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viernes, 17 de junio de 2016

DÓNDE SE ASIENTA EL ALMA



DÓNDE SE ASIENTA EL ALMA

Esta es una de las preguntas que ha estado comúnmente presente en los investigadores de espiritualidad y esoterismo de todos los tiempos. Muchos han pensado que el alma está fuera del cuerpo físico, más precisamente por encima del mismo, y que por lo tanto desde esa posición tiende un “hilo de vida” hacia el cuerpo biológico, lo que hace que el cuerpo “viva”, es decir, que todos los átomos se mantengan integrados, formando células, tejidos y órganos en funcionamiento armónico. De tal forma que, cuando el alma se separa del cuerpo retirando el “hilo de vida”, ya no existe la fuerza de cohesión de los átomos, ni el propósito que los animaba a permanecer unidos en funciones específicas, y entonces, el cuerpo físico se desintegra, volviendo así a la tierra.

Otros pensaron que el asiento del alma humana es la cabeza, por ser este el centro de la razón, lo que hace que el hombre sea consciente, siendo además la cabeza donde se ubica el cerebro, órgano que comanda las funciones de toda la fisiología del cuerpo, de todos sus sistemas, las funciones motoras (voluntarias e involuntarias), digestivas, endócrinas, circulatorias, nerviosas, de los sentidos, etc. Todas las funciones del hombre, desde las fisiológicas hasta las emocionales y las mentales, están comandadas desde zonas específicas en el cerebro. Son estas razones de suficiente peso como para que algunos pensadores se hayan inclinado por pensar que la ubicación del alma, la fuente de la vida del cuerpo y de la psiquis, sea la cabeza.

Otro grupo de pensadores han ubicado al alma humana en el corazón. Las razones son igualmente fuertes como las de los pensadores anteriores para mantener su hipótesis. El corazón distribuye la sangre que nutre y limpia a la vez a todos los tejidos de los órganos del cuerpo físico, incluidas las millones de células que conforman el cerebro. Por eso se dice popularmente (y también es Bíblico), que “la sangre es vida”. El cerebro necesita para funcionar de una nutrición constante y de oxigenación permanente, sin lo cual morirían sus células y dejaría de funcionar. Toda esa nutrición que necesita le llega a través de la sangre, impulsada por los latidos incesantes del corazón. Así que esta sola razón, (aunque este sea tan solo un punto de vista material), podría ser suficiente para que algunos piensen que el corazón es el centro desde el cual el alma humana emite su vida y propósito al cuerpo físico.

Max Heindel, el reconocido escritor y estudioso rosacruz dice, en su libro “Concepto Rosacruz del Cosmos” que es la sangre donde se asienta el Ego o Pensador (nombres del Alma humana). Nos dice que la sangre puede llegar a ‘enfriarse’ o a ‘recalentarse’ (según distintos y opuestos estados de ánimo) y que esto puede expulsar al Ego del cuerpo (especialmente cuando la sangre se recalienta al experimentar, por ejemplo, una explosión de ira). Explica que el peligro consiste, en casos donde el alma aún es débil, que un “intruso” ocupe el cuerpo antes del retorno de su dueño, el Ego. A esto se le llama “obsesión” o “posesión”.

Según lo antedicho, podemos deducir que, si se considera que el alma humanapuede salir del cuerpo en situaciones extraordinarias como las citadas, significa que no vive “fuera” del cuerpo, sino dentro del mismo, compenetrándolo con su sutil energía. Según Max Heindel la parte especial del cuerpo donde estaría el alma es la sangre, como vimos. Pero la reconocida autora Alice Bailey en sus citas hechas en su libro “El alma y su mecanismo” nos deja una idea más amplia de cómo el alma interpenetra al cuerpo, siendo este su instrumento de aprendizaje. La autora cita a las glándulas de secreción interna (sistema endocrino) y al sistema nervioso como sistemas totalmente relacionados y fusionados con el alma humana, mediante los cuales el alma vitaliza las diversas funciones internas del cuerpo, y a la vez se relaciona con el medio circundante, tomando del mismo impresiones y experiencias, desde las más simples a las más complejas.

Es bien sabido que existen 7 glándulas endócrinas principales en el cuerpo humano (ubicadas y relacionadas con los 7 chakras conocidos, según las escrituras sagradas de los hindúes) que secretan hormonas muy especiales y específicas que determinan diversas funciones químicas del cuerpo, influyendo además en el carácter y en la psiquis. Estas glándulas de secreción interna son responsables de las funciones reproductivas, digestivas, metabólicas,  nerviosas, y de importantes procesos químicos dentro del cuerpo; las hormonas secretadas se relacionan también a las emociones humanas e inclusive a procesos del pensamiento. Todo esto es “psiquis”, es decir alma, por que es VIDA. Sin embargo, para nuestros estudios esotéricos, no basta con conocimientos de anatomía, fisiología y psicología para determinar completamente lo que es el alma, y menos aún para poder determinar cuál es el Propósito del alma, ya que ese Propósito proviene de una región muy superior: el mundo espiritual.
Los elementos del cuerpo y de la psiquis conforman lo que podríamos llamar “el mecanismo del alma”, pero el ALMA existe realmente en una envoltura mucho más sutil, ya que está compuesta principalmente de materia mental superior, y es esa materia sutil la que compenetra al cuerpo y a la psiquis del hombre (la personalidad).

Hemos dicho en otra ocasión que esa materia sutil es como una “burbuja”, que al inicio de la evolución del alma humana conserva en su interior la conciencia lograda en los reinos menores de vida, antes de llegar a ser alma individual y poder así encarnar como ser humano. Por lo tanto el alma humana es la ‘burbuja’ de materia sutil (el Cuerpo Causal) y la ‘conciencia’ que se va gestando en su interior (el Ego). En síntesis, podemos decir que:

Alma es ‘vehículo sutil’ y ‘Conciencia’, al mismo tiempo.

Ahora bien, esa materia sutilísima de los subplanos superiores del mental, y la conciencia continente, compenetran al cuerpo humano. La Conciencia o Alma se expresa a través de los mecanismos nervioso y glandulares del cuerpo y del carácter, todo lo cual, está íntimamente relacionado. Pero…:
¿Existe en realidad un sitio especial en el cuerpo humano donde se pueda afirmar que el Alma se asienta? He aquí la respuesta:
Ya hemos visto que Alma se puede tomar como sinónimo de “conciencia”, de “Ego” o “Yo”. El alma humana es el yo consciente, es decir: la conciencia del YO. Pero el nivel de profundidad de esta conciencia varía entre cada individuo, ya que existen diversos niveles de comprensión del “sí mismo”, es decir, diferentes grados de maduración álmica.

Hay humanos que se conocen muy poco a sí mismos, y que solo utilizan la palabra “yo” para expresar sus banales y pasajeros deseos materialistas, en general. Es decir que para ellos, el ‘yo’ no tiene otro significado más que el deseo (kama), la posesión y las pasiones burdas y pasajeras. En este grupo humano el intelecto está poco o nada desarrollado (y recordemos que a nivel esotérico “intelecto” es sinónimo de alma). En el otro extremo, encontramos a hombres con el intelecto más desarrollado y con otra conciencia del “sí mismo”, desapegados cada vez más de las cosas intrascendentes. La palabra “YO” es en este grupo humano comprendida más profundamente, ya que el foco de identificación cambia a medida que la conciencia se expande.

La frase “Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida”, es un ejemplo de una Conciencia muy avanzada respecto de la comprensión del “sí mismo”.

No obstante, todos los seres humanos, los más y los menos avanzados en conciencia, es decir, con mayor o menor desarrollo álmico, al decir la palabra “YO” señalan en dirección a una parte del cuerpo: el pecho, asiento del corazón y del timo. Este es un hecho común a todas las razas humanas y culturas que existen y que han existido. Queremos decir con esto que el hombre no señala a su pecho al decir “yo” por un hecho aprendido o cultural, ya que la causa es que es allí donde la energía de la presencia del alma, del YO, se reúne con mayor fuerza. El señalar naturalmente al pecho al decir “yo” sin que medie pensamiento alguno en tal acto, es una acción que obedece a un “instinto” (aunque no es la palabra más correcta), a un saber oculto que tiene raíces esotéricas.

Podemos observar que al decir simplemente: “yo”, no señalamos ninguna otra parte del cuerpo que no sea nuestro pecho. Si decimos “yo pienso”, allí sí, es la cabeza el sitio que señalamos…, y si decimos “yo siento”, vuelve a ser el pecho el centro al cual nos dirigimos. Como vemos, ambas partes del cuerpo están relacionadas al sentido del “yo”, pero la que prevalece entre ambas, la más fuerte, es el pecho, el corazón. Este es un hecho real y de muy simple comprobación, como podemos ver… Bastaría ver cómo se siente el decir “yo” señalando la rodilla, el estómago, el brazo, o cualquier otra zona del cuerpo que no sea el pecho (a excepción de la cabeza, pero solo al decir “yo pienso”…).
La razón de este simple hecho es muy profunda, y esotérica, si se quiere…

En primer lugar, y antes de ahondar en lo esotérico, diremos que bien fundada podrían estar las ideas de Max Heindel y de aquellos que como él piensan que el Ego o Alma está en la sangre, ya que la sangre, si bien circula por todo el cuerpo, está muy especialmente vinculada al corazón, como bien todos saben…, por ser este el órgano que la impulsa. Esto tiene que ver con nuestra reflexión reciente donde vimos que es el pecho, el corazón, la zona que señalamos al decir y sentir “yo”. El sentimiento del YO (Ego o Alma) estaría entonces muy vinculado al corazón y a la sangre que por este órgano fluye sin cesar.

Por otro lado, y dirigiéndonos más al aspecto esotérico, encontramos las siguientes relaciones entre el YO, el corazón, y los estudios del alma que nos trajeron hasta aquí:

1-     Diversas escrituras sagradas de la India nombran al centro cardíaco como el asiento de la Deidad en el ser humano. Es el centro donde se ubicaría “la conciencia de SER”. Esta ‘conciencia de ser’ varía de hombre a hombre. La conciencia de “ser el SER” más allá de todas las limitaciones, debe ser conquistada.
2-     El pecho es la zona donde se ubica, en el cuerpo humano, el “chakra cardíaco” (anahata). El centro cardíaco es una ‘rueda de energía’ formada (según se nos dice) por 12 rayos. También se compara a este chakra a un Loto de 12 pétalos.
3-     Recordamos que el Cuerpo Causal o Loto Álmico también está formado por 12 pétalos que deben abrirse, (o bien, 12 rayos que deben adquirir “cualidad”).
4-     Las 12 constelaciones, y “los 12 Trabajos de Hércules”, se relacionan a lo antedicho. Hércules sería el Alma en el hombre, que debe superar las 12 pruebas que el legendario mito nos relata. Cada una de esas pruebas estaría representando a cada uno de los 12 pétalos de la Flor del Alma. El superar las pruebas significaría la apertura de los pétalos álmicos.

Los puntos 2 y 3 recién señalados coinciden en nombrar 12 pétalos, en referencia tanto al chakra cardíaco como al Loto Egoico o Álmico. Podemos decir que son análogos, pero no son lo mismo. Es decir:
Los 12 pétalos o rayos del centro cardíaco son de materia etérica, mientras que los 12 pétalos del Alma son de materia mucho más sutil que la etérica y la astral; como ya se dijo, son de materia mental superior. Por eso decimos que los 12 pétalos del centro cardíaco y los 12 pétalos del Alma no son lo mismo, pero sí que “son análogos”. Con esto queremos decir que el chakra cardíaco es una densificación materializada en el etérico-astral de lo que el Loto del Alma es en la región superior del mental. “Lo que es arriba es abajo”, como afirma la Ley de Correspondencia, es aplicable aquí.

Según lo expresado, desde el punto de vista esotérico, también estaría fundamentada la idea de que el alma humana estaría especialmente ubicada, o mejor dicho, ‘su energía’ estaría en mayor proporción, en la región del pecho, es decir, en el punto medio del cuerpo humano. Recordamos que el chakra  cardíaco es, de los 7 tradicionalmente conocidos, el cuarto; es decir, el chakra que está en el punto medio de los 7. Por lo tanto es el centro del sistema de chakras, y de alguna manera, podría verse como el centro donde se reuniría la síntesis de ‘conciencia de ser’ de la sumatoria de experiencias que se producen en el resto de las ruedas de energía. Es decir que, todo lo que experimenta el cuerpo físico y psíquico del ser humano, todos los niveles de experiencias en cada uno de sus chakras, estarían creando una síntesis de sensación y comprensión del “sí mismo” con asiento en el CENTRO CARDÍACO. De allí que al decir “yo”, cualquiera sea el nivel alcanzado, la referencia sea siempre el pecho… Todo este proceso de tomas de consciencia a través de las experiencias sería un camino de construcción y afianzamiento del “YO”, (con variables cambiantes en el aspecto “identificación” durante el proceso de tomas de conciencia).

Ahora bien: ¿Qué sucede al terminar la construcción del Ego, el Yo…?

Luego del proceso de construcción, viene la destrucción, o ‘extinción’ (Nirvana).

Cuando el Ego intelectual ha sido totalmente construido, el Pensador (manas) ya ha cumplido con su cometido: producir autoconciencia pensante consciente; pero el peregrino advierte que la limitación e ilusión de separatividad aún no se han diluido. Descubre así que manas, el Pensador, debe ser trascendido. Y dicho aún con mayor propiedad: ve que ‘el Pensador’ no existe en verdad. Ve que existen los pensamientos, pero no un YO que los piense, y que existen las emociones, pero no un YO que se emocione… (etc.). Comprende que el “yo” es una ideación profunda donde se reúnen elementos de “identificación”. En síntesis: ve que el “yo” es pensamiento.
Lo recién dicho es también parte de un proceso de alquimia de la conciencia, en el cual están la desidentificación y el desapego como aspectos presentes y fundamentales.
Además, se aclara que al hablar de la extinción del “yo” estamos hablando del “yo psicológico”, que es la idea condicionada que el hombre tiene de sí mismo, en todos los aspectos, físico, emocional, mental, y ‘espiritual’ (si se quiere).

Durante el proceso de desidentificación, desapego y ‘extinción’, parecería ser que el centro del ALMA, que lo habíamos situado prominentemente en el corazón, va abandonando poco a poco la zona del pecho, nuevamente hacia la cabeza, (pero no ya como un centro de la actividad del pensar, como ocurrió en la 3° iniciación menor, sino ahora como un ‘centro espiritual’).

Este proceso comienza a ocurrir porque el sentido del “yo” psicológico se va diluyendo a medida que el hombre se va fundiendo con el sentir de la Vida Una. Es decir que, el peregrino va pasando del estado de ‘conciencia personal’ al estado de “conciencia impersonal”. A medida que esto ocurre todo aferramiento a la idea del yo personal, diferenciado y limitado, se va debilitando, dando espacio al ‘sentir’ del Yo Impersonal, ilimitado, incondicionado. De esta forma “todo lo demás” pasa a ser también “el sí mismo”.

Es de esta manera que el yo personal, relacionado al alma humana con asiento de su energía principalmente en el centro cardíaco, va cediendo lugar a un ‘SENTIR DE UNIDAD’, relacionado al alma divina, con asiento fundamentalmente en el centro coronario. (Estas son referencias básicas e imperfectas, ya que el alma humana también está presente, aunque en menor proporción, en los demás centros; mientras que el alma divina, ya edificada, está asentada en el centro coronario, pero extiende su raíz divina a los centros n° 6, 5 y 4, influyendo en estos).

Las escrituras sagradas de la India afirman que en lo alto de la cabeza, existe un centro de 1000 pétalos (960 para ser más exactos); el cual posee en su interior una especie de remolino subsidiario (o Loto interno), con 12 ondulaciones propias (energías o pétalos). También se nos dice que cuando la conciencia del yogui alcanza la cúspide de la cabeza, llega a la Liberación. Esa Liberación es la rotura de las cadenas que atan a la limitación y a la ilusión. Por lo tanto, Liberación es “Atma-Buddhi” como conciencia despierta, es decir: la aparición del Vehículo de Luz Espiritual o Alma Divina. (Recordemos que el Alma Divina no existe en realidad hasta que los principios Búdico y Átmico, empiezan a adquirir materia consciente, “cualidad”).
También se nos dice que el centro cardíaco está especialmente conectado con energía amarilla-dorada al Loto interno de 12 pétalos del centro coronario de ‘1000 pétalos’. Esta interconexión, ¿no está acaso sugiriéndonos la compleja y secreta relación entre lo que llamamos alma humana y alma divina en el hombre…?

Se han dado hasta aquí varios elementos como para pensar que el asiento del ALMA estaría especialmente en el corazón y la cabeza del ser humano, centros que hemos visto que se interrelacionan íntimamente en muchos sentidos. Estos conocimientos están relacionados a lo que conocemos de los 7 chakras, que nos llega de la tradición espiritual y esotérica de la India, especialmente. Las precedentes reflexiones tuvieron base en esto, y por lo tanto han establecido referencias que situarían al ALMA dentro del cuerpo humano. Pero existen otras referencias que nos conducirían a considerar que el Alma Divina no solo estaría presente dentro de las envolturas materiales, sino también fuera de las mismas. Existen varias versiones al respecto (que no coinciden del todo entre sí), pero en lo que sí coinciden como concepto básico es en afirmar que existen más de 7 chakras en el hombre, y que algunos de esos “nuevos” centros estarían ubicados encima de la cabeza; serían centros superiores (monádicos y supramonádicos) que se activarían con la evolución. El mismo gran teósofo C. W. Leadbeater escribió en su obra “Un libro de texto de teosofía” (página 66) que “Hay otros centros inactivos cuya actualización es perjudicial”. Pero después de varias décadas de su muerte, no fueron pocos los discípulos que comenzaron a hablar de ‘esos otros centros’. Aunque no todos coincidieron con exactitud en los nuevos conocimientos, muchos coinciden en la existencia de más centros de energía, tanto dentro como también fuera del cuerpo físico. En la antigüedad, los yoguis indos no hablaron de estos centros porque lo desconocían o por que no era el momento; pero hoy está saliendo a la luz, de a poco, lo que antes estaba oculto. Es un proceso natural.

De acuerdo a esta nueva hipótesis, que el investigador se verá obligado a considerar, el Alma Divina, cuando está ya construida, se podría decir que estaría ubicada con epicentro fuera del cuerpo físico denso, en uno o más centros por encima de la cabeza, aunque con asiento especial también en el chakra 7 en la corona, desde donde emitiría su espiritual influencia hacia “abajo”, es decir, hacia el resto de las envolturas más materiales del hombre.

Una doctrina que confirmaría, o se relaciona, con lo antedicho, es el TAOISMO. Ciertos conocimientos del TAO señalan que existen en el hombre 3 CALDEROS de energía. El primero sería el Caldero inferior, ubicado en la zona del ombligo, el cual sería el depósito del CHI (prana) que circula por todo el cuerpo etéreo. Hay quienes consideran que el asiento del alma está en el ombligo (y no en el pecho o la cabeza), y se basarían en que esta zona del cuerpo es donde se guarda y distribuye la energía vital del organismo completo. Es el depósito principal de la energía vital universal en el cuerpo humano; y si consideramos a “alma” como sinónimo de “vida” esta hipótesis puede ser entendida. Pero este ‘centro de vida’ sería más bien la vitalidad básica, el “alma animal” en el hombre, porque es energía vital sin auto-conciencia aún.

El Caldero medio estaría ubicado en el pecho, y sería, según el TAO, el sitio donde se concentra y transforma la energía vital proveniente del caldero inferior en “conciencia” mediante un proceso de iniciaciones esotéricas. Este es el centro de la autoconciencia, y ya podríamos hablar entonces de “alma humana”.
El Caldero superior estaría encima de la cabeza. Sería en centro donde se formaría en Cuerpo Espiritual o Cuerpo Inmortal, el cual existe en interconexión con todas las criaturas e individuos. Aquí la ‘autoconsciencia’ se trasforma alquímicamente en “CONCIENCIA DE UNIDAD”. Esta sería la región del “Alma Divina”.

Se han dado en este capítulo distintas razones exotéricas y esotéricas que nos han llevado a relacionar la residencia del alma especialmente con la cabeza y el corazón del cuerpo humano; para llegar también a la hipótesis de la existencia del Alma (Divina) también fuera y por encima del cuerpo físico. Sin embargo todas, especialmente la última,  han sido referencias sugestivas, ya que el Alma está en una dimensión temporal-espacial distinta a la tercera dimensión, con lo cual el cerebro físico humano poco puede hacer para ver la verdad, ya que tiene limitaciones para representarse fielmente verdades que exceden a sus capacidades de captación. Ante este tema tan amplio como misterioso, lo ofrecido podría ser tan solo el inicio de la investigación para el verdaderamente interesado.
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