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jueves, 28 de julio de 2016

Tips para integrar las potentes energías de las llamaradas solares



Tips para integrar las potentes energías de las llamaradas solares

Las llamaradas solares hacen llegar a la Tierra millones de partículas de luz, que limpian nuestro sistema energético. Cuando limpiamos, sentimos. Inesperados cambios de humor, nostalgia, llantos, rabias que suben no se sabe de dónde, desconcierto, olvidos y despistes.

El cuerpo registra la limpieza en forma de palpitaciones, mareos, dolores o presión en la cabeza.

Según los estudiosos del fenómeno solar, cada llamarada reduce el campo electromagnético de la Tierra. El Sol físico, responde a los impulsos del Sol Espiritual, el Sol detrás del Sol.

El sistema energético humano necesita adaptarse a estas enormes oleadas de partículas fotónicas, y dormir es una forma de asimilarlas, ya que la estática mental queda interrumpida.

Pero también puede darse lo contrario, estar cansados de día pero despiertos por la noche.

No encontramos las palabras, quedamos a veces como en suspenso antes de responder.
Los cuerpos físico, mental y emocional, realizan los movimientos necesarios para integrar la recepción de energía, y nos sentimos raros.

Los campos electromagnéticos de nuestros aparatos también pueden presentar cambios, y todos los sistemas pueden ponerse caprichosos (eventos que podemos aprovechar para reconocerles consciencia a ellos también y honrarlos y agradecer su eficiencia y servicio).

Literalmente, una llamarada es como un reseteo. Es emitida una luz extra que prácticamente nos obliga a meditar, porque interrumpe el ruido habitual del planeta, y detiene el movimiento de nuestros cuerpos sutiles.

Inmersos en este “apagado”, podemos aprovecharlo para:

– Hacer Silencio varias veces al día, aunque sea en períodos breves.

– Desprendernos, en escaso tiempo, de patrones-votos-contratos-programas que han detenido nuestro avance.

– Visualizar nuestras metas y verlas cargadas de partículas de luz.

– Descubrir, “bajar”, nueva información acerca de cómo resolver problemas.

– Reprogramar nuestra salud y nuestro cuerpo.

– Reconocernos como energía, dejando rápidamente atrás el concepto de nuestros cuerpos como objetos.

– Incrementar nuestra frecuencia utilizando todos los medios de que disponemos.

– Unirnos, fundirnos, respirar, oler, tocar, saborear todo lo que la Naturaleza nos ofrece.

– Dormir pequeñas siestas, si es posible, en el momento en que el cuerpo lo pide.

Y Recordar, no estamos enfermos, estamos limpiando y potenciando la casa!

Por Alana Mesineo
portaldealana.wordpress.com



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Aprender a meditar

 


Aprender a meditar

Meditar es una de las actividades que más benefician en todos los sentidos a nuestra salud física y mental. La contemplación interior, el silencio, la relajación, la visualización de imágenes y escenas placenteras si se quiere, provocan una gran sensación de bienestar cuando se hace regularmente. Ahora bien, ¿qué significa exactamente meditar? ¿Cómo se hace eso de poner la mente en blanco? ¿Hay que realmente dejar de pensar en todo para meditar? ¿Cómo sé que lo estoy haciendo bien?
Meditar es una práctica que con el tiempo se mejora, pero para aquellos que no se han iniciado aún, estas preguntas son comunes. ¿Es difícil meditar? ¿Debo hacer yoga o alguna otra disciplina para hacerlo bien? La respuesta es no. Para meditar no hace falta nada más que tú, un lugar cómodo y tiempo por delante en el cual nadie vaya a molestarte.
Dejar la mente en blanco

Se dice que cuando se medita hay que dejar la mente en blanco. En realidad es bastante difícil apagar el incesante parloteo de la mente que genera miles de pensamientos sin parar. Nuestra identificación con esos pensamientos nos tiene todo el día sumido en un constante ruido mental, cual procesador de ordenador que no deja de ejecutar instrucciones y elaborar ideas. Si pudiéramos apagar nuestra mente, deshacernos de ella por un momento, o al menos ignorar todo ese murmullo que se cuece en nuestra cabeza estaremos cerca de lo que se dice “dejar la mente en blanco”. Pero esto no es del todo necesario al principio y además es bastante complicado de conseguir. Requiere esfuerzo, paciencia, práctica. Requiere descubrir ese ínfimo espacio que existe entre un pensamiento y otro, en el cual no hay nada, y concentrarte en él, hacerlo cada vez mas grande, de forma que al final, todo lo que cuente para ti sea ese espacio en blanco, vacío, que ocurre entre idea e idea.
Llegar a este nivel, a no prestar atención a nada más que al vacío entre pensamientos, a desconectar si se puede la mente y separarla de nuestro yo, de nuestra esencia, es el objetivo de aquellos que realizan la meditación como forma de introspección personal.
Nuestra mente, aliada y enemiga

Como habíamos comentado alguna vez, la mente genera más de 65000 pensamientos al día. Es una máquina de procesar datos tomados de todos los sentidos de nuestro cuerpo y almacenarlos, gestionarlos, tomar decisiones, dar órdenes, etc. La mente no para nunca, y por ello mismo a veces es más nuestra enemiga que nuestra aliada. La mente es el ordenador central de nuestro cuerpo, pero no es la entidad que lo controla. Esa entidad somos nosotros, tu ser interior, tu esencia. Si la mente se parara, quedarías solo tú, el “yo verdadero”, el que mora este cuerpo el cual estás ahora usando como medio de expresión en el mundo.
Nuestra mente, además, es la “creadora” de lo que podríamos llamar nuestro “ego” o nuestra personalidad interior física. El ego no es el ser interior que habita este cuerpo, sino la energía que da forma a los procesos mentales recibidos y generados. El ego es como la personalidad generada por nuestra mente a partir de datos de entrada a lo largo de muchos años: sentimientos, emociones, pensamientos, traumas, problemas, alegrías. De ahí las diferentes facetas del ego y sus arquetipos. Pero ni la mente ni el ego somos nosotros. Y cuando queremos meditar profundamente, hemos de dejar a ambos a un lado y centrarnos en el ser interior que somos de verdad.

Como meditar

Meditar, para empezar, es vivir el momento e instante presente. Si la mente y el ego viven siempre en el pasado y en el futuro (intenta encontrar un pensamiento en tu cabeza que no tenga que ver con algo que ha pasado o con algo que esperas que pase), el ser interior, tu yo verdadero, solo conoce el presente. Vivir en el presente, como a veces se dice, es vivir tomando plena conciencia de este momento, los sonidos, la posición, el tacto, el ambiente. Exactamente lo que está pasando ahora, y mantenernos ahí.  Cuando conseguimos mantener nuestra atención focalizada constantemente en el presente, en lo que estamos haciendo ahora, con nuestros cinco sentidos alerta, estamos ejecutando el proceso de meditar. Podemos meditar fregando los platos, subiendo una escalera o planchando la ropa. Lo importante es la actividad mental, donde esta puesta la concentración y quien tiene el control, tu mente o tu ser interior. Cuanto más tiempo le des a este último para que sea quien guíe tu vida, más fácil te será disfrutar de esta.
Crear un ritual

Además de poner toda tu atención en cada una de las actividades cotidianas de forma que la mente no esté sujeta ni al pasado ni al futuro, sino que todo lo que entren por tus sentidos sea el “ahora”, crear un ritual de meditación regular, en un sitio concreto ayuda a que el proceso cuaje en nosotros y se integre en nuestra rutina diaria. Lo único importante es escoger un momento del día que sepamos que vamos a estar relajados y sin ser interrumpidos. Podemos crearnos nuestro rincón especial en casa, poner incienso o velas si queremos, o música relajante. El hacerlo regularmente en el mismo sitio crea un hábito gracias al cual nos será más fácil entrar en estado de relajación mental.
¿Qué hacemos cuando meditamos?

El hecho de sentarse a meditar puede usarse para muchas cosas. Puede usarse para entrar en comunicación con tu ser interior, tu intuición, alma o como quieras llamarlo. Intentar obtener respuestas a preguntas o inquietudes, escuchando no a tus pensamientos sino a lo que pueda venir de más adentro. Se puede usar para relajar completamente el cuerpo, ayudar a su curación y recuperación, se puede usar para visualizar nuestros objetivos y deseos que queremos se manifiesten, etc.
Tampoco hay que luchar contra esa mente que nos sigue mandando pensamientos y nos distrae, sino convertirnos en meros espectadores de los mismos, porque si te identificas con tu yo interior, puedes posicionarte como observador de lo que tu mente está creando y manipulando, y no dejarte engañar por ello. Porque tú no eres tu mente. Y la meditación  es la práctica que te puede ayudar a darle más luz a lo que hay detrás de ella, en tu interior, y en consecuencia obtener los beneficios que puede traernos a todos los ámbitos de nuestra vida.
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Niveles de consciencia imbuidos de la personalidad a la mónada 28/07/2016




Niveles de consciencia imbuidos de la personalidad a la mónada
chispa-divina


Raramente ninguno de nosotros tiene la oportunidad de ponerse a ver que sucede en el interior de su psique con la suficiente claridad como para detectar cada uno de los programas que, automáticamente, detonan la creación de las formas mentales que traen a existencia nuestra propia realidad personal. Las experiencias de introspección y el esfuerzo que nos requiere estar atentos mediante una parte de nuestra consciencia a lo que sucede en el resto requieren de, al menos, unas ganas de comprendernos a nosotros mismos más allá de lo básico y obvio, y que no se disipen con el tiempo al no conseguir resultados pronto.
Imaginaros por un instante que pudierais ver con claridad, desde un punto de observación elevado, todo lo que se cuece en todo  momento en el interior de vuestra psique. ¿Que nos encontraríamos en las profundidades de la misma?
Muchas voces en la cabeza
Primero, os daríais cuenta de que hay muchas voces en la cabeza. Uno empieza comprendiendo que se trata de los múltiples Yos que forman la personalidad virtual que tenemos, producto de la fragmentación del programa ego por cuestiones de programación, supervivencia y adaptación, pero cuando los has unificado todos, y solo queda en la superficie de tu esfera de consciencia un “yo” único, el que hace tiempo me dio por llamar el yo del ser”, pero siguen habiendo voces, o partes de ti que se hablan entre ellas, significa que aun hay que ahondar más profundo para ver que otras cosas se mueven por ahí.
Así, apoyados por la conexión con el punto central de nuestra esfera de consciencia, donde se encuentra la entrada hacia la consciencia de nuestro Yo Superior, podemos situarnos como observadores del resto de cosas, y lo siguiente que uno ve son la cantidad de energías que mueven y generan los patrones conductuales grabados en el tablero rúnico de la mente, ubicado en el cuerpo calloso, y que, como ya habíamos mencionado anteriormente, contiene toda la base de nuestra conducta y carácter, grabando y borrando comportamientos en base a lo percibido, aprendido, inculcado, estudiado, etc., del mundo que nos rodea. Uno puede percibir la “voz” de la runa donde tiene registrado el patrón de la duda, por ejemplo, de la impaciencia, de la amabilidad, etc., cómo se manifiestan a medida que van siendo activados por los procesos energéticos que involucran al programa ego, a las esferas mentales, al patrón conductual y finalmente, a la esfera de consciencia.
¿Quien soy yo?
Lo interesante es que mientras tu eres el observador y no te dejas llevar por esas formas mentales que conforman las múltiples capas de tu personalidad, puedes conocerte a ti mismo y saber quien eres, ya que, si el Yo del Ser se auto observa, y ve que no es su carácter, que no es sus comportamientos, que no es su ego, que no es su personalidad, entonces descubre, y puede asustarse, ante la pregunta de, entonces “¿yo quién soy?”.
Desde esa posición, lo primero que asalta es una terrible visión de que no eres nada de lo que te define en el mundo, pues puedes verte separado de ello. Puedes ver todos los patrones de comportamiento con los que la gente de tu alrededor define tu carácter, cuando alguien dice que eres así y asa, cuando alguien describe tu forma de ser, y, sin embargo, es falso, no eres eso, pues lo estás viendo separado de ti como unos procesos automáticos que están dándose “ahí” en partes de ti que no son tu. Tras el primer susto, entonces miras hacia otro lado, si no soy todo lo que me define en el mundo exterior como el personaje que muestro, la respuesta estará en otro lado. Miras hacia tu Yo Superior, es decir, desde tu posición como el Yo del Ser en la superficie de la esfera de consciencia miras hacia “dentro”, hacia lo que percibes como lo más elevado y profundo de ti, pero tampoco, en estos momentos eres exactamente eso, ya que puedes identificarlo como algo también separado en lo que no has terminado de imbuirte por completo totalmente, aunque estemos dando los pasos para ello. Pero ya nos vamos acercando a una respuesta más clara que nos va dando más tranquilidad. Vemos que somos, como observadores, en estos momentos, un punto intermedio entre lo artificial de nuestra personalidad egóica, y lo elevado de nuestro ser.
La partícula primordial
Pero si uno va más lejos, tiene otro punto de referencia que se abre paso, si primeramente se le ha reconocido y atraído hacia la dimensión física, a lo que llamamos nuestra esencia, nuestra mónada, nuestra chispa divina. Eso si que es sublime. Como la seguimos percibiendo como externa, entonces sigo estando en un punto de observación equidistante que me hace darme cuenta de los diferentes niveles de conciencia que existen en mi. ¿Cual elijo? Depende del nivel evolutivo de cada uno, de como se haya trabajado el sistema energético para imbuir y soportar la energía de una consciencia u otra, de cual “limpio” y bajo control están los procesos de la consciencia artificial y del ego, etc.
Cuando escribí el artículo “ábrete corazón”, fui pura “esencia”, pues mi mónada tomó el control de todo mi vehículo físico y energético durante un tiempo, y mi visión del mundo era la visión de la partícula primordial que nos define a todos como parte de la Creación y como parte de la Fuente. Cuando se retiró a una posición de presencia pero de no control, dio paso a sentirme mi Yo Superior, mi ser, siendo mis ojos y mi carácter los ojos y el carácter de esa otra parte de mi, cuando ambas partes cedieron de nuevo el control del conjunto a la personalidad, volví a ser el Yo del Ser, pero ya percibía con mayor claridad al programa ego, a los patrones, arquetipos y programas de las esferas mentales, y a todo lo grabado en las runas de mi patrón conductual como algo “superpuesto” y no real en aquello que somos.
Tres diferentes estados de consciencia, como mínimo, que todos podemos llegar a experimentar y que nos dan muchas claves de diferentes niveles a los que podemos acceder, a medida que se va desmontando todo aquello que no somos, para poder ver aquello que si somos, y que, en ocasiones, nos den destellos de cómo se percibe la realidad desde estos diferentes puntos de vista, como nos percibimos a nosotros mismos siendo pura esencia, siendo puro ser o siendo pura personalidad.
David Topi   http://davidtopi.com/niveles-de-consciencia-imbuidos-de-la-personalidad-a-la-mnada/?utm_medium=feed&utm_source=facebook.com&utm_campaign=Feed:+davidtopi




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Yo y mi ser, o “Yo, el ser”



Yo y mi ser, o “Yo, el ser”

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En aquellas ocasiones en las que, la esencia, ser, o mónada, literalmente toma el control del cuerpo que le sirve como vehículo evolutivo, y se “asoma” al mundo físico, a través del Yo observador, si alguien te preguntara, ¿quien eres?, la respuesta es tan simple como difícil:  “yo soy yo”. Y tu sabes lo que significa, aunque quizás quien te lo pregunta no.
Si la mónada se encuentra “recogida” en su posición habitual, y es el Yo observador o cualquiera de los Yos gestionados por el programa ego quien dirige el cuerpo humano, entonces la esencia parece ser una “tercera persona”, y uno habla de ella como si hablara de algo que está “por ahí”, que aun sabiendo que es lo que realmente soy, no está asomada a través de la ventana de mi conciencia al plano material de esta realidad. Aquí es cuando decimos a los demás  “mi esencia dice…”, “siento a mi ser…”, “mi mónada está muy expandida….” Pero sigue siendo algo que la personalidad que habla, lo ve como en tercera persona.
La primera situación es la que jamás quiero perder cuando me sucede. Y cuando me sucede es como si fuera “nuevo” en este plano. Yo soy yo, y yo soy todo lo que hay y me siento conectado con ello. La primera vez recuerdo que incluso me sorprendió ver mis manos y decir, “esto son mis manos”, o ver el mundo con los ojos de la conciencia que pertenece a  otro nivel tan infinitamente diferente al de la personalidad artificial. Yo me reía de mi mismo, diciéndome, “¿dónde está el manual de instrucciones de esta realidad?”.  Pero, tarde o temprano, mi mónada se “retira”, y el Yo observador, el yo único o unificado, vuelve a sentir que “algo” que no era él mismo, se ha recogido. Lo sabe porque quedan las sensaciones en todos los niveles físicos y energéticos de lo que había salido a la superficie, así como la percepción registrada de aquello que la esencia ha “experimentado” estando al mando,  y que, ahora, desde su posición normal, vuelve a comunicarse con la mente como si de algo relativamente  “externo” se tratara.
Yo le pregunto a mi ser porque no se mantiene el 100% del tiempo “asomado” y en control, no me importa no ser “David”, si puedo ser “yo” y todo lo que se siente cuando eres el “tu” de verdad. Y me contesta que no es operativo que  “la esencia” en estos momentos esté para mi 24/7, pues el estado de “yo soy yo” es un estado de idiotez sublime y felicidad eterna (lo dice con humor y como guiñando un ojo), y depende de aquello que a nivel de alma y personalidad se quiera llevar a cabo, que eso sea un estado “operativo” y viable, o no. Me recuerda una anécdota de Eckhart Tolle, que cuenta que cuando su ser tomo control de su vehículo físico y se “quedó” ahí, se pasó 2 años en este estado “sublime” donde vivía en parques y divagando por la vida, porque simplemente, no sentía necesidad de hacer nada más que “estar” y “ser”.
Mi ser me pregunta si deseo eso. La primera respuesta es que si, lo deseo, no hay nada más bonito ni mejor que un ser humano creo pudiera desear, la segunda es que solo a medias. Conozco la sensación que describe Tolle, no por haberla vivido como él, sino por haberla vivido varias veces en el último año por momentos cortos, máximo unas horas seguidas en una de las ocasiones.
Afortunadamente, la mónada, una vez tiene abierto el canal de paso hacia la esfera de conciencia, realmente entra y sale de la misma cuando quiere. Anoche me desperté a las cinco de la mañana, pues mi hija lloraba en su cuna, y tras calmarla, volví a intentar dormir. Estando en duermevela volví a sentirme “yo”, “yo soy yo” me dije, y me puse a hacer algunas sanaciones, de esencia a esencia. “Hola hermano, hola hermana”, les decía a las mónadas de mis hijos mientras “yo era yo” y les iba haciendo cosas en su sistema energético. Terminé la sanación y volví a sentirme “David”, pues mi ser se había retirado de nuevo. Es curioso todo lo que estoy aprendiendo, y como me siento durante las siguientes horas en las que “el remanente” energético de la presencia de mi ser inundando mi esfera de conciencia permanece “fresco”. Lo malo es que la personalidad que tengo lo echa de menos, y cuando “yo soy yo”, se que no necesito hablar de mi en tercera persona.
http://davidtopi.com/yo-y-mi-ser-o-yo-el-ser/                                                       
                                                                                                                                                                                



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