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sábado, 6 de febrero de 2016

LIBRO*LA CLAVE OCULTA DEL NUEVO TESTAMENTO“Ya tenemos ojos para ver” 1ª-PARTE






LA CLAVE OCULTA DEL NUEVO TESTAMENTO
“Ya tenemos ojos para ver”
Escrito por

Xavier Penelas Guerrero

Dedico esta novela a mis hijos Daniel y Cristina, quienes con su inocencia
infantil me ayudaron en  las incursiones por los mundos adimensionales.
Su clarividencia, clariaudiencia y telepatía causal  fueron herramientas
imprescindibles para un estudio “científico” de los mismos.



XAVIER PENELAS GUERRERO
COAUTOR

QUINTÍN GARCÍA MUÑOZ

LA CLAVE OCULTA DEL NUEVO TESTAMENTO

"YA TENEMOS OJOS PARA VER"

Círculo rojo – Novela

www.editorialcirculorojo.com

 Prólogo

Tal vez es excesivo mi atrevimiento al escribir un nuevo libro sobre la vida de Jesús el Cristo en la Tierra. Seguro que no somos capaces de imaginar los ríos de tinta, como se decía hace unos años, que se han vertido sobre el tema.
Mi deseo es dar un significado más amplio a los conceptos estrechos que existen en algunas mentes, y que son el reflejo de una época pasada, la de Piscis.
Los inventos se suceden a una velocidad tan vertiginosa que hacen muy difícil la adaptación de cada uno de los hombres y mujeres que poblamos la Tierra. Significa que mientras nos dedicamos a modelar nuestros pensamientos, ya han acaecido otras innovaciones que hacen que algunas ideas queden anticuadas y obsoletas.
Existe un hecho que puede ser un ejemplo de cómo los nuevos hallazgos no modifican nuestro modelo de universo, y por ende, nos mantienen anclados en una opinión que es difícil de sostener. El descubrimiento de miles de billones de estrellas con sus respectivos planetas debería desmitificar la importancia que el ser humano se asigna tanto a sí mismo como a sus procesos históricos. Debería comprenderse que el más sabio y el más santo de los seres de la Tierra es solamente un diminuto punto de energía dentro de una galaxia de los miles de millones que existen, y que las conciencias que puedan representar esos mundos tan alejados no pueden expresarse en todo su esplendor en un minúsculo punto físico. Imaginemos que durante una décima de segundo toda la energía que rodea nuestro planeta decidiese nacer en un diminuto grano de arena de un desierto. Enseguida caeríamos en la cuenta de que es un imposible; pues, aunque esa energía lo desease, y ello en sí mismo ya nos parecería incompresible e irrazonable, no cabría.
Es decir, que si para contener toda la energía que circunda la Tierra se necesita realmente todo un planeta, está claro que esa energía no se puede encerrar en un único punto.
Quizás podría argumentarse que si la densidad de ese grano de arena fuese como la de un agujero negro, tal vez sí pudiese contenerla... bueno... siempre se puede argüir algo que está ya fuera de toda lógica.
Un conocimiento como es el de la grandeza del universo, en mi opinión, no se ha incorporado "de verdad" a nuestras formas de pensar. Nos seguimos considerando el centro del cosmos, y no hay manera de quitarnos semejante venda de los ojos.
Ser relativamente ciegos es totalmente natural y así debe ser, pues es la única manera de sobrevivir ante el tremendo impacto que supondría contemplar tan inmensa vastedad.
Einstein ya lo veía y dijo "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio."
Mi propósito es añadir más y, también, desconocidos datos, para muchos, sobre la paradoja que representa la humilde existencia de un "punto microscópico", como es nuestro sistema solar, y la inabarcable grandeza que significa "ése mismo punto" para los humanos, imperceptibles e insignificantes seres dentro del mismo.
Afirmar que nuestro Sol es "nada" en comparación del universo, no es óbice para declarar que la energía de esa "nada" es infinita para un simple ser humano.
Deseamos recordar encarecidamente las enigmáticas palabras de Pablo de Tarso "en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser" con las que se indica la existencia de una excelsa conciencia unificada en la que habitamos.
Creo que la aparición de Cristo no es algo que se pueda atribuir a una sola religión, ni cultura, ni siquiera civilización. El Corazón de un Ser, que tiene como residencia y cuerpo el planeta Tierra, se ha expresado a lo largo de millones de años a través de sus "Hijos". Es un pensamiento lógico, si nos basamos en la teoría del hilozoísmo del universo, por la que nos atrevemos a sugerir que "El espacio es una entidad" y que ese espacio aparentemente vacío es una conciencia sobre otra conciencia y sobre otra conciencia, como pueda ser esta última la humana.
Animo a no olvidar, a lo largo de esta novela-ensayo la relación, para nosotros eterna, entre el Sol, las estrellas cercanas, la Tierra, y su reflejo en nuestras civilizaciones con la aparición cíclica de excelsas conciencias. Una de ellas es Cristo, Maestro de Maestros y Ángeles.
Su energía y vida ha estado presente con diversos nombres desde hace miles de años, no únicamente en los dos mil últimos, y menos, encerrado en los dogmatismos de una sola religión.
El corazón de la Tierra es mucho más grande que cualquier limitación impuesta al mismo por algunas mentes de otros tiempos. No se va a dañar ninguna parte esencial del Cristianismo, sino al contrario, pensamos que la figura de Jesús el Cristo no ha sido todavía estudiada completamente. Por ello, pienso que es posible elevar más el rango de Su personalidad, Su mensaje y Su sacrificio.
Quiero dedicar este libro a todos aquellos que tienen fuego en sus corazones, para que se avive la llama de su fe. También, a los fríos de corazón, que no se creen nada de lo que les han tratado de enseñar, y a los tibios de corazón, deseando que encuentren en estas páginas algún argumento que les conceda una nueva oportunidad de contactar con su alma inmortal. Este es mi humilde y sincero deseo.
No hay que olvidar que este libro es una novela de tipo documental, en la que se mezclan ficción y realidad psíquica o intuitiva lógica, y que trata de alumbrar la realidad de la vida de Jesucristo. El lector juzgará por sí mismo.
Para continuar, sería bueno rasgarse las vestiduras (deshacerse de todos los prejuicios adquiridos), pues voy a aportar algún detalle nuevo, susceptible de ser considerado como transgresor de las creencias o dogmas imperantes en este principio del siglo XXI.
Esta novela-ensayo puede servir tanto de agradable lectura, como de tema de meditación durante muchas semanas para intentar comprender que "esas cosas mayores que somos capaces de hacer", están al alcance de todos nosotros. Ya que, según nos dijo Jesucristo, "En verdad os digo que vosotros sois el templo de Dios".
San Francisco de Asís nos dejó estos versos.
Dios sonríe en las flores,
murmura en la brisa,
pregunta en el viento,
responde en la tempestad,
canta en los ríos.
Todas las criaturas hablan de Dios cuando el corazón está lleno de Dios
(También podría decirse, con toda la humildad, que Él escribió en estas páginas)

PRIMERA PARTE

Capítulo 1

Un hombre hacia su destino

 
Un hombre alto, fuerte, de porte señorial y cabello oscuro, teñido por leves tonalidades blanquecinas muy cerca de las sienes, caminaba por la Gran Vía de Barcelona. Una calle muy ancha y que orientada de oeste a este divide la ciudad por la mitad. El estridente sonido del denso tráfico apenas era percibido por sus oídos. Llegó a Paseo de Gracia, giró hacia la Plaza de Cataluña, y desembocó en Las Ramblas. Pasó al lado del antiguo Café de Canaletas, hoy Burger King; continúo bordeando el sempiterno Restaurante Nuria, enfrente del cual está la Fuente de Canaletas, que según dice la tradición, quien bebe de sus caños, volverá nuevamente a la ciudad.
 
 Prosiguió caminando junto al edificio de los Almacenes Sfera, antigua sede del Banco Central de Barcelona, que al igual que la Sastrería Modelo sufrieron los embates de la especulación inmobiliaria y sus propietarios optaron por vender los edificios a otras empresas. Lo mismo le ocurrió al emblemático SEPU, almacenes populares con precios muy competitivos y que hoy alberga diversos negocios de ropa juvenil y un restaurante de precio-calidad aceptable.
Xavier paseaba de forma tan automática que si alguien le hubiese preguntado por las personas raras que se habían cruzado en su camino, o los edificios, cubiertos de andamios, que estaban siendo reformados bajo el paraguas financiero del Ayuntamiento de Barcelona con su campaña "Barcelona posat guapa", quedaría sorprendido, casi perplejo, por la extraña muestra de curiosidad del interlocutor y probablemente contestaría que era impensable tamaña pérdida de tiempo, y que debía dedicar toda su energía en desentrañar los inextricables misterios de la vida.
Por fin llegó al Café Moka, enfrente del cual se puede contemplar la vieja sede de la Academia de las Ciencias y de las Artes, con una pequeña cúpula en su tejado. Sobre él había un pequeño observatorio astronómico y algo que Xavier siempre miraba: el reloj que ostentaba la hora oficial en España. Este pequeño palacete es hoy el Teatro Poliorama.

Capítulo 2

En la cafetería Moka

 

-¿Lo de siempre don Xavier? –le preguntó el amable camarero de la cafetería.
-Sí, gracias-respondió automáticamente.
Abrió uno de los libros de Alice Ann Bailey titulado "De Belén al Calvario" como si le fuese en ello la vida. Era la sexta vez que lo leía. No prestó atención cuando el joven dejó la taza sobre la mesita.
El café se había ido enfriando a la par que los débiles rayos de un tímido sol de invierno se habían difuminado y casi desaparecido de Las Ramblas. Tampoco se había percatado de que en la mesa contigua permanecía sentado, casi estoicamente, un señor sosteniendo en sus manos un grueso volumen, con los ribetes de las páginas tintados de color dorado, que le observaba con enorme interés.
Sin lugar a dudas el título del delgado libro de tapas azules de Xavier le había llamado la atención. Francisco deseaba entablar conversación. Anhelaba preguntar y contestar, pero respetó aquel momento sagrado en el que un ser humano ejerce una de las más maravillosas virtudes que posee, su capacidad de pensar, de visualizar, de atisbar los mundos que están ahí y a los que únicamente se puede acceder a través de esa misteriosa máquina que es el cerebro; pero, y esto tal vez se demostrará un día, ayudado con la fuerza del corazón, pues la contraparte etérica (eléctrica) del mismo tiene una valiosa virtud, la de atraer magnéticamente lo que le es similar, y también dirigir, hacia los lugares que tienen una vibración semejante, los anhelos y pensamientos que se forjan en la mente. Seguro que en un futuro no muy lejano se podrán comprender completamente estas cuatro palabras: expansión de la conciencia. Cuando nos expresamos con esta frase no comprendemos el verdadero alcance de la misma. Podríamos matizarlo añadiendo: expansión de la conciencia a través de otra Conciencia. Los seres humanos podemos ser capaces de aprovechar los depósitos de memoria de otras almas cuya posición en el camino de la vida es un poco más avanzada. Hacen referencia a la comunicación, en la mayoría de los casos inconsciente, de las almas y su contenido mental.
Después de esta disertación, podríamos afirmar que el pensador, Xavier, permanecía sumergido en el mundo mental, sin estar limitado a su propia mente, sino que era capaz de extraer cierta cantidad de información-vida depositada en algún otro lugar. Diríamos que su ordenador era capaz de establecer contacto con otros ordenadores en el espacio y en el tiempo sin cables ni relaciones aparentes; de una forma similar al sistema de comunicación "bluetooth".
Expresándonos en términos informáticos, su capacidad de pensar y visualizar se extendía a través de una red inalámbrica de mentes.
 
 Desde hace unos años, aquello, que parecía milagroso, comienza ser un hecho normal. Véase: decir unas palabras, dar varias palmadas o apretar un botón y que se abra por arte de magia una puerta. ¿No nos recuerda a nada? Claro, seguro que hemos recordado instantáneamente las palabras "ábrete sésamo" que se pronunciaban en el famoso cuento de "Alí Babá y los cuarenta ladrones".
Hemos entrado en un nuevo mundo caracterizado por los poderes de la mente y del corazón, los que estaba utilizando nuestro protagonista Xavier cuando intentaba forjar una visión más humilde, sencilla y veraz acerca de uno de los grandes misterios y enigmas que ocurrieron hace más de dos mil años: la vida de Jesús el Cristo.

 Capítulo 3

El Eterno Presente


Para poder conceder alguna posibilidad de veracidad a las facultades de nuestro protagonista, Xavier, se hace necesario delinear sucintamente su cosmovisión.
El Universo con sus billones de galaxias y trillones de estrellas es una incomprensible conciencia que se compone de una cantidad inconcebible de conciencias cósmicas, que a su vez se subdividen en trillones de sistemas solares, siendo cada uno una entidad formada por infinitos puntos de luz, amor y voluntad, más conocidos como almas o espíritus que dan vida a los cuerpos a través de los cuales se manifiestan. (Hablando en términos matemáticos, infinito es cualquier magnitud superior a un trillón de unidades, un 1 y 18 ceros)
Nuestra mente se extravía con el simple hecho de contar las estrellas de nuestra galaxia. Los astrónomos realizan una extraordinaria labor que amplía cada día la magnitud del cosmos, y expande, a su vez, nuestra propia comprensión. Es absolutamente imposible abarcar con nuestra mente todos los procesos, todas las facultades, todas las virtudes, toda la diversidad de seres vivos conscientes, auto-conscientes o supra- conscientes (podríamos atribuir esta palabra a todo lo que es denominado conciencia grupal, conciencia planetaria, conciencia solar, etc.) que componen el total de lo que los sabios astrónomos han conseguido confirmar, y que se da por supuesto que no es el Todo.
No debemos olvidar que únicamente estamos hablando del primer nivel, dimensión o plano para nuestros sentidos físicos y que conocemos como tercera dimensión (alto, ancho, largo, a lo que ya todos añaden el espacio-tiempo). A este plano físico habría que agregar diversos niveles o dimensiones. Los astrofísicos y matemáticos aceptan, al menos de forma teórica, en muchos casos hasta diez o doce dimensiones. Indicándonos que pueden estar compenetrándose diversos mundos paralelos de materia y de antimateria.
Los científicos están en su total derecho, y además tienen la divina obligación, de salvaguardar a los componentes de la raza humana de caer en supersticiones y creencias que tanto daño pueden hacer, aunque ellos mismos tienen que adaptar sus paradigmas a realidades constantemente ampliadas.
Hay que evitar hacer del ser humano un pelele que cree que el hecho de vestirse con una camiseta de cierto color le va a traer la suerte durante todo el año siguiente, y al final se convierte en esclavo de cualquier moda estrafalaria que a cualquier insensato se le pueda ocurrir. Por lo tanto, es preferible ser un científico-agnóstico que camina paso a paso, lentamente sobre suelo firme y seguro, que un humano supersticioso, sin suficiente confianza en sí mismo, que hace todo lo que le dicen, sin pensar si tiene cierta lógica o no.
Por el momento hay ciertos aspectos de la realidad que la ciencia no ha estudiado y es aquello que una mente puede percibir como procedente de los sutiles mundos internos o paralelos al nuestro.
Estudiar toda gama de imágenes, sonidos, vibraciones indescifrables que se transmutan al llegar al receptor humano en pensamientos y sentimientos nos llevaría gran parte de nuestra vida.
Una vez matizados los inmensos beneficios que nos proporciona la ciencia, así como ciertas limitaciones, regresemos a las galaxias y las estrellas, si bien para nuestro propósito descenderemos a nuestro sistema solar. Desde nuestro punto de vista, el vehículo físico de un ser de tan inconcebible excelsitud que todo lo que podemos ver y percibir es sólo el reflejo de su alma.
Esa alma o conciencia, o lo que pueda ser, está compuesta de innumerables almas o puntos de luz con autoconsciencia que son esencias ígneas inmortales. Y al igual que nosotros, los humanos, residimos durante muchos años en un cuerpo que está compuesto por miles de millones de células, esas esencias perduran durante toda la prolongada vida del sistema solar físico que conocemos. Las almas, luces de amor y poder, ceden parte de su esencia al ser humano para que adquiera autoconciencia, que no es solamente un conglomerado de procesos mentales, mientras dura la existencia en este marco tridimensional del cuerpo físico.
Es decir, que la esencia de luz, amor y poder siempre permanece rodeando, impregnando y colmando toda la existencia física. Desde la profundidad de los núcleos de fuego de los planetas, pasando por la tierra, el agua, el aire y los aparentemente espacios vacíos interplanetarios (llamados, a falta de mejor término, materia oscura) hasta llegar al depósito de vida que es nuestro sol, corazón del sistema solar.
 Afortunadamente los hombres somos mundos cerrados con un pequeño ámbito de actuación y un limitado poder de captación de tamaña cantidad de vibraciones.
En todas las épocas los místicos han rasgado el velo y han sido testigos de la luz, aunque parece que no han tenido mucho éxito al tratar de transmitir esas visiones, por adolecer de terminología comprensible a la mentalidad de la época.
Al igual que hay acontecimientos que mantenemos en nuestra mente durante los años de existencia física, y sin embargo los átomos que los sustentan ya no son los mismos, de igual forma se puede deducir que acontecimientos muy cercanos, apenas dos mil años, se mantienen plasmados en algún lugar o conciencia de los puntos de luz, amor y poder que pueblan la vastedad del sistema solar, independientemente de que algunos materiales ya no sean los mismos.
Con estas premisas, sólo nos queda tener la suficiente capacidad para atravesar todas las formas de materia emocional que han forjado los miles de millones de creyentes, las estructuras de pensamiento que han delineado miles de millones de pensadores, y después de no perdernos en tan inextricable selva, acceder al lugar donde verdaderamente están custodiados algunos de los acontecimientos de nuestro planeta y del sistema solar. Dicho lugar es conocido como "registro akáshico", en términos psicológicos es conocido como "anima mundi" o "inconsciente colectivo".
Creemos que esta explicación es necesaria y que puede tomarse como una hipótesis inicial de trabajo. Los peligros son grandes, pues si somos compartimentos estancos, probablemente es para nuestro bien. Si una semilla debe permanecer bajo tierra durante un tiempo, es porque no resistiría la fuerza de los elementos. Si un pensador necesita aislarse del mundo en ciertos momentos, es para poder organizar, desarrollar y finalmente comprender las ideas o los pensamientos. De igual forma, mientras crecemos, los seres humanos debemos permanecer en la cueva de nuestro cuerpo-mente y no percibir la inmensa luz de la vida con la que estamos conectados, seamos conscientes de ello o no. Está claro que, sin previo aviso, fuésemos sometidos al impacto de todas las comunicaciones que atraviesan la Tierra en un momento dado, nos volveríamos locos.
Millones de voces e imágenes invadirían nuestra mente y la sofocarían como a un dorado grano de trigo expuesto a los rayos del sol, a la fuerza de los elementos, al hambre de pájaros o la voracidad de insectos.

Capítulo 4

Buscando una parte de la verdad


Pintura de Simón Dewey

Xavier llevaba muchos años tratando de penetrar en el cuadro real de la vida de Jesús, más concretamente en su nacimiento, tan manipulado por los diferentes papas y sínodos. No había manera de despejar todas las dudas que surgían en su mente
¿Era virgen la madre de Jesús? Efectivamente, parecía virgen, pero en aquella época no se sabía nada acerca de la manipulación genética o de la inseminación in vitro. Quizás, como mucho, cabía aceptar que un ángel la hubiese dejado embarazada, sin romper el sello virginal, de parecida forma a como "un rayo de sol pasa a través de un vidrio sin romperlo ni mancharlo."
Había dedicado innumerables días y esfuerzos tratando de separar toda la tradición de la realidad, pero se encontraba con miles de formas mentales en torno al magno acontecimiento... y los evangelios, fuesen del tipo que fuesen, no aportaban pistas fiables de lo acaecido "in illo tempore".
Gracias a su facultad de indagar en los planos o dimensiones paralelas, pudo captar que el sitio en el que se ubicaba el mencionado suceso estaba a las afueras de Nazaret, a un escaso kilómetro del centro de la población. Era una cueva en la que los pastores solían guardar heno y resguardarse durante los días lluviosos. No ofrecía muchas comodidades, pero José, carpintero de profesión, pensó que podría arreglarla con poco esfuerzo.
Tampoco ocurrió el día 21 (solsticio de invierno) o el 25 de Diciembre, tal y como las autoridades eclesiásticas habían asignado, y de esta manera hacer coincidir los acontecimientos acaecidos con las fechas de las antiguas tradiciones paganas.
Si, tal y como él creía, había conseguido penetrar en las brumas de los siglos, el nacimiento había sucedido al final del invierno. La primavera ya empezaba a atemperar el ambiente y calculó, por la posición de los planetas, que debería de haber sido a finales de febrero. Luna llena... la hora debía rondar las 6 de la tarde, pues el sol se estaba poniendo.
Piscis asumía la regencia de los cielos y la posición de "Virgo en el ascendente" era el punto principal a tener en cuenta. Quizás era una de las causas por las que se decía simbólicamente que la madre era virgen. Y se podría añadir, por deducción, que el niño estaba constituido de materia virgen, libre del pecado original o karma de los cuerpos heredados. (Astrológicamente estaba situado en el eje Piscis-Virgo, o los peces y el pan. -Representado por la estrella más brillante de Virgo, "la Spica"-)
No le cabía la menor duda de que Jesús era un iniciado que aceptaba encarnarse en un cuerpo especial. Incluso su madre, María, fue cuidadosamente escogida para que pudiera albergar un cuerpo de una pureza tan especial. De igual modo, los abuelos maternos de Jesús: Joaquín y Ana, fueron manipulados genéticamente para asegurarse de que la descendencia de María estuviese libres de taras genéticas. No es de extrañar que Jesús tuviera un cuerpo atlético y de una estatura muy superior a la media de su época.
El investigador de mundos mentales o paralelos había descubierto en sus indagaciones la existencia de una intensa luminosidad, tanto durante el día como en la noche. También había sido testigo de que en la escena del magno acontecimiento había implicadas varias personas de apariencia brillante. Al principio había pensado en ángeles; si hubiese vivido en otra época habría solucionado el enigma con el mencionado concepto. Sin embargo, tenía la suerte de vivir en un mundo en el que existía la posibilidad de viajar por el espacio, aunque fuese muy cercano, y llegó a la conclusión de que se trataba de científicos "extraterrestres" (o de miembros de la Gran Fraternidad Cósmica en nuestro planeta) tal y como indicaba el atuendo y la forma en que manipulaban aquel cuerpecito. Probablemente, era necesaria esa intervención para que el vehículo físico fuera perfecto en este mundo tridimensional, y se acoplara a las duras condiciones ambientales de aquella lejana época.

Capítulo 5

El seminarista

 
 Las finas gafas doradas de forma circular destacaban sobre su cara redondeada y de aspecto bonachón. El alzacuello blanco, que se adivinaba detrás de un abrigo oscuro y una bufanda de tonos grises, mostraba su seña de identidad. Las comisuras de sus ojos proporcionaban una agradable sensación de paz, alegría y felicidad. Muy lejos quedaban los días en que había iniciado su carrera de sacerdote, y más todavía cuando, ataviado con un pantalón corto y un jersey gris, había acudido por primera vez a la iglesia de su pueblo y, acompañado de su amada madre, había solicitado ser monaguillo.
Al principio, en el Seminario Menor, había sido todo un enreda. Allí donde había una travesura, estaba Francisco. En algunas ocasiones era tan excesivamente alegre y gracioso que los profesores se veían obligados a expulsarle de clase. En otros momentos se encerraba en sí mismo, y no aparecía en la escena diaria hasta que se recuperaba del último aviso del "padre espiritual" para volver a las andadas. En algunas ocasiones se le veía en la oscuridad de la capilla de la Inmaculada Concepción rezando fervorosamente, y al minuto siguiente propinando una buena patada al compañero que le había quitado el balón de manera poco ortodoxa en el campo de fútbol. Para algunos profesores era un vago, y para otros un excelente alumno. Sin embargo, todos intuían que tenía algo en su interior que le hacía destacar. Parecía que su norma de vida era dar una de cal y otra de arena, como le decía su madre. Tal vez se debía a que en ningún momento deseaba que le asignasen un determinado status, un molde que le sujetase o le comprometiese excesivamente. Esta tendencia o peculiaridad era totalmente instintiva a su edad, si bien era un claro indicio de su deseo de libertad interior.
Así transcurrieron sus primeros siete años en el Seminario Menor. A los diecisiete años, justo cuando debía pasar al Seminario Mayor para empezar Teología, tuvo una de las crisis más graves hasta ese momento. Se enamoró de Cristina, una de las chicas más guapas de su pueblo. Estaba dispuesto a dejarlo todo. Trabajaría de oficinista en una entidad financiera, para la que le habían ofrecido el puesto de botones, y luego se casaría con ella - se decía a sí mismo. Pero su ilusión duró hasta el día en que vio a su "amada" cogida del brazo de un joven mayor que él y que hacía la mili. Ni siquiera se había atrevido a declarar a la chica el intenso amor platónico que sentía por ella.
Una vez enfriadas sus ilusiones, comprendió que, en verdad, por quien sentía verdadera devoción era por su señora, la Inmaculada Concepción. Así pues, decidió continuar su carrera de sacerdote y pasó al Seminario Mayor, a las afueras de la ciudad conocida en la antigüedad por Cesaraugusta, la actual Zaragoza.

 Capítulo 6

El antakarana o arco iris

A nadie le cabe la menor duda de la grandeza de los místicos de todos los tiempos y en todos los lugares de la Tierra. Nadie cuestiona el hecho de que encontraron un camino hacia el mundo espiritual, que algunos denominarían con el nombre más aséptico de "otra dimensión" o "estado alterado de conciencia".
Aprendieron, gracias a sus extraordinarias virtudes y capacidades, a llegar hasta otro nivel.
Ellos diseñaron sus propios sistemas. Más o menos se podría afirmar que se basaron en una vida ascética, de meditación y de contemplación, y arribaron sin necesidad de tener una teoría sobre el acceso a otros mundos.
Se arrodillaban ante un crucifijo, ante la imagen de un santo, de la Virgen, incluso de un árbol, y utilizando oraciones, penitencias, silencios y fe traspasaban el umbral de sus propias limitaciones. No hay duda de que muchos lo conseguían con moderado éxito, y otros finalizaban en el éxtasis de la contemplación de Cristo y en la divina unión con Él.
Percibían perfectamente cómo la luz llenaba su alma, incluso su cuerpo físico, y llegaban a tener perfecta visión. Su conciencia se unía a la de las sagradas conciencias del cielo y accedían a la visión de acontecimientos pasados, presentes y lejanos en el espacio-tiempo. Ellos fueron grandes. Debían tener fe en muchas cosas, y dieron pasos de gigante. A fuerza de visualizar y rezar establecieron una unión con el alma y con el espíritu o "padre en los cielos", y también sintieron la sensación de pérdida y dolor cuando el éxtasis desaparecía.
Durante unos instantes habían llegado a ser vasos llenos de luz y después de varias horas de estancia en el otro mundo regresaban a las penalidades de las pobres condiciones de vida de la gente corriente.
Realmente, habían construido un arco iris hacia más arriba de sus cabezas. Habían tejido con su voluntad, fe y enorme esfuerzo el puente de luz que puede unir el corazón y la mente de un ser humano con la materia más sutil que, justamente encima de nuestras cabezas, constituye el vehículo del alma y de la mónada (alma superior o "padre en los cielos") también conocido como loto de doce pétalos y la joya engarzada en su centro más recóndito. Éste último es el punto atómico donde está anclada la voluntad del supremo Señor de la Tierra.
Podríamos argüir que los místicos de antaño conectaron con el Señor del Mundo, (Dios regente de este Planeta o Logos Planetario, uno de cuyos nombres es Sanat Kumara) a través de un arco iris o materia sutil y luminosa que se crea gracias al pensamiento, unido a la devoción y la voluntad, llamado antakarana en sánscrito.
Probablemente fue de una manera inconsciente, en el sentido en que podemos afirmar que un conductor puede conducir un vehículo sin saber exactamente si el motor es de cuatro o más cilindros.
Posteriormente, gracias a las comunicaciones, Oriente y Occidente intercambiaron sus conocimientos, y los antiguos místicos accedieron a nuevas y desconocidas técnicas para ellos, cómo teorías sobre la constitución del hombre o del Universo. Ello facilitó y mejoró las posibilidades de conexión con "otros mundos" o estados de conciencia más sutiles y su comprensión intelectual.
Podría decirse que los místicos y videntes también vieron la realidad, pero había detalles que no pudieron interpretar, pues no existía el suficiente abanico de conceptos en sus mentes con los que poder identificar ciertos aspectos de su contemplación.

Capítulo 7

Simbolismo del portal de Belén

 Xavier tomó la taza de café y bebió un sorbo. Ni siquiera se enteró de que estaba frío, y continuó con los ojos mirando mucho más allá de lo que contenía el libro.
Según la tradición Jesús nació en una cueva, sus padres levantaron un pesebre con maderos y paja, y a su lado había un asno y un buey. Pero el investigador no lo vio exactamente así, comprendiendo que los términos debían de ser puramente simbólicos. Eran una hermosa síntesis de los arquetipos y cualidades que resumía en sí mismo aquel bendito cuerpecito.
La cueva simbolizaba el reino mineral. El pesebre representaba al reino vegetal. Los animales aludían al reino animal. Los pastores y los padres personificaban el reino humano. Y para terminar, los ángeles, que cantaban y glorificaban a Dios en las alturas celestiales, representaban el reino espiritual. Los símbolos estaban catalizados por aquel bebé tan especial y divino. Indicaban que cada reino había aportado lo mejor de su esencia en la construcción del vehículo físico de Jesús.
La tradición nos habla de que de oriente vinieron tres reyes magos, la tierra por donde sale el sol o la luz de la visión intuitiva. Los tres reyes magos llevaron presentes y bendiciones para el niño Jesús... y una "estrella" guió sus pasos hasta la misma casa. Esto último parecía una clara alegoría o llamada a la intuición, pues debido a la distancia con cualquier estrella, no sería posible localizar con referencia a la transición del objeto celeste, ni siquiera una nación entera, incluso aunque se intentase hacer la medición con el desplazamiento de la Luna.
La analogía daba pistas de la síntesis que adornaba al bendito niño.
El rey negro simbolizaba la raza lemur y el cuerpo físico. El rey amarillo personificaba la raza atlante y el cuerpo emocional. El rey blanco representaba la raza aria y el cuerpo mental.
Los regalos que portaban los reyes magos también arrojaban más datos sobre la divinidad de Jesús.
Traían oro, lo mejor del reino mineral; incienso, lo más oloroso del reino vegetal; almizcle, la mejor fragancia del reino animal.
De joven, Xavier había estudiado árabe y había podido comprobar que esa analogía, para que fuera perfecta, debería de ser buena en todos sus términos. Parecía ser que el primer traductor del arameo desconocía esa palabra, almizcle (al mirs) y en sustitución utilizó (al mirr) o mirra. (La diferencia la constituía una pequeña prolongación del rabito de la "r" que se convertía en "s")
El vidente se sentía feliz por ser capaz de separar el trigo de la paja. Facultad conocida como discriminación.
Había algo más que no había dicho a nadie. Cada nueva visión le acercaba más a un extraño estado de comunión. Tal vez, debería recordar que el vidente y la visión son la misma cosa. Quizás se estaba dando cuenta de que cada imagen que acumulaba en su memoria era una especie de arpón que se anclaba en otra conciencia. Estaba tejiendo una red de finos hilos que comenzaban a estar en sintonía con lo que percibía. La proyección o recepción de la energía desde su tercer ojo (centro de la visión etérica situado en el entrecejo) tendría consecuencias todavía desconocidas.
Y comprendía que cada avenida de luz, que recibía su mente, era una conexión con una conciencia mucho mayor que la suya.

Capítulo 8


El padre Francisco.


 Francisco era uno de esos pocos hombres que no tenía necesidad de expresar su creatividad o sexualidad en términos puramente físicos. Al principio pensó que tal vez tenía alguna deficiencia, pero gracias al consejo espiritual del "Padrecito", supo que, aunque no es lo más normal, hay un uno por cien de hombres que se olvidan de la expresión física de esta energía inherente al reino animal y humano.
Este detalle, pensamos, es muy importante, pues el celibato no le costó ningún esfuerzo. Su mente daba la impresión de haber trascendido la atracción sexual más primitiva y poderosa que reside en la mayoría de los seres humanos. No tuvo ningún problema, duda, sufrimiento añadido u obsesión soterrada en los oscuros rincones de su mente, como ocurría en muchos de sus compañeros.
Fue uno de los más destacados jugadores de fútbol; pero en balón-mano quizás sí que fue el mejor que se recuerde en la historia del Seminario de Zaragoza. Cuando lanzaba la pelota con su poderoso brazo izquierdo, casi era más emocionante ver temblar toda la portería, cuando el balón golpeaba en la escuadra, que contemplar cómo el portero se apartaba para dejar paso a un obús que se estrellaba en las redes.
"Sauras" "Sauras" –gritaban entusiasmados sus compañeros, especialmente los pequeños.
El cabello corto. El flequillo sobre su frente parecía el de un emperador romano. Y los músculos de las piernas y los brazos eran dignos de un campeón de lucha greco-romana. Los alumnos de cursos inferiores le respetaban, admiraban y soñaban ser algún día como él.
Durante los tres últimos cursos de Teología dejó el deporte para centrarse en terminar la carrera, en otras palabras, ser sacerdote de la Iglesia Católica.

Capítulo 9

Apuntes sobre Jesús


 Xavier extrajo de uno de sus bolsillos, como si fuera el tesoro más preciado del mundo, una pequeña agenda, y releyó por enésima vez algunas partes de todo lo que había visto y apuntado metódicamente.
En realidad los tres reyes magos podrían haber sido médicos venidos del futuro o de una dimensión paralela, aunque parece que hay testimonios suficientes para afirmar que se trataban de tres reyes, que habían recibido aviso de sus ángeles para que emprendiesen viaje hacia Palestina, siendo guiados por ellos hasta el lugar en que el Rey de reyes iría a nacer.
Esos médicos habían manipulado los genes de la línea materna de María para que Jesús tuviera un cuerpo fuerte, ágil, inteligente y sano.
Habían desmaterializado aquel feto del vientre de su madre y lo materializaron encima del camastro de paja.
Después de terminar ese alumbramiento, dieron a José los tres regalos consabidos y otros más: diez bolsas con suficiente dinero (parecían monedas de oro) para que Jesús tuviera todas las atenciones posibles, y José pudiese comprar un taller de carpintería, así como todo aquello que considerara necesario, para sostener a su familia.
También le entregaron varias cajas con unos botellines conteniendo complejos vitamínicos. Unas pastillas blancas y otras azules, con lo cual José recuperó su jovialidad y hasta le "floreció la vara".
José se convirtió en un personaje famoso. Todos los vecinos habían visto la deslumbrante luz y querían tener explicaciones de ese fenómeno.
José habló de ángeles; pero tanto él como María se abstuvieron de mencionar nada del parto extraordinario del que habían sido testigos.
José pudo establecerse en el barrio comercial del pueblo y muy pronto comenzó a tener pedidos para arreglar puertas, ventanas y también para fabricar muebles por parte de todos, especialmente de los sacerdotes del templo, quienes intuían que algo paranormal había ocurrido allí y sabían que algún día se enterarían de todo.
Jesús iba creciendo como un chico extraordinario, pues era mucho más alto que los demás. Todos le miraban y trataban con respeto y admiración.
José tenía que reprenderle repetidamente, pues Jesús hacía bastantes travesuras acompañadas de milagros que despertaban la ira y también la admiración de los demás. José sabía que Jesús era un ser especial que estaba constreñido a un cuerpo pequeñito; pero sus poderes deberían permanecer controlados para cuando fuera mayor. El poder de su palabra era muy grande a pesar de su corta edad. Parece ser que lo primero que dijo fue "Yo soy el Yo que Yo soy"... y José y María quedaron estupefactos.
Los sacerdotes del templo le rogaron que les llevara el niño para enseñarles las letras y todo lo que fuera posible; pero incluso en el aula del templo se enfrentó a todos los que le hacían preguntas como si fuera un niño ignorante... era un chico muy difícil; pero también tenía un corazón enorme y un gran poder mágico en sus palabras.
José acordó con los sinagogos del templo que le educaran de la mejor de las maneras. En pago les haría un nuevo mobiliario para el templo y pagaría el diezmo de sus beneficios.
Jesús pasaba largas horas escuchando los textos de la Torá y de otras escrituras que servirían de base a la Kabalah. Su educación también incluía matemáticas, administración, historia, geografía, idiomas, rituales de todo tipo e incluso nociones de higiene, herboristería y de medicina.
Pasaba mucho tiempo con José, aprendiendo el oficio de carpintero, así cómo obediencia a la familia y a las tradiciones que algún día le instarían a transmitir.
Cuando tenía 12 años (puede ser un número simbólico, pues tiene que ver con las energías del Zodíaco así como con los pétalos de energía etérica que vitaliza el corazón) ya quería independizarse y estuvo largas horas discutiendo con los rabinos.
Según la opinión de Jesús, las escrituras no estaban interpretadas correctamente y tendrían que ponerse al día, acorde a la mentalidad de ese momento.
Él ofrecía nuevas perspectivas e interpretaciones más acordes con la nueva era de Piscis que acababa de entrar. Aries debía de ser trascendido y en su lugar el servidor de Piscis debería lavar los pies de los cansados peregrinos que se acercasen a la casa del Padre.
Sus padres estaban intranquilos, pues veían como Jesús se les escapaba de las manos; sabían que esa hora debía de llegar tarde o temprano, y no opusieron resistencia alguna cuando él solicitó su bendición para emprender un largo viaje por el mundo y seguir aprendiendo cosas nuevas.
Jesús estaba bien preparado para ese periplo. Había recibido una educación esmerada y dominaba el oficio de carpintero, que le ayudaría a sostenerse por sí mismo.
Con varias monedas de oro para los imprevistos, un joven inteligente, fuerte y alto, con un porte que causaba respeto, partió hacia el horizonte. Le envolvía un aura especial. Su escudero era un brillante arcángel con aura de color azul celeste, símbolo de la energía del amor.
-¿Desea algo más? –preguntó el camarero a la vez que le presentaba la cuenta bajo el platito del café.
La figura de Jesús se difuminaba más allá del horizonte que dibujaban las dunas de un pequeño desierto...
Xavier, saliendo de su ensimismamiento, pagó la cuenta.

Capítulo 10


Charles Duward

-Charles, ven -rogó una bella mujer.
-Sí, mamá -contestó instantáneamente el muchacho.
-¿Has cogido la bolsa con el bocadillo y la ropa para tu padre?
-Sí.
-Entonces vamos.
Madre e hijo tomaron el ferry que comunicaba la Estación Marítima, próxima al muelle 39 del puerto de San Francisco, con aquella pequeña y maldita isla de Alcatraz, donde estaba la tristemente famosa prisión de Alcatraz, primero militar y luego civil.
Un aura negra era visible a varios kilómetros, pues estaba repleta de sufrimiento, causado por la dura disciplina y los malos tratos que recibían los presos allí ingresados. Los reclusos estaban catalogados como criminales peligrosos y que pensaban diariamente cómo escaparse de aquella ratonera. No podían hacerlo a nado, pues las aguas de la bahía estaban casi siempre a 4 grados, y la hipotermia estaba siempre presente en sus conjeturas.
La prisión tenía fama de que nadie se había podido escapar vivo de allí, aunque había ciertas leyendas de algunos presidiarios, que venciendo el miedo y arriesgando sus vidas, habían conseguido arribar a la costa y esfumarse entre la multitud.
Hacía un calor húmedo y sofocante. Debían secarse las gotas de sudor de sus rostros cada cierto tiempo.
-Mamá...
-¿Sí?
-Explícame otra vez por qué causa fue papá a prisión.
-Tu padre fue una buena persona, pero se equivocó un día.
-¿Qué sucedió?
-Ocurrió un poco antes de nacer tú.
-¿En 1935?
-Así es, mi niño -la madre miró al pequeño hombrecito de diez años.
-Sigue mamá.
-Éramos una familia feliz. Tu padre me amaba profundamente. Todos los días me acariciaba la tripita y decía ¿cómo está mi niño?, luego cogía su bolsa de papel con el almuerzo, me daba un beso y se iba a trabajar.
El pequeño Charles apretó fuertemente la mano de su madre.
-Un día se enteró de que la compañía de seguros en la que trabajaba iba a quebrar.
Lo sabían muy pocos, y, desafortunadamente, tu padre era uno de ellos.
-¿Por qué mamá?
-Si no lo hubiese sabido, quizás no habría ido la prisión.
-...Mamá... y si papá no hubiese ido a la cárcel... ¿habría nacido yo?
Mary miró Charles. Aunque su hijo hacía una pregunta automática, no por ello era menos difícil de responder.
-Tienes razón. Las cosas son ahora de una forma, y de nada sirve preguntarse si hubiesen ocurrido o dejado de ocurrir de otra distinta. Bueno, como te decía, tu padre y unos amigos sabían lo que iba a suceder, y como consecuencia de la quiebra de la compañía despedirían a los empleados. El miedo al paro y la consiguiente miseria pudo más con ellos que la calma, y no se les ocurrió otra idea mejor, que falsificar varios cheques de 10.000 dólares
-¡Uao! -exclamó Charles, como niño que era.
-No sé qué te sorprende tanto.
-¡Cuántos dólares!
Mary acarició la cabeza del muchacho, sonrió durante una décima de segundo, y continuó
-Justo después de que quebrase la compañía, detectaron la estafa y entonces pasaron a disposición judicial.
-¿Cómo les descubrieron?
Mary continuó sonriendo por las preguntas de su pequeño. Ella misma apenas entendía los tejemanejes financieros, pero repitió algo que le parecía recordar.
-Al principio no les descubrieron, pero en la auditoría que se hizo a la compañía tras la presentación de quiebra, se descubrió la estafa.
-¿Qué es una auditoría?
-Es una inspección de unos señores que saben mucho de cuentas.
-¡Qué extraño, que papá siendo una buena persona hiciese eso!
-No, hijo. Los seres humanos podemos ser rectos durante toda una vida, y un buen día, por miedo en este caso, por una instantánea obnubilación, estamos sujetos a cometer un error.
-Creo que te entiendo, mamá –respondió el pequeño.
Cuando estaban llegando al embarcadero de la cárcel, Charles no imaginaba que lo primero que escucharía sería la noticia de que John Duward había muerto en su celda debido a un infarto. Tampoco podía adivinar que la mitad de la fe en Dios, que le habían inculcado de niño, se esfumaría con el fallecimiento de su padre.
 Gracias al inmenso esfuerzo de su madre y varias becas, pudo estudiar en la Universidad de California –UCLA- y iempo doctorarse en Ciencias Naturales.
A causa del fallecimiento de su amada madre, perdió la otra mitad de la fe en la existencia de un Dios que le habían dicho que era Omnipotente, Omnisciente y la absoluta Bondad y Justicia.
Capítulo 11

Casualidad, causalidad, sincronicidad.

 Podríamos afirmar que existe la casualidad, la causalidad y cuando la causalidad afecta desde una autoconciencia a varias autoconciencias o, simplemente, conciencias, al mismo tiempo, quizás necesitaríamos utilizar el concepto de sincronicidad.
Para la casualidad, probablemente, exista una relación de causa y efecto, pero es tan imposible que podamos comprobarla que utilizamos este término.
Podríamos imaginar que alguien pierde una moneda, viajando en el metro en una hora punta, y otra persona se la encuentra. Intentar bucear en el "por qué" uno ha encontrado lo que otro ha perdido, sería hasta cierto punto una locura. Nos veríamos obligados a utilizar el término casualidad.
Respecto a la causalidad, poco se puede decir que no sepamos en líneas generales, así pues intentaremos exponer lo que nosotros pensamos que es la sincronicidad. Probablemente, una extensión de la ley de causa y efecto, donde la causa tiene que ser buscada fuera de lo que se denomina marco tridimensional físico.
 Imaginemos la existencia de una mente prodigiosa que es capaz de influir en varias mentes a la vez. Las personas que ejecutasen los pensamientos sugeridos por la mente directora, pero para ellas totalmente propios, podríamos afirmar que esos individuos están sujetos a la ley de sincronicidad, pues en estos instantes no habría posibilidad alguna de encontrar la causa.
Podríamos seguir unos pasos más allá hasta incluir la posible influencia de los pensamientos y sentimientos de los seres humanos en los reinos animal y vegetal, pero este tipo de conocimiento está fuera de nuestro alcance.
Nos conformamos con afirmar que hay ocasiones en las que la creación mental de un ser humano puede reflejarse en la mente de otro individuo. Hasta tal punto que, si el emisor escribe una escena imaginaria en un papel, el receptor puede soñarla mientras permanece dormido.
A la ciencia le gustaría comprobar esto, pero mientras no tenga en cuenta los centros de energía del ser humano y los diversos niveles de materia más sutiles del plano físico, además de la existencia de las almas, es probable que no encuentre la respuesta, y añadiríamos... afortunadamente. Pues, ¿podríamos imaginar si algunos irresponsables consiguiesen tan apreciado poder? Esperemos que para cuando los seres humanos lleguen a poseer tan sagrada virtud, sus corazones estén despiertos al Amor.
Nos faltaría añadir que la ley de sincronicidad no solamente funciona dentro de la misma dimensión, sino que, cumpliendo ciertos requisitos, puede ejercer su influencia desde distintos niveles de conciencia o dimensiones.
Hay además una sugerencia que ya se ha hecho en otro apartado, pero que hay que recordar. Los puntos de conciencia, de luz y de amor, también denominados almas, perduran durante la existencia del Sistema Solar, de tal manera que el recuerdo de hechos pasados es conservado en aquellos individuos (almas) que tuvieron la suerte de vivirlo, aunque su cerebro (si están en encarnación física) no sea consciente de tan inestimable tesoro.
 
Es por todo ello que cuando alguien llega a comprender la ley de causa y efecto, así como su extensión: la ley de sincronicidad, es considerado con toda justicia un iniciado, pues es capaz de seguir el hilo de Ariadna a través de los diversos planos o dimensiones.
Esperemos, estimado lector, que no te hayas desanimado por esta disertación un poco abstracta; pero necesaria, si deseamos no perder el hilo que puede tener, para un lector casual, algunos de los acontecimientos aparentemente dispares.

Capítulo 12


El encuentro de "tres extraños"

Cuando Xavier bajó finalmente de su nube, dejó con cariño "De Belén al Calvario" junto a la taza de café y se percató del libro que tenía su vecino de mesa.
-¿Cree usted que María, la madre de Jesús, era virgen? -preguntó Xavier, sin pensarlo dos veces.
-Señor -respondió amablemente el sacerdote que estaba sentado en la mesa contigua-. Yo no hago conjeturas. Creo lo que hay escrito en los libros aceptados por la Santa Iglesia. Y en todos se dice que la madre era virgen, aunque para mí, no sería de mucha importancia, pues lo que se nos ha trasmitido de más valor, es el mensaje de amor de Jesucristo.
- Permítame que me presente. Me llamo Xavier y soy de Barcelona. Llevo estudiando religiones comparadas y diversas filosofías desde hace más de treinta años, y la verdad es que no he encontrado ninguna que dé todas las respuestas oportunas a las personas inteligentes que hoy pueblan nuestro pequeño planeta. También he estado estudiando durante más de tres lustros en la Escuela Arcana de Ginebra, practicando asiduamente la meditación, llevando predominantemente un régimen alimenticio que podríamos denominar ovo-lacto-vegetariano.
-Es, pues, un místico –dijo el cura.
-Sí, así es. Si bien podría decirse que me acerco más al esoterismo, en el sentido de que además de una profunda devoción y admiración por el sacrificio que hizo Jesús el Cristo, intento compaginarlo con la razón y la discriminación.
-Entendido.
-He tenido –continuó Xavier- una gran cantidad de experiencias psíquicas. Comprenderlas y aceptar las consecuencias derivadas de las mismas me ha costado bastante esfuerzo. He obtenido gran cantidad pruebas de todo tipo, muchas de las cuales he podido constatar de forma fehaciente, por lo menos para mí, pero difíciles de demostrar de forma pública, aunque pretendo hacerlo parcialmente algún día.
Ambos se levantaron casi al mismo tiempo.
–Soy el padre Francisco -y extendió su mano izquierda.
-Encantado... ¿Es usted zurdo?
-Sí. Lo cierto es que siempre intento dar la mano derecha, pero en ocasiones, la izquierda se anticipa a mis pensamientos y no puedo evitarlo -dijo sonriendo.
Todavía estaban disfrutando de la espontánea alegría que había salido de sus corazones, cuando se acercó a ellos un tercer hombre. Había permanecido expectante en una mesita cercana. Parecía tener unos sesenta y cinco, quizás setenta años.
-Disculpen.
-¿Sí? –contestó Xavier.
-Me encantaría participar en su conversación.
Ambos le miraron sorprendidos
-¿Saben? Tuve el honor y la inmensa suerte de ser uno de los miembros del equipo de investigadores al que el propio Vaticano autorizó para examinar la Sábana Santa. Eso sí, siempre y cuando no se sacara ni un solo hilo del lienzo. El proyecto se llamó "La sábana de Jesús"
Los rostros de Xavier y de Francisco se iluminaron.
-Me llamo Charles Duward -se presentó mientras les daba la mano.
-¿Nos sentamos? –sugirió Xavier.
-Estupendo -añadió el padre Francisco.
-Creo que es una buena idea. Mis piernas ya no son las de hace veinte años. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! -dijo Charles sonriendo y feliz como un niño.
-Tiene acento, diría yo, que americano -continuó Xavier.
-¿Todavía se me nota?
-Un poco. También se expresa con un ligero acento catalán -añadió Xavier.
-Soy de San Francisco, California, pero hace ya casi quince años, desde que estoy jubilado, que resido en Castelldefels, a veinte minutos de Barcelona.
-Sin duda fue afortunado- afirmó el padre Francisco.
-Sí. Así es. Aunque, cuando acudí al Vaticano en representación de la Universidad de Massachusetts, lo hice con el propósito oculto de descalificar lo que para mí no era nada más que un montaje publicitario, un lavado de imagen propiciado por la misma Iglesia.
-¿Y? –preguntó el padre Francisco con temor a una respuesta que pudiese menoscabar su fe en Cristo.
-A pesar, como les comento, de que era totalmente agnóstico, la investigación arrojó ciertas evidencias que me convencieron de que la sábana de Jesús parecía confirmar una realidad, digamos sobrenatural innegable y si me lo permiten, algún día les expondré algunas pruebas.
El padre Francisco abrió los ojos como si fuese un niño que contempla el juguete más maravilloso del mundo. Xavier vislumbró instantáneamente que la "casualidad aparente" era sin lugar a dudas "la causalidad más evidente".
-Hoy se nos ha hecho un poco tarde-comentó Xavier-. Tal vez podríamos quedar un día a la semana o al mes, aquí o donde deseen. ¿Qué les parece cada sábado o el primer sábado del mes?
-Estupendo dijo Charles -pero por favor vamos a tutearnos.
-Yo sería el hombre más feliz de la Tierra -añadió Francisco-. Lo que ocurre es que algunos sábados no podré venir desde Zaragoza.
-Por mi parte no hay problema si algún día quedamos allí. Y tú Charles ¿qué opinas?
-Iría encantado.
-Entonces no se hable más -confirmó Xavier. El sábado que no puedas venir, iremos nosotros a verte.
-Estupendo, así os enseñaré el Seminario. Es un bello edificio.
-Bien -continuó Xavier-. Si no ocurre algún imprevisto, nos vemos la próxima semana para que no se enfríe esto. Aquí mismo, en la cafetería, a las cinco de la tarde.
-¡Qué maravilla! -se expresó con enorme júbilo el sacerdote.
-Ya lo creo-terminó la conversación Charles.
Una noche oscura y fría había cubierto las calles de Barcelona, pero, paradójicamente para nuestros tres amigos, ellos sólo percibían el calor que daba nacimiento a una profunda amistad y una aventura que les elevaría hacia la luz más incluyente. No podían ni imaginar lo que la causalidad les estaba deparando. Alguien, en un lugar de sus mentes les había orientado. Una Conciencia, por la que los tres "extraños" sentían profunda reverencia en lo más profundo de sus almas, ayudaba con su ojo omnipresente en la ejecución de un propósito oculto. Ninguno de los tres se sentía obligado. Eran sus propias esencias inmortales las que respondían "al llamado" de Quien permanecía detrás de la escena.
Observado el asunto desde el punto de vista humano era casualidad.
Mirado desde el punto de vista de la Psicología, un profesional de la misma se atrevería a denominarlo como sincronicidad.
Desde el punto de vista del espíritu era causalidad.

Capítulo 13


El sacerdote del corazón de oro


Francisco fue ordenado sacerdote el día ocho de diciembre. Justamente el día en el que se celebra la Inmaculada Concepción, señora de su devoción. Debería salir del Seminario para incorporarse a una parroquia, pero tuvo dispensa especial, de seis meses, del Arzobispo de Zaragoza. No en vano había sido tan famoso. Su anhelo era traer a su madre, para vivir con él, desde la bella ciudad turolense de Albarracín, y conseguir plaza como profesor de Teología.
Tenía todo a su favor: inteligencia, amigos influyentes en toda España, incluso en Italia, donde estaba su compañero de curso José Pérez, representante del Vaticano y que venía muy a menudo a verle. Juntos aprovechaban largos días de verano para recorrer el Pirineo. Conocían casi todos los pueblecitos perdidos entre las inmensas montañas.
–Son maravillosos estos paisajes –solía decir su amigo Pérez.
-Ya lo creo –respondía Sauras.
Muchos días viajaban a Ansó, y acampaban en el hermoso valle de Zuriza. Allí fue donde escucharon por primera vez a algunos pastores, que desde hacía muchos años se veían luces extrañas descendiendo por el otro lado del Pirineo, en la parte francesa. Pero no les prestaron mucha atención. La incultura –se decían los dos teólogos- era la fiel compañera de todos aquellos rincones, separados de la civilización por las enormes laderas de la Sierra de Alanos. Ni siquiera habían pasado de la enseñanza primaria.
Uno de esos atardeceres en los que la luz del sol se oculta reflejándose en la atmósfera saturada de perfumes, y tiñendo de blancos resplandecientes la parte alta de los grandes cúmulos, y azules grisáceos la zona baja de tan enormes nubes, Francisco se expresó por primera vez con una bella poesía.

Divino Padre,
Tú que con tu poder
colmas de aroma el atardecer,
que las nubes haces resplandecer,
concédenos el profundo Saber.
Y al igual que en el cielo refulges,
enciende en nuestros corazones,
del amor, las eternas luces.
Bendito Señor,
Creador de todos los seres,
muéstranos el sendero
para serte siempre fieles.
Virgen Inmaculada,
ruega por nosotros,
otórganos la gracia
de permanecer para siempre
en un rincón de tu Alma.
Y si algún día, amada madre,
de ti, nos olvidamos,
acaricia nuestro corazón
con tus dulces manos.
El corazón de Francisco se expandía en ondulaciones a través de los bosques de hayas, deslizándose por el zigzagueante río, y colmando de amor cada uno de los corazones que se encontraban a su paso.
El joven sacerdote era extremadamente sencillo y bondadoso. Similar a todos los grandes místicos que le habían precedido a lo largo de tantos siglos.
En ese preciso instante no sabía que su corazón dorado y algunas "adversas" circunstancias serían las semillas que le apartarían de su brillante porvenir como teólogo oficial.
Su alma necesitaba expandirse sin ser absorbida por el brillo deslumbrante de una fama efímera, aunque éste renombre fuese conseguido bajo la protección de su amada Iglesia Católica. Siempre había sido acogido en su seno, y, en muchas ocasiones, mimado entre algodones por quienes adivinaban el gran potencial que se encerraba tras la dulzura de su rostro.
El mes de Junio posterior a su ordenación, fue la última vez que ambos amigos hicieron el viaje juntos. Regresaron hasta Ayerbe andando. Caminaron de Ansó a Hecho, dejando a un lado el barranco Teride. Durante los tres días siguientes bajaron hacia Puente de la Reina, ascendieron el puerto de Santa Bárbara, y llegaron a los Mallos de Riglos, escuela de grandes montañeros, y refugio de antiguos guerreros medievales.
La vida sonreía. Eran jóvenes, fuertes e inteligentes y el futuro estaba a sus pies.

Capítulo 14


Resplandor en el rostro

Charles llegó el primero de los tres. Descubrió al final del café una mesa vacía, y se sentó a esperar a sus nuevos amigos. Estaba encantado de entablar una conversación tan trascendental. No había muchas personas con las que pudiese hacerlo. Era cierto que en ocasiones no paraba de hablar de su experiencia sobre la sábana de Jesús, pero sabía perfectamente que era más bien un desahogo a su soledad, que una verdadera comunicación entre dos personas de la misma capacidad intelectual.
-Buenas tardes señor americano -le dijo Xavier, como si se conociesen de toda la vida.
Charles se levantó y estrechó la mano del extraño hombre, que en una sociedad cada vez más laica, gustaba de hablar sobre Jesucristo.
-Buenas tardes- contestó con gran afabilidad el californiano.
-Con el fresco que hace, creo que sería buena idea tomarnos un chocolate con churros -sugirió Xavier.
-¡Qué "gicos"! -contestó graciosamente.
-Sí, muy ricos -continuó sonriendo el barcelonés.
-Yo también quiero uno, pero además que lleve nata- casi gritó el padre Francisco a la vez que les saludó efusivamente.
-¡Juan!
-¿Sí? –preguntó el camarero.
-Pónganos, por favor, tres chocolates con churros...-miró a sus dos contertulios confirmando su aprobación -y les añada también nata- pidió Xavier.
-¿Por dónde empezamos?
-A mí me interesó -dijo el sacerdote- la referencia que hiciste sobre la Escuela Arcana. Siempre he seguido las escrituras recomendadas por la Santa Madre Iglesia, y me sorprendió escuchar algo nuevo y desconocido para mí.
-Hace más de ciento cincuenta años -respondió Xavier-alguien considerado sabio, no por su personalidad sino porque abrió para mucha gente una nueva forma de entender la espiritualidad, fusionó algunos aspectos del conocimiento de Oriente y Occidente. Ese sabio es conocido como el Maestro Tibetano (Djwal Khul).
A mediados del siglo XIX contactó telepáticamente con una señora rusa muy sensible a esos impactos mentales y le dictó la Doctrina Secreta con sus 6 tomos. Toda una obra que rompió muchos muros de dogmas del pasado, y sirvió de base para fundar la Sociedad Teosófica.
 Un siglo después, ese mismo Maestro, no condicionado por el paso del tiempo, continuó su obra a través de Alice A. Bailey y le dictó telepáticamente, aunque casi se podría decir que plasmó en su mente dieciocho libros que sirvieron de base para las enseñanzas de la Escuela Arcana.
-¡Qué interesante! -exclamó Francisco.
 -Sí. Y pienso que, de verdad, fue un gran beneficio, especialmente, para muchos occidentales. Sus enseñanzas se distribuyen por todo el mundo, ya que están traducidas a unos cien idiomas.
 -¿Por qué, crees que es un beneficio tan enorme? –preguntó el sacerdote.
-Bueno. Lo primero que deseo expresar es que esto es una opinión personal, y repito que no tiene por qué ser más importante que otras enseñanzas. Se podría decir que es complementaria y cuyos principios colman de espiritualidad a cierto tipo de seres humanos.
 -Ya.
 -Recalco que lo que expongo es una opinión, compartida o no por otros. En general, las enseñanzas religiosas que hemos recibido a lo largo de nuestra vida parecen detenerse en algún punto del corazón. Es decir, la cúspide a la que puede llegar un ser humano es, digámoslo en palabras sencillas, a ser una expresión del Amor universal.
 -Sí, creo que se puede aproximar a lo que consideramos como la última meta de los seres humanos -añadió Francisco.
 -En líneas generales, podríamos afirmar que para el reino humano, al igual que para todos los seres de los diversos reinos de la naturaleza, existe un camino interminable hacia la perfección.
 -Esto es algo que también considera el Cristianismo.
 -Pero lo bueno de toda esta filosofía es que está compendiada en los libros de una escritora, cristiana- protestante, nos abren más posibilidades y concretan diversos estados y peldaños hacia la infinitud de la vida y de la conciencia.
 -Bueno -respondió Francisco-, nosotros también tenemos la escalera de Jacob que lleva hacia el Cielo.
 -Ya te comento -continuó Xavier- que cada ser humano tiene sus propias preferencias y la elección del camino espiritual.
 -Sé que tal vez no soy extremadamente ortodoxo en lo que se refiere al seguimiento estricto de las indicaciones de nuestra Santa Madre Iglesia, pero creo que ella nos lleva hacia el cielo.
 -Hay veces que un hombre o una mujer necesitan aprender algo más. Llegan a ser unos corazones de oro, son capaces de sacrificarse hasta la muerte por sus hermanos, pero les queda algo en algún rincón de su mente que hace que no se sientan a gusto consigo mismos. Igual que le ocurrió a Cristo durante las tres tentaciones en el desierto, la duda de todo ser humano inteligente puede asomar en cualquier ámbito de su existencia.
 En ese momento el padre Francisco se quedó mirando a Xavier a los ojos. No dijo ni una palabra, pero su expresión interna fue: "Dios mío. Es mi caso. Yo sé que soy capaz de utilizar el amor hasta límites insospechados, pero anhelo saber, ansío la luz, la comprensión del universo... Esa verdad que nos hará libres, como dijo el propio Jesucristo".
 Xavier creyó comprender lo que expresaban los ojos sorprendidos de Francisco.
Respetó su silencio y continuó:
 -Creo que te encantaría leer "De Belén al Calvario" y también hacer un período de dieta estrictamente vegetariana, si todavía no la haces, acompañada de meditaciones diarias sobre aspectos de tu vida que consideres cruciales. Imagínate, por ejemplo, que te hallas ante la presencia de Jesucristo. ¿Qué crees que Él puede pensar de tu vida? ¿Crees que Su camino y el tuyo se parecen en algunos aspectos? ¿Crees que con tu vida sirves al propósito para el que Él vino?
 -Para mí sería inmensamente hermoso si un día pudiese, de verdad, ver la figura de Jesucristo. Creo que sentiría la necesidad de abrazarle, de tocar con mi alma la luz resplandeciente de su amor.
 -En tu meditación diaria –continuó Xavier-, expón las preguntas a las que necesites encontrar una respuesta. Luego, guarda silencio y trata de elevar tus pensamientos hacia el alma... o hacia Cristo. Trata de mantener tus pensamientos controlados o quizás trata de que tus pensamientos no te controlen. Haz un diálogo con tu alma, habla y escucha "como si" tu alma te hablara; pero usa el discernimiento, no todo lo que escuches proviene de ella. Puede ocurrir que tu personalidad trate de proseguir rigiendo tu vida... hay que tener mucho desapego con los resultados de esta técnica y también mucha honestidad.
 El sacerdote le observaba con gran admiración. A su vez presintió que aquel hombre poseía un secreto. En sus palabras no había arrogancia, sino más bien vida. Era extraño que un seglar tuviese como objetivo el descubrimiento de Cristo. Había conocido a muchos feligreses que eran grandes devotos, que tenían una fe inquebrantable. También los había que dedicaban sus horas libres al servicio de los demás... pero... había un algo oculto tras las palabras escuchadas y que parecían ser resultado de una íntima y sagrada experiencia con todo lo relacionado con Jesucristo.
 Hubo un silencio. Xavier sacó el libro mencionado del bolsillo de su abrigo. Lo abrió y lo mostró al padre Francisco.
 -Lee aquí - señaló con el dedo.
 PENSAMIENTO CLAVE
 El Antiguo Deseo
 Dijo Arjuna:
 "Tus compasivas y amorosas palabras de sabiduría, referentes al supremo misterio de la Superalma, han disipado mi ilusión.
 "De Ti he aprendido toda la verdad acerca del nacimiento y la desaparición de los seres, y de Ti, cuyos ojos son como pétalos de loto, también he aprendido sobre el Gran Espíritu que no muere.
 "Pero quisiera ver ese yo del que has hablado, oh Señor Todopoderoso, esa divina forma Tuya ¡Oh, Tú, el mejor de los hombres!
 "Si crees que puedo verlo ¡oh Señor de Unión, revélame ese Yo imperecedero!
 Bhagavad Gita XI, 1-4

Francisco cerró el libro y con lágrimas en su rostro exclamó.

-¡Dios mío! ¡Expresa mi anhelo más profundo desde hace casi diez años!

En aquel instante algo debió ocurrir, pues Xavier dejó los ojos entrecerrados. Dirigía su vista hacia un horizonte lejano. Sin duda estaba mirando a través del punto de energía de su frente. Su rostro resplandeció. Charles y Francisco se miraron, admirados, preguntándose qué estaba ocurriendo. Y pasados unos minutos Xavier volvió en sí.
 -Disculpadme. Me he ido a otro lugar y a otro tiempo.
 -Cuéntanos, por favor -dijo Charles.
 -Por un instante, mientras el padre Francisco estaba leyendo, he pensado acerca de la gran cantidad de dogmas establecidos por los diferentes papados y los millones de formas mentales, generadas por los devotos y acumuladas por los siglos, de la figura y del mensaje de amor de aquel Gran Maestro que fue Jesús de Nazaret y luego Jesucristo. Y en un segundo me he quedado perplejo ante lo que estaba viendo. Mi mente racional no acaba de entender la visión:
 Una virgen daba luz a un niño precioso. Pesaba aproximadamente unos cuatro kilos y tenía una longitud de algo más de cincuenta centímetros. Tenía bastante pelo negro y su piel era rosada. El parto era instantáneo, salía del vientre materno sin dolor alguno... aquello era más bien un milagro. Ningún asistente a este acontecimiento histórico decía nada; pero en sus rostros se veía la admiración y la sorpresa por lo que estaban viendo con sus ojos.
Dos ángeles, (¿extraterrestres o hermanos de la Gran Fraternidad Cósmica Planetaria?) que asistían en el parto, no dejaban que la partera, llamada por José, hiciera algo. De las manos de aquellos ángeles parecían emanar unos rayos de luz blanca, y esta peculiaridad es la que permitía que el bebé saliera a través de la piel del vientre materno.
-¡Qué fuerte!-exclamó Charles.
-Y ahora-continuó Xavier- me surgen varias preguntas ¿Había sido todo una manipulación másica? ¿Qué tenia de especial ese niño para venir a este mundo de manera tan atípica? ¿Había sido algo así como una desmaterialización seguida de una materialización?
El vidente se detuvo unos segundos, recordando lo recién visualizado y continuó
-Sin embargo, estoy casi seguro de que el niño ha salido del vientre de su madre virgen... ¿Cómo podemos entender esto?
-¡Quizás tus visiones son borrosas o confusas! -sugirió el padre Francisco.
-No-contestó Xavier-. Os puedo asegurar que lo que he visto ha sido totalmente nítido y diáfano.
-Todavía no hace mucho tiempo que nos conocemos-continuó el sacerdote-, pero te creo. La Iglesia siempre ha tenido grandes videntes. Y me pregunto ¿Por qué no vas a ser tú uno de ellos aunque no seas un creyente practicante?
-Por mi parte, aunque soy agnóstico-respondió Charles, no descarto la existencia de los videntes. En nuestro país, dicen que tuvimos uno muy grande llamado Edgar Cayce, así es que también te daré un voto de confianza, Xavi.
-Toma-le ofreció Xavier el librito "De Belén al Calvario" a Francisco.
-No puedo aceptarlo. Es tu libro de cabecera -respondió el sacerdote.
-¡Por favor! ¡Cógelo!
-De acuerdo. Me lo llevaré, y el sábado que viene te lo devolveré sin falta.
-No sé qué libro puedo traerte a ti, Charles.
-No te preocupes. Ya buscaré un ejemplar que tengo por ahí perdido de "El Nuevo Testamento" –respondió el científico sonriendo -. Me da la impresión de que al final me lo tendré que aprender...
Charles se quedó pensativo y continuó
-Claro que... ahora que lo pienso. Tal vez deba esperar a que se vuelva a reescribir de acuerdo con las nuevas aportaciones del "Xavier el vidente"...
Los tres sonrieron y se despidieron. Había terminado una grata y vibrante charla. Se marchaban deseando que transcurriese la semana a toda velocidad para reencontrarse de nuevo.
 Capítulo 15

La vida trunca un brillante porvenir

Cuando los dos amigos volvieron de las montañas, el padre Francisco tenía sobre la mesa de su habitación una carta. Debía presentarse lo más rápidamente posible en el Palacio Arzobispal. Al día siguiente, el joven sacerdote se vistió elegantemente. Es decir, se puso el traje más nuevo que tenía, pues todos eran iguales. Se repeinó y mirándose al espejo sonrió. Muy pronto ejercería de profesor. Probablemente, el primer año le asignarían algún curso de religión en el Seminario Menor, y al siguiente ejercería como profesor de Teología. Todavía continuaba con la sonrisa en los labios. Nunca había dejado de ser un gran soñador. Dentro de muy pocos años estaría en el Vaticano entre los más ilustres y afamados teólogos. Terminó de enfundarse la chaqueta y salió al largo pasillo. Todos sus antiguos compañeros estaban de vacaciones. Él había pensado tomarse un día para descansar y seguidamente ir a ver a su madre a Albarracín.
Caminó felizmente. Pasó cerca de la Romareda. El Zaragoza vivía una de sus intermitentes rachas de esplendor. Estaba en pleno apogeo la época de los "cinco magníficos". Los trolebuses y tranvías, recorrían las calles sin gente a esa hora de la mañana de verano, y él era el sacerdote más feliz del mundo. Escribiría libros famosos. Enseñaría de una forma nueva a sus alumnos. Les hablaría sobre la belleza de las montañas. Les mostraría el espíritu del Pirineo. Harían más de una excursión y disertarían sobre Dios en unos interesantísimos ejercicios espirituales. Con los estudiantes más brillantes viajaría a Roma. Todo sería para mayor gloria de Dios.
Sin apenas darse cuenta, había caminado tres kilómetros y ya estaba al lado de la Basílica del Pilar. Atravesó la plaza en dirección a la catedral de La Seo, donde se encontraba ubicado el Palacio Arzobispal.
 – ¡Hombre, Sauras, cuánto tiempo sin vernos! -le saludó efusivamente Jesús Cortés, componente también del equipo de fútbol.
–Me ha llamado Monseñor.
–Espera un segundo. Le comunico que estás aquí.
Su antiguo condiscípulo golpeó la puerta con los nudillos de los dedos. Era gigantesca, de madera de cedro, Profusamente labrada con diversas escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. En el centro de la misma, había dibujado un triángulo desde el que surgían múltiples rayos.
Cortés abrió la puerta e invitó a pasar a Sauras.
-Siéntate, por favor –le dijo Monseñor a la vez que le daba la mano y preguntaba cariñosamente-. ¿Qué tal estas Fran?
-Muy bien. He pasado unos estupendos días en el Pirineo.
-Me alegro mucho.
-¿Qué desea Monseñor?
-Sabes Francisco que siempre he estado a tu lado.
-Sí-contestó con el corazón impaciente.
-Desde que fui padre espiritual tuyo en segundo curso de Bachiller, te tengo en gran estima, y siempre te he considerado como un alma fuera de lo corriente.
-Gracias Monseñor.
-Tenía reservada para ti la plaza que ha quedado vacante para el próximo curso como profesor de Teología, pero al final no voy a poder asignártela.
Sauras se quedó helado. Parecía que la vida era maravillosa, su futuro inmensamente prometedor, y en dos segundos todo se había esfumado.
-Me han dado instrucciones, nada menos que desde Roma, para que ocupe ese cargo un hermano nuestro de Ávila. De verdad que lo siento.
El recién ordenado sacerdote apenas escuchó la última frase. Y automáticamente respondió.
-No se preocupe Monseñor. Como a veces decimos, el hombre propone y Dios dispone.
-En mis manos sólo está que puedas elegir el pueblo que desees.
-Mil gracias Monseñor.
-Medítalo y me comunicas tu decisión.
-Tal vez me gustaría estar en un pueblo del Pirineo. No sé, Broto, Sallent, Hecho... Ansó.
-De acuerdo Francisco. Nada más que tenga algo te lo comunico. Mi corazón está contigo.
-Esta última frase hizo que unas lágrimas rodaran por el rostro de Sauras.
Monseñor Flordelis se levantó y dirigiéndose a Francisco le abrazó con el cariño de un hermano mayor.
-No se preocupe, los caminos del Señor son inescrutables.
El padre Francisco cerró la puerta, y después de dar la mano a Cortés, salió a la plaza.
En sus ojos no cabían más lágrimas. Se vertieron y rodaron por las mejillas.
A lo lejos sonaron las campanas del Pilar. Era la hora del Ángelus. Se dirigió como un autómata hacia su sonido, pero de improviso torció a mano izquierda y prefirió irse a la iglesia de Santa Engracia, donde permaneció casi una hora rezando. El dolor de su alma se transformó en alegría y gozo. Quizás era mucho mejor estar cerca de la gente y de la Naturaleza -pensó. Además -terminó de convencerse-, podría llevar a su madre a un pueblecito de la montaña y vivir relativamente tranquilos.

Capítulo 16


Nuevas exposiciones

-No sé Xavier, -comenzó la conversación Charles el tercer día de sus encuentros- creo que hablas muy convencido de todo lo que ves. Incluso me quedé sorprendido por la expresión de tu rostro que, me atrevería a afirmar, fue luminosa. Pero tal vez, todo es producto de las reacciones químicas del cerebro y aunque esas visiones sean un beneficio para el hombre que las tiene, siempre dudo de que estén relacionadas con algo externo al cuerpo físico que es, digámoslo crudamente, la cárcel del cerebro, por muy portentoso que éste pueda ser.
-Parece, amigo Charles, que no te acabas de creer las posibilidades telepáticas, de clarividencia o de clariaudiencia, pero te voy a contar una serie de experimentos que hice con mis hijos cuando eran unos niños.
 Mi hijo tenía entonces once años, mi hija había cumplido los siete. Ambos eran magníficos clarividentes, aunque su forma de mirar y de ver era diferente y quizás complementaria. Mi hijo veía las dimensiones sutiles con los ojos abiertos y mi hija con los ojos cerrados; pero su acierto era siempre del orden del cien por cien. Siempre veían lo mismo en el mismo lugar.

En el volumen VI página 251 de la monumental obra La Doctrina Secreta, de Madame Blavatsky -continuó Xavier-, ella afirmaba que unas frecuencias de sonido determinadas correspondían a ciertas notas musicales y que esas mismas frecuencias se correspondían a colores.

49 ciclos= nota Sol =color azul
98 ciclos= nota La = color añil
147 ciclos= nota Si = color violado
196 ciclos= nota Do= color rojo
245 ciclos =nota Re= color anaranjado
294 ciclos= nota MI= color amarillo
343 ciclos= nota FA =color verde

Tenía un amigo ingeniero al que expliqué las cualidades de mis hijos pues le interesaba mucho el tema, y como además poseía un oscilador digital que generaba frecuencias desde 20 Hz hasta 200.000 Hz, hicimos varias tandas de pruebas ayudados con una calculadora en la mano.
El resultado fue que mi hija siempre acertaba y nos decía el color que concordaba con la frecuencia recién emitida.
(Nosotros podemos oír frecuencias entre 50 y 12.000 Hz. Más allá de eso, podríamos decir que somos sordos a los infra y ultrasonidos.)
Llegamos a conclusiones un tanto variopintas, pues creímos que de forma inconsciente o telepática le estábamos comunicando los resultados, incluso antes de usar los seis potenciómetros del oscilador o la calculadora. Quisimos descartar esta vía de comunicación y colocamos el oscilador bajo unas mantas para que ni ella ni nosotros pudiésemos ver cómo manipulábamos esos potenciómetros. Así pues, ella nos decía el color, y luego comprobábamos la frecuencia que habíamos puesto "a ciegas".
Ella seguía viendo exactamente el color de las frecuencias sónicas emitidas.
Tuvimos que admitir que la clarividencia y la clariaudiencia eran exactas, captando la información por el órgano adecuado para ello. El ojo informaba al cerebro del color y el oído del sonido.
Podríamos haber llamado a la televisión y a algunos científicos para que quedara constancia del experimento, pero mi esposa estimó más prudente no hacer de nuestros hijos unos payasos de feria o conejillos de laboratorio.
–dijo Charles.
-Te diré algo. Parece extraño, pero no sentí ninguna satisfacción o emoción por el descubrimiento. Fue más bien una fría confirmación de nuestra hipótesis de trabajo.
-Creo que entiendo de eso, Xavier-contestó Charles. A veces cuando trabajaba en el acelerador de partículas de la universidad, me sentía así. Se efectuaba el experimento y una vez terminado el tiempo asignado al mismo, acudíamos a comprobar el log, lo revisábamos, y eso era todo. Más me habría gustado encontrar un ser etéreo y angelical que me tomase del brazo y me dijese. Amado Charles, tus padres están bien, míralos. Y yo... habría sido más feliz que con el éxito de un experimento complejo, largamente elaborado y calculado.
-También entre ellos -continuó Xavier- funcionaba la telepatía al cien por cien en los casos en que el niño era el emisor y la niña la receptora. Sin embargo, cuando el experimento era al contrario, es decir la niña era quien emitía y su hermano era quien recibía, los aciertos parecían puro azar. Los éxitos de los experimentos descendían bruscamente a un veinticinco por ciento.
-Es decir, que tu hija era una excelente receptora telepática mientras que tu hijo era el emisor ideal.
-Así es. Elena Petrovna Blavatsky (autora de La Doctrina Secreta y de Isis sin velo) afirmaba que para comprender ese mecanismo, habría que aceptar la diferente polaridad de los cuerpos según los sexos.
El hombre, en el nivel físico, es positivo, masculino o emisor y la mujer negativa, femenina o receptora. Sin embargo, en el plano emocional o de los sentimientos, la mujer es positiva, masculina o emisora y el hombre negativo, femenino o receptor.
-¡Qué curioso! ¡Nunca lo habría imaginado! –exclamó Charles.
-Pues así lo parece. Y para terminar, en el plano de la mente, los hombres son positivos o emisores y las mujeres negativas o receptoras.
-Es como si afirmases algo evidente, pero que no habíamos definido tan sutilmente-dijo Francisco.
-Así es-continuó Xavier-. Creo que los servicios secretos de los diferentes países que están buscando espías telepáticos, ignoran estas propiedades y por ello no los encuentran.
Charles y Francisco permanecieron pensativos y en silencio durante unos minutos. -La telepatía siempre ha existido -continuó Xavier-. Especialmente entre madres e hijos. Todos hemos oído hablar de esos casos típicos en los que el hijo está en la guerra y a veces su madre recibe una determinada sensación o visión de la terrible situación del soldado.
-Es verdad –apenas susurró el sacerdote.
-En algunas personas que no tienen especialmente desarrollada la visión de imágenes provenientes del exterior, notan una molestia en el estómago, mejor expresado en el plexo solar, que es la parte más sensible a las ondas de información de cierto tipo. Hay otros individuos que ya tienen desarrollada la visión y que incluso pueden perfeccionar ese sistema gracias a la meditación y al estudio.
Xavier se quedó pensativo y volvió a hablar.
Tengo una experiencia curiosa a este respecto, si bien no es la primera, es la que me extrañó más, pues apenas tenía relación con los personajes en cuestión.
En cierto momento capté nítidamente el encuentro entre dos amigos lejanos. Ellos se reunían y conocían por primera vez en persona y seguramente pensaron en mí, que también les conocía de forma virtual –tema de contacto y chat a través de Internet-. Ellos hablaron de nuestra frecuente relación virtual. Fue un pensamiento tan claro que estuve a punto de llamarles a casa para verificar ese encuentro del que no me habían informado. La confirmación me llegó al cabo de dos días, con fotografías del encuentro incluidas. No sé a través de qué cuerpo o si fue del alma de la que recibí ese impacto telepático, pero la imagen percibida en la mente era nítida y contundente.
-Tal vez tengas razón Xavier –dijo por fin Charles. Como científico, a veces soy demasiado cerrado a todas estas cosas. ¡Hay tanto charlatán! Pero, algo tiene que haber de cierto cuando tantas personas afirman esa parte de la realidad. Sé que no es totalmente científico expresarme así, pero tengo que admitir que el estudio de la sábana de Jesús hizo tambalearse algunos de mis prejuicios hacía estos temas tan proclives a la manipulación.
-Os voy a contar algo extraño que me ocurrió –añadió Francisco- cuando era el párroco de un pueblecito del Pirineo. Ahora que recuerdo... en algún libro tengo guardados unos apuntes de aquella época. Si los encuentro, os los traeré. Además conocí a una catequista... bueno...de eso ya hablaremos otro día.
Charles y Xavier le miraron con curiosidad y sorpresa. Poco a poco los tres dialogaban fluidamente y comenzaban a romper las barreras defensivas de cada una de sus personalidades, producto de su vida y educación.
-De vez en cuando, un chico francés que se llamaba Jacques venía de vacaciones. Le recuerdo perfectamente porque apenas llegaba a medir un metro y medio. Supongo que sería un poco más, pero claro, no iba a ir con el metro y medirle.
Los tres sonrieron la broma del cura.
-Bueno, espero que me perdonéis esta pequeña broma. Por entonces, yo era muy joven, pues apenas hacía un año que había cantado misa y tenía unas inmensas ganas de hacer cosas en beneficio del pueblo. Y una de ellas fue acondicionar una vieja casa para que los niños y jóvenesde la aldea tuviesen un lugar de reunión. Compramos unos futbolines, unas mesas de ping-pong, un billar... Hasta teníamos nuestro equipo de fútbol que competía con varios equipos de otros pueblos.
-Vamos, padre -dijo Charles-. A este paso nos va a contar toda su vida.
-Muy gracioso Charles -sonrió el cura-. Jugaríamos la final del pequeño campeonato, y yo ya me veía levantando la copa que me habían dedicado los chavales del pueblo.
El día anterior vino Jacques por el club, y mientras jugábamos al ajedrez dijo con una seguridad aplastante: "Lo siento padre, pero no ganarán".
-Me quedé mirándole durante unos segundos. No le di mayor importancia, pero, efectivamente, no ganamos. Y recordé esa frase. En treinta años no se me han olvidado ni las palabras, ni la forma de decirlas.
-Creo, Francisco –contestó Xavier-, que te encontraste de frente con algo extraño. Algo que, sin saber exactamente la causa, fue una verdadera premonición.
El sacerdote del corazón de oro habría contado más hechos relacionados con el tema, pero prefirió ser prudente, y continuó.
-Sí. Eso es cierto. Estoy convencido de que aquel joven supo con antelación lo que iba a ocurrir. Pienso que de alguna forma extraña evaluó la situación de cada equipo y en una décima de segundo expuso un resultado de acuerdo a lo que había en el ambiente. Él no conocía a los otros futbolistas. Como veis, intento ser racional. Porque si no fuese así, tendría que admitir que había viajado al futuro, y había visto que nuestro equipo perdía.
-Tal vez le das demasiada importancia a esa frase- dijo Charles.
-Ya. También lo he pensado yo. Pero había algo extraño en la expresión de su rostro. Diría que algo parecido a lo que Xavier nos transmitió el otro día, con la luminosidad de su cara. Es algo que se escapa a las palabras, pero que aquel que ha sido testigo sabe sin lugar a dudas que ha ocurrido.
-¡Por Dios! –exclamó Charles.
-¿Qué te pasa? –preguntó con preocupación Francisco.
-He recordado algo.
-¿Qué?
-Me ha venido a la memoria, como un flash.
-¿Si?
-El día que murió mi madre. Yo estaba en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. De pronto la boca del estómago me parecía un tambor. Era como si estirasen y encogiesen el mismo. Era como una palpitación del corazón. Algo rítmico. Estuvo así, casi media hora. No me preocupé excesivamente porque no me dolía. Era más bien una extraña molestia.
 
 -¿Y? –preguntó el padre Francisco.
-Poco después me comunicaron el fallecimiento de mi madre. Una vecina había llamado a la ambulancia, pues mi madre se encontraba mal. Y antes de una hora había fallecido de un infarto al corazón. Y ahora me pregunto si tal vez cuando mi madre estaba partiendo hacia el otro mundo, noté aquella extraña vibración.
Las lágrimas rodaron por el rostro de Charles.
-Lo cierto es que -habló Xavier- para nosotros la muerte es un tema sobre el que pasamos de puntillas, pero algún día tendremos que enfrentar de forma seria el cómo ayudar a la gente a comprender que la muerte en este plano físico, es el nacimiento en el plano del espíritu. Y al contrario, la muerte en el plano espiritual, lo que solamente es una expresión, es el nacimiento en esta vida física. De igual manera a cómo ayudamos a nacer a los bebés, también tendríamos que ayudar a morir a los enfermos. El miedo a la muerte debe desaparecer.
-Para ello se harán necesario varios requisitos-contestó Francisco- Uno de ellos sería, saber diferenciar entre los pensamientos producidos por nuestras mentes y los originados por otras mentes. Tal vez de esa forma sabríamos si alguno corresponde al plano del más allá.
-Parece muy razonable.
El sacerdote miró al reloj. No había más tiempo si deseaba tomar el último autobús.
-Lo siento. Tenemos que dejarlo por hoy...
-Ya seguiremos, Francisco, no te preocupes-le contestó cariñosamente Charles.
El científico comenzaba a intuir que parte de la certeza de sus amigos, llegaría a ser también suya. Puso la mano en el hombro de Francisco y simplemente dijo.
-Gracias, padre.
-¿Sabes, Charles? No necesitamos grandes milagros para llegar a convencernos de que la vida en el más allá es una realidad. Basta con pequeños acontecimientos... un sueño nítido, una brisa... algo muy sutil...pero que nos certifica que después de la muerte del cerebro ha ocurrido algo inesperado.
-Sabias palabras Francisco-expresó Xavier.
-Es más. Me atrevería a decir –se dirigió el sacerdote al científico- que en tu vida ha ocurrido algo, parecido al dolor de estómago previo a la muerte de tu madre, que se te ha pasado por alto. Y que te habría confirmado que la vida existe después de la muerte física.
Charles apretó con más fuerza su mano sobre el hombro de Francisco, y dejó deslizarse una lágrima, no de dolor, sino de gratitud por el contacto de sus corazones. Y si hubiese sido una persona mística, habría dicho que tal contacto se había producido en el mundo sutil. Ése que existe y del que a pesar de que cada día, en cada país, en cada región, en cada pueblo se expresa continuamente, no es reconocido. Ése que no es el producto de las células, solamente, sino un estado de felicidad y beatitud que cubre los corazones de los seres humanos. Sin ellos reconocerlo, cuando dejan de lado su pequeño mundo, cuando abandonan la más toscas, rudas e innecesarias identificaciones con cierto tipo de dolor, un destello de luz desciende desde sus almas y les indica que la calidez del amor es algo más que palabras.
Xavier, Charles y Francisco caminaron como si flotaran en el espacio. Sus almas se habían elevado y entre ellas se formó un triángulo de luz que fue el receptáculo necesario para albergar un descenso de energía caracterizada por la sabiduría, el amor y la voluntad que provenía de lugares lejanos y remotos. Desde las profundidades del Corazón de la Tierra, Alguien les observaba y les amaba, pues en realidad eran parte suya.
 ¿Por qué causa era tan difícil para los seres humanos experimentar la unidad del Espíritu que todo lo compenetra?
¡Cómo no habían sido capaces los científicos, todavía, de identificar las energías misteriosas que se extienden por toda la Tierra penetrando en lo más profundo de los corazones y de los cerebros, y haciéndoles reverberar como si de un sonido o luminosidad se tratase!

Capítulo 17


Dudas y preguntas.

Debo confesaros algo –comenzó la reunión el padre Francisco.
-Cuéntanos- respondió Charles.
-Monseñor Flordelis era el arzobispo de Zaragoza cuando me ordené sacerdote. Él mismo me había reservado una plaza en el Seminario como profesor de Teología. Y lo hubiese sido, pero alguien de más rango en el escalafón de la Iglesia ocupó mi puesto.
-¡Qué pena! –exclamó Xavier.
-Al principio quedé desilusionado, pero, con el tiempo fui dándome cuenta de que tal vez no habría sido feliz enseñando un día tras otro todo lo que unos santos y sabios Padres habían meditado y luego propuesto, casi como verdades inalterables.
-Charles y Xavier se quedaron intrigados y sorprendidos por lo que intuían que iba a continuar diciendo.
-Comprendí, en un momento de lucidez, que lo que había que buscar era lo que tenía vida y amor. Muchas de las especulaciones de los teólogos se alejaban tanto de mi corazón que ya no les volvía a leer. Por otro lado, cada vez que había un cambio drástico en la sociedad, la Iglesia se apresuraba a mutar de acuerdo a los tiempos. Es decir, que las verdades expuestas, así como la moral cristiana, podríamos decir que estaban yuxtapuestas a la sociedad laica. Dicho también de otra forma, la ciencia y la filosofía se había anticipado a la evolución de los pensadores cristianos. Al principio se creía en la Biblia a pies juntillas. Luego se pasó a decir que había gran cantidad de símbolos. Respecto al Nuevo Testamento, por ejemplo, albergo algunas dudas. Para mí, como me imagino que para muchas personas, es importante contar con la fidelidad de las primeras fuentes que inspiraron a los papas para recopilar los escritos que pululaban por todas las antiguas iglesias y capillas de la cristiandad original. Pero, según se ha sabido con posterioridad, solamente aceptaron cuatro de los evangelistas y negaron autoridad a los demás. Opinaron que los seleccionados explicaban fehacientemente y también suficientemente los aspectos más destacados de la vida y mensaje de Jesucristo. Recientemente han aparecido unos viejos pergaminos en Qumrám y también se ha descubierto un evangelio atribuido a Judas. Y parece más creíble y lógico lo que está escrito acerca de la profunda amistad entre Jesús y él. Judas fue un amigo tan honesto y humilde que Jesús le confió la administración del escaso dinero del grupo. Entonces me pregunto en el fondo de mi corazón, ¿qué se decía en aquellos textos originales sobre la vida de Jesús para que no fuesen aceptados por la Santa Madre Iglesia?
Charles no salía de su asombro escuchando las intimidades del corazón de un sacerdote.
-También me pregunto -continuó el sacerdote, a veces, si Jesucristo estaría de acuerdo con la evolución de las ideas en la Iglesia. Una de las incógnitas más difíciles de despejar es el concilio de Nicea. Al estudiarlo, da la impresión de que cierto tipo de Teología fue, por llamarlo de alguna forma suave, conveniente al poder establecido.
-Es muy interesante lo que estás diciendo-susurró Charles.
-Creo que has dado en el clavo -continuó Xavier-. Yo también cuestiono las razones que hoy en día tiene el Vaticano para no reconocer los textos de los pergaminos que hay dispersos por el mundo y especialmente en el Museo de Berlín. Pergaminos atribuidos a María, a Pedro e incluso al propio Jesucristo en los que se habla sobre el plan de Dios para la humanidad de nuestros tiempos. Pues suponía que ya tendríamos "ojos para ver" y capacidad intelectual para comprender la enorme potencia de la energía del Amor...
Hubo un silencio.
-Disculpad -terminó el sacerdote del corazón de oro-, creo que necesitaba exponer las dudas que tenía enterradas en mi corazón y que no había expresado en voz alta, hasta hoy.
-Lo que has expuesto-respondió Xavier-, no es ni más ni menos lo que muchos cristianos, profundamente practicantes de la doctrina del Amor de nuestro Señor Jesucristo, nos preguntamos muy a menudo. Y únicamente tomamos la determinación de continuar en nuestra callada labor de amar y de servir a los demás como Él nos amó. A mí, todavía se me ocurren más preguntas como por ejemplo:
¿Qué razones ocultas hubo en aquellos días lejanos para interferir en el destino de una parte de la humanidad y manipular a una bella mujer con el fin de diera a luz un niño tan especial? ¿Habría que admitir que hay una dimensión paralela a la nuestra, una dimensión espacio-temporal en la que es posible interactuar con la actual e incluso llegar a interferir en el decurso "normal" de los acontecimientos?
-Cada día estoy más perplejo -intervino Charles- con lo que vais diciendo. Creo que voy a comprarme un par de libros para investigar de forma seria y profunda sobre esa personalidad tan importante, ese Maestro que llamáis Jesucristo y que sería el presunto cadáver que envolvió aquella Sábana Santa.
No sería ético participar de vuestras disquisiciones si no pudiera aportar algo más que mi curiosidad. El estudio científico de la Sábana Santa, el sudario de Jesús, ha influido mucho en mi forma de pensar, bastante reacio a las especulaciones teológicas o filosóficas, y debo añadir que ha constituido un obstáculo en mi forma de pensar tan cartesiana y pragmática. He tenido la suerte de investigarla de cerca y la verdad es que me impresionó. Creo firmemente que es una prueba irrefutable de su vida y sufrimiento, pero me reservo mis conclusiones para otro momento.

Capítulo 18

Un niño muy especial

Para Charles, aquellos días de invierno fueron especialmente bellos. Hacía ya mucho tiempo que se había "acostumbrado" a la dura soledad. Su esposa había fallecido hacía varios años y una vez que ella había desaparecido de este mundo, decidió marcharse de Boston. Atrás quedaban largos años de duro trabajo en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, interrumpido durante corto tiempo por su estancia en el SLAC, el acelerador lineal de Stanford. No deseó ubicarse tampoco en San Francisco, y su decisión de vivir en Castelldefels, rompiendo con toda su vida anterior, vino favorecida por la invitación de un conocido suyo, el catedrático Vicente Serrat de la Escuela Politécnica Superior.
Esperaba con ansiedad el momento de la semana en el que tomaba el tren de cercanías para encontrarse con sus nuevos amigos.

Desde su punto de vista, Xavier buscaba comunicar sus hallazgos en el estudio de Jesucristo. Sinceramente, creía que guardaba un secreto, que a lo mejor un día les revelaría a ellos. El padre Francisco necesitaba imperiosamente nuevas avenidas de luz y comprensión. Estaba claro que su semblante reflejaba amor. Su corazón debía de ser muy grande, pero daba la impresión de que le faltaba más. La comprensión del universo, de la creación. En eso, se parecían. Es por ello que cuando Xavier leyó aquella referencia al antiguo libro del Bhagavad Ghita, sus ojos miraron a lo lejos y expresaron su infinito anhelo de sabiduría.

Respecto a él mismo, tenía la sensación de que había perdido muchos años en el estudio de las partículas elementales. Estaba cansado de átomos, electrones, núcleos, protones, neutrones, neutrinos, gluones, quarks, bosones, leptones, mesones, teoría de las supercuerdas, big bang, big crunch, etc.


También recordaba un extraño experimento en el que creyeron demostrar que las partículas podían viajar más rápidas que la luz. Un buen día, estaban esperando la señal de partida de unas partículas en el acelerador, y nunca llegaron a su destino. Comprobaron el log de los eventos, y su sorpresa fue mayúscula cuando encontraron que las partículas habían llegado antes de salir.
Pero, a pesar de haber estudiado y experimentado, su alma se encontraba vacía. Su situación era similar a la de un estudiante que imprime los datos en su memoria sin asimilar y si bien es capaz de pasar el examen, sin embargo, nota que le falta algo: la sensación de plenitud que solamente es otorgada por la adquisición de sabiduría.
En última instancia sabiduría se podría definir como la dualidad conocimiento-amor, dicho de otra forma, comprensión. Y estas últimas palabras se podrían trasladar también a Francisco. En realidad, el sacerdote lo que necesitaba –pensaba él- era extender su alma sobre la creación, y sentirla como si fuese él mismo. Inconscientemente comprendía que el amor tampoco había sido suficiente para llenar su vida. Su sed era el profundo anhelo de sabiduría y comprensión que hacían que un ser humano se sintiese realizado y colmado en lo más íntimo de su ser. La fe no le bastaba. Lo que de verdad necesitaban el científico y el sacerdote del corazón de oro era aprehender la realidad. Tomarla en sus manos y comprobar cómo los ríos de amor y de luz unían cada acontecimiento de la vida aparentemente sin sentido de los humanos. En definitiva necesitaban sentir la íntima y mística unión entre el creador y su creación.
¡De qué le servía a un físico, como alma, estudiar las partículas si no las sentía! El placer del conocimiento era inmenso, pero a la larga faltaba el contacto de corazón a corazón que transmite la esencia de la vida.
¡De qué le servía a un sacerdote amar de corazón a corazón, si no conocía la existencia del corazón universal, si no había podido contactar con el corazón del sol, si estaba limitado a las tradiciones que alguien similar a él había tejido!
Ambos se necesitaban.
El calor del amor necesitaba el campo del conocimiento para expandirse en él.
Cuando Xavier comenzó a hablar de cosas sencillas y familiares, Charles sintió paz. La paz del que escucha y observa sin juzgar las vidas de los demás. Se sintió por unos segundos como el espectador que disfruta de una obra de teatro a la vez que se identifica con los actores. Y de esta forma percibió que su corazón reverberaba con las palabras de sus amigos. No exigió nada más, sino que bebió de cada frase, cada palabra y cada expresión del rostro de sus contertulios.
-Nací en el seno de una familia de clase media -comenzó Xavier-. Ya de pequeño daba muestras de originalidad en muchos aspectos. A los cuatro años sabía leer y escribir. También las cuatro reglas (sumar, restar, multiplicar y dividir) y ayudaba a mi madre cuidando de los párvulos del colegio en el que ella ejercía de maestra. Mis ansias de investigación me habían llevado a situaciones con las cuales mi padre no estaba de acuerdo.
 Recuerdo que teníamos una gallina que ponía huevos de dos yemas. Un día, viendo que estaba a punto de poner un huevo, ayudé al animal y estiré del huevo, ocasionando su reventón... por lo que mi padre me castigó severamente. Él era, entre otras cosas, guardia urbano y juez. (En la post-guerra era muy común tener varios trabajos, además éramos cuatro hermanos...) Su extrema seriedad conseguía que en mi casa hubiera paz y silencio. Nadie se atrevía a hablar cuando comíamos.
Una noche, por San Juan, tomé una sábana y me embadurné con fósforo del que se usaba para rascar en las paredes. Me escondí en la habitación, llamé a mi hermano y cuando pulsó el interruptor de la luz, le tomé la mano y con un alarido me hice visible. Seguramente que yo le parecí un fantasma. Él profirió un grito que llamó la atención de mi padre. Inmediatamente me propinó un nuevo castigo corporal con su cinturón. Yo era incorregible.
Mi inventiva me llevaba a edificar fábricas de todo tipo con las escasas piezas de construcción que tenía. Hacía poleas de transmisión con interminables derivaciones e incluso inventé algunas cosas, útiles para solucionar problemas que veía en mi casa o en el colegio.

Me gustaba investigar en los sótanos de la Sagrada Familia. Vivíamos a unos cien metros de la obra. Allí se veían luces de todo tipo y eso despertaba mi curiosidad hasta que el párroco me dijo que no volviera más por allí, que había una entrada al infierno.
-¡Que cara más dura la del sacerdote! -exclamó Francisco.
-Ya lo creo –añadió Charles-. Utilizó la idea del infierno para alejarte del lugar.
-¿Por qué os cuento eso?-siguió Xavier- Es una forma de expresaros que yo veía las auras. Algunas noches venían personas a mi casa, debido al trabajo de mi padre, que tenían un aura muy oscura y yo tenía miedo hasta el punto de llorar secretamente debajo de las sábanas.
-¡Pobre Xavier! –exclamó el padre Francisco.
 
-Esa capacidad se disipó con los años, pero volvió a los treinta y seis, cuando estuve estudiando unos cursos de esoterismo en la Escuela Arcana de Ginebra. Se impartían cursos de meditación, medicina alternativa, cosmología, angelología... Nos instruían acerca de la existencia de las almas que ya trascendieron la etapa humana y ahora son maestros que guían a los aspirantes más sensibles y así pueden ayudar a la humanidad a trascender las creencias, las supersticiones, etc.
-¿Estás sugiriendo –preguntó Francisco- que existen Maestros que guían nuestros pasos?
-Sí, así es. Si bien estos Maestros están por encima del plano mental, es decir que están en el plano donde normalmente trabaja nuestra mente superior o abstracta teniendo al alma como vehículo intermediario entre la mente y el cerebro. Otro día podemos hablar sobre este tema, si os apetece; pero diré como ejemplo que Buda y Cristo o Jesús ya pasaron la etapa humana y ahora nos ayudan desde sus elevados lugares.
-Veo que mencionas a Jesús y al Cristo como seres diferentes.
-Sí -dijo Xavier-, pero iremos tratando este tema pausadamente, ya que es algo abstruso.
-A mí, me encanta escucharos -añadió sonriendo Charles.
-Perdona la interrupción -se disculpó el sacerdote.
-No tiene importancia.
-Desearía saber –añadió Charles- si todo eso que nos explicas tiene que ver con el tema central de la conversación, es decir sobre el nacimiento y de la vida de Jesucristo.
-Efectivamente, tiene mucho que ver, pues fue durante esa etapa de disciplina en la que tuve una serie de experiencias y de entrenamientos que me sirvieron para penetrar más allá de las barreras del tiempo y del espacio. Durante tres años seguidos, cada noche a las cuatro de la madrugada me despertaba y empezaba a deambular de forma consciente por los planos del subconsciente y supraconsciente.
-¿Quieres decir que hay distintos planos o dimensiones de nuestra conciencia que pueden ser divididos y reconocidos?-preguntó el padre Francisco.
-Efectivamente. Por el contenido, luminosidad y calidad de los contactos puedes inferir el lugar o plano de conciencia en el que te hallas. Durante esos tres años, asistí a clases especiales en las que se entrenaba a discípulos a prestar atención a muchos aspectos de la vida tales como sanación a distancia, telepatía, criptografía, significado de los sueños, descifrado de los símbolos, discriminación del sonido y de las notas de cosas, personas o Maestros, ritmos, etc.

-Todo esto parece muy interesante -dijo Charles con enorme cariño-. ¿Has podido aplicar alguno de estos conocimientos a la vida real, a algún tema en concreto?
-Sí, así es.
-Tengo que tomar el tren -interrumpió la conversación, con pena, el padre Francisco.
-¡Cómo se ha pasado el tiempo! –exclamó Charles.
-Entonces, el próximo día continuamos.
-Sí, por favor -rogó el sacerdote.
-Ya estoy impaciente -dijo sonriente Charles.
Xavier y Charles acompañaron al padre Francisco a tomar el tren.
-Si un día puedes, te quedas en Barcelona y daremos un paseo. Seguro que te encantará -se despidió Xavier.
-Hecho -respondió el sacerdote.
-¿Padre? –preguntó Charles.
-¿Sí?
-Entonces... ¿Qué función ejerces en el Seminario? Pensaba que dabas clases de Teología.
-¡No! -respondió con una gran sonrisa- Ahora soy el "Padre espiritual" del último curso de bachiller, justo antes de pasar al Seminario Mayor.
Xavier le despidió con la mano.
Charles sintió un poco de tristeza. ¡Eran unas conversaciones tan bellas y profundas!

 Capítulo 19

Síndrome de la parálisis del sueño

-Bueno, Xavier, el último día nos quedamos intrigados.
- Claro, es que si no, no tiene gracia.
-La verdad es -añadió con sorna el padre Francisco - que no acierto a pensar en qué terminarán estas "arengas" de Xavier. Yo creo que se piensa que es el único filósofo sobre la Tierra o que tal vez es Julio Cesar cuando hablaba a sus tropas para conquistar las Galias ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
-¿Por qué creéis que os pago el chocolate con churros de esa forma tan generosa?
-No sé –preguntó el californiano con curiosidad fingida.
-Pues resulta que cuando comienzo a hablar en casa, primero, mis hijos desaparecen de la mesa, luego se escabulle sigilosamente mi mujer, y por último, el perro abre la boca de aburrimiento y se queda dormido.
-¡Ahora sí que ya lo sabemos! ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! –rieron los tres.
Durante unas décimas de segundo el padre Francisco regresó a aquellos felices años en los que se reunían varios de sus amigos en la habitación asignada en el seminario y se hacían un café. Estaban contentos simplemente por el hecho de hacerlo. No había más truco. Luego acudían al cine del Seminario Menor, donde los alumnos de los cursos inferiores gritaban estrepitosamente cuando llegaban los "buenos". Con el tiempo se había ido dando cuenta de que aquellos momentos de felicidad no habían sido tantos.
- A lo que vamos -dijo seriamente Xavier.
-A la orden, jefe-añadió el padre Francisco, que irradiaba felicidad.
-Hace muchos años ya, estaba leyendo un artículo de la revista National Geographic que trababa sobre el sueño, sus ciclos y enfermedades. Me enfadé mucho. Se describía el síndrome de la parálisis del sueño, y para despertar a los que se habían quedado paralizados por ese síndrome, les inyectaban algún medicamento o bien les despertaban sin miramientos, sin considerar los daños colaterales de tal proceder, como podían ser el destrozo neuronal o muscular...
-No recuerdo que enunciasen los efectos secundarios de semejante "tratamiento de la enfermedad". Lo que más me enfadó fue que se calculaba en más de 17.000 muertes al año, sólo en los Estados Unidos.
-No tenía ni idea-dijo Charles.
-Armado de paciencia-continuó Xavier-, escribí un artículo respondiendo a la redacción de la revista, pero me lo devolvieron alegando que no admitían respuestas a sus artículos y que en todo caso podía dirigirme a los doce neurólogos y psiquiatras que firmaban el mencionado artículo. Supongo que los doce debían estar entre los más prestigiosos del mundo.
Con resignación busqué las direcciones de cada uno de ellos en la Librería Americana y los distintos consulados: alemán, francés, inglés y japonés. Les dirigí la misma carta que escribí a la National Geographic, acompañada de un dibujo realizado por Josep Cumí, profesor de Bellas Artes en la Escuela Massana de Barcelona y que ya hace años que dejó su cuerpo terrenal. En la ilustración se podía observar una persona durmiendo y cómo su espíritu abandonaba el cuerpo. A los pocos días recibí respuestas de agradecimiento de muchos de los profesionales incluso me dijeron que iniciarían experimentos con la finalidad de comprobar mi tesis. Recuerdo que el doctor japonés no recibió mi carta. La dirección era errónea.
Lo que más me sorprendió fue que, al cabo de unos dos meses, recibí una invitación de una doctora canadiense (a la que yo no había escrito) invitándome a un simposio sobre el sueño en la universidad de California; pero comprendí, de acuerdo a los términos en que se expresaba, que no había entendido mis sugerencias y por ello no acepté esa invitación.
Un par de meses más tarde volví a recibir otra invitación de la misma doctora. Me rogaba que asistiese a un nuevo simposio en la Universidad de Londres, más cerca de mi domicilio. Tampoco asistí. Consideré que era una especie de pantomima con soñadores lúcidos y que mi trabajo ya estaba hecho, pues tenía noticias de que algunos doctores trabajaban seriamente siguiendo mis sugerencias. Seguramente ya se habrán salvado algunos miles de vidas.
-Lástima que no te lo confirmasen -dijo Charles.
-Creo que no lo habría resistido mi vanidad -sonrió Xavier-.
-Seguro –contestó cariñosamente Francisco.
-El escollo principal -siguió Xavier- es que tienen que aceptar la existencia de un espíritu que habita en el cuerpo físico. Cuando nos dormimos, este espíritu abandona el cuerpo y repasa los acontecimientos del día en cada uno de los planos, físico, emocional y mental. Esto es, precisamente, lo que genera las diferentes fases REM por las que pasamos cada noche durante el sueño.

-¿Qué relación existe entre la velocidad rápida con que se mueven los ojos (REM) y los sueños?-preguntó Charles.
-Desde mi punto de vista, los ojos forman parte del repaso de las lecciones diarias y "visualizan" los acontecimientos del día. Van tan rápidos porque la conciencia se ha situado en un nivel en el que el tiempo apenas tiene significado alguno.
En cada una de las fases, se visualiza cada lección del día, según la percepción de los diferentes cuerpos que forman el pijama humano o lo que se llama la personalidad.
-Lo que no entiendo es –prorrumpió Francisco- la correlación entre el sueño, la fase REM y el síndrome de parálisis del sueño.
-Después de que se han repasado las lecciones del día, la actividad cerebral, que va cambiando de intensidades o frecuencias, se sumerge en un estado de descanso de sueño sin ensueños. Nuestros cuerpos también descansan y la actividad eléctrica neuronal, muscular, sanguínea, etc. están bajo mínimos diarios. Cuando es la hora de despertar, el espíritu regresa al cuerpo y para que no interfiera nuestro cerebro o nuestra conciencia cerebral en este proceso automático, el propio mecanismo "proyecta" una película muy interesante (sugestiva para la persona concreta) y la atención se centra en ese sueño, hasta que la entrada del espíritu ha finalizado completamente. En ese preciso momento los ritmos musculares retoman su actividad normal. La parálisis se produce cuando la entrada del espíritu no se ha efectuado del todo y el control del mecanismo del cuerpo ha sido retomado por el cerebro. Los músculos se encuentran rígidos y no se pueden mover, cada uno pesa una tonelada.
Para evitar eso, yo recomendaba que se inyectara algún tranquilizante para dormir al paciente y de esa forma permitir un reingreso del espíritu al cuerpo. Recuerdo que también les aconsejé que se impartieran esos conocimientos en las escuelas y las universidades, pues debido a que la humanidad es mucho más sensible que hace unos años, y vive penosamente estresada, los casos de parálisis corporal irán incrementándose.
A mí mismo me ocurrió en numerosas ocasiones hasta que llegué a dominar el cuerpo de tal manera que podía controlarlo, aunque mi espíritu estuviera fuera de él. La verdad es que requiere mucha disciplina y una ausencia total de miedo. El terror empeoraría mucho más nuestro estado e incluso podría provocar la muerte.
-Disculpa -interrumpió Charles-, ¿la muerte súbita tiene que ver con eso?
-Creo que es lo mismo, pero prefiero guardar silencio en este tema. Recuerdo que en una de mis salidas conscientes, quedé atrapado en el plano astral. Quizás hubo algún ruido en la casa que me asustó y entré demasiado deprisa y con un enorme sobresalto. El sueño con el que mi mente quiso regular la entrada en el cuerpo fue terrible. Alguien quería matar a mis hijos. Yo traté de interponerme entre la pistola asesina y ellos. Entonces, el criminal me apuntó directamente y quiso matarme.
Había miedo interno. También, externo. Me encontraba inmerso en un estado de puro pánico hasta que conseguí, con enorme esfuerzo, influir sobre mis cuerpos y me tranquilicé inmediatamente. Fue entonces cuando mi espíritu retomó su entrada en el cuerpo físico. Tuve la sensación de que era como una patata que es arrojada al aceite hirviendo.
A raíz de esa experiencia le dije a mi Maestro que no quería seguir con aquellos experimentos, y de verdad que cesaron.
Durante la noche siguiente me desperté, como de costumbre, a las cuatro de la madrugada y puesto que estaba aburrido sin hacer nada, solicité seguir experimentando. Efectivamente, continué, pero esta vez las excursiones eran diferentes, más sutiles. Permitidme que, de momento, no explique nada de la nueva etapa.
Por cierto, recuerdo también un informe dedicado por completo al cerebro en la revista Scientific American. Estaba escrita por unos seis eminentes neurofisiólogos y curiosamente llegaban a la frontera de lo paranormal. Sin embargo, ninguno de ellos se atrevió a dar el salto y aceptar que había algún elemento exógeno que hacía que las neuronas se portaran de forma aleatoria, aunque siguiendo unos patrones incomprensibles para ellos. Creo que es imprescindible que la ciencia dé ese salto y acepte la existencia de un espíritu o alma residente en el cuerpo que haga más aceptable las diferentes neuropatías, sus causas y sus posibles curaciones.
-Sin duda -dijo Charles, me has impresionado. Pero me gustaría más que nos contases algo de tus desplazamientos mentales en el tiempo.
-Para mí será estupendo poderte contar más experiencias.
-Gracias-añadió Charles. A lo mejor, puedo parecer demasiado incrédulo, pero es mi naturaleza.
-No te preocupes. Estás en tu derecho. Creo que comenzamos a ser amigos, y procuraré explicarte todo de acuerdo a como pienso que es. No cabe duda de que siempre estamos sujetos a espejismos, pero son parte de cualquier investigación.
El padre Francisco permaneció en silencio. Comprendía que las conversaciones con Xavier y Charles le estaban aproximando a pasos agigantados hacia el reino de la luz.
Hacía ya muchos años que había conocido a una mujer excepcional, su madre espiritual. Ella le había anunciado que aquellas conversaciones se producirían. Entonces no le había hecho mucho caso, pero ahora, no cabía la menor duda de que su visión estaba tomando forma. Importantes dudas seguían incrustadas en los recodos de su mente. No sabía cuáles podrían estar en los primeros lugares de una lista. A través de Xavier, se ponía a su alcance una constelación de conocimientos, y le habría gustado plasmar por escrito todas y cada una de sus vacilaciones. Tendría que meditar sobre ello y hacer una lista de tales dudas, que algún Maestro había definido como el mejor de los examinadores, pues nuestras mentes se veían espoleadas a buscar respuestas, fuesen cuales fuesen y estuvieren donde estuvieren. Comprendía debía aprender más de lo que ya sabía pues como decía un antiguo sabio "aquellos que creen que saben todo, ya están muy cerca del cementerio". Consecuentemente no podía permanecer en una actitud estática y de espera, que no llevaba sino a la muerte intelectual y espiritual. De esa forma alimentaba a su alma. Unas cuantas dudas siempre eran el combustible del motor interior que obligaba a avanzar.

Capítulo 20

El despertar del Corazón.


La excursión al Pirineo con su amigo José Pérez fue una señal de lo que iba a vivir durante cinco largos y también bellos años. La iglesia románica de Ansó fue el hogar del padre Francisco. Al lado estaba la casa donde su amadísima madre pasó los últimos años de su vida.
-¿Qué te ocurre mi pequeño? – le solía decir cuando llegaba cansado de su labor apostólica.
-Nada mamá.
Entonces él se acercaba a su madre, mucho más baja que él y la abrazaba muy fuertemente. Ella se tenía que poner de puntillas y por unos instantes tocaba el cielo. ¡Qué podía haber más grande para una madre que sentir el amor de su hijo! Luego, ella preparaba, como muchos días, una tortilla francesa para cada uno, y cenaban mirando esporádicamente a la televisión.
En verano, las abuelitas, vecinas, se sentaban en sus sillas de anea y terminaban de bordar con lindos colores algunas telas para el altar.
Cuando su madre enfermó, el sacerdote subía a su habitación, todo lo que le permitía la atención al culto, y le leía largos fragmentos de la Biblia, de los Evangelios y de cualquier obra literaria que tuviese a mano.
Fue durante la enfermedad de su madre, cuando Francisco experimentó un gran salto en su interior. Aunque no poseía ninguna teoría sobre la constitución del ser humano en lo que se refería a los siete centros de energía y cuerpo etérico, no fue impedimento para que pasase de sentir a través del plexo solar, como es tan normal y natural en la gente corriente, a percibir la belleza y el sentido de la vida a través del corazón.
 Sin saberlo había conseguido ser un iniciado en la "doctrina del fuego del corazón".
Puesto que es una etapa muy importante en la vida de todo ser humano que aspire a iniciarse en el mundo espiritual, en breves palabras diremos lo que le ocurrió.
Cuando su madre enfermó, el padre Francisco comenzó a sentirse mal del estómago. Los nervios se le apoderaban del mismo y eran un verdadero quebradero de cabeza para él. En ocasiones se enfurecía al ver postrada en la cama a quien le había dado la vida. Mas, paulatinamente fue resignándose, a la vez que extremó todos sus cuidados para con ella. Sin embargo, no fueron las atenciones físicas las que le llevaron a un nuevo estado de conciencia, sino los cuidados mentales, los pensamientos positivos y de sanación que le enviaba.
Muchos días tenía que desplazarse a Hecho para sustituir al párroco del pueblo vecino. Después, debía pasar varias horas esperando a que los feligreses se animasen a ejercer el sacramento de la confesión y que le abrieran sus obnubiladas almas.
Y ocurrió durante las largas horas que permanecía en el confesionario esperando pacientemente, cuando su mente se iba a visitar a su madre.
Pensaba que estaba a su lado y que le prodigaba toda clase de cuidados. Y fueron unas enigmáticas palabras las que le hicieron comprender que había ocurrido un pequeño milagro.
-Gracias mi niño -le dijo un buen día que regresaba de Hecho.
-¿Por qué mamá?
-Porque el amor de tu gran corazón ha llegado hasta mí, he sentido ese calorcito tan especial que me has enviado.
-No tiene importancia –contestó Francisco-.
Y tal vez debería haber sido un poco más curioso, y haber preguntado más, pero se conformó con saber que sus pensamientos habían llegado hasta su madre, y que al hacerlo, su plexo solar había traspasado y también transmutado su fuerza al punto que está justo detrás del corazón. Él no sabía que se denominaba centro cardíaco. Este proceso de elevar las energías desde el plexo solar al centro cardíaco, puede insumir varias vidas de arduo esfuerzo en personas normales. Se podría también definir este proceso como el salto desde la inestabilidad de las continuas reacciones sentimentales operadas por el plexo solar a la paz, que se afinca en el corazón al comprender que somos una parte minúscula del Todo. Este proceso implica tres puntos en el ser humano: El plexo solar, el centro cardíaco y el centro de visión denominado tercer ojo o chakra ajna, sito entre las cejas.
Si el padre Francisco necesitó menos tiempo, era porque reflejaba los éxitos, que como alma, había conquistado en una vida anterior.
Desde entonces, únicamente tenía que preocuparse de visualizar a su madre y sentía cómo un río de luz y vida brotaba de su corazón hasta el de ella.
Cuando se despidió de ella en el cementerio, las lágrimas fueron escasas. Tenía la absoluta certeza de que el alma de su madre fluiría como un manantial hacia el origen de todos los manantiales, el Sagrado Corazón de Jesús.
 

Capítulo 21

Viajes en el tiempo


El Sol, una vez más, comenzaba a hacerse el dueño del hemisferio norte. La inclinación de la Tierra cambiaba y la luz colmaba de nuevos bríos la Naturaleza dormida. Algunos almendros regalaban la belleza de su corazón cubriéndose de múltiples florecillas. El espíritu de los humanos, especialmente de los más mayores, se hacía más luminoso, pues se abría para ellos, de nuevo, la fundada esperanza de poder vivir otro año más. Olvidándose de las noticias de la televisión y de la radio, las almas de los transeúntes, revestidas de efímeros cuerpos paseaban por las Ramblas. Era un instante en la eterna duración del tiempo sin tiempo. Y la capacidad de captar ese punto en la historia del universo, esa infinitesimal pequeñez, es lo que les permitía observar, desde la lejanía de sus mundos internos, los acontecimientos más próximos, y concederles el escaso valor que en verdad tenían.
Deshacerse de la bruma de los problemas cotidianos y comprenderse, aunque de una forma brumosa, un punto de luz y conciencia en el cosmos, era el sentimiento que confusamente percibían los paseantes.
No sabían explicar por qué la vida se les alegraba durante unos escasos segundos. Quizás ellos creían que los motivos eran otros. Un hijo que venía a visitarles. Una madre que hacía un guiso exquisito. Una victoria de su equipo favorito. Una pareja que apresuraba sus pasos para gozar del amor... ¡Había tantos motivos abiertos para cada cual!
Todos esos acontecimientos eran simples excusas para que el corazón pudiese expresar la radiante alegría que el divino sol injertaba en la flor de sus almas.
Entre tanta efervescencia vital, que inundaba aquellas calles y plazas, los tres amigos, en sus reuniones semanales, eran simple y llanamente...felices.
-Si bien es algo subjetivo –comenzó a hablar Xavier-, pues es muy difícil que otra persona pueda ver lo que percibimos con nuestra mente, aunque no imposible, creo poder afirmar que fui capaz de viajar muchas veces en el espacio-tiempo.
-Permíteme que dude sobre el tema-contestó Charles-. Desde el punto de vista de los experimentos con partículas, si como dije, se consiguió que éstas llegasen a su destino antes de partir de su origen, es decir que diesen un salto hacia atrás en el tiempo, a mí se me hace muy difícil pensar que, sin los enormes recursos que se requieren para poner en funcionamiento un ciclotrón, que consigue una variación en el tiempo de, tal vez un nanosegundo, se pueda viajar en el tiempo. Es algo que se me hace imposible aceptar.
-En mi opinión, caben dos posibilidades, pero seguro que hay algunas más.
-¿Cuáles? –preguntó Charles.
-La primera, relativamente lógica. Si considerásemos que de todos los acontecimientos que ocurrieron, hubo testigos de los mismos, y puesto que el alma es inmortal y eterna, sería suficiente con acceder a la mente que alberga esos recuerdos.
-¡Eso sería maravilloso!-exclamó Francisco.
-Como comprenderás, de momento la ciencia no está en condiciones de comprobar tal información, por lo tanto la ponemos en entredicho, o en cuarentena.
-Bien. Pero el que la ciencia no lo haya comprobado, no significa que deje de ser una posibilidad.
-¿Y la segunda?
-Pues de la misma forma que somos capaces de observar con un telescopio partículas de luz, tal y como existían hace miles o millones de años, de la misma forma, si nos situásemos en algún lugar a dos mil años luz de la Tierra, y dispusiésemos de un telescopio o radiosonda, tal vez podríamos contemplar algunos acontecimientos de nuestro pasado. Por ejemplo, nosotros vemos el Sol con ocho minutos de retraso.
-Me imagino -contestó Charles- que sería bastante difícil que pudiésemos descifrar el pasado de esa manera: primero, porque no somos capaces de viajar a mayor velocidad que la luz; y la segunda, porque aunque estuviésemos tan alejados es muy probable que la información llegase distorsionada, incompleta y diseminada. Sería casi imposible recoger todos los quantums de información, esparcidos probablemente por millones de kilómetros cuadrados. Puestos a especular con esa posibilidad, creo que la idea de que existiese una memoria que contuviese tan importantes acontecimientos parece más factible; pero me niego siquiera a especular con eso...
-Considerando que no lo sabemos todo -intervino Francisco-, os voy a contar algo que me ocurrió cuando murió mi madre, y que apenas he comentado.
-¿Sí? –preguntó con curiosidad Charles.
-Con mi madre tuve una relación muy especial. Unos meses antes de morir, por alguna causa que desconozco científicamente, pero que para mí asume el rango de hecho comprobado...
-¿Sí? –inquirió Xavier con impaciencia.
-Pues resulta que los días en los que yo no podía estar cerca de su cama, pensaba en ella y muchas veces me decía. "¡Hijo mío... siento tu corazón tan cerca de mí!"
-Eso es relativamente normal, padre -dijo Charles.
-Ya. Durante esos meses yo creí lo mismo. Pero, justo en el momento de morir, y durante tres días más, sentí su presencia cerca de mí. Es difícil explicar qué es lo que percibía. Estaba seguro de que su alma me estaba dando fuerzas y esperanzas mostrándome que la vida existía después de la muerte.
-He oído muchas anécdotas similares -respondió Charles-. Probablemente es porque no podemos acostumbrarnos a la pérdida de un ser querido.

-Bueno –añadió Xavier-. Yo sé una cosa y la doy por cierta: después de la muerte del cuerpo físico, el alma sobrevive.
-Bien –continuó Charles. Estás en tu derecho de creer lo que desees. Mi madre se murió y ya no supe nada más de ella.
-No es una creencia-respondió Xavier-. Es una experiencia vital que me sirve de columna central en mis pensamientos respecto a la existencia del alma y que sostiene mi vida. Incluso añadiría que si no captaste algún tipo de comunicación por parte de tu madre, no fue porque no te lo dijo de alguna forma, sino porque tú no tenías el equipo mental, sentimental y etérico adecuado.
-Siento no tener la misma seguridad que vosotros.
-Ya –dijo el sacerdote encogiéndose de hombros.
-Estoy de acuerdo con el padre Francisco -añadió Xavier. Pero hay que comprender que una experiencia así es un regalo. A unos se les concede, a otros no. Los que tienen gran sensibilidad la experimentan, pero los que poseen una mente tan cerrada o demasiado poderosa, no son sensibles a esos impactos. Los que han percibido, bien una sensación dentro del corazón, bien una visión, lo saben. Y eso es todo. Por el contrario, los que no han tenido tanta suerte pueden tomar una decisión: o tienen fe en lo que sus compañeros de camino les indican, o deberán esperar a que, el día menos pensado, tengan la inmensa fortuna de una revelación así.
Charles se quedó pensativo, y luego terminó.
-¡Cuánto anhelo el día en que se me conceda esa gran bendición! Mientras tanto debo ser fiel a mí mismo y basarme en lo que para mí son experiencias probadas.
-Así es Charles -le animó Francisco-. Ser auténtico consigo mismo es esencial.
-¡Por favor Xavier! -rogó el californiano-. Cuéntanos algo de lo que tú piensas que fue un viaje en el tiempo.
Francisco tocó el hombro de Charles. Sin duda se tenían ya un enorme afecto.
-Pienso que tengo varios ejemplos en los que me pude trasladar al tiempo de las primeras dinastías de Egipto (bien sea en la dimensión espacio-temporal, o en la memoria –denominada akasha- de nuestro Logos Planetario) y pude ver cómo en la meseta de Giza se había construido un planisferio celeste.
-¡Esto se pone interesante! – dijo Francisco frotándose las manos.
-La esfinge es una pirámide perfecta –continuó Xavier su relato-, pero esotérica y oculta. La lástima es que los que la construyeron copiaron mal un original de la segunda dinastía que se encuentra en el segundo piso del Museo de El Cairo.
Aquella esfinge mide aproximadamente un metro y medio de larga; es de alabastro blanco y tiene la representación de los cuatro animales del Apocalipsis o la cruz zodiacal por la que atraviesa la humanidad común.
Las patas traseras del toro (Tauro), las delanteras del león (Leo), el vientre alado como de águila (Escorpio sublimado) y la cara del hombre (Acuario).
 
La esfinge gigantesca, que podemos ver actualmente frente a la pirámide de Kefrén, es una mala copia, pero conserva una de sus peculiaridades y es la de Leo, con cara de hombre que mira hacia el este. Hay algunas personas que afirman que media cara es humana y la otra es de león.
Leo está regido por el Sol y en verdad que representa al Sol en aquel conjunto de pirámides. Para comprobarlo, podríamos utilizar un compás y trazar sobre un plano, a escala, tres círculos, tomando como centro la cabeza de la esfinge y la circunferencia sobre la cúspide de cada una de las pirámides. Veríamos que es similar a tres planetas girando en sus órbitas alrededor del sol-esfinge.
Y eso no es todo. En astrofísica se considera que tenemos, geológicamente hablando, dos planetas hermanos, similares en composición, aunque de dimensiones más pequeñas y cuyas masas y órbitas estarían perfectamente representadas en las pirámides más pequeñas, las de Kefrén y Mikerinos. De la misma forma, la masa terrestre, la distancia al Sol, a la Luna, etc.están "reproducidas" en la pirámide de Keops.
 
 En Oriente, las tres estrellas que forman el cinturón de Orión son conocidas como los tres reyes magos, cuya analogía y situación es similar a la de las pirámides, aunque con el tiempo han variado el ángulo. Esas tres majestades de la constelación de Orión apuntan a la constelación del Can Menor, cuya estrella más brillante es Sirio, denominada también la casa del Padre.
El Maestro Tibetano (Djwal Khul) sostiene que el Sistema Solar y otros seis sistemas planetarios giran alrededor de Sirio, el Padre de todos los sistemas solares asociados directamente a él, por lo que deduzco que las tres pirámides y la esfinge son también una representación, a escala micro cósmica, del drama que por eones está escrito en las estrellas.

-No entiendo bien esto último- dijo Francisco.
-Te diré brevemente que para los esotéricos la constitución etérica del ser humano es semejante a la de los cielos. Imagina que el cuerpo del hombre tuviese una luz radiante en su frente, otra en su coronilla y otra en su corazón, y que tú fueses una célula por ejemplo de un puntito en la barbilla Desde tu minúsculo punto de vista verías un triángulo luminoso que destacaría sobremanera en tu cielo.
-¿Quieres decir que entonces podría construir tres edificios o pirámides, en ese microscópico punto de la barbilla, que reflejasen la situación de ese triángulo luminoso?
-Creo que lo has expresado muy bien. Sólo te restaría deducir que esos tres puntos luminosos tendrían una cierta influencia en tu pequeño mundo de célula del mismo cuerpo.
-Gracias, Xavier.
-¿Por?
-Porque en tus conversaciones alejas cada vez más el horizonte de mis propias limitaciones, y porque cuanto más hablas, más inmenso y grandioso veo que es el universo.
-Gracias a ti, Francisco, por escucharme.
-Entonces...-preguntó Charles, deseando comprender todo lo que decía Xavier-. ¿Qué tiene de especial Giza y que tú hayas podido constatar?
-Tiene mucho de especial. La primera sorpresa me la llevé en el Museo Británico de Londres, y luego en el Museo Alemán de Múnich.
Para poder investigar sobre el tema de forma más fehaciente, pedí prestado un plano, a escala, de la meseta de Giza.
 

Mi sorpresa fue mayúscula cuando la señorita encargada del archivo me preguntó cuál de todos los expedientes quería, a la vez que me mostraba una lista interminable de planos de la mencionada meseta. Había unos mil expedientes y todos eran de los Ministerios de la guerra de todos o casi todos los países del mundo. Se ve que la mayoría de gobiernos querían averiguar lo que había de cierto en una vieja leyenda, según la cual los atlantes había depositado una gran cantidad de tesoros (armas, aparatos, archivos, etc.) en tres lugares diferentes de la Tierra: en la cordillera del Himalaya, en Egipto y en el Polo Norte.
Este último ha sido constantemente visitado por multitud de misiones, especialmente de los Estados Unidos de América, quienes incluso diseñaron el submarino Polaris, propulsado por energía atómica, para estudiar la masa de hielo, su espesor y profundidad, las tierras circundantes u ocultas que pudiera haber, la flora y fauna. Se dice que algunos aviones llegaron a ver zonas con clima tropical y vegetación inimaginable; pero esos datos están ocultos para el mundo. Añadiré que esto último, de existir, tendría su explicación esotérica en la entrada de energía extra-planetaria a través del Polo Norte, lo que produciría una región de exuberante vegetación y riqueza. Pero continúo. Da la impresión de que Egipto es el punto geográfico más asequible y es por ello que muchos han supuesto que en él está escondida una de las cámaras del tesoro. Todos creen que se halla debajo de la esfinge, pero lo que yo he deducido es que tendría que estar equidistante a los tres planetas, es decir a las tres pirámides.
 


Puedes visitar las Pirámides por medio de Google Earth - Coordenadas: 29 58 38.34N, 31 07 54.18E
Si bien el orden, con respecto al Sol, no se corresponde con la situación actual y deberíamos remontarnos a otra época, en la que según la Biblia de los mayas "Había otro cielo y otra tierra"
-¿Querían decir que hace miles de años - preguntó Charles- hubo algún tipo de cataclismo y que se hubieran cambiado nuestras órbitas?
-Me parece una idea descabellada –respondió Xavier-, pues un accidente tan enorme tendría que estar reflejado en la orientación de las fallas geológicas y eso habría dejado un rastro muy evidente para los geólogos.
-¿Y tú no has podido desvelar ese tema y averiguar algo por tu cuenta? -preguntó el padre Francisco.
-Si que lo he hecho, pero los sacerdotes cuidadores de los lugares construyeron unas formas mágicas tan poderosas que, incluso hoy en día, impiden la penetración mental, por lo menos para mí. Si tuviera alguna iniciación más elevada y conociera alguna fórmula o ritual para romper esos sellos... Tal vez podría averiguar el secreto.
-A ver si me aclaro –expuso el científico- ¿Lo que nos estás intentado decir es que gracias a tu método de viajar al pasado, conseguiste ver, o captar, que en realidad la explanada de las pirámides es como el mapa de un tesoro?
-¡Hombre! ¡Dicho así!
-Eso es lo que he entendido.
-No es que hayan construido todo para encerrar un tesoro, sino que hicieron esa construcción para reflejar y señalar hacia las estrellas, y que a su vez, guardaron un valioso tesoro en un punto de ese mapa; pero creo que lo que pretendieron en primer lugar, era dejar constancia de su conocimiento astrofísico para aquellos que tuvieran instrumentos de medición y fuesen capaces de extrapolar las medidas de la gran pirámide a las matemáticas, a la geometría o a la astronomía. Esos conocimientos están perfectamente resueltos en las proporciones de esa pirámide... para "los que tienen ojos para ver"
-Bueno. Entonces, solo tenemos que ir allí y sacarlo -dijo en broma Francisco.
Xavier, que ya iba conociendo el espíritu alegre y jovial del sacerdote, sonrió y añadió una coletilla.
-Por supuesto, amigo Watson.
Charles se quedó pensativo. Tal vez el mundo de las partículas elementales era tan raro, extraño, mágico y singular como lo que les contaba Xavier. Los científicos decían a grosso modo. No, ahora no es una partícula. Sí, ahora sí. No, ahora es una onda. Bueno... ahora la verdad es que no sabemos dónde se encuentra. Pero nuestros cálculos matemáticos nos indican que ahí tiene que estar...
Estaba claro que él, cómo científico, también debería de tener un poco de fe en las experiencias de los demás. Pues si verdaderamente analizaba cuál era el hermoso trasfondo de una bella mujer, que tal y como proponía la ciencia, casi toda ella era espacio vacío... Eso sí que era pedir a los no científicos que tuviesen fe...
-¿Qué piensas Charles? –le preguntó cariñosamente Francisco.
-¡En la magia de la vida!
Los tres amigos se levantaron pensativos, pero ilusionados.
-Gracias Charles -dijo Xavier.
-¿Por qué?
-Por darme una oportunidad.
Charles le miró, le tomó del brazo, y le dijo.
-Espero que todavía nos aclares un poco más lo de Giza.
-Por supuesto, Charles. Para el próximo día, si os apetece, os hablaré de Tutankamon.
El padre Francisco y Charles se miraron. Y debieron pensar lo mismo.
Este Xavier... no tiene remedio.
Capítulo 22

La Tentación (1)


-Padre, deseo confesarme -fueron las tres palabras que utilizó Ángela, una de las jóvenes más bellas que, a su parecer, habían acudido a la iglesia de Hecho.
-Dime, hija.
-Estoy enamorada de Juan, el hijo de Andrés el carpintero.
-Estar enamorada no es un pecado, hija mía. Más bien un regalo de Dios.
-Sí, lo sé padre. Y más cuando él me ama con todo su corazón.
-Entonces... ¿Cuál es el problema?
-Mi padre me ha prohibido que ame a Juan.
-¿Y?
-Nada más que puedo, le desobedezco y le veo a escondidas.
-Cuéntame qué sientes por él.
-Yo, padre, siento que el pecho se inflama de amor, y sólo sueño con abrazarle, con tenerle cerca de mi corazón.
-¿Él te ama?
-Sí, padre. Una mujer cree saber si un hombre la ama. Él me regala pequeñas y bellas figuras de madera. Cuando nos vemos, me da la mano, nos sentamos, y escondidos en un banco del parque, me habla de su más lindo proyecto: una casa que tendrá gruesas vigas de madera, al estilo antiguo, maravillosas puertas labradas con flores, frutos y animales... hasta me escribe poesías.
-Ya veo.
-Entonces... ¿Me da su perdón?
-Por su puesto, Ángela. Es más. Iré a ver a tu padre y pienso que podré convencerle para que deje fluir el bello amor que inunda vuestros corazones.
-Gracias padre.
-¿Sabes?
-¿Sí? –preguntó Ángela.
-El amor que brota de vuestro corazón es sagrado.
-¡Cuánto me reconfortan sus palabras!
-Nadie debe interferir en algo tan hermoso.
-Es que... él es pobre.
-Sí. Conozco a Juan.
-¿Y a mí?
-Claro, Ángela. Aunque soy el párroco de Ansó, todo el mundo sabe quién es el Marqués de Sotomonte.
Capítulo 23

Tutankamon, un gran Iniciado (I)


-Creo –comenzó Xavier- que cada persona tiene sus propias certezas, y puede exponerlas a los demás, aunque sabe que, como son el fruto de procesos mentales propios, no deben ser creídas a pies juntillas, ni tampoco sería bueno que así lo hiciesen.
-Estoy de acuerdo -añadió el padre Francisco-. Yo sé que lo de mi madre fue una realidad para mí, pero no puedo obligar a los demás a que piensen lo mismo que yo, si no han tenido confirmaciones suficientes.
-Es por ello que la ciencia es el resultado de las comprobaciones. Primero nace la teoría, luego se verifica y si los resultados concuerdan con la hipótesis, entonces la ciencia la da por válida.
-Me ha venido a la memoria algo que estudié en los primeros cursos de bachiller, y que lo menciono ahora de una forma digamos nebulosa.
-¿Sí?
-Que Sócrates tenía una especie de daimon, o ángel protector. Y también creo recordar que Herman Hesse mencionaba en alguno de sus libros que de niño tenía otro ángel protector y si no le hacía caso, las cosas le salían mal.
-¡Vaya, Francisco! -exclamó Charles-. Ahora resulta que tú nos vas a salir más que crédulo.
-No, Charles. Lo que ocurre es que la vida no es todo lo que la sociedad o la ciencia decretan. Tampoco es únicamente lo que algunos charlatanes intentan decir a los demás para su propio beneficio. Pero por mi parte, y mi alma así me lo señala: la vida, tras el dolor que a veces nos causa amar a los seres humanos; después de un prolongado esfuerzo y trabajo sobre nosotros mismos, concede a quien lo persigue, un hermoso don.
-¿Qué don?
-La confirmación de saber que el alma en algunas personas no está encerrada en el cuerpo, y que en muchas ocasiones puede proyectarse más allá de la limitación física. Pero dejemos a Xavier que nos hable de Tutankamon.
-De acuerdo, Francisco -dijo Charles. El tema que has dejado abierto quizás requiera varias reuniones más.
-En eso es en lo que consiste ¿no? –sonrió el padre Francisco- en que Xavier nos pague el chocolate con churros...aunque pronto tendremos que pasar a los helados de chocolate...
Xavier tomó la palabra y dijo que antes de abordar el tema de Tutankamon, puesto que se había tocado el tema del daimon, le gustaría dar su testimonio sobre la existencia de los ángeles.
-Tengo muchas experiencias con ellos -comenzó el esotérico-, especialmente con los ángeles de la guarda, incluso conozco sus nombres, así como con los ángeles de curación y los ángeles custodios. Cada cual cumple con un papel asignado a las diferentes necesidades de los hombres. Incluso recuerdo que Vicente Beltrán decía que había muchos más tipos de ángeles, como los ángeles de los hogares, del trabajo o ángeles que cuidaban de las montañas o de los planetas.
Charles sonrió con fina ironía pero con cariño, aunque no interrumpió el monólogo de su amigo.
-Así como en todos los aspectos de la vida hay un orden y una jerarquía, sucede lo mismo con los ángeles. Sirva como ejemplo: la formación de las borrascas o de las tormentas tropicales. En ellas están implicados ángeles de categoría superior, o de vibración más elevada que los pequeños devas (ángeles) que conforman las gotas de agua. Si os fijáis, las galaxias en espiral tienen el mismo principio, pero se trataría de devas de mayor rango en la jerarquía de ángeles, dirigiendo una enorme cantidad de devas del plano físico sólido y colaborando en la construcción de millones de sistemas solares, de acuerdo a las directrices de grandes Logos Creadores o Logos Cósmicos.
 
-Uf -dijo Charles-, creo que hoy te has pasado varios pueblos, como dicen en Castelldefels.
Le había resultado imposible contenerse.
-Y en Zaragoza, también lo dirían –añadió Francisco con una sonrisa.
-Vale, lo reconozco –continuó Xavier-. Comprendo que afirmar categóricamente la existencia de ángeles o arcángeles que otorgan su propia vida para vitalizar y modelar las infinitas formas, incluidas las galaxias es, especialmente para Charles, llevarle a un punto donde sólo parece quedar margen para la incredulidad. Solamente deseaba ratificar la insinuación que Francisco había iniciado con los ángeles.
-Es que, Xavier-dijo riendo el científico-, a ti te dan un la ocasión de hablar y eres capaz de convencer al más incrédulo de los mortales de que los átomos están divididos en millones de partículas.
-Pues ahora que lo dices, según el Tratado sobre el Fuego Cósmico...
Los dos amigos miraron sorprendidos y a punto de echarse a reír. Xavier comprendió que no terminarían nunca y que el científico se burlaría un poco más, si decía la cantidad de partículas que contenía un átomo físico, según el esoterismo y no siguió.
-Bueno...os hablaré de lo que prometí la semana pasada.
-¡Bien! –exclamó el padre Francisco, que ardía en deseos de que le contases historias de la lejana civilización de los faraones.
-Cuando observé, admirado, las habitaciones del impresionante tesoro arqueológico, en el primer piso del Museo de El Cairo, dedicadas por completo a lo encontrado por Howard Carter en la tumba de Tutankamon, no pude por menos que conectar todas mis antenas, y enseguida comprendí que estaba leyendo un libro abierto.
 Parecía extraño que la clarividencia mostrase tantos detalles de aquella gloriosa civilización. Los sacerdotes, que habían dispuesto los restos del cuerpo de aquel joven faraón, eran verdaderos iniciados y sabían plasmar las virtudes, las cualidades, las energías que había logrado dominar. Sin lugar a dudas se trataba de alguien muy especial. Para mí, perfectamente, podría ser una antigua encarnación del propio Cristo o de una Entidad de similar categoría. Y así lo quisieron remarcar los sacerdotes. Ése divino Ser, que había sufrido un atentado y había muerto a consecuencia de las heridas sufridas, estaba adornado con una serie de símbolos que indicaban su elevado grado iniciático, equivalente a la sexta iniciación, la misma que Cristo demostró ante la cristiandad con Su Ascensión a los cielos.
Francisco y Charles se le quedaron mirando con los ojos como platos. Enseguida habrían preguntado "¿Como dices esa barbaridad?", pero callaron y pensaron que más tarde Xavier daría alguna explicación sobre una afirmación que les había dejado mucho más que impresionados.
 



 En una de sus manos había un látigo con la representación pictórica de los 7 cuerpos, las 12 energías del Zodiaco; en la otra un cetro de poder aludiendo claramente a la columna vertebral y la cabeza. El símbolo tenía las 33 vértebras, -representadas por cuentas de oro y lapislázuli- o grados que tanto rentabilizan los hermanos masones en sus logias, mandiles y símbolos.
Y, por si alguna de esas reliquias fuera extraviada, los sacerdotes reflejaron la misma idea en varios de los elementos de la momia y su ataúd: 3 antropomórficos y 4 en forma de habitáculo, con las paredes de oro macizo, totalmente grabados con alegorías al despertar y a la evolución de la serpiente kundalini.
-Se hace extraño que menciones el símbolo de la serpiente -exclamó sin querer interrumpir Francisco-. Siempre ha sido considerada por la Santa Madre Iglesia como la gran tentadora.
Pues -continuó Xavier- es la misma alegoría usada por Moisés cuando izó la serpiente en el desierto. También es utilizada casi siempre acompañando a las figuras de Adán y Eva, así como en los diferentes grados de evolución del reino humano. Esa figura la encontramos en todas las tradiciones del globo, tanto en Oriente como en Occidente. Quizás la más famosa sea la serpiente ondulante, que en la pirámide de Chichén Itzá en México, es dibujada por la luz del sol en los escalones, en los momentos de los solsticios.
Cuando los peldaños de piedra son iluminados por la luz del sol, producen un movimiento serpenteante sorprendente tanto por su belleza como por su dificultad de ejecución y que plasman el grado de avance científico y arquitectónico logrado.
-¿Qué es kundalini? –preguntó Charles.
-Desde el punto de vista esotérico, y deseo aclarar que esotérico no significa necesariamente que no se desee que se sepa, sino que yace oculto a la vista o a la comprensión de las personas que están sumergidos en la vida cotidiana, se dice que el alma desciende al cuerpo físico en dos puntos principales: el cerebro y el corazón; pero después, ese rayo de conciencia y vida se establece en siete centros principales, y uno de ellos es la base de la columna vertebral, el coxis, donde reside el aspecto voluntad. Podría decirse que es solamente un polo; el otro reside en lo alto de la cabeza o coronilla.
 
Ambos polos, en algún momento de la evolución del iniciado, deben unirse con la energía eléctrica que se conoce como kundalini. Se dice que es similar a una serpiente enroscada y que cuando despierta se yergue en forma de espiral rodeando la columna. Cuando tal acontecimiento ocurre, inunda al iniciado, que está preparado, una tremenda avenida de energía y vida. El símbolo más conocido en Occidente es el caduceo de Mercurio. En éste se observa cómo una serpiente asciende por la copa de la vida cuyo eje es la columna vertebral.
-Pero-dijo Charles-, tal vez eso es lo que vulgarmente se denomina una "leyenda urbana".
-No, Charles, no es un mito. El propio Jesucristo aludió a este tema al decir: "en verdad os digo que vosotros sois el templo de Dios" y en otro lugar afirma que "ese templo tiene siete puertas". El que la ciencia lo considere como tal, es su problema, pero, amigo Charles, esto es algo básico y fundamental. Te diré más. Muchos yoguis y místicos han intentado despertar esa energía como si fuese la panacea o la piedra filosofal para sus vidas, pero no han comprendido verdaderamente que la esencia de kundalini es lo que se denomina "fuego de la materia", según se afirma sabiamente en El Tratado sobre Fuego Cósmico (otro libro de la autora de Belén al Calvario, Alice A. Bailey).
-¿Y qué ocurre?-preguntó Francisco.
-Si con la fuerza de la voluntad y la mente se intentase despertar la energía de kundalini, mediante visualización y respiración o por un accidente, ésta ascendería con un ímpetu tan enorme que quemaría los tejidos cercanos a la columna vertebral y también los del cerebro. Abriría además un agujero en la red etérica del ser humano y generaría graves destrozos en los cuerpos y por ende la locura.
 
-¡Por Dios, Xavier! –nos asustas.
-No... No es peligroso cuando se ha desarrollado el aspecto corazón, pero de todas las formas se prohíbe a los estudiantes de esoterismo que traten de activarla, no sólo a esa energía, sino a cualquiera de las energías o chakras que éstos catalizan, ya que al no ser clarividentes, podríamos estar interfiriendo en el decurso normal y saludable para el cuerpo. Si intentáramos activarlas, quizás estaríamos inhibiendo otras corrientes o bien al contrario y estaríamos activando en demasía ese centro. Pienso que esa es la causa oculta de las cremaciones instantáneas. Por suerte es un fenómeno muy raro; pero hay muchas evidencias que relatan, que han sucedido recientemente en varias partes del mundo. Quizás el más sonado sea el de un hombre que estaba tumbado en la cama, en un hotel de los Estados Unidos de América. Resultó quemado y las sábanas de la cama ligeramente chamuscadas. Sus cenizas pesaban 250 gramos. Ha habido cremaciones en las que el cuerpo no se quemó por completo y quedaron un brazo o una pierna incólumes.
-Bueno...sigue con Tutankamon -rogó Charles-que en ocasiones pensaba que a su cerebro le pasaría lo mismo que al hombre del hotel. Sin duda el cerebro de Charles era privilegiado, pero sus razonamientos, a lo largo de su vida de científico, habían sido de otra naturaleza y escuchar la lógica de Xavier, le ocasionaba en ocasiones alguna fricción que otra.
-La máscara de oro macizo, que cubría su momia, tenía también esas representaciones además de otras, todavía más esotéricas, que tienen que ver con la iniciación que manifestó aquel divino Ser. Parece que los antiguos faraones tuvieron el mismo rango, a juzgar por los atributos simbólicos que nos muestran en sus vestiduras... a no ser que constituyera una utopía idealizada por aquellos sabios sacerdotes egipcios.
-En la frente de Tutankamon se hallan una cobra y un buitre. Alegoría que nos indica la situación de su kundalini corporal.
 
Su parte delantera asciende hasta la frente y se convierte en un buitre que se alimenta del pequeño yo y la cobra es kundalini que asciende por las 33 vértebras de la columna vertebral, desde el coxis hasta la cima de la cabeza, cuyo lugar exacto, es la parte etérica de la glándula pineal. Lugar conocido como el Gólgota o monte de la calavera, en donde la tradición sitúa la ignominiosa crucifixión de Jesús a los 33 años. En la vértebra número 30 se recibe la tercera iniciación, generalmente cuando no estamos en encarnación física y el cerebro no es consciente de ello. Esta iniciación la ostentaban los sacerdotes egipcios, pues su bastón o cayado así lo indicaba. El mencionado báculo tenía un pequeño hueco en su base o coxis y terminaba imitando la forma de la glándula carótida.
-¿Esa tercera iniciación -preguntó el padre Francisco- es la misma que indicaba el párrafo que leímos del libro "De Belén al Calvario"?
-Así es -contestó Xavier- La tercera iniciación es considerada por la Jerarquía oculta del Planeta como la primera iniciación a los misterios de las estrellas, por así decirlo.
-¡Cuánto me gusta escuchar conocimientos tan extraños para mí! –exclamó Francisco.
-Los atlantes -continuó Xavier- poseían el don natural de la clarividencia, pero también tenían un inconveniente (al menos visto desde el punto de vista de nuestra situación actual): no sabían diferenciar la realidad física de la astral. Para ellos esos dos mundos eran uno solo. En Tutankamon, esa energía seguía hasta más arriba, aunque estuve dudando unos cuantos años al respecto, pues no había nada en su atuendo que denotara el paso de esa energía por el cuarto estado iniciático. Las posiciones de la cobra y del buitre, fusionados en el centro de su frente, tienen que ver con la quinta iniciación. Ya os explicaré las iniciaciones que demostró Cristo ante sus apóstoles y nos dejó el testimonio para cuando recorramos un camino similar al suyo... y "tengamos ojos para ver".
La energía que vitaliza el cuerpo humano tiene un intrincado y complejo cableado etérico. Allá donde se juntan varios de esos cables, se forma un centro de energía mayor que tiene forma de rueda girando a enorme velocidad y se encarga de vitalizar una de las glándulas del sistema endocrino humano.
Algo que es iluminador en este complejo estudio sobre la vida y pasión de Jesucristo. Esa energía serpentina que llamamos kundalini, tiene dos polaridades, una positiva o buena y otra negativa o mala y ambas pueden llegar hasta la cabeza. Se fusiona allí y forma una balanza, con el punto neutro de tensión entre ambas fuerzas, simbolizadas como el ladrón bueno y el ladrón malo, estando Jesús en el centro. El caduceo de Mercurio tiene como base el conocimiento de ese símbolo.
 
 En la figura de Tutankamon, se observa cómo la serpiente desciende hasta el entrecejo y el buitre asciende hasta allí, fusionándose ambas fuerzas y dando a esa entidad la fuerza de la clarividencia y de otros poderes superiores, al haber quedado vitalizado el centro conocido como tercer ojo, contraparte etérica de la glándula pituitaria.
-¡Esto parece que va en serio! -exclamó el padre Francisco.
-Desde luego, Xavier, no te andas con rodeos -dijo Charles-. Nunca antes había escuchado una conversación igual. Extraterrestres, atlantes, pirámides, faraones, Moisés y ya para rematar, la suposición de que Tutankamon era posiblemente una encarnación anterior de Cristo.
-Esto último es algo mío, pero si no era Él, pudo ser otro de la misma jerarquía o grado iniciático. Tal vez lo más importante del tema es que los seres humanos tienen por delante muchas vidas e iniciaciones hacia la vida espiritual que se van consiguiendo a lo largo de las reencarnaciones.
-¿Pero seriamente crees en la reencarnación? -preguntó Charles.
-Evidentemente que sí. Es una ley implícita en la naturaleza, en la evolución. Todo sigue una ley de ciclos con el propósito de evolucionar en conciencia, la evolución de las especies o la adaptación al medio ambiente, es una constante universal. De no ser así, el mundo ya se habría colapsado en el caos y la entropía absoluta.
-Jesucristo también habla de la reencarnación según San Mateo cuando le preguntan "¿Por qué es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesucristo les dijo: A la verdad Elías viene primero y restaurará todas las cosas. Más os digo que Elías ya vino y no lo reconocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista".
Pintura de Olsen
Yo mismo podría dar testimonio de mis tres últimas encarnaciones, pero por ahora no lo considero necesario. Creo que ya ha quedado demostrado este tema, aunque puedo ampliarlo si lo consideráis oportuno en otra reunión.
El investigador Dr. Ian Stevenson ha reunido suficientes testimonios de reencarnaciones a lo largo de los últimos años. También Brian Weiss, psiquiatra, en su libro "Muchas vidas. Muchos maestros", llega a esa conclusión de la realidad de la reencarnación.
Hay algunos casos que fueron muy aireados por la prensa hace ya unos cuantos años. Uno, que recuerdo en estos momentos, se refería a un niño de Toledo. Insistentemente rogaba a sus padres que le llevaran de viaje a Sevilla. Él recordaba que había vivido allí su vida pasada, que era hijo de unos panaderos y que se lo demostraría cuando le llevaran. Tanto insistió el muchacho que cuando cumplió los siete años hicieron un viaje a Sevilla. Al salir de la estación, el niño les condujo directamente a esa panadería y les indicó quiénes habían sido sus padres anteriores. Incluso cuando un cliente entró, comentó: "este señor se llama Pedro y me debe veinticinco pesetas" Los panaderos corroboraron todo lo que el niño mencionó. Los panaderos se quedaron pasmados, pues no conocían al niño, y narraron su particular tragedia. Habían perdido un niño de diez años en un a un accidente de tráfico. Sin duda se llevaron una enorme alegría al constatar que la vida sigue después de la vida.
Con un título similar, el Dr. Raymond Moody editó un libro en el que relataba sus experiencias en los diferentes hospitales en los que trabajó. Se dedicó durante muchos años al cuidado de enfermos terminales, llegando a recopilar más de mil casos sobre el tema. Los pacientes que volvían a la vida, después de haber estado clínicamente muertos, contaban experiencias de encuentros con seres luminosos que les ofrecían la oportunidad de regresar a este plano físico o bien proseguir hacia el plano espiritual, esas experiencias no estaban sujetas a las creencias religiosas de los pacientes. En resumen, no parece ninguna falacia la afirmación de que hay un algo que perdura después de la muerte del cuerpo físico.
-Parece que estamos obsesionados con negar la evidencia –añadió el padre Francisco.
- Como os decía -continuó Xavier que no deseaba perder el hilo de su discurso-, evidentemente no hay dos caminos iguales, pero Cristo se encargó de decir que Él era el camino para llegar a la casa del Padre, a la fusión del YO (alma) con el YO superior o mónada o Padre en el cielo.
Y ahora voy a decir algo que le gustará especialmente a Francisco, pues al fin y al cabo, en mi opinión enlaza todo esto que estamos hablando con el verdadero significado de la vida de Jesucristo.
Las etapas del ser humano hacia el "Reino de los Cielos" por las que todos tenemos que pasar, están simbolizadas por siete principales acontecimientos o iniciaciones. Podría añadirse que en total son nueve, pero las dos últimas se encuentran tan lejos de nuestro actual estado de conciencia que no las tendremos en cuenta.
1.- El segundo nacimiento, el nacimiento en la cueva del corazón.
2.- El Bautismo o la purificación de las aguas emocionales.
3.- La transfiguración o la iluminación de la mente para emitir las palabras correctas, la discriminación, el mensaje de amor del Cristo.
4.- La renunciación al Ego, al YO o la crucifixión.
5.- El entierro en el sepulcro nuevo y blanqueado por fuera.
6.- La resurrección... (Si aceptamos que murió en la cruz.)
7.- La ascensión al cielo.
Hay además otras iniciaciones menores como el paso del árido desierto en la que se enfrenta ante las tentaciones o pruebas de la carne o del cuerpo físico, del cuerpo emocional y finalmente, quizás la más sutil, la del mesianismo o idealismo mental... en la que el tentador –morador en el umbral- ofrecía a cambio de su adoración todos los reinos del mundo. También la entrada en Jerusalén, la "ciudad de las dos reconciliaciones" –se puede entender como los dos hemisferios cerebrales, cada cual con su peculiar función, cómo la entrada de la energía divina en la cavidad de la cabeza, montando un burrito blanco (contraparte etérica de la glándula carótida, conocida en esoterismo por el alta mayor. Es el punto de la tonsura sacerdotal) aún no montado por ningún ser humano en aquellos tiempos.
Cristo era, ni más ni menos, el primer ser de la oleada humana en haberlo logrado – por ello Dios o el Logos Planetario se regocijaba en él. Fijaos que también se intentaba expresar lo mismo con la frase "la tumba blanqueada por fuera y que no había sido usada aún por nadie".
-La verdad, Xavier, -dijo con los ojos resplandecientes Francisco- que no puedo saber si lo que dices es verdad. Pero hay algo que hace vibrar a mi corazón. Es como si intuyese que algunos misterios pueden tener una explicación. Por parte de los teólogos se intentan explicar las Sagradas Escrituras de una forma, pero claro, -se detuvo unos segundos -... quizás no tenemos todas las claves para resolver los misterios... Quizás, como dices, se hallan dispersos por varias partes del mundo, las que ni siquiera se conocían en la época en que se escribió el Nuevo Testamento o los Evangelios... Pues razonablemente me pregunto: ¿Sabían aquellos santos padres que escribieron con buena fe, así como los más insignes sabios que han interpretado los acontecimientos, algo sobre la Tierra, además de que era plana e "ignota", o sobre los billones de estrellas? ¿Sabían verdaderamente algo acerca del Polo Norte, o la cordillera del Himalaya? Y aunque algunos lo supiesen... ¿lo podrían haber esparcido a los cuatro vientos sin miedo a ser quemados?
Charles y Xavier le miraron. Y debieron pensar lo mismo. El gran corazón de Francisco, el sacerdote y padre espiritual que en todo momento se había sacrificado por Cristo y su Iglesia, había rasgado una pequeña brecha en el velo que oculta la sabiduría y su mundo empezaba a recibir una luz diferente. Un resplandor dentro del cual Cristo crecía en tamaño. Pues había una cosa clara: Cristo no era únicamente el representante de una sola religión, sino que estaba relacionado con toda la humanidad. Sus logros eran los de la raza humana.
-Tutankamon -continuó exponiendo Xavier, poseído por una fuerza mayor que él, cómo si la sabiduría ancestral y los conocimientos más universales encarnasen en ese preciso momento en su mente y su lenguaje- también demostró tener la sexta iniciación, su barba tiene 33 nudos... más claro y contundente no pudieron hacerlo aquellos sacerdotes iniciados.
La figura de Tutankamon estaba adornada con varios collares, unos de color rojo simbolizando la energía del poder, otros collares de color azul, demostrando la energía del amor y otros de color verde simbolizando la inteligencia. Sin lugar a dudas dejaron constancia de que aquel ser tan especial encarnaba el dominio de aquellas energías tan poderosas en su persona.
Las radiografías hechas a su cuerpo momificado han demostrado que era un hombre joven, de unos veinte años y fuerte, pero murió a causa de un accidente o de un atentado.
Han usado las técnicas más actuales para averiguar todo lo posible de su vida, si bien no han podido penetrar en los secretos de la descripción simbólica de su tumba. Para ello es necesario "tener ojos para ver" lo oculto, lo que velan las apariencias... los símbolos. ¿Qué más se puede decir de ese ser tan especial?
-¿Qué es lo que despejó tu duda al respecto de esa posible cuarta iniciación? –preguntó Charles.
Una noche me acordé del tema y quise penetrar mentalmente en su sepulcro y vi que tenía en la cabeza un sombrerete formado por perlas, en forma de cuatro serpientes enlazadas. Para mí fue un descubrimiento maravilloso, pues finalmente ratificaba mi tesis al descifrar la gran figura de esa divinidad, posiblemente mal comprendida y peor inscrita en la historia de la egiptología.
-Cuando hablaste de las pirámides -preguntó Charles- y de la esfinge, no acabaste de descifrar el lugar ese tan especial en el que podrían hallarse los archivos o huellas de nuestros antepasados atlantes. ¿Pudiste penetrar en ese misterio?
-Ya decía yo que se hizo para "cuando tuviéramos ojos para ver y comprender el simbolismo".
Creo que insinué demasiado al mezclar la esfinge como elemento inseparable del conjunto.
En la constelación de Orión encontramos al cinturón de tres estrellas, llamadas en oriente los tres reyes magos, señalando el camino hacia la casa del Padre, o la estrella de la constelación del Can Menor: Sirio.
La esfinge marca la orientación que hay que seguir para encontrarla, pero como dicen en el Zen, "el maestro indica una dirección con el dedo y el estúpido mira el dedo"... creo que habríamos de dejar de mirar al dedo y aceptar las indicaciones que nos dejaron.
La esfinge puede equipararse a las posiciones de las nebulosas difusas M42 y M43, indicando la dirección que hay que seguir, con relación a las tres pirámides y la esfinge como un todo, señalando la situación de Sirio.
Como sea que esa posición se ha desplazado, es cuestión de averiguar y calcular ese desplazamiento en fracciones de mil años y buscar en los lugares resultantes.
Hay otras indicaciones que habría que tener en cuenta. En la gran pirámide, atribuida a Keops, la más antigua y perfecta de las tres que se encuentran en Giza, la cámara del rey o el habitáculo en el que encontraron el sarcófago profanado y roto, se encuentra a un tercio de la altura y en esa misma proporción encontramos en la esfinge el corazón del hombre liberado, el hombre iniciado, el hombre-dios que mira la salida del astro rey... una relación harto misteriosa.
-¡Creo que por hoy basta! –terminó Xavier después de un breve silencio.
-Sí, creo que es más que suficiente -dijo Francisco.
Los tres amigos dejaron el café Moka y caminaron pausadamente Ramblas abajo. Xavier les mostró los quioscos de los pájaros y de las flores, así como las estatuas vivientes que daban vida y colorido a aquel paseo tan típico de Barcelona.
 
Según bajaban, a la derecha, estaba el Mercado de la Boquería. Los puestos de frutas fueron los primeros en impactar sus pupilas, abiertas por la sorpresa que les había deparado el hecho de contemplar una variedad tan grande de frutas, formas multicolores, expuestas tan atractivamente que invitaban a los paseantes a comprarlas, si bien los precios no eran los más baratos del mercado.
Tuvieron el placer de contemplar el Gran Teatro del Liceo, recuperado de las cenizas del último incendio que sufrió el 31 de enero de 1994, tras una historia larga en éxitos, atentados, demoliciones, etc.
Pasaron cerca del Hotel Oriente, antaño uno de los mejores hoteles de Barcelona. Enfrente estaba el Frontón Colón, lugar de reunión de algunos partidos políticos de izquierda y centro de apuestas. Llegaron al Museo de Cera prometiéndose visitarlo en otra ocasión, y prosiguieron inmersos con una reconfortante sensación de paz y beatitud hasta llegar al monumento dedicado a Cristóbal Colón, señalando con su brazo y su dedo índice a América; aunque se ha demostrado que la ruta señalada no era exacta, y, un poco más abajo arribaron al borde del mar; a una parte del puerto en la que estaban ancladas las barcazas conocidas como golondrinas.

-Para el verano, si os apetece, podríamos reunirnos en una de las barcas –sugirió, poniendo cara de niño, el padre Francisco.
Sus amigos sonrieron ante el tono de voz, tan inocente del sacerdote del corazón de oro.

Capítulo 24

La tentación (II)


El padre Francisco disfrutó de su paseo diario por la estrecha carretera que discurría desde Ansó hasta valle de Zuriza. La humedad que, vaporosa, ascendía desde el río Veral y las cantarinas aguas, que en ocasiones descendían formando pequeños riachuelos desde la montaña, hacían que su alma se estremeciese. Respiró profundamente y dejó que la vida colmase todo su ser.
Afortunadamente no había llegado todavía la implacable y voraz avalancha de turistas al Pirineo. Ansó siempre quedaría como un lugar afortunado en medio de ninguna parte. Quedaba lejos de las estaciones de esquí y sus carreteras comarcales morían al pie de las altas y bellas cumbres.
Cuando los primeros rayos de luz habían superado las montañas y refulgían sobre la torre de la iglesia, entró en la sacristía para oficiar la misa de las ocho.
Dio la comunión a las escasas quince mujeres que solían asistir diariamente, y agradeció, desde el fondo de su corazón, haber tenido la oportunidad de ejercer como sacerdote tan cerca de las estrellas.
No tenía ni idea de lo que le tenía reservado el día.
-Hola Francisco.
-¡Monseñor! –Exclamó sorprendido- ¿Qué le trae por aquí?
-¿Qué tal te va? –Contestó Monseñor Rubio, el arzobispo de Jaca-
-Bien –respondió automáticamente el padre Francisco- observando al hombre que acompañaba al arzobispo.
-Creo que no os conocéis personalmente -es el señor Marqués de Sotomonte.
Ambos se dieron las manos.
-Encantado –dijo el señor Marqués.
-Es un honor -respondió el padre Francisco, que nunca había hablado con alguien de tanta influencia social.
-Si no tienes nada urgente, nos gustaría que nos acompañases a Jaca -sugirió Monseñor.
-Afortunadamente hoy no hay ningún enfermo que visitar.
-Entonces nos vamos.
Los tres subieron a un SEAT-1500 negro, en el que esperaba el chofer. Monseñor Rubio y el señor Marqués se sentaron juntos en la parte de atrás. El padre Francisco se instaló al lado del conductor.
-Bello pueblo Ansó - abrió la conversación el señor Marqués.
-Ya lo creo.
-¿Sabía que en tiempos fue un pueblo importante?
-No.
-El rey Jaime I de Aragón, el Conquistador, le concedió varios privilegios para que pudiesen defender las fronteras con Francia. Después, ejercieron como mediadores de paz de las disputas entre el valle del Roncal (Navarra) y el valle francés de Baratos (Bearne)
-¡Ah! –Respondió Francisco- el famoso "Tratado de las tres vacas"
-Exactamente -continuó el señor Marqués-. Es considerado por algunos expertos como el tratado en vigor más antiguo de Europa. Los pastores del valle francés de Baretous entregan anualmente tres vacas a los del valle del Roncal.
-Alguna vez había oído sobre el "Tratado", pero creía que era una bella tradición sin fundamento histórico.
-Pues se equivocaba padre. A veces las tradiciones o las leyendas de los campesinos tienen mucho más fundamento de lo que se cree.
-Lo tendré en cuenta. Siempre pensamos que los habitantes de las aldeas están sujetos a muchas supersticiones y que no son unos observadores objetivos.
-Sin duda hay veces que así ocurre. Pero las personas corrientes, en ocasiones, tienen más sentido común que muchos de nuestros dirigentes.
-Ya se ve Jaca -anunció Monseñor Rubio.
-Este sí que es un buen coche -añadió el padre Francisco, que deseaba tener un SEAT 600.
El señor Marqués sonrió ante la candidez del padre Francisco. ¡Qué habría dicho si supiese que poseía en Barcelona una pequeña colección de 17 automóviles!
Entre ellos había: un Jaguar XK8 Cabrío, su favorito para excursiones con su esposa; un
Rolls Royce Phantom, designado para acudir a las fiestas y actos oficiales; el inigualable Mercedes 560 SL, uno de sus más apreciados trofeos; el Porsche 550 Spider, que había sido el sueño de su juventud, e ideal para fardar en solitario. De menos valor económico, aunque sí sentimental, era su Citroën N11 Pato, un recuerdo imborrable de su padre. Y por último el BMW 850, una máquina perfecta...
-Antes de ir a la catedral, deseo enseñarte algo, Francisco –dijo Monseñor.
Los tres descendieron del 1500. Se encontraban en las afueras de la ciudad.
-El señor Marqués va a hacer una extraordinaria donación a la Iglesia.
-¡Es una excelente noticia! -exclamó el joven sacerdote.
-Ya lo creo -continuó Monseñor-. Estamos hablando de unas veinte hectáreas
-¡Eso es mucho! –exclamó el padre Francisco, mientras pensaba la cantidad de metros cuadrados que eran.
-Para hacernos una idea. Los terrenos del Seminario de Zaragoza, es decir, el edificio y los campos de fútbol que rodean al mismo son aproximadamente la mitad.
-¡Madre mía!
-Sí. Así es.
-Se podrían hacer grandes cosas -añadió entusiasmado el padre Francisco-. Un nuevo seminario para toda la provincia de Huesca. Un refugio para necesitados. Un albergue juvenil...y ya soñando...un Facultad de Teología a la que acudiesen famosos teólogos de Europa y América...
-Así es -continuó el Monseñor-. Veo que tienes grandes ideas, Francisco. Sin duda, tú serías un extraordinario Rector.
El padre Francisco soñaba despierto. Así era él. Aunque se sentía muy feliz en Ansó, la propuesta de Monseñor era maravillosa. Podrían enseñar a nuevos alumnos. Sería un colegio de gran resonancia en el ámbito estudiantil. Sería...
-Gracias, Monseñor.
-No tiene importancia, Francisco. Es en primer lugar a Dios, y después al señor Marqués a quien debemos dar las gracias.
Durante el regreso a Ansó se supone que algo hablaron, pero el padre Francisco, ya no estaba. Soñaba con educar, con ayudar, con influir a toda una juventud. Con dar una oportunidad a los jóvenes que deseasen iniciar una vida religiosa... Y sin darse cuenta, estaba saliendo del automóvil justo a la puerta de la iglesia.
-Bueno, Francisco. Ya hablaremos sobre tantos proyectos -le dijo Monseñor que había salido del coche para despedirle.
-Sí, Monseñor. Le haré un informe detallado de todo lo que podría llevarse a cabo en esos terrenos.
-¡Ah! Se me olvidaba.
-¿Sí? preguntó el padre Francisco, que estaba pensando en acercarse a la ventanilla y rogarle al señor Marqués comprensión hacia el amor de su hija.
-A veces, la obediencia a un padre y la consecución del bien general suponen la renuncia a nuestros deseos personales. ¿Sabe a qué me refiero?
-Sí Monseñor –contestó Francisco, sin ser perfectamente consciente de lo que acababa de ocurrir.
-¡Nos veremos! –se despidió Monseñor mientras abría la puerta del SEAT.
Francisco se despidió con la mano, correspondiendo al saludo del señor Marqués.

Capítulo 25

Más allá de los límites mentales


-Espero no haber sido hoy excesivamente denso-se disculpó Xavier antes de que Charles y Francisco descendieran las escaleras del metro.
-Nos has lanzado una cantidad abrumadora de información, pero ha sido muy estimulante -contestó Francisco.
-Por mi parte estoy muy impresionado -añadió Charles. Ha sido como si en mitad de la noche, cuando se está profundamente dormido, le lanzasen a alguien un enorme jarro de agua fría.
-¿Por? –preguntó Xavier.
-Pues si te parece normal decir que crees que Tutankamon pudo ser una reencarnación anterior del Cristo.
-¡Ah! Es eso... No afirmo categóricamente que haya sido Cristo el que se encarnó en esa entidad, lo que afirmo es que alguna entidad, con la misma categoría jerárquica que Cristo, vivificó el cuerpo de Tutankamon.
-Ahora bien -continuó Charles- por un lado, se hace extraño, y por otro, podríamos afirmar que la figura de Jesús deja de ser un eslabón perdido en la cadena de la vida. Intento decir... que no surgió de la nada, sino que su "valor" y "poder" era fruto de un continuo trabajo evolutivo. Algo que no brota de repente, sin previo aviso, sin ninguna lógica en la historia de la humanidad.
-Tampoco surge espontáneamente -prorrumpió el padre Francisco-. Es una continuidad del Antiguo Testamento. Es el nexo que une el Antiguo con el Nuevo Testamento.
-Tal vez lo que quiere decir Charles -interpretó Xavier- es que la aparición de un iniciado no es una flor de un día, sino que para que haya brotado esa flor, antes ha debido de haber un jardín.
-Sí, algo así –dijo Charles-. Me viene a la memoria, sin ir más lejos, la figura de Buda en Oriente. Y al hablar de Egipto, recuerdo que Platón estudió allí durante cuarenta años, y por ende los antiguos griegos.
No debemos olvidarnos de los humanos que vivieron antes que él y que tenían unas cualidades extraordinarias. Concretando, comienzo a ver como relativamente lógico, a lo largo del desarrollo evolutivo de la humanidad, la existencia de hombres excepcionales, o como dice Xavier, de iniciados. Hombres que parecen tener un contacto con el mundo espiritual y del que nos traen testimonio.
-En otras palabras- respondió Francisco -¿estás sugiriendo que esos grandes Seres no son propiedad de una religión, sino que son patrimonio de la humanidad?
-Sí- Pienso que no podemos afirmar, orgullosamente, que los humanos son los únicos detentadores de la consciencia del Cosmos. Si bien la ciencia no ha podido constatar, hasta ahora, la existencia de más seres inteligentes, sin embargo no podemos otorgarnos la prerrogativa de ser los únicos habitantes de cien mil billones –por decir un número- de posibles planetas con algún tipo de humanidad en evolución. En otras palabras, estas conversaciones me están abriendo los ojos hacia la grandeza, misterio y magia del universo; a la posibilidad de que las distintas dimensiones establezcan un contacto entre sí, a la intercomunicación entre mentes. Y que es tan enorme, repito, cien mil billones de planetas, que desde luego, para mí, y para cualquier persona razonable, comprender que si hay un creador de un universo tan inimaginable, está alejado de nuestro planeta. No porque estemos o no evolucionados, simplemente por una cuestión de lógica.

Es como si dijéramos que el presidente de los Estados Unidos, o el Primer Ministro ruso, se encierran en una mota de polvo para salvarla de una corriente de viento. Cien mil billones de planetas y miles de billones de estrellas...son algo que excede nuestra conciencia.
Después de escuchar tal cantidad de posibles planetas, lo que podía indicar que existiesen trillones de seres humanos, o entes de similares características, los tres permanecieron en silencio.
Charles no pudo menos que preguntar: ¿entonces tu eres creacionista o evolucionistas?
No hay por qué separar ambas ideas. Desde luego que en algún remoto momento en la historia del planeta, el Logos o Dios Creador aprovechando el ciclo de neguentropía - entropía planetaria, introdujo la chispa de la mente en los animales antropoides más evolucionados. El Génesis es un reflejo de esa realidad; pero no deja por ello de contener una realidad de lo que pudo ser la creación de la corriente de la vida.
Había creado el marco apropiado para la evolución de las especies y a medida que el ambiente se hacía más límpido y respirable, los ojos, los pulmones, etc. se fueron adaptando a esas condiciones y la columna vertebral se puso perpendicular al suelo y el hombre se hizo bípedo.
A medida que el hombre y la mujer (no hubo creación de la mujer de una costilla de Adán) fueron adquiriendo discernimiento, tomaron conciencia de la separación de sexos... y lo que antes era el hermano árbol y el hermano león, dejó de ser una realidad y el hombre-mujer hermafrodita adquirió sexos separados. Todo eso proceso fue un lento camino de algunos millones de años.
El hombre y la mujer separaron el cuerpo del espíritu y por el poder de la mente imaginaron el espíritu "arriba" y el cuerpo "abajo". Aquí es donde entra esa necesidad de re-ligare el cuerpo y el espíritu para volver a hacer una unidad, con la diferencia de que ahora sería con la conciencia del mundo material y del espíritu.
La pregunta típica de que si fue primero el huevo o la gallina, tampoco cabe en la tesis evolucionista, ya que el mecanismo creado implica todo el proceso completo, enmarcado en el todo creado y adaptado dentro del proceso evolucionista.
A medida que cambian las condiciones ambientales, se produce un salto cuántico que produce mutaciones en todo el Globo... por eso se podría decir que la vida seguirá mientras las condiciones ambientales sean las adecuadas para que la creación pueda seguir evolucionando... si cambiaran estas condiciones, es de suponer que la vida se adaptaría a ese nuevo ambiente.
-Se me ocurre –prosiguió Xavier- que nuestra civilización actual, si la comparamos con la edad de nuestro pequeño, pero amado planeta, es algo tan nimio que equivaldría a unos escasos minutos. ¿Podríamos imaginar que un ente más grande que Júpiter y de una vida tan prolongada que abarcase cuatro o cinco mil millones de años? El mencionado ser se podría desplazar entre tal cantidad de planetas y estrellas, y no terminaría nunca su viaje. ¿Podríais visualizar un ser luminoso, que solo resplandeciese en algún momento determinado, cuando los rayos de las distintas estrellas le llegasen, y que contuviese una mente tan inmensa que envolviese y compenetrase la Tierra?
 -¡Creo que has dado con algo interesante Xavier! –exclamó Charles.
-No se me había ocurrido nunca tal imagen tan evocadora-añadió el padre Francisco.
-Bien -continuó Xavier- entonces...si ese ente, supongamos que fuese extremadamente etéreo en comparación con la materia física... al asentarse sobre un planeta determinado del tamaño de la Tierra, podría causar acontecimientos profundamente extraños y extraordinarios.
-Ya lo creo.
-¿Nos podríamos imaginar por un segundo la memoria de ese Ser?
-Qué maravilla.-dijo Francisco.
-¿Podríamos ser capaces de calcular la energía que podría desprender de sus procesos mentales?
-Creo -siguió Charles- que no sería descabellado describir la electricidad entre sus neuronas casi invisibles como continuos relámpagos y truenos de una intensidad inverosímil, afectando tanto a la superficie de ese planeta como a su interior.
Aquel momento fue muy extraño. Como si por un segundo las tres mentes hubiesen sido capaces de superarse a sí mismas, y salir de su propia humanidad, de su propia limitación.
Los tres se quedaron asombrados ante una posibilidad que era similar a decir que una medusa viajase por la inmensidad de los océanos de la tierra sin encontrar nunca el final de los mismos y deteniéndose de vez en cuando en un minúsculo coral.
-¡Entonces!-continuó Xavier- ¿Tan extraño podría parecer un poquito de magia, de algo fantástico como la reencarnación de Cristo en Tutankamon, fuese cierto o no? ¿Tan raro sería creer en la existencia de cien mil, de mil millones, de un billón de "neuronas" iluminadas en la historia del longevo Ente? Sabemos que el cerebro de un ser humano tiene unos cincuenta billones de de neuronas, de las que nosotros-almas somos sus "Señores".
-Creo-continuó Charles- que todo esto es aceptable, aunque día a día se intenta demostrar la evolución con nuevos hallazgos y así lo parece, lo cierto es que no hemos desentrañado la causa primera. Una Entidad "eterna" para nosotros, y sin embargo tan minúscula para el universo, pues al fin y al cabo estamos hablando de que una estrella es como si fuese un átomo de una Galaxia, al evolucionar como un organismo podría determinar la evolución de todo nuestro planeta. Y verdaderamente...no pasaría nada. De esta forma podríamos explicar lo que siempre nos dicen...que todos somos Uno.
-Estamos -continuó Xavier-, tal vez, concretando demasiado, un concepto abstracto, pues no hay que olvidar que estamos hablando de un plano más sutil que el de los átomos físicos...Pero...no deja de ser maravilloso.
-Es extraño -continuó el padre Francisco- Se me ocurre que ese Maravilloso Ser, sería como una nube de luz, nosotros los puntos brillantes de esa nube, y se cumpliría la famosa y enigmática frase de San Pablo:"en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser"
-Y... ¿Os imagináis -continuó Xavier en un estado cercano al éxtasis místico- por un momento, cómo ese "Sagrado, Eterno y Omnisciente Ser de Luz", cuyas células serían nuestras almas inmortales habitara en un planeta y luego, terminado el ciclo que él considerase oportuno, o que sencillamente estuviese determinado por la duración intrínseca de un sistema solar y sus planetas pertinentes, buscase otro lugar dónde fuese posible la vida?
Los tres permanecían en un estado fuera de lo habitual. De repente, el velo de la grandeza del universo se había rasgado. De golpe, ante su imaginación, aparecía nuestro mundo como algo inmensamente fantástico y en el que cualquier milagro era posible, por grande que le pareciese al minúsculo ser humano.
-La reencarnación –continuó Charles, que parecía haberle tomado gusto a una idea tan curiosa- sería algo tan sencillo como la apropiación de materia más densa por parte del inmenso organismo de luz. Sería como introducir una red en las aguas del mar y dejar que los microorganismos tomasen la forma de la propia red. Los microorganismos cambiarían, pero la red perduraría muchos años...toda una eternidad para esos habitantes del agua. La interconexión entre los hombres sería algo habitual, pues estarían comunicados por esa red de energía o estructura del Ente Eterno y Luminoso...Todo parecería cómo un milagro y sería fácilmente comprensible.
 
 Y el padre Francisco, por alguna asociación en su mente del término "milagroso", recordó la Sábana Santa que había mencionado Charles, e intuyó que albergaba en sí misma un hermoso milagro.
-¿Podrías algún día traer pruebas de la Sábana Santa de Turín? Le preguntó Francisco a Charles.
-Eso está hecho. Supongo que ya está en camino. Hace ya días que se las pedí a un viejo colega.
-Y tú, Xavier, ya nos ilustrarás con alguna idea sobre la infancia de Jesús, según lo has podido captar.
Xavier miró al padre Francisco y necesitó estrecharle la mano.
-Gracias por tener confianza en mí.
-No tiene importancia. Se me ocurría una frase que dijo Jesucristo.
-¿Cuál?- Preguntó Charles.
-"Cuando tres o más personas se reúnen en mi nombre, yo estoy con ellos" -dijo el padre Francisco con el rostro resplandeciente. No era para menos. Aunque sólo fuese un pequeño destello momentáneo en la infinidad del universo, sin embargo, se había sentido salir fuera del caparazón protector, y limitador, de la Santa Madre Iglesia. Pero, también le ocurrió lo mismo a Charles respecto a la ciencia y a Xavier respecto al esoterismo. Quizás habían extraído de la mente universal lo que algunos denominan "inteligencia pura"
-Quisiera aclarar una cosa –dijo Xavier, dirigiéndose concretamente al sacerdote –. He podido proyectar mi mente en muchísimos aspectos que me interesaban de alguna manera, pero no deseo perder el tiempo tratando de iluminar conceptos que ya han sido aceptados tras muchos siglos de dogmas e imposiciones. Mi único anhelo es completar aquello que me parece un resquicio en la fe de los cristianos y aportar un gramo de luz y coherencia con las herramientas de la lógica y de la intuición.
Sus amigos le miraron
-Xavier –le contestó el padre Francisco-. Tú eres tan cristiano o más que yo. Eres una mente con buenas intenciones. Y estoy seguro de que estás al servicio de Cristo...si no es así, ¿por qué ibas a tener como motivo principal de tu vida su figura?... Y si me lo permites, te pregunto: ¿Cuándo empezó tu interés por la espiritualidad?
Xavier hizo un profundo suspiro y empezó a soltar ese nudo que tenía desde hace muchos años y abrió un poco su corazón a esos dos amigos del alma... diciéndoles que cuando su padre murió, él se quedó velando su cuerpo en el tanatorio. Aquellas horas de tranquila soledad sirvieron para preguntarse por el propósito de la vida. Su padre había estado trabajando intensamente todos los años y recientemente se había jubilado... Pensó que podría haberle dedicado muchas horas y haber ido con él al cine o a pasear por los sitios que le gustaban, podría haber compartido muchas horas con él; pero su ritmo de vida le había apartado un poco de ese honor y deber filial... Había perdido la oportunidad de gozar de su conversación y de averiguar las razones ocultas de su disciplinada conducta.
En aquellas horas me hice miles de preguntas que tres días más tarde empezaron a tener respuesta.
Encontré un libro que mi amigo José Antonio me dejó hacía algunos años. Era el "tercer ojo" de Lobsang Rampa. Aquel libro era mágico. Traía a mi mente viejos recuerdos enterrados en las capas más profundas de mi subconsciente.
Seguí comprando y devorando toda aquella colección de libros tan bellamente escritos y que describían la vida de las comunidades budistas y su filosofía. Me había abierto una nueva dimensión en mi vida y para seguir completando todo el cuadro, compré los libros que aún no habían sido editados en castellano.
Seguidamente se abrió una nueva etapa en mi vida y durante 21 años estuve asistiendo regularmente a las reuniones que se hacían en un monasterio budista.
He de confesar que el libro que menos me gustó en aquel entonces fue "mi vida con el lama", que trataba de las conversaciones que había tenido con su gato; pero ahora acepto qué podrían haber ocurrido esas conversaciones, pues los gatos son magníficos receptores telepáticos.
Creo que muchos miles de occidentales le debemos a ese escritor el descubrimiento de la espiritualidad, de esa vida más abundante de la que nos habló Cristo.
Es una lástima que ciertas entidades, en vista del éxito de los libros de Lobsang Rampa, emprendieran una loca carrera para desprestigiarlo; pero aquellos que "tenemos ojos para ver" no pudimos ser engañados.
En una de las festividades tibetanas, la celebración del año nuevo, respondiendo a preguntas del público, el propio Dalai Lama vino a decir que después de Buda, fue Lobsang Rampa el que más ha difundido el budismo, aunque no lo conocía personalmente, subscribía sus escritos.
Sin duda que un hermoso milagro estaba ocurriendo. La luz y el amor inundaban el corazón de los tres amigos. Y aunque, este hecho, en sí mismo, ya era un milagro, había algo más. El sagrado Corazón de Jesús les llevaba inexorablemente hacia su destino. Previamente, ellos, de una forma o de otra, habían pronunciado esta sagrada frase:
"Sea tu Voluntad, Señor, no la nuestra"

Capítulo 26

Charles abre su corazón.


-¡Que impresionante! –exclamó Charles cuando llegaron a la fachada principal del Seminario de Zaragoza.
-¡Ya lo creo! –exclamó Xavier.
-Todavía recuerdo el primer día que entré. Tenía diez años y me acompañaban mis padres. Me pareció inmenso por fuera y maravilloso por dentro. Sus pasillos estaban llenos de luz. Los suelos eran resplandecientes. Había unos preciosos jardines en los patios interiores. Estaban perfectamente cuidados. Los setos eran de formas geométricas, y en el interior de los mismos, regalaban la vista una gran cantidad de rosas.
-¡Hola Sauras!
-¡Hola Texeda! -contestó el padre Francisco- Te presento a mis amigos de Barcelona: Charles y Xavier.
-Encantado –saludó el padre Texeda a ambos invitados-. Espero que les guste el edificio. El padre Sauras me ha hablado mucho de ustedes. Está desconocido. Su energía actual me recuerda a la que tenía cuando jugábamos juntos al balonmano.
-Bueno-respondió sonriendo el padre Francisco-, creo que exagera un poco.
-Para que estéis cómodos –indicó el padre Texeda- os he reservado el despacho contiguo a la biblioteca.
-Gracias señor Rector -contestó el padre Francisco en tono simpático.
-Saben... Siempre ha sido igual de gracioso, pero su corazón es inmenso, y su sabiduría también. Somos amigos desde que teníamos diez años. Así es que imaginen.
-Me vas a sonrojar.
-Lástima que no haya algún video de cuando jugábamos a balonmano...o cuando hacíamos las funciones de teatro el día de los padres.
-¡Sí! ¡Ya lo creo! Me habría gustado verme con la chistera de don Crispín... ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
-Es que entonces no existían... ni cámaras fotográficas. Bueno, las había...pero solamente para los fotógrafos profesionales.
-Creo que todos hemos vivido esa época de la postguerra -añadió Xavier.
-Sí. No teníamos casi nada, pero éramos felices-añadió el señor Rector-. Bueno, les dejo. Si lo desean, pueden quedarse...necesitamos nuevos sacerdotes...
Los invitados sonrieron, y el padre Texeda, alto, de pelo ligeramente rubio con ojos azules, se alejó hacia los campos de fútbol. Se detuvo unos instantes, se palpó todos los bolsillos del traje negro hasta que encontró su silbato y miró hacia la ventana donde había alguien que le saludó y prosiguió. Los tres amigos se quedaron observándole unos instantes, y por fin pasaron al interior del seminario, que efectivamente era más bello y acogedor por dentro que por fuera. Su fachada se podría adjetivar de clásica, elegante, sobria, fría y un tanto megalómana. Su rosetón en cierto modo era ciclópeo. Habría resultado impresionante si hubiese estado situada sobre un monte y con el fondo verde de enormes montañas, pero ubicado allí a las afueras de la ciudad, mostraba al observador algo extraño que no podía identificar. Tal vez, era que se encontraba, ya, fuera del tiempo, a pesar de estar construido hacía pocos años.
-Creo que todavía tengo un Florilegio latino que saqué de la biblioteca y no devolví- dijo Francisco cuando pasaron por la puerta-. Tiene más valor sentimental que de otra clase. Me recuerda la feliz época de estudiante.
-¡Qué raro se hace escuchar que alguien ha estudiado latín! -exclamó Charles.
-Ya lo creo. Además, os tengo que confesar algo, pero no se lo digáis al padre Rector.
-No te preocupes. Que no le diremos nada -siguió la broma Charles.
-Estábamos en clase de segundo curso. Y había que traducir una frase. Muchas palabras están cambiadas de orden, respecto al español. Así es que hay que analizarlas, y encontrar cuál es el complemento directo, cuál es el complemento indirecto...en resumen, que lo que se lee, no es evidente a primera vista.
-Vamos Francisco -que no tenemos toda eternidad- dijo Xavier.
-Resumiendo. El profesor le preguntó al alumno, que si no recuerdo mal, se llamaba Claver. Mi compañero de clase, ni corto, ni perezoso, en lugar de traducir correctamente:
"Cesar mandó a su hijo, Bruto, al puerto de Ostia"
Lo tradujo así:
"Cesar mandó al bruto de su hijo al puerto de una hostia"
-Que me perdone el padre Rector por decir un taco, pero os aseguro que por un momento creíamos morir de risa.
Los tres no pudieron dejar de sonreír. Charles y Xavier dieron una palmadita en el hombro de Francisco, mientras se sentaban alrededor de una mesa ovalada.
-Ahora -dijo todavía sonriendo Francisco- prometo portarme bien y no contar más anécdotas graciosas.
-Parece mentira cómo cambian los tiempos -continuó Xavier.
-¿Por qué lo dices? –preguntó Charles.
- Este edificio creo que representa una época muy reciente de esplendor de la iglesia. Apenas tiene cincuenta años, y hoy en día los templos están casi vacíos.
-¡Ah! –exclamó Charles.
-Es verdad que todo ha cambiado enormemente. Tal vez es que la enseñanza cristiana en general debería sobreponerse y establecer unos cultos que sean verdadera fuente de vida -dijo todo serio Francisco.
-Pienso-contestó Xavier- que no le falta razón a Francisco. Hay algo que no llena de verdad algunos corazones necesitados. Creo que algunas personas necesitan algo más retributivo. Las verdades hay que presentarlas de tal manera que convenzan sin atar a sus seguidores. Habría que presentar las enseñanzas de Jesucristo de tal forma que hasta los más incrédulos pudieran aceptarlas. Habría que hablar de forma más científica a la gente.
-¿Qué quieres decir Xavier?
-Pues que durante toda la historia, los fieles han sido verdaderos devotos, han rezado lo que con sinceridad la iglesia ha creído que era la vía, pero el resultado no ha sido satisfactorio.
-¿Tal vez no hemos sabido llenar sus corazones?
-Quizás los corazones sí -respondió Xavier-, pero no las cabezas, y, eso también forma parte del mecanismo humano, aunque sea de un místico. Vemos como muchos jóvenes e incluso adultos están buscando respuestas en otras sectas, aunque muchos saben que están consideradas como peligrosas. Y los discursos de los párrocos u obispos nos hablan como si estuviéramos en la edad media. Pienso que uno de los problemas ha sido olvidarse de la ley de causa y efecto.
-Yo creo que no se ha olvidado -respondió Francisco.
-Pienso que sí. Por ejemplo. A todos nos han enseñado que el cielo y el infierno existían. Pero eso era todo. Por otro lado se desechó la idea de la reencarnación. Y querámoslo o no, los corazones de muchos hombres no se han visto reflejados en las consideraciones de los religiosos.
-Algo de cierto –comentó Charles- debe de haber por las consecuencias que todos observamos en estos días.
-Tampoco estamos aquí para debatir, qué es lo que ha ocurrido. Los fieles se han acercado pero necesitan algo más que no se les ha dado.
-Creo, Xavier, que la verdadera religión, como su nombre indica, debe de re-ligar al hombre físico con su alma, y que el ser humano que está en este mundo sienta efectivamente la fuente de la vida. La vida Crística. Pero verdaderamente es tan difícil llegar a sentir cómo el Amor fluye y brota de nuestros corazones, que quien no ha sido capaz de realizar tal unión, ha dejado de creer en unas palabras que alguien le decía desde un púlpito y que no respondían a la fuente de la vida. Sin embargo, en mi opinión, la iglesia ha hecho un gran bien a nuestra civilización.

-Francisco, yo creo, –continuó Xavier-, que nos estamos aproximando. Hay que comprender que no surge a todas horas un sacerdote santo. Un enviado del mundo espiritual que demuestre con su poder sanador y redentor la fuerza de la gracia.
-Es cierto-dijo Charles-. Yo añoro encontrar un hombre santo, que me dé nueva fe. Que explique de alguna forma razonable todo lo que la ciencia está descubriendo. Como científico, en muchas ocasiones me he sentido pleno y colmado de luz cuando un experimento ha salido bien, o cuando he desarrollado con éxito una teoría, pero en el fondo, necesitaría que me demostrasen que hay algo más allá de la vida, y que el universo no es tan frío ni vacío como aparenta. Me encantaría que se demostrase que una conciencia inmensa había desarrollado los gérmenes de la vida en la tierra...
Hubo una pausa y continuó
-No necesito creer en que el Hijo del Creador del 1.000.000.000.000.000.000 (trillón o infinito matemático) de estrellas, por decir una cantidad, ha descendido a este pequeña y minúscula partícula que es la Tierra; pero sí que anhelo que alguien demuestre que la vida no es en vano y que todo nuestro trabajo a favor de la verdad tiene unos resultados tangibles... Y que si se muere un hijo o un padre, no nos digan: "Dios lo ha querido", sino que de una vez por todas se traspasen los velos entre el mundo material y el mundo espiritual, si es que los hay, y nos muestren cómo es parte de esa realidad...Y, continuando con estas elucubraciones, ¿creéis que existe el cielo o el infierno?
Francisco y Xavier miraron a Charles. Tal vez se habían enterado, justo en ese instante, del terrible sufrimiento por el que su vida había transcurrido. La causa más importante de incredulidad del ser humano: la desaparición de sus seres queridos.
- En realidad - tomó la palabra Xavier- no existe ni el cielo ni el infierno, pero lo que falla en este símbolo es su presentación al mundo de los creyentes. Cuando morimos, o mejor dicho aún, cuando el alma corta los lazos con sus cuerpos, se produce una revisión de la vida, de igual forma a cómo se produce una revisión del día cuando dormimos. El alma revisa todos los acontecimientos ocurridos desde los momentos anteriores a la muerte hasta el nacimiento. Los escruta con total imparcialidad, y sopesa el bien y el mal que ha cometido, los errores, los abusos, las omisiones y todas las cosas sutiles que le han ido ocurriendo, muchas de las cuales las había olvidado por completo.
Como sea que había puesto bastante énfasis en aquellos momentos tan especiales de su vida, el alma los había congelado en su memoria para revisarlos una y otra vez, hasta que la energía acumulada allí se disipara. Eso podría llamarse infierno. El símbolo es casi acertado, ya que el infierno era un lugar cercano al mar muerto. Era una falla volcánica por la que surgían gases tóxicos. A los reos de crímenes o de acusaciones de toda índole, les hacían pasar por el puente tendido a través de ese lugar, y si tenían la conciencia tranquila, su dios les protegería y cruzarían salvos el tramo, pero si eran culpables, el peso de su conciencia de culpabilidad les haría caer.
El fuego es el símbolo de la mente, esa herramienta que analiza lo acaecido en esta vida y el alma se cuida de guardar en su memoria todo aquello que necesita sublimarse para una próxima encarnación. A eso se dedican los psicólogos cuando tratan de detectar traumas de vidas pasadas. En otras terminologías se lo denomina "pecado original" y otros se lo llama "karma"... o "ley de causa y efecto".
 Vicente Beltrán Anglada nos cuenta algunos casos que él presenció cuando "estaba en el cielo" o en sueño lúcido, con continuidad de conciencia, ya que "allí arriba" también aprendemos lecciones.
El Maestro les estaba mostrando cómo era el estado de conciencia de algunas personas tras su deceso.
Narró el caso de un indígena que se había convertido en un excelente cazador. Cazaba y pescaba con gran éxito, y todos los componentes de la tribu salían de sus chozas cuando regresaba con el fin de festejar su éxito... Ese era su cielo, su devachán.
El Maestro luego les dijo: mirad cómo se esmera en su tarea diaria, dentro de esa sutil burbuja de materia emocional construida por su alma para aliviar sus frustraciones vitales. Y ahora mirad cual fue realmente su vida en la selva.
Observad cómo no acertaba ni una. Le costaba mucho esfuerzo tener éxito para pescar una carpa o cazar una gacela. Todos los de su tribu se mofaban de su torpeza, y él deseó tanto tener éxito, que su cielo consiste en cazar y pescar con todo tipo de armas y artilugios inventados. Él se ha convertido en el héroe de su cielo y todos le respetan. Esa etapa durará hasta que toda la energía, generada en su vida física, se disipe y pueda seguir con la revisión de otros aspectos de su vida. Finalmente reposará un par de siglos, por decir una cantidad de años humanos, pues en "la no manifestación" no existe el tiempo, sino períodos de actividad y reposo. Es decir, que descansará hasta que se le presente una nueva oportunidad para reencarnar y proseguir su evolución en la tierra. Mientras, se preparará de tal forma que sus cuerpos sean los más adecuados para superar una lección similar, bajo ciertas energías que condicionarán su vida, con una herencia genética determinada, un tipo de educación y una sociedad en la que se va a ver inmerso...
 Creo que he hablado mucho-se disculpó Xavier- creo que sería buena idea que Francisco dé su opinión al respecto.
-En cierto modo-siguió el sacerdote- la Iglesia también considera la ley de causa y efecto; pero al no tener en cuenta la reencarnación, tanto el cielo como el infierno se prolongaban hasta el infinito, si bien se otorga la posibilidad de estar en el purgatorio, durante cierto tiempo.
-¿Hasta el infinito?-dijo Charles.
-Sí-respondió Francisco.
-¿Un infinito que empieza unos minutos después de la muerte?-Preguntó Xavier
-Tal vez no tiene lógica alguna -respondió Charles- El infinito no tiene ni principio ni fin, es infinito hacia adelante y también hacia atrás, aunque el infinito no tiene un punto medio en el que dividir el tiempo... ¿Es quizás el aquí y ahora ese punto mágico en el que el tiempo se detiene? ¿Es en el estado de la "serena expectación" en que se encuentra ese punto neutro y atemporal?
Bueno, ya vemos que esta teoría no tiene fundamento alguno. Esto me recuerda a otro científico amigo mío que decía, yo no quiero ir a un cielo en donde esté toda la eternidad escuchando música de arpa, eso debe de ser muy aburrido, creo que en el infierno me lo pasaría mucho mejor. Por otro lado, me acuerdo de mi querido padre. Tuvo un error, y murió en la cárcel... ¿Significa que ya no saldrá nunca del infierno? En este caso creo que estoy más de acuerdo con Xavier. El sistema de reencarnaciones me parece más justo.
-De verdad que siento mucho lo de tu padre-dijo Francisco-. Entre nosotros, creo que Dios no sería justo si condenase a un hombre por toda una eternidad. Tal vez nuestros sabios y santos Padres de la Iglesia no meditaron bien al respecto.
El sacerdote miró el reloj, y dijo.
-Se nos ha hecho la hora de almorzar. Los alumnos ya están en el comedor. Si os parece, seguimos esta tarde.
-De acuerdo- dijo Charles con lágrimas en los ojos.
-Ojala que te pudiese transmitir mi experiencia, Charles -manifestó Xavier. También te tengo que decir que yo he sufrido mucho más de lo que te puedes imaginar. Pero ahora, como dice Francisco, descansemos un rato. Seguiremos largo y tendido después.
Francisco tocó con afecto el hombro del científico.
-Lo siento -se disculpó el científico-. Me he dejado llevar por antiguas heridas. A veces se me olvida que tuve en mis manos la Sábana Santa.
Los tres salieron, podría decirse, iluminados. Pues en verdad que sus corazones partieron vibrantes de aquella biblioteca.

 Capitulo 27

Mare Nostrum y Egipto

Almorzaron en una mesita del comedor del Seminario Menor. El padre Francisco deseaba que viviesen en primera persona la bella experiencia de escuchar el estruendo ensordecedor de los gritos de cerca de setecientos alumnos. Estaban a punto de finalizar el curso y el verano hacía hervir todavía más, si cabe, la vitalidad de aquellos niños y jóvenes. Xavier y Charles disfrutaban con el bullicio.
-¡Esto sí que es ambiente! -exclamó Xavier.
-Yo almorzaba en el instituto, pero apenas éramos unos cincuenta -siguió Charles.
-Cuando vivimos las experiencias cotidianas –continuó Francisco-, no somos totalmente conscientes de las mismas. Permanecemos inmersos en ellas y las damos por normales.
Pero, cuando han desaparecido, y un tiempo más tarde las recordamos, es entonces cuando las embellecemos, porque tal vez eran así. A veces, cuando estuve de párroco en la montaña, recordaba estos momentos, las bromas que nos hacíamos, la risa sin descanso, el enfado de algunos porque no les gustaba la comida, las regañinas esporádicas y merecidas, generalmente, de los profesores a sus discípulos...
 Y mientras el padre hablaba, algunos de sus alumnos acertaron a pasar cerca y le saludaron.
-Hola...padre Francisco.
Y luego marchaban a toda velocidad a continuar con sus travesuras.
Más cercanos a ellos estaban los mayores de dieciséis y diecisiete años, tranquilos y sosegados.
-Sin duda alguna, vivir en un internado debe de ser una bella experiencia. Es imposible que un niño que siempre ha dormido en su casa sea igual al que ha dormido con cincuenta compañeros. Nunca están solos. Y un mar de energía vital les rodea -expuso Charles.
-Sí –contestó Francisco-. Los muchachos aprenden a convivir. Se hacen más sociables, incluso más alegres.
-¡Helado de chocolate! –exclamó Xavier como un niño, cuando trajeron el postre.
En ese instante, un sacerdote dio la orden y los alumnos salieron disparados hacia los recreos. Todavía tenían una hora para hacer deporte.
-Vamos. Os enseñaré un poco las instalaciones.
 El colegio tenía forma cuadrangular, salvo la parte de atrás, la de la enfermería, que terminaba en un triángulo. Los amplios, largos y refulgentes pasillos con inmensos ventanales era lo que más les llamaba la atención. La luz y los colores entraban desde los cuatro jardines que tenía el edificio en su interior. Las puertas de las aulas de la planta baja eran de madera labrada con finos cuadrados y de unos cuatro metros de altura por tres de anchura. Encima, había otros dos pisos, cuyas clases eran más modernas, y también, más corrientes. En la última planta se hallaban ubicados los enormes dormitorios, cada uno con cien camas aproximadamente.
Al llegar a un rellano de la escalera, Francisco sonrió.
 -¿Sí? –le preguntó Charles.
 -Estoy recordando una broma.
 ¡Cuenta, cuenta!
 -Apagaron las luces del dormitorio. El tutor paseó por última vez, y creíamos que se había marchado a su habitación. Tres o cuatro alumnos esperamos un cuarto de hora y nos levantamos. Comprobamos que la víctima estaba dormida. Imagino que le pasaríamos la mano cerca de la cara o le diríamos algo. Como no hubo respuesta por su parte, calzamos cada pata de la cama con una zapatilla y la deslizamos desde el dormitorio, hasta este rellano. Cuando íbamos a despertar a nuestro compañero, y reírnos del susto que se iba a llevar, el tutor nos cogió con las manos en la masa. Nos hizo deslizar de nuevo la cama hasta el dormitorio, nuestro compañero ni se despertó, y dimos varias vueltas al campo de fútbol como castigo. Después de correr veinte minutos, permanecimos con los libros abiertos una hora más en el estudio.
 -¡Qué bueno!
 -Sí. Eso pienso ahora. Creo que nuestro tutor tendría algo gracioso que contar al día siguiente.
 Los tres descendieron por las escaleras de mármol blanco. Pasaron cerca de las mesas de ping-pong, abarrotadas de estudiantes, y entraron al despacho.
 -Creo que lo que has intentado aclarar esta mañana-dijo el sacerdote dirigiéndose a Charles- es que un representante de la iglesia no puede ser una persona cualquiera. Porque si habla de la comunión de las almas, de la transubstanciación o del misterio del corazón, debería demostrarlo con hechos.
 Xavier y Charles se quedaron sorprendidos.
 -Entonces, cuando un hombre santo explicase de una forma práctica el camino que lleva hacia lo que unos denominamos "Dios", otros denominan "Alma Universal" o "Leyes del Universo" y los que le escuchasen pudiesen comprobar que, efectivamente, a través de un período de aprendizaje y práctica, el camino hacia el cielo está expedito, entonces, se ganaría el respeto por parte de los muchos. Pero está claro que no sólo por el hecho de pertenecer a una congregación determinada se llega a ser santo. Se puede ser una bella persona, un sacerdote prudente y capaz de ayudar a los demás en muchos terrenos, pero en el momento definitivo de hablar de lo trascendente y de lo inmanente, pierde toda autoridad que le han concedido sus jerarcas respectivos.
 -Es un buen razonamiento -dijo Charles-.
 -Creo que esto podría enlazar perfectamente con lo que hoy venía dispuesto a contar -expresó con satisfacción Xavier. El aprendizaje del Maestro Jesús en Egipto. Espero que os resulte interesante.
 -Por supuesto, Xavier -aseveró Charles, que mostraba un interés progresivo, casi en forma geométrica, conforme transcurrían las reuniones.
 Francisco miró y sus ojos brillaron, como resplandece el Sol al filo del horizonte, en un atardecer totalmente diáfano, sin nubes, ni grandes cantidades de contaminación atmosférica. Estaba impaciente por averiguar lo que Xavier había podido investigar acerca de la juventud de Jesús. Y, confiando en que escucharía algo nuevo para él, preguntó.
 -Xavier, sé que no hay datos fiables de las andanzas de Jesús después de haberse ido de su casa. ¿Has podido rastrear los pasos dados por él?
 -Creo haberlo conseguido, pero me veo obligado a reseñar que ocurre algo muy insólito durante esos años. Intentaría explicarlo diciendo que aparece y desaparece de las escenas, como si se materializara y desmaterializara en los éteres.
 -¡No había escuchado una afirmación igual en toda mi vida! – Esgrimió Charles- Tal vez lo que nos intentas decir es que no has sido capaz de visualizar todos los acontecimientos.
 -En parte te doy la razón -condescendió Xavier-, pero me inclino más confirmar lo que acabo de decir. Me explicaré. Sé que los Maestros pueden construir, por el poder de su mente, cuerpos adecuados para los ambientes en los que quieren adentrarse y adoptar cualquier apariencia necesaria, e incluso hacerse invisibles a los ojos de los demás, y pienso firmemente que eso es algo parecido a lo que ocurrió. No obstante, he podido trazar un mapa de sus andanzas y con ello tratar de reflejar qué cosas atraían más su atención.
 -Sigue por favor-dijo Francisco-, que ardo en deseos de conocer más datos.
 -Estuvo –continuó Xavier- por muchos lugares y países diferentes tratando de aprender las viejas tradiciones, rituales y conquistas obtenidas en muy diferentes campos del saber humano.
 Las tradiciones de los rituales de la purificación de la sangre provienen de los misterios de Mitra, cuando el Sol transitaba por Tauro en el gran reloj cósmico, que el Sistema Solar tarda unos 26.000 años en transitar.
 Siguiendo la precesión de los equinoccios, el Sol entró en el signo de Aries, y la víctima propiciatoria era el "cordero" que era enviado al desierto.
 Cristo nació en el siguiente signo, Piscis y por ello celebramos su nacimiento comiendo pescado.
 Sus primeros pasos se dirigieron hacia Jerusalén. Allí proliferaban multitud de sinagogas y varias etnias impartían sus creencias a los concurrentes. La tradición hebraica había alcanzado su mayor apogeo. Los rabinos más ortodoxos se sentían orgullosos de su gran riqueza de ideas y tradiciones con más de dos mil años de historia. Allí, nuevamente, Jesús tuvo grandes debates con todos los asistentes. Los rabinos dejaban de lado la ortodoxia tradicional para escuchar y debatir con aquel joven, ya conocido por ellos, de una indudable cultura y formación. Su fama había llegado a sus oídos.
 Dejó Jerusalén y viajó siempre al abrigo de las caravanas, aunque como me he atrevido a sugerir, en algunas ocasiones debió tele transportarse. Convivió con camelleros y comerciantes de todo tipo, tuvo ocasión de hacer buenos amigos y, de paso, enseñarles aspectos de la historia y tradiciones que deberían sustituir un día a la arcaica y obsoleta cultura basada en la pureza de la raza judía, la ley de la tora, del talión y de la ley que daría origen al Talmud y a la Kabalah, etc.
Su primer destino en el extranjero fue El Cairo y las pirámides en la meseta de Giza. La ciudad de los muertos era una ciudad dentro de la gran ciudad. Era como un avispero de gentes apresuradas por vender su artesanía u obtener su alimento en las calles y mercados de la capital.
Posteriormente se desplazó a Alejandría en donde le interesó de sobremanera el estudio de las tradiciones de los antiguos faraones, cuya historia aún se conservaba en los archivos de la biblioteca.
Sin embargo, una visión del futuro le impulsó a tomar un velero hacia Creta.
 
 Pintura de Delwin Oliver del Parson
Quería ver la civilización minoica y cuanto había de cierto en el símbolo del Minotauro, ricamente pintado en las paredes de muchos templos y de casas particulares de cierto prestigio. Los dorios habían dejado bien patente su huella. Una civilización de guerreros y artesanos que había colonizado totalmente la isla, lugar estratégico para el tránsito de mercaderías por el Mare Nostrum.
El velero, con nueva carga que transportar hacia Italia, prosiguió costeando y tocó los puertos del bello Peloponeso, salpicado de ricos valles, protegidos por montañas, y cubiertos de olivares y viñedos. Allí se enamoró de las uvas pasas. Dijo que eran lo más dulce que había jamás probado.
Jesús navegaba a bordo del velero con bastante comodidad. Había pagado un buen precio por el transporte y además se había ofrecido a reparar los desperfectos del barco y lo que necesitase el capitán, incluso mejorar el sistema de equilibrio y navegabilidad del barco. Por ello era tratado con todo el respeto por parte de toda la tripulación, aunque algunos deseaban poner a prueba sus dotes de marinero y de carpintero cuando arreciaran las tempestades, tan frecuentes en aquellas aguas.
Una tarde, los marineros estaban muy apurados achicando el agua y retirando el velamen. El mar y el viento rugían con gran pavor para todos, pero él permanecía tranquilo observando el festival de los ángeles del viento (silfos) y los de las aguas (ondinas). Viendo que Jesús no se inmutaba por nada, el capitán le pidió ayuda ante el peligro de naufragar y que hiciera algo para ayudar a la marinería.
Jesús dio una orden en voz alta a los ángeles, e inmediatamente se calmó la tempestad.
Pintura de Simón Dewey

Rogó a todos que no mencionaran nada de lo visto y oído, ya que sólo quería preparar el camino para alguien más poderoso aún que él mismo. Su viaje serviría para sembrar la semilla de un futuro más luminoso para la Humanidad.
El periplo prosiguió rumbo a Sicilia. Pasarían sin miedo alguno por el estrecho de Mesina y luego se dirigirían a la bella Napoli, para visitar después la pequeña ciudad de Pompeya. Quería ver sus hermosas calles y especialmente su biblioteca central. Sabía que allí había una organización social bastante evolucionada. Sus gentes gozaban de un alto nivel de vida y tenía que tratar de hablarles de un Dios que gobernaba por encima de todos los dioses del Olimpo romano. Gozaban de un clima benigno y la bella presencia del volcán Vesubio realzaba el marco del ideal de una vida burguesa... poco se esperaban que esa compañía les iba a dar un susto mortal una madrugada muy cercana en el tiempo.
Dio una charla en el coliseo central ante numeroso público. Estaba prácticamente lleno. Sus palabras fueron contundentes. La gran cantidad de dioses de barro, de imágenes a las que rendían adoración no tenían nada que ver con el Dios único del que él era un hijo muy especial. Un Dios omnipotente, un Dios de amor que todo lo sabía.
Alguien de entre el público pidió en voz alta:
-"Si tu Dios es tan poderoso, pídele que nos de comida para todos, que nos harte de pescado fresco y de pan calentito y recién hecho".
-¡Tú lo has querido! ¡Sea tu voluntad!
 Al lado de cada asistente apareció pescado asado y pan horneado humeante. Nadie se atrevía a tocarlo; pero Jesús les dijo: "Hombres de poca fe, me pedís una prueba, os la doy, y ahora no sabéis si podéis tocarla; pero en verdad os digo que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que emana de la boca de todos aquellos que han visto al Padre y Éste les ha pedido que den testimonio de su visión".
Paulatinamente empezaron a tocar aquella materialización y a comer el pan y los peces... Un gran vocerío salió del recinto. Todos le daban las gracias y pedían que les hablara más veces de ese Dios tan bueno y poderoso; pero Jesús tenía fijada su mente en llegar a Roma y partió nuevamente con el velero, que había repuesto víveres y agua para el viaje.
Arribaron a Roma y Jesús se despidió de toda la tripulación, con unas palabras similares a estas:
"Ahora sí que podéis dar testimonio de lo que habéis visto"... "Cosas más grandes podréis hacer vosotros mismos algún día"... "Aunque, el que viene detrás de mí, las hará mucho mayores"... "Permaneced atentos, pues él no se anunciará a los cuatro vientos, y sólo será reconocido por sus frutos"
Estuvo en muchos sitios de aquella vieja ciudad. Conoció a unos monjes de una comunidad que se llamaba esenia y con ellos hizo gran amistad. Su elocuencia no tenía límite, de tal manera que fue conducido ante el hermano mayor, quien al ver a Jesús se postró a sus pies y le pidió sus bendiciones.
Jesús le dijo que si bien él era digno de respeto, tendrían que preparar los caminos del Señor, ya que dentro de algún tiempo, él enviaría a sus discípulos a predicar un mensaje de amor del cual él no podía adelantar el contenido; pero que el núcleo central podría parecerse a la vieja ley de Moisés y sus diez mandamientos.
Una mañana, paseando con otros tres monjes por la Vía Apia, salieron de detrás de los cipreses varios malhechores, que pertrechados con cuchillos y una espada, quisieron atracarles. Jesús les recriminó esa manera de vivir. Muy seguros de sí mismos, y convencidos de que se encontraban en una posición de ventaja, exigieron a las víctimas que depositaran todas sus pertenencias en el suelo. Jesús les volvió a reprender diciéndoles que robar era indigno de los humanos. Como no hicieron el más mínimo caso, al contrario, se rieron desvergonzadamente y prosiguieron en su intento de atraco, Jesús los paralizó y los convirtió en estatuas.
Permanecieron así hasta que llegó una pequeña patrulla de soldados pretorianos. Se había reunido mucha gente a su alrededor y los soldados, atraídos por el tumulto, pidieron orden y exigieron saber el origen de todo aquel alboroto.
Los monjes explicaron todo lo ocurrido y cómo aquel chico joven y alto les había convertido en estatuas. Los soldados querían llevar presos a los ladrones y pidieron a Jesús que les devolviera la vida.
Jesús les dijo: "En vuestras manos está el poder de la fuerza, entregad al poder de la justicia a estos ladrones para que reciban su castigo"
Los soldados, percibieron tanta autoridad en sus palabras, que le rogaron que emitiera sentencia, y ellos tratarían de ejecutarla.
El hermano mayor respondió que en su orden monástica no tenían por costumbre hacer justicia, y que tal poder lo ejercían los jueces. Nosotros nos ocupamos de socorrer a los necesitados, curar a los enfermos y hacer oraciones para el bien de la comunidad y de la Humanidad.
Los soldados, insistieron en que dictaminara un castigo para esos delincuentes y Jesús, dijo que creía que era de ley que recibieran quince latigazos cada uno, si bien era necesario cumplir la ley Romana y no la suya, que era extranjero.
Los soldados le preguntaron
-¿A qué Dios sirves en tu país?
-Mi Dios, es también vuestro Dios -contestó-, pero vosotros le denomináis con muchos y diversos nombres. Para nosotros sólo hay un Dios. Un único Rector y Rey de toda esta tierra y de más allá de los mares.
-¿Cómo sabes tú todas esas cosas, si aún eres muy joven para ello? ¿O es que te crees enviado por Dios?
-En verdad os digo que ese Dios me ha enviado a mí y también a vosotros para que se cumpla la ley de la vida. También os digo que pronto vendrá otro, mayor que yo, y que hará milagros más grandes. Debéis estar atentos si lo queréis encontrar.
Los soldados, confundidos, optaron por retirarse con los presos que habían recobrado la movilidad y los curiosos se alejaron sorprendidos por lo que acababan de ver y oír.
Jesús se encontraba muy a gusto entre aquellos discretos monjes cuya misión era reclutar, con todo sigilo, nuevos seguidores. Estos deberían trabajar con la máxima prudencia y formar una comunidad testimonial que forzase al Parlamento Romano a reformar sus leyes y permitir mayor libertad de culto. No dependían de sus hermanos orientales, quienes tenían reglas que no siempre se pueden aplicar en todos los países.
Su trabajo era harto difícil, pues el Panteón romano estaba lleno de dioses para todas y cada una de las ocasiones de la vida.
Jesús partió al cabo de un par de meses hacia Egipto. El barco estaba bien provisto y era más grande que el velero que había tomado a la ida. Parece que los marineros del velero ya habían esparcido a los cuatro vientos lo acaecido durante su viaje y por su estatura enseguida le reconocieron. Guardaron silencio, pero sabían que si surgía algún contratiempo, estarían a salvo del peligro.
El barco tocó Cerdeña, Túnez, y Libia. Allí quiso conocer las bellas ciudades que formaban –Trípolis- Sabrata, Oea y Leptis Magna. Jesús quedó muy impresionado por la belleza de la construcción de esta última. Aunque, Sabrata y Oea eran unas ciudades muy bellas, Leptis Magna era extraordinaria, había valido la pena hacer ese viaje hasta esos puntos en el desierto líbico.
En el puerto de Leptis Magna prosiguió camino hacia Alejandría y desde allí se dirigió nuevamente a El Cairo.
Enseguida formó parte de la secta de los seguidores de Tutang Amón, conocido en Occidente como Tutankamon. Permaneció, aproximadamente, tres años aprendiendo meditación y disciplina, acompañadas de rituales de limpieza y oraciones a los antepasados egipcios.
 
Durante el primer año, sus compañeros fueron los aspirantes a los misterios terrenales. Iban vestidos con túnicas de color marrón. Las enseñanzas que aprendían eran muy estrictas.
Tuvo que pasar y dominar el hambre, así como todas las necesidades de su cuerpo físico. Aprendió a vivir con una jarra de agua al día. Las disciplinas consistían en ejercicios muy parecidos a los que hoy practican los yoguis hindúes como hatha yoga o yoga de las posturas corporales. También fueron adiestrados durante gran cantidad de horas en el arte de la inmovilidad física, bastante parecido a lo que hoy se conoce como Chikung o Tai Chi.
Una vez al mes era enterrado en la arena. Los asistentes le envolvían en una túnica y tenía que permanecer inmóvil siete soles.
Para Jesús, no era problema alguno. Dejaba que su cuerpo se durmiera, y su espíritu ascendía a los elevados lugares, que eran su estado de conciencia cotidiano.
 
 Allí se encontraba con Cristo, Quien descendía, a su vez, de un nivel de conciencia más elevado y conversaban sobre el cumplimiento del Propósito. Le exponía sus planes para el próximo futuro y, para los cuales él debería prepararse.
-¿Es eso posible? –preguntó Charles.
-Sí que lo es. Debo aclarar que existen diversos niveles de conciencia muy por encima del humano. Yo puedo afirmarlo hasta donde llega mi capacidad.
-Yo también estoy de acuerdo-dijo Francisco.
Charles y Xavier le miraron sorprendidos.
-Hace muchos años ya -continuó el sacerdote- hubo en mi parroquia una catequista. Era una mujer muy bella, tanto física como espiritualmente, a pesar de tener más de sesenta años.
Francisco se detuvo, sus ojos comenzaban a humedecerse y a brillar.
-Sigue, por favor-le rogó Charles.
-Varias veces, durante nuestras meditaciones y rezos, a pesar de la lejanía, era capaz de desplazarse mentalmente hasta la capilla donde yo solía orar.
-¿Qué ocurría?
-En mi caso, una afluencia mayor de luz, una elevación espiritual.
-¿Y en el de ella?
-También elevación de su alma, pero a la vez capacidad de percepción de la realidad que estaba lejos de su cuerpo, como me lo demostró en varias ocasiones... bueno... sigue Xavier, por favor. Solamente quería dejar constancia de que también, por propia experiencia, aunque no sea gran cosa, pienso que existe la capacidad de ser consciente en otros planos más sutiles.
-Al final de ese año –continuó Xavier-, Jesús pasó la prueba iniciática representada en la pirámide de Mikerinos. Deambuló como perdido durante tres días sin ver la luz, ni oír ningún sonido, Y siguiendo su instinto y la visión interna fue capaz de salir al tercer día por la puerta oriental.
Comenzaba la segunda etapa para los aspirantes que habían triunfado en la primera.
La revelación de los secretos del mundo de los deseos, del control de las emociones y de las influencias astrales.
Todos estaban vestidos con la túnica de color rosado oscuro.
Las lecciones tenían contenidos muy diversos, si bien el arte tenía un lugar preponderante. Tenían que dibujar con todo detalle los cuerpos de los otros monjes de la túnica marrón y también aprender a convivir con las mujeres ayudantes sin tener pensamientos obscenos o si los hubiere, saberlos dominar. Las mujeres eran expertas exhibicionistas, entrenadas para ese menester, sabían insinuar sus bellezas para que aquellos jóvenes monjes perdieran su aplomo. Con meditación y un control alimenticio vegetariano adecuado, las pruebas se iban superando lentamente.
Invertían muchas horas de adiestramiento en ejercicios de backti yoga o yoga devocional hacia las divinidades, hacia los antepasados y hacia los planetas (especialmente al Sol).
Esta oportunidad era aprovechada por Jesús para hablar del único Dios regente de la Tierra. Todos le escuchaban con mucha atención, pues nunca nadie había hablado de esa manera, con tanta fuerza en las palabras y con esas ideas tan innovadoras.
Se ejercitaban en el arte de la respiración. Controlaban sus cuerpos a base de alternar de forma conveniente la respiración por una u otra fosa nasal, las pausas de retención también eran importantes. Todo tenía que ser armónico y reflejo del cosmos, de la misma forma que lo eran las cíclicas mareas, los latidos del corazón o las fases de la luna.
Los alumnos transcurrían largas noches encerrados en sus cuartos con las paredes repletas de imágenes obscenas, y con sus pensamientos tratando de desbordar su imaginación, que daba paso a "las ayudantes de las alcobas", esos espíritus conocidos como súcubos, producidos por las necesidades fisiológicas suyas y retroalimentadas durante millones de años por toda la Humanidad.
Los días anteriores a su examen final, deberían de tener un control estricto de sus meditaciones, de la limpieza de sus vestiduras, de la higienización de sus frutas y verduras para poder expresar en el examen final sus impresiones y aspectos que hubieran podido aprender durante ese año.
Jesús fue muy escueto. Dijo en su escrito "creo haber aprendido todo lo que me habéis enseñado"•
Nuevamente tuvo que enfrentar los fantasmas de la oscuridad en la pirámide de Kefrén. Las piedras eran más pulidas, los pasillos más empinados, los laberintos más complejos de memorizar. Todo estaba en plena oscuridad. Pero, lo que para otros eran tinieblas, para él era Luz que le llevaría triunfante hacia la salida por la puerta oriental al cabo de tres días, más allá de los fantasmas de su controlada imaginación.
Y allí se detuvo Xavier.
-Ha sido muy emocionante -dijo el padre Francisco.
-Gracias.
-Entonces...
-¿Sí?
-¿Lo que has narrado se podría decir que fueron las dos primeras iniciaciones de Jesús?
-Así es.
-Pero... han parecido fáciles.
Xavier sonrió.
-¿He dicho algo gracioso?-preguntó Francisco.
-En realidad, cuando se pasan esas iniciaciones, es porque ya ha habido otras vidas anteriores en las que se ha estado preparando para ello.
-¿Si pasó dos iniciaciones en dos años significaba que ya las había alcanzado en otra vida anterior?
-Así es. Estaba "recordando" o "recapitulando" lo conseguido anteriormente.
-Estoy viendo –dijo Charles- que todo lo que nos cuentas no está comprobado científicamente, pero tal vez es porque nadie se ha preocupado hasta ahora, en lo que atañe al mundo científico, de estudiarlo en serio. Sin embargo da la impresión de que tenían sus propios métodos empíricos.
-Así es –respondió Xavier. Una afirmación no puede ser gratuita, o mejor expresado aún, el aspirante a la iniciación puede albergar dudas de la ley de causa y efecto, pero el iniciado que le supervisa, sabe perfectamente que a cada iniciación corresponden unos determinados atributos, poderes, dominios, controles...
-Preparaos -dijo solemnemente Charles.
-¿Qué ocurre?-preguntó, alarmado, Xavier.
-Me he comprado la Biblia y un ejemplar de los evangelios apócrifos.
Francisco y Xavier le miraron sonriendo.
-¡Brrrrrr, qué miedo! –le hizo una cariñosa burla Xavier.
-Sí, tú ríete, que me voy a transformar en un experto y prepararé una lista de preguntas.
-Pero ese día pagarás tú la cuenta -bromeó el padre Francisco.
-Ya puedes pedirle permiso al Rector, necesitarás tres noches seguidas para contestarlas.
Las conversaciones con sus amigos llenaban el corazón anhelante del científico, mostrándose cada vez más alegre. Lejos quedaban la muerte de sus padres y esposa y su corazón, que estaba rejuveneciendo, saltaba de gozo sabiendo que tenía dos grandes amigos.
-Vamos a perder el autobús a Barcelona-cortó Xavier.
-¡Es verdad! –Saltó de la silla Francisco- ¡Vamos!
El tiempo había transcurrido rápidamente, demasiado, y Francisco llevó a sus amigos a la estación, les despidió con la mano, observó cómo desaparecían en la oscuridad y sonrió. Era, simplemente, feliz.


Capítulo 28

La tentación III


No había encontrado el momento oportuno para hablar al señor marqués sobre el amor de Ángela y Juan. Y menos mal que no lo había hecho, pues tal y como había sugerido su superior, era una relación que el padre de la enamorada deseaba impedir a toda costa.
Y ahí estaba él, sumergido en la duda.
¿Debería aconsejar, e incluso sugerir, a Ángela que desobedecer a su padre no era propio de un alma cristiana?
¿Debería insinuar a la joven que muy probablemente sería infeliz en un matrimonio que había empezado con tan mal pie?
¿Debería hacer que creyese algo en lo que él mismo no creía?
¿Se debía traicionar a sí mismo para que la Iglesia consiguiese una hacienda tan importante?
¿Debería mentir o escamotear la verdad para bien de todos los futuros seminaristas o congregaciones que pudiesen beneficiarse de tan importante donación?
¿Estaba el poder de la Iglesia por encima del amor de dos jóvenes?
Aquella noche fue demasiado larga para el padre Francisco. Cuando eran las cuatro de la mañana pudo conciliar el sueño y a las siete salió de nuevo al encuentro de la naturaleza. Y lo vio todo claro. Él no era nada más que una pieza en el engranaje todopoderoso de la Iglesia. Debía obediencia a sus superiores. Y la sugerencia de monseñor era, simplemente, una orden. Por la tarde, rogaría a la joven Ángela que obedeciese a su padre. Eso es todo lo que podía hacer. Tampoco estaba en la Edad Media para amenazarla con el infierno y el fuego eterno.
Y con estas últimas frases se rió. No importaba en qué difícil circunstancia pudiera encontrarse, al final, en su cerebro, siempre aparecía algo gracioso. Y la verdad, las palabras "infierno" y "fuego eterno" le hicieron sonreír.
La misa transcurrió como siempre, y cuando se encontraba envolviendo la estola en la casulla escuchó una vocecita que le llamaba desde la puerta de la sacristía
-Padre...
-¡Ángela! -exclamó sorprendido el sacerdote.
-Hola -continuó la joven con voz tímida.
-¡Qué sorpresa!
-Me lo imagino, padre. Les presento a Juan y nuestros dos amigos José y Teresa.
El párroco dio la mano a los tres, y como una centella pasó por su mente el asunto al qué venían.
-¿Qué deseáis?
-Padre –dijo Ángela-. Deseamos casarnos.
El joven cura se sintió desarmado por la cara de Ángela. De nada valía todo lo que había meditado la noche anterior.

Muy lejos quedaba la conclusión que había extraído en su meditación matutina.
-¿Eres mayor de edad? –le preguntó casi por preguntar.
-Sí padre. Ambos los somos. Le hemos traído la partida de nacimiento y el certificado de bautismo.
-¿Sabes en qué lío nos estamos metiendo?
Ángela le miró, Juan le miró. El padre Francisco vio más allá de sus caras. Penetró en el fondo de sus ojos... y halló el diamante más hermoso que los humanos pueden encontrar en el fondo de su corazón. Percibió un amor como es cantado por los más grandes poetas y líricos. Supo que si hubiese estado Jesucristo en su lugar, lo habría aprobado. Visualizó cómo los fariseos se habrían ensañado con él.
Habían transcurrido treinta segundos de silencio, cuando Ángela le sacó de su profundo ensimismamiento.
¿Sí?
¿Padre?
¿Nos puede casar?
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