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domingo, 23 de octubre de 2016

PRACTICANDO LA PRESENCIA


PRACTICANDO LA PRESENCIA
Es en la sociedad de la información 3.d en la que estamos inmersos, que el estrés está causando problemas de manera generalizada. Un estrés que nunca antes ha sido conocido por el Ser Humano, desde nuestros abuelos hacia atrás.
Es a través de la aceptación de las necesidades y deseos que tiran de nosotros desde afuera, que aceptamos por presión social o por cualquier otro motivo, que gastamos energías y recursos en movernos sin progreso. En gran medida, es la aceptación de las necesidades sociales, lo que nos lleva a perder la conexión con lo que verdaderamente queremos y nos hace felices en nuestras vidas.
Es cada vez más común observar en las personas el deseo de desconectar, de apartarse del mundo del trabajo estresante de forma permanente. Una pregunta muy común en este caso, y que suele frenar a las personas a dar el paso que creen que deberían dar, es: ¿y de qué viviré?.
Estamos mejor preparados que nunca para impulsar un sistema sin futuro. Sin embargo, el paso que tenemos por delante se está construyendo a partir de la confianza en el presente y en las propias capacidades para vivir la vida. Ciertamente, a nadie se le impide crear e impulsar cualquier otro paradigma de convivencia y desarrollo social. Como siempre, la realidad creativa se impulsa a través de la acción, el pensamiento y el sentimiento. Es trabajo de cada uno volver a su origen.
Es cuestión de que cada uno/a se escuche, y encuentre la mejor manera de hacer que emerja en el mundo lo que desea, mientras en el rato a rato siente el palpitar de su alma.
Meditación:
En primer lugar, tomamos aliento y respiramos profundamente dos o tres veces, hasta que tomemos conciencia de la respiración.
Una vez ahí, entornamos los ojos, de manera que tengamos perspectiva del entorno (la sala), a través de la parte baja de los ojos. Esto nos va a servir para estar presentes y no volarnos.
Así, meditamos tomando conciencia de nuestra respiración, de manera que con cada respiración, nos hagamos cada vez más presentes en la sala, percibiendo más nítidamente los sonidos que nos llegan, la poca luz que vemos a través de nuestros ojos entornados, los cambios en el aire a través de la piel, los olores, etc. Con cada respiración nos vamos sintiendo (y haciendo) cada vez más y más presentes.
A partir de ahí, cada vez que venga un pensamiento, vamos a intentar darnos cuenta que somos nosotros quienes lo pensamos, y que se trata de un pensamiento que hacemos. Que el pensamiento es nuestra creación. Que dándonos cuenta del presente, este pierde fuerza y tiende a disolverse.
Fuente: Meditarte



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