la de “protegernos” contra factores circunstanciales que, por el aspecto estresante de su irrupción en nuestra vida mental, podrían ocasionar severos perjuicios. Algunos de esos mecanismos son los siguientes: Negación: es la tendencia instintiva a no aceptar determinados hechos, aun cuando las evidencias estén a nuestro alcance, en tanto nuestro Inconsciente no lo asimile lentamente. Racionalización: es explicar lo desconocido en términos de lo conocido. Represión: es ocultar, al extremo de no recordar, excepto en particulares situaciones detonantes, específicos traumas sufridos en momentos variados de la vida. Desplazamiento: es transferir a un objeto, individuo o situación, los contenidos inherentes a otro objeto, persona o situación. Sublimación: ante la insatisfacción de un deseo reemplazarlo por la acción contraria. Pues bien, se ha observado que cuando un individuo tiene sus mecanismos de defensa del yo débiles, ya sea por problemáticas psicológicas, falta de educación  o flexibiliza los mismos por el esfuerzo consciente y voluntario de un prolongado entrenamiento, los contenidos inconscientes, naturalmente, no encuentran tantas barreras para “salir al exterior”, siendo ésta –entre otras– la causa de disfunciones mentales como las ya referidas. Se comprende así que, en tales personas, tal como emanan esos contenidos inconscientes también puede hacerlo la Potencialidad Parapsicológica, precisamente porque, como refiriera, su situación es la del área no consciente. En cambio, cuando un individuo ha rigidizado esos mecanismos, moldeado por el “corset intelectual” que implica una educación académica, por escepticismo a ultranza o, sencillamente, la falta de experiencias vivenciales en este terreno, esa Potencialidad Parapsicológica no fluye con libertad. En consecuencia, todos los fenómenos susceptibles de ser producidos por la misma, encuentran el mismo obstáculo. Uno de esos fenómenos es el llamado ”clarividencia” que se define como el conocimiento de situaciones a las cuales no tenemos acceso con los sentidos físicos. Por ejemplo, casos de clarividencia son aquellos en los que “percibimos” cuál es el contenido de un cajón cerrado con llave, o sabemos qué está ocurriendo lejos con determinada persona. Cuando la clarividencia se efectúa sobre eventos futuros, la denominamos premonición, o, más precisamente, precognición, y cuando se ejecuta sobre el pasado, recibe el nombre de postcognición o retrocognición. En los temas objeto de prospección radiestésica, la clarividencia se manifestaría cuando, después de un esfuerzo mental más o menos exigido, simplemente “intuímos” o “sabemos” –por vías no racionales– la respuesta buscada, sea ésta la ubicación de una napa de agua o un documento extraviado en un punto ignorado de una amplia vivienda. Así, el clarividente refiere, motivado por instancias cuya etiología le es absolutamente desconocida pero sobre cuyo significado no tiene la menor duda, en qué punto de una ciudad o un país se encuentra la persona sobre la que es interrogado o, en una prospección premonitoria, el eventual resultado de una situación que se gestará en un futuro más o menos inmediato. Pero quien no es clarividente natural, aun contando potencialmente con esa facultad se verá necesitado de recurrir, si le interesa trabajar en este sentido, a un mecanismo sustituto. Así se vale del péndulo, por ejemplo, cumpliéndose el siguiente mecanismo: a) La clarividencia, natural pero absolutamente inconsciente del sujeto, poco más o menos simultáneamente al momento de su formulación, ya conoce la respuesta a la pregunta planteada. Pero, por ser precisamente inconsciente, el sujeto no se da cuenta –es decir, no hace consciente– ese conocimiento subliminal. Dicho de otra forma, el Inconsciente le estaría gritando la respuesta al Consciente pero éste, ubicado detrás del muro del Preconsciente, no escucha. b) Entonces el Inconsciente, que continúa siendo presionado por la exigencia del operador en conocer una respuesta a su pregunta, debe efectuar un rodeo, buscar un medio alternativo de expresar la información que está tratando de transmitir y para ello ordena, primero al sistema nervioso central y luego al periférico la realización de una serie de contracciones musculares, inconscientes e involuntarias, que barren el brazo del sujeto. c) De esta manera el brazo, a instancias del Inconsciente, imprime al péndulo su giro en uno u otro sentido que el operador observándolo interpretará como respuestas. Este tema es ampliamente desarrollado –con ejercicios prácticos elementales y avanzados– en nuestro curso “Profesorado en Parapsicología Aplicada”. Si no se ha prestado debida atención a los procesos descriptos, se puede caer en el error de preguntar: “…si de una u otra forma es uno mismo quien da movimiento al péndulo, ¿qué valor puede tener la respuesta?…”. Pues, precisamente, el valor que le da el hecho de un origen inconsciente y, como tal, alimentado en la propia Potencialidad Parapsicológica. En última instancia, seamos pragmáticos: poco importa en realidad si el péndulo se mueve por nuestra fuerza inconsciente o porque algún fantasmita burlón lo agita, mientras sus respuestas sirvan para respondernos cuestiones que consideramos fundamentales. 
Por Gustavo Fernández



                                                                                                                                                                                 

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