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domingo, 7 de febrero de 2016

EL PRIMER LIBRO DE ADAN Y EVA , Parte 1 y 2

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CAPITULO I
El mar de cristal, Dios expulsa a Adán y Eva del Edén, para vivir en la Cueva de Tesoros
1 En el tercer día de la Creación, Dios plantó el jardín del Edén en la parte oriental de la tierra, en la frontera del mundo hacia el este, más allá de donde sale el sol y donde se encuentra nada más que agua, que abarca todo el mundo, y llega a la fronteras de los cielos.
2 Y al norte del jardín hay un mar de agua, clara y pura para el paladar, a diferencia de cualquier otra cosa, a fin de que, a través de la claridad, uno pueda ver en las profundidades de la tierra.
3 Y cuando un hombre se lava a sí mismo en ella, se convierte en limpio en su limpieza, y blanco en su blancura, incluso si fuera oscuro.
4 Y Dios creó ese mar a su buen parecer, porque él sabía lo que el hombre haría, y así una vez salido del jardín, con motivo de su transgresión, los hombres deberían nacer en la tierra.
Entre ellos se encontrarán los justos que va a morir, y cuyas almas irán a Dios, y regresarán en el último día y volverán a su carne, y se bañarán en las aguas de ese mar, y se arrepentirán de sus
pecados.
Pero cuando Dios echó a Adán del jardín, Él no lo ubicó en la frontera norte del mismo, para que él y Eva no puedan acercarse al mar de agua donde pudieran lavarse en ella y ser limpiados de sus pecados, y así borrar la transgresión que habían cometido y luego no se acuerden de su
castigo.
6 En cuanto a la parte sur del jardín, Dios no quiso que Adán viviera allí, porque, cuando el viento sople desde el norte, hacia el sur, Adán recibiría el grato olor de los árboles del jardín.
Por lo cual Dios no puso a Adán y a Eva, en el lado sur, para que no fueran capaces de oler su dulce aroma y olvidar a sí su transgresión y encuentren consuelo en el aroma y no se limpien de su pecado.
Una vez más, Dios, que es misericordioso y de gran lástima, y que gobierna todas las cosas de la manera que sólo él sabe; hizo que nuestro padre Adán viva en la frontera occidental del jardín, porque en ese lado de la tierra, hay un territorio amplio.
Y Dios los mandó a vivir allí, en una cueva, dentro de una gran roca, llamada la Cueva de los Tesoros, que se encontraba por debajo del jardín.
Capítulo II
Adán y Eva, débiles cuando dejan el Jardín. Dios envía su Palabra para alentarlos.
1 Sin embargo, cuando nuestro padre Adán y Eva, salieron del jardín, caminaron la tierra con sus pies, sin saber que estaban caminando.
2 Y cuando llegaron a la apertura de la puerta del jardín, y vieron la amplia extensión de tierra ante ellos, cubierta con piedras grandes y pequeñas, y con arena, temían y temblaban, cayendo sobre sus rostros, por el temor que les sobrevino, y quedaron como muertos.
3 Dado que hasta este momento habían estado en la tierra del jardín, bellamente plantado con todo tipo de árboles, ahora veían a sí mismos, una tierra extraña, que no conocían y nunca habían visto.
4 Además se encontraban en el jardín, llenos de la gracia y de una brillante naturaleza, y no habían vuelto sus corazones hacia las cosas terrenales.
5 Por esto, Dios, tuvo piedad de ellos, y cuando los vio disminuidos ante la puerta del jardín, les envió Su Palabra a nuestro padre, Adán y a Eva, en su estado caído.
Capítulo III
En cuanto a la promesa de los grandes cinco días y medio.
1 Y Dios dijo a Adán, “he ordenado sobre esta tierra, días y años, y tú y tu descendencia vivirán en pie, en ella, hasta que los días y años se cumplan, cuando las Palabras que te crearon, y las que te hicieron salir del jardín, tras tu transgresión, sean pronunciadas,
2 Sí, cuando la Palabra se guarde de nuevo, pasados los cinco días y medio y se vean
cumplidos”.
3 Cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, y de los grandes cinco días y medio, no pudo entender el significado de ellos.
4 Adán estaba pensando que solo habría, cinco días y medio desde él, hasta el fin del mundo.
5 Y Adán gritó, y oró a Dios para que se le explicara esto.
6 Entonces Dios en su misericordia para con Adán, que lo hizo a su propia imagen y semejanza, le explicó, que estos cinco días y medio, son realmente 5500 años, y cómo es que vendría y lo salvaría a El y a sus descendientes.
7 Pero antes de todo esto, Dios hizo un pacto con nuestro padre Adán, en los mismos términos, antes de que saliera del jardín, en el árbol de donde Eva tomó del fruto y se lo dio a él para que coma.
8 Porque, cuando nuestro padre Adán salió del jardín, pasó por donde estaba este árbol, y vio cómo Dios le había cambiado la apariencia, dándole otra forma, una forma arrugada.
9 Y como Adán salió hacia donde temía, temblando cayó, y Dios en su misericordia le levantó, y luego hizo este pacto con él.
10 Y otra vez, cuando Adán fue por la puerta del jardín, y vio al querubín con una espada de fuego parpadeante en la mano, y que el querubín crecía enfadado y lo veía mal, tanto a Adán como a Eva, le tuvo mucho temor, y pensó si esto significaba la muerte. Así que cayeron sobre sus rostros, temblando de miedo.
11 Pero en realidad, el ángel tenía pena por ellos y mostrando misericordia, subió al cielo y orando al Señor, dijo: 12 “Señor, me enviaste a ver la puerta del jardín, con una espada de fuego.
13 Pero cuando tus siervos, Adán y Eva, me vieron, cayeron sobre sus rostros, y estuvieron muertos de miedo. ¡Oh mi Señor! ¿Qué vamos a hacer con tus siervos?
14 Entonces Dios tuvo piedad de ellos, y les mostró misericordia, y envió a su ángel para
mantener el jardín.
15 Y la Palabra del Señor vino a Adán y Eva,
16 Y les dijo: Adán te dije que al final de los cinco días y medio, iba a enviar mi Palabra,
17 Fortalece tu corazón, por tanto, y permanece en la Cueva de los Tesoros, de la que te he hablado, 18 Cuando Adán escuchó esta Palabra de Dios, fue confortado por las palabras que Dios le había dicho, también le dijo la forma en que lo salvaría.
Capítulo IV
Adán llora sobre el cambio de condiciones. Adán y Eva entran en la Cueva de Tesoros.
1 Sin embargo, Adán y Eva lloraron por haber salido del jardín, su primera casa.
2 Y de hecho, cuando Adán miró que su carne fue alterada, lloraba amargamente junto con Eva, por lo que habían hecho.
Y ellos caminaron y se dirigieron suavemente hacia abajo en la Cueva de Tesoros.
3 Y cuando la vieron, Adán gritó sobre sí mismo y dijo a Eva, ¡Mira esta cueva, parece una cárcel de castigo para nosotros en este mundo!
4 ¿Qué es esto en comparación con el jardín? ¿No hay aquí tanta estrechez comparándola con el espacio que tiene lo demás?
5 ¿Qué es esta piedra, por el lado de los huertos? ¿Cuál es la oscuridad de esta caverna, encomparación con la luz del jardín? 
6 ¿Qué es esta cornisa de roca que protege a la vivienda, en comparación con la misericordia del Señor que nos rodeaba?
7 ¿Cuál es el suelo de esta cueva en comparación con el jardín del Edén? Esta tierra, está llena de piedras, en cambio en el jardín estaban plantados todo tipo de árboles frutales deliciosos?
8 Y dijo Adán a Eva. Nuestros ojos antes miraban ángeles alabando en el cielo, y ellos también a nosotros, sin cesar.
9 Pero ahora no vemos como lo hacíamos; nuestros ojos se han vuelto de carne y no pueden ver como antes.
10 dice de nuevo Adán a Eva, ¿Cuál es nuestro cuerpo el día de hoy, en comparación con lo que fue en los antiguos días, cuando vivíamos en el jardín?”
11 Después de esto, Adán no quiso entrar en la cueva, mirando el marco de roca, no se atrevía cruzarlo para entrar. 
12 Pero él plegado a las órdenes de Dios, se dice a sí mismo, Si no entro en la cueva, seré una vez más un transgresor.
Capítulo V
Eva hace una noble y emocional intercesión, sintiendo la culpa de todo lo sucedido.
1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, y estaban rezando, en su propia lengua, que para nosotros es desconocida, pero que ellos conocían bien.
2 Y cuando oraban, Adán levantó sus ojos y vio la piedra y el techo de la cueva que les cubría y les impedía ver el cielo y a las criaturas de Dios; así que se puso a llorar y golpeando con fuerza sobre su pecho, cayó al suelo como muerto.
3 Y Eva, se sentó llorando a su lado, porque ella creyó que estaba muerto.
4 Entonces levantándose, dirige sus manos hacia Dios, y apela a Él, pidiéndole misericordia y piedad, diciendo: “Oh Dios, perdona mi pecado, el pecado que he cometido, y no te acuerdes de él ni te pongas en mi contra.
5 Porque yo he sido la causante de que tu siervo caiga en el jardín, y que estemos condenados en esta tierra; de que hayamos pasado de la luz, a esta oscuridad, y de la casa de alegría, a esta prisión.
6 Oh Dios, mira a tu siervo, caído de esta manera, y llévalo de vuelta a la vida, que pueda llorar y arrepentirse de su transgresión que cometió a través mío.
7 No te lleves su alma en este momento, permítele vivir y que pueda arrepentirse y hacer tu voluntad, como antes de su muerte.
8 Pero si no deseas devolverle la vida, entonces, Oh Señor y Dios, lleva mi alma también y no me dejes en este calabozo, porque yo no podría estar sola, sin él, en este mundo.
9 porque tú, oh Dios, lo hiciste caer en un profundo sueño, y tomaste un hueso de su costado, y restableciste la carne en el lugar de ella, por tu poder divino,
10 Y me tomaste de su hueso, y me hiciste una mujer, brillante como él, con el corazón, la razóny y el habla y en carne, igual que a él, y me hiciste después a la semejanza de su aspecto, por tu misericordia y tu poder.
11 Oh Señor, él y yo somos uno, y tú, oh Dios, Creador nuestro, es Él que nos ha hecho en un día.
12 Por lo tanto, Oh Dios, devuélvele la vida, para que pueda estar conmigo en esta extraña tierra, por el tiempo que vivamos en ella, como castigo a nuestra transgresión.
13 Pero si no vas a darle vida, entonces llévame como a él; para que ambos podamos morir el mismo día.
14 Y Eva lloró amargamente, y cayó sobre nuestro padre Adán; en su gran dolor.
Capítulo VI
Amonestación de Dios a Adán y a Eva en el que señala cómo y por qué pecaron.
1 Y Dios los miró, pues estaban tendidos en el suelo como muertos, debido a su gran dolor.
2 Y decidió aumentarles su comodidad.
3 Por lo tanto, envió Dios su Palabra; y les mandó que se pusieran de pié de inmediato.
4 Y el Señor dijo a Adán y a Eva: Ustedes han transgredido por su propia y libre voluntad, y salieron del jardín en el que yo los había colocado.
5 Por su propia y libre voluntad han transgredido a través de su deseo por la divinidad, la grandeza, y un estado exaltado, como el que tengo, así que yo les privé de la  aturaleza brillante, que entonces tenían, y los hice salir del jardín, a esta tierra, áspera y llena de problemas.
6 Si tan sólo no hubieran transgredido mi mandamiento y habrían guardado mi derecho, y no hubieran comido del fruto del árbol que le dije que no comieran, pues habían árboles frutales en el jardín, unos mejores que otros.
7 Pero el malvado Satanás no mantuvo su fe y no tenía buenas intenciones hacia mí, y a pesar que yo lo había creado, me consideró inútil, y solicitó la Divinidad para sí mismo; por esto yo lo arrojé del cielo, pues ya no podía permanecer en su primera morada.
El fue el que hizo el árbol agradable a sus ojos, hasta que comieron, creyendo en sus palabras.
8 Así fue transgredido Mi mandamiento, por lo tanto, he traído a usted todos estos dolores.
9 Porque yo soy Dios el Creador, que, cuando creé a mis criaturas, no tuve la intención de destruirlas. Sin embargo, después de haber despertado tanto mi enojo, los castigué con graves plagas, hasta que se arrepientan.
10 Pero, si por el contrario, siguen endureciendo su corazón, en su transgresión, estarán bajo maldición para siempre
Capítulo VII
Las bestias se aplacaron.
1 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, lloraron y se entristecieron aún más, pero Dios trajo fortalecimiento a sus corazones, pues ahora sentí que el Señor era para ellos como un padre y una madre, y por esta misma razón, lloraron ante Él, y le pidieron misericordia.
2 Entonces Dios tuvo piedad de ellos, y les dijo: “¡Oh Adán, he hecho mi pacto con ustedes, y no voy a cambiar, ni voy a dejar que vuelvan al jardín, hasta que mi pacto de los grandes cinco y medio días se cumpla! “
3 Entonces dijo Adán a Dios: Señor, nos creaste y nos hiciste aptos para estar en el jardín, y antes de que transgrediéramos tu mandamiento, hiciste que todas las bestias vengan a mí, para que les ponga nombre.
4 Tu gracia fue entonces sobre mí y nombré a cada uno de acuerdo a tu mente, e hiciste que todos ellos estén sujetos a mí.
5 Pero ahora, oh Señor Dios, que he transgredido tu mandamiento, todas las bestias se pondrán en contra mío y me van a devorar, y también a Eva tu sierva, y les cortaste la vida de la faz de la tierra.
6 Por lo tanto, te ruego, oh Dios, que nos has hecho salir del jardín, y nos has hecho estar en esta tierra extraña, no dejes que las bestias nos ataquen.
7 Cuando el Señor escuchó estas palabras de Adán, sintió piedad de él, porque lo que Adán dijo respecto a que las bestias del campo los atacarían era cierto, debido a que Dios estaba enojado por la transgresión que ellos cometieron.
8 Entonces Dios mandó a las bestias, y a las aves, y a todo lo que se mueve sobre la tierra, que vengan a donde Adán y se familiaricen con él, y que no tengan problemas con él y con Eva, ni con ninguno de sus hijos buenos y justos.
9 Entonces todas las bestias rindieron homenaje a Adán, según el mandamiento de Dios, excepto la serpiente, contra la que Dios estaba enojado y no llegó a Adán, con las bestias.
Capítulo VIII
La naturaleza brillante del hombre es quitada.
1 Entonces Adán lloró y dijo: “Oh Dios, cuando vivíamos en el jardín, nuestros corazones se alegraban porque veíamos a los ángeles cantando alabanzas en el cielo, pero ahora no podemos ver como antes y cuando entramos en esa cueva toda la creación se nos fue oculta y no la podemos apreciar. “
2 Entonces el Señor Dios dijo a Adán, “Cuando estaban sometidos a mí, ustedes tenían una naturaleza brillante por dentro, por esta razón podían ver las cosas celestiales.
Pero después de su transgresión, su naturaleza brillante les fue quitada y ya no pueden ver las cosas celestiales, solo lo que es de la tierra y que está al alcance de sus manos, la capacidad de la carne, que es brutal.” 
3 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, referente a su camino, lo alabaron y adoraron con un corazón triste.
4 Y Dios se apartó de ellos.
Capítulo IX
El agua de El Árbol de la Vida. Adán y Eva, cerca de ahogamiento.
1 Entonces Adán y Eva salieron de la cueva de los tesoros, y se dirigieron cerca de la puerta del jardín, y allí se echaron a llorar pues solo habían llegado a las afueras, mas no pudieron entrar.
2 Adán y Eva fueron a la puerta sur del jardín, y encontraron allí el agua que regaba el jardín, desde la raíz del árbol de la vida, y que se divide de allí en cuatro ríos de la tierra.
3 Se dirigieron cerca del agua, aguardando, y vieron que era el agua que daba vida a la raíz del árbol de la vida en el jardín.
4 Y lloraba Adán amargamente, y golpeó su pecho, por haber sido echado del jardín, y dijo a Eva:
5 ¿Por qué has traído sobre mí, sobre ti y principalmente sobre nuestros descendientes, estas plagas y castigos?
6 Y Eva le dijo: ¿Qué es lo que has visto que te ha causado tal tristeza y te ha hecho hablarme de esta manera?
7 Respondiéndole Adán, le dijo, ¿no ves esta agua que estuvo con nosotros en el jardín y que regaba los árboles del jardín, y se divide en ramas?
8 Y nosotros, cuando estábamos en el jardín, no nos preocupábamos por él, pero desde que vinimos a esta tierra extraña, todo ha sido difícil y hasta lo necesitamos para nuestro cuerpo.
9 Pero cuando Eva escuchó estas palabras, lloró, y era tanto el dolor de su llanto, que cayeron en el agua, y quedándose tendidos en el agua, empezaron a ahogarse, pues así estaba estipulado que la vida de los seres debía terminar de alguna manera.
Capítulo X
Su cuerpo necesita agua después de salir del jardín.
1 Entonces Dios, que es clemente y misericordioso, extiende su mano en el agua, y viendo que estaban cerca de la muerte, envía a su ángel, el cual los sacó del agua y los llevó a la orilla y estaban como muertos.
2 Entonces el ángel subió a Dios y dijo: “Oh Dios, tus criaturas han dado su último respiro”
3 Entonces Dios envió a Su Palabra a Adán y Eva, y los levantó de la muerte.
4 Y dijo Adán, después de haberse levantado, “Oh Dios, mientras nosotros estábamos en el jardín, no necesitábamos del agua, pero desde que vinimos a esta tierra no podemos vivir sin ella.”
5 Entonces Dios dijo a Adán, “Mientras ustedes estaban en obediencia a mí y eran como un ángel brillante, no sabían de esta agua.
6 Pero ahora que han transgredido mi mandamiento, no pueden hacer nada sin el agua, pues la necesitan para lavar su cuerpo y hacerlo crecer, por ahora es igual que la de las bestias, y es por falta de agua. “
7 Cuando Adán y Eva escucharon estas palabras de Dios, exclamaron con un grito amargo, y Adán suplicó a Dios que les permitiera regresar al jardín, y les dé una segunda oportunidad.
8 Dios le dijo a Adán, “te he hecho una promesa, cuando esa promesa se haya cumplido, yo te llevaré de nuevo al jardín, a ti y a tus descendientes justos”.
9 Y Dios dejó de hablar con Adán.
Capítulo XI
Un recuerdo de los gloriosos días en el Jardín.
2 Y dijo Adán a Eva: “No vamos a beber de esta agua, aunque tengamos que morir.
Oh! Eva, cuando esta agua entra en nuestro interior, nos aumenta nuestras penas y la de nuestros descendientes.”
3 Tanto Adán como Eva se alejaron del agua y sin probar de ella entraron en la cueva de los Tesoros.
4 Ya adentro, Adán no podía ver a Eva, ni Eva podía ver a Adán, por la profunda oscuridad que allí había, solamente escuchaban los ruidos que hacían.
5 Entonces gritó Adán, en una profunda aflicción, y se golpeó el pecho, y levantándose dijo a Eva, “¿Dónde estás?”
6 Y ella le dijo: “estoy de pie en esta oscuridad”.
7 A continuación, le dijo, “Recuerdo la naturaleza brillante que teníamos cuando vivíamos en el jardín”
8 ¡Oh Eva! Recuerdo que la gloria descansaba sobre nosotros en el jardín.
¡Oh Eva! Recuerdo que los árboles nos tapaban en el jardín mientras nos mudamos entre ellos.
9 ¡Oh Eva! Recuerdo que mientras estábamos en el jardín, no conocíamos ni el día ni la noche.
Pienso en el Árbol de la Vida, debajo del cual fluía el agua, y que arrojaba sobre nosotros mas luz. Recuerdo, ¡Oh Eva!, la tierra del jardín, y el brillo del mismo.
10 En el jardín no había oscuridad, mientras vivíamos en el.
11 Pero ahora que hemos entrado a esta Cueva de los Tesoros, la oscuridad nos rodea por todas partes y no podemos vernos el uno al otro y todo el placer de esta vida ha llegado a su fin.
Capítulo XII
¿Cómo llegó la oscuridad entre Adán y Eva?
1 Entonces Adán se golpeó el pecho, El y Eva, lloraron toda la noche hasta que rompió el
amanecer y suspiraron a lo largo de toda la noche.
2 Y Adán golpeándose a sí mismo, se tiró sobre el terreno en la cueva, lleno de amargo dolor, y debido a la oscuridad, y se mantuvo allí como muerto.
3 Y Eva escuchó el ruido que hizo Adán al caer sobre el terreno. Y tanteando, lo toca y lo siente frío como si fuera un cadáver.
4 Entonces con miedo se quedó sin palabras, y se mantuvo cerca de él.
5 Pero el Señor que es misericordioso aguardaba a Adán y Eva en el silencio de la oscuridad.
6 Y la Palabra de Dios vino a Adán y le levantó de su estado, y abrió la boca de Eva para que hablar.
7 Adán se puso de pie en la cueva y dijo: “Oh Dios, ¿por qué se ha ido la luz de nosotros y ha llegado la oscuridad? ¿Por qué nos dejas en esta larga oscuridad? ¿Por qué dura esta peste?
8 Y esta oscuridad, oh Señor, ¿dónde estaba antes? no podíamos vernos entre sí.
9 En todo el tiempo que estuvimos en el jardín no la vimos, ni siquiera sabíamos que existía, Eva no me era oculta, ni yo a ella y no había oscuridad que nos separara.
10 Tanto ella, como yo, estábamos ambos en una luz brillante. La veía y me veía.
Sin embargo, ahora, dentro de esta cueva, la oscuridad nos ha cubierto, y nos separa el uno del otro, y no podemos vernos.
11 Oh Señor, ¿entonces es una plaga esta oscuridad? “
Capítulo XIII
La caída de Adán. ¿Por qué el día y la noche fueron creados?
1 Entonces cuando Dios, que es misericordioso y lleno de piedad, escuchó la voz de Adán, le dijo:
2 ¡Oh Adán, siempre, cuando el ángel bueno me era obediente, una luz brillante recaía sobre él y sobre sus anfitriones.
3 Pero cuando transgredió Mi mandamiento, yo le privé de ese carácter brillante, y se convirtió en oscuridad.
4 Y cuando él estaba en los cielos, en los reinos de la luz, él no sabía nada de oscuridad.
5 Pero él transgredió, y le hice caer del cielo a la tierra, y esta oscuridad es la que venía con él.
6 Y Tú, oh Adán, mientras estabas en mi jardín y eras obediente a mí, la luz brillante de descanso era sobre ti también.
7 Pero cuando me enteré de tu transgresión, te privé de esta luz brillante.
Sin embargo, por Mi misericordia, Yo no te convertiré en oscuridad, pero te he hecho un cuerpo de carne, y te di una piel que pueda soportar el frío y el calor.
8 Si yo hubiera dejado que toda mi ira caiga sobre ti y sobre Eva, entonces los hubiera destruido convirtiéndolos en oscuridad y hubiera sido como si los hubiese matado.
9 Pero en mi misericordia, te he hecho así como eres ahora y aún cuando transgrediste mi mandamiento, te saqué del paraíso, te mandé a esta tierra y te ordené que entraras en esta cueva, la que se llama la Cueva de los Tesoros, con la oscuridad a la que te refieres.
10 Esta oscuridad, ¡Oh Adán!, es la noche y que no te engañe, no dura para siempre, solo doce horas y cuando haya terminado, volverá el día.
11 No te aflijas y no te turbes y no digas en tu corazón que esta oscuridad es larga y que te envié una peste.
12 Fortalece tu corazón, y que no tenga miedo. Esta oscuridad no es un castigo. Pero, oh Adán, he hecho el día, y hemos puesto el sol en ella para dar luz, con el fin de que tu y tus hijos puedan hacer su trabajo.
13 Porque yo sabía que habría pecado y transgresión y que saldrías a esta tierra. Sin embargo hablemos sobre tu caída y tu salida del jardín y tu entrada a esta tierra.
14 Te hice de la luz y he querido poner esto de manifiesto a los hijos de la luz y a ti así como eres.
15 Pero un día no se guardó mi mandamiento, después que había terminado la creación y vi que todo era bueno y lo bendije.
16 Entonces, en relación con el árbol, yo te mandé que no comieras de él; sin embargo Satanás que es engañador por sí mismo, te engañó a ti también.
17 Yo te di a conocer la existencia de este árbol, no para que te acerques a él, y te dije que no comieras de su fruto, ni que gustes de él, ni aún que lo veas atractivo ni codiciable.
18 Pero si yo no te hubiera dicho sobre este árbol, ni te hubiera puesto un mandamiento sobre él y hubieras comido del fruto, hubieras pecado, esto sería un delito mío por no haberte dado una orden y toda la culpa sería solamente mía.
19 Pero yo te mandé, y te advertí y caíste. Así mis criaturas no me pueden culpar y la culpa cae solo sobre ellos.
20 Y, oh Adán, he hecho el día para que tú y tu descendencia pueda trabajar.
Y he hecho la noche para que descansen de sus trabajos, y para que las bestias del campo puedan ir por la noche a buscar sus alimentos.
21 La oscuridad de la noche seguirá un poco más, oh Adán, la luz del día pronto aparecerá.
Capítulo XIV
La primera profecía de la venida de Cristo.
1 A continuación, Adán dijo a Dios: “Oh Señor, tome usted mi alma, y quisiera no ver este pesimismo más, o me retírame a algún lugar donde no haya oscuridad”.
2 Pero el Señor Dios dijo a Adán, “De hecho yo te digo que esta oscuridad pasará sobre ti, todos los días que he determinado sobre ti, hasta el cumplimiento de mi pacto, cuando te traiga de vuelta a este lugar, y tendrás una casa de luz que durará por siempre, y en ella no habrá oscuridad, yo te llevaré al reino de los cielos.”
3 Una vez más dijo Dios a Adán, “Toda esta miseria que ha caído sobre ti a causa de tu
transgresión, no te libra de la mano de Satanás ni te puede salvar”.
4 Pero yo lo haré, yo te salvaré, cuando baje del cielo y me convierta en carne como la de tus descendientes y sufriré de lo mismo que tu sufres, y entonces esta oscuridad que ahora sientes en esta cueva yo la llevaré a la tumba, cuando venga entre tus descendientes.
5 Y yo, que estoy sin años, estaré sujeto a la cuenta de los años, de los tiempos, de los meses y de los días y voy a ser contado como un hijo más de los hombres, con el fin de salvar.
6 Y Dios dejó de hablar con Adán.
* Referencia: Juan 12:46
Capítulo XV
Adán y Eva de luto por el sufrimiento de Dios para salvarlos de sus pecados.
1 Entonces Adán y Eva lloraron y se lamentaron tremendamente por lo que Dios les había dicho, de que no volverían al paraíso hasta que el pacto de Dios se cumpla y sobre todo porque Dios mismo bajará a la tierra de los hombres donde sufrirá para salvarnos.
Capítulo XVI
La primera salida del sol.
1 Después de esto, Adán y Eva siguieron de pie en la cueva, rezando y llorando, hasta que la mañana amaneció sobre ellos.
2 Y cuando vieron que la luz volvió a ellos, el miedo se apartó y sus corazones se fortalecieron.
3 Luego Adán empezó a salir de la cueva y cuando llegó a la entrada y su rostro estaba hacia el este, vió la salida del sol con sus rayos luminosos y sentían su calor en sus cuerpos y tuvo miedo de él y pensó en su corazón que las llamas eran una plaga.
4 lloró y golpeando su pecho cayó sobre el terreno con su rostro en tierra y oró diciendo:
5 “Oh Señor, quita esta plaga que me consume y lleva mi vida de la tierra.
6 Pues él pensaba que el sol era Dios,
7 Porque mientras se encontraba en el jardín y escuchaba la voz de Dios y el sonido que hacía en el jardín, le temía.
Adán nunca había visto la luz brillante del sol ni tampoco había sentido su calor sobre su cuerpo.
8 Por eso tenía miedo del sol cuando los rayos de fuego llegaron a él llegó a él. A su juicio, significaba que Dios había decretado esta plaga para él todos los días.
9 Adán también pensaba que como Dios no le había mandado la plaga de la oscuridad, entonces le había mandado este calor para que los queme.
10 Pero mientras él estaba pensando estas cosas en su corazón, la Palabra de Dios vino a él y dijo:
11 “Oh Adán, hasta llegar a sus pies. Este sol no es Dios, sino que ha sido creado para dar luz durante el día, lo que te dije en la cueva “que el amanecer vendría, y habría luz de día. “
12 Pero yo soy Dios que te conforté durante la noche. “
13 Y Dios dejó de hablar con Adán.
Capítulo XVII
El capítulo de la serpiente.
1 Adán y Eva salieron a la puerta de la cueva, y se dirigieron hacia el jardín.
2 Y a medida que se iban acercando a la puerta occidental, donde Satanás los engañó y se dieron cuenta de que la serpiente se convirtió en Satanás, lamiendo el polvo y arrastrándose sobre el, con la maldición que Dios le dio.
3 Y antes la serpiente era el más exaltado de todos los animales, ahora se cambió y se convirtió en resbaladiza, y el peor de todos ellos, y deslizándose sobre su pecho, se dirigió en su vientre.
4 Y fue la manera más justa de juzgarla entre los animales, pues ahora es la mas horrible de las bestias y en lugar de alimentarse de la mejor comida ahora come polvo y en lugar de vivir en los mejores lugares como antes, ahora vive en el polvo.
5 Había sido la más hermosa de todas las bestias, todo lo cual era mudo en su belleza, es ahora aborrecido de ellos.
6 Y, de nuevo, mientras que vivía en una hermosa casa, diferente al resto de los animales que venían de otros lugares y bebía de la misma fuente que los demás, ahora, por su veneno los animales ya no se acercan a su casa ni beben de la misma fuente.
Capítulo XVIII
El mortal combate con la serpiente.
1 Cuando la maldita serpiente que había aumentado su cola y estaba unida a la cabeza, vio Adán y a Eva, sus ojos se pusieron rojos de sangre, y actuó como si fuera a matarlos.
2 Fue directo a Eva y corrió tras ella, mientras que Adán estando de pié, grito porque no tenía un palo en su mano y no sabía cómo matar a un animal.
3 Pero con un corazón ardiente por Eva, Adán se acercó a la serpiente, y la cogió por la cola, este luego se volteó y les dijo:
4 “Oh Adán, por ti y por Eva, ahora me arrastro sobre mi vientre. Luego, con su gran fuerza, tiró abajo a Adán y a Eva y los apretaba intentando matarlos.
5 Pero Dios envió un ángel que arrojó a la serpiente fuera de ellos, y los restauró.
6 Entonces la Palabra de Dios vino a la serpiente, y dijo: la primera vez solo te hice arrastrarte sobre tu vientre, pero no te quité la expresión,
7 Esta vez, sin embargo, te quitaré la facultad de hablar y estarás muda, ya que en la primera vez, hiciste que mis criaturas fueran arruinadas y ahora has intentado matarlas.
8 Entonces la serpiente quedó muda y no pudo hablar más.
9 Y un viento soplaba hacia abajo desde el cielo por el mandato de Dios y se llevó a la serpiente lejos de Adán y Eva, cayendo a las orillas del mar, donde hoy es la India.
Capítulo XIX
Las bestias se someten a Adán.
1 Sin embargo, Adán y Eva lloraron ante Dios. Y Adán dijo:
2 “Oh Señor, cuando yo estaba en la cueva, te dije: mi Señor, las bestias del campo se levantarán contra mi e intentarán devorarme, cortando mis días en la tierra.”
3 Adán decía esto por lo que le había acontecido y se golpeaba el pecho y tanto era su lamento que cayó al suelo como muerto. Luego la Palabra de Dios vino a él, y lo levantó y le dijo:
4 “Oh! Adán, ninguna de estas bestias será capaz de atacarte, he hecho venir a las bestias a la cueva cerca de ti, y no dejaré que la serpiente esté entre ellas, la he hecho temblar y que tenga temor de ustedes en su corazón..
5 Porque yo sabía que el maldito es un malvado, por eso no dejaré que venga a ustedes junto con las otras bestias.
6 Pero ahora fortalece tu corazón y no tengas miedo. Yo estoy con ustedes hasta el final del tiempo determinado.
Capítulo XX
Adam desea proteger Eva.
1 Entonces Adán llorando dijo: “Oh Dios, llévanos lejos de aquí, a algún otro lugar, donde la serpiente no se nos acerque y se levante contra nosotros,” esto decía porque temía que la serpiente encontrara a Eva sola y la matara porque sus ojos la miraban para mal.
2 Pero Dios dijo a Adán y a Eva, “De ahora en adelante, no tengan miedo, no dejaré que se les acerque, me la he llevado muy lejos y le e quitado la capacidad de dañarlos.
3 Entonces Adán y Eva adoraron ante Dios y le dieron gracias, y le alabaron por haberlos librado de la muerte.
Capítulo XXI
Adán y Eva intentan suicidarse.
1 Entonces Adán y Eva fueron en busca del jardín.
2 Y el calor era tan fuerte que parecía llama de fuego en sus rostros y por el intenso calor lloraron delante del Señor.
3 Y lloraban al frente de la puerta occidental del jardín, sobre una montaña.
4 Luego Adán se tiró hacia debajo de la montaña, su rostro y su carne se rasgaron, perdiendo mucha sangre y estaba a punto de morir.
5 Mientras tanto Eva se mantenía de pie en la montaña llorando por él.
6 Y ella dijo: “No quiero vivir después de él, porque todo lo que él ha hecho, ha sido por mi causa.
7 Entonces ella se lanzó también, después de él, y su piel fue desgarrada y arrancada por las piedras y cayó, quedando como muerta.
8 Pero Dios, que es misericordioso, y que ve por sus criaturas, miró a Adán y a Eva, que estaban como muertos, y Él pronunciando Su Palabra, los levantó.
9 Y dijo a Adán, “Oh! Adán, toda esta miseria que has traído a ti mismo, no afectará mi decisión ni va a modificar mi pacto de 5 500 años, como ya dije.”
Capítulo XXII
Adán en un ambiente amable.
1 Luego de haber sido levantado, Adán dijo a Dios: “Yo me seco con este calor y me desmayo estando de pie, no deseo estar en este mundo y no sé hasta cuando me tendrás en este.
2 Entonces el Señor Dios le dijo: “¡Oh Adán, ahora no te sacaré de este mundo, no hasta que hayas cumplido los días que te están designados. Entonces los sacaré fuera de esta tierra.
3 Y Adán dijo a Dios: “Cuando yo estaba en el jardín, no había ni calor, ni debilidad, ni temores, ni miedo, ni había que caminar tanto, pero desde que llegué a esta tierra, solo vivo en aflicción.
4 Entonces Dios dijo a Adán: “Era así porque vivían bajo mis mandamientos, mi luz y mi gracia estaban sobre ti, pero cuando transgrediste mi mandamiento, el dolor y la miseria te han llegado en esta tierra.
5 Y Adán gritó y dijo: “Oh Señor, no me cortes de tu presencia, ni me castigues con fuertes plagas y no me devuelvas según mi pecado, porque nosotros por nuestra voluntad pecamos, transgrediendo tus mandamientos y haciendo caso omiso de tus palabras y haciendo según nuestra voluntad, tratamos de hacernos dioses, queriendo igualarnos a ti porque fuimos engañados por el diablo
6 Entonces Dios dijo a Adán de nuevo, “Porque tu mismo tuviste que soportar el miedo, el temblor, la debilidad, el sufrimiento en esta tierra y tener que caminar tanto pasando esta montaña y morir en ella, yo mismo lo voy a pasar, a fin de salvarte.
Capítulo XXIII
Adán y Eva son fortalecidos y levantan el primer altar
1 Entonces Adán lloró más amargamente diciendo: “Oh Dios, tienes tanta piedad de mi, tanto como para traer sobre ti mismo lo que he hecho.
2 Dios retiró Su Palabra de Adán y Eva. 
3 Entonces Adán y Eva, parados sobre sus pies se fortalecieron así mismos.
4 Luego Adán y Eva tomaron piedras y los pusieron en la forma de un altar, y tomaron las hojas de los árboles que crecían fuera del jardín y con ellas limpiaron las heridas y la sangre que se había derramado sobre la roca
5 Pero la sangre que había caído sobre la arena, que se mezcló junto con el polvo la ofreció en el altar como una ofrenda a Dios.
6 Entonces Adán y Eva estando debajo del altar con gran llanto, oraron a Dios, diciendo: “perdona nuestra intrusión y nuestro pecado, y míranos son ojos de misericordia porque cuando estábamos en el jardín, nuestras alabanzas e himnos estaban delante de ti sin cesar..
7 Pero desde que entramos en esta tierra extraña, los santos elogios ya no salen de nosotros, ni oraciones justas, ni comprensión en nuestros corazones, ni hay dulces pensamientos, ni buenos sentimientos, ni está nuestra brillante naturaleza que teníamos antes, cuando fuimos creados.
8 Sin embargo, ahora al ver nuestra sangre que es ofrecida en estas piedras, acepta esto que está en nuestras manos, al igual que los elogios que hemos utilizado antes para cantarte como en el principio, cuando estábamos en el jardín. “
9 Y Adán comenzó a hacer más peticiones de Dios.
Capítulo XXIV
La profecía de la vida y la muerte de Cristo.
1 Entonces el Dios misericordioso, bueno y amante de los hombres, miró a Adán y a Eva, y vio que habían celebrado una ofrenda con su sangre, sin que él se los hubiese ordenado y se agradó aceptando sus ofrendas.
2 Y Dios envió desde su presencia, un brillante fuego que consumió la ofrenda.
3 El saboreó lo dulce de su ofrenda, y les mostró misericordia.
4 Luego vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: “¡Oh Adán, como has derramado tu sangre, así yo también he de derramar mi sangre cuando me haga carne y camine en medio de tu descendencia y así como moriste, yo también moriré y así como construiste un altar y ofreciste tu sangre, yo también levantaré un altar y ofreceré mi sangre en el.
5 Y como me demandaste el perdón a través de la sangre, yo también voy a hacer que con mi sangre reciban el perdón de los pecados, y borren las transgresiones que cometieren contra mi.
6 Y ahora, he aquí, he aceptado tu ofrenda, oh Adán, pero los días de la alianza que he dicho estoy obligado a cumplir y cuando se cumplan, entonces te voy a traer de vuelta al jardín.
7 Ahora, por lo tanto, fortalece tu corazón, y cuando el dolor venga más sobre ti, hazme una ofrenda, y voy a ser favorable a ti. “
Capítulo XXV
Dios representado como amante y misericordioso. El establecimiento de culto.
1 Sin embargo, Dios sabía que Adán creía que con frecuencia debía quitarse la vida y hacer una ofrenda a Él con su sangre.
2 Por lo tanto le dijo: “¡Oh Adán, no siempre debes matarte como ahora, tirándote de la montaña”
3 Entonces Adán dijo a Dios: “Yo estaba pensando con ponerle fin a mi vida de una vez por haber transgredido tus mandamientos y por haber perdido el hermoso jardín y la luz brillante de la que ahora estoy privado y por no poder alabarte como antes.
4 Sin embargo, en tu bondad, oh Dios, no te has deshecho de mi por completo y has sido
favorable conmigo devolviéndome la vida después de morir.
5 Y así se a hecho saber que eres es un Dios misericordioso, que no quiere que nadie perezca, que le encanta que uno no caiga, y que no condena toda la crueldad, el mal, y por la que seríamos destruidos.”
6 Luego Adán se mantuvo en silencio.
7 Y la Palabra de Dios vino a él, y le bendijo, y reconfortándole, hizo un pacto con él, que Él le guardaría hasta el final del día determinado para él.
8 Este, entonces, fue la primera ofrenda que Adán hizo a Dios, y desde ese día fue su costumbre
hacerlo.
Capítulo XXVI
Una hermosa profecía de la vida eterna y gozo (v. 15). La caída de la noche.
1 Entonces Adán tomó a Eva, y ellos comenzaron a regresar a la Cueva de Tesoros donde vivían.
Pero cuando se iban acercando a ella y la vieron a la distancia, cayó una amarga tristeza sobre Adán y Eva.
2 Entonces dijo Adán a Eva, “Cuando estábamos en la montaña fuimos confortados por la palabra de Dios, cuando conversamos y por la luz maravillosa que nos rodeaba.
3 Pero ahora la Palabra de Dios se esconde de nosotros, y la luz que nos mostró se ha
desvanecido y ahora la oscuridad y la tristeza está sobre nosotros.
4 Y nos vemos obligados a entrar en esta cueva que es como una prisión, en la oscuridad que nos cubre, por lo que estamos separados unos de otros, y no puedes verme, ni yo puedo verte.
5 Cuando Adán decía estas palabras, lloró y levantó las manos ante Dios, porque estaba lleno de tristeza.
6 Y oró a Dios para que el sol aparezca y de su luz y así la oscuridad no caiga sobre ellos y así no tengan que venir a la cueva, y deseaban estar muertos antes que ver la oscuridad.
7 Entonces Dios miró a Adán y a Eva, en su gran pesar, y en todo lo que habían hecho con un corazón ardiente, a observó todos los problemas que estaban pasando a diferencia del antiguo bienestar que gozaban y todas las desgracias que les sobrevino en la extraña tierra.
8 Por lo cual Dios no se enojó con ellos ni fue impaciente, Dios se mostró paciente y benévolo hacia ellos como un Padre con los hijos que creó.
9 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: “Adán, si te trajera el sol para que nunca se moviera de ti, los días, meses y años pararían y el pacto que he hecho contigo nunca se cumpliría,
 10 y serían abandonados y atrapados en una perpetua peste y no encontrarían donde guarecerse.
11 Más bien, vive y trae calma a tu alma, mientras vivas, día y noche habrá, que te traerán descanso, hasta el cumplimiento de los días, y el momento en que Mi pacto se cumpla.
12 Entonces yo vendré y te guardaré, ¡Oh Adán!, porque no quiero que seas dañado.
13 Y cuando recuerde las maravillas con la que vivías y las cosas buenas que tenías y porque razón perdiste todo ello, entonces yo voluntariamente tendré de ti misericordia.
14 Pero yo no puedo alterar el pacto que he pronunciado, de lo contrario te habría traido de vuelta al jardín.
15 Pero cuando el pacto se cumpla, te pondré a ti y a tu descendencia en una tierra de alegría, donde no existirá ni el dolor ni la tristeza, donde vivirán llenos de gozo, la luz nunca se apagará y la alabanza nunca cesará y este hermoso jardín no tendrá final. “
16 Y Dios dijo a Adán de nuevo, “Tengan paciencia y entren en la cueva, la oscuridad que tanto temes, solo estará por 12 horas y al terminar, vendrá nuevamente la luz.”
17 Entonces, cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, él y Eva lo adoraron y confortaron sus corazones.
Regresaron a la cueva como de costumbre, mientras las lágrimas fluían de sus ojos y dolor y gemidos salían de sus corazones deseando que su alma abandone el cuerpo.
18 Y Adán y Eva oraban hasta que la oscuridad de la noche cayó sobre ellos, y Adán y Eva no pudieron verse otra vez.
19 Y se mantuvieron de pie en la oración.
Capítulo XXVII
La segunda tentación de Adán y Eva. El diablo toma la forma de un ángel la luz.
1 Cuando Satanás, que odia a todos los buenos, vio cómo se siguieron en la oración, y cómo Dios tenía comunión con ellos, y los reconfortaba, y cómo había aceptado su ofrenda, hizo una aparición.
2 Comenzó con la transformación de sus anfitriones; de sus manos salía destellante fuego, y se encontraban en una gran luz.
3 Luego puso su trono cerca de la boca de la cueva porque no podía entrar, debido a las
oraciones de ellos, y arrojaba la luz por dentro de la cueva, hasta donde estaban Adán y Eva, entonces sus anfitriones cantaban alabanzas.
4 Y Satanás hizo esto, con el fin de que cuando Adán viera la luz, pensara que era una luz celestial y que los ángeles han venido para traerles luz en medio de su oscuridad.
5 Así que, cuando Adán los viera, cedería ante su presencia y otra vez sería humillado delante de Dios.
6 Pero cuando, Adán y Eva vieron la luz, creyeron que era real, y se fortalecieron sus corazones, sin embargo, estaban como temblando, y Adán dijo a Eva:
7 “Mira esa gran luz, y las muchas alabanzas que se entonan, pero lo hacen fuera de la cueva, y no entran y pregunta: ¿Por qué no nos dicen que es lo que quieren, de donde son y cuál es el significado de sus muchas alabanzas y la luz que despiden y por qué no entran?
8 Si fueran de Dios, entrarían en la cueva con nosotros, y nos dirían el motivo por el que fueron enviados.
9 Entonces Adán se puso de pie y oró a Dios con un corazón ardiente, y dijo: —
10 ¡Oh Señor! ¿Existe en el mundo otro dios aparte de Ti, que creara a los ángeles y los llenara de luz y los enviara y viniera con ellos a nosotros para mantenernos?
11 Pero, mira, vemos que esos ángeles anfitriones están en la entrada de la cueva, envueltos en gran luz y cantan alabanzas en voz alta. Si son de algún otro dios, dímelo y si tú los has enviado, háblame y dime porque los has enviado.
12 No bien había terminado de hablar, cuando un ángel del Señor se le aparece en la cueva y le dice: ¡Adán!, no tengas miedo, se trata de Satanás y sus anfitriones que desean engañarlos otra vez; la primera vez se ocultó en la serpiente y ahora se disfraza de ángel de luz, de tal manera que si ustedes lo adoraban, él los haría sus esclavos delante del mismo Dios.
13 Entonces el ángel fue hasta la puerta de la cueva y se apoderó de Satanás y lo despojó de la pretensión que había asumido y lo llevó delante de Adán con la apariencia real que tenía, una apariencia horrible, que Adán y Eva tuvieron miedo al verlo.
14 Y el ángel le dice a Adán: “Esta horrible forma es la que tiene desde el momento que Dios lo echó del cielo, no podía haberse presentado a ustedes con ella, así que tomó la apariencia de ángel de luz.
15 Entonces el ángel llevó fuera a Satanás y sus anfitriones, lejos de Adán y Eva, y les dijo: “No tengan temor, pues el Dios que los creó, los fortalecerá.”
16 Y el ángel se fue.
17 Sin embargo, Adán y Eva se mantuvieron de pie en la cueva; pues no se sentían consolados y tenían mucho que pensar 18 Oraron hasta la mañana, y luego salieron en busca del jardín.
Ya que sus corazones fueron hacia él, pues no encontraban consuelo por haberlo perdido.
Capítulo XXVIII
El diablo pretende llevar a Adán y Eva al agua para bañarse.
1 Pero cuando el astuto Satanás vio, que iban al jardín, se reunió con sus anfitriones y entraron tomando la apariencia de una nube, con el fin de engañarlos nuevamente.
2 Pero, cuando Adán y Eva vieron esta visión, creyeron que eran los ángeles del Señor que venían a traerles comodidades abandonadas en el jardín o para hacerlos regresar de nuevo en él.
3 Y Adán levantando las manos hacia Dios le suplicaba que le hiciera comprender lo que
acontecía.
4 Luego Satanás, que odia a todos los buenos, dice a Adán, ¡Oh Adán, yo soy un ángel del gran Dios, y he aquí los anfitriones que me rodean.
5 Dios nos ha enviado para llevarte a ti y a Eva a la frontera norte del jardín para que se bañen en las aguas del mar y regresen a su antiguo gozo, regresando al jardín
6 Estas palabras penetraron en el corazón de Adán y Eva.
7 Sin embargo, Dios no trajo palabra alguna a Adán, ni le hizo comprender lo que pasaba, quería probar su fuerza y ver si era capaz de soportar la prueba o si sedería como cuando estuvo en el jardín, en presencia de Eva.
8 Entonces llamó Satanás a Adán y a Eva, y les dijo: “He aquí, vamos a las orillas del mar, y ellos empezaron a ir.
9 Y lo siguieron a poca distancia.
10 Pero cuando llegaron a la montaña al norte del jardín, una montaña muy alta, sin ningún tipo de medidas para la parte superior del mismo, el diablo se acerca a Adán y a Eva, y los hizo subir a la cima de la montaña, para poderlos empujar y tirarlos hacia abajo y así librarse de ellos, a fin de que la tierra solo sea de él y sus huestes de maldad.
Capítulo XXIX
Dios le dice a Adán de la finalidad del Diablo. (v. 4).
1 Sin embargo, cuando el misericordioso Dios vio que Satanás deseaba matar a Adán con sus muchos trucos, y vio que Adán era manso y sin engaño, Dios habló a Satanás en voz alta, y le maldijo.
2 Entonces él y sus anfitriones huyeron, y Adán y Eva se mantuvieron de pie en la cima de la  montaña, y de allí pudieron ver hacia abajo, el gran mundo, pero no vieron a ningunos de los anfitriones de Satanás que los habían traído a ella.
3 Ellos lloraron, tanto Adán como Eva, ante Dios, y suplicaron perdón a Él.
4 Luego vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: Adán, debes saber que Satanás trata de
engañarte a ti y toda tu descendencia después de ti.
5 Y Adán exclamó ante el Señor Dios, en oración o súplica para que le diera algo del huerto para sentirse confortado.
6 Y Dios consideró el pensamiento de Adán, y envió al ángel Miguel, y en lo que respecta al mar que llega hasta la India, que tomara de allí unas barras de oro y se los lleve a Adán.
7 Esto hizo Dios en Su sabiduría, a fin de que estas barras de oro dieran luz en la cueva durante la noche y ya no tengan miedo por la oscuridad.
8 Entonces el ángel Miguel bajó por orden de Dios, y tomó las barras de oro como Dios había mandado y las trajeron a su presencia.
Capítulo XXX
Adán recibe los primeros bienes mundanos.
1 Después de estas cosas, Dios mandó al ángel Gabriel a que bajara al jardín a decirle al querubín custodio “He aquí Dios me ha enviado entrar al jardín para tomar de él, el dulce olor del incienso y dárselo a Adán
2 Entonces el ángel Gabriel bajó por orden de Dios al jardín, y le dijo al querubín como Dios le había mandado.
3 El querubín entonces dijo: “Bien.” Y pasó Gabriel y tomó el incienso.
4 Entonces Dios mandó a su ángel Rafael a bajar al jardín, y hablar con el querubín para que tomase mirra y dársela a Adán
5 Y el ángel Rafael bajó y le dijo al querubín como Dios le había mandado, y el querubín dijo, “Bueno”. Luego pasó Raphael y tomó la mirra.
6 Las barras de oro fueron del mar de la India, donde hay piedras preciosas. El incienso era de la frontera oriental del jardín, y la mirra de la frontera occidental, del lugar donde Adán encontró mas amargura para su alma.
7 Y los ángeles traen estas cosas a Dios, por el Árbol de la Vida, en el jardín.
8 Entonces Dios dijo a los ángeles, “Tomen un poco del agua y rocíenla sobre Adán y Eva, para que sean reconfortados en su dolor y dénsela.
9 Y los ángeles hicieron como Dios les había mandado, y dieron todas esas cosas a Adán y a Eva en la cima de la montaña en que Satanás los había colocado, y donde él intentó asesinarlos.
10 Y cuando Adán vio la barras de oro, el incienso y la mirra, fue conmovido a punto de que se puso a llorar y se alegró porque pensó que el oro era un símbolo del reino de donde había salido, que el incienso era un símbolo de la luz brillante con la que estaba vestido, y que la mirra era un símbolo de la tristeza en la que le ha tocado vivir.
Capítulo XXXI
Ellos tienen más comodidad en la Cueva de los Tesoros en el tercer día.
1 Después de estas cosas, Dios dijo a Adán, “Me pediste que te diese algo del jardín para sentirte confortado y he aquí te he dado estas tres cosas sabiendo que confías en el pacto que he hecho con ustedes.
2 Cuando yo venga en carne, los reyes me traerán oro, incienso y mirra; oro como muestra de mi realeza, incienso como muestra de mi divinidad y mirra por el sufrimiento y la muerte que he de pasar.
3 Pero, Adán, se han puesto estas tres dentro de la cueva para que el oro les de luz durante la noche, el incienso para que sientan el aroma dulce que descansa y la mirra para que sean confortados del dolor
4 Cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, empezó a adorarlo y junto con Eva le dieron las gracias porque Dios había mostrado misericordia con ellos.
5 Entonces Dios mandó a los tres ángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, a cada uno de ellos para que den a Adán lo que habían traído, y así lo hicieron uno a uno.
6 Y Dios mandó a Suriyel y a Salathiel que llevaran a Adán y a Eva de la montaña hacia la Cueva de los Tesoros.
7 Allí colocaron al oro en la zona sur de la cueva, el incienso en la parte oriental y la mirra a la occidental, al norte se encontraba la entrada de la cueva.
8 Los ángeles reconfortaron luego a Adán y a Eva, y partieron.
9 El oro fue en un total de setenta varas *; el incienso, doce libras, y la mirra, tres libras.
10 Estas tres cosas estuvieron cuidadas por Adán en la Cueva de los Tesoros.
11 Dios le dio estas tres cosas a Adán en el tercer día después de que él había salido del jardín, como representación de los tres días que el Señor debe permanecer en el corazón de la tierra.
12 Y estas tres cosas continuaron con Adán en la cueva, le dieron la luz de noche y de día, dándole alivio de su dolor.
* Una vara es una unidad de medida lineal equivalente a 5,5 metros y también una unidad de medida de área equivalente a 30,25 metros cuadrados. En este caso, la palabra simplemente significa vara de una especie de largo, delgada pieza de oro no especificadas de tamaño y peso.
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 Parte Dos
Capítulo XLIII
El diablo intenta incendios provocados.
1 Entonces Adán y Eva estaban todavía con miedo, y dijo Adán a Eva . ¿Qué es ese fuego
extraño que sale de nuestra cueva?, no hemos hecho nada para producir este fuego.
2 No tenemos ni pan para hornear, ni caldo para cocinar, para que el fuego?, Además nunca hemos visto cosa así, ni tampoco sabemos bien como llamarlo.
3 Sin embargo, desde que Dios envió al querubín con la espada de fuego que destellaban y alumbrada por su parte, el temor nos cayó y éramos como cadáveres, y no hemos vuelto a ver nada por el estilo.
4 Pero ahora, oh Eva, he aquí, este es el mismo fuego que tenía el querubín en la mano, y que Dios ha enviado para cuidar la cueva en la que vivimos.
5 Oh! Eva, es porque Dios está enojado con nosotros, y no nos va a llevar a él.
6 Oh! Eva, es que hemos transgredido Su nuevo mandamiento en cuanto a la cueva, por lo que Él ha enviado este fuego para quemar a su alrededor, y así impedirnos entrar en ella.
7 En caso de ser esto realmente así, oh! Eva, ¿así vamos a vivir? ¿Y a dónde vamos a huir de la cara del Señor? Dado que, en cuanto al jardín, Él no nos deja vivir en él, y nos ha privado de las cosas buenas; pero Él nos ha colocado en esta cueva, en la que nos han dado la oscuridad, los juicios y las dificultades, hasta que al fin hemos encontrado comodidad en ella.
8 Pero ahora, Él nos ha de llevar a otra tierra, y quien sabe lo que pueda pasar en ella? Y quien sabe si la oscuridad de esa tierra sea peor que la oscuridad de esta?
9 ¿Quién sabe si en aquella tierra habrá día o noche? Y quien sabe si estará lejos o cerca?, ¡oh Eva!
Cuánto hemos desagradado al Señor que nos envía muy lejos del jardín! , ¡Oh Eva! ¿Dios nos priva de él porque hemos transgredido su mandamiento aunque hemos cumplido sus solicitudes en todo tiempo?
10 Oh Eva!, si Dios nos llevará en otra tierra extraña que no sea esta, en la que no encontramos consuelo, hay que poner nuestras almas hasta la muerte, y manchar nuestro nombre de la faz de la tierra.
11 Eva, fuimos echados desde el jardín de Dios y, ¿cuándo lo encontramos de nuevo, y pedimos que nos dé oro, incienso, mirra, y algunas frutas del árbol de higo?
12 ¿Dónde nos encontramos con Él, para pedir comodidad para nosotros una segunda vez? Dónde nos encontramos con Él, que Él pueda pensar de nosotros, por lo que se refiere el pacto que ha hecho en nuestro nombre? “
13 Entonces Adán, no dijo más. Y siguieron caminado él y Eva, hacia la cueva, y el incendio que recrudeció en torno a ella.
14 Pero el fuego venía de Satanás y no de Dios. Por él se habían reunido los árboles y pastos secos, y los había llevado y traído a la cueva, y les había prendido fuego, a fin de consumir la cueva y lo que estaba en ella.
15 Para que Adán y Eva se consuman en el dolor y pierdan su confianza en Dios y lo nieguen..
16 Pero por la misericordia de Dios, Satanás no podía destruir la cueva, así que envió un ángel para que protegiera la cueva del fuego, hasta que este salió y se apagó.
17 Y este fuego duró desde el mediodía hasta el anochecer. Ese fue el cuadragésimo quinto día.
Capítulo XLIV
El poder de fuego sobre el hombre.
1 Sin embargo, Adán y Eva estaban de pie y mirando el fuego, y no podían venir cerca de la cueva, por su temor hacia el fuego.
2 Y Satanás que había tomado los árboles y pastos secos, mantuvo el fuego, hasta que las llamas se elevaron bien alto, abarcando toda la cueva y pensando para sí mismo, consumir la cueva con mucho fuego; pero el ángel del Señor la protegía.
3 Y, sin embargo, el ángel, no pudo maldecir a Satanás, ni de lesionar a él por medio de la palabra, porque él no tenía ninguna autoridad sobre él, ni tampoco tener que hacerlo con las palabras de su boca.
4 Por lo tanto, el ángel le tolera, sin decir una mala palabra, hasta que la Palabra de Dios, llegó a Satanás y dijo: “Vete de aquí; una vez ya los engañaste y esta vez tratas de destruirlos.
5 Si no fuera por Mi misericordia, te hubiera destruido a ti y a tus anfitriones y estuvieras fuera de esta tierra; pero he tenido paciencia con ustedes, hasta el fin del mundo.
6 A continuación, Satanás huyó de la presencia del Señor; pero el fuego iba a quemar los
alrededores de la cueva como si fuera un carbón del fuego todo el día, que fue el cuadragésimo sexto día que habían pasado desde que Adán y Eva salieron del jardín.
7 Y cuando Adán y Eva vieron que el calor del fuego estaba cesando, comenzaron a caminar hacia la cueva para poder entrar en ella, ya que antes n o podían por el calor tan intenso del incendio.
8 Entonces ambos comenzaron a llorar a causa del incendio que los estaba separando de la cueva, y que venía hacia ello. Y ellos tuvieron miedo.
9 Entonces dijo Adán a Eva: “Mira este fuego que está cerca de nosotros y que venía en contra nuestra y ahora ya no lo hace; ahora que hemos transgredido los límites de la creación, a cambiado nuestra condición y nuestra naturaleza se ha visto alterada; pero el fuego no ha cambiado su naturaleza ni se ha alterado la forma en que fue creado; por lo tanto ahora tiene poder sobre nosotros y cuando nos acercamos a él, quema nuestra carne.
Capítulo XLV
¿Por qué Satanás no ha cumplido sus promesas. Descripción del infierno.
1 Entonces Adán se levanta y ora a Dios, diciendo: “Mira, este fuego, nos ha separado de la cueva en la que nos has mandado vivir, y ahora no podemos entrar en ella.”
2 Entonces Dios escuchó a Adán, y le envió Su Palabra, diciendo:
3 Adán, este fuego y su calor son los mismos desde el jardín de las delicias, así como todo lo que hay en él.
4 Cuando estabas bajo mi control, a todas las criaturas te las había dado, pero después que transgrediste mi mandamiento, todos están en mejor lugar que tu.
5 Dios habló nuevamente: “Mira, oh Adán, ¿cómo Satanás se ha exaltado! Él te ha privado de un estado exaltado como yo, y no ha cumplido su palabra para contigo, para después de todo convertirse en tu enemigo. El fue el que provocó este fuego para dañarte a ti y a Eva.
6 ¿Por qué, Adán, que no ha mantenido su acuerdo contigo, aunque sea un día?; pero le te ha privado de la gloria que estaba en tus manos, cuando cediste a su mando.
7 ¿Crees oh Adán, que él te amó cuando hizo este acuerdo contigo? O que él te amó y desea ponerte en alto?
8 Pero no, Adán, él no lo hace por amor, él desea que pases de la luz a la oscuridad, de un estado de exaltación, a uno de degradación, de la gloria a la caída, de la alegría a la tristeza y del descanso , al ayuno y a los desmayos.
9 Dios también dijo a Adán, “Mira este incendio provocado por Satanás alrededor de la cueva; mira todo esto que te rodea y que estará presente para ti y tus descendientes, cuando obedezcan sus órdenes, pues estará esta peste cuando bajen a los infiernos, después de muertos.
10 Y verás la potencia de su fuego, que quema a su alrededor y también de tu descendencia. Y tu no serás librado de él, sino hasta que yo venga a ti.
Y así como no pudiste entrar a la cueva, debido al grande incendio que la rodeaba, sino hasta que vino mi palabra, es así esta una forma para cuando mi pacto se haya cumplido.
11 No hay forma de que en la actualidad puedas pasar directamente al descanso, no hasta que mi palabra llegue; entonces cuando llegue, te llevará al descanso.
Entonces la palabra de Dios ordena que el fuego que está alrededor de la cueva se aparte y se divida en dos para que Adán y Eva pasen, y el fuego se apartó por orden de Dios. *
12 Y Dios retira Su Palabra de Adán.
* Referencia: Éxodo 14:21,22 y Josué 3:15-17
Capítulo XLVI
“¿Cuántas veces te he librado de su mano?”
1 Entonces Adán y Eva comenzaron a entrar de nuevo en la cueva. Y cuando llegaron al camino entre el fuego, Satanás soplaba en el fuego como un torbellino, causando que el fuego aumentara a fin de que cubriera a Adán y a Eva y los quemara*.
2 Y por la quema de los incendios Adán y Eva gritaron, y dijeron: “Oh Señor, sálvanos! No nos consumas por la plaga de este fuego ardiente, por causa de haber transgredido a tus mandamientos.
3 Entonces Dios miró a sus cuerpos, que estaban heridos por el fuego que causó Satanás para quemarlos y envió Dios a su ángel para que suspendiera el fuego; mas las heridas de sus cuerpos no se apartaron de ellos.
4 Y Dios dijo a Adán, “Mira el tipo de amor que Satanás tiene por ustedes, este que pretendía darles la divinidad y grandeza y ahora quiere quemarlos con fuego ardiente y pretende destruirlos para que estén lejos de esta tierra.
5 Luego, me buscan, oh Adán y ¿Cuántas veces los he librado de su mano?, porque si así no hubiera sido, hace tiempo los habría destruido.
6 Dios dijo de nuevo a Eva, “¿Qué es lo que te prometieron en el jardín diciendo: Tan pronto comas el fruto de este árbol, conocerás el bien y el mal y serás tu y tu esposo como dioses?; pero mira, él, Satanás los ha herido con el fuego del incendio, grabando sus cuerpos con el fuego, para que sientan gusto por el fuego, más que por el jardín y para que sepan que tiene más poder que ustedes.
7 Los ojos de Satanás han visto lo bueno que ha tomado de ustedes, y en verdad les ha abierto los ojos y ustedes han visto el jardín que perdieron y han visto el mal que ha llegado de él; pero en cuanto a la divinidad que prometió, no se las puede dar, ni tampoco todo lo que mencionó en su discurso. Todo esto será amargura para ti y tus descendientes.
8 Y Dios retira Su Palabra.
* En este momento, las prendas que el Señor les ha dado en Génesis 3:21 se quemaron de modo que Adán y Eva quedaron desnudos de nuevo.
El capítulo de referencia según el cual Adán y Eva buscan prendas con las que cubrir su desnudez
Capítulo XLVII
El diablo desea su propio reino.
1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, aun temblando de miedo por el incendio que había quemado sus cuerpos. Y Adán dijo a Eva:
2 “Mira, el fuego ha quemado nuestra carne en este mundo, ¿Has pensado cómo va a ser cuando estemos muertos, y Satanás castigue nuestras almas?
Nuestra liberación está muy lejana, a menos que Dios venga y por su misericordia cumpla con su promesa.
3 Entonces Adán y Eva pasaron a la cueva, y sintieron una gran bendición por estar una vez mas en ella, aunque llegaron a pensar que nunca volverían a entrar en ella, debido al fuego que estaba a su alrededor.
4 Pero cuando el sol salió, el fuego todavía estaba en el campo y aun podía quemar a Adán y a Eva que estaban en la cueva y no podían dormir en ellas, mas después que el sol estaba ya en el centro del cielo, pudieron salir de la cueva. Este fue el cuadragésimo séptimo día después de que salieron del jardín.
5 Adán y Eva fueron después a la cima de la colina que estaba cerca del jardín, para dormir, ya que estaban acostumbrados.
6 Y oraron a Dios para que perdone sus pecados y luego se durmieron en la cumbre de la montaña.
7 Sin embargo, Satanás, que odia a todos los buenos, pensó para si mismo diciendo: Considerando que Dios ha prometido salvación a Adán, a través de un pacto y que a pesar que permite que sufran todas las dificultades que le sobrevienen, les ayuda; pero a mí no me ha prometido pacto, ni me ayuda en mis penurias, sin embargo le ha prometido a él que les dará el reino que antes tuvieron, para que vivan junto con sus descendientes; entonces voy a matar a Adán.
8 La tierra será librada de él, y me deja solo, de modo que cuando esté muerto no vendrá ningún descendiente que pueda heredar el reino y así tendré mi propio reino, entonces Dios me querrá y me restaurará y también a mis anfitriones.
Capítulo XLVIII
Quinta aparición de Satanás a Adán y Eva.
1 Después de esto, Satanás llamó a sus anfitriones, los cuales vinieron y le dijeron:
2 “O, nuestro Señor, ¿qué hará ahora?”
3 Luego él les dijo: “Ustedes saben que este Adán, a quien Dios creó del polvo, es el que ha tomado nuestro reino, vengan, reunámonos y matémoslo, hay que lanzarle una piedra, por la noche ya avanzada y lo aplastaremos.”
4 Cuando los anfitriones oyeron las palabras de Satanás, llegaron a la parte de la montaña donde Adán y Eva estaban dormidos,
5 y tomaron una enorme roca, amplia y sin mancha y Satanás, pensando para si mismo se dijo, si la roca tiene un agujero, puede que al caer sobre ellos no mueran y escapen.
6 Entonces les dijo a sus anfitriones, “Tomen esta piedra, que es plana y láncenla sobre ellos y cuando lo hagan, retírense rápidamente.
7 Y lo hicieron como les dijo. Pero a medida que la roca caía de la montaña hacia Adán y Eva, Dios mandó que la roca se convierta en una cúpula sobre ello* para que no les hiciera daño; y así fue, como Dios lo ordenó.
8 Pero cuando la piedra cayó, toda la tierra tembló con él **, y fue sacudido por el tamaño de la roca.
9 Y ya que tembló y sacudió, Adán y Eva se despertaron del sueño, y se encontraron bajo una cúpula de roca.
Pero ellos no sabían lo que había ocurrido, porque cuando se durmieron, estaban bajo el cielo y n o bajo una cúpula, y cuando la vieron se asustaron.
10 Entonces dijo Adán a Eva, “la montaña se ha doblado sobre si misma y la tierra se ha agitado y temblado por culpa nuestra; ¿Por qué la roca se ha puesto sobre nosotros cubriéndonos?
11 ¿Acaso la intención de Dios fue encerrarnos en esta prisión o que la tierra nos cubriera?
12 Está enojado con nosotros por haber salido de la cueva, sin su orden, y porque hemos hecho nuestra voluntad sin consultarle, cuando nos fuimos de la cueva y vinimos a este lugar.
13 Entonces Eva dijo: “Si, de hecho, la tierra tembló para nuestra causa, y esta roca forma una tienda de campaña sobre nosotros debido a nuestra transgresión, entonces lo siento, oh Adán, porque nuestro castigo será largo.
14 Y se levantaron y oraron a Dios para saber lo que había acontecido y porque la roca estaba sobre ellos.
15 A continuación, Adam se puso de pie y oró ante el Señor, para darle a conocer lo que había dado lugar a ese difícil momento. Y Adán oró hasta la mañana.
* La palabra “cúpula” se utiliza aquí, pero el texto no específicamente indican que la
cobertura era redonda – que sólo se refería a ellos por todos los lados, sin embargo, una
cúpula es la más probable forma que tendría que ser para resistir el impacto con el terreno.
Desde el versículo 9 que dice “cuando lo vio” y el versículo 11 que dice “cerrar con nosotros en esta prisión”, podemos concluir que la cúpula había agujeros en los lados que fueron lo suficientemente grandes como para dejar a la luz y el aire, pero eran demasiado pequeñas para permitir que Adán y Eva escaparan. Otra conclusión sería que los agujeros son grandes pero demasiado alto para Adán y Eva para alcanzar, sin embargo el primero es más probable.
** En el versículo 7 del capítulo siguiente (XLIX), Dios le dice a Adán y Eva que el terreno también se redujo en virtud de los mismos – “Me mandó la roca …para reducirnos.”
Capítulo XLIX
La primera profecía de la Resurrección.
1 Entonces la Palabra de Dios se acercó y dijo: —
2 “Oh Adán, quien te aconsejó salir de la cueva y venir aquí?
3 Y Adán dijo a Dios: “Oh Señor, hemos llegado a este lugar a causa del calor del fuego, que vino sobre nosotros en el interior de la cueva.”
4 Entonces el Señor Dios dijo a Adán, “Adán, tienes miedo del fuego que solo duró una noche, pero ¿Cómo será cuando estés en el infierno?
5 Sin embargo, Adán, no tengas miedo, he puesto esta cúpula de roca porque la roca de que está hecho sería una peste para ti.
6 Venía de Satanás, el que te había prometido la Divinidad y majestad. Es él, el que tiró hacia  ustedes la roca a fin de matarlos e impedir que vivan en esta tierra.
7 Pero, por misericordia hacia ti, no permití que la roca cayera sobre ustedes, sino que mandé que se formara con ella una cúpula para protegerlos.
8 Y esta, oh Adán, es una señal de lo que será cuando yo venga en medio de tu descendencia ycamine entre ellos; Satanás hará que la gente se ponga en mi contra  hasta la muerte, luego una gran roca sellará mi sepultura y estaré dentro por tres días y tres noches.
9 Pero al tercer día voy a resucitar y seré de salvación para ti y para toda tu descendencia que crea en mí.
Y Adán ¿No crees que puedas soportar tres días y tres noches dentro de esta roca?
10 Y Dios retira Su Palabra de Adán.
11 Y Adán y Eva vivieron bajo la roca tres días y tres noches, así como Dios les dijo.
12 Y Dios lo hizo así, porque habían dejado su cueva y había llegado a este mismo lugar, sin orden de Dios.
13 Pero, después de tres días y tres noches, Dios creó una abertura en la cúpula de la roca y les permitió salir de debajo de ella. Su carne se secó, y sus ojos y sus corazones se turbaron de llanto y dolor.
Capítulo L
Adán y Eva tratan de cubrir su desnudez.1
1 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva de los tesoros, yoraron en ella todo aquel día, hasta la noche. 
2 Y esto tuvo lugar a finales de los cincuenta días después de que habían abandonado el jardín.3 Sin embargo, Adán y Eva , levantándose nuevamente, oraron a Dios toda la  noche, suplicándole  a Dios, que tenga de ellos misericordia.
4 Y cuando amaneció, dijo Adán a Eva, “¡Ven! Vamos a buscar con que cubrir nuestros cuerpos” 
5 Así que salieron de la cueva, y llegaron a la frontera norte del jardín, y buscaban algo para cubrir sus cuerpos,
* Pero ellos no encontraron nada, y no sabía cómo hacer prendas con que vestirse, y sus cuerpos se veían dañados por el frío y el calor.
6 Luego Adán oró y pidió a Dios que le diera algo con que cubrir sus cuerpos.
7 Entonces vino la Palabra de Dios y le dijo: “¡Oh Adán, oh Eva, vayan a las orillas del mar donde habían estado haciendo ayuno y tomen las pieles de ovejas que quedaron después que unos leones las mataron para comerlas, con ellas hagan prendas y vístanse.
* Capítulo XLVI, versículo 1, dice: “Satanás soplaba en el fuego … a fin de que sus cuerpos fueran quemados”. En este momento, las prendas que el Señor les había dado en Génesis 3:21 se quemaron, de modo que Adán y Eva quedaron desnudos de nuevo.
Capítulo LI
“¿Cuál es su belleza, para que le hayan seguido?”
1 Cuando Adán escuchó estas palabras de Dios, él tomó y se dirigió con Eva del extremo norte del jardín, al sur de la misma, por el río de agua, donde una vez ayunaron.
2 Iban en camino, y antes de que llegaran allí, Satanás, el malo, también había escuchado la Palabra de Dios que había hablado con Adán.
3 Y se enfadó y se apresuró al lugar donde estaban las pieles de ovejas, con la intención de echarlas al mar o de quemarlas, con el fin de que Adán y Eva no las encontraran.
4 Y cuando él estaba a punto de tomarlas, vino la Palabra de Dios de los cielos, y le impidió poder tomarlas, entonces llegaron Adán y Eva y a medida que se acercaban le temían por su odiosa mirada con la que los miraba.
5 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán y a Eva, y les dijo: “Esto es lo que se ocultaba en la serpiente, y que les engañó, y les despojó de la prenda de luz y gloria que tenían.
6 Este es quien les prometió majestuosidad y divinidad; ¿Dónde está entonces su belleza?, ¿Dónde su divinidad? ¿Dónde su luz? Y ¿Qué gloria descansa en él?
7 Ahora su figura es horrible, se ha convertido en abominable entre los ángeles y a llegado a ser llamado Satanás.
8 O Adán, el desea tener esta tierra y a querido tomar las pieles de ovejas y destruirlas para que ustedes no tengan con qué vestirse.
9 ¿Qué belleza le vieron para que lo siguieran? ¿Y qué han ganado por obedecerle? Miren su mal obrar y luego véanme a mí, su Creador y las buenas cosas que hago.
10 Mas yo conozco tu debilidad y no dejaré que él manifieste todo su poder sobre ustedes.
11 Y Dios los libera de sus obligaciones.
Capítulo LII
Adán y Eva cosen la primera prenda.
1 Después de esto, Adán y Eva no dijo más, pero lloró ante Dios en razón de su creación, y de sus cuerpos que requirieron una prenda que los cubra.
2 Entonces dijo Adán a Eva, “Oh Eva, esta es la piel de los animales con los que nos vestiremos, pero cuando lo probemos, he aquí, vamos a llevar una muestra de la muerte en nuestros cuerpos.
Del mismo modo que los propietarios de estas pieles han muerto y han partido lejos, así también vamos a morir y pasaremos”.
3 Entonces Adán y Eva tomaron la piel, y volvieron a la Cueva de los Tesoros, y cuando llegaron a ella, oraron, ya que estaban acostumbrados.
4 Luego, pensaron que la mejor forma de hacer sus prendas era de los SKINS y no tenían habilidad para ello.
5 Entonces Dios les envió su ángel para mostrarles cómo trabajar las pieles. Y el ángel dijo a Adán, “Vayan y traigan algunas espinas de la palma”, entonces salió Adán y trajo algunas como el ángel le había mandado.
6 Entonces el ángel antes de que ellos comenzaran a trabajar las pieles, tomó las espinas y fue pegando la piel a la manera de como uno prepara una camisa.
7 Entonces el ángel de nuevo se puso de pie y oró a Dios para que las espinas que estaban en las pieles sea ocultas y quedan las pieles bien unidas, como cuando pasamos el hilo.
8 Y así fue, por orden de Dios, y se convirtieron en prendas para Adán y Eva, y Él los vistió de esta manera.
9 A partir de ese momento Adán y Eva no vieron mas su desnudez, pues ya habían sido vestidos.
10 Y esto ocurrió al final del quincuagésimo primer día.
11 Entonces, cuando Adán y Eva vestidos con prendas hechas de oveja, oraron, buscando la misericordia y el perdón del Señor, y le dieron gracias porque había tenido misericordia de ellos y había cubierto su desnudez; y no dejaron de orar toda la noche.
12 Entonces, cuando llegó la mañana y salió el sol, oraron, como era ya su costumbre y salieron de la cueva.
13 Y dijo Adán a Eva, “Dado que no sabemos lo que hay al oeste de esta cueva, vamos, vayamos y veamos; salieron pues y se dirigieron a la parte occidental de la cueva.
Capítulo LIII
La profecía de las Tierras y de la gran inundación.
1 No habían ido muy lejos de la cueva, cuando Satanás los vió y se escondió entre ellos y la cueva, y aparecieron dos leones feroces y hambrientos de tres días, y se acercaron a Adán y a Eva con el fin de devorarlos.
2 Al verlos, Adán y Eva lloraron y oraron a Dios para que los libre.
3 Entonces la Palabra de Dios vino a ellos, y los llevó lejos de los leones.
4 Y Dios dijo a Adán, “Adán, ¿qué buscaban en la frontera occidental? ¿Y por qué han dejado su propia frontera oriental, la que te fue dada?
5 Ahora bien, vayan de vuelta a su cueva, y permanezcan en ella, a fin de que Satanás no los vaya a engañar con una astucia aún mayor.
6 Adán, a la frontera occidental ha de ir un descendiente tuyo que tendrá que descender e ir al desfiladero por sus propios pecados y se rendirá a las órdenes de Satanás y seguirá sus obras.
7 Por lo tanto voy a traer sobre su descendencia una gran inundación de aguas que los abrumará a todos. Pero haré que los justos sean librados y los llevaré a un lugar lejano, y esta tierra donde ustedes viven quedará desolada y sin habitantes.
8 Después que Dios habló, regresaron a la Cueva de los Tesoros. Pero su carne se secó, y
estaban débiles por el ayuno y la oración, además de la tristeza que sentían por haber actuado en contra de Dios.
Capítulo LIV
Adán y Eva van a explorar.
1 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie en la cueva y oraron toda la noche hasta el amanecer.
Y cuando el sol ya estaba en lo alto, salieron de la cueva con gran dolor y pesadez y no sabían por donde iban.
2 Y caminaron en esa condición hasta la frontera sur del jardín, luego caminaron tanto que fueron llegando a la frontera oriental, y aún más allá, donde no había más tierras.
3 Y el querubín que vigilaba el jardín, estaba de pie en la puerta occidental, y la protegía de Adán y Eva, para que no entraran en él. Y el querubín dio la vuelta, como si se tratara de darles muerte, según el mandamiento que Dios le había dado.
4 Y cuando Adán y Eva llegaron a la frontera oriental del jardín, tuvieron el pensamiento de entrar en él, ya que n o veían al querubín, de repente, el querubín vino con su espada parpadeante de fuego en la mano y cuando los vio, se apresuró para darles muerte; porque tenía miedo que Dios lo destruyera por haber dejado que entren al jardín sin su orden.
5 Y la espada del querubín parecía disparar llamas a distancia de ella. Pero cuando la ha
acercado a Adán y Eva, la llama no brillaba tanto.
6 Por eso, el querubín pensó que Dios era favorable a ellos, y quizás lo quería de vuelta en el jardín, se preguntaba.
7 Y no podía ir al cielo para saber si era orden de Dios que entraran al jardín, por lo que siguió de pié ante ellos, porque tenía miedo de que si entraban sin el permiso del Señor, lo destruiría.
8 Cuando Adán y Eva vieron que el querubín estaba muy cerca de ellos con su espada flameante en su mano, que llegó hasta sus rostros, cayeron como muertos por el miedo.
9 En ese momento los cielos y la tierra se sacudieron, y otros querubines bajaron del cielo hacia donde estaba el querubín que vigilaba el jardín, y lo vieron asombrados y en silencio.
10 Entonces, una vez más, otros ángeles vinieron abajo cerca del lugar donde Adán y Eva estaban. Y ellos se encontraban entre la alegría y la tristeza.
11 Ellos se alegraron, porque pensaban que Dios les fue favorable a Adán y a Eva, y que deseaba que regresaran al jardín y que puedan recuperar la alegría que tenían antes de la transgresión.
12 Pero ellos se acongojaron por Adán, porque él estaba caído como un hombre muerto, él y Eva, y se dijeron en sus pensamientos: “Adán no ha muerto en este lugar, pero Dios le ha dado muerte, por haber llegado a este lugar y desear entrar en el jardín sin su permiso”
Capítulo LV
El conflicto entre Dios y Satanás.
1 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán y Eva, y sanando sus cuerpos, les dice: “¿Por qué han llegado hasta aquí? ¿Tienen la intención de entrar en el jardín, a pesar de las palabras que les fue dicha?, No puede ser hoy, pero sólo cuando el pacto que he hecho con ustedes se haya cumplido, recién podrán entrar”.
2 Adán, al escuchar la Palabra de Dios, y el aleteo de los ángeles, a quienes no podían ver, sino tan solo escuchar el sonido de sus alas, lloró junto con Eva y dijeron a los ángeles:
3 “Oh, benditos seres espirituales, que esperan en Dios, mírenme, soy incapaz de verlos, pero cuando yo estaba en mi antigua naturaleza brillante, podía verlos; canté alabanzas y mi corazón se ponía por encima de ustedes;
4 Pero ahora, que he transgredido, que la naturaleza brillante se ha apartado de mí y he caído en este estado miserable; ya no puedo verlos, y ustedes ya no me sirven como solían hacerlo, pues ahora tengo carne animal.
5 Sin embargo, oh ángeles de Dios, pidan a Dios conmigo, para que restablezca, para ser como era antes, para que me rescate de esta miseria, para que me saque de esta pena de muerte, por haber transgredido en su contra.
6 Entonces, cuando los ángeles escucharon estas palabras, todos se entristecieron por él y maldijeron a Satanás que había engañado a Adán, cayendo en la miseria y en una vida de muerte, dejando el jardín, y en lugar de paz, tenga problemas y dejado la alegría para llegar a esta tierra extraña.
7 Entonces los ángeles dijeron a Adán, “obedeciste a Satanás, e hicieron caso omiso de la Palabra de Dios, quien los creó, y creíste que Satanás iba a cumplir todo lo que había prometido.
8 y ahora, oh Adán, te vamos a dar a conocer cómo es que procedió, antes de su caída del cielo.
9 Él reunió a sus anfitriones, y los engañó, y se comprometió en darles un gran reino, una naturaleza divina, y otras promesas más.
10 Sus anfitriones creyeron que su palabra era verdad, por lo que se rindieron ante él y
renunciaron a la gloria de Dios.
11 Luego se acercaron a nosotros y quiso ordenar que estuviéramos bajo su mando y que
aceptemos sus promesas, pero no tomamos su consejo.
12 Después de haber luchado contra Dios, y haber mostrado su fortaleza en contra de él, se reunieron sus anfitriones, e hicieron la guerra contra nosotros.
Y si no hubiera sido por la fuerza de Dios, que estuvo con nosotros, no hubiéramos podido prevalecer contra él para lanzarlo desde el cielo.
13 Pero cuando cayó de entre nosotros, hubo gran alegría en el cielo, porque fue puesto por debajo de nosotros. Porque si hubiera permanecido en el cielo, nadie, ni un solo ángel hubiera permanecido en pie.
14 Pero Dios en su misericordia, lo llevó de entre nosotros a esta tierra oscura, para que la oscuridad sea en sí mismo y un hacedor de maldad.
15 Y su maldad ha seguido con él a tal punto de hacerte guerra, engañándote y haciéndote salir del jardín, y has salido a esta tierra extraña donde te han sobrevenido todos estos dolores y la muerte que Dios trajo sobre él, ha venido a estar sobre ti también y todo porque obedeciste a Satanás, trasgrediendo contra Dios.
16 Entonces todos los ángeles se regocijaron y alabaron a Dios, y le pidieron que no destruya a Adán por haber tratado de entrar en el jardín y que espere hasta que se cumpla la promesa y que les permita ayudarlo hasta que sea librado para siempre de la mano de Satanás.
Capítulo LVI
Un capítulo de la divina comodidad.
1 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo:
2 “Oh Adán, al ver el jardín de la alegría y esta tierra de trabajo duro, y ver que el jardín está lleno de ángeles y tu acá en esta tierra con el diablo, a quien obedecieron,
3 Sin embargo, si hubiesen sido obedientes a mí y hubiesen guardado mis palabras, ahora estarían con mis ángeles en el jardín.
4 Pero cuando transgredieron obedeciendo a Satanás, se convirtieron en los invitados entre sus ángeles, que están llenos de maldad, y vinieron a esta tierra, donde encontraron espinas y cardos.
5 Adán, pregúntele al que te engañó, diciendo que les darían naturaleza divina y que les daría un jardín como el que yo les dí y que les llenaría con una naturaleza brillante como la que ya les había dado;
6 Pídanle que les haga un cuerpo como el que les hice o que les de un día de dascanso como el que les concedí, o que cree dentro de ustedes un alma razonante, como el que les creé; pero créeme que él no les dará ni una de las cosas que les prometió.
7 Reconoce, entonces, mi favor hacia ti, y mi misericordia sobre ti, mi criatura, que no me he vengado por su transgresión contra mí, pero en mi lástima por ti he prometido que al final de los grandes cinco y medio días voy a venir y a salvar. “
8 Entonces Dios dijo de nuevo a Adán y a Eva, “Levántense, vayan desde aquí abajo, antes de que el querubín con una espada de fuego en la mano los destruya”.
9 Pero el corazón de Adán fue confortado por las palabras de Dios y adoró junto con Eva, antes de que salieran de la presencia de Dios.
10 Y Dios mandó a sus ángeles para que escoltaran a Adán y a Eva, a la cueva con alegría, en lugar del miedo que había llegado sobre ellos.
11 Entonces los ángeles vinieron hasta Adán y Eva, y los trajeron abajo de la montaña por el jardín, con canciones y salmos, hasta que llegaron a la cueva.
Entonces los ángeles los fortalecieron y brindaron comodidad y luego se apartaron hacia el cielo, a donde su Creador, que les había enviado.
12 Pero después de que los ángeles se habían apartado de Adán y Eva, Satanás vino
tímidamente y se puso a la entrada de la cueva en la que estaban Adán y Eva. Luego llamó a Adán y dijo: “Adán ven, quiero hablar contigo”
13 Entonces Adán salió de la cueva, pensando que era uno de los ángeles de Dios que venía a darle un buen consejo.
Capítulo LVII
“Por lo tanto, se redujo….”
1 Sin embargo, cuando Adán salió y vio su horrible figura, tuvo miedo de él, y le dijo: “¿Quién eres?”
2 Entonces Satanás respondió y le dijo: “Soy el que se escondió dentro de la serpiente y habló con Eva y la seduje a comer del árbol y a obedecerme, soy el que la envió con discursos engañosos para que fuera a donde tu estabas y comieras también y te apartaras del mandato de Dios”
3 Pero cuando Adán escuchó estas palabras de él, le dijo: “¿Puedes hacerme un jardín como el que Dios hizo para mí? O puedes vestirme de la misma naturaleza brillante con la que Dios me había vestido?
4 ¿Dónde está la naturaleza divina que prometiste darme? ¿Dónde está todo ese tremendo discurso que tuviste con nosotros en el principio cuando estábamos en el jardín?
5 Entonces Satanás dijo a Adán: “¿Crees acaso que todo cuanto les he prometido me gustaría cumplirlo y entregártelo?, ¡Por supuesto que no!; pues ni siquiera yo mismo he pensado obtener lo que he prometido.
6 Por lo tanto, cayeron ustedes, y yo les he hecho caer de aquel que yo mismo caí, y así como ustedes, cualquiera que acepta mi consejo, también caerá.
7 Pero ahora, oh Adán, porque caíste, estás bajo mi regla y soy rey sobre ti porque me has obedecido y has transgredido en contra de tu Dios, y no tendrán ninguna liberación de mi mano hasta el día que Dios te prometió liberarte.
8 Una vez más dijo, “Porque no sabemos el día acordado que Dios tiene para contigo, ni la hora en que irás con él, por eso multiplicaremos la guerra y el asesinato para ti y tu descendencia, después de ti.
9 Esta es nuestra voluntad y nuestro gusto, que ninguno de los hijos de los hombres puedan heredar el cielo.
10 Porque nuestra casa está cimentada en el fuego y por eso no dejaremos nunca, ni día, ni hora, de hacer nuestro mal, y así como entraste a la cueva para morar en ella, yo estableceré fuego sobre ti.
11 Cuando Adán escuchó estas palabras, lloró amargamente y llorando le dijo a Eva: ¿Escuchaste lo que dijo, que ninguna de las promesas que te dijo en el jardín pretende cumplir? Y ¿Podrá ser cierto que será rey sobre nosotros?
12 Pero nosotros le pedimos a Dios, quien nos creó, que nos librara de su mano.
Capítulo LVIII
“Acerca de la puesta de sol en el día 53″
1 Entonces Adán y Eva extendieron sus manos ante Dios, rezando y pidiendo que les trajera ayuda y llevara a Satanás lejos de ellos para que no los mortificara y los obligara a negarle.
2 Entonces Dios les envió a la vez, su ángel, que condujo fuera a Satanás, lejos de ellos. Esto sucedió alrededor de la puesta de sol, en el quincuagésimo tercer día después de que había salido del jardín.
3 Entonces Adán y Eva entraron en la cueva, y se pusieron de pie y pusieron sus caras al suelo, para orar a Dios.
4 Pero antes de que oraran, dijo Adán a Eva, “Mira, lo que las tentaciones han hecho de nosotros en esta tierra, Ven, levantémonos y pidamos a Dios que perdone nuestros pecados, y no salgamos hasta el final del día siguiente, a la cuadragésima. Y si morimos aquí, él nos salvará “.
5 Entonces Adán y Eva se levantaron, y se unieron en oración a Dios.
6 Ellos siguieron orando en la cueva, y no salieron de ella, ni de noche ni de día, hasta que sus oraciones se incrementaron en sus bocas, al igual que una llama de fuego.
Capítulo LIX
Octava aparición de Satanás a Adán y Eva.
1 Pero Satanás, que odia a todos los buenos, no les permitió terminar sus oraciones. Pues llamó a sus anfitriones, los cuales vinieron, de uno en uno y les dijo: Adán y Eva, a quienes engañé, se han puesto de acuerdo para orar a Dios, de día y de noche y se entregan a él y mendigan misericordia y ya que no saldrán de la cueva hasta el final del cuadragésimo día,
2 Y ya que continuarán sus oraciones, ya que ambos han acordado en pedirle que los librara de nuestras manos y que les restaure a su anterior estado, veamos que podemos hacer contra ellos.
Y sus anfitriones le dijeron: “El poder es tuyo, oh Señor, para hacer lo que quieras”.
3 Entonces Satanás, en gran maldad, tomó a sus anfitriones y entró en la cueva, en la trigésima noche, de los cuarenta y un días, y venció a Adán y Eva, hasta que los dejó como muertos.
4 Luego vino la Palabra de Dios a Adán y Eva, y los levantó de su sufrimiento y les dijo: “Sean
fuertes y no tengan temor por lo que acaba de sucederles”
5 Sin embargo, Adán lloró y dijo: “¿Dónde estabas, oh mi Dios, que permites que me castigue con tales golpes, y que este sufrimiento venga sobre nosotros, sobre mí y sobre Eva, la obra de sus manos?”
6 Entonces Dios le dijo: “¡Oh Adán, él es amo y señor de todo lo que tiene, él que te dijo, que te daría la divinidad. ¿Dónde está ese amor para contigo? Y dónde está el regalo que te prometió?
7 ¿Por favor, él tan sólo alguna vez, oh Adán, te trajo confort, te fortaleció, se regocijó contigo, o envió a sus anfitriones para protegerte; mas tu les has bendecido y seguido su consejo y mandamiento?
8 Entonces Adán lloró ante el Señor, y dijo: “Oh Señor he transgredido un poco, sin embargo el castigo es severo, te pido que me liberes de sus manos o de lo contrario tengas piedad de mi y tomes mi alma fuera de mi cuerpo ahora y los saques de esta tierra extraña.
9 Entonces Dios dijo a Adán, “Si tan sólo hubieras pensado esto y hubieras orado antes de la transgredir, entonces te hubieras librado del problema que tienes ahora
10 Pero Dios tuvo paciencia con Adán, y dejó que él y Eva permanezcan en la bodega hasta que hubieran cumplido los cuarenta días.
11 Pero como las fuerzas y la carne de Adán y Eva se marchitaron por el ayuno y la oración, por el hambre y la sed, pues no habrían probado ni alimento ni bebida, desde que salieron del jardín, ni sus cuerpos habían cumplido sus funciones en una forma completa, no tenían fuerzas para seguir orando, hasta el final del día siguiente a la cuadragésima; estaban entonces caídos en la cueva y lo que salía de sus bocas era solo alabanzas.
Capítulo LX
El diablo aparece como un anciano. Él ofrece “un lugar de descanso.”
1 Entonces en el ochenta y nueve día, Satanás entró a la cueva, disfrazado en una prenda de luz, y sobre él, una faja brillante.
2 Parecía un funcionario de la luz, su mirada era la más horrible, pero su rostro era agradable y su discurso, dulce.
3 Por lo tanto, se transforma a sí mismo con el fin de engañar a Adán y a Eva, y para hacerlos salir de la cueva, antes de que hubieran cumplido los cuarenta días.
4 Pero él dijo dentro de sí mismo, “ahora, cuando se hayan cumplido los cuarenta días de ayuno y oración, Dios les devolverá a su estado anterior, pero si Él no lo hace, les seguirá siendo favorable, e incluso, si ellos no fueran agradecidos, él aún les daría algo del jardín para su comodidad, como ya lo hizo en dos ocasiones.
5 Luego, Satanás se acercó a la cueva con esta apariencia y dijo:
6 “Oh Adán, levántate, levántate y ven con Eva, y vayamos a una buena tierra, no tengan temor, pues soy de carne y hueso como ustedes, y al principio yo era una criatura creada por Dios.
7 Y fue así, que cuando Él me creó a mí, me puso en un jardín en el norte, en la frontera del mundo.
8 Y él me dijo: “Quédate aquí!” Y me quedé allí de acuerdo con Su Palabra, y no transgredí a su mandamiento.
9 Entonces me hizo entrar en un sueño y que alejó de mi.
10 Pero Dios te llevó en su mano divina, y te colocó en un jardín al Este.
11 Entonces me preocupé por tí, porque Dios, bueno te apartó de mi lado y no permitió que te quedaras a mi lado,
12 Y me dijo: ‘No te preocupes por Adán, a quien quité de tu lado; daño no llegarán a él.
13 Por ahora lo he sacado de tu lado, y en un servicio de ayuda*, reúnete a él y te doy la alegría de hacerlo.
14 Entonces el diablo dijo de nuevo: “Yo no sabía que estabas en esta cueva, ni nada sobre este juicio que ha llegado sobre ti, hasta que Dios me dijo:” He aquí, Adán ha transgredido, quien habíatomado de tu lado, y Eva también, a quien saqué de su lado y me han obligado a expulsarlos del jardín y traerlos a esta tierra de dolor y miseria, porque transgredieron contra mí y han obedecido a Satanás. Y mira se encuentran en sufrimiento hasta el día de hoy, ya el octogésimo día.
15 Entonces Dios me dijo: “Levántate, ve a ellos, y tráelos a su lugar para que no sigan sufriendo y así Satanás no pueda venir a ellos a afligirlos. Pero ahora están en gran miseria y se encuentran desamparados y con hambre”
16 Además, me dijo, ‘Cuando estén contigo, dales de comer del fruto del Árbol de la Vida también del agua de la paz, vístelos con la prenda de luz y restáurales su estado anterior de la gracia y no los dejes en miseria, porque ellos vinieron de ti. Pero el duelo no ha terminado ni se han arrepentido de todo lo que les ha sobrevenido.
17 Pero cuando me enteré de esto, yo estaba triste, y mi corazón no podía soportar con paciencia que por ustedes, Oh mi hijo.
18 Pero, oh Adán, cuando escuché el nombre de Satanás, tuve mucho miedo y pensé que cuando saliera en busca de ustedes, me iba a poner una trampa como a ti, Adán y a ti Eva.
19 Y le dije, ‘Oh Dios, cuando vaya a mis hijos, Satanás se reunirá conmigo en el camino, y hará la guerra contra mí, como lo hizo en su contra. “
20 Entonces Dios me dijo: “No temas; cuando te encuentres con él, golpéalo con lo que tienes en tu mano, y no tengas miedo de él, para ti es de vieja data, y él no prevalecerán contra ti ‘.
21 Entonces dije, ‘Oh mi Señor, estoy viejo, y no puedo ir. Envía tus ángeles para llevarlos’.
22 Pero Dios me dijo, ‘A los ángeles, en verdad, no, porque no son como ellos, además no consentirán en venir; por eso te he elegido porque son tus hijos y son como tu y te escucharán en todo lo que les vayas a decir.
23 Dios me dijo además: “Si no tienes suficiente fuerza para caminar, voy a enviarte una nube para transportarle hasta la puerta de la cueva, entonces la nube se regresó y me dejó allí.
24 Y si ellos vienen contigo, entonces enviaré una nube para que te traiga a ti y a ellos.
25 Entonces mandó una nube, la que me trajo hasta aquí y luego regresó.
26 Y ahora, oh mis hijos, Adán y Eva, vean mis cabellos, ya viejos y grises, y mi débil estado por estar lejos de aquel lugar, Vengan conmigo a ese lugar de descanso.
27 Entonces él comenzó a llorar ante Adán y Eva, y sus lágrimas se vertieron sobre el terreno como agua.
28 Y cuando Adán y Eva levantaron sus ojos y vieron su barba, y escucharon su dulce hablar, suavizaron sus corazones hacia él, y le obedecían, porque creyeron que era cierto.
29 Y les pareció a ellos que realmente eran sus hijos, cuando vieron que su rostro era como la de ellos, y confiaron en él.
* La existencia de las dos palabras helpmeet y helpmate, es decir, exactamente la misma
cosa, es una comedia de errores. La promesa de Dios a Adán, como prestados en la versión King James de la Biblia, fue a darle una ayuda idónea para él (es decir, un ayudante apropiado para él).
En el siglo 17 las dos palabras y ayudar a cumplir en este pasaje se confunde con una sola palabra, que se aplica a Eva, y por lo tanto helpmeet vino a significar una esposa.
Luego en el siglo 18, en un equivocado intento de hacer sentido de la palabra, la ortografía helpmate fue presentado. Ambos errores son ahora más allá de recordar, y tanto la ortografía son aceptables.
Capítulo LXI
Ellos comienzan a seguir a Satanás.
1 Entonces él tomó a Adán y a Eva de la mano, y empezó a sacarlos de la cueva.
2 Pero cuando ya estaban llegando a la puerta de la cueva, Dios, sabía que Satanás había
logrado engañarlos y estaba sacándolos de la cueva antes de que se cumplieran los cuarenta días , con el fin de llevarlos a algún lugar lejano para destruirlos..
3 Entonces la Palabra de Dios, el Señor vino de nuevo y maldijo a Satanás, y lo llevó lejos de ellos.
4 Y Dios comenzó a hablar con Adán y Eva, diciéndoles: “¿Qué les hizo salir de la cueva, a este lugar?”
5 Y Adán dijo a Dios: “¿cómo no creer, si un hombre está ante nosotros? Pues cuando estábamos en la cueva, de repente llegó ante nosotros un anciano amable que nos dijo, ‘Yo soy un mensajero de Dios a ustedes, para que vuelvan al lugar de descanso.
6 Y creíamos, oh Dios, que él era un mensajero tuyo, y salíamos con él y no sabíamos que no teníamos que ir con él.
7 Entonces Dios dijo a Adán, “Mira, que es el padre de las malas arte, él fue el que los hizo perder el jardín de las Delicias y cuando vio que Tu y Eva estaban en oración y ayuno y que no iban a salir de la cueva hasta que se cumplieran cuarenta días, decidió poner en práctica sus ideas para que se rompiera el vínculo mutuo y cortar lo que esperábamos de ustedes, luego llevarlos a algún lugar lejano y destruirlos.
8 y como él no podía hacer nada a menos que tomara tu semejanza,
9 se presentó ante ustedes cono la cara semejante a la suya y comenzó a decirles mentiras como si fueran verdades.
10 Pero porque soy misericordioso y soy favorable a ustedes, yo no le he permitido destruirlos y una vez mas me le he llevado lejos.
11 Ahora, pues, oh Adán, toma a Eva y regresen a su cueva, y permanezcan en ella hasta la mañana después de que el cuadragésimo día. Y cuando salgan, vayan hacia la puerta este del jardín. “
12 Entonces Adán y Eva adoraron a Dios, alabando y bendiciendo su nombre por la liberación que les había llegado y para la liberación que había llegado a ellos de Él. Y regresaron a la cueva. Esto ocurrió en la noche del trigésimo noveno día.
13 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie y con una ardiente pasión, oraron a Dios, oraron toda la noche, hasta la mañana.
14 Entonces dijo Adán a Eva, “Levántate, vamos a ir hacia la puerta este del jardín, como Dios nos dijo.”
15 Hicieron sus oraciones, como estaban acostumbrados a hacer todos los días, y dejaron la cueva para ir a cerca de la puerta este del jardín.
16 Entonces Adán y Eva se pusieron de pie y oraron, y llamaron a Dios para que los fortaleciera, y para que les envíe algo para satisfacer su hambre.
17 Pero después de que terminaron sus oraciones, eran demasiado débiles para moverse.
18 Luego vino la Palabra de Dios una vez más, y les dijo: “¡Oh Adán, levántense, vayan y traigan los dos higos que tienen en la cueva, hasta aquí.”
19 Entonces Adán y Eva se levantaron y caminaron hasta que llegaron cerca de la cueva.
Capítulo LXII
Dos árboles frutales.
1 Pero el malvado Satanás tuvo envidia de que Dios les consolara.
2 Entonces les impidió que entraran a la cueva y arrebatándoles los dos higos, los enterró a las afueras de la cueva, a fin de que Adán y Eva no los encuentren; en su corazón estaba el deseo de destruirlos.
3 Sin embargo, por la misericordia de Dios, tan pronto como esos dos higos estaban en el terreno, Dios derrotó a Satanás, anulando su deseo, el de destruir los higos, e hizo que de ellos salieran dos árboles frutales que dieron sombra a la cueva, pues Satanás los había enterrado al oriente de la cueva.
4 A continuación, cuando los dos árboles fueron cultivados, y se confundieron con el sector de las frutas, Satanás agravado en gran manera, llora, y dijo: “Hubiera sido mejor haber abandonado los higos, dejándolos donde estaban, pero ahora, se han convertido en dos árboles frutales, de los cuales, Adán y Eva van a comer toda su vida; y creí que enterrándolos los iba a destruir completamente y que los ocultaría para siempre;
5 pero Dios ha anulado mi plan y no ha permitido la destrucción de este fruto sagrado y ha hecho notoria mi intensión que tenía en contra de sus siervos, derrotándome.
6 Entonces el diablo se alejó avergonzado porque no había logrado con todos sus planes a destruir a Adán y a Eva.
Capítulo LXIII
La primera alegría de los árboles.
1 Sin embargo, Adán y Eva, ya cerca de la cueva, vieron las dos higueras, cargadas de frutas, que eclipsaban la cueva,
2 Entonces dijo Adán a Eva, “Me parece que hemos venido por camino equivocado, ¿Cuándo hemos visto estos árboles cerca de la cueva?, me parece que el enemigo desea llevarnos por camino equivocado, ¿Habrá otra cueva como esta en la tierra?
3 Sin embargo, Eva, vamos a entrar en la cueva, y encontrar en ella los dos higos; si es así, esta es nuestra cueva, pero si no los encontramos, entonces no es la nuestra
4 Ellos entraron luego a la cueva, y buscaron por las cuatro esquinas, más no encontraron los higos;
5 Entonces Adán gritó y dijo a Eva, ¡Hemos entrado a la cueva equivocada!, Eva, tal vez estas dos higueras son los dos higos que estaban en la cueva, y Eva respondió: Yo, por mi parte, no sé.
6 A continuación, Adán se puso de pie y oró diciendo: “Oh Dios, Tú nos dijiste que volviéramos a la cueva, que tomemos los higos y que regresemos a ti;
7 Pero ahora, no los hemos encontrado. ¡Oh! Dios, ¿has tomado, y sembrado estos dos árboles, o hemos ido camino a la tierra, o el enemigo nos ha vuelto a engañar?, En caso de que sea real, entonces, oh Dios, revélanos el secreto de estos dos árboles y de estos dos higos”.
8 Entonces vino la Palabra de Dios a Adán, y le dijo: “¡Oh Adán, cuando te envié a buscar los higos, Satanás fue antes que ustedes, tomó los higos y los enterró al este de la cueva, con la intensión de destruirlos, no los sembró para bien.
9 Más tuve misericordia y mandé que estos árboles crecieran y dieran sombra a la cueva para traerte descanso y para mostrarte mi poder y las maravillas de mis obras.
10 Y también, mostrarte la mezquindad de Satanás, y su mal obrar, por siempre, y desde que salió del jardín, no ha cesado, ni un solo día, haciéndote de algún modo, daño. Pero no he dado poder sobre él. “
11 Y dijo Dios: “A partir de ahora, oh Adán, se regocijarán por los árboles, tanto tu como Eva y el resto , cuando se sientan cansados, pero no coman ninguno de sus frutos ni vengan cerca de ellos.”
12 Entonces Adán lloró, y dijo: “Oh Dios, ¿nos o vas a matar de nuevo, o apartarnos de tu rostroy cortar nuestra vida de la faz de la tierra? 
13 Oh Dios, te pido, si existe en estos árboles, ya sea la muerte o algún otro mal, como en el primer tiempo, y ahora que están cerca de nuestra cueva, mejor déjanos morir por el calor, el hambre o la sed.
14 Porque sabemos de tu maravillosa obra, oh Dios, que son grandes, y que por tu poder puedes llevar a cabo una cosa, como otra, sin que uno de ellos lo deseen. Por tu poder puedes hacer que las rocas se conviertan en árboles, y los árboles, en rocas, si así lo deseas. “
Capítulo LXIV
Adán y Eva participar de la primera comida terrenal.
1 Entonces Dios miró que Adán tenía resistencia frente al hambre, a la sed y al calor. Dios así mismo cambió las dos higueras en los dos higos que fueron inicialmente y les dijo a Adán y a Eva: “Cada uno de ustedes puede tomar una parra” y ellos tomaron las parras como les dijo Dios.
2 Y Él les dijo: “Ahora entren en la cueva y coman los higos, y satisfagan su hambre, o de lo contrario morirán.”
3 Así que, como Dios mandó, entraron en la cueva cerca de la puesta del sol. Y Adán y Eva, puestos de pié, oraron, durante toda la puesta del sol.
4 Luego se sentaron a comer los higos, pero no sabían cómo comer; porque no estaba
acostumbrados a comer alimentos terrenales. Tenían miedo de que si ellos comían, su estómago se agobie, su carne se engruese y su corazón se incline a favor de los alimentos terrenales.
5 Sin embargo, mientras estaban sentados así, Dios, sintió pena por ellos, y les envió su ángel, para que no perezcan de hambre y sed.
6 Y el ángel dijo a Adán y a Eva, “Dios me ha enviado a decirles que deben comer, porque ya no tienen fuerzas para continuar, pues si no comen van a morir; ahora tienen carne animal y esta carne no puede subsistir sin alimento ni bebida”
7 Entonces Adán y Eva tomaron los higos y comenzaron a comer; y Dios había puesto en estos un agradable sabor, como una mezcla de pan y sangre..
8 Entonces el ángel dejó a Adán y a Eva, quienes comieron de los higos hasta de Adán y Eva, que comió de los higos hasta quedar satisfechos; luego dejaron hacia un lado lo que sobró, pero Dios en su amor y poder hizo que los higos estuvieran completos nuevamente, bendiciéndolos.
9 Después de esto Adán y Eva se levantaron, y oraron a Dios, con un corazón alegre y con renovada fuerza, y se regocijaron y alabaron por la abundancia de toda esa noche. Y este fue el final de los ochenta y tres días.
Capítulo LXV
Adán y Eva adquieren órganos digestivos. Ya no hay esperanza de volver al Jardín.
1 Y cuando era ya de día, se levantaron y oraron, como era su costumbre, y luego salieron de la cueva.
2 Sin embargo, se enfermaron por causa de los alimentos que habían comido, porque no estaban acostumbrados y se dijeron uno al otro:
3 “Esto nos ha pasado por comer, ahora sentimos este gran dolor. Estamos en la miseria y vamos a morir; habría sido mucho mejor haber muerto por mantener puros nuestros cuerpos, que morir habiéndolos manchado con la comida. “
4 Entonces dijo Adán a Eva, “Este dolor no venía a nosotros en el jardín, ni tampoco comíamos alimentos tan malos. ¿Crees, Eva, que Dios nos haya mandado esta plaga a través de los alimentos, para que nuestras vísceras salgan, o esto significa que Dios nos va a matar con este dolor antes de que cumpla su promesa con nosotros? “
5 Luego, Adán suplicó al Señor y le dijo: “Oh Señor, no nos hagas perecer a través de los
alimentos que hemos comido. Oh Señor, no nos castigues, trátanos de acuerdo a tu gran
misericordia, y no nos abandones hasta el día de la promesa que nos has hecho.”
6 Entonces Dios los miró, y les mostró el comer un alimento a la vez, tal cual se hace hasta el día de hoy, para que no perezcan.
7 Entonces Adán y Eva regresaron de nuevo en la cueva, estando tristes y llorando debido a la alteración que sufrieron sus cuerpos.
 ambos sabían desde esa hora que eran seres alterados y que toda esperanza de volver al jardín ahora estaba perdida, y que no podían entrar en él.
8 Ahora sus cuerpos cumplían funciones extrañas para ellos y entendieron que toda carne necesita de los alimentos y de las bebidas para subsistir y que ya no podían entrar al jardín.
9 Entonces dijo Adán a Eva, “He aquí, nuestra esperanza está ahora perdida, y también lo está nuestra confianza para entrar en el jardín. Ya no pertenecemos a los habitantes del jardín, pues a partir de ahora somos de la tierra y el polvo, y de los habitantes de la tierra. No vamos a volver al jardín, hasta el día en que Dios ha prometido salvarnos, y para traernos de nuevo en el jardín, como Él nos prometió. “
10 Luego oró a Dios que Él tenga misericordia de ellos, tras lo cual, su mente se inquietaba, sus corazones se rompieron, y su anhelo era enfriado y eran como extraños en la tierra.
Esa noche Adán y Eva pasaron en la cueva, donde durmieron en gran medida a causa de los alimentos que habían comido.
Capítulo LXVI
Adán hace su primer día de trabajo.
1 Cuando era de mañana, el día después de haber comido los alimentos, Adán y Eva oraron en la gruta, y Adán dijo a Eva, “Mira, hemos pedido los alimentos a Dios, y Él nos lo dio. Vayamos ahora y pidamos que también nos de un poco de agua”
2 Entonces se levantaron, y se dirigieron a la orilla del arroyo de agua, que estaba en la frontera sur del jardín, en el que se habían tirado antes. Y fue a la orilla, y oró a Dios para que les mande a beber del agua.
3 Entonces la Palabra de Dios vino a Adán, y le dijo: “¡Oh Adán, su cuerpo se ha convertido en un cuerpo brutal, y necesita agua para beber. Toma del agua y bebe y luego alaba y da gracias”
4 Adán y Eva se trasladaron hasta al arroyo y bebieron de ella, hasta que su cuerpo se sintió refrescado. Después de haber bebido, alabaron a Dios, y luego regresaron a su cueva, como era ya su antigua costumbre. Esto sucedió al final de los ochenta y tres días.
5 Luego, en los ochenta y cuarto día, se llevaron los dos higos y los colgaron en la cueva, junto con las hojas, y era para ellos un signo y una bendición de Dios. Y los pusieron allí para que si sus descendientes llegaran allí, vieran las cosas maravillosas que Dios había hecho para ellos.
6 Entonces Adán y Eva estando de nuevo fuera de la cueva, pidieron a Dios que les muestre algo de comida con la que podría nutrir su cuerpo.
7 Entonces la Palabra de Dios se acercó y les dijo: “¡Oh Adán, vayan hasta el oeste de la cueva, hasta llegar a una zona oscura de la tierra, y allí encontrarán alimentos.”
8 Y Adán obedeció a la Palabra de Dios, y tomó a Eva, y bajaron a la tierra oscura, y allí
encontraron trigo * creciente y maduro, e higos para comer, y Adán se alegró por ello.
9 Entonces la Palabra de Dios vino de nuevo a Adán, y le dijo: “Toma una parte de este trigo y hagan con el algunos panes para que nutran sus cuerpos. Y dio Dios sabiduría al corazón de ellos para que elaboraran con el maíz, los panes.
10 Adán sacó el trigo hasta quedar débil y cansado, luego regresó a la cueva muy regocijado con lo que había aprendido con el trigo para lograr hacer pan.
* En este libro, los términos «maíz» y «trigo» se emplean indistintamente. La referencia es, posiblemente, que sirve para indicar un tipo de grano parecido a la antigüedad egipcia El maíz también conocido como Durra. Durra es un trigo-como cereal de grano cultivado con frecuencia en regiones áridas como Egipto.
Capítulo LXVII
Satanás intenta llevar por mal camino a Adán y a Eva
Cuando Adán y Eva bajaron a la tierra del barro negro y llegaron cerca del trigo, que Dios les había mostrado y vieron que estaba maduro y listo para cosechar, lo empezaron arrancar con la mano, pues no tenían una hoz con que hacerlo, y así lo hicieron hasta que acabaron ded tomar lo que necesitaban.
2 Luego de haber apilado en un montón, estaban tan cansados que desfallecían por el calor y por la sed que tenían y fueron y se recostaron a la sombra de un árbol, donde la brisa fresca los relajó hasta quedar dormidos.
3 Pero Satanás vio lo que Adán y Eva había hecho. Y llamó a sus anfitriones, y les dijo: “Puesto que Dios ha mostrado a Adán y a Eva todo acerca de este trigo, que les sirve para fortalecer sus cuerpos, nosotros vamos a hacerles el trabajo mas difícil, ellos han hecho una pila de trigo y estando cansados por el trabajo duro, se han quedado dormidos, vengan, vamos a incendiar el maíz para que se queme todo y vaciemos por tierra esa botella de agua que tienen para que no tengan con que calmar su sed y así mueran por hambre y por sed
4 Entonces, cuando despierten de su sueño, y traten de regresar a la cueva, vamos a llegar a ellos en el camino, y los llevaremos por otro camino distinto; a fin de que mueran de hambre y sed; y así tal vez logremos que nieguen a Dios y El los destruya; así nos vamos a deshacer de ellos “
5 Entonces Satanás y sus anfitriones prenden fuego al trigo y lo quemaron.
6 Pero cuando Adán y Eva sintieron el calor del fuego, se despertaron y vieron que su trigo estaba quemándose y que la botella de agua estaba derramada por el suelo,
7 Y lloraron y se dirigieron de nuevo a la cueva.
8 Pero a medida que se iban hasta por debajo de la montaña, Satanás y sus anfitriones se reunieron en forma de ángeles, alabando a Dios.
9 Entonces Satanás dijo a Adán, “Adán, ¿por qué estás tan dolido con el hambre y las sed?, me parece que Satanás les ha quemado el trigo” y Adán responde: “Si”
10 De nuevo Satanás dijo a Adán, “Vuelve con nosotros, somos ángeles de Dios. Dios nos ha enviado a ustedes, para que les mostremos otro campo de maíz, mucho mejor que este y también una fuente de agua muy buena, con muchos árboles, mucho mejor que el Satanás ha consumido”
11 Adán pensando que era cierto y que realmente eran ángeles de Dios, los siguió
12 Entonces siguió a Satanás por el mal camino, durante ocho días, hasta que fatigado,
hambrientos y sedientos cayeron a tierra como muertos, y luego Satanás huyó con sus anfitriones.
Capítulo LXVIII
Adán y Eva establecen la costumbre de culto a Dios.
1 Entonces Dios miró a Adán y a Eva, y vio como Satanás los había engañado hasta el punto de casi matarlos.
2 Y envió su Palabra, y levantó a Adán y a Eva de su estado de muerte.
3 Luego, Adán, cuando estuvo ya de pie, dijo, Oh Dios, ¿Por qué nos haces perecer, enviando tus ángeles para que quemen el trigo y viertan el cubo de agua?, si esto es de ti, quítanos el alma pero no nos castigues
4 Entonces Dios dijo a Adán: “Yo no he mandado a quemar el trigo y no he hecho verter el cubo de agua y no he enviado a mis ángeles para que te desvíen del camino.
5 Fue Satanás, su maestro, el que lo hizo; él, a quien ustedes se han sometido y por quien dejaron mi mandamiento; él es quien ha quemado el maíz y derramado el agua y los ha llevado en un camino equivocado; y todas las promesas que les ha hecho, son solo un truco, un engaño y una mentira.
6 Pero ahora, oh Adán, yo haré buenas obras para ustedes”
7 Y Dios le dijo a sus ángeles que tomaran a Adán y a Eva, y los llevaran al campo de trigo y que lo encuentren como era antes y también el cubo, lleno del agua.
8 Y allí vio un árbol, y encontraron en ella maná sólido, lleno por el poder de Dios. Y los ángeles les mandaron que comiesen del maná, por cuanto estaban hambrientos.
9 Y Dios amonestó a Satanás y lo maldijo, prohibiéndole venir nuevamente al campo y destruirlo.
10 Entonces Adán y Eva tomaron del maíz, e hicieron con ella una ofrenda, en la montaña, donde habían hecho su primera ofrenda de sangre.
11 Y ellos ofrecieron esta ofrenda de nuevo en el altar que había construido en un principio.
Y se pusieron de pie y oraron, y en súplica, dijeron al Señor: “Oh Señor, cuando estábamos en el jardín, nuestras alabanzas eran como esta ofrenda y nuestra inocencia como el incienso que te agrada; pero ahora, Oh Señor acepta esta ofrenda de nosotros y no nos prives de tu misericordia” “
12 Entonces Dios dijo a Adán y a Eva, “Desde el momento que han hecho esta ofrenda y me la han ofrecido, yo he prometido a mí mismo que me haré carne y que cuando baje a la tierra te salvaré y el sacrificio se hará en forma continua en un altar para el perdón y la misericordia, para dar a todos aquellos que participan de el”
13 Y Dios envió un brillante fuego sobre la ofrenda de Adán y Eva, y la completó con brillo, la gracia y la luz, y el Espíritu Santo descendió sobre la ofrenda.
14 Entonces Dios mandó un ángel a tomar fuego, con pinzas, como si fuera una cuchara, y con ella tomó de la ofrenda y se la llevó a Adán y a Eva; así lo hizo el ángel, tal como Dios se lo había mandado.
15 Y cuando recibieron de la ofrenda, las almas de Adán y Eva se iluminaron, y sus corazones estaban llenos de gozo y alegría y de las alabanzas de Dios.
16 Y Dios dijo a Adán: “Esta será una costumbre, y cuando la aflicción y el dolor venga sobre ustedes, háganlo.
Pero su liberación y su entrada al jardín, no será hasta que se cumplan los días ya acordados entre ustedes y yo, y si no fuere así, yo por mi misericordia y mi piedad sobre ustedes, haría que regresen al jardín, debido a la ofrenda que acaban de hacer en mi nombre”
17 Adán, al escuchar esto del mismo Dios, se regocijó, y él y Eva adoraron ante el altar, al que cedieron, y luego volvieron a la Cueva de los Tesoros.
18 Y esto tuvo lugar al final del duodécimo día después del octogésimo día, a partir del momento que Adán y Eva salieron del jardín.
19 Y se pasaron de pie toda la noche hasta la mañana rezando, y luego salieron de la cueva.
20 Entonces dijo Adán a Eva, con alegría de corazón, porque la ofrenda que habían hecho a Dios, había sido aceptada; “ Vamos a hacer esto tres veces a la semana, el día miércoles, que es el cuarto de la semana, entre el Viernes y el Sábado y el día Domingo, todos los días de nuestra vida”
21 Y por el acuerdo que Adán y Eva tomaron entre sí, Dios se sintió complacido.
22 Después de esto, vino la Palabra de Dios a Adán, y dijo: “¡Oh Adán, estos días que han
determinado para las ofrendas, son los día que vienen sufrimientos sobre mi, cuando esté el la carne, el día Miércoles y el día de la preparación para el Viernes.
23 Pero en cuanto al primer día, es el día en que he creado todas las cosas, y he puesto los cielos.
Y una vez más, a través de mi, voy a crear alegría y criaré en alto a todos los que creen en Mi, Oh Adán, ofrece esta ofrenda todos los día de tu vida”
24 Entonces Dios retira Su Palabra de Adán.
25 Y Adán siguió ofreciendo la ofrenda, cada semana, tres veces, hasta el final de siete semanas. 
Y el primer día, que es el quincuagésimo, Adán hizo una ofrenda como él estaba acostumbrado, y él y Eva llegaron al altar ante Dios, como Él les había enseñado.
Capítulo LXIX
Duodécima aparición de Satanás a Adán y a Eva.
1 Entonces Satanás, que odia a todos los buenos, envidió a Adán por su ofrenda, puesto que a través de ella halló el favor de Dios, y se apresuró y tomó una fuerte piedra entra las piedras de hierro fuerte, y tomando la forma de un hombre se puso entre Adán y Eva.
2 Adán fue entonces para hacer su ofrenda sobre el altar y comenzó a orar levantando sus manos ante Dios
3 Entonces Satanás se apresuró y con la fuerte piedra de fierro que tenía golpeó el lado derecho de Adán, perforándolo, del cual fluía sangre y agua, entonces Adán cayó sobre el altar como un cadáver, y Satanás huyó.
4 Luego vino Eva y tomó a Adán y lo puso debajo del altar y se quedó junto a él, llorando, mientras la sangre de Adán fluía al lado de la ofrenda.
5 Y Dios miró que Adán moría y envió con su palabra que se pusiese de pie y termine de entregar su ofrenda porque no tiene deficiencia y es de sumo valor.
6 Dios dijo además a Adán: “Así también me va a suceder cuando baje a la tierra, cuando sea traspasado, pues de mi costado va a salir sangre y agua siendo mi cuerpo ejecutado y ofrecido sobre el altar como la ofrenda perfecta y verdadera. “
7 Entonces Dios mandó a Adán terminar su ofrenda, y cuando había terminado, le rindieron culto a Dios y le alabaron por las señales que les había mostrado.
8 Y Dios curó a Adán en un día, el final de las siete semanas, y que es el quincuagésimo día.
9 Entonces Adán y Eva regresaron de la montaña, y entraron en la Cueva de los Tesoros, tal y como estaban acostumbrados a hacer. Con esto eran ya ciento cuarenta días en que Adán y Eva habían salido del jardín.
10 Durante esa noche, Adán y Eva estuvieron de pie orando al Señor y cuando era ya de mañana, salieron y bajaron hacia el lado oeste de la cueva, al lugar donde estaba su maíz y allí descansaron bajo la sombra de un árbol, como ya estaban acostumbrados
11 Pero Satanás haciendo uso de su maldad, quería librar una guerra contra Adán a través del matrimonio y una multitud de animales vinieron a su alrededor.
Capítulo LXX
Decimotercera aparición de Satanás, para engañar a Adán en casarse con Eva.
1 Después de esto, Satanás, que odia a todos los buenos, tomó la forma de un ángel, y con él otros dos, de manera que se parecían a los tres ángeles que había traído a Adán, oro, incienso y mirra.
2 Se presentó ante Adán y Eva mientras estaban recostados bajo la sombra del árbol y los saludó engañosamente con palabras aparentemente justas.
3 Y cuando Adán vio su agradable expresión, y escuchó su dulce voz, se levantó, les dio la bienvenida y los trajo a donde Eva y permanecieron todos juntos; y el corazón de Adán se alegró porque pensó que estos eran los mismos ángeles que les trajeron el oro, el incienso y la mirra.
4 Porque, cuando llegaron a Adán por primera vez, trajeron con ellos paz y alegría y también las tres señales, por esto es que Adán creyó que con esta segunda vez traerían otras señales para regocijarse; pero él no sabía, que era Satanás y los recibió con alegría
5 Luego, Satanás, el más alto de ellos, dijo: “Regocíjense, oh Adán, y alégrense, Miren, Dios nos ha enviado para decirte algo.
6 Y dijo Adán, “¿Qué es?” Entonces Satanás respondió: “Es una cosa simple, sin embargo, es la Palabra de Dios, que aceptes lo que te digamos y lo hagas, Pero si no lo aceptas, vamos a volver a Dios, y le diremos que no quisiste obedecer a su mandato.”
7 Y Satanás le dijo a Adán de nuevo, “No tengas miedo y no tiembles, ya nos conoces”
8 Y Adán dijo: “Yo no los conozco”
9 Entonces el diablo le dijo: “Yo soy el ángel que te trajo el oro, y te llevé a la cueva, este otro ángel es el que te trajo incienso, y ese tercer ángel, es el que te trajo la mirra, cuando estabas en la cima de la montaña, y que los llevé a la cueva.
10 Pero en cuanto a los otros ángeles, que aparecieron en la cueva, Dios no los ha enviado con nosotros en este momento, porque él nos dijo, ‘Ustedes serán suficientes “
11 Así que cuando Adán escuchó estas palabras, a su juicio pensó que estos ángeles hablaban la palabra de Dios, por lo tanto podrían disfrutar.
12 Y el diablo le dijo: “Jura, y te prometo que recibirás.”
13 Y Adán dijo: “No sé cómo juran y prometer”.
14 Y el diablo le dijo: “Mantén tu parte, y ponla dentro de mi mano.”
15 Entonces Adán se celebró en su mano, y la puso en manos de Satanás, cuando Satanás le dijo: “Repite, ahora – Tan cierto como que Dios es vida, es la razón y por su palabra creó las estrellas en los cielos y estableció el terreno seco sobre las aguas y me ha creado fuera de los cuatro elementos* y del polvo de la tierra, digo que no romperé mi promesa, ni renunciaré a mi palabra”
16 Y Adán juró así.
17 Entonces el diablo le dijo: “Mira, ahora es ya un buen tiempo desde que salieron del jardín, y no sabes nada sobre la maldad. Pero ahora Dios te dice que poseas a Eva, puesto que ella salió de tu costado, y debes unirte a ella y tener hijos, para su comodidad y para evitar problemas y dolor, mas esto en realidad no es difícil para ti, ni debe causarte escándalo”
* Véase la nota anterior en el capítulo XXXIV en relación con el «cuatro elementos».
Capítulo LXXI
Adán está preocupado por la idea de unirse a Eva.
1 Sin embargo, cuando Adán escuchó estas palabras de Satanás, se sintió apesadumbrado debido al juramento que hizo y de su problema y dijo: ¿Puedo yo cometer adulterio con mi propia carne y mis propios huesos y pecaré contra mí mismo para destruirme y así Dios me eche de la faz de la tierra?
2 Si en un primer momento, que comí del árbol, él me sacó del jardín y me trajo a esta tierra, privándome de mi naturaleza brillante y trajo la muerte sobre mí; entonces al hacer esto, El me cortará de la tierra y me enviará al infierno y me llenará de plagas por mucho tiempo.
3 Pero Dios nunca nos ha hablado de estas palabras que ustedes nos han dicho, pues ustedes no son ángeles de Dios y él no los ha enviado; ustedes son demonios y han bajado y presentado delante de nosotros con una falsa apariencia. ¡Lejos de aquí, malditos de Dios!
4 Entonces los demonios huyeron de delante de Adán. Y él y Eva se levantaron y regresaron a la Cueva de los Tesoros, y entraron en ella.
5 Entonces dijo Adán a Eva, “Viste lo que hice, no se lo digas a nadie,. Porque yo he pecado contra Dios en juramento, tomando su nombre y en puesto mi mano otra vez más con Satanás”. Eva, entonces celebró su paz, como le dijo Adán.
6 Luego Adán se levantó, y levantó sus manos ante Dios y avergonzado y deprimido y con lágrimas le pidió perdón por lo que había hecho.
Y así se mantuvo Adán, de pie, orando durante cuarenta días y cuarenta noches y no comía, ni bebía hasta que su cuerpo agotándose cayó al suelo por el hambre y la sed.
7 Entonces Dios enviando Su Palabra a Adán, hizo que se levantara y le dijo: ¡Oh Adán! ¿Por qué haz jurado por mi nombre y haz hecho este acuerdo con Satanás por segunda vez?
8 Y Adán lloró y dijo: “Oh mi Dios, perdóname, fue un acto involuntario, pues creí que eran ángeles tuyos”
9 Y Dios perdonó a Adán, diciéndole, “Tengan cuidado de Satanás.”
10 Y retiró Su Palabra de Adán.
11 Entonces el corazón de Adán fue confortado, y tomando a Eva, salieron de la cueva, para preparar algo de comida para sus cuerpos.
12 Y a partir de ese día, Adán luchaba en su mente acerca del unirse a Eva y temía hacerlo, pues no quería que Dios se enoje con él.
13 Adán y Eva fueron al río de agua, y se sentaron en el banco, como la gente hace cuando disfrutan del momento.
14 Y Satanás se puso celoso de ellos, y pensó un nuevo plan para destruirlos.
Capítulo LXXII
Satanás aparece como doncellas hermosas.
1 Entonces Satanás, y diez de sus anfitriones, se transformaron en doncellas; que por gracia eran diferentes a los demás del mundo.
2 Vinieron hasta del río en presencia de Adán y Eva, y ellos se dijeron entre sí: “Ven, vamos a ver las caras de Adán y Eva, que son de los hombres sobre la tierra.
Bellos como son y tan diferentes al aspecto de nuestras propias caras. Luego vinieron a Adán y Eva, y saludándolos les hacán estas preguntas.
3 Adán y Eva mirándolos, también, se preguntaban por su belleza, y dijeron: “¿Existe, entonces, así como nosotros, otro mundo con criaturas tan hermosas como ustedes?
4 Y las doncellas dijeron a Adán y a Eva, “Sí, de hecho, somos una abundante creación.”
5 Luego Adán les dijo: “Pero, ¿cómo se multiplican?”
6 Y ellos le contestaron: “tenemos maridos que se han unido a nosotras y tenemos niños, que crecen y que a su vez se unen entre sí y vamos aumentando en número; pero creemos Adán, que no nos creen, les mostraremos a nuestros maridos e hijos.”
7 Entonces ellos gritaron al otro lado del río, como si estuvieran llamando a sus maridos y sus hijos, y vinieron desde el río, los hombres y los niños, y todos los hombres llegaron a su esposa, sus hijos estaban con ellos.
8 Y cuando Adán y Eva vieron a todos ellos, quedaron mudos, solo pensando dentro de sí mismos.
9 Luego dijeron a Adán y a Eva, “Vean a todos nuestros maridos y nuestros hijos, Adán tú debes unirte a Eva, como ya nosotros lo hemos hecho y así tendrán niños, como nosotros tenemos.” Esto era tan solo un plan malévolo de Satanás para engañar a Adán.
10 Satanás también pensaba dentro de sí mismo, “Si Dios mandó a Adán primero que no comiese del fruto del árbol porque si no moriría sin embargo Adán comió y Dios no lo mató, sino que solamente decretó su muerte y las plagas y los juicios, hasta el día que salga de su cuerpo, 11 ahora, entonces, si cae en el engaño, haciéndome caso otra vez y se une a Eva sin el permiso de Dios, entonces Dios lo matará definitivamente.”
12 Por lo tanto, Satanás trabajó duro por esta aparición ante Adán y Eva, porque él quería matarlo, y hacer que desapareciera de la faz de la tierra.
13 Mientras tanto el fuego del pecado entró en Adán, y él pensó en cometerlo. Pero él mismo se sujetó, temiendo que si él seguía este consejo de Satanás, Dios lo mataría.
14 Entonces Adán y Eva se levantaron, y oraron a Dios, mientras que Satanás y sus anfitriones cayeron en el río, en presencia de Adán y Eva; y les dejaron regresando a su propio mundo.
15 Entonces Adán y Eva volvieron a la Cueva de los Tesoros, y como estaba ya cerca la noche, llegaron como era su costumbre, a tiempo.
16 Y los dos se levantaron y oraron a Dios esa noche. Adán se mantuvo de pie en oración, aún sin saber cómo orar, por la razón de los pensamientos que en su corazón estaban acerca de su unión con Eva, y continuó hasta mañana.
17 Y cuando la luz surgió, dijo Adán a Eva, “Levántate, vamos a ir por debajo de la montaña, a donde nos dieron el oro, y vamos a pedir al Señor en relación con esta cuestión.”
18 Luego Eva dijo: “¿Qué asunto es ese, Adán?”
19 Y él respondió a ella, “Eso, de pedirle a Dios que me permita unirme a ti, porque no lo voy a hacer sin su permiso, o si no él nos hará perecer, a ti y a mí.
Los demonios, con sus apariciones pecaminosas, han fijado en mi corazón el fuego del pecado
20 Entonces dijo Eva a Adán, “¿Por qué es necesario que vayamos abajo de la montaña?
¡Levantémonos en oración aquí mismo en la cueva y Dios nos dirá si nos es permitido esto que pedimos o no! “
21 Adán, entonces se levantó en oración y dijo: “Oh Dios, tu sabes que hemos transgredido en contra tuya, y desde el momento que transgredimos fuimos despojados de nuestra brillante apariencia y nuestro cuerpo se volvió en brutal, requiriendo de alimento y bebida, como el animal desea..
22 Venimos ante ti, oh Dios, porque no queremos hacer nada sin tu permiso, porque tenemos temor de ti, de que nos vayas a destruir, porque si hacemos sin tu permiso lo que Satanás nos dijo, tu nos harás perecer;
23 por eso, entonces Señor, toma nuestras almas de nosotros, y haznos libres de esta animal lujuria. Y si no, sepáranos el uno del otro, para estar lejos de los demás
24 Por otra parte, Oh Dios, si nos separas el uno del otro, los demonios nos van a engañar con sus apariciones que se asemejan a nosotros, y destruirán nuestros corazones y nuestros pensamientos queriendo ir a donde los demás.
Sin embargo, si cada uno de nosotros no vamos hacia los demás, los demonios vendrán a nosotros en apariciones según nuestra semejanza y nos tentarán constantemente. Aquí Adán terminó su oración.
Capítulo LXXIII
El matrimonio de Adán y Eva.
1 Y Dios consideró las palabras de Adán y vió que era cierto lo que pasaría por aceptar el consejo de Satanás.
2 Y Dios aprobó ,o que Adán había pensado sobre este asunto y la oración que había ofrecido en su presencia y su palabra vino y le dijo: “¡Oh Adán, si hubieses tenido esta misma precaución antes de que salieras del jardín 
3 Después de eso, Dios envió a su ángel, el que había traído el oro, y al ángel que había traído incienso, y al ángel que había traído la mirra a Adán, a que le informen respecto a su matrimonio con Eva.
4 Entonces los ángeles dijeron a Adán, “Toma el oro y dáselo a Eva como un regalo de bodas, y la promesa de casarte con ella, entonces, dale como regalo algo de incienso y de mirra, como muestra que ambos serán una sola carne”
5 Adán obedeció a los ángeles, y tomó el oro y lo puso en la víspera en el seno de su vestido, y prometió casarse con ella tomándola de la mano.
6 Entonces los ángeles mandaron a Adán y a Eva a levantarse y a orar cuarenta días y cuarenta noches; y pasados los día fijados, recién Adán podrá estar con su esposa; para que desde ese momento, tal acto matrimonial sería un acto puro y sin mansilla, para así tener hijos y se multiplicarse sobre la faz de la tierra.
7 Luego, que Adán y Eva recibieron las palabras de los ángeles y los ángeles se apartaron de ellos.
8 Entonces Adán y Eva comenzaron a orar, y continuaron así hasta finales de los cuarenta días, y entonces fueron y estuvieron juntos, como los ángeles les habían dicho.
Y desde el momento en que Adán, salió del jardín hasta que se unió a Eva, eran ya doscientos y veinte y tres días, que son siete meses y trece días.
9 Así fue derrotada la guerra que Satanás tuvo contra Adán.
Capítulo LXXIV
El nacimiento de Caín y Luluwa.
1 Y les tocó vivir en la tierra de trabajo con el fin de mantener sus cuerpos en buen estado de salud, y que continuó hasta los nueve meses de embarazo de Eva, y el tiempo se acercaba cuando ella debería dar a luz.
2 Luego dijo a Adán, “Las señales nos indican que esta cueva desde que salimos del jardín es un lugar puro y estaremos orando aquí, de nuevo, por algún tiempo. No es conveniente que de a luz en este lugar, vayamos a la cúpula de roca que Dios nos hizo de refugio, librándolos de la mala intención de Satanás de matarnos con una gran piedra.
3 Adán luego tomó a Eva de la cueva y cuando llegó el momento de dar a luz, ella se asustó mucho.
Y Adán sintió mucha compasión, y estaba muy preocupado por ella porque creía que estaba cerca de la muerte y las palabras de Dios, sobre su fin, se estaban cumpliendo: “Con sufrimiento tendrá a sus hijos y con dolor los dará a luz”
4 Pero cuando Adán vio el peligro en que Eva estaba, se levantó y oró a Dios, y dijo: “Oh Señor, mírame con ojos de compasión y de misericordia y libérame de esta angustia”
5 Y Dios miró a su sierva Eva, y en su entrega, dio a luz a su primer hijo, y con él una hija.
6 Y se regocijó a Adán en Eva y agradeció por la liberación del dolor y también por los hijos nacidos. Adán y Eva rindieron culto en la cueva, hasta el final de ocho días, y a su hijo llamó Caín y a la hija Luluwa.
7 Y el significado de Caín es “odio”, porque odiaba a su hermana en el vientre materno, antes de que naciera. Por lo eso Adán lo nombró Caín.
8 Pero Luluwa significa “hermoso,” porque era más hermosa que su madre.
9 Entonces Adán y Eva esperaron hasta que Caín y su hermana tuvieran cuarenta días de nacidos, entonces Adán dijo a Eva, “Vamos a hacer una ofrenda y ofrecerla en nombre de los niños.”
10 Y Eva dijo: “Vamos a hacer una ofrenda para el primer hijo nacido y luego vamos a hacer otra por la hija.”
Capítulo LXXV
La familia vuelve a la Cueva de Tesoros. Nacimiento de Abel y Aklia.
1 Entonces Adán preparó una ofrenda, y él y Eva las ofrecen para sus hijos, y lo llevaron al altar que habían construido en un principio.
2 Y Adán ofreció la ofrenda, y pidió a Dios que la aceptase.
3 Entonces Dios aceptó la ofrenda de Adán, y envió una luz del cielo que consumió la ofrenda. Adán y el niño se acercaron a la ofrenda, pero Eva y la niña no se acercaron a ella.
4 Adán, luego de haber entregado la ofrenda, baja del altar con el niño, muy alegre. Luego de cuarenta días, es decir ochenta días, Adán preparó otra ofrenda y llevó a Eva y los niños y subieron al altar y entregaron otra ofrenda, esta vez por la niña y pidió que fuese aceptada.
5 Y el Señor aceptó la ofrenda de Adán y Eva. Entonces Adán, Eva y los niños, se acercaba juntos, y bajaron de la montaña, con gran regocijo.
6 Pero ellos no regresaron a la cueva en la que nacieron los niños, sino que llegaron a la cueva de los tesoros, a fin de que los niños fueran bendecidos con todas las señales que fueran traídas del jardín.
7 Sin embargo, después de haber sido bendecidos con estas señales, regresaron a la cueva en la que nacieron.
8 Sin embargo, antes de que Eva habían ofrecido la ofrenda, Adán había tomado a Eva y habían bajado hasta el río, donde se habían tirado la primera vez y se lavaron.
Adán lavó su cuerpo y Eva el suyo, luego de haber terminado la angustia por la que habían pasado.
9 Adán y Eva, después de lavarse en el río de agua, cada noche, regresaban a la Cueva de los Tesoros, donde oraban y se bendecían, y luego regresaban a su cueva, donde sus hijos habían nacido.
10 Adán y Eva hicieron esto hasta que los niños fueron sido destetados. Después de que fueron destetados, Adán hizo una ofrenda para las almas de sus hijos, además de las tres veces cada semana que hacía ofrenda por ellos mismos.
11 Cuando los niños fueron destetados, Eva concibió una vez más, y cuando su embarazo llegó a término, dio a luz a otro hijo e hija. Y ellos fueron llamados Abel, el hijo, y Aklia, la hija.
12 Entonces al final de cuarenta días, Adán hizo una ofrenda para el hijo, y al final de los ochenta días, hizo otra ofrenda para la hija, y fueron tratados, como habían sido tratados Caín y su hermana Luluwa.
13 Fueron luego a la Cueva de los Tesoros, donde recibieron sus bendiciones, tras lo cual
regresaron a la cueva donde habían nacido. Después de que estos niños nacieron, Eva dejó de tener hijos.
Capítulo LXXVI
Caín tiene celos de Abel a causa de sus hermanas.
1 Y los niños comenzaron a crecer más fuertes y más altos, pero Caín era duro de corazón, y se pronunció sobre su hermano menor.
2 A menudo, cuando su padre hacía una ofrenda, Caín se quedaba y no iba con ellos, y no ofrecía nada.
3 Pero, en cuanto a Abel, él tenía un corazón manso, y fue obediente a su padre y a su madre. Él se trasladaba con frecuencia a hacer una ofrenda, porque él amaba. Él oró y ayunó mucho.
4 Luego vino esta señal a Abel. Como entraba a la cueva de los tesoros, y vio la barras de oro, elincienso y la mirra, preguntaba a sus padres, Adán y Eva, acerca de ellas, pues  quería saber de dónde las habían obtenido.
5 Y Adán le contó todo lo que había caído sobre ellos. Y Abel sintió profundamente en el corazón lo que les había acontecido a sus padres.
6 Por otra parte su padre, Adán, le contó de las obras de Dios, y del jardín. Después de escuchar todo lo que su padre le contó, Abel se quedó en la cueva de los tesoros durante toda la noche.
7 Y esa noche, mientras estaba orando, Satanás se le apareció bajo la figura de un hombre, que le dijo: “Tu constantemente has ido a hacer las ofrendas con tu padre, has hecho oración y ayuno, por esto, te voy a matar y te quitaré de esta tierra.”
8 Pero Abel oraba más fervientemente y echó al diablo fuera y no creyó ninguna de las palabras que le había dicho.
Luego, cuando era ya de día, un ángel de Dios se le apareció y le dijo: “No cortes tu ayuno y tu oración, porque son ofrendas a Dios, mira, el Señor a aceptado tu oración y no tengas miedo a lo que el diablo te dijo anoche, sobre la muerte”   el ángel se retiró.
9 Entonces, cuando fue de día, Abel llegó a Adán y a Eva, y les dijo de la visión que había visto. Cuando oyeron esto, se angustiaron mucho por él, pero no le dijeron nada sobre esto, sino que sólo lo confortaron.
10 Pero en cuanto a Caín, Satanás también vino a él por la noche y mostrándose a sí mismo le dijo: “Adán y Eva tienen mucho amor por tu hermano, mas que a ti, y le van a dar en matrimonio a tu hermana que es muy bella, porque a él le gusta, pero a ti, te van a dar la hermana fea porque ellos te odian”.
11 Ahora escucha, antes de que lo hagan, te estoy diciendo que debes matar a tu hermano. De esta forma tu hermana quedará para ti, porque quedará sola. “
12 Y el diablo se apartó de él. Pero las palabras que el diablo pronunció se quedaron en el corazón de Caín, y con frecuencia deseaba matar a su hermano.
Capítulo LXXVII
Caín, de 15 años de edad, y Abel de 12 años, creciendo por separado.
1 Sin embargo, cuando Adán vio que el hermano mayor odiaba a los más jóvenes, él se esforzó para ablandar sus corazones, y dijo a Caín, “¡Oh mi hijo, toma de los frutos de tu siembra y haz una ofrenda a Dios, porque él puede perdonarte tu maldad y tu pecado.
2 Dijo también a Abel, “Toma algunos frutos de tu siembra y haz una ofrenda y llévalo a Dios, porque Él puede perdonarles por su maldad y pecado.”
3 Entonces Abel obedeció la voz de su padre, y tomó algunos frutos de su siembra, e hizo una buena ofrenda, y dijo a su padre, Adán, “Ven conmigo y muéstrame la forma de hacer una ofrenda satisfactoria y correcta”
4 Y fueron, Adán y Eva con él, y le mostraron la forma de ofrecer su regalo en el altar. Luego, después de eso, se pusieron de pie y oraron para que Dios acepte la ofrenda de Abel.
5 Entonces Dios miró a Abel y aceptó su ofrenda. Y Dios estaba más contento con Abel que con su ofrenda, debido a su buen corazón y puro cuerpo. Pues no había rastro de engaño en él.
6 Luego vinieron abajo desde el altar, y se dirigieron a la cueva en la que vivían. Pero Abel, por razón de su alegría por haber hecho su ofrenda, la repitió tres veces a la semana, tras el ejemplo de su padre Adán.
7 Pero, Caín, no quería hacer una ofrenda, solo después de que su padre estuvo muy enojado, Caín aceptó y tomó la oveja más pequeña y la llevó a la ofrenda, pero cuando estaba ofreciéndola sus ojos estaban en la oveja.
8 Por lo cual Dios no aceptó su ofrenda, porque su corazón estaba lleno de pensamientos asesinos.
9 Y todos ellos vivían juntos en la cueva en la que Eva había dado a luz, hasta que Caín tenía quince años, y Abel doce años.
Capítulo LXXVIII
Cómo el primer asesinato fue planeado.
1 Entonces dijo Adán a Eva, “He aquí los niños son mayores, tenemos que pensar en darles esposas.”
2 Entonces Eva respondió: “¿Cómo podemos hacerlo?”
3 Entonces Adán le dijo, “Abel se unirá a la hermana de Caín en matrimonio, y la hermana de Abel en matrimonio con Caín.”
4 El dijo Eva a Adán, “no me gusta Caín, porque él es duro de corazón, pero deja que ellos se queden con nosotros hasta hacer una ofrenda en el nombre del Señor”
5 Y dijo Adán, no más.
6 Mientras tanto, Satanás vino a Caín en la figura de un hombre del campo, y le dijo: “He aquí Adán y Eva han estado tramando juntos sobre el matrimonio de ustedes dos, y se han puesto de acuerdo en casarte con la hermana de Abel y a él con tu hermana.
7 Porque te quiero, es que te digo estas cosas. Sin embargo , si quieres toma mi consejo y
obedéceme y el día de tu boda te voy a poner una muy hermosa túnica, oro, plata en abundancia y todos mi reino te asistirá”
8 Entonces Caín dijo con alegría, “¿Dónde están tu reino?”
9 Y Satanás respondió: “Mis reino está en un jardín en el norte, donde una vez quise traer a tu padre Adán, pero él no estaba dispuesto a aceptar mi ofrecimiento.
10 Pero, si tu recibes mis palabras y si quieres venir a mí después de tu boda, deberás dejar la miseria en la que estás, y te daré descanso y serás mejor que tu padre Adán “.
11 Con estas palabras de Satanás Caín abrió sus orejas, e inclinó su corazón hacia su discurso.
12 Y Caín no quiso permanecer ya más en el campo y fue a donde Eva, su madre y la golpeó, maldiciéndola y recriminándole por los planes de dar su hermana en matrimonio a Abel. Y le dijo: ¿Acaso estoy yo muerto para dar mi hermana a Abel?
13 Su madre, sin embargo, trató de tranquilizarlo y lo envió al campo en el que había estado.
14 Entonces, cuando Adán llegó, ella le dijo lo que Caín había hecho.
15 Y Adán se afligió, pero tomó fuerza y no dijo ni una sola palabra.
16 Entonces en la mañana siguiente, Adán dijo a su hijo Caín, “Tomar de tus frutos, los jóvenes y bueno, y los ofrecerás a Dios, y voy a ir a hablar con tu hermano, para hacer lo mismo”
17 Ambos obedeció a su padre Adán, y tuvieron listas sus ofrendas y las ofrecieron en la montaña donde estaba el altar.
18 Pero Caín se comportaba altivamente con su hermano, y lo empujó, votándolo del altar, y no le permitió ofrecer su regalo en el altar, pero él ofreció su propia ofrenda en él, con un corazón orgulloso, lleno de engaño y de fraude.
19 Pero en cuanto a Abel, construyó un altar con algunas piedras que estaba cerca a su alcance y ofreció su ofrenda con un corazón humilde y libre de engaño.
20 Caín estaba entonces de pie frente al altar en el que había ofrecido su regalo, y gritó a Dios para aceptar su ofrenda, pero Dios no la aceptó de él, ni hizo un divino fuego para consumirla.
21 Y se mantuvo de pie sobre el altar dando la espalda, de mal humor y con sentimiento de mezquindad, buscando a su hermano Abel, para ver si Dios acepta su ofrenda o no.
22 Y Abel oró a Dios para aceptar su ofrenda. Luego, un fuego divino vino abajo y se consumió su oferta. Y Dios olió y saboreó lo dulce de su oferta, porque Abel lo amó y se regocijaba en él.
23 Y porque Dios estaba bien complacido con él, le envió un ángel de la luz en la figura de un hombre, que había participado de su ofrenda, porque Él había olido y saboreado lo dulce de su ofrenda, y lo confortó y fortaleció su corazón.
24 Y Caín estaba observando todo lo que tuvo lugar en la ofrenda de Abel y se enojó mucho.
25 Entonces abrió su boca y blasfemó contra Dios, porque Él no había aceptado su ofrenda.
26 Y Dios dijo a Caín, “¿Por qué te ves triste? Es justo, que me permita aceptar su ofrenda. No estamos en contra de ti, más tú has murmurado y estás solo en contra tuya.
27 Dios hizo este reproche a Caín, y por qué no fue aceptada su ofrenda.
28 Y Caín bajó del altar, y cambió su color y con cara triste bajó a donde sus padres y les contó lo que le había acontecido- Y Adán se entristeció mucho porque Dios no había aceptado la ofrenda de Caín.
29 Pero Abel bajó con regocijo, y con un corazón agradecido, y le dijo a su padre y a su madre cómo Dios había aceptado su oferta. Y se regocijaron con él y besaron su rostro.
30 Y Abel dijo a su padre, “Porque Caín me empujó del altar, y no me permitió ofrecer mi regalo en él?, sin embargo he hecho un altar para mí y mi regalo fue ofrecido en él.”
31 Pero cuando Adán escuchó esto, se puso muy triste, porque era el altar que había construido inicialmente y en el que había ofrecido todas ofrendas.
32 Y Caín estaba resentido y tan enojado que entró en el campo, donde Satanás vino a él y le dijo: “ tu hermano Abel se ha refugiado con tu padre Adán, porque él fue echado desde el altar, y le han besado su rostro, y se han regocijado con él, mucho más que contigo”
33 Cuando Caín escuchó estas palabras de Satanás, se llenó de ira, y no dejó que nadie lo sepa.
Pero él tenía, el deseo de matar a su hermano, hasta que tomándolo en la cueva le dijo:
34 “¡Oh hermano, el país es tan hermoso, y hay esos hermosos árboles tan agradables en él, que forman un paisaje encantador, digno de a ver! Pero hermano, dijo Abel, tu nunca has ido a ese lugar para descansar.
35 Es que, mi hermano, es mi gran deseo que vengas conmigo al campo, para disfrutar y
sentirnos bendecidos de nuestros campos y nuestros rebaños, que para ti son justos, y Te quiero mucho, oh mi hermano! Pero tú has hecho que nos enemistáramos.”
36 Y Abel consintió en ir con su hermano Caín al campo.
37 Pero antes de salir, dijo Caín a Abel, “Espérame, voy a traer algo para protegernos de las bestias salvajes.
38 Y Abel estaba esperando inocentemente, cuando Caín le dio la delantera.
39 Y comenzaron, Caín y su hermano Abel, a caminar por el camino; Caín hablaba con él, y él pensaba que Caín había olvidado todo.
Capítulo LXXIX
Un malvado plan es llevado a una trágica conclusión.
1 Y caminaron hasta que llegaron a un lugar solitario, donde no había nadie, y Abel dijo a Caín, “Oh, mi hermano, estamos cansados de tanto caminar y no vemos ningún árbol, ni frutos, ni flores, ni ovejas, ni nada de lo que me dijiste que veríamos ¿Dónde están las ovejas que dijiste que bendecirían? “
2 Entonces Caín le dijo: “Ven, y verás muchas cosas bellas muy pronto, pero adelántate, yo te sigo y voy a alcanzarte luego”
3 Y Abel pasó por delante de Caín, y Caín se mantuvo detrás.
4 Y Abel fue caminando inocentemente, sin saber que su hermano lo mataría.
5 Entonces Caín, cuando llegó hasta él, le engañaba con palabras y forma de hablar amable y caminaba un poco hacia atrás de él, entonces tomó impulso y arremetió contra su hermano dándole golpe tras golpe.
6 Y cuando Abel cayó sobre el terreno, viendo que su hermano arremetía contra él para matarlo, le dijo a Caín, “¡Oh, mi hermano, ten piedad de mí.
Por los pechos que hemos sido amantados, no me golpees!, por el vientre que nos trajo a este mundo, no me golpees con el bastón hasta morir, si me vas a matar, toma una de estas piedras grandes y mátame directamente”
7 Entonces Caín, duro de corazón, y cruel asesino, tomó una gran piedra, y golpeó a su hermano en la cabeza, hasta que su cerebro salió de ella, y Caín disfrutó el hecho de ver la sangre de su hermano salir de él. 8 Y Caín no se arrepintió de lo que había hecho.
9 Pero la tierra, cuando la sangre del justo Abel cayó sobre ella, temblaba, ya que bebió su sangre, que fue destruida a causa de Caín.
10 Y la sangre de Abel clamó a Dios, misteriosamente, para vengarlo de su asesino.
11 Entonces Caín comenzó a excavar en el terreno para ocultar el cuerpo de su hermano, porque le vino gran temor y temblaba, cuando vio a la tierra temblar, sola por su propia cuenta.
12 Luego, al terminar el hoyo, metió el cuerpo de Abel y lo cubrió con polvo, pero la tierra no lo recibió y votó el cuerpo de Abel.
13 Una vez más Caín excavó el terreno y a su hermano escondió en él, pero de nuevo el terreno, arrojó el cuerpo, hasta tres veces el terreno vomitó el cuerpo de Abel.
14 El terreno fangoso lo tiró la primera vez, porque Abel no fue la primera creación, y lo arrojó por segunda vez, no queriéndolo recibir, porque Abel era bueno y justo, y fue asesinado sin motivo; y una tercera vez porque el asesinato tenía un testigo en contra.
15 Y la tierra se burlaba de Caín, hasta que la Palabra de Dios, vino a él en relación con su hermano.
16 Luego Dios estaba enojado y disgustado mucho por la muerte de Abel, y Él tronó desde el cielo, y rayos cayeron antes que él, y la Palabra del Señor Dios de los cielos vino a Caín, y le dijo: “¿Dónde está tu hermano Abel? “
17 Entonces Caín respondió con una voz áspera y orgullosa y con un corazón “¿Cómo, oh Dios? ¿Soy acaso guardián de mi hermano?”
18 Y dijo Dios a Caín, “Maldita la tierra que bebió la sangre de tu hermano Abel, y para ti, siempre será temblor y agitación, y esto será una marca sobre ti a fin de que considere quien desee matarte.”
19 Y Caín lloró porque Dios había dicho esas palabras, y dijo: “Oh Dios, cualquiera que considere matarme, lo hará y seré borrado de la faz de la tierra”
20 Y dijo Dios a Caín, “Quienquiera que considera matarte, no lo hará, porque antes que esto, yo voy a dar siete castigos al que tal cosa hiciere”. Porque cuando Dios preguntó a Caín ¿Dónde está tu hermano?, en su gran misericordia buscaba que Caín se arrepintiera.
21 Y si Caín se hubiera arrepentido en ese momento diciendo “Oh mi Dios, perdona mi pecado, por asesinar a mi hermano”, Dios le hubiera perdonado su pecado.
22 Y como Dios dijo a Caín: “Maldito el terreno que ha bebido la sangre de tu hermano” y que además muestra su misericordia para con Caín, pues Caín no fue maldecido, pero si el terreno que bebió su sangre, siendo que el terreno no cometió el asesinato, sino el malvado fue el que lo
cometió.
23 Y es apropiado que la maldición caiga sobre el asesino, pero la misericordia de Dios hizo que la maldición cayera al terreno y no a Caín.
24 Y él le dijo: “¿Dónde está tu hermano?” A lo que él respondió y dijo: “no sé”. Entonces el Creador le dijo: “Seas siempre angustiado y temblando”.
25 Entonces Caín temblaba y se llenó de terror y a través de esta señal, Dios hizo de él un ejemplo ante toda la creación de que pasa al asesino de su hermano.
Dios también hizo venir sobre Caín temblor y terror quitándole la paz, para que recordando la paz y alegría pasadas, pueda arrepentirse de su pecado humildemente y encontrar la paz del principio.
26 Y en la palabra que Dios dijo: “Voy a poner siete castigos a todo aquel que mata a Caín,” Dios no estaba tratando de matar a Caín con la espada, pero Él trató de hacerle morir a través del ayuno, del llanto y de la oración, para que de una forma difícil sienta su pecado.
27 Y los siete castigos son las siete generaciones durante las cuales Dios espera que Caín sienta por el asesinato de su hermano.
28 Pero, Caín, desde que asesinó a su hermano, no pudo encontrar ningún descanso en cualquier lugar, pero volvió a Adán y Eva, temblando, aterrorizado, y manchado con sangre.
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